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Gi lanzamisiles Deathstrike

Baterías de lanzamisiles Deathstrike en plena operación

El Lanzamisiles Deathstrike es un vehículo de artillería de la Guardia Imperial, basado en el chasis del Chimera. Tiene un alcance operacional que se mide en miles de kilómetros y la fuerza destructiva que puede desencadenar un único Misil Deathstrike deja en mantillas lo que cualquier otra arma de artillería pueda provocar.

Desplegados solo en los enfrentamientos más brutales, cada unidad de lanzamisiles Deathstrike es un amplificador de la fuerzas ofensivas imperiales, cuyas armas provocan el pavor hasta en los enemigos más experimentados y despiadados del Imperio.

AnálisisEditar

Unas pocas armas dentro del arsenal del Astra Militarum se consideran tan destructivas como para que autorizar su despliegue sin la debida causa y sin un propósito claro se considere delito capital. Tales armas son designadas como Artillería Extremis por el Departamento Munitorum. El principal de estos instrumentos de destrucción es el lanzamisiles Deathstrike.

El sistema lanzamisiles móvil Deathstrike representa la mayor amenaza que cualquier sistema móvil de misiles de la Guardia Imperial pueda representar. El complejo sistema de lanzamiento está situado sobre un chasis de Chimera modificado, y dispone como arma de un único Misil Intercontinental Deathstrike, un misil de combustible sólido cuyo rango de acción se mide en miles de kilómetros, y cuya carga útil suele implicar casi siempre un arma de destrucción masiva.

El Deathstrike tiene un gran alcance y capacidad destructiva, lanzando un único misil balístico intercontinental de intimidante tamaño. Cada uno de estos colosales cohetes puede llevar la ira del Emperador sobre objetivos a medio mundo de distancia, permitiendo que la Guardia Imperial apuñale profundamente el corazón del territorio controlado por el enemigo o un ejército invasor. Sin embargo, calcular estas trayectorias de largo alcance lleva tiempo y además se debe suplicar al volátil espíritu máquina del misil antes de enviarlo a toda velocidad en su mortal viaje. Un Deathstrike que se prepara para disparar se convierte rápidamente en un objetivo prioritario para el enemigo: el tamaño de su armamento permite incluso a las razas xenos más animalistas comprender su propósito apocalíptico. Como unidad lenta con moderada potencia de fuego, aparte de su munición primaria, el Deathstrike a menudo requiere su propia escolta dedicada para no presentarse frente al enemigo como un objetivo valioso y relativamente débil. Para el Departamento Munitorum, la logística simplificada ha impedido su despliegue en todas las circunstancias, excepto las más extremas.

ResurgimientoEditar

Guardia imperial salva de Deathstrikes

Deathstrikes en batalla

Hasta hace poco, el Deathstrike era un arma en declive. El despliegue de un solo lanzamisiles Deathstrike requiere una gran inversión en recursos. La adquisición de estas armas es un proceso lleno de complejidades religiosas y administrativas, y puede demorarse meses. Incluso la construcción de un misil Deathstrike es un procedimiento cuya utilidad en las guerras del Imperio debe sopesarse cuidadosamente antes de comenzar. Cada componente debe ser debidamente santificado y bendecido con aceites sagrados y luego acoplado a medida que los cánticos de fabricación se entonan en su totalidad. Un séquito de tecnosacerdotes establece el proceso de cableado de los cráneos de orientación a cada uno de los actuadores de la ojiva. Finalmente, la ceremonia de ensamblaje en la que se asienta el misil en su plataforma de tiro se acompaña con sus propios ritos solemnes. Como los Deathstrike sólo se requieren para actuar contra las más graves contingencias, las batallas en las cuales son solicitados a menudo han terminado mucho antes de que lleguen al frente.

No se puede decir que los lanzadores Deathstrike no hayan sido usados nunca, ya que su posicionamiento y su versatilidad son legendarios. Durante los últimos 10.000 años han sido usados de forma extensa contra todos los enemigos del Imperio. Su cabeza puede ser cargada con una gran variedad de terroríficas cargas, con cada Deathstrike preparado para descargar la máxima destrucción posible en el objetivo asignado. Con sólo una salva lanzada con éxito, un Deathstrike convenientemente armado puede derribar un titán enemigo de un solo golpe, golpeando a la inmensa máquina de guerra desde el suelo, en el falso sol de una fusión del núcleo del reactor. Un misil bien colocado puede extender virulentos patógenos entre las filas del atacante, destrozar la estructura de mando en un holocausto de ardiente plasma, o hundir la moral enemiga con su súbita ira. Las más temibles de todas ellas son las Cabezas de Vórtice. Estos misiles son capaces de rasgar la realidad, creando una ola de energía disforme, que garantiza la completa aniquilación de todo aquello que se encuentre en su área de efecto. Las Cabezas de Vórtice son tan raras que el lanzamiento de alguna de ellas de forma inapropiada es causa directa de ejecución sumarísima.

Ello ha dado cuenta de cuan oscuros son los días a los que el Imperio se enfrenta, ya que han aparecido nuevas y brutales tácticas en las que el Deathstrike ha experimentado un renacimiento. Situados tras las líneas Imperiales, los Deathstrike permanecen fuera de la visión enemiga, esperando su momento. Cuando el enemigo amenaza las líneas de forma catastrófica o aparece un objetivo de vital importancia, oleada tras oleada de soldados de infantería se lanzan para bloquear al enemigo. Con las coordenadas de corto alcance introducidas, los Deathstrike descargan sus terribles armas directas al corazón de la batalla. A medida que los misiles descienden, aliados y enemigos son inmolados por igual en una tremenda devastación. Estas medidas son inhumanas y desesperadas, pero en estos tiempos no hay sacrificio demasiado grande para asegurar la supervivencia del Imperio.

Sólo los más experimentados comandantes, los que entienden totalmente el desarrollo de la guerra balística, saben sacar provecho del poder destructivo de los Deathstrike. Uno de esos comandantes fue Zandar At’lan, del 115º Regimiento Acorazado de Tallarn. En Septimius II, sus compañías de tanques fueron atacadas por bandas de guerra orkas desde tres frentes distintos de varios kilómetros de longitud. Estando a punto de ser superado, ordenó a sus fuerzas que se retirasen a las Llanuras de Cobre. Al ver que las temperamentales bandas orkas continuaban la caza, las columnas recibieron la orden de retirarse de forma que se solapaban entre sí. El lanzamiento de la única batería Deathstrike de la que At’lan disponía fue dispuesto para abrir fuego justo cuando los Orkos convergiesen. Este uso de la Artilleria Extremis fue considerada ejemplar por el Alto Comisariado.

Estas máquinas de guerra sólo suelen verse en los campos de batalla más apocalípticos, y solo se emplean cuando es necesaria la total y absoluta aniquilación de los objetivos enemigos. El uso de cualquiera de esas armas está estríctamente controlado. El permiso para su uso debe provenir del mando del Segmentum. En caso de que se autorice el uso de una plataforma Lanzamisiles Deathstrike, los Regimientos de la Guardia Imperial asignan los códigos de lanzamiento a los más leales y resistentes Lords Comisarios, para asegurarse de que el arma es disparada, sin importar el objetivo o las consecuencias para las fuerzas imperiales.

ArmamentoEditar

Aparte del Misil Intercontinental Deathstrike, el vehículo también dispone de un Bólter Pesado montado en el casco para su protección, aunque normalmente el Deathstrike no suele moverse cerca de las líneas del frente debido a su extremadamente alto alcance operativo. Dicho Bólter Pesado puede ser sustituido por un Lanzallamas Pesado.

Se puede añadir al vehículo una red de camuflaje, una pala excavadora, paneles de blindaje extra, focos, lanzadores de humo, misiles cazadores-buscadores o un Bólter de Asalto o Ametralladora Pesada en un montante externo.

Otras batallas del Lanzamisiles DeathstrikeEditar

  • Batalla de Baric VI (994.M40) - Durante el asalto Orko a Baric IV, una banda de Zakeadorez lograron infiltrarse de alguna forma en el Parque de Artillería del 52º Ejército y capturaron uno de los tres Lanzamisiles Deathstrike que se encontraban allí almacenados, empleándolo poco después contra las fuerzas imperiales que luchaban por recuperar el control de Baric VI de los invasores Orkos. La cataclísmica explosión de un Misil Intercontinental Deathstrike destruyó a dos Regimientos Acorazados y al Baneblade de mando del 278º Regimiento de Mordia, el Poder de Acero (así como a aproximadamente un centenar de Orkos sorprendidos). Tras una investigación de dos años para dirimir cómo pudo el arma ser robada por los pielesverdes, una docena de oficiales imperiales fueron ejecutados por negligencia en servicio.
  • Tercera Guerra de Armageddon (998.M41) - Durante la Tercera Guerra de Armaggedon, las baterías de Deathstrike localizadas en la Colmena Helsreach fueron empleadas para ayudar a los defensores de la Colmena Volcanus a defenderse de las oleadas de Orkos, incluso a pesar de que ambas Colmenas estaban situadas en extremos opuestos del planeta.

MiniaturaEditar

  • Deathstrike (Games Workshop)

FuentesEditar

Extraído y traducido de Lexicanum y Wikihammer 40K UK.

  • Codex: Guardia Imperial (5ª y 8ª Edición).
  • Epic Armageddon, pag. 97
  • White Dwarf 366 (UK), pag.5.
  • Apocalypse Datasheet.
  • Lágrimas Escarlatas - Los Bebedores de Almas, novela de Ben Counter
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