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Legión de la Cruz de Hierro
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Proyectil antiaéreo Schrapnell Balhaus

Los proyectiles Schrapnell son la munición principal de los cañones antiaéreos de Balhaus junto con las armas de rayos. Fabricados en diferentes calibres, los estándares suelen ser de 50 o bien 88 mm., aunque existen algunos más grandes usados por las baterías de última defensa en el interior de la ciudad.

Los proyectiles se disparan programando su detonación en base a la distancia telemétrica calculada con gran precisión por avanzados sistemas de radar, tras lo cual estallan liberando su mortífera carga de esferas de Ultracarbono ionizado, las cuales son capaces de atravesar gruesos blindajes e incluso escudos, causando graves daños en los fuselajes de las naves alcanzadas.

Adicionalmente cuentan también con una pequeña carga sónica cuya explosión afecta a los sensibles sistemas de control de las aeronaves, y poseen también un detonador de contacto que provocan la explosión del proyectil en caso de que impacte contra el objetivo directamente.

Los Schrapnell son también usados contra infantería y vehículos blindados, habiendo demostrado su letal eficacia en combates en los que la falta de otras armas obligó a los soldados de Balhaus a emplearlos como cañones comúnes. El éxito de este tipo de munición empujó a los ingenieros de Balhaus a construir armas mixtas, útiles tanto para defensa antiaérea como para combatir fuerzas terrestres.

EvoluciónEditar

La llegada de la munición Braunsteiner en el 2635 DDF (023.M42) replantea el uso de los proyectiles Schrapnell configurando una nueva versión más destructiva, barata y con prestaciones aumentadas.

Se adopta así el uso de dipolos de tres centímetros en cada uno de estos proyectiles, los cuales al alcanzar el área objetivo aprovechan el EIP para causar una explosión demoledora, cuya efecto de onda de choque lanza con mayor velocidad las esferas de Ultracarbono, deforma los fuselajes en su área de efecto si no es capaz de destruirlos y provoca una breve bolsa de calor que hace oscilar las presiones afectando a los sistemas de navegación y elementos sesnsibles del aparato objetivo.

En suma, los nuevos proyectiles antiaéreos aumentan su capacidad destructiva y sus efectos se multiplican al ser empleados en sucesión, resultando devastadores incluso en larga distancia gracias a la precisión telemétrica.

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