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El demonio que se convirtió en angelEditar

En Benelund XI en el Segmentum Tempestus, 1 regimiento de los Korps de la Muerte de Krieg, resistía fielmente al emperador, una incursión de los eldars oscuros. No era la primera vez que en este planeta se libraba una guerra de guerrillas, contra estos despiadados xenos, por parte del imperio para salvar a los colonos imperiales allí estrablecidos. El regimiento aguantó, cerca de 3 meses las sucesivas incursiones de eldars oscuros... noche tras noche, los eldars atacaban sin previo aviso, iniciando un desgaste de armas y tropas cada vez más y más notable.

Viendo el resultado del fatal encuentro, emitieron una señal de socorro a todo el súb-sector, para poder recibir refuezos, ya que en una de las incursiones, un mandrágora se infiltro en el campamento imperial improvisado y asesinó al coronel y a toda su escuadra de mando. [Un despistado cadete comisario, que dormía mas de lo normal, se despertó por el ruido en el cuartel, por lo que se colocó su uniforme y se dirigió a la sala de tácticas. Al abrir la puerta observó al mandrágora, arrancar de cuajo el craneo y la columna vertebral del comisario-general que estaba postrado de rodillas en el suelo. Asustado, lanzó una granada de plasma que siempre llevaba encima desde  que requisó a un pelotón que se dedicaba al contrabando en su regimiento, haciendo explotar las municiones ayí guardadas, haciendo saltar todo por los aires. El pobre infeliz, sobrevivió por los pelos e impresionado por los hechos emitió la llamada de socorro]. Un crucero de asalto de los Templarios Negros atendió a la llamada, desplegando a 3 escuadras tácticas de la 4º Compañia.

Los Templarios Negros, luchando con fiereza haciendo honor a su renombre, exterminaron todo xeno de la faz del planeta... o eso parecía. La incursión estaba comandada por Kabira, un despreciable Draconte de una partida de esclavistas eldars oscuros, que habia viajando al campo de batalla a eliminar toda resistencia. Pese a la gran habilidad de los astartes, Kabira era una mente prodigiosa para crear viles planes de guerra de guerrillas, ataques sorpresa y tácticas ruines. Ideó un plan para eliminar la presencia de estos, haciendo creer al castellano que las tropas de la guardia imperial, estaban corruptas, por lo que exterminaron a todos los supervivientes a las incursiones. Mientras estos ejecutaban las equivocas directrices del castellano engañado, los eldars oscuros se infiltraron en la nave de los Templarios, tomandola para sí y haciendola desaparecer del súb-sector.

Los templarios, se dieron cuenta del retorcido plan del draconte e iniciaron frenético barrido del planeta en busca de la manera de dar con el y exterminarlo. Sus escáneres auspex, encontraron una anomalía bajo la montaña a pocos kilometros de distancia de donde se encontraban. Los templarios restantes y el castellano se dirigieron a su destino, maldiciendo a todo xeno existente concebido en sus mentes. Al llegar allí, descubrieron un antiguo portal de la telaraña junto a un santuario a Isha, diosa de la curación eldar, pero ni rastro de sus atacantes. De pronto y sin previo aviso el portal se activo saliendo de el un Arlequin Solitario junto a dos escuadras de Espectros Aullantes, los cuales se avalanzaron sobre los hermanos.

Nosotros (Legión de los Condenados) aparecimos justo en el instante en que todo parecía estar acabado, para luchar por el emperador. Pese a nuestra habilidad sin parangón y una sangrienta lucha, los eldars, cada vez que caían unos colgantes que llevaban puestos brillaban con una luz casi cegadora y los levantaban del suelo, totalmente curados, sin rasguño alguno y con energías renovadas para la lucha, fuimos cayendo uno a uno.

Finalmente derrotados, excepto yo y el castellano, que se hallaba en combate singular con el Arlequin, empezabamos a encomendarnos al emperador antes de efectuar la ultima carga. Pero justo cuando temple mi alma y mi enfermo cuerpo se disponía a dar lo mejor de sí, algo me golpeó en la cabeza (casi me separa la cabeza de los hombros) haciendome caer de bruces en el suelo.

Cuando conseguí despertar, pude verme atado a una roca frente al altar de Isha. Solo el emperador sabía que iba ser de mí, aun que no tenía miedo a la muerte, pues hacia ya tiempo que me habia olvidado de esas debilidades carnales, si temía ser utilizado en contra de mi amado imperio.

En la sombra de mi celda, solo oía risas y voces que susurraban (¿O era en mi mente?). El arlequín se me acercó, y tras un breve intercambio de palabras, alzo su diestra con un cuenco lleno de agua. Yo, que habia olvidado la necesidad de alimentarme e hidratarme, sentí por mi cuerpo como me caían las ganas de un millón de años de sed insaciada, por lo que bebí como un animal ambriento debora a su presa recien cazada, con una boraz y terrible ansia.

De pronto, mi propia servoarmadura empezó a quemarme, mi propia piel me abrasaba, sentía como si mi cuerpo estubiese siendo quemado por el fuego una y mil veces, y pese a que mi mente estaba acostumbrada al dolor, este sufrimiento sobrepasaba cualquier dolor experimentado antes y no pude evitar sucumbir a ella, gritando con todas fuerzas que en mi cuerpo quedaban.

Mi captor, con una siniestra sonrisa de realización, alzo su espada y cortó mis ataduras, para ver su experimento en acción... tube que arrancarme la servoarmadura pieza a pieza del cuerpo, para intentar aliviar mi dolor, que tan "ardientemente" me estaba torturando... Semi desnudo y lleno de rabia e ira, me alcé del suelo como pude y como una bestia descontrolada y rabiosa, grité con toda la fuerza e ira que pudieron ejecutar mis pulmones... El arlequin dejó de sonreir, y me miraba fijamente con una mezcla de asombro y pánico.

Mi cuerpo brillaba con una cegadora luz, y no tenia seña alguna de corrupción, enfermedad o herida... habia fallado su experimento de convertirme en una abominación y sin saberlo me habia salvado... estaba vivo, otra vez... sentía la brisa en mi piel, el frío en mis pies... con una velocidad inhumana, salvé la distancia que había entre mi captor y yo, y con mis puños rodeados de una especie de electricidad y una fuerza hasta ahora nunca vista en un astartes y menos aun sin servo armadura, lancé un golpe furioso contra su pecho, para atravesarlo y arrancarle el corazón a través de su espalda.

Con mi captor alzado a medio metro del suelo, colgando de mi brazo y yo con su corazón en mi mano, sus camaradas se alzaron al unísono lanzando al aire su grito que no es, si no, simbolo de la muerte. En una última muestra de coraje, grité todo cuanto pude demostrandole a mis adversarios, que moriría ofrenciendo la mayor resistencia que podría ofrecerles.. un combate digno para seres inferiores, que precisaban de ser superiores en numero y que yo estubiese desarmado. Pero, algo sorprendente volvió a ocurrir... todos y cada uno de ellos calleron de bruces al suelo. Arrodillados y llevandose las manos a la garganta, algunos tosían fuerte mente, otros simplemente se retorcían.

Muertos todos, me acerqué al que antes era mi captor, y le arranque de un tirón el collar que llevaba para observarlo a tras luz. Era una especie de botellita con lo que parecía ser agua, que pronto comprendí que era la misma que habia utilizado para darme de beber, por lo que me la colgué del cuello y salí de aquella guarida.

La luz del amanecer tocaba mi piel, y por primera vez en siglos.... noté el calor en ella del sol. Me dejé caer sobre mis rodillas y rebosante de alegria no pude evitar gritar: ¡¡¡ESTOY VIVO!!! (Sería cómico poder haber visto a un gigante de casi 3 metros, arrodillado, semi desnudo gritando al aire, he de reconocerlo). Un reflejo plateado me dislumbró en la cara que tube que taparmela con la mano, pues no podía ver con claridad.... Era una nave de caballeros grises que aterrizó a unos 100 metros mía.

No sabía en ese instante como reaccionar, puesto que ningun intento por mi parte de uir serviría. No tenía ni mi servoarmadura, ni mis armas. Tampoco podía correr puesto que me hallaba en una inmensa llanura y no disponía de vehículo con el que uir rapidamente. A sí que lo unico que pude hacer es ver como la nave, abría sus compuertas de carga y de ella salía un astartes con una servo-armadura muy barroca y cargada de detalles, flanqueado por otros dos con sus lanzas nemesis en ristre.

Se acercaron a mi, y el que parecía ser su capitán, me miro fijamente y se presentó ante mí. Aquel caballero se llamama Romulo Aureo, y era un bibliotecario de los caballeros grises. Me pidió que lo acompañara a su nave, de una manera de la que no pude negarme.

Dentro de ella, Romulo me llevó a una sala muy luminosa donde nos quedamos solos. Y sin mediar palabra pero mirandome fijamente, oí una voz dentro de mi. Decia ser Romulo, y que había detectado un podersísimo ente psíquico en el planeta, por lo que se apresuró a bajar a investigar que era, pensando que podría ser alguna clase de ente del caos. Me dijo que desde nuestro encuentro,  habia estado observando mi pasado y sabía todo lo que había ocurrido en aquel templo.

Intenté por todos mis medios hablar, pero mis labios parecían permanecer sellados en contra de mi voluntad, cosa que empezó a llenarme de rabia. Romulo, entonces comenzó a hablarme normalmente, y me dijo que mi secreto estaría a salvo con el, solo si accedia a realizar unas pruebas en Titán, en las que reafirmaría si era psíquico o no, y si estaba corrupto por el caos o no. Me arrancó el collar que llevaba de mi cuello y me desvanecí.

Allí en Titan, un apotecario revisó si tenía algun tipo de mutación o inutilidad en mis implantes, fuí interrogado por sus bibliotecarios, purificado por sus capellanes, interrogado, purificado... un numero de veces tan grande que llegue a perder la cuenta al rededor de la 31º vez que iniciaban el ciclo de interrogatorios y purificación.

Tras unos meses en su fortaleza, volví a ver a Romulo. Este entro en la celda y cerró la puerta tras de sí, y antes de que pudiese reaccionar se le iluminaron los ojos y alzo su mano contra mí desprendiendo la misma luz que sus ojos, por lo que quedé inmovil. Colocó un rosarius en mi cuello y me dijo, que dentro de ese rosarius especialmente hecho para mí, estaba la botellita con las lagrimas de Isha que habia cogido al arlequín, eso misteriosamente calmó mi ira. Me dijo que tenía dos opciones: Ser presentado a la inquisición y ellos me matarían en el transcurso de sus "interrogatorios" o bien, ya que me habia convertido en un psíquico de nivel Gamma (Biomante y Telequinetico) debido a mi exposición a la disformidad y habia permanecido incorrupto frente a tales fuerzas, habiendome convertido en un poderoso siervo del emperador, podía someterme a unos examenes y unas pruebas para convertirme en caballero gris, y en caso de la menor muestra de debilidad o fallo, me matarían. A sí pues, como ritual de iniciación, se borraron todos los archivos y registros de mi anterior existencia, y pese a la mirada incredula de algunos caballeros grises, me dieron un nuevo nombre (o sobre nombre): "Cave Canem". Debido a que mis poderes se habían manifestado cuando demostraba mi furia y mi ira, dandome la capacidad de volverme mas fuerte y rapido, o la capacidad de aniquilar a mis enemigos con solo desearlo.

GreyKnight Terminator by TerronViking
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