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"Delicioso. Keeler es muy explícita. El Emperador no es un dios. Desaprueba cualquier esfuerzo en nombrarle de esa forma. ¿Lo veis, aquí? Detalla que su encuentro con los demonios en la presencia de Horus Lupercal fue la que le llevó a estos extremos de su creencia. Si los demonios existen, entonces también debe existir un dios. El universo, sino, no puede ser tan cruel. La existencia de un dios era necesario para contrarrestar el horror de la Disformidad. El Lectitio Divinitatus está basado en una mentira. La fe imperial está basado en el miedo. Así lo admite la "Santa"."
Sejan Karyl. Miembro del Cognitae


Emperador fresco iglesia piedra relampago

El Lectitio Divinatus (también Lectio Divinitatus) fue un libro escrito por el Primarca Lorgar de los Portadores de la Palabra durante la Gran Cruzada, antes de su caída en el Caos.

En dicha obra Lorgar postuló la adoración del Emperador de la Humanidad como un ser divino. El Emperador restó importancia a tales juicios y apelativos, pero los que creen en la divinidad del guía de la Humanidad eran de la opinión de que "solo los verdaderos seres divinos niegan su divinidad".

HistoriaEditar

Se cree que el Lectio Divinatus es el precursor del Templo del Emperador Salvador y del Culto Imperial, la base de la Eclesiarquía moderna.

Durante la Gran Cruzada los cultos fueron mal vistos por el Emperador, por el Consejo de Terra y muy especialmente por los Astartes y sus servidores, por lo que inicialmente el seguimiento y profesión de la Lectitio Divinatus se convirtió en un culto secreto.

Siguen un dogma que dicta las noventa y nueve virtudes del Emperador. Al parecer, tener un aspecto atildado era una de las más importantes.

Fue en la 63ª Flota Expedicionaria, comandada por el Señor de la Guerra Horus en persona, donde el culto era más prevalente. Horus tomó medidas para tratar de extinguirlo ya que lo percibía como una amenaza a su poder.

La Rememoradora Euphrati Keeler, embarcada en la 63ª Flota Expedicionaria como rememoradora, se convirtió en una figura importante del culto al Dios-Emperador tras el episodio de las Cabezas Susurrantes y venerada como profeta y Santa Euphrati en vida.

Como resultado de ello, fue objetivo de Horus su eliminación, el cual mandó asesinos para neutralizarla. Afortunadamente pudo escapar milagrosamente de la nave insignia de Horus, la Espíritu Vengativo, mediante la ayuda del Capitán Iacton Qruze. Incluso hubo algunos Astartes que pasaron a formar parte del culto (tales como Nathaniel Garro, el Capitán Leal de la Guardia de la Muerte que encabezó el escape de la Fragata Eisenstein).

Poco tiempo después que el Emperador fuese colocado en el Trono Dorado, aparecieron fieles por todo el Imperio, unificando a la gente hasta que se convirtieron la religión oficial (y única) del Imperio.

Solían identificarse con símbolos secretos entre ellos como colgantes de águilas de dos cabezas o una I mayúscula con una estrella en el centro, símbolo de una nueva esperanza y la promesa de un futuro mejor y que puede que, por ironías del destino, se convertiría o serviría de base para el símbolo de la Inquisición. Durante la Gran Cruzada se dedicaban a repartir panfletos que proclamaban la divinidad del Señor de la Humanidad.

CitasEditar

"La palabra del Emperador debe ser leída y escuchada con diligencia, de modo que puedas llegar al conocimiento que te es requerido"
Del Lectio Divinitatus.



"Ama al Emperaor, pues él es la salvación de la Humanidad. Obedece sus palabras porque él te conducirá a la luz del futuro. Haz caso de su sabiduría, pues él te protegerá del mal. Susurra sus plegarias con devoción, pues ellas salvarán tu alma. Honra a sus siervos, pues ellos hablan con su voz. Tiembla ante su majestad, pues todos caminamos bajo su sombra inmortal...."
Del Lectio Divinitatus.


FuentesEditar

  • The Keeler Image, relato de Dan Abnett.
  • La Palabra Divina, relato de Gav Thorpe.
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