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2do Clasificado en la II Edición de Relatos Warhammer


(Extracto de las crónicas del alzamiento del sistema Tartesus)


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La sala de mando se encontraba en plena ebullición, a través del mirador principal se observaba una nave de colores pardo y negro con un emblema de un balanza con el pie en forma de espada en el costado junto a dos más pequeñas con la misma heráldica, al otro lado del mirador, se encontraba un hombre alto y delgado ataviado con un abrigo negro sobre una armadura corporal de colores grisáceos muy desgastada, los brazos cruzados sobre el pecho junto con la expresión tranquila en el rostro transmitía una sensación de relajación que chocaba con las de los que lo rodeaban.

Se encontraba solo junto al ventanal, como si los demás tripulantes evitaran el acercarse a él por un temor o respeto que no se asociaba con su imagen mientras observaba la maniobra de la flota. Cualquiera que hubiese observado la maniobra desde fuera hubiera observado que de las cuatro naves, desde la que el hombre observaba era con diferencia la mas pequeña, sin embargo de ella emanaba una sensación de poder, que si bien no provenía de su armamento o tamaño, lo hacía del emblema en su costado, una'T latina roja sobre una nave completamente negra, el símbolo inquisitorial, junto al nombre de la nave, la "Luz reveladora"

El hombre que miraba la escena se giró y se dirigió a un oficial de la nave.

-Oficial de comunicaciones, comunique al capitán Mendoza que tiene autorización para comenzar.- Y se giró de nuevo hacia el mirador

-A sus órdenes, Inquisidor Marburg.

Un minuto después, dos aeronaves que hasta ahora pasaban desapercibidas iniciaron un rápido descenso hacia el planeta para que un momento después, de la más grande de las naves salieron disparados cinco grandes proyectiles dirigidos hacia la superficie del planeta.

El Inquisidor Marburg se dirigió a su oficial.

-Preparen la lanzadera, esto será rápido. Quiero a Talbert en mi poder cuanto antes. -Y se dirigió ansioso hacia el hangar a esperar la lanzadera.

-En cuanto se confirme que lo tenemos, comuníquenlo al Lord Inquisidor. - dijo a su oficial de comunicaciones.

Mientras decía esto el Inquisidor pensaba en lo que le reportaría a nivel de prestigio y posición la captura de un gobernador renegado.


CÁPITULO 1. DESEMBARCOEditar

Era una mañana gris en la ciudad de Espal Augusta, el palacio imperial estaba en una calma que pronto sería rota por el trasiego de innumerables funcionarios moviéndose de un lado a otro a causa de la situación, una flota hereje había roto las líneas de defensa y se hallaba en órbita.

Unos pocos guardias hacían su ronda en el patio de armas principal del palacio, mientras el resto de su compañeros dormían aún, bien en su cama o en su puesto. Había tensión en el ambiente, la tarde anterior, cuando llegaron las noticias de la flota, el capitán les había dicho que era pequeña, solo cuatro naves, que no tenían capacidad para suponer una amenaza y que si atacaban, no lo harían en el palacio, eso sería un suicidio.

Justo cuando esos pensamientos recorrían la mente del guardia, este se percató de unas estelas que se dirigían al palacio, ¿acaso era un bombardeo orbital?, les habían dicho que eso no era posible, que había contramedidas para eso. Pero los proyectiles seguían avanzado, incluso cuando las baterías de defensa comenzaron a disparar, pero no servía de nada, seguían avanzando inexorablemente, los guardias que se hallaban de patrulla corrieron para ponerse a cubierto y lo hicieron justo a tiempo para sentir los primeros impactos, pero no hubo grandes explosiones como cabría esperar de proyectiles de ese calibre, en su lugar hubo una lluvia de proyectiles y pequeñas detonaciones unidas al sonido de armas, lo que vieron no fueron cráteres o incendios, sino una figuras humanas con armadura que se movían y disparaban con una precisión que solo podían ser una cosa, eran marines espaciales.


El tiempo transcurrido desde el lanzamiento fueron tan solo unos pocos segundos, pero en esas condiciones parecieron días, el calor, la presión, pero sobre todo la tensión de un desembarco en el que tantas cosas pueden salir mal, era agobiante, tan solo un marine espacial podría soportar tal experiencia tanto física como mental, el sargento Montaguez y su escuadra táctica, la Escorpión, viajaban a bordo de esa cápsula, si él que era un veterano con décadas de experiencia sufría las dudas provocadas por pensamientos sobre baterías de defensa y errores de aterrizaje, los miembros más novatos de la escuadra estarían con aún peor ánimo, el sargento sabía que esa era una mala forma de comenzar un ataque y el códex deja bien claro lo que se ha de hacer.

-Hermanos, en un momento caeremos sobre los impuros enemigos de nuestro señor, en ese momento conocerán lo que es el verdadero miedo, por que nosotros somos el miedo, somos el glorioso capítulo de los Ajusticiadores, somos los ángeles de la muerte del Emperador, y como tales caeremos sobre ellos llevando la muerte a los herejes y el fuego purificador a sus almas. - y tras decir estas palabras sumo un grito que se escucho incluso sin necesidad de transmisores. - ¡EN NOMBRE DEL EMPERADOR! - grito que fue contestado con la formula habitual. - ¡EL EMPERADOR PROTEGE!

El desembarco se había producido sin incidentes, las cinco cápsulas habían ejecutado el desembarco con un error inapreciable, se abrieron las compuertas y el sargento salió con movimientos fluidos fruto de años de práctica, acribilló con su bólter a unos guardias sorprendidos que fueron completamente aniquilados por los demás miembros de su escuadra, dirigió una rápida mirada a su alrededor, comprobó que su escuadra se encontraba desplegada correctamente y diviso a la escuadra táctica Zorro a su izquierda ya desplegada y como la escuadra de asalto Halcón del sargento Del Mar se dirigía a su objetivo, a su espalda estaban los hermanos Estévez y Quintana, los dos Dreagnought de la compañía que participarían en esta ofensiva junto al resto de los hermanos.


El hermano Estévez abrió fuego con el cañón de asalto contra una balconada en la primera planta del edificio principal, tras lo cual solo quedó humo y restos humanos mientras el hermano Quintana fijó su cañón de plasma contra un búnker de ametralladoras que casi no había abierto fuego aún contra los atacantes cuando la masa azulada de plasma lo convirtió en un amasijo de ferrocemento junto con los defensores que se hallaban en su interior.

Los Ajusticiadores se dispusieron a asegurar la zona, el otro de los nidos de ametralladoras ya había comenzado a escupir proyectiles contra los astartes, cuando el portador del lanzallamas de la Zorro llego a distancia de disparo y soltó una lengua de fuego que penetró por una tronera y achicharró a los que había en su interior, el efecto se vio aumentado por lo cerrado del espacio y la detonación de las municiones que estaban en reserva. Los defensores salían de sus barracones de forma desorganizada lo cual ayudó en la labor de aniquilación de los astartes, aunque la sorpresa había provocado un desorganización casi completa entre los defensores, ya comenzaban a reagruparse y los operadores de las dos baterías láser situadas a los lados del patio comenzaron a apuntarlas al centro, para eliminar a los enemigos, pero los marines ya estaban preparados y la escuadra Halcón se había dividido en dos grupos, cada uno de ellos se encaminó a los cañones, conectaron sus retrorreactores y cayeron sobre los artilleros y dieron cuenta de ellos con sus espadas sierra, una vez acabaron con ellos colocaron cargas en los cañones y mientras regresaban a la plaza en un vuelo corto hicieron saltar por los aires las piezas de artillería.


Las escuadras Escorpión y Zorro se hallaban desplegadas en formación cubriendo la zona de aterrizaje, ya había vía libre para las Thunderhawks, en un rápido descenso en picado las dos naves se dirigieron hacia el palacio y con una fuerte maniobra con toda la potencia en los motores de descenso pararon a unos pocos metros sobre el patio de armas, las armas antiaéreas que hasta ese momento abrían fuego contra la dos naves atacantes ya no las tenían a alcance debido a los edificios del palacio, tan solo las dos baterías ahora destruidas cubrían esa zona, la maniobra de desembarco había sido ejecutada con total precisión, y las naves aterrizaron en el patio de armas, tras posarse, el resto de la III Compañía de los Ajusticiadores desembarcó de los transportes y se dispuso a llevar a cabo la misión por la que habían venido, la eliminación del Gobernador corrupto Talbert.

Junto al resto de los hermanos desembarcó el Capitán Mendoza custodiado por el sargento Mayor Tenorio, portaestandarte de la compañía, el capellán Delfos y el resto de su escuadra de mando. El capitán caminaba con paso firme, observando como sus hombres eliminaban los restos de resistencia, tenía su habitual expresión seria y daba órdenes con un tono seco y parco en palabras que no dejaba lugar a réplica.

-Escuadra Escorpión informe.- solicitó el comandante

-Todas las escuadras en posición, débil resistencia en el patio, desembarco según lo previsto.- respondió el sargento Montaguez

-Escuadra Halcón, situación en la puerta.

-Desorganización y confusión capitán, pero podrían organizar un contraataque, solicito ordenes. -respondió el sargento DelMar

-Regrese al patio y únase a la ofensiva del palacio.

-Tenorio, usted junto a las escuadras Ciervo, Lobo y Jabalí y los devastadores de la Oso, fortificarán la puerta y la defenderán, el resto, iniciaremos la siguiente fase del plan.


CÁPITULO DOS. ASALTOEditar

El capitán Mendoza encabezaba a las escuadras restantes y a los dos Dreagnought hacia el edificio principal, el patio había sido cosa fácil, la sorpresa y la desorganización les habían dado una gran superioridad y habían eliminados a más de un centenar de defensores a costa de algunas heridas sus hombres, pero el resto del ataque sería más complejo, los pasillos del palacio y la preparación de las defensas le daba a los defensores la ventaja suficiente como para que el ejercito enemigo montara una contraofensiva y, por simple pero eficaz superioridad numérica, acabasen aplastando a una compañía de astartes. El capitán se dirigió al frente de sus hombres donde se hallaba el Capellán Delfos, que vestía la servoarmadura negra con la mascara en forma de cráneo clásica de su cargo junto con un retrorreactor y armado con una pistola de plasma y el crozius sagrado.

-Comiencen la ofensiva.- ordenó el capitán - Capellán, encabece el asalto

-No pretendía hacer otra cosa, escuadras Halcón y Águila, conecten retrorreactores y síganme. - el capellán conectó su retrorreactor ascendiendo a la balconada principal y comenzó el ataque.

-El resto de escuadras conmigo en cuanto de la orden. - el capitán se colocó al frente de sus hombres acompañado por su guardia de honor.

-¡EN NOMBRE DEL EMPERADOR! ¡ANIQUILAD AL ENEMIGO! - gritó el capitán.

-¡POR EL EMPERADOR!- gritaban los marines mientras se lanzaban al ataque.

Los marines irrumpieron en el hall principal por las tres puertas de la estancia, y nada más entrar los recibieron una lluvia de fuego láser y proyectiles, era una gran sala rectangular con múltiples jardineras a los lados que daba a un gran mostrador de piedra que a su espalda tenia unas escaleras daban acceso a las demás estancias del palacio. A diferencia del patio de armas, el comandante de esta sección había hecho sus deberes, sus hombres habían tomado posiciones en las jardineras ofreciendo fuego con ametralladoras ligeras y rifles láser, y en la última línea de defensa estaban apostados equipos de armas pesadas con bólters pesados junto con un cañón láser en las escaleras dominando la estancia.


Si bien los rifles láser no eran una gran amenaza para la armadura de un astartes, el cañón láser y el fuego pesado era otra cosa y eso se comprobó desde el primer momento, los primeros en entrar fueron los miembros de las escuadras Lince y Zorro, la primera fue acribillada sufriendo graves bajas, la otra escuadra también recibió fuego intenso aunque con menor número de bajas cuando todo el fuego se concentró sobre ellas, pero una vez más la falta de disciplina se hizo patente, ya que al disparar todos los defensores contra los mismos objetivos habían dado tiempo para que el resto de marines entrara y lanzara un pantalla de humo que permitió que tomaran posiciones, a partir de ese momento los marines comenzaron una limpieza sistemática de cada una de las improvisadas trincheras.

Los devastadores de la escuadra Toro tomaron posiciones en las primeras coberturas y desde allí descargaron toda la potencia de fuego que tenían para dar cobertura a sus hermanos, y en uno de esos disparos un lanzamisiles hizo impacto contra la posición del cañón láser de la escalera. Una vez los marines tomaron posiciones junto con los Dreagnought que acababan de entrar en la sala, el balance de la batalla hubo dado un vuelco completo, lo que pudo haber sido un duro obstáculo para los astartes, se había convertido en una más que probable masacre, el capitán comandaba a los restos de las escuadras Zorro y Lince por el flanco izquierdo mientras el sargento Montaguez y su escuadra avanzaban por el flanco derecho e iban eliminando a los defensores atrincherados, apoyados por los exploradores de las escuadras Liebre y Conejo armados con rifles de francotirador.


Los lanzallamas y las granadas dieron grandes resultados y el avance fue lento, pero pronto se vio que el resultado de la batalla era inevitable, y más cuando los Dreagnought, limitados por su voluminoso tamaño, tomaron posiciones de tiro y descargaron sus armas pesadas contra los defensores, en los últimos lances del combate los defensores restantes cesaron el fuego y colocaron los brazos en alto en señal inequívoca de rendición, los Ajusticiadores ni siquiera necesitaron consultar a sus superiores para saber como se debe actuar, depusieron sus bólters y se acercaron, una vez hubieron reducido a los defensores y asegurado la posición, los astartes desenvainaron sus cuchillos de combaten y ejecutaron eficientemente a los guardias.

La batalla se saldó con un total de tres muertos y siete heridos por los Ajusticiadores por más de cien de los guardias del palacio. Tras esto el capitán se comunicó con sus hombres para establecer la situación del combate.

-Sargento Tenorio, aquí Mendoza, informe de situación.

-La situación esta controlada, de momento han desistido tras sufrir grandes bajas, el enemigo se ha retirado, probablemente esperen refuerzos, hemos visto columnas de humo a lo lejos, creemos que blindados, sugiero que los Dreagnought se unan a la defensa ya que su tamaño los hace inadecuados para el resto del palacio, corto.

-Recibido, le envío a los hermanos Estévez y Quintana.

Irrumpiendo la conversación, unas fuertes explosiones hicieron vibrar el edificio tras lo cual el capellán se puso en contacto.

-Rutas laterales cerradas señor, podemos proceder.

-Bien, yo tomare la ruta A, usted mantenga la posición y espere a que lleguen nuestros hermanos, después continúe con el asalto y active la ruta B en cuanto le sea posible.

-Recibido capitán, continuaré llevando la muerte purificadora a estos herejes y continuaré con el plan.


Tras esto el capitán se dirigió a sus hombres.

-La escuadra de mando vendrá conmigo, el resto de las escuadras avanzaran para unirse con el Capellán Delfos según lo acordado, recuerden extremar precaución y avanzar asegurando terreno. Sargento Montaguez, antes de continuar el avance ponga a salvo los cuerpos de los caídos en las Thunderhawks. Por último, los hermanos Estévez y Quintana reforzarán la defensa del pórtico, pero antes, hermano Quintana, ábrame la puerta, por favor.

Y haciendo una reverencia hacia el hermano Quintana, que hizo que sus hombres se rieran y descargaran algo de tensión, el Dreagnought apuntó su cañón de plasma a un punto en el suelo sin ningún rasgo reseñable, sobrecargó el arma de forma que emitía un zumbido que amenazaba con las terribles consecuencias, lanzó un poderoso disparo que impactó y abrió un humeante cráter que dejo a la luz un oscuro corredor, que según los informes servía como ruta de abastecimiento para los defensores en caso de bombardeo, el capitán y sus tres hermanos de la escuadra de mando se dirigieron hacia ella y se dispusieron para introducirse en ella.

El capitán conducía a sus hombres por los oscuros pasillos ayudados por los sensores de su servoarmadura y por los planos que el Inquisidor Marburg les había facilitado, según estos, tras unos minutos llegarían a una sala amplia, en la que según el Inquisidor no debía haber resistencia, y por el bien de los marines debía ser así, aunque solo por precaución el capitán ordenó a sus hombres que activaran sus armas, estos hicieron lo propio y sus espadas sierra comenzaron a ronronear y las pistolas bólter ya estaban listas para entrar en acción, por el contrario el capitán desenfundó su pistola y empuño su espada de energía en al otra, pero para evitar una posible detección anticipada evito encenderla. Reanudaron su avance, acercándose cada vez más a la sala, de momento ninguna señal indicaba que hubiese actividad más allá, continuaron avanzando y cuando se hallaban a distancia los marines se lanzaron al asalto y en una rápida maniobra los marines se colocaron formando una medialuna al salir de la puerta apuntando sus pistolas bólter en busca de objetivos, pero el Inquisidor tenía razón, nadie los esperaba.


Era una estancia grande, probablemente un almacén, que se hallaba escasamente ocupado, el capitán Mendoza y sus hombres atravesaron la sala vigilando pero no encontraron amenazas, hasta que localizaron la salida y vieron cuatro figuras custodiando la salida, no tardaron en reconocerlas, sus hermanos caídos, los marines del Caos.

En cuanto los divisaron, el capitán y sus hombres se parapetaron y se dispusieron para el combate. Los marines caídos portaban servoarmaduras azules con motivos en blanco y su emblema fue identificado de inmediato, una serpiente con tres cabezas, la Legión Alfa, una de las infames legiones que traicionaron al Emperador durante la gran herejía y por la cual los Ajusticiadores sentían un particular odio. Nada más verlos, los herejes abrieron fuego con sus bólters, pero los Ajusticiadores ya habían previsto ese movimiento y se habían colocado a cubierto tras unos contenedores, la situación era difícil para los marines, se encontraban trabados en combate, en igualdad numérica y en desventaja por el hecho de que los traidores portaban bólters, mientras todos ellos portaban pistolas, solo había una solución y pasaba por avanzar el mayor tramo posible al amparo de la cobertura y luego cargar.

El capitán pulsó la runa de activación de su espada que emitió un leve zumbido y una luz azulada ilumino la zona, transmitió las órdenes a sus hermanos:

-Hermanos, hemos de ejecutar un avance táctico, cobertura por flancos, Argoll y yo avanzaremos por la izquierda, Bermudo y Liañez por la derecha, esperad mi orden para lanzar las granadas y cargad, recordad el hecho de que contamos con ventaja, la razón está de nuestro lado y contamos con la protección del emperador.

Los Ajusticiadores comenzaron la maniobra intercalando disparos y avances de una cobertura a otra, la velocidad y el adiestramiento hicieron su trabajo junto con la servoarmadura que desvió los disparos que hicieron impacto en los marines. Se habían colocado a unos cincuenta metros y no quedaban mas coberturas entre ellos y los siervos del Caos, por lo que el capitán Mendoza dio la orden, "Granadas y cargad".


Casi al unísono, los cuatro Ajusticiadores lanzaron sus granadas e iniciaron una carrera contra sus enemigos, pero estos cuya habilidad y adiestramiento no desmerecía a los astartes se repusieron a las detonaciones de las granadas y aun tuvieron tiempo de abrir fuego, impactando superficialmente a la mayoría salvo al hermano Bermudo el cuál fue alcanzado por un proyectil que le provocó una herida en el pecho y que lo derribó.

Mientras recorría la distancia que lo separaba de sus enemigos, el capitán Mendoza pudo ver que tan solo dos de los traidores portaban rifles bólter, que los otros dos portaban una espada sierra el más cercano y el otro portaba una gran hacha del que emanaba un aura negra, que hacía que sintieras ganas de retirar la mirada. Justo cuando caía el hermano Bermudo, el capitán aprovecho que el enemigo apuntaba a su hermano para separarle la cabeza en un tajo perfecto, era una pequeña venganza pero no había tiempo para eso, el traidor armado con la espada sierra ya la blandía a su espalda, en un arco descendente que hubiese resultado fatal de no ser por su entrenamiento y su fisiología mejorada que le permitió un rápido movimiento de esquiva que le hizo caer de espaldas, en ese momento se percató de que en la otra mano portaba una pistola de plasma que le apuntaba directamente a su cara, llevaba el casco, aunque a esa distancia tampoco importaba, y en el momento en que el traidor apretó el gatillo el arma se sobrecalentó y explotó, mutilando al traidor y dejándole un muñón donde un segundo antes se encontraba su mano, una vez más se demostró que el Emperador siempre protege, el capitán se repuso y lanzó un tajo ascendente con su espada que el conmocionado Legionario Alfa solo acertó a bloquear haciendo que se trastabillara lo que aprovechó el capitán Mendoza para vaciarle un cargador de su pistola en el pecho al hereje.


El capitán observó a su alrededor mientras colocaba un nuevo cargador en su arma, a su izquierda vio como Liañez luchaba contra el traidor que portaba el otro rifle, pero que se había desprendido de él y luchaba con dos cuchillos de combate, a su derecha se encontraba el marine del caos que portaba el gran hacha y que estaba lanzando tajos haciendo que el hermano Argoll retrocediese y no consiguiese siquiera contraatacar, el capitán vio que era a Argoll a quien debía ayudar.

Se lanzó a la carrera a apoyar a su hermano pero fue demasiado tarde, en uno de los hachazos, el hereje consiguió partir la espada sierra que intentaba bloquearlo y el hacha se hundió en la clavícula de Argoll atravesando fácilmente la servoarmadura y haciendo que el cuerpo de Argoll se desplomase sin vida. El capitán se lanzó al ataque descargando su pistola mientras se acercaba, impactando un par de veces en su enemigo, pero no parecía notar nada, en cuanto se halló a distancia, blandió su espada y dio un golpe descendente, pero el Legionario era habilidoso, bloqueó la espada con la punta del hacha y golpeó al capitán con el mango de su hacha en el pecho, haciendo que retrocediese y sin tiempo para que Mendoza recuperase el aliento, el legionario descargó su hacha con una fuerza sorprendente incluso para un astartes, el capitán solo consiguió bloquear el ataque con la mano de la pistola, lo que hizo que tanto la pistola como su mano quedasen destrozadas, pero consiguió desviar el golpe, las fracturas de su mano le provocaron un dolor que ningún humano corriente hubiese podido soportar, pero él no era un humano corriente, era un marine espacial, un elegido del emperador, aquello que separaba la humanidad de la más absoluta barbarie, recobrando fuerzas, el marine comenzó a asestar golpes con una rabia y la furia que provenían del dolor provocado por sus hermanos caídos y por la repugnancia y el odio que le provocaba la idea de ver su misión fracasada por aquellos que no fueron lo suficiente dignos como para servir al emperador, el Legionario conseguía detener y desviar todos los ataques hasta que el hermano Argoll le agarró una pierna desde el suelo y con las últimas gotas de vida que le quedaban cumplió con su deber e hizo que el marine del caos dejara una abertura que Mendoza aprovechó para clavarle la espada en el costado atravesándole el torso hasta salirle por hombro.


El capitán se hallaba exhausto por el combate cuando vio que se acercaba alguien por su espalda, se dio la vuelta lo más rápido que pudo pero por suerte solo era el hermano Liañez, el último miembro de su escuadra de mando que había acabado con su enemigo hundiendo su espada sierra desde la cabeza hasta el estomago.

-¿Se encuentra bien capitán? ¿Qué órdenes tiene? - preguntó Liañez

-Puedo continuar hermano, las órdenes no cambian, encontrar al gobernador y ejecutarlo.


CAPÍTULO 3 EJECUCIÓNEditar

El capitán Mendoza y el hermano Liañez continuaron atravesando pasillos y dependencias sin encontrar ninguna clase de resistencia, eso podía significar dos cosas, o bien el capellán y sus hombres estaban haciendo su trabajo y habían conseguido atraer a todos los enemigos hacía ellos, o bien los Legionarios Alfa habían dado la alarma y se estaban adentrando en una trampa, fuese como fuese, solo había una opción, dirigirse hacia el gobernador, los marines avanzaban con sus armas desenvainadas y listas para el combate. Todo continuó tranquilo hasta que al llegar a las dependencias del gobernador, encontraron guardias custodiando la puerta, eran cuatro, vestían unos uniformes distintos a los anteriores guardias y estaban en mejor estado, debían ser guardias de asalto, las tropas de elite con las que contaban los traidores.

El capitán no necesitó decir nada, el hermano Liañez, uno de sus guardias de honor desde hacía años lo conocía de sobra y sabía lo que pensaba. Los marines avanzaron por salas contiguas valiéndose de la oscuridad y la protección hasta encontrarse a unos treinta metros, en ese momento, Liañez saco una granada de humo de su dispensador y la lanzó, esto alertó a los guardias, pero hizo que la batalla se desarrollara en un ámbito en el que la diferencia entre un soldado normal y un astartes es aún mayor, cuerpo a cuerpo y sentidos reducidos, los Ajusticiadores acabaron con los guardias sin compasión, habiendo sufrido tan solo unos arañazos en su armadura, ante ellos se encontraba la habitación donde supuestamente se hallaba el gobernador traidor, el final estaba cerca.


El capitán y el hermano Liañez se dispusieron a irrumpir en la habitación, prepararon sus armas y de una patada derribaron la puerta, al entrar se encontraron en una estancia de unos diez metros de fondo, y al final sentado en un recargado sillón y apoyado con los codos en la mesa se encontraba Talbert custodiado por dos Marines del Caos, uno a cada lado portando dos largas espadas, la habitación estaba iluminada por unas lámparas de araña colgadas del techo y por unas ventanas a los lados del sillón del gobernador justo a cada lado de un Legionario Alfa. Justo al lado de donde habían entrado los marines se hallaban tirados en el suelo varios sirvientes del palacio con rostros desencajados y con muestras de haber sufrido alguna clase de trauma que los había dejados en estado de shock. El gobernador sonrió y comenzó a hablarles.

-Supongo que no me he de extrañar, Marines siervos del dios cadáver, supongo que venís a intentar capturarme para ese tal Malburg, el Inquisidor. - dijo el gobernador sin dejar su sonrisa.

-Nosotros no somos Arbites, gobernador, si querías que te capturaran haberte entregado, nosotros somos Ajusticiadores y hemos venido aquí solo a por una cosa.

-No podéis hacer eso, la inquisición os ha dado una orden y tenéis que cumplirla como perros falderos que sois. - habló el gobernador con una voz mezcla de sorpresa y rabia.

-Creo que tienes una imagen de los astartes equivocada, hereje, nosotros solo respondemos ante el Emperador y nuestro señor, ningún hombre puede darnos órdenes. - y acto seguido el capitán y Liañez se lanzaron a la carga, la cual fue respondida por los dos Legionarios Alfa que hasta ese momento no habían hecho movimiento alguno.


Los cuatro marines se enzarzaron en un combate cuerpo a cuerpo en el que los Ajusticiadores atacaban sin cesar blandiendo sus espadas y asestando golpes que los traidores bloqueaban y esquivaban, el capitán Mendoza ejecutó una finta pero su rival lo había previsto y la evitó y detuvo el ataque, lo que no previó fue que el capitán le propinase un brutal puñetazo con su mano destrozada que hasta ahora había mantenido en una deliberada.

posición que dejaba claramente ver su incapacidad, el impacto del guantelete fue tal que el visor del Legionario se quebró y acto seguido el capitán descargo su espada con las fuerzas que le quedaban hundiéndosela en el pecho, levantado el cuerpo de su enemigo con la fuerza del golpe.

El hermano Liañez demostraba un gran dominio de la espada sierra tal como indicaba su posición como miembro de la escuadra de mando, los ataques eran incesantes y no dejaban respiro al adversario, intercalaba tajos con la espada con golpes y movimientos con la mano que portaba la pistola, así continuó el combate durante unos momentos lo que hacía presagiar que la victoria se decantaría del lado del marine leal, pero en un repentino movimiento el traidor saco un puñal de combate de la parte de atrás de la armadura y lanzó una puñalada que se dirigía directamente a su costado derecho, Liañez lo vio y en una rapidez de reflejos y pensamiento solo posible en un astartes colocó su brazo en la trayectoria, el puñal se clavo en su armadura y atravesó fácilmente piel y hueso haciendo que soltase su espada sierra, pero ese movimiento pilló por sorpresa al marine del caos lo que permitió a Liañez descerrajar su pistola bólter en el pecho del traidor haciéndolo retroceder para a continuación acribillarlo con el resto de su cargador.


Los dos marines se encontraban ahora frente al gobernador traidor dispuesto a cumplir la misión que los había llevado hasta allí, se dispusieron a ejecutar sus órdenes cuando volvió a aparecer una sonrisa maquiavélica en el rostro del gobernador, el capitán sintió una punzada de precaución, pero se juró a si mismo que solo era una estratagema del traidor para ganar tiempo, cuando estaba limpiando esos pensamientos de su mente, sonó una detonación y donde anteriormente se encontraba la cara de marine Liañéz ahora tan solo había un cráter sanguinolento, el capitán reaccionó y se giró lo más rápido que le permitió su cuerpo, pero era demasiado tarde, pudo ver la figura de un marine de la Legión Alfa, se hallaba junto a los cuerpos de las victimas que había junto a la puerta, antes no estaba allí, estaba seguro de que no estaba allí, pero de poco importaba ya, el marine traidor portaba un rifle bólter y se disponía a ejecutar al capitán Ajusticiador.

En lugar de eso, fue la cabeza del Legionario Alfa la que estalló en una explosión de sangre y restos, acaso el Emperador en su bendita gracia había salvado una vez más a su siervo, puede que fuese así, pero esta vez de una manera más terrenal.

-Escuadra Liebre en posición y ofreciendo cobertura, señor. - sonó en el comunicador del capitán. Era el sargento Saavedra al mando de la escuadra de exploradores Liebre, cuya órdenes era infiltrarse por una ruta alternativa hasta coger posiciones de francotirador a fin de eliminar al gobernador, la opción B del plan del Inquisidor

-Gracias hermano, que la luz del emperador te ilumine.

-Apareció de la nada, como si un manto se desvaneciese.

-Comprendido, mantenga la posición y esté alerta, yo tengo que ocuparme de algo.

Nada más acabar de pronunciar esas palabras, el gobernador se dispuso a defenderse e intentó echar mano de la espada que portaba al cinto, pero solo pudo intentarlo, el capitán ya había ejecutado su movimiento, a tal velocidad que los sentidos humanos del gobernador casi no pudieron percibirlo, el capitán se abalanzó contra Talbert y agarró la cabeza del gobernador con la única mano útil que le quedaba, la estampó contra la pared del fondo con tal fuerza que provoco una grieta en forma de circulo en la pared y un brutal chasquido que provino del cráneo del gobernador, tras esto aplastó los restos de la cabeza con la fuerza de su mano dejando caer el cuerpo descabezado del ya exgobernador en el suelo, con esto acababa el Alzamiento de Tartesus.


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La lanzadera aterrizó en el mismo patio en el que se encontraban las Thunderhawks, los Ajusticiadores hacía escasos minutos que habían terminado de asegurar el palacio, cosa que había resultado bastante fácil tras la eliminación del gobernador Talbert. El Capellán Delfos y los hombres a su mando tomaron el centro de mando principal y gracias a los códigos del gobernador restauraron la situación, en cuanto se levantó el velo de mentiras y las tropas sublevadas reconocieron la autoridad de la Inquisición el control del planeta volvió a estar del lado del imperio, tan solo unas pocas unidades se resistían aún, pero eran pocas y dispersas para suponer una amenaza.

Tras bajar de la lanzadera el Inquisidor Malburg encontró al capitán Mendoza, a su sargento Mayor y al Capellán Delfos esperándolo, hasta él, un hombre acostumbrado a manejar hombres y fuerzas a su voluntad, se sobrecogía ante la presencia de tales seres, se dirigió a ellos y el capitán le indicó que lo siguiera.

-Enhorabuena, capitán. Un trabajo excelente, condúzcame con el gobernador Talbert inmediatamente e informe sobre todo lo ocurrido.- exigió el Inquisidor en un tono que molestó ostensiblemente a los marines.


-Sígame. - respondió el capitán y relató lo ocurrido hasta que llego al momento del enfrentamiento con la Legión Alfa. - ... y hasta llegar al almacén de municiones todo fue según el plan que trazamos, pero allí nos encontramos con cuatro marines caídos de la Legión Alfa.

El Inquisidor se sobresaltó.

-Siempre es preocupante la presencia de Marines del Caos, pero era previsible que las fuerzas herejes solicitasen ayuda a sus amos, y además para eso están ustedes aquí. - y restándole importancia le indicó al capitán que continuara

El capitán continuó con su relato, le contó como encontró al gobernador, su enfrentamiento con los Legionarios Alfa, el ardid utilizado por su enemigo para ocultarse y justo en ese momento acabó de contar lo sucedido.

-El enemigo utilizo brujería para intentar detenerlo capitán, nada sorprendente viniendo del archienemigo, pero obtendremos más respuestas cuando interroguemos a Talbert, y ahora dígame, ¿cuántos de los suyos hemos perdido? - preguntó el Inquisidor, sin duda tratando de mejorar las relaciones con los astartes, le respondió el sargento Mayor Tenorio.

-Hemos sufrido ocho bajas y Bermudo y otros once están heridos de gravedad, aunque con el equipo con que contamos aquí y sin un apotecario no podemos confirmarlo.

-Lamento su pérdida, pero dieron su vida por el Emperador y su santo Imperio. -respondió conciliador el Inquisidor.

-No nos compadezca, Malburg, conocemos nuestro oficio, pero basta ya de charla banal, el gobernador está en esta estancia. - el tono y la respuesta molestó sobremanera al Inquisidor, pero la cercanía del premio que lo había traído hasta este planeta se hallaba tras una puerta.

Lo que vio tras la puerta, hizo que el Inquisidor adoptara una expresión de incredulidad y asombro, su gran presa se hallaba convertida en un cuerpo sin cabeza sobre un charco de sangre y restos.


-¡Pero qué demonios ha hecho Mendoza! ¡Le di una orden clara, debía detenerlo! ¡Como se atreve a contrariar a la Inquisición! - Espetó el Inquisidor.

Los marines que se encontraban junto al cuerpo y los que acompañaban a Mendoza se encontraban tensos y a la espera de una orden de su capitán, pero este se mantenía impasible, como si continuara la conversación de hace un momento.

-Creo que el que no entiende la situación es usted, Malburg, yo he cumplido mis órdenes, las que me fueron dadas por el Señor de mi Capitulo, y salvo que usted sea el Emperador, no respondo ante nadie más, no lo olvide.

Las palabras del capitán Mendoza iban cargadas con un tono de amenaza que incluso un Inquisidor respetaría, el Inquisidor se calmó y se acercó al capitán hasta ponerse frente a él.

-Usted y su capítulo lamentaran el haber contrariado a la Inquisición, el Lord Inquisidor será debidamente informado y las consecuencias serán aciagas para ustedes. - habló el Inquisidor en un tono frío y calculado, que a cualquier otro ser hubiera hecho temblar de puro miedo, pocos se atreverían a semejante afrenta contra la todopoderosa Inquisición Imperial.

-Bien, me alegra ver que sabe cumplir con su deber, espero que también le informe de cómo su ansia por la gloria y el prestigio han llevado a tal extremo a esta situación, y quizás cuando recupere su juicio y se olvide de su gran trofeo, se fije en los símbolos en los cuerpos del gobernador y los demás mandatarios que hay en el palacio.

-¿Qué símbolos? - preguntó sorprendido el Inquisidor.

-La hidra de tres cabezas.


FIN

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Mambre

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