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4º Clasificado en el III Certamen de Relatos Wikihammer 40k

Tan sólo él y cuatro de sus hombres habían sobrevivido a la ola de destrucción que había desatado la abominación tiránida.

Mientras avanzaba hacia su posición, las fauces del monstruoso xenos aún exhalaban humo y babas hechas de la materia líquida y luminiscente de la que estaba hecho el bio-plasma que había vomitado unos segundos antes sobre la escuadra de devastadores, su escuadra. Una vez el humo se había disipado, cinco de los miembros de esta yacían muertos y con gran parte de sus cuerpos y equipo fundidos. Ni siquiera la suma que ofrecían las antiguas servoarmaduras que llevaban puestas y la protección que les estaba proporcionando las ruinas de un antiguo edificio del Administratum fueron suficientes para evitar tamaño número de bajas, lo que hizo maldecir en silencio al sargento Asb’el de los Discípulos de Caliban.

Mientras el suelo temblaba bajo los pies de la escuadra de devastadores y los cinco marines se ponían en pie nuevamente, Asb’el realizó una rápida comprobación en el interior de su casco MK-VI y confirmó que cinco de las diez luces que marcaban todos los miembros de su escuadra estaban ya apagadas: Muriel, Drekavac, Halphas, Malthus y Xezbeth, estos eran los nombres de los hermanos de batalla que acababan de caer y cuya semilla genética no volvería al capítulo. Sus nombres se escribirán en el “Lionus Censum” de los Discípulos de Caliban como recordatorio para las próximas generaciones de Marines Espaciales y llorarían la pérdida de sus hermanos de batalla después de la purga del planeta Neliar II, situado en el subsector Huran. Quizás Asb’el se uniría a la lista pero eso sólo el Emperador lo sabía.

Aún después de haber sufrido un ataque semejante, al contrario que con su espada sierra, el sargento seguía teniendo en sus manos su fiel pistola bólter y apuntando directamente al enorme carnifex que había vaporizado a la mitad de los hombres bajo su mando, dio la orden de abrir fuego:

- ¡Enviad esta abominación al agujero del que salió! - ordenó.

Acto seguido, dos misiles perforantes junto con una lluvia de munición bólter salieron volando directamente en dirección al carnifex que se iba acercando, dejando pequeñas estelas de humo allá por donde pasaban. Cuando los misiles perforantes impactaron, una explosión envolvió al enorme xenos y se oyó un grito de pura furia animal. Asb’el y el resto de sus hombres siguieron vaciando los cargadores de sus armas bolter mientras los sistemas automáticos de recarga que llevaban incorporados los hermanos Eblis y Uvall en sus servoarmaduras alimentaban nuevamente sus lanzamisiles.

El carnifex salió rápida y violentamente a por los devastadores, emergiendo velozmente de la bola de fuego en la que había estado momentos antes. Uno de sus enormes brazos acabados en afiladas guadañas había desaparecido y en su lugar había sólo un muñón a la altura del codo, pero salvo una gran quemadura en el pecho de la bestia, no parecía que hubiese sufrido ningún daño adicional. La munición de las armas bólter rebotaban sobre su duro caparazón quitinoso sin aparentemente frenar siquiera a la criatura que avanzaba pesadamente pero a gran velocidad hacia las ruinas donde se encontraba la escuadra.

Se oyó un pequeño coro de chasquidos cuando los bolters de los hermanos de batalla Yeqon y Naberius y la pistola bólter de Asb’el vaciaron casi al unísono sus cargadores y con precisión mecánica, fruto de años de entrenamiento y décadas de combates continuos, fueron cambiados rápidamente. Dos misiles más salieron volando en dirección a la bestia xenos pero esta en un momento de asombrosa agilidad para alguien de su peso y tamaño, esquivó uno de los misiles por pocos centímetros aunque el otro explotó nuevamente en su pecho arrancando grandes pedazos de carne verdosa, ensangrentada y quemada.

La bestia aulló nuevamente un grito de furia, pero esta vez parecía que había mezclado en él una muestra de su frustración por no poder eliminar a su objetivo todo lo rápido que querría y siguió avanzando todo lo rápido que podía para destripar a aquellos que estaban causándole sus heridas.

Sabiendo que sólo les quedaba el tiempo suficiente para una ofensiva más antes de que la bestia xenos llegara a su posición, Asb’el cambió de estrategia y dio una nueva orden a sus hermanos:

- ¡Preparad todos las granadas perforantes y esperad mi señal!

Al unísono, todos los Marines Espaciales cogieron de sus cinturas una granada perforante y las prepararon para que estallasen en cuando impactaran contra cualquier superficie. Esperaron la inminente carga del carnifex con las granadas en sus manos hasta que Asb’el dio la señal:

- ¡Por el León! - gritó mientras lanzaba la granada con todas sus fuerzas contra el carnifex.

- ¡Por el León! - contestaron el resto de la escuadra mientras sus granadas seguían por el aire a la que había lanzado su sargento.

Una serie de explosiones envolvieron nuevamente a la criatura xenos y grandes trozos de carne y caparazón salieron despedidos de su cuerpo mientras el enorme tiránido gritaba de forma agónica. Acto seguido, la criatura empezó a tambalearse y aunque estaba usando toda la fuerza que le quedaba para tenerse en pie, empezó a caer al suelo presa de las enormes heridas sufridas. Cuando su cuerpo impactó contra el suelo de la calle, esta se agrietó como muestra de la fuerza del impacto.

Durante veinte largos minutos, los cinco Marines Espaciales que seguían con vida estuvieron con las armas preparadas por si un nuevo enemigo aparecía, pero parecía como si nada hubiese seguido al carnifex que ahora decoraba el suelo de en frente del ruinoso edificio del Administratum.

Entonces, una voz emergió del intercomunicador que había en interior del casco del sargento:

- Sargento Asb’el, situación. - ordenó la voz, una voz dura cómo la piedra.

Después de más de un siglo de servicio a las órdenes de aquel a quien pertenecía la voz, Asb’el contestó dando un exhaustivo informe, como siempre había hecho:

- La mitad de mi escuadra ha perecido en el ataque de un carnifex, hermano capitán Sandalphon. Dos de nuestros lanzamisiles fueron destruidos pero tenemos otros dos operativos. No hemos visto nuevas amenazas después del ataque, así que estamos preparados para cambiar de posición si es necesario. - contestó.

Pasaron unos cuantos segundos hasta que el capitán sonó nuevamente por el intercomunicador:

- Le envío las nuevas coordenada, hermano Asb’el. Tenemos un objetivo importante dentro del palacio del gobernador planetario y necesitamos el apoyo de su escuadra. - declaró el capitán.

- Confirmado. Mi escuadra y yo nos pondremos en movimiento hacia las coordenadas enviadas. - contestó Asb’el cerrando la comunicación.

El sargento dio las nuevas órdenes a sus hombres y avanzaron cautelosamente por la calle en busca de su nuevo objetivo.


Ni el sargento ni ningún otro miembro de la escuadra lo sabían, pues sólo los rangos más altos en el capítulo tenían este conocimiento que era a la vez una pesada carga y una vergüenza, pero la escuadra de devastadores se dirigían a cubrir una de las posibles vías de escape del que era el verdadero objetivo de esta misión: la captura del ángel caído conocido como Cypher.

AutorEditar

Zman

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