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7º Clasificado en el II Certamen de Relatos de Wikihammer.

Introducción: El Adeptus Custodes

El Adeptus Custodes era originalmente la rama que se encargaba de nada más que la protección del Emperador. Su guardia personal, que nunca lo abandonaba. Ahora son los únicos guardias de la sala del trono, y su autoridad equivale a más de lo que puede llegar a tener cualquier otro señor de Terra. Ellos tienen la última palabra, y la ley como tal no se les aplica. Si un Adeptus Custodes matara a un alto señor de Terra, nadie se lo reprocharía, ni siquiera habría quejas al respecto, puesto que ellos son la última voluntad del Emperador hecha manifiesto. Su confinamiento a la antesala del trono, sin embargo, ha sido motivo de muchísimos debates a lo largo y ancho de la galaxia. Puesto que sólo los guerreros más avezados, fieros, y honorables del imperio son aprobados para unirse a la sagrada misión de proteger al inmortal líder de la humanidad hasta que regrese de su sueño imperecedero… ¿Pero esto es completamente cierto?



Con lo grande que el imperio puede ser, a veces hasta los ejércitos más rigurosos y eficientes llegan a ser superados. Ninguna arma es imbatible, y no siempre gana la humanidad en ciertas batallas que podrían resultar comprometedoras en otras circunstancias. Es entonces cuando suceden los “milagros” que de alguna forma han mantenido cohesionado al imperio luego de que, más allá de toda probabilidad, debería haber sido derrotado en sus baluartes más valiosos Esto es materia de estudio para miles de eruditos de todos los mundos y sectores ¿Serán verdaderos milagros a caso? ¿Será que el Emperador en verdad protege más allá de garantizar la salvación de las almas de sus valientes defensores? ¿O quizás será que un brazo, invisible para todos, se mueve detrás de cada posible tragedia de proporciones galácticas y evita, fundamentalmente, la caída del imperio de la humanidad allá donde es más probable que se desmorone?


Hasta ahora no existe un solo documento que pruebe que hay fuerzas ocultas al resto de los mandos del imperio, puesto que ello sería un verdadero escándalo de la administración. Pero a lo largo de la historia del mismo, el régimen imperial siempre ha salido delante de sus más oscuros momentos, sobreponiéndose en la tempestad, justo antes de que todo esté perdido… Todos le dan una explicación, pero nadie en realidad puede responderse cómo. Sólo les queda, a aquellos que siguen en la luz, seguir luchando por el bien de la humanidad, y rezar por que esta fuerza salvadora esté de su lado cada que el destino se torne sombrío.


Mundo Santuario

La luz en las salas y pasillos del Castigo del Hereje era tenue, y aminoraba cada vez que una turbulencia azotaba la nave por fuera, estremeciendo cada centímetro de su metálico interior. Aún así, con toda la agitación, había suficiente iluminación como para poder ver los caminos sinuosos que cruzaban lo ancho y largo de la nave. Por ella de vez en cuando las sombras se desplazaban entonando cánticos de pureza con gargantas artificiales. La disformidad estaba inquieta, y el número de perturbaciones crecía con cada momento que pasaban sumergidos en tan ponzoñosa realidad. Podría tratarse de un simple navío que enfrentaba dificultades pasajeras, pero el Castigo del Hereje transportaba algo más… En el puente de mando de la nave, la penumbra era rota por un centenar de pantallas diseminadas por una ancha sala. En cada una de ellas circulaban un sinfín de datos relacionados al tránsito del navío por el espacio disforme. El ruido de dedos al teclear, electricidad circulando, y ocasionales chispazos liberados por enchufes era lo único que llenaba aquella estancia. Eso, y una figura que desencajaba ahí tanto por su porte como su característico brillo.

Marcadores- ordenó una voz en la oscuridad - Vamos, denme una buena señal

  • Nos acercamos al objetivo- declaró un técnico iluminado de verde por su monitor- Tiempo, menos cuarenta minutos
  • Excelente…- suspiró el primero con apremio- ¿Capitán?
  • Entraremos en la atmósfera superior del sistema, si la turbulencia lo permite- respondió el aludido. Una forma humana situada en un trono-sarcófago dorado- ¡Sistemas de armas listos! Denme las soluciones de disparo…
  • Ojalá que algo ayude a esos pobres bastardos, por que el Emperador está hoy con nosotros- la figura se giró y se encaminó a la salida.
  • ¿No se quedará a ver el espectáculo, Hermano Capitán?
  • Tengo una compañía que preparar- le restó importancia con un ademán- Avísenme cuando entremos en órbita geoestacionaria. Hasta entonces, ya saben dónde encontrarme...
  • ¡Señor!- se levantó de pronto un técnico de su puesto- ¡Viene una…!

El hombre no acabó su frase pues en seguida comenzaron las más violentas sacudidas que habían experimentado hasta entonces. La nave tembló de forma violenta mientras era agitada como si fuera un juguete. Los aparadores con informes de vuelo se salieron de sus lugares, desparramando centenares de hojas blancas por el suelo, y en algún lugar un fuego comenzó a abrasar la sala. Chispas saltaron y cables cayeron, salidos de sus lugares. Del otro lado del puente, una biga se desprendió de su lugar y casi aplasta a un operador mientras se llevaba por delante su puesto y ordenador. De pronto el cuarto entero pareció sumirse en el caos.

  • ¡Informe!- gruñó el capitán por los altavoces- ¡Vamos, maldita sea, qué está pasando!


Los disparos resonaron contra el concreto que la protegía. A primera vista parecía que lo que quedaba de la pared resistiría, pero a medida que los temblores de impacto aumentaban quedaba claro que tendría que elegir un mejor lugar par protegerse del fuego. A su alrededor la cortina de explosiones desplegada por un centenar de lanzagranadas era sobrecogedora. Ya había destrozado dos catedrales de otrora imponente tamaño, que se mantenían erguidas sólo en el exterior mientras sus entrañas ardían, y amenazaba con avanzar por lo que quedaba del descampado hasta la ciudad colmena. El mundo santuario parecía estarse desmoronando ante la presencia de un enemigo sin identificar, y si algo le molestaba más a la Priora Irea que la destrucción de sus amados lugares de oración, era la incapacidad de responder el fuego de las interminables filas de atacantes que descendían por las colinas del descampado. Sólo el río parecía impedir el avance sobre la ciudad, pero cualquiera sabría que eso era un mero retraso. Si no se hacía algo la ciudad sería invadida inevitablemente. A su alrededor, sus Hermanas de Batalla no se encontraban mejor. La cortina de fuego que desplegaban una hilera tras otra de atacantes sólo podía ser respondida por artillería, ya que hasta ahora los intentos de resistir sólo habían terminado en fracaso. El Adepta Sonoritas estaba postrado por la potencia del ataque, y los últimos Rhinos habían partido hacía más de media hora con todas las heridas y bajas. Volverían para la extracción, pero en esos momentos la Priora dudaba seriamente que hubiera algo que extraer para cuando ocurriera. Irea inspeccionó sus alrededores lo más rápido que pudo. La mampostería que se encontrada de su lado del muro ya empezaba a desprenderse, y los impactos no aminoraban, por lo que no era difícil adivinar que le quedaba poco tiempo. Finalmente pudo encontrar cobijo en la sombra de una columna, una decena de metros más allá; todo lo que quedaba de la fachada de un templo. Rápidamente recargó el cargador de su pistola bolter y abrió el canal general de comunicación.

¡Hermanas, su Priora necesita cobertura!- ordenó por el comunicador

¡Entendido, mi señora!- corearon un centenar de voces.

En mi marca…- retiró el seguro de su arma mientras tensaba todos sus músculos. En la columna, dos tiradoras que se encontraban agazapadas asomaron sus bólteres y se prepararon para abrir fuego- ¿Listas?- agachó la cabeza brevemente mientras una detonación la bañaba de escombros. El enemigo se encontraba ya a un centenar de metros- ¡Ahora, fuego, Hermanas!

En seguida una cortina de proyectiles se desplegó desde todos los lugares donde se encontraban cubiertas sus bravas guerreras. El enemigo fue derribado como un pinar por una explosión al recibir semejante arremetida, pero su avance no flaqueó. Irea se encontró corriendo entre disparos y explosiones mientras disparaba de forma automática su pistola contra la masa ingente de enemigos. A su alrededor la piedra y la mampostería saltaban en todas direcciones, y un humo acre, desprendido de la detonación de tantas armas a la vez, le hacía llorar los ojos hasta casi cegarlos.

El enemigo seguía avanzando en aquel pandemónium de disparos y explosiones, a paso lento pero seguro. Irea apretó el paso a todo lo que pudo rendir su condición física, pero de todas formas le parecía ir demasiado lento. En su cobertura, el bolter de combate y el pesado regaban muerte desde sus posiciones, incitándola a cobijarse bajo su fuego protector. Irea pateó escombros, apartó con su masa las ondas expansivas de las explosiones y se debatió con fiereza contra la granizada de escombros que la bañaba sólo en la mitad del trayecto. Todo a su alrededor parecía seguir estallando, y el contraataque de las Hermanas sólo parecía haber enfurecido la tormenta de fuego que ya de por sí desplegaba el enemigo.

La Priora se forzó a seguir avanzando mientras todo a su alrededor parecía convulsionarse con la fuerza de las municiones explosivas. Siguió disparando hasta que de pronto su pistola dio un chasquido seco, anunciando su muerte, y enmudeció. Irea no supo explicárselo, pero el silencio de su arma le provocó más alarma que el hecho de que estaba al descubierto en una balacera de tamaña magnitud. De pronto algo la tomó por la espalda y la propulsó al frente con una potencia tal que le hizo perder el equilibrio. Todo su cuerpo se volvió frágil de pronto, y sus músculos perdieron la habilidad de tensarse mientras la onda expansiva la mandaba hacia delante con una lluvia de escombros. Un calor que hasta ahora no había sentido la abrasó mientras sus pies dejaban la tierra, y toda su armadura se desprendía por milímetros de su cuerpo sudoroso. Aquello no podía hacerlo un lanzagranadas; eso era obra de algo más grande…

La idea de que quizás sus esperados refuerzos ya habían llegado le provocó una sonrisa más que el hecho de que había sido presa de fuego amigo. Al final la Priora terminó en el suelo como una muñeca de trapo junto con toda la destrucción que el proyectil había causado. Irea sintió que algo la tomaba del hombro y la arrastraba hasta depositarla en una zanga de tierra. Intentó levantarse, pero parecía que su cuerpo estaba hecho de plomo. Sus oídos zumbaban y su vista estaba irremediablemente perdida. Con todo, la Priora pudo oír de forma muy difusa los llamados desesperados de una voz, que parecía traerla a la vida de nuevo con su simple y desesperado timbre.

Perdóneme, señora- dijo antes de plantarle una bofetada en pleno rostro a la Priora.

Irea entonces sí reaccionó. Con un impulso de adrenalina empujó hacia atrás a su agresora y se enderezó de un salto, pero se incorporó demasiado rápido. Su cabeza de pronto le dio vueltas, y su vista se nubló. Su cuerpo perdió las fuerzas hasta que no le quedó otra opción que precipitarse a tierra otra vez. Por un minuto perdió el conocimiento, y luego pareció reasumirlo mientras que un surtidor de tierra fría dura la bañaba.

¿Qué paso?- se incorporó de nuevo- ¿Llegó la artillería?

Negativo, señora- le respondió la Hermana con el bolter pesado a través de su casco.

La sacamos de entre los escombros- dijo la otra hermana- Creímos que estaba muerta- hizo una pausa para levantar su bolter y disparar a un objetivo. Luego de varias rondas volvió a cubierto- Soy la Hermana de Combate Thayer, y ella es Myrna- señaló a su subordinada.


La Priora no dijo nada. Buscó instintivamente su pistola, pero su funda estaba vacía. Con algo más de inspección, se percató que no estaba en los alrededores. Seguramente la había perdido con la explosión.

Una pistola- les pidió a sus hermanas. Myrna pareció no prestar atención, y siguió disparando: una negativa clara. Thayer se rebuscó entre sus bolsillos hasta que por fin sacó una pistola bolter, la cargó y se la ofreció por el mango - Gracias- dijo Irea mientras la tomaba- Ahora, ¿pueden explicarme qué es lo que acaba de pasar?

  • ¡Son morteros enemigos!- exclamó Thayer volviendo a asomar su bolter- Han traído piezas de artillería ligeras ¡Nos van a hacer añicos si no nos movemos!
  • ¡Cálmese, hermana!- le espetó Irea, también enseñando su nueva pistola- Tenemos que replegarnos. Aquí somos blanco fácil
  • ¿Pero cómo…?


La hermana no terminó, pues una serie de detonaciones respondió por ella. A ambos lados de la cobertura, los fragmentos de tierra y cascotes las azotaron como olas en la costa. A final se oyó un sonido hueco mientras el pavimento sobre un ducto del alcantarillado cedía y se abría un surco enorme en la tierra.

¿Querías una ruta de salida?- señaló Irea con su pistola- ¡Adentro las dos!


Thayer saltó en el acto, pero Myrna se mantuvo reticente a abandonar su posición. La hermana estaba regando muerte de forma indiscriminada, y al parecer no quería ceder esa ventaja. La Priora tuvo que apartarla de su posición para casi arrojarla en el ducto salido antes de que otra andada de mortero destrozara su cobertura.

¡Ahora adelante!- ordenó Irea mientras descendía- Y manténganse juntas, esto va a estar intenso…- Las tres siguieron la zanja mientras esta ofrecía relativa seguridad. Myrna abría paso con su bolter pesado, y Thayer e Irea asomaban esporádicamente sus armas para disparar sobre el parapeto. Las explosiones de los morteros no cesaron en aquella sección del campo mientras lo recorrieron. Los operadores de la artillería trabajaban a un ritmo impresionante, casi frenético, que aseguraba que las municiones siguieran cayendo. Irea sólo podía rezar desde su lugar para que sus hermanas estuvieran bien cubiertas cuando aquellas armas les trajeran fuego y muerte. Finalmente, cuando el ducto había recorrido al menos un centenar de metros, las tres se toparon con un bloqueo. Un verdadero cerro de cascotes había obstruido el camino y más allá la calle seguía en buen estado, por lo que avanzar por ahí sería lo mismo que suicidarse.


  • ¿Y ahora qué?- preguntó Thayer mientras pateaba una de las paredes de la improvisada trinchera.
  • Esperen- dijo Irea mientras subía ligeramente por el cerro de escombros.

La Priora sacó brevemente la cabeza para inspeccionar sus alrededores. La calle seguía rodeando la colmena, pero en un lugar daba una curva y se introducía en la masa de la ciudad. El enemigo seguía disparando sus armas de múltiples calibras contra las posiciones defensivas mientras que estas se esforzaban en repeler el fuego. Pero lo que llamó la atención de la Hermana fue la fachada perfectamente conservada de una iglesia que no había sido tocada por las explosiones como a unos doscientos metros de su agujero. La idea no la incomodó, pero el hecho de que las descargas enemigas siguieran acribillando sus posiciones era un problema. Los morteros habían dejado de disparar, por lo que Irea supuso que debió ser recalentamiento. Eso les daría unos minutos a lo mucho para llegar… Sólo esperaba que el edificio estuviera completa del otro lado.

  • Muy bien- se giró hacia sus acompañantes- Tenemos cobijo a las seis, pero está lejos-
  • ¿Qué tan lejos?- preguntó Myrna, dando a entender su peso extra.
  • No llegaremos si esos cabrones vuelven a hacer llover bombas- se apoyó contra la pared y juntó sus manos a la altura de la cadera- Thayer, tú primero…-


La hermana emergió de entre los confines de la tierra y los disparos zumbaron a su alrededor. Thayer alzó su bolter y comenzó a abrir fuego indiscriminadamente. Abajo, el bolter pesado de Myrna emergió antes que su operadora. Ambas, hermana y arma, pesaban demasiado para la Priora, por lo que Thayer tuvo que suspender su fuego para hacerla subir por completo. Apenas Myrna estuvo arriba, le hizo una seña a su hermana para indicarle que las cubría. Thayer entonces se concentró en subir a su Priora mientras el bolter pesado volvía a regar muerte por todas partes.


Ya las tres arriba, Thayer fue la primera en unir su fuego con el de su hermana. El trío de guerreras retrocedieron disparando contra sus enemigos, que cayeron por decenas ya que ni se tomaban a molestia de cubrirse. Pero las bajas tampoco parecían importarles, por el fuego aún seguía igual de intenso. Por cada sombra erguida que caía al suelo, otra aparecía para tomar su lugar, y algunas incluso seguían disparando después de ser derribadas. Otras eran demasiado resistentes y, aún con un impacto de bolter encima, o a veces dos, seguían de pie como si nada.

En resumen, la situación no era para ganar, y apenas en retroceder cincuenta metros, Irea ya había acabado dos cargadores completos de su pistola. Las nubes de polvo levantadas por las explosiones impedían la visión, por lo que los disparos no eran precisos tanto de un lado como del otro. Con todo, las hermanas no perdieron la orientación hacia su objetivo y siguieron retrocediendo mientras regaban una ronda tras otra de bolter. Hubieran seguido así de no ser por que a medio camino los sentidos de Irea se dispararon con una omnipotente alarma. El característico silbido, apenas perceptible entre tantas detonaciones, de proyectiles pesados rasgando el aire mientras descendían en picado por sus desgraciados objetivos: la artillería volvía a estar activa. Sus ojos se abrieron grandes y su cuerpo se giró sobre sí mismo en menos de un segundo para echar a correr. Hubiera gritado la orden, pero la explosión de la primera bomba al encontrar la tierra habló por ella. Las otras dos hermanas imitaron su ejemplo, pero antes de que cualquiera de las tres pudiera emprender la marcha, las bombas ya llovían sobre su posición.


Se acabó la retirada organizada. Cada una corrió tan rápido como sus piernas la podían impulsar, pero las explosiones las envolvieron en un instante. Ahora de verdad era imposible decir hacia dónde se dirigían, con tanta tierra volando alrededor. Con todo, todavía podían enfilarse de alguna forma hacia donde la Priora, que guiaba aquella carrera desesperada, consideraba que era la dirección correcta. Metralla y pedruscos resonaban contra sus armaduras, y aunque la mayoría rebotaban, los que llegaban a alcanzar la cara de las dos primeras hermanas las arañaban como si fueran cristales rotos. A Irea un pedazo de metal desprendido de una bomba le cortó una amplia sección de mejilla mientras corría, y a su seguidora, Thayer, le caían tanas cosas a los ojos que se los cubría con los guantes mientras corría en un estado casi a ciegas. Solo Myrna seguía sin ninguna dificultad más que la carga de su bolter pesado; era la única que en realidad disfrutaba en esos momentos de tener un casco. La Priora siguió corriendo entre todo el humo y la graba que volaba. Sus piernas comenzaban a arderle de la desesperación, pero las escaleras del templo simplemente no aparecían… comenzó a creer dentro de sí que en realidad estaban dando tumbos contra alguna calle abierta; o peor aún, contra el enemigo.

Tener que serpentear entre tantas explosiones, después de todo, la había desorientado. Y quería con todo su raciocinio parar, pero su sentido de la auto preservación le advertía que de hacerlo serían descompuestas en tantos fragmentos que nunca podrían volverlas a armar de nuevo si tenían suerte. Estaba a punto de aceptar por completo la derrota cuando su pie tropezó con algo demasiado firme como para ser un simple guijarro. Aunque Irea se precipitó de bruces contra el piso, le alegró más que nunca el hecho de haber encontrado el objetivo. Detrás suyo, Thayer se lanzaba a incorporarla, pero la Priora se le adelantó.

¡Adelante, corre!- la tomó y la lanzó contra las escaleras- ¡Muévete Myrna!

La hermana apretó el paso para alcanzarlas. Thayer e Irea subieron a toda prisa. Apenas dejaron atrás el pandemónium de explosiones y metralla el fuego enemigo volvió a crepitar a su alrededor. Thayer se volvió y sobre una rodilla comenzó a repartir todo el cargador de su bolter contra las sombras enemigas. Irea siguió hasta la entrada e intentó abrirla. Al constatar que estaba cerrada, la Priora no se lo pensó y le propinó una patada con fuerza tal que la sacó de sus goznes y la azotó contra el suelo de la iglesia…


Una docena de láseres se cernieron sorbe su posición y la hermana apenas tuvo tiempo como para quitarse. Por un momento la Priora pensó que el enemigo los había flanqueado, pero pronto constató que se trataba de algo más: aquella cadencia tan ominosa de tiros era demasiado ensayada como para compararse a la usualmente mala puntería de su enemigo. Los habían estado esperando desde dentro…

¡Alto el fuego!- ordenó la hermana mientras asomaba su pistola. Una andada de fuera respondió a la que vino de la puerta y casi decapita a la Priora- ¡Somos de los suyos, carajo!-

¿Qué ocurre, mi señora?- preguntó Thayer sin desviar la vista. A su lado ya se encontraba Myrna y amabas levantaban casi de milagro una columna de fuego sin paragón para lo que dos de las suyas habían hecho antes.

Creen que somos Caminantes- respondió la Priora disparando también su pistola. Malditos cretinos!- exclamó Thayer mientras recargaba- ¡No somos Caminantes, somos Hermanas, maldita sea!

  • ¿En serio?- preguntaron adentro.
  • Oh, por favor…- suspiró Irea antes de salir de cobertura y ponerse en el marco de la puerta. Del otro lado de la misma, un grupo de tiro de soldados de placas doradas y rifles con bayonetas parecidas a alabardas la estaba apuntando
  • ¿Y bien, les parece que soy de los Caminantes?- preguntó con un sarcasmo demasiado despectivo como para ser amistoso. Los soldados dudaron un minuto y luego bajaron sus armas.
  • Lo siento mi señora- respondió el hombre que se hallaba al centro de la formación de tiro- Creímos…
  • Cállese- le espetó Irea casi empujándolo al pasar, volviendo a tomar cobertura- Para la próxima mejor dispárele a su inepto general, a ve cómo reacciona él - se giró hacia afuera- ¡Todo despejado, pueden pasar!


Thayer entró a la carrera al instante y se posicionó de nuevo. Myrna tardó un poco más, disparando su arma a toda potencia mientras avanzaba hacia atrás. Ya en la puerta le esperaban el fuego de cobertura de su hermana y la Priora, por lo que se dio el lujo de darse la vuelta el último trayecto… Mala idea.


Apenas se dio la vuelta, la Hermana de Combate salió despedida con un gruñido por la puerta cuando un proyectil impactó de lleno en las escaleras y las redujo a polvo. Ambas, mujer y bolter pesado, surcaron el espacio que las separaba de la nave interior del recinto, derribando a todo con cuanto chocaban.


La hermana Myrna se estrelló contra el suelo seguida de un surtidor de polvo y escombros. Todos se agacharon al instante menos las hermanas, que se apresuraron a rescatar a su camarada caída.

¡Myrna!- chilló Thayer cuando la removía ¡Vamos, responde, maldita sea!

Mierda…- gruñó la aludida- Tengo algo bajo el glúteo izquierdo- Déjame ver- se acercó Irea y la inspeccionó. Al principio pareció preocuparse, pero luego se tranquilizó y se le iluminó la cara

  • ¿Así que le das el culo a cualquiera con una gran pistola?-sonrió mientras tiraba de algo que se había incrustado en la armadura, lo cual provocó una breve mueca de dolor en su compañera- Pero qué deshonra, hermana…- rió un poco mientras alzaba un fragmento de metralla bastante extenso- Cien horas de penitencia en la Capilla Prima y sin posibilidad de perdón

¡Oh, no!- intercedió Thayer, igual juguetona- ¡Le han arruinado su mejor aspecto! Esos bastardos…- ambas compartieron unas breves carcajadas y luego Irea ayudó a ponerse en pie a su cañonera.

Arriba, hermana, aún podrá seguir luchando- dijo, ya seria- Ahora, ¿quién es el encargado de aquí?

Yo, mi señora- se adelantó el hombre que había empujado de su lugar- Soy el sargento Rye, mi señora. Lamento las complicaciones…

Eso déjalo para otra ocasión - le restó importancia con un ademán- Por ahora necesito un comunicador… ¿Sargento?

Sí, mi señora- se inclinó brevemente. Por favor, sígame

El sargento la condujo hacia un pasillo de piedra que se abría paso entre las hileras de bancas de la iglesia. Irea le ordenó a ambas hermanas con señas permanecer en su posición. Ellas, junto con los demás soldados, reasumieron su labor de defender el edificio haciendo estallar sus armas otra vez.


Rye y la Priora progresaron por el pasillo a paso ligero mientras las explosiones hacían temblar la nave hasta sacudirle el polvo y desprender el yeso viejo del techo. Ahora que la veía de cerca, Irea podía apreciar que se trataba de algo más que una simple iglesia. Del techo al suelo debía haber cuando menos quince metros de separación por otros veinte de pared a pared, y todo el espacio era ocupado por bancas suficientes como para una compañía entera.

Había estatuas de santos y relicarios en las paredes, y al final de la nave una estatua del emperador del suelo al techo observaba todo con aire marcial. En verdad si aquel lugar fuera un poco más grande, sería digna de llamársele una catedral en toda regla. El par siguió avanzando por la iglesia hasta vislumbrar el brillo verde claro de un aparato de comunicaciones, al final de las bancas. En él, dos hombres operaban nerviosos los diferentes controles de la máquina.

Al verlos venir, ambos se desprendieron del aparato para precipitarse a su encuentro. Corrieron con tanto ahínco y desesperación que por un momento parecían más caníbales frenéticos que soldados entrenados. Sólo cuando estaban prácticamente sobre ellos fue que recobraron parcialmente la calma.



¡Señor, tiene que oír esto!- tiró de la manga del sargento el hombre con desespero- ¡Rápido, señor!- ¡Usted también, mi señora!- la urgió el otro hombre- ¡Dese prisa!- ¿Qué está ocurriendo…?- pudo preguntar Irea antes de que el hombre la sacara de su posición. ¿De qué se trata, soldado?- preguntó el sargento mientras lo arrastraban a tirones hasta el aparato. ¡Señor, hemos logrado captar una señal!- dijo el soldado mientras volvía a su improvisada mesa de trabajo. Pero qué emoción…- comentó Irea arqueando las cejas en sarcasmo- ¿Qué tiene de especial?- Mire…- musitó el soldado mientras ponía a funcionar las bocinas. Al principio sólo se oyó estática, pero luego de un segundo cobraron súbita vida. Aquí… Castigo del… Nave Imperial, registro: Alfa cero… tormenta de disf…- murió la transmisión por medio minuto- Cast… Hereje, entrando en el espacio… estado de combate activo… preparándose para… el Emperador protege…- el silencio se hizo de nuevo. Esta vez incluso Irea y Rye se encontraban desconcertados. ¿Una nave de combate imperial aquí?- cuestionó la Priora- Justo cuando parece ser que las cosas no podían complicarse más…- ¿Puedes aislar la transmisión?- le preguntó el sargento al operador. Es muy débil por salir de la disformidad, pero creo que puedo aislarla…- el hombre movió un par de indicadores- Creo que no podremos oírlos muy bien, pero ellos sí a nosotros- ¿Por qué aquí, por qué ahora?- cuestionó otra vez Irea- ¿Cómo es que podemos captarla sólo nosotros?- Debe ser un rebote de la disformidad- respondió el operador, aún manejando los indicadores- Nuestro aparato estaba usando líneas de más de cinco canales, creo que por eso lo captó- ¿Alguien más podría oírlo?- preguntó el sargento. Hasta ahora no ha habido respuesta de nuestra red, así que creo que somos los únicos- Bueno, mantenlos lazados- le dio unas palmaditas en el hombro- Dime algo…- se volvió hacia la Priora- ¿Crees en la providencia?- Irea no dijo nada al principio, pero luego su mueca se tornó sombría. El Emperador protege…- musitó y se giró hacia el técnico- Eh, tú, ¿puedes abrir un canal de comunicaciones?- Cuando quiera, señora- saludó brevemente y le entregó un comunicador- Puede hablar en cualquier momento- Excelente…- tomó el micrófono y se lo llevó a los labios- Muy bien, Castigo, soy la Priora Irea Moris de las Hermanas de Batalla del el sector…-

¡Señor!- gritó de pronto un operador en el puente del tambaleante Castigo del Hereje- ¡Tenemos contacto!- Ponlo en los altavoces- ordenó el Hermano Capitán y de pronto la voz de la Priora inundó el recinto. …Somos la única resistencia. Requerimos apoyo orbital de inmediato, y si cargan por casualidad algunos refuerzos, nos vendrían bien aquí abajo…- hubo un momento de estática- …Les pasaremos las coordenadas del enemigo. Espero que las usen bien… Priora Irea, cambio y fuera-

El operador se puso a escribir desenfrenadamente apenas la hermana puso el comunicador en espera. A su lado, el segundo hombre, que obviamente no sabía nada de aparatos de comunicación, le sostenía un mapa con el frente y dirección del ataque iluminado en rojo. El operador meció los dedos junto con un lápiz de forma frenética sobre un pedazo de papel por un par de minutos, desviando la mirada ocasionalmente para escrutar el mapa. Detrás de él, tanto la Priora como el sargento se encontraban presionados de la espera. ¿Crees que reciban las coordenadas?- preguntó Rye. Son la mejor opción que tenemos de salir con vida de aquí- respondió Irea- De lo contrario ya puedes ir cavando tu propia tumba, por que este lugar se convertirá en un osario cuando…- ¡Mi señora, cuidado!- exclamó el operador mientras la apartaba de su lugar. El suelo y el techo se estremecieron, y algunas estatuas de los santos cayeron al suelo, haciéndose añicos del impacto. Una sección del techo se vino abajo cuando la munición de mortero le dio un golpe directo desde alguna de las posiciones enemigas. El operador apenas pudo apartar a la Priora justo antes de que un pedazo de concreto de su tamaño se estrellara en su posición. En el final de la iglesia todo se convirtió de forma abrupta en una polvareda impresionante. Thayer, que había visto toda la devastación desde el otro lado de la iglesia, se apresuró a abandonar su posición para socorrer a su señora. Detrás de ella el resto de los hombres comenzaron a imitar su ejemplo, dejando la entrada por completo desprotegida. La hermana se encaramó hacia la pila de escombros y comenzó a escarbar a mano limpia de forma frenética. No bastó mucho esfuerzo pues casi en seguida Irea se desprendió de una pila de rocas, llena de mallugaduras y con la armadura toda abollada. A su lado, el sargento Rye se desenterraba lo más rápido que sus manos se lo permitían. ¡Por el Emperador que necesitamos al operador con vida!- exclamó Irea mientras se ponía inmediatamente a escarbar- ¡Encuéntrenlo, ya!- ¡Ya oyeron, hombres!- los urgió el sargento- ¡Todos a cavar!-

En seguida todas las manos disponibles se pusieron a escarbar. Al principio no hubo suerte, y a medida que la idea de que el único hombre que sabía operar un radio quizás en todo el frente muriera de forma tan inútil, la desesperación se fue apoderando del recientemente dedicado grupo de salvamento. Sólo cuando algo tosió, no muy fuerte, por debajo de tanto polvo, fue que las miradas de todos se concentraron en un punto y las manos en seguida las siguieron. ¡Mierda, Emperador, por favor…!- gimió Irea mientras quitaba de encima de un cuerpo deshecho un pedrusco que le había aplastado la cabeza- Oh, por…- se contuvo de soltar una blasfemia al tratar por todos los medios de constatar que se trataba de otro hombre… Mi señora…- se oyó algo más distante y todos se congelaron al instante… Inadvertidamente, una mano emergió sosteniendo un pedazo arrugado de papel- Mi señora…- volvió a gemir la voz, pero antes de que pasara un segundo más ya todos se concentraba en desenterrar el resto del hombre. ¡Vamos, deprisa!- los urgió la Priora, conteniéndose para no echarse a reír mientras rascaba la pila de escombros.

La alegría no le duró mucho, pues apenas desenterrar la mitad superior del hombre todos se percataron con horror del pesado canto de concreto que apresaba la parte baja del operador. Y ninguno necesitaba ser médico para saber que aquella cosa debió de cuando menos haberle aplastado los órganos internos al contacto… El porqué seguía vivo era todavía un misterio. Oh, no…- suspiró el sargento mientras caía de rodillas al lado del herido- Hombre, ¿puedes oírme?- Fuerte y claro, sargento- musitó de forma débil, tosiendo un hilillo de sangre en el intento. Te necesitamos con vida, así que mantente despierto- lo urgió la Priora- Las coordenadas, ¿cómo las paso?- La máquina de comunicaciones…- señaló el cuerpo de su acompañante- Debe prenderla… Eso le dará…- un hilo más grueso de sangre emergió de su boca, evitando que siguiera. ¡Sargento!- le señalo el cuerpo- ¡De prisa!- Rye se puso manos a la obra, y apartó el cuerpo del otro hombre con casi ninguna reverencia para descubrir el artefacto por completo intacto. Listo, mi señora- declaró mientras le quitaba le polvo de encima. ¿Qué sigue, hombre?- sacudió ligeramente al operador- ¡Vamos, haga un esfuerzo!- Presione el interruptor de la parte superior izquierda repetidamente…- volvió a musitar, como una alma en pena. El sargento lo hizo, pero no hubo respuesta de la máquina. El herido estuvo a punto de decir algo más, pero en seguida fue interrumpido. ¡Mi señora, a cubierto!- gritó repentinamente Thayer y en seguida una lluvia de láser bañó su posición. ¡Caminantes…!- gritó un soldado y en seguida fue abatido por el fuego enemigo. Una larga fila se acumulaba a la entrada de la iglesia, y por lo que se veía más venían en camino. Los cinco soldados que quedaban y las dos hermanas en seguida se pusieron a cubierto mientras que a su alrededor el fregó enemigo cobraba fuerza. Los Caminantes se desplegaron para abarcar más espacio, formando una línea horizontal de fuego que comenzó a destruir el interior del edifico. El contraataque imperial no se hizo esperar, pero ya había adentro alrededor de cincuenta enemigos y seguían siendo demasiado pocos los rifles que disparaban en contra. Irea se lanzó de cabeza del otro lado de la montaña de escombros. Adoptó una posición pecho tierra y comenzó a disparar su pistola contra la masa ingente de enemigos. Por lo bajo maldecía a todo lo que se encontraba al alcance de su lengua, pero su atención seguía centrada en el hombre moribundo a su lado. ¡¿Qué sigue, qué?!- preguntó mientras mandaba una andada que derribó a tres objetivos más allá- ¡Vamos, siga despierto o moriremos todos!-

¿Han logrado restablecer la comunicación?- preguntó con nerviosismo el Hermano Capitán. Negativo, señor- respondió una voz en el puente. ¿Cuánto falta para la inmersión?- le siguió el capitán. Dos minutos, si aguantamos en una pieza- Tardaremos otros quince en llegar a órbita geoestacionaria- se volvió hacia el Hermano Capitán- Entonces podremos disparar…- Demasiado tarde- lo reprendió el aludido- Necesitamos que las soluciones de disparo estén listas en cuanto emerjamos de la disformidad, de lo contrario podríamos llegar demasiado tarde- ¿Disparar desde tan lejos?- exclamó- ¡Pero un simple error de cálculo podría mandar a los nuestros al otro mundo en vez del enemigo!- Por eso no nos conviene fallar, ¿verdad?- ¿Qué está sugiriendo?- preguntó sombrío- ¿Qué viole deliberadamente el protocolo naval de ataque planetario?- Escogí al Castigo del Hereje por una razón...- le puso una mano en el hombro- No me haga quedar mal-

No me convence…- suspiró- Pero si vamos a disparar desde tan lejos quiero que sepa que no habrá garantía. Tenemos las armas, pero no podemos obrar milagros- Sólo espero que puedan propiciarlos, capitán- le puso una mano en el hombro- Depende del Emperador el hacer milagros o no- El Emperador protege…-

Desconecte la batería de alimentación y vuelva a conectarla- musitó el herido mientras una descarga de láser reventaba a su lado- Luego vuelva a presionar el botón más lentamente- Rye obedeció mientras los rayos volaban sobre su cabeza. A su alrededor sus hombres y las hermanas disparaban desde barricadas improvisadas con las bancas del templo. Irea descargaba su pistola de vez en cuando contra la creciente masa enemiga, pero sus esfuerzos estaban igualmente relacionados con mantener activo al operador. El hombre a medio enterrar sangraba profusamente por su boca y apenas profería sonidos inteligibles por encima del ruido del combate, pero de alguna forma u otra la Priora y el sargento llegaban a entenderlo. Cada que hablaba y su voz se hacía notar sobre el sonido de disparos y cosas reventando Irea todavía seguía preguntándose cómo es que podía seguir con vida. Un hombre normal debería de haber muerto mucho tiempo atrás… Irea agachó la cabeza cuando otro soldado cayó hacia atrás con un agujero en pleno rostro. El cuerpo deshecho del hombre tembló un poco y luego se quedó flácido. El resto de los hombres pareció no notarlo aunque bien sabían que de seguir con aquella defensa pronto acabarían todos así. ¡Siga, soldado, hay vidas en juego!- lo urgió Irea mientras disparaba sobre su posición. Ya debió prender la máquina- contestó el hombre. Irea dirigió la mirada al sargento, como preguntando lo ya dicho. Rye alzó la vista, y luego de un tenso segundo asintió. Ya está- declaró mientras se encendía una profusa luz verde. Bien, ¿qué sigue?- la Priora agitó un poco al operador mientras otra ronde de láser estallaban en su posición. Deslice esos medidores hasta la mitad…- señaló hacia una serie de pequeños indicadores- Deberían volver a captar la frecuencia…-

Emergiendo de la Disformidad- declaró un hombre.

El Castigo del Hereje sufrió un ligero estertor mientras entraba en el espacio real. La nave se sacudió de pies a cabeza al abandonar la tormenta disforme y luego calló repentinamente. En frente de ellos, el planeta dorado con verde que era su objetivo se dibujó a medida que los indicadores de visión regresaban a la normalidad. ¡Informe!- exclamó el capitán desde su puesto Hay daños menores en toda la nave, señor- dijo uno de los técnicos, que recorrían la sala haciendo reparaciones- Setenta por ciento de capacidad- Setenta es bueno- suspiró el Hermano Capitán. ¿Señor?- se giró un operador del puente. ¿Qué ocurre?- se estremeció el capitán- ¿Captaron la señal otra vez?- Brevemente, pero no ha habido respuesta ni mensaje- ¿Cree que hallamos llegado demasiado tarde?- preguntó sombrío el Hermano Capitán. Pues todavía estamos en posibilidad de realizar su milagro, señor- dijo el hombre mientras tecleaba rápidamente, haciendo una breve pausa- …Si me lo pregunta, claro- debajo de su casco los labios del hermano capitán dibujaron una sonrisa. Pues es todo lo que deseaba oír- respondió con cierto júbilo- ¿Cómo están los hangares?- La compuerta del hangar dos está trabada, y en el hangar uno hay un incendio bastante fuerte…- hizo una pausa para ver una placa de datos- ¡Pero en los hangares tres y cuatro hay cinco Thunderhawk intactas, señor!- ¡Excelente!- exclamó mientras se llevaba una mano al comunicador- ¡Hermano Reon, prepare a los hombres para descender en quince minutos! ¡Puestos de combate!- se giró instantáneamente hacia la escotilla de acceso y se dispuso a partir. ¿Ya se va?- le preguntó el capitán- Se perderá los fuegos artificiales- Confío en usted, capitán- respondió el aludido- Dispare, haga justicia para los débiles. Sus almas se lo agradecerán- dicho esto salió del puente. Sólo espero que esas almas entiendan su de pronto les llueve de su lado- musitó de forma sombría, luego giró la mirada hacia las placas de datos- ¿Todavía no?- Negativo, señor- respondió el técnico. Que los equipos artilleros carguen las armas costales. Baterías uno a diez, uso de munición incendiaria autorizado; fuego en abanico a mi señal- Baterías cargadas, señor- ¿Estado de los geoescáneres?- Están averiados, señor- Desplieguen la mira telescópica. Seleccionaremos los blancos por medio de inspección ocular- ¿Señor?- se extrañó el hombre- Pero esas miras son para disparos desde órbita geoestacionaria… Es mucha distancia- No tenemos de otra- replicó el capitán- Tanto si disparamos como si no, lo único que cambiará será el bando que coleccione más montañas de cadáveres- hizo una pausa para acentuar cada palabra- Ahora abran las troneras y comiencen a ponernos en órbita. Dispararemos en cuanto tengamos un blanco-

¡Mierda!- exclamó el sargento- ¡El micrófono está frito!- Tendrán que usar las teclas- respondió el operador- Del lado derecho, presione los números como están inscritos en la hoja…- Use su número de identificación primero- dijo la Priora mientras volvía a disparar- No queremos que nos confundan con el enemigo- ¿En este meollo, mi señora? Me sorprendería si saliéramos ilesos del bombardeo- Mira quién habla de sensatez- le espetó. Bueno, ¿vamos a darles las coordenadas del ataque o no?- ¡Haga lo suyo, hombre!-

¡Tengo el blanco!- exclamó el técnico- Estamos recibiendo las coordenadas de nuestro contacto- ¿Las tiene todas?- preguntó el capitán, casi poniéndose de pie. Espere…-

¿Qué pasa, por qué te detienes?- preguntó Irea mientras disparaba. ¡Las coordenadas están incompletas!- chilló Rye mientras un láser casi lo decapita- ¡Me falta el último paquete de datos!- Hey, hombre- sacudió un poco al operador- Nos faltan datos ¡Hable ahora o juro que lo veré en el infierno para partirle la madre!- Datos…- musitó el hombre, aturdido- Cero, cero, uno, nueve…-

¡Los tengo, señor! ¡Blancos fijados!- el operador casi se pone a bailar. ¿Desviación?- preguntó apresuradamente el capitán. Menos cuarenta grados- ¡Introdúzcanlos a las soluciones de disparo!- Datos fijados, capitán- ¡Fuego!-


El hombre musitó algo más y dejó de respirar. Su cuerpo asumió un último momento de tensión y luego se relajó al extremo; las pupilas del operador pronto se dilataron. La sangre que brotaba por su boca, ahora seca, parecía algo que se le había pegado a la piel, demasiado ajeno al cuerpo del que había brotado como para constatar que una hemorragia en verdad podía dejar una expresión de paz como aquella tras de sí. Irea tomó cobertura tras del cuerpo, pero su expresión sombría tras oír las últimas palabras del herido dejaba claro que había algo que no entendía completamente. A su lado, Rye se desprendió del aparato para tomar su rifle y volver a la tarea para la que era mejor. Junto a él, el resto de su escuadrón pareció agradecer el rifle extra y reasumió sus disparos con más ahínco. Las hermanas, en la pared opuesta, regaban andadas de fuego mientras todo a su alrededor era objetivo de disparos. ¡Manténganse firmes!- los urgió la Priora mientras disparaba a ciegas desde su cobertura- Los refuerzos ya vienen- Los enemigos siguieron afluyendo desde la entrada principal en una larga hilera a todo lo ancho de la puerta, disparando y saltando en pedazos cuando los proyectiles mortales del bolter pesado los alcanzaban. A pesar del fuego de respuesta, aquellos cuerpos recibían los disparos de frente y sin ninguna queja, ni siquiera una protesta. Sólo se posicionaban y comenzaban a disparar hasta que los derribaran o consiguieran más terreno donde colocarse. Pronto, cuando la masa fue lo suficientemente densa, tanto que ni siquiera el bolter pesado de Myrna podía abrirla, la formación enemiga comenzó a avanzar por los pasillos centrales, disparando tanto al frente como a los flancos y llenando cada espacio por el que se podía transitar con su profana presencia. Las diez armas que mantenían la posición intentaron frenar el avance, pero aquella era una turba demasiado grande como para hacerla retroceder; cada que caían heridos o muertos los de atrás los pisoteaban siempre con su lento pero incesante andar, disparando a los objetivos que tenían por delante. ¡Se nos acercan demasiado!- exclamó Thayer mientras recargaba- ¡Me quedo sin municiones!- ¿Qué hacemos, mi señora?- preguntó Rye mientras descargaba su rifle en fuego automático. ¡Todo el mundo, granadas!- gritó Irea mientras se sacaba las suyas del cinto- ¡Láncenlas ya!- Los artefactos explosivos volaron desde las posiciones defensivas y se encontraron con la masa mientras avanzaba de forma lenta y pesada. El bombardeo de todas las bombas de mano con las que dispusiera cada miembro del improvisado escuadrón duró casi dos minutos, y las explosiones subsecuentes devastaron todo el interior de la iglesia. A la izquierda de la fila una banca saltó en astillas acompañada de una docena de cuerpos, y otros tantos tronidos devastaron la columna central, haciendo llover partes humanas por toda la nave. Los explosivos que cayeron en los laterales de la nave principal destruyeron la mampostería de las paredes y acabaron de tirar las estatuas que todavía quedaban. Las bancas se incendiaron y la piedra se desprendió de los muros hasta hacer montículos por todo el contorno de la iglesia. El suelo donde antes se pudiera recorrer a pie quedó hollado de cráteres y acumulaciones de muertos, tanto destrozados como enteros. Sólo las barricadas de bancas que contenían a los defensores y el monte de escombros fue lo que sobrevivió al contraataque. Los enemigos supervivientes quedaron dispersos y al parecer aturdidos, y sus siluetas entre el humo de la devastación fueron abatidas por el fuego imperial con suma facilidad. En cualquier otra circunstancia hasta un atacante decidido habría dudado de continuar al ver semejante escena pesadillesca, pero al parecer aquellos no eran enemigos comunes. Apenas el humo se disipó de nuevo, los disparos volvieron a atacar desde la entrada. Sin embargo esta vez no se trataba de una compañía completa como la pasada, y el fuego de contención de los rifles láser y los bólteres fue más que suficiente como para evitar el paso de nuevos atacantes y comenzar a apilar sus cuerpos en el marco de la puerta. Las siluetas de cuerpos siguieron moviéndose y disparando, pero su ruta de acceso estaba quedando cada vez más bloqueada. Pronto no quedaría lugar para apilarlos, y entonces los imperiales por fin tendrían la oportunidad de tomar ventaja. La situación no podía favorecer más al desesperado grupo cuando algo hizo cesar el fuego, aunque sólo fuera por un instante. En toda la estancia resonó un eco sonoro como un trueno y casi en seguida un temblor de considerable magnitud sacudió la sala. La explosión más allá de toda duda de un proyectil monstruosamente enorme se dejó oír de nuevo y esta vez la señal fue inconfundible: el ataque orbital había comenzado.

Los disparos del Castigo del hereje al principio cayeron dispersos, arrojando pedazos enteros de ciudad y terreno con sus detonaciones, pero a medida que la nave se acercó al planeta las detonaciones comenzaron a concentrarse en un área más delimitada. Los proyectiles que servirían en otras circunstancias para abrirse paso por escudos de energía, capas de plastiacero, e incluso forros de adamantium, abrieron huecos descomunales en el terreno en el que se descargaron, traspasando la tierra y el concreto como si fueran de papel. Las diez baterías costales del navío en órbita dispararon con una cadencia tan repetitiva que pronto todo el frente de ataque enemigo y las afueras de la ciudad, se tornaron en un páramo sembrado de cráteres; inhóspito y sin vida.

Un surtidor de tierra tan alto que por un momento bloqueó la luz del sol se desplegó de pronto ante la facha del tempo, regando de polvo, pedruscos de tamaño descomunal, e incluso edificios toda el área circundante. Justo a su lado resonó otra explosión a un volumen tal que casi deja sordos a los defensores. Inmediatamente después los escombros arrojados fueron acompañados por una llovizna de cuerpos destrozados por la simple onda de choque. ¡Oh mierda!- exclamó el sargento al ver la tierra elevarse sobre el agujero de mortero- ¿No les parece que eso fue demasiado cerca?- ¿A qué te refieres?- preguntó Thayer sobre el ruido de la explosión. A que están disparando sin ninguna precisión- Bueno, eso depende…- ¿De qué?- preguntó Irea mientras se ponía a su lado. ¿Qué coordenadas les enviaron allá arriba?- La primera señal que tuvieron del inminente desastre fue una detonación más fuerte que las demás. Esta hizo estremecer la tierra al grado en que parecía que se rompería y desprendió una sección de techo que bañó la estatua del Emperador con una cascada de piedra. Irea entonces abrió grandes los ojos e infló su pecho para proferir una orden mientras giraba sobre su eje para echar a correr, pero no pudo ni sacar su aliento. En ese preciso momento un objeto pesado e infinitamente endurecido derribó el tejado por completo y destrozó el suelo como si no le opusiera resistencia. La tierra se abrió a su paso y una ola de oscuridad engulló todo a su alrededor. Por un momento dio la impresión de haber despedazado la estructura del templo igual que si fuera arena soplada por el viento. Lo último que sintió la Priora fue la sensación de volar muy alto acompañada de toneladas de escombros que seguramente servirían para cavar su tumba.

Área objetivo exitosamente bombardeada- anunció el técnico- Sólo dos disparos desviados- Excelente- suspiró el capitán- Espero que no les halla caído muy fuerte, de lo contrario los nuestros habrán bajado para nada- se oyó una carcajada en el puente. El capitán, por primera vez desde que había empezado el viaje, se permitió sonreír mientras que la nave por fin entraba en órbita geoestacionaria. Lentamente sus dedos se fijaron en el botón del comunicador, y una runa brillante apareció para indicarle que ya estaba conectado- Atención, personal de los hangares tres y cuatro, prepárense para lanzar las Thunderhawks. Compuertas abiertas en te menos treinta segundos- calló para relajarse en su posición <Ya hemos hecho todo lo que hemos podido> pensó mientras veía por el visor al final del puente partir a las cañoneras <Ahora les toca a ustedes…>- Muy bien, muchachos, comencemos con las reparaciones. Quiero mi nave completamente funcional en el menor tiempo posible- <… que el Emperador los bendiga>

Los escombros se sentían como un abrazo muy apretado. La tierra tenía un sabor a cristal y hierro que se deslizaba por su boca pretendiendo ahogarla. Nunca antes había estado enterrada, pero ahora agradecería la experiencia cuando estuviera realmente muerta. Thayer manoteó desesperadamente por aire hasta que sus manos sintieron la libertad del exterior. Se concentró en desenterrarse lo más rápido que pudo, pero su cuerpo estaba más profundo de lo que parecía, por lo que sólo pudo desenterrarse de los hombros para arriba. La tierra bloqueaba su vista y cuando alguien le ofreció una mano firme no pudo reconocerla más allá de un apoyo para salir de su entierro prematuro. Myrna la sacó con ayuda de un solo brazo como si fuera una trucha. ¿Qué pasó?- preguntó tosiendo toda la tierra de su boca. Hubo movimiento, pero nadie le respondió. Todos estaba demasiado aturdidos- ¿Estamos muertos?- Eso depende- respondió la característica voz de Irea tosiendo entre el polvo- ¿Oyes cantos?- Negativo, mi señora- comenzó a caminar mientras buscaba un lugar para orientarse. ¿Ves ángeles?- se dibujó la silueta de la Priora mientras ascendía por una especie de montículo, perdiendo la vista en algo distante. Negativo, mi señora- trató de seguirla, pero más allá todavía caía mucho polvo y no estaba claro qué era lo que su señora podía ver. ¿Le sostienes el papel de baño al Emperador en persona?- Irea caminó un poco más hacia delante y alzó todavía más la vista, casi llegando al techo de la iglesia. Negativo, mi señora- respondió tragando saliva cuando el polvo comenzó a asentarse. Entonces sigue viva, hermana Thayer. Vivita y coleando- dijo Irea con la voz debilitada por su ensimismamiento.

El polvo entonces terminó de asentarse. A su espalda, el resto del escuadrón comenzaba a recuperarse. Habían dos hombres menos, pero eso pareció importar poco a comparación de lo que tenían todos a la vista. La hermana Myrna era la única que parecía poco perdida por tener casco, pero la sorpresa general simplemente no cabía en palabras ni en cualquier semblante que pudieran poner. La sensación de fragilidad era todo lo que se podía advertir en esos rostros. Ninguna más acertada que la insignificancia frente a algo colosal que se encontraba incrustado en medio de la que antes fuera una iglesia. Pero… ¿cómo?- musitó Thayer mientras caía de rodillas. Oye…- se puso Rye atrás de la priora, que era la más adelantada; hablando con expectación como si aquello pudiera cambiar repentinamente y matarlos a todos- ¿Qué fue lo que te dijo el soldado antes de morir?- Dijo...- musitó mientras estiraba la mano para tocar la cálida superficie de metal de la bomba que se encontraba incrustada en mitad de la nave. Un artefacto que por mucho superaba cualquier calibre conocido por armas de tierra sólo con ver que, a pesar de estar medio enterrado, el casco superior de la bomba sobrepasaba el techo del templo- Que el Emperador protege-

Todos guardaron silencio por un momento. El gran proyectil estaba cebado, pero aún se veía amenazador, como todavía tomando la decisión de despertar y mandarlos a todos al infierno o no. De la iglesia ya no quedaba nada reconocible como arquitectura. Únicamente la estructura delimitada por los cimientos y algunas paredes. El silencio solo dejaba pasar al aire a través de los restos de la otrora ciudad, y lo colaba con un sonido sibilante. Nadie quería hacer ruido, o se rehusaba a abandonar la escena cuando un sonido de movimiento crujió el aire. Un ruido que apenas y pasó desapercibido para todos menos para la Priora. Irea salió repentinamente del ensimismamiento, apartándose de la ladera de escombros. ¡Enemigo!- gritó mientras disparaba su pistola al otro lado del montículo de escombro. Todos se sacudieron como si tuvieran resaca y se pusieron a cubierto. A nadie siquiera le pasó en el momento cómo era que habían sobrevivido a semejante devastación. El enemigo trepó por el monte de polvo y comenzó a rodear la bomba regando fuego hacia el lado imperial con sus características ráfagas sostenidas. Ya no eran tantos como los que habían entrado antes, pero todavía los superaban en número lo suficiente como para acabar con ellos, y además ya no existía cobertura posible que pudieran ocupar los imperiales. ¿Y ahora qué?- preguntó Thayer sobre el ruido del tiroteo. Son demasiado tercos…- musitó Irea descargando fuego contra las primeras sombras enemigas- Ya no podemos hacer nada por este pobre lugar ¡Salgamos todos!- ¡A los cuartos posteriores!- ordenó Rye- ¡Rápido, hombres, salgan de aquí!- Todos dejaron la estancia antes de que el fuego enemigo fuera demasiado intenso. El sargento derribó una puerta trasera de una patada y los hombres entraron en tropel con los disparos siguiéndoles de cerca. ¿A alguien le sirve el comunicador?- preguntó Irea mientras pasaba por entre los soldados. El mío- se adelantó un hombre desprendiéndose su auricular- Se oye poco, pero creo que la podrán escuchar- Excelente- se colocó el audífono y abrió la frecuencia- Atención a todas las unidades, habla Irea. Si siguen vivas, salgan de aquí. Es una orden de retirada general. Nos reuniremos en el punto de repliegue alfa cero tres y organizaremos la siguiente resistencia. Priora Irea, cambio y fuera-

El grupo en retirada accedió a un callejón que se había salvado relativamente del bombardeo y comenzó a moverse calle abajo. De nuevo comenzaron a repartirse los tiroteos, y las columnas de humo después del castigo que habían infringido las bombas en la tierra eran tan gruesas que bloqueaban la luz del sol. La marcha de todas las botas sobre el pavimento parecía un ligero traqueteo comparado con la tormenta de explosiones que de nuevo despertaba con toda su furia sobre los pobres defensores imperiales. Al final, luego de dos horas de paso veloz, las calles comenzaron a lucir más normales y el toque de la guerra se fue difuminando hasta casi perderse en la ciudad. El grupo hizo una pausa al llegar a una intersección y se desperdigó en escasos segundos a la señal de Irea. Todavía no se veía nada del combate, pero las columnas de humo seguían ensombreciendo el sol de la tarde, y pocas señales más bastaban para saber que ahí estaba. Thayer se dejó caer brevemente en la banqueta mientras que a su alrededor el escuadrón se desplegaba para cubrir las esquinas. ¿Alguna señal de nuestros amigos?- preguntó mientras le pasaba revista a sus cada vez más exiguos cargadores. Bueno, al menos existen- suspiró el sargento pasando el cañón de su arma por su esquina- Sólo esperemos que traigan refuerzos- Esperemos…- musitó Myrna.

El motor causaba un ligero traqueteo al desplazar tanto tonelaje por el aire a través de las capas de la atmósfera. En el vientre de las bestias metálicas una luz roja bañaba a la banda de guerreros que se encontraban perfectamente alineados a lo largo de su interior. Todos brillaban en sus armaduras doradas y agachaban la cabeza levemente para canturrear una oración. Ya tenían dos horas desde la inmersión atmosférica más pesada, por lo que el resto del viaje debería ser relativamente tranquilo. ¿Alguna pista del objetivo?- se asomó la cabeza del Hermano Capitán en la cabina. Nos acercamos a la ubicación de bombardeo- contestó el piloto sin apartar la vista del horizonte- Entraremos a espacio aéreo de la colmena en poco tiempo, señor- Bien, establezcan comunicación con el mando y anuncien nuestra llegada. Quiero que eviten disparar al cielo lo más posible- En seguida, señor- Sobrevolando el área de bombardeo- informó el copiloto mientras al frente la pantalla negra de humo comenzaba a abarcar todo a la vista. Y no era de extrañarse; aquella humareda seguramente sería visible incluso desde órbita- Preparándose para volar sin visibilidad- Muy bien, infórmenme cuando entremos en la…-

En seguida una turbulencia azotó la Thunderhawk y una alarma comenzó a parpadear con un intermitente chillido. Chispas saltaron de un panel y las luces de la nave parpadearon por un segundo. Los pilotos movieron interruptores nerviosos, pero los temblores característicos de los impactos se siguieron repitiendo de forma constante. ¿Qué carajos está pasando?- se quejó el Hermano Capitán mientras su transporte se tambaleaba. Nos están disparando- le anunció el copiloto- El fuego viene desde la zona que estamos sobrevolando- ¿Amigo?- Negativo, las armas de defensa están abajo- No tiene sentido…- musitó sombrío- El bombardeo debió eliminar toda forma de vida en el área. No puede haber tantos sobrevivientes- Señor, los bioescáneres no muestran nada- Cambien a infrarrojo- el copiloto obedeció al instante. Una pantalla verde con brillos difuminados y estroboscópicos se desplegó, pero de nuevo no mostraba resultados concluyentes. Tenemos lecturas de la superficie, pero no detectamos ninguna señal concreta- movió un par de indicadores- Sólo son las explosiones de las armas, quizás cañones recalentados, pero no puedo ver entidades como tal… ¿Cuáles son sus órdenes?- un impacto relativamente más fuerte que el resto hizo a todos dar un respingo. ¡Comuníquenme con el resto del escuadrón!- Canal abierto, señor, hable cuando quiera- ¡Atención a todos los hermanos! Danis, Ulthar y Parag rompan la formación y despliéguense en el llano. Encuentren al enemigo y aniquílenlo- hizo una pausa ante otra sacudida- Reon, a mi seis. Seguiremos hasta encontrar resistencia imperial y romperemos las líneas enemigas por el frente. Hermano Capitán, cambio y fuera- ¿Señor?- se extrañó el piloto- Nos están esperando con una pista de aterrizaje en los hangares de la alta ecleciarquía…- No podemos desviarnos tan lejos- le espetó- Llegaríamos demasiado tarde. Tenemos que bajar directo al campo, así que prepárese a desembarcar en una zona de combate. Luego habrá tiempo de explicaciones, por ahora concéntrese en desplegarnos a donde nos necesiten- De acuerdo, señor- musitó el piloto mientras veía en la pantalla infrarroja, no convencido del todo- Buscando zonas de combate…-


De nuevo el fuego láser quemaba todo a su alrededor. Los sobrevivientes del frente se había logrado replegar de forma eficaz hasta la segunda línea de defensa, donde los refuerzos los aguardaban, pero no habían llegado solos. Pisándoles los talones, las filas de enemigos supervivientes se habían enfrentado a los imperiales con el mismo ímpetu de siempre. Aunque no eran tantos como los que habían asaltado las líneas a inicios del enfrentamiento, su persistente y brutal empuje no dejaba concretar a los defensores una posición firme desde la cual defenderse, y si aquello no podía detenerse entonces la lucha comenzaría a tornarse fea… Irea se acabó otro cargador mientras cambiada de posición, a lo largo de la fachada de un edificio. Dobló por la esquina lo más rápido que pudo y se pegó a la pared justo para sentir el impacto de un lanzagranadas en la estructura. Mecánicamente reemplazó su carga con otra, ya de las últimas, mientras que a su alrededor los soldados y las hermanas en conjunción se esforzaban por mitigar el brutal empuje de los enemigos. En la esquina contraria a la de la priora, Rye se concentraba en disparar sobre el exiguo parapeto de concreto así como una docena de soldados más. Thayer y Myrna estaban una cuadra más allá, disparando junto con una escuadra entera de sus hermanas, intentando contener el avance enemigo. Las figuras que acribillaban sin piedad los escondites de sus enemigos seguían aparentemente despreocupados, todavía sin molestarse siquiera en tomar cobertura; sólo regando el contenido de sus cargadores donde detectaban enemigos. Irea se volvió de nuevo sobre su cobertura y desplegó su fuego contra la masa de enemigos. Logró derribar a dos y asegurarse de que estaban muertos antes de tener que ocultarse de nuevo por el peso de la respuesta. Los cuerpos estaban apelotonados al final de la calle, pero nadie quería arriesgarse a disparar para tirarlos a todos. En ese momento la Priora hubiera deseado de verdad tener una granada, pero la realidad era otra. Irea se sacó el comunicador y abrió la frecuencia del sargento, cruzando la calle. No podemos combatirlos así ¿En dónde están nuestros blindados?- preguntó sobre el sonido del tiroteo. No lo sé- se encogió de hombros el aludido- La última vez que oí hablar de ellos tenían un combate bastante movido dos kilómetros más al Este. Por lo visto uno de nuestros flancos se venció- Ya no me sorprende…- suspiró regando otra andada- ¡Si esto sigue no importará cuántos refuerzos recibamos, todos vamos a morir antes de que anochezca!- Una ronda de municiones explosivas se desplegó al final de la calle y obligó a todos a agachar la cabeza por escasos segundos. El fuego láser de todas formas no cejó, pero esta vez vino acompañado por las repetitivas detonaciones de un calibre superior. Algo estaba regando fuego explosivo del lado enemigo. Algo con bastante poder. El edificio a espaldas de la Priora se estremeció cuando un impacto de alto calibre estalló contra su estructura. De igual forma, los hombres del sargento estaban recibiendo un castigo semejante. ¡No duraremos mucho aquí!- declaró el sargento al sentir otro estremecimiento- Creo que es una pieza de semiartillería. No tenemos oportunidad contra eso- Corre la voz- le indicó Irea- Nos retiramos al siguiente punto- ¡Sí, señora!- Irea estuvo a punto de prender el comunicador cuando otra sacudida, más fuerte que todas las otras, la mandó a ella y a todos a su alrededor de espaldas al suelo. La pieza de artillería ligera disparó contra su esquina y casi tira el edificio junto con ella. Rye y sus hombres, al ver la escena, intentaron alcanzarla, pero apenas asomarse dos de ellos fueron abatidos por el fuego enemigo, por lo que desistieron casi de inmediato. Irea, que se había estrellado pesadamente en el piso, permaneció inmóvil mientras su armadura era bañada por los escombros. Incluso daba la impresión de estar muerta. La Priora estaba inmóvil, pero completamente consciente. Por alguna extraña razón su cuerpo se había entumecido del golpe y ahora no podía levantarse por su propia cuenta. La armadura le pesaba demasiado y sus músculos habían perdido la capacidad de endurecerse. Era la segunda vez que algo así le pasaba, pero por alguna razón no se sentía menos duro el golpe después de cada explosión. Aquella impresión de parálisis no le duró mucho después de todo. La repentina aparición de luces en el cielo por un segundo le dejó pensar que alguien había desplegado bengalas, pero en seguida el rugido del aire y los violentos vendavales que levantó un poderoso motor le dieron ánimos suficientes como para asumir, aunque de manera forzada, el control de su cuerpo de nuevo. Junto a ella, todos los que estaban en la misma posición se levantaban anonadados de la visión antes sus ojos, pues lo que veían descender era tan glorioso que no parecía otra cosa que relativamente imposible.

Las luces de la zona de carga de la Thunderhawk se tornaron de un verde intenso mientras esta se sacudía al recibir impactos sobre su duro casco. Dentro, las armaduras del Hermano Capitán y el resto de sus treinta hermanos parecían reflejar el destello que envolvía todo el interior de la nave. Todos estaban en silencio y firmes a pesar de los golpes que daba la cañonera. ¡Prepárense a desembarcar!- ordenó el Hermano Capitán colocándose en una de las escotillas laterales- ¡Dispersión de asalto en tierra! ¡Custodios al frente, unidades de apoyo atrás!-

Los hombres se repartieron en sus posiciones en cuestión de segundos. Pronto todos estaban encarando la escotilla que su capitán estaba a punto de dejar atrás. La Thunderhawk se tambaleó un poco mientras comenzaba a abarcar con su pesada masa el espacio entre edificios. Las luces entonces se atenuaron y fueron reemplazadas por la oscuridad que existía fuera. El Hermano Capitán había abierto al escotilla.

La imponente nave de desembarco se posó con pesadez a media calle, bloqueando los disparos enemigos casi en su totalidad. Por un momento la idea de que un milagro se había por fin realizado para el bando imperial se sintió en los corazones de los defensores, pero aún con toda la magnifica presencia de los refuerzos nadie pudo evitar cubrirse los ojos para despejar el polvo que levantaban los motores al suspender la Thunderhawk a un escaso metro del aire. ¡Mándenlos al infierno!- rugió una voz distorsionada desde dentro de la nave. Un coro de aullidos y gritos de guerra fue la respuesta mientras que una forma revestida de servoarmadura dorada abandonaba la cañonera disparando una pistola bolter contra las posiciones enemigas. A esa primera figura la siguió un torrente de guerreros con lanzas brillantes y escudos dorados mientras que del otro costado emergían más unidades con armas pesadas.

El Hermano Capitán recibió una descarga de láser que hubiera podido matar a un hombre normal con suma facilidad. El guerrero de oro levantó su bolter y pudo despachar a los enemigos uno por uno a medida que los suyos abandonaban la nave. No importaba cuántos impactos recibiera, su servoarmadura los absorbía todos. Se necesitaría de un calibre más alto para traspasar las placas venditas que lo protegían. Detrás de él, sus hombres rápidamente comenzaban a crear una barrera infranqueable de escudos dorados y comenzaban con la sistemática tarea de devolver el fuego.

El enemigo no flaqueó en su tarea de disparar, ni siquiera por que se enfrentara a los recién llegados guerreros. Siguieron disparando como siempre, regando fuego contra sus objetivos de forma sostenida, sin tomar cobertura siquiera. En la Thunderhawk los guerreros revestidos de oro se desplegaron por completo, veinte en total, resintiendo el fuego enemigo al principio, pero lograron consolidar su posición. De un momento a otro el Hermano Capitán quedó envuelto en una marea de oro mientras sus hermanos entrelazaban sus pesados escudos a su alrededor. La descomunal tortuga absorbió y hasta reflejó el fuego a medida que los disparos los alcanzaban e impactaban sin ningún éxito. ¡Compañía, avancen!- ordenó el Hermano Capitán mientras se colocaba hombro a hombro con sus guerreros. La tortuga avanzó contra el fuego de supresión enemigo. Sobre sus cabezas, la Thunderhawk se levantó con un rugido ensordecedor y desapareció en el cielo. La escuadra de arrasadores, del otro lado de la calle, comenzó a cubrir a sus hermanos con fuego de sus armas pesadas. Arcos de luz blanca sobrevolaron el campo cuando una freidora de plasma se puso en funcionamiento, fundiendo enemigos e incinerando todo en su camino con enceguecedoras explosiones. EN algún lugar, el silbido característico de un lanzamisiles se oyó por un breve segundo antes de desintegrar la esquina al final de la calle. ¿Qué están esperando?- se volvió uno de los artilleros dorados a los hombres en los parapetos- ¡Abran fuego, por el Emperador!- Impulsados por una necesidad que hasta ahora no podían explicar, todos los hombres que otrora se escondían detrás de cobertura salieron y comenzaron a desplegar una lluvia de fuego tal que, increíblemente, comenzó a diezmar al desconocido enemigo a un ritmo apabullante. Los atacantes, al verse superados de esa forma, intentaron retroceder, pero simplemente cayeron más y más a medida que se retiraban.

¡Arriba, mi señora!- irguieron a Irea una de sus hermanas- Tenemos que ponernos al corriente- La amonestaré por hablarme de esa forma- se quejó la aludida mientras recuperaba el equilibrio, deslizando un brazo por el cuello de su compañera. Con un poco más de inspección se percató que en realidad era una Canonesa la que la había levantado- Pero se lo agradezco- sonrió de forma dura y la mujer que la sostenía le devolvió una sonrisa cómplice- Dígame, ¿cuál es su nombre, hermana?- Ahora no es el momento- musitó la Canonesa mientras la arrastraba consigo al frente- Pero soy la Hermana Canonesa Lins de la sexta ordenanza de la Rosa de Condenación, mi Priora- recogió la pistola bolter de entre los escombros- Creí que sabía todos los nombres de sus Canonesas, mi señora- Excepto, claro, los de las que son tan altaneras como usted- tomó su pistola y amartilló un cartucho. Lins tenía ya una pistola infierno, una versión pequeña de un cañón de fusión, muy poderosa para un arma de mano- ¿No está muy golpeada su unidad?- De hecho…- se volvió junto con la Priora para descubrir toda una fuerza de ataque en perfectas condiciones- Somos sus refuerzos, mi señora- Perfecto- musitó Irea casi riendo. Lentamente se puso de pie por su cuenta. Sus piernas estaban algo flojas todavía, pero no dejaban de ser por ello dos pilares que la sostenían sobre la tierra. La Priora no podía creerse que la situación fuera mejorando tanto, y a un ritmo de coincidencia tan implacable que parecía ya ridículo predecir qué ocurriría a continuación… Irea entonces se puso seria. ¿Qué están mirando?- reclamó con un tono de mando tan natural que todas en seguida se pusieron firmes- ¡El combate está por allá, así que entren antes de que nos roben todos los objetivos!-

Las guerreras corearon su entendimiento poniéndose en marcha. Cinco escuadras a la perfección equipadas de hermanas seguidas de tres Inmolators pronto hicieron presencia en el tiroteo, que ahora era una batalla campal en toda regla. El fuego de sus bólteres y armas de fusión apenas era superado por las descargas flamígeras de los tanques, y los enemigos poco pudieron hacer más que arder o ser acribillados. Debo confesar que creí que no vendrían- comentó Irea mientras era cargada por la Canonesa hacia el combate. Podía ser la hermana con el rango más alto de su orden, pero aún carecía de la fuerza para ponerse de pie por su cuenta. Y yo debo confesar que creí que estaba muerta, mi señora, cuando le llovieron los proyectiles del bombardeo orbital- respondió Lins depositándola contra la pared más cercana- No es común encontrar sobrevivientes luego de que los de arriba han borrado todo de la existencia- El Emperador protege, hermana Lins- suspiró Irea poniéndose pesadamente de pie, renuente a descansar- Nunca lo olvide…-

¡Aguanten!- ordenó el Hermano Capitán mientras sus hombres avanzaban contra todo el torrente de fuego. Detrás de ellos la escuadra táctica de hermanos eliminaba objetivos que pretendían flanquearlos con temible puntería- ¡Aguanten!- volvió a ordenar. Los impactos repiqueteaban contra las corazas doradas con súbito empuje, ennegreciendo la superficie, ya casi por completo chamuscada, de los escudos. Con todo, la escuadra de Custodios siguió empujando para acercarse al enemigo. El Hermano Capitán estaba entre los suyos, regando fuego contra todo enemigo que pretendiera pasar sobre su tortuga. Apenas se volvió el tiempo suficiente, se percató de que ya casi estaban sobre sus enemigos: era la oportunidad perfecta- ¡Rompan!- gritó con todo el aire de sus pulmones. Los Custodios entonces deshicieron su posición hacia sus flancos, trabándose en combate contra el enemigo y dejando salir el fuego completo de la escuadra táctica hacia el frente. Al fuego de bolter pronto se le unió el haz de fuego de un lanzallamas de parte de uno de sus hermanos. Los enemigos no buscaron cobertura, sino que dispararon todo lo que pudieron hasta ser abrasados por las llamas. El Hermano Capitán, que había puesto su pistola en automático, regó todo el cargador de su bolter hasta que quedó vacío. Entonces, desenvainando una espada refulgente de energía, se unió rápidamente al combate de los Custodios. La espada de energía cobró vida con un súbito resplandor que encegueció a todos a su alcance. Parecía que aquella arma reflejaba las llamas de la furia con la que combatía a los enemigos de la humanidad. El Hermano Capitán alcanzó al primer enemigo y lo rebanó de forma vertical sin ningún problema con el filo de su arma. El cuerpo al principio pareció no sentir dolor, pero a medida que el arma del capitán se hundió más en su cuerpo, éste se incendió antes de caer hacia la izquierda y derecha al mismo tiempo. El Hermano Capitán no perdió más tiempo viendo quemarse aquel pobre diablo. En seguida alcanzó al siguiente grupo de enemigos y describió un arco horizontal con su arma que descabezó a cinco a la vez. Uno de ellos intentó sujetarlo por el hombro, pero el Hermano Capitán se volvió y le encestó un golpe en pleno rostro al hombre, tan potente que se oyó el chasquido seco de su cuello al romperse. Detrás de él los Custodios empalaban, rajaban o desmembraban al enemigo con las hojas de sus alabardas, blandiéndolas con maestría inusitada para guerreros tan grandes y pesados como eran ellos. Con los custodios al frente las fuerzas imperiales pudieron no sólo romper las líneas enemigas, sino que destrozarlos por completo en aquella simple calle. Las hermanas y los guardias levantaron una pared de fuego que erradicó todo a su alcance, y lo que quedaba exento del fuego era borrado de la existencia por las hojas de los Custodios y su intrépido capitán, que descuartizaron, decapitaron y empalaron todo a su alcance hasta que eran los únicos seres vivientes en las calles laterales, y aún así volvieron a formarse para buscar más pelea.

El escenario de combate quedó resuelto en escasos minutos. Para cuando las fuerzas imperiales acabaron la batalla montes de cadáveres estaban esparcidos por todo el pavimento, deshechos por la potente respuesta imperial, mientras que en el otro bando las bajas y los heridos milagrosamente no superaban la decena. Asegúrense que no halla sobrevivientes- ordenó el Hermano Capitán mientras las fuerzas aliadas ocupaban las esquinas sembradas de muertos- Debemos movernos pronto- Hacía mucho que no veía a nadie pelear así…- le llamó la atención la voz de una hermana en armadura rojo mate mientras avanzaba por el campo, asistida de una Canonesa- ¿Quién eres, guerrero?- No suelo revelar mi nombre a todos aquellos que tienden a preguntar primero y hablar después- respondió el capitán sombrío- Seguridad, eso es todo- Cuidado con sus comentarios, hombre- lo apuntó con su dedo- Aún soy la Priora de todas mis hermanas, y puedo hacer que se arrepienta de faltarme al respeto ¿me entiende?- ¡Pero qué osadía!- intervino uno de sus hermanos. Un guerrero con un bolter tan ornamentado como él- ¿Cómo se atreve a faltarle al respeto a un Custodio?- Entonces sólo quiero saber cómo referirme al de la armadura dorada- se inclinó Irea todo lo que su mallugado cuerpo se lo permitía- Seguridad, eso es todo- Eres una…- musitó el guerrero mientras le apuntaba con su bolter. Al instante todas las armas de las Hermanas se cerraron sobre el hombre. ¡Basta!- exclamó el Hermano Capitán- No vinimos a crear más problemas, sólo a restablecer el control de este mundo, por el Emperador…- se frotó el visor de su casco, imitando un claro movimiento de frustración- Está bien, si quieres que me presente, lo haré, pero no amenaces a mis hermanos- se desprendió el casco, revelando facciones robustas y cabello negro cortado a rape- Y tú, Spen, baja tu arma- ordenó tajante mientras se acercaba hasta encarar a la Priora con su apabullante estatura. El hombre obedeció de mala gana y los rifles lo siguieron milímetro a milímetro mientras se movía. El Hermano Capitán no hizo caso de los que igualmente comenzaron a apuntarlo de la misma forma, manteniéndose impertérrito ante la amenaza- Soy el Hermano Capitán Aleister y comando la décimo tercera compañía de los Adeptus Custodes- extendió la palma hacia la hermana- ¿Algo más que quiera saber?- La Priora perdió toda expresión de confianza en su rostro. De pronto todas las caras que se encontraban presentes se ensombrecieron, luego se sorprendieron, y por último se avergonzaron. Sólo Myrna permaneció aparentemente inmutable detrás de su visor, pero la verdadera reacción de su rostro no debía ser diferente en absoluto. Aleister dejó la mano extendida, claramente consciente de la situación que había provocado. ¿Adeptus Custodes?- logró articular Irea con todo y la sorpresa- ¿Vienes de Terra?- Soy la rama del Adeptus Terra que libra a los ciervos del Emperador del mal- musitó algo arrepentido de sus palabras. ¿Pero cómo?- preguntó conteniendo su estupefacción- No les es posible salir de Terra- ¿Cómo?- alzó los hombros. Lentamente posó sus manazas en las hombreras de la Priora y luego se inclinó hacia su oído. Los bólteres se cerraron aún más sobre él, pero simplemente los ignoró. Entonces susurró sus palabras, tan pesadas como el destino mismo, al oído de la Priora- El Emperador protege. Así…-


Autor: SimioCaos

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