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Primarca Sanguinius durante Asalto a Terra Wikihammer 40k

El Primarca Sanguinius tenía dones proféticos, que de hecho le hicieron conocer su propia muerte en el Espíritu Vengativo antes de que ocurriera. Durante la Gran Cruzada, además de dirigir sus campañas, se dedicó a escribir los textos conocidos como Pergaminos de Sanguinius; una recopilación de las visiones del Primarca.

El principal estudioso de estos Pergaminos es el Hermano Córbulo, que les dedica las pocas horas diarias en que no está entregado a sus deberes para con el Capítulo o investigando la cura para la Sed Roja. Busca continuamente combinar los datos existentes sobre las visiones del Primarca con los de sus propios episodios proféticos.

El trabajo de Córbulo en éste campo ha dado numerosos frutos. Por ejemplo, si los Ángeles Sangrientos pudieron trasladar tan rápidamente el grueso de sus fuerzas a Armageddon tras la invasión inicial de Ghazghkull, fue gracias a las adivinaciones de Córbulo. De forma similar sin la guía de Córbulo la flota de los Ángeles Sangrientos nunca habría sabido la hora y localización exactas en las que el Crucero Demoníaco de M'Kar el Renacido entraría en el sistema Baal, y por tanto nunca se le habría podido haber emboscado y aniquilado antes de que el planeta Baal fuera reducido a cenizas. No obstante, todas estas predicciones han tenido un alto coste: en los últimos años Córbulo se ha vuelto cada vez más retraído y taciturno, y su mirada ha quedado velada por una sombra difícil de disimular. Aunque los detalles exactos sobre lo que Córbulo ha aprendido de sus lecturas son uno de los secretos mejor guardados del Capítulo, sin duda dichos textos deben indicar que para los Ángeles Sangrientos lo peor está aún por venir. Sucesos tan siniestros y catastróficos, que ni siquiera predecirlos de antemano servirá de protección contra ellos.

También el Señor del Capítulo Dante le ha dedicado tiempo a estos textos. En ellos figuran registradas ciertas visiones del Primarca, acerca de una gran batalla que habrá de ensombrecer a todas las anteriores, en la que un guerrero de dorada armadura será lo único que se interponga entre el Emperador y la Oscuridad final.

Durante muchas generaciones de Ángeles Sangrientos, estas visiones han sido interpretadas como profecías de Sanguinius acerca de su propio futuro. Sin embargo, mediante algún tipo de instinto indefinible (quizás una sutil muestra de los mismos poderes videntes que tenía su Primarca), Dante cree otra cosa. Un día, quizás no muy lejano, la responsabilidad última de la defensa del Emperador recaerá en sus manos. Y Dante está ansioso por cumplir ese destino final.

FuentesEditar

  • Codex: Ángeles Sangrientos (5ª Edición).
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