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En el año 913.M41, la destrucción alcanzó a la Gran Biblioteca de Jollana. Durante tres mil años Jollana había servido como almacén del conocimiento perdido, a una escala y magnitud con las que no podía rivalizar ninguna otra institución del Sistema Solar. Y sin embargo, fue precisamente la reputación de Jollana lo que la llevó a la ruina. La promesa de guardar saberes ocultos acabó atrayendo la atención del tres veces maldito Ahriman, el Hechicero del Caos, que descendió sobre Jollana con toda su furia, decidido a llevarse los secretos que albergaba. Todas las tropas defensoras fueron fácilmente masacradas, y gran parte de la biblioteca resultó destruida. No obstante, lo peor todavía estaba por llegar...

La trampa de AhrimanEditar

Como respuesta al ataque de Ahriman, tres Compañías de Marines Espaciales del Capítulo de los Irruptores y un ejército de refuerzo de la Guardia Imperial llegaron a Jollana, con la misión de asegurar y reforzar el Librarium. Incapaces de determinar si aún quedaban fuerzas de Ahriman en las catacumbas, los Irruptores actuaron con el nivel de temeridad que les ha hecho famosos, y lanzaron un asalto a gran escala sin prestar atención al peligro (aunque Ahriman estuviera muerto, una legión entera de enemigos podría haberse ocultado en la oscuridad). En cuanto las Cápsulas de Desembarco aterrizaron, los Irruptores activaron sin darse cuenta el complejo sistema de protecciones mágicas que Ahriman había dejado tras de sí como un último acto de maldad. De forma lenta pero segura, sin ser detectadas por los Marines Espaciales (que inspeccionaban las ennegrecidas ruinas en busca de algún rastro enemigo), extrañas energías arcanas empezaron a acumularse. Para cuando el último de los Regimientos de la Guardia Imperial había tomado posiciones, la trampa de Ahriman ya estaba completamente cargada, crepitando terriblemente como si estuviera viva. El planeta entero se estremeció sobre su eje, mientras una explosión sobrenatural provocó una lluvia de fuego rosa que se extendió por todas las catacumbas. Secciones enteras de los laberínticos archivos se colapsaron por la onda expansiva, y pilas de datos que se habían mantenido incorruptos y en perfecto estado durante milenios, quedaron completamente inutilizados. Impactados de lleno por aquel torrente de llamas disformes, los Guardias Imperiales fueron incinerados hasta el último hombre. Los Irruptores, por su parte, encajaron mejor el golpe gracias a sus superiores servoarmaduras, aunque muchos quedaron aplastados por fragmentos de roca cuando buena parte del complejo se vino abajo, o desaparecieron tragados por las grandes fisuras que se abrieron en el suelo. Y sin embargo, el peligro no había hecho más que comenzar. Tal como Ahriman había planeado, las barreras entre el mundo mortal y el Reino del Caos quedaron muy debilitadas por la explosión arcana, y en cuanto las llamas empezaron a extinguirse, una gran horda de Demonios cruzó hacia el mundo real, materializándose en la gran sala del Librarium.

La llegada de los Caballeros GrisesEditar

La purificación de jollana caballeros grises

La purificación de Jollana

Cuando el Crucero de Asalto Adamastor de los Caballeros Grises, al mando del Hermano Capitán Caddon Varn, entró en la órbita de Jollana, los Irruptores ya llevaban varios días luchando por su supervivencia. En circunstancias normales, Varn habría ordenado un Exterminatus, pues la incursión demoniaca ya estaba demasiado avanzada como para que su fuerza de choque pudiese contenerla, y Jollana se encontraba demasiado cerca de otros planetas densamente poblados como para arriesgarse a que también se viesen infestados. Aquellos Irruptores que aún sobrevivían entre las ruinas eran vistos como "bajas aceptables", si sus muertes servían para prevenir que la amenaza se expandiese.

Y sin embargo, en el caso de Jollana el Exterminatus no era una opción. Los discos de datos del Gran Librarium albergaban una cantidad de conocimientos que no existían en ningún otro rincón de la galaxia, y aunque muchos de ellos sin duda habrían quedado destruidos por los recientes eventos, cabía pensar que al menos algunas de las cámaras de éstasis del complejo habrían logrado mantener su integridad. El Imperio necesitaba que dichos registros fuesen recuperados sanos y salvos, y los Caballeros Grises planearon la estrategia a seguir con este factor como máxima prioridad. Varn ordenó a sus Hermanos de Batalla lanzarse sobre Jollana, aunque no tan a lo loco como lo habían hecho los Irruptores.

Para un psíquico tan experimentado como Varn, las mentes de los Marines Espaciales emitían impulsos lo bastante claros y distintivos como para poder extraer de ellos las coordenadas exactas de teleportación que necesitaba el Adamastor. La mayoría de los supervivientes se habían hecho fuertes en una gran antecámara, y fue allí mismo donde Varn eligió desembarcar.

Mientras la fuerza de ataque de Varn se preparaba para la acción, las barricadas alzadas por los Irruptores finalmente cayeron, y la horda de Desangradores y Diablillas se abalanzó sobre ellos, aullando de placer anticipado por la carnicería que estaba a punto de producirse. Los Irruptores, soltando su grito de batalla, contracargaron para hacer frente al enemigo. Aquí y allá se oía la ocasional ráfaga de un Bólter, pero la mayoría de Irruptores habían agotado su munición hacía ya bastante, y llegados a ese punto dependían por entero de su fuerza bruta para alcanzar la victoria. El valor y la furia de la contracarga de los Irruptores fue tal, que contra un enemigo menos numeroso quizás podrían haber llegado a marcar la diferencia. Sin embargo, en aquellas circunstancias no parecía que su sacrificio fuese a servirles de mucho.

Fue en el corazón de esta sangrienta lucha cuerpo a cuerpo donde se teleportó la fuerza de choque de Varn. Durante un instante, su llegada pasó desapercibida tanto para los Demonios como para los Marines Espaciales, pues ambas fuerzas estaban completamente enfrascadas en su enfrentamiento mutuo. Entonces, los Caballeros Grises hicieron tronar sus armas al unísono, y el curso de la batalla cambió por completo. Los Demonios que se encontraban más cerca de los Irruptores fueron los primeros en caer, hechos pedazos por breves pero certeras ráfagas de fuego de Bólter. En respuesta a esta nueva amenaza, los Demonios se dieron media vuelta y pasaron a centrar toda su furia de combate en los Caballeros Grises.

Una y otra vez atacaron los Demonios a sus odiados enemigos, maldiciendo y lanzando rápidos golpes con sus afiladas garras. Y una y otra vez los Caballeros Grises capearon el temporal, hombro contra hombro, como un irrompible anillo de acero, cada guerrero vigilando a los Hermanos de Batalla que había a su lado. Las armas de energía Némesis rajaban la carne demoníaca con mortífera decisión. Los bólteres de asalto y los Cañones Psíquicos rugían, convirtiendo a los Portadores de Plaga en lluvias de pus purulento y despedazando en pleno salto a los Desangradores que se abalanzaban contra ellos. Con el tiempo suficiente, quizás los Demonios hubiesen logrado encontrar un punto débil en las poco menos que perfectas defensas de los Caballeros Grises, pero los Irruptores también habían ganado más tiempo gracias a su ayuda, y lo utilizaron para cargar una vez más contra el centro enemigo, con vigor renovado y ansiosos por vengar las pérdidas sufridas anteriormente.

Nadie de los que participaron en aquella batalla podría decir con seguridad si la masacre duró segundos, minutos u horas, pero el caso es que al final la marea demoníaca perdió fuerza y los Marines Espaciales se alzaron victoriosos. Y cuando el humo del combate se hubo disipado, quedó al descubierto un hecho innegable: con su oportuna intervención, quince Caballeros Grises habían logrado rescatar a un número cinco veces superior de Marines Espaciales.

La batalla se había ganado, pero la misión principal no había hecho más que comenzar. Si el Imperio pretendía salvar cualquier parte de Jollana, debía asegurarse de detener por completo la incursión demoniaca. Varn sintió la presencia de un portal de Disformidad formándose en la Gran Sala, como si fuera une herida infectada en el tejido de la realidad, y supo al instante que la siguiente batalla estaba muy cercana.

Incluso combinando sus fuerzas, los Irruptores y los Caballeros Grises eran menos de un centenar de guerreros, ampliamente superados en número por sus enemigos demoníacos. Sin embargo cada Marine Espacial, ya fuese Irruptor o Caballero Gris, sabía perfectamente cuál era su deber. Tras tomarse apenas unos momentos de pausa para recargar las armas con los depósitos de munición teleportados desde el Adamastor, Varn ordenó a los supervivientes dirigirse hacia la gran sala. Tras un último y estremecedor grito de batalla, la fuerza mixta de Caballeros Grises e Irruptores cargó de nuevo hacia el fragor de la batalla.

La batalla por la Gran SalaEditar

La batalla por la antesala había sido de una ferocidad inusitada, que no obstante palideció en comparación con lo que iba a ocurrir en la Gran Sala. Revigorizados por la pulsante energía del portal, los Demonios lucharon con una ferocidad enloquecedora. Por su parte, tanto los Irruptores como los Caballeros Grises demostraron una determinación y una estoicidad totales, sin prestar atención a los horrores que tenían delante, mientras se abrían un sangriento camino hasta el oscuro portal, del cual no cesaban de manar Demonios. No había posibilidad de bajar el ritmo, ni siquiera para defender o ayudar a los caídos: una vez que un Hermano de Batalla era abatido, desaparecía en la marea demoníaca, y si quería sobrevivir debía depender por entero de su propio valor y su tenacidad.

La fuerza de Marines Espaciales apenas había cubierto la mitad de la distancia requerida, y ya hasta el último de los Irruptores estaba muerto o había quedado atrás, obligado a librar una batalla personal contra la ensordecedora horda. A los Caballeros Grises no les iba mucho mejor, pues solo el Hermano Capitán Varn había logrado llegar hasta el portal.

Sabedor de que iba a tener una única oportunidad, Varn inició el ritual de exorcismo para cerrar el portal. Sin embargo, antes de que pudiera completarlo, una sombra alada surgió de entre las vigas del abovedado techo. Varn nunca antes se había encontrado con ese tipo particular de Demonio, pero sabía perfectamente de cual se trataba, pues formaba parte del listado de criaturas del Conclave Diabolus, que conocía de memoria: era Kairos, el Tejedestinos, Manipulador de Eternidades, un Gran Demonio tan poderoso que incluso un Hermano Capitán de los Caballeros Grises debía ser cauto a la hora de combatir contra él.

El ataque del ServoterrorEditar

Con un vil chillido de victoria, el Demonio envolvió a Varn en una tupida nube de energía disforme. Ello forzó al Caballero Gris a abandonar su intento de cerrar el portal y a canalizar sus poderes psíquicos hacia su sistema Aegis, ya que solo con su armadura no iba a tener suficiente protección contra la energía de Disformidad que emanaba del bastón del Señor de la Transformación.

Poco a poco, un fuego impío empezó a fundir la armadura de Varn y a quemar su carne. Varn sabía que aquella criatura era demasiado poderosa para él, pues se encontraba demasiado debilitado por sus anteriores esfuerzos en la batalla. No obstante, el Hermano Capitán sabía que aquel momento acabaría llegando, y para contrarrestarlo había guardado en reserva el elemento más poderoso de sus fuerzas: activando su baliza de teleportación, envió una orden psíquica que activó una vez más los sistemas de teleportación del Adamastor, y momentos después una Armadura Servoterror Némesis se materializó justo entre el malherido Varn y su demoníaco enemigo. Antes de que Kairos pudiese reaccionar, la enorme espada del Servoterror golpeó el bastón del Gran Demonio con tal fuerza que lo hizo añicos. El Señor de la Transformación chilló pidiendo ayuda, y un numeroso grupo de Demonios salió en su defensa, pero el Servoterror estaba preparado para una maniobra como esa y su Psilenciador se activó de inmediato, lanzando rayos de energía azulada que vaporizaron a todo Demonio que trató de acercarse hasta él. Intentando aprovechar esta distracción Kairos alzó el vuelo, pero el Servoterror reaccionó con una escalofriante velocidad de reflejos, y alcanzó a agarrar al Señor de la Transformación por uno de sus tobillos, tras lo cual giró sobre sí mismo aprovechando la inercia de sus servomotores, y lanzó al Demonio contra el suelo con una fuerza espectacular. Antes de que su caído enemigo se pudiese recuperar el Servoterror le golpeó con su espada una última vez, describiendo un amplio arco que lo decapitó limpiamente.

Con la muerte de Kairos el portal quedó muy debilitado, aunque no llegó a desaparecer. Varn, ignorando el agónico dolor que le habían causado los ataques del Gran Demonio, se volvió a arrodillar ante el portal y recomenzó los rituales necesarios para sellarlo de una vez y para siempre. Sintiendo que su derrota total era inminente, la horda demoníaca se lanzó al unísono contra Varn, con la intención de matarlo antes de que pudiese completar su labor. Sin embargo, el Servoterror volvió a proteger al Caballero Gris colocándose entre él y sus enemigos, mientras su Psilenciador escupía muerte a diestro y siniestro. En cuanto Varn entonó la última sílaba de su cántico, se alzó un antinatural viento que cruzó rugiendo la Gran Sala y se llevó a través del portal a todos los Demonios que aún quedaban con vida. Seguidamente la ventolera amainó de forma súbita, el portal latió una última vez y finalmente explotó en un millar de destellantes fragmentos. Varn no pudo ver nada de esto, ya que tras completar el ritual había sucumbido por fin a sus heridas y yacía en el suelo, inconsciente.

Antes de partir de vuelta a Titán con los cuerpos de sus caídos, los Caballeros Grises hicieron una gran pira con las carcasas de los Demonios muertos, inmolando sus impíos restos con llamas santificadas para impedir que pudieran corromper a nadie más. Varn vivió para seguir luchando en nombre del Emperador, y su fuerza de Caballeros Grises solo sufrió un total de tres bajas (aunque el resto de Hermanos de Batalla quedasen llenos de cicatrices). De los Irruptores, sólo una docena volvieron a casa, y a ninguno de ellos le fue permitido conservar el más mínimo recuerdo de lo sucedido aquel día. Fuera como fuese, los Marines Espaciales habían logrado una gran victoria: habían salvado al planeta Jollana (pese a que su reconstrucción llevaría años), y habían detenido la amenaza demoníaca en su estado embrionario, antes de que pudiera extenderse a otros Sistemas Estelares. La trampa de Ahriman había sido frustrada, pero el coste había sido muy elevado y el Hechicero del Caos seguía libre en algún lugar de la Galaxia, guardando en su poder los conocimientos robados. Conocimientos que bien pronto utilizaría para volver a poner al Imperio de rodillas...

FuentesEditar

  • Codex: Caballeros Grises (5ª Edición).
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