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Khorne medio sin fondo

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Lorgar destruyendo un Avatar de Khaine durante la Peregrinación.

La Peregrinación es un concepto de la antigua religión de Colchis, el mundo natal de la Legión de los Portadores de la Palabra. Consiste, literalmente, en encontrar el lugar donde los dioses y los hombres pueden coexistir. Este paraíso terrenal se consideraba algo puramente metafórico y ficticio, por lo que fue desechado en la práctica.

Sin embargo, tras ser humillado y ver su fe destruida por el Emperador en Monarchia, Lorgar, Primarca de los Portadores de la Palabra, acompañado por el Príncipe Demonio Yngethel, decidió adentrarse en el Ojo del Terror y buscar nuevos dioses en la galaxia, y acudió al antiguo concepto de la Peregrinación. Este viaje le cambió por completo, muestra del poder de la Disformidad, capaz de transformar a un Primarca.

Acabó llevando a Lorgar a Cadia, donde descubrió que las tribus que allí habitaban servían al Caos, al igual que los antiguos habitantes de Colchis. Lorgar llegó a esta conclusión ayudado (o más bien convencido) por su padre adoptivo, Kor Phaeron, que le instó a recuperar la antigua religión de Colchis, cuyas creencias se repetían en otros planetas, como Davin o Cadia.

Se podría decir que esta fue la semilla de la Herejía de Horus, pues la peregrinación de Lorgar tuvo éxito, y este encontró unos dioses que querían ser adorados: los Dioses del Caos.

HistoriaEditar

La idea de "La Peregrinación", un viaje hacia el lugar legendario donde los mortales podrían interactuar directamente con los dioses, era un antiguo tropo mitológico en muchos mundos colonizados por humanos de la galaxia, incluyendo a Lorgar y el mundo natal de los Portadores de la Palabra, Colchis. Por supuesto, un lugar así existía, la Disformidad, y uno podría descubrir aquí la Verdad Primordial del universo; es decir, que el Inmaterium estaba dominado por las poderosas entidades espirituales conocidas como los Dioses del Caos.

Impulsado por el rechazo del Emperador a su deseo de adorarlo como una deidad y para descubrir si los dioses una vez adorados por los seguidores de la antigua fe de Colchis existieron realmente, Lorgar viajó con el Capítulo del Sol Serrado 43 años estándar antes del inicio de la Herejía de Horus a lo que entonces era la periferia del espacio imperial conocido, como parte de la 1301ª Flota Expedicionaria de la Gran Cruzada. En este momento, Lorgar aún no había caído ante la corrupción del Caos, a pesar de que se había vuelto contra el Emperador de la Humanidad como una deidad nunca más digna de su adoración después de que el Emperador y la Legión de los Ultramarines les humillaran a él y a todos los Portadores de la Palabra en el mundo de Khur sólo unos meses antes de que comenzara la Peregrinación. El Emperador había llegado a Khur personalmente con su regente, Malcador el Sigilita, después de ordenar a los Ultramarines destruir la ciudad khuriana de Monarchia, donde el Emperador era adorado como un Dios como resultado de las enseñanzas de los Portadores de la Palabra. Dio a conocer su disgusto a Lorgar acerca de la difusión por parte de los Portadores de la Palabra del culto al Emperador en todos los mundos que se introducían en el Imperio, en conflicto directo con la filosofía racionalista y atea de la Verdad Imperial. El Emperador obligó a toda la Legión a arrodillarse en contra de su voluntad utilizando sus poderes psíquicos y luego les explicó que ellos eran la única Legión Astartes que le había fallado en su propósito durante la Gran Cruzada. Después de esta humillación, Lorgar, siguiendo el consejo de su Primer Capitán Kor Phaeron y del Primer Capellán de los Portadores de la Palabra Erebus, ambos devotos secretos de los Dioses del Caos, decidió emprender una peregrinación para descubrir si los dioses adorados por la Vieja Fe de Colchis eran reales y dignos de la fe y lealtad a los Portadores de la Palabra. Lorgar creía que el Emperador se equivocaba al condenar el instinto natural de la Humanidad a buscar lo divino como una superstición indigna y tenía la intención de descubrir si había deidades dignas del respeto de la Humanidad. Con este fin, y aunque Lorgar ya no tenía ningún amor o la lealtad hacia el Emperador, él y su XVII Legión se reincorporaron a la Gran Cruzada, pero lo hicieron sólo porque sus esfuerzos podrían servirle como fachada para su búsqueda de la Peregrinación.

Los Portadores de la Palabra también fueron acompañados en esta Peregrinación por cinco miembros de la Legio Custodes, que habían sido asignados por el Emperador para vigilar todos los movimientos de los Portadores de la Palabra y evitar que volvieran a caer en el error una vez más. La búsqueda por parte de los Portadores de la Palabra de cualquier pedazo de información que se pudiera conocer acerca de la Verdad Primordial o la naturaleza del lugar donde los dioses y los mortales podían mezclarse llevó en última instancia a la 1301ª Flota Expedicionaria al Sistema Cadiano, cerca de la Tormenta Disforme permanente más grande de la galaxia, conocida más tarde para el Imperio como el Ojo del Terror. El maestro de astrópatas de la Flota Expedicionaria advirtió a Lorgar que escuchaba "voces" inusuales en la Disformidad, en las inmediaciones de la gran fisura disforme, voces que también hablaban directamente al Primarca, las voces de las entidades del Caos dentro del Inmaterium. Sería en el Sistema Cadiano donde Lorgar descubriría que sus sospechas habían sido correctas y que el fondo de todas las religiones esparcidas por la galaxia que poseían tantas similitudes con la Vieja Fe colchita no eran artificios de la inconsciencia colectiva de la Humanidad, sino las diferentes expresiones de adorar la verdad universal que era el Caos.

Se tomó la decisión de mantenerse en órbita sobre Cadia y que elementos de la 1301ª Flota Expedicionaria desembarcasen en el mundo desconocido, designado como 1301-12. La fuerza de desembarco estaba compuesta de unidades del Ejército Imperial, Portadores de la Palabra, Custodios y elementos de la Legio Cibernetica. La primera oleada, liderada por Lorgar, fue recibida por un gran número de humanos agrupados en tribus bárbaras, tribus descritas como "vestidos con harapos y armados con lanzas con punta de pedernal... y sin embargo, mostraron poco miedo." Lo más notable eran los ojos morados de los bárbaros, que reflejaban el color del propio Ojo del Terror en el espectro de la luz visible. A pesar de las protestas y la petición del custodes Vendatha de ejecutar a los paganos, los Portadores de la Palabra se acercaron a los nativos. Una extraña mujer salió de la multitud y se dirigió al Primarca directamente, llamándolo Lorgar Aureliano y dándole la bienvenida a Cadia. Esta mujer, la sacerdotisa del Caos Ingethel, llevaría en última instancia al Primarca por un camino de iluminación espiritual que realmente marcó el inicio de la caída de Lorgar en la herejía y el Caos. Más tarde, la sacerdotisa iniciaría un ritual que la transformaría en el Príncipe Demonio conocido como Yngethel el Ascendido y, a continuación, llevaría a la nave exploradora de la 1301ª Flota Expedicionaria, El Lamento de Orfeo, al interior del Ojo del Terror.

En el Ojo del Terror, el Capítulo del Sol Serrado de los Portadores de la Palabra fue testigo de primera mano del fracaso del antiguo imperio Eldar en la forma de los Mundos Ancestrales, que fueron purgados de toda vida y que llenaban la región del Ojo. Yngethel, por supuesto, mintió a los Portadores de la Palabra acerca de cómo nació en realidad el Dios del Caos Slaanesh y les advirtió que los Eldars habían fracasado como especie y sufrieron la Caída porque en el momento de su ascensión no fueron capaces de aceptar la Verdad Primordial, es decir, la adoración del Caos. Dieron a luz a un Dios del Placer, pero no sintieron ninguna alegría por su venida. Su nuevo Dios, Slaanesh, tomó conciencia en el 29º Milenio, encontrando a sus adoradores abandonándole debido a la ignorancia y el miedo, y del estertor del Príncipe del Placer nació la interminable tormenta del Gran Ojo, un eco de los gritos de nacimiento y rechazo del nuevo dios de los Eldars. La naturaleza de la Verdad Primordial le fue revelada a los Portadores de la Palabra sobre las cenizas del imperio Eldar, e Ingethel les advirtió que para que la Humanidad sobreviviera como especie no debía cometer los mismos pecados que los Eldars, y que en su lugar debían aceptar la adoración del Caos.

Los supervivientes del Capítulo del Sol Serrado de los Portadores de la Palabra regresaron a Cadia y contaron a Lorgar todo lo que había pasado y todo lo que habían aprendido en el Ojo, el lugar donde los mortales y los dioses podían encontrarse. Estos Astartes cambiaron para siempre por su experiencia, pues todos ellos se habían convertido en fusiones de mortales y demonios mientras estuvieron en el Ojo, y llegaron a formar una nueva unidad de los Portadores de la Palabra conocida como los Gal Vorbak. Después de la experiencia en el Ojo del Terror, Lorgar ordenó un bombardeo ciclónico sobre Cadia, acabando con los cadianos y dejando abandonado el planeta para que nadie más pudiera tropezar con el secreto de la Verdad Primordial que se le había confiado a él solo por los Dioses del Caos. Sin embargo, la ubicación altamente estratégica del planeta significaba que sería útil para el Imperio y los colonos imperiales llegaron en el 31º Milenio a tomar posesión del mundo, convirtiéndose en los ancestros de la población actual de cadianos. Tal vez como consecuencia de la proximidad del Ojo del Terror esta nueva hornada de cadianos pronto desarrolló también los inusuales ojos de color violeta que marcaron a los primeros habitantes humanos del planeta.

Sanriatha Editar

Pero la iluminación de Lorgar Aureliano no era completa. Habiendo escuchado el informe de lo que los Astartes del Capítulo del Sol Serrado habían experimentado dentro del Ojo, Lorgar estaba decidido a reunirse con los dioses de la Verdad Primordial por sí mismo. Cuarenta y tres años antes de la Masacre del Desembarco en Istvaan V, Lorgar se marchó en una Stormbird hacia el Ojo y aterrizó en la superficie del Mundo Ancestral de Shanriatha, situado en el interior de lo que un día se conocería como el Ojo del Terror. Estuvo acompañado en su búsqueda por su guía demoníaco Yngethel el Ascendido. La criatura le preguntó por qué el Primarca había elegido este mundo para investigar. Lorgar replicó que había visto las ruinas de una ciudad ahogada en las llanuras de polvo rojo óxido que le recordaban a la superficie de Marte desde la órbita. El Primarca quiso saber qué clase de criatura era Yngethel, a lo que el Príncipe Demonio respondió que Lorgar ya sabía qué era. Pero ante los ojos psíquicamente sintonizados de Lorgar, no podía ver nada en el núcleo del ser de la criatura; era una criatura sin alma. Yngethel le explicó que en el reino de la carne, la vida sensible nacía con alma. En el reino del pensamiento, el Empíreo, toda la vida carecía de alma. Ambos estaban vivos, los Nacidos y los Nonatos, en ambos lados de la realidad, y estaban destinados a la simbiosis y la unión si los Dioses del Caos triunfaban. El mundo en el que ahora se erguían era donde el reino de la carne y el del espíritu se unían. Las leyes físicas no significaban nada allí. No había límite en lo que podría suceder. Esa era la naturaleza del Caos: posibilidades infinitas. Yngethel informó a Lorgar de que él era único entre los hijos del Anatema, pues todos sus hermanos estaban completos. Sólo él se había perdido, pues sus hermanos habían dominado sus dones desde su nacimiento. El dominio completo del propio Lorgar sólo vendría con la comprensión, pero cuando eso pasase tendría la fuerza para reformar mundos enteros por capricho.

Lorgar preguntó qué nombre tenía el mundo que ahora pisaban. Yngethel le informó de que los "Almas Rotas" (los Eldars) lo llamaban "Ycressa" antes de la Caída. Tras el nacimiento de Slaanesh, fue nombrado "Shanriatha", que en el léxico Eldar quería decir "Nunca Olvidado". Yngethel explicó a Lorgar que la razón por la que entre los siervos del Caos se llamaba "Almas Rotas" a los Eldars tenía que ver con el nacimiento del Señor del Placer. En su génesis, provocada por la adoración de los Eldars, reclamó las almas de toda la especie. Cuando cualquier mortal muere, su espíritu se desplaza a la Disformidad. Pero cuando los Eldars mueren, son llevados directamente a las fauces del Dios que traicionaron. Tiene sed de ellos, porque son sus hijos. Les bebe cuando mueren. Lorgar comentó que aquello que Yngethel mencionaba coincidía con las enseñanzas de la Vieja Fe de la Colchis, pues decía que después de la muerte las almas liberadas flotaban en el infinito, hasta ser juzgados por dioses sedientos. Ingethel respondió que la Verdad Primordial estaba profundamente arraigada en la sangre de la Humanidad. Toda la Humanidad sabía innatamente que algo les esperaba después de la muerte. Los fieles, los leales, serían juzgados amablemente y residirían junto a sus dioses en el Reino del Caos, mientras que los infieles, los no creyentes, irían a la deriva por el Éter, sirviendo como presa para los Nonatos. Aunque la Disformidad representaba el cielo prometido en la mayoría de los credos humanos a lo largo de la historia, era también el mismo infierno que Humanidad siempre temió.

A medida que el guía demoníaco y el Primarca seguían su exploración planetaria se encontraron con enormes ruinas. Estas ruinas no eran los restos de una ciudad, sino los restos del Mundo Astronave Zu'lasa, que intentó huir del nacimiento de Slaanesh pero escapó demasiado tarde y cayó desde el espacio para enterrarse en el polvo de este mundo sin vida. Doscientas mil almas dentro de la astronave murieron en el momento del nacimiento de Slaanesh. Sin guía, embarcados en una locura desenfrenada nacida de su propio corazón mientras el Príncipe del Placer devoraba sus almas, la astronave cayó. Investigando más, Lorgar sintió algo dentro de las ruinas. Mientras inspeccionaba las ruinas de la enorme nave espacial con su sondeo psíquico, sintió que algo se movía bajo él, escarbando hacia la superficie. Algo rompió la superficie, algo que para un sorprendido Primarca pareció inicialmente la estatua de un dios moribundo que surgía de una tumba de tierra escarlata. Yngethel informó a Lorgar que era un avatar de Kaela Mensha Khaine, el antiguo dios de la guerra de los Eldars. Ingethel quería que Lorgar entendiera la lección más absoluta; incluso un ser divino podría caer. Casi sintiendo lástima por una criatura tan patética, Lorgar cargó hacia ella y levantó su Crozius y luego golpeó a la criatura, poniendo fin a su miserable existencia. Lorgar quería saber lo que le deparaba el futuro. El Demonio informó al Primarca que terminaría como había comenzado. Terminaría en guerra. Lorgar ordenó al Demonio que se lo mostrara.

La Puerta de la Eternidad Editar

El Urizen se encontró de pronto transportado ante de la Puerta de la Eternidad, situada dentro del Palacio Imperial del Emperador en Terra. Esta era la última barrera, el portal que daba paso al santuario más íntimo del Emperador, donde mantuvo su laboratorio personal de genética sellado lejos de sus hijos y sirvientes. Yngethel se negó a explicar la forma en que habían sido transportados a través del espacio y el tiempo para aparecer allí. Algunas verdades no podían ser comprendidas por la mente mortal. Indicó a Lorgar que mirara a su alrededor con los ojos de un inmortal. Impresionado por la súbita revelación, a Lorgar se le concedió una visión de la Batalla de Terra. El Primarca estaba rodeado por miles de Astartes fantasmales que luchaban y morían a sus pies. Los más abundantes en el grueso de los combates eran los Astartes vestidos de amarillo; la Legión de los Puños Imperiales de Rogal Dorn. Luchaban ferozmente contra toda una Legión desconocida para Lorgar, vestida de un rojo carmesí. Lorgar reconoció finalmente a los Astartes por lo que eran; sus propios Portadores de la Palabra, el gris pizarra cuyas servoarmaduras adornaba había sido reemplazado por el color de la sangre fresca. Yngethel informó al Primarca que estaba en lo cierto. Los viejos colores de la Legión serían desechos para anunciar los cambios que le esperaban a la Humanidad. Ya no eran los Portadores de la Palabra del Emperador. Eran los Portadores de la Palabra de Lorgar. Este siguió mirando, asistiendo a la transformación de unos Astartes más grandes de lo normal en medio de la batalla en gigantescos Marines Poseídos. Bajo esta nueva forma demoníaca, parecían bastante poderosos y eran significativamente más grandes y más altos que el Primarca. La visión mostró a los Poseídos en un río de sangre a través de las filas de un escuadrón de Puños Imperiales antes de morir a manos de Sanguinius en el umbral de la Puerta de la Eternidad. Sumido en la incredulidad, Yngethel informó a Lorgar que este campeón no era otro que su hijo más bendito, Argel Tal, y que esta era la forma en que moriría.

Las Madejas del Destino Editar

Cuando Lorgar intentó dar un paso adelante de repente se encontró a sí mismo en un mundo sin nombre. Había visto todo lo que necesitaba ver. Enfurecido, Lorgar se sintió cansado de ser llevado de la nariz hasta las lecciones preparadas por el Demonio. Yngethel advirtió al Primarca de vigilara su tono al dirigirse a uno de los Elegidos de los Dioses. Lorgar replicó que estaba allí sólo por su propia elección y que iba a salir de allí por la misma virtud. Calmándose, Lorgar sabía que estaba allí para conocer la verdad de los dioses y que Yngethel estaba allí para mostrársela. Quería saber por qué había sido llamado hasta aquí y por qué había sido destinado desde su nacimiento a ser traído a este lugar. Yngethel respondió que Lorgar había sido convocado porque su vida había sido diseñada para asegurar que este momento se llevaba a cabo. Él estaba aquí, ahora, porque los Dioses lo desearon. En las enredadas madejas del destino, Yngethel había visto innumerables futuros posibles donde Lorgar nunca vino a ellos. Lorgar quiso saber por qué se le llevó allí. ¿Por qué no a su hermano Horus Lupercal o Roboute Guilliman? Ellos eran los generales que él nunca sería. ¿Por qué no Sanguinius o Rogal Dorn? ¿Por qué no Magnus el Rojo? Especialmente Magnus, pues era el más poderoso de todos los Primarcas, sin duda. Ingethel respondió que el Rey Carmesí ya era un siervo de los Dioses del Caos, lo admitiera o no. Acudió a los poderes de la oscuridad sin necesidad de ser convocado y sin considerar la noción de la Fe. Acudió en busca de poder, pues todas las criaturas de la carne buscan eso cuando llegan hasta los poderes del Caos. Y en apenas cinco décadas, cuando la galaxia empezara a arder, Magnus vendría al Ojo del Terror por sí mismo. Ante esta revelación, Yngethel le desveló una visión final, más de cuarenta años terranos en el futuro.

Visión Final Editar

Con un gesto, Lorgar se encontró mirando a un horizonte irregular que reconoció al instante, pues había estudiado allí durante casi una década, viviendo entre su gente y llegando a adorarla casi tanto como como amaba a la gente de Colchis. Estaba en la ciudad plateada de Tizca, la capital del mundo natal de los Mil Hijos, Prospero. Tras una inspección minuciosa, Lorgar vio la devastación; agujas derribadas, pirámides rotas, vidrios desechos y paredes de la ciudad convertidas en montañas de escombros. Lorgar preguntó la causa de la locura que veía. Yngethel informó al Primarca que Tizca ardería en el crisol de la guerra que se avecinaba, pues debía suceder. Lorgar juró que él no lo permitiría, pero Yngethel le advirtió que así debía ser. Pues este iba a ser el acto final en la iluminación de Magnus el Rojo: traicionado por el Emperador y por sus propios hermanos, llevaría su ciudad a la Disformidad con el fin de escapar de la destrucción final. En el Ojo del Terror forjaría un bastión de la guerra por venir. Una guerra que Lorgar comenzaría, pero nunca conduciría. La guerra llevaría todas las verdades del Caos al Imperio. Lorgar había venido a encontrar a los dioses. Él los había encontrado, como siempre estuvo destinado a hacerlo. Sus ojos ahora estaban vueltos hacia la Humanidad. Los Dioses del Caos se lo habían dicho a Argel Tal, como ahora se lo decían a Lorgar: la Humanidad debía abrazar las verdades de la realidad divina, o sufrir la misma suerte que los Eldars. Con resuelta claridad, Lorgar se dio cuenta de que los Dioses del Caos buscaban una simbiosis con la vida; una conjunción de los Nacidos y los Nonatos en armonía natural. Los Dioses necesitaban a la Humanidad, porque no podían reclamar el reino material sin ellos. Su poder era estrangulado cuando no había nadie que ofreciera oraciones o sacrificios en su adoración. Esta era la razón por la que la propagación de la Verdad Imperial del Emperador presentaba una terrible amenaza para ellos.

Lorgar sintió que los Dioses del Caos habían elegido mal. Él estaba contento y orgulloso de haber discernido la Verdad Primordial, honrado de ser elegido por los seres lo suficientemente poderosos como para ser considerados divinos para conocer el significado verdadero de la palabra. Pero iba a luchar para llevar su luz a la Humanidad. Él no podía ganar una guerra contra el dios viviente que estaba sentado en el trono de Terra. Yngethel informó a Lorgar que él lucharía, y con el tiempo tendría éxito. Lorgar replicó que sólo poseía 100.000 guerreros, demasiado pocos para desembarcar sobre Terra y derrocar al Emperador. Yngethel dijo a Logar que en el futuro atraería a seguidores más fieles, mientras liberaría mundo tras mundo. Estaba escrito, que después de que él navegara lejos del Ojo del Terror, su Legión ya no pasaría años elaborando palabras y discursos perfectos venerando a un Anatema como el Dios-Emperador. Él aplastaría cualquier resistencia bajo sus botas blindadas y atraería a nuevos seres humanos a su servicio. Algunos serían esclavos en las entrañas de las naves de guerra de los Portadores de la Palabra. Otros serían el rebaño de Lorgar, que pastorearía hacia la iluminación. Muchos más serían introducidos en las filas de los Portadores de la Palabra y convertidos en nuevos Astartes. Inquieto con estas verdades reveladas, Lorgar preguntó de nuevo por qué había sido elegido como campeón de los Dioses. Yngethel respondió que tenía que ser él. Cada una de las otras Legiones morirían por sus Primarcas y darían sus vidas por el Imperio. Pero el Imperio era el cáncer que estaba matando a la especie humana. Aun cuando algunos de los hermanos de Lorgar se volvieran contra el Emperador, lucharían para comandar el Imperio. Sólo los Portadores de la Palabra morirían por la verdad y por la Humanidad misma. La fe y el acero debían unirse ahora. Si la Humanidad se convertía en un imperio en lugar de en una especie, caería en las garras de los xenos y la ira de los Dioses del Caos. Así debía ser. Lo que había sucedido antes con los Eldars sucedería de nuevo.

Más de cuarenta años estándar en el futuro, pocos días después de algo que la Humanidad vendría a llamar la Caída de Prospero, Magnus había caído víctima de su propia arrogancia, y ahora residía en la torre más alta de su ciudad rota en un nuevo mundo preparado para él en el Ojo del Terror por Aquel que Cambia las Cosas, lamentando la destrucción de su Legión y la muerte de sus esperanzas. Sus intenciones eran las mejores, pero su curiosidad le hizo maldito a los ojos del Emperador. Había mirado demasiado en profundidad, durante demasiado tiempo, en ideales que el Emperador no compartía. Lorgar informó a Yngethel que iba a hablar con el Rey Carmesí. Pero el Demonio advirtió al Primarca de que no se le permitiría estar delante de Magnus. Sin hacer caso de las advertencias de su guía, Lorgar se dirigió hacia la torre de Magnus. Cuando el Urizen ascendió a la cima de la torre y miró finalmente a su hermano, Lorgar se reconcilió con la lógica emoción, pues aunque se veía en el rostro de Magnus su cara había envejecido décadas. En cuarenta años, el Rey Carmesí había envejecido más de un centenar.

Magnus no estaba sorprendido por la presencia de su hermano, pues el mundo en el que ahora residía ofrecía interminables sorpresas. Le preguntó a qué alucinación encarnada se dirigía en esta ocasión. Magnus pensaba que su hermano Primarca era un pobre simulacro del verdadero Lorgar, pues sus ojos no ardían con el fuego de la fe que sólo él y sus hijos entendían. Tampoco llevaba las mismas cicatrices. Lorgar trató de explicar a Magnus que él no era una simple aparición, sino que era realmente su hermano en la noche final de su Peregrinación. Aburriéndose cada vez más del encuentro, Magnus desterró a Lorgar de su nuevo reino con un pensamiento.

La Prueba de los Dioses Editar

Lorgar se encontró una vez más en Shanriatha. Cuando se levantó de la arena vio que su guía demoníaco Yngethel parecía estar muriendo. El Demonio había usado su fuerza ya en disminución para rescatar a Lorgar de la brujería de Magnus el Rojo. Lorgar quería saber por qué su hermano no quiso hablar con él. Yngethel le informó de que Magnus era una herramienta de Tzeentch, El Que Cambia Las Cosas. Magnus era una criatura atrapada en su propia ignorancia, manipulada a cada paso, y sin embargo creía que era el manipulador. Algunos de los líderes de la Humanidad podrían ser atraídos al servicio de los Dioses del Caos mediante ofertas de ambición y dominio, mientras que otros como Magnus tenían que ser manipulados hasta estar listos para presenciar y aceptar la verdad. Lorgar preguntó qué tipo de líder que era él. Ingethel dijo al Primarca que él era el elegido del panteón, porque sólo él había venido a Caos sin idealismo, buscando el ascenso de su especie. En esto, como en todas las cosas, él era desinteresado.

Convencido por la visión profética del Demonio, Lorgar exigió saber su destino en la guerra venidera por el futuro de la Humanidad. Yngethel le dijo a Lorgar que una vez que la traición desgarrara la galaxia, habría muchos momentos en los que él podría cumplir su fin. Algunos eran más propensos que otros. El Demonio advirtió a Lorgar de que ningún ser puede conocer su futuro escrito antes él; sin embargo, en un mundo llamado Shrike, si Lorgar intercedía en una discusión entre Magnus el Rojo y Leman Russ, había una posibilidad de que fuera asesinado en el consecuente duelo. Si alguna vez desenvainaba un arma contra su hermano Corax, en una batalla que nunca podría ganar, entonces era casi seguro que moriría. Dejando a un lado la información acerca de las opciones que no tendría que hacer con años de antelación, Lorgar le preguntó por qué habían vuelto al Mundo Muerto. El moribundo Yngethel explicó que no tenía la intención de que fuera así, pues el Demonio había utilizado hasta el último atisbo de su poder para sacar a la fuerza, no con astucia, a Lorgar de la cámara de Magnus. No era su intención mostrar este mundo de nuevo. Otra cosa les había devuelto a este lugar. Algo de gran poder. Al parecer, uno de los Dioses del Caos deseaba probar la solvencia de Lorgar para servir como el Campeón del Caos. Yngethel reprendió a Lorgar por creer que al elegido del Panteón se le permitiría marchar del reino de los dioses sin pasar su prueba antes. Se había decidido que los Dioses del Caos elegirían en consejo un representante para dictar sentencia sobre la solvencia del Primarca para servirles.

Sin embargo, los Dioses del Caos son seres volubles y en última instancia uno de ellos rompió el acuerdo que los cuatro habían hecho, deseando en su lugar probar a Lorgar contra uno de sus propios servidores.

Con un rugido bestial, An'ggrath el Desatado se materializó. El Dios de la Sangre Khorne había violado el acuerdo temporal que los Dioses del Caos habían forjado en relación a Lorgar y envió al más poderoso de sus Demonios, el Guardián del Trono de Cráneos, para poner a prueba el temple de Lorgar. Sin otra opción, Lorgar se vio obligado a defenderse y batirse en duelo con la poderosa criatura, resultando ser el vencedor al final del mismo, a pesar de que fue herido gravemente durante el combate.

Derrumbándose en las postrimerías de su sorprendente victoria, el Primarca luchó para mantenerse con vida, respirando aire salpicado de sangre en sus débiles pulmones. Entonces oyó una sola voz y luego otra, similar a la primera, pero de alguna manera defectuosa. Lorgar miró a la repentina aparición de otra figura alada; una criatura aviar grotesca con alas marchitas y dos cabezas de buitre. La criatura informó a Lorgar que era el representante de todos los Dioses del Caos que habían sido enviados para juzgar al Primarca. La criatura aviar se identificó como Kairos Tejedestinos, el Oráculo de Tzeentch. El Señor de la Transformación había venido a traer la posibilidad de una elección final: Lorgar podría tener la gloria personal o un destino divino. Este momento de la verdad vendría muchas décadas en el futuro, durante la infame Batalla de Calth. Sería allí donde Lorgar tendría que tomar la decisión más trascendental de su vida: luchar contra su hermano Roboute Guilliman, donde tendría éxito en matarlo y al hacerlo lograr una sensación de satisfacción y el respeto de sus hermanos. Sin embargo, al hacerlo, también perdería la guerra que se avecinaba. Sin embargo, si se decidía a dar la espalda a la gloria personal y dejar vivo a Guilliman, obtendría una derrota de sabor amargo en su búsqueda personal de la destrucción de Guilliman y su XIII Legión que tanto había insultado a los Portadores de la Palabra en Khur. Pero la posibilidad de que tuviera éxito en la iluminación de la humanidad sería mayor. El Primarca tenía que elegir si se erigía entre sus hermanos como a un igual, con la venganza como su meta, o trabajaría en nombre de los Dioses del Caos, degustando pena a cambio de una victoria mucho mayor. Aunque normalmente las dos cabezas de Tejedestinos hacían dos predicciones, una de ellas verdad y la otra mentira, en este caso el Gran Demonio explicó que ambas cabezas habían dicho la verdad. Dejando al Primarca con este enigma desconcertante, Tejedestinos desapareció de nuevo en el éter.

Abandonado una vez más con el moribundo Yngethel, Lorgar exigió saber cuánto de lo que había visto era verdad. El Demonio respondió: "Todo. O nada. O tal vez parte." El Demonio le había mostrado lo que los Dioses del Caos exigían que diera como testimonio; ahora quería que Yngethel le mostrara lo que él deseaba ver. Yngethel estuvo de acuerdo, pues estaba permitido. Lorgar había visto lo que debía hacer para asegurar la victoria. Había visto el destino de la galaxia si las mentiras del Emperador no eran impugnadas. Ahora el Primarca deseaba caminar sobre otros mundos del Ojo del Terror. Si esta era la puerta de entrada al Cielo y el Infierno del mito humano, quería que se le mostrase más del mismo. Lorgar deseaba ver las posibilidades de estos mundos mutables, ver lo que la Disformidad podría ofrecer a la Humanidad si se le concedía la fusión de la carne y el espíritu. Yngethel respondió que podía hacer todo esto. Pero Lorgar tenía un último deseo antes de su regreso al Imperio, pues había una última cosa que debía ver por encima de cualquier otra: ¿qué ocurriría si las Fuerzas del Caos perdían la guerra que se avecinaba?

La Verdad Primordial Editar

Esta "verdad" cambió a Lorgar y la Legión de los Portadores de la Palabra para siempre a medida que fueron exponiéndose a los Poderes Ruinosos del Caos, corrompiéndose poco a poco y convirtiéndose en la primera de las Legiones Astartes en adorar a los Dioses del Caos y en traicionar al Emperador en sus corazones. Lorgar y los Portadores de la Palabra pasaron los años restantes de la Gran Cruzada tratando de iluminar a la Humanidad acerca de la verdadera naturaleza espiritual de la Creación y, en última instancia, recurriendo a la manipulación y el engaño para influir en nueve de los Primarcas hacia la causa del Caos como exigieron sus Dioses, siendo el más notable el Señor de la Guerra Horus. Cuando se hizo evidente que la Humanidad no podía ser iluminada por el Caos sin haber sido destetada por la fuerza y pagando un alto precio en sangre de la falsa Verdad Imperial del Emperador, Lorgar ayudó voluntariamente a orquestar la terrible Batalla de Istvaan III y la Masacre del Desembarco en Istvaan V, así como la Herejía de Horus en sí. Todo en nombre de los Dioses del Caos y la Verdad Primordial que ofrecían y que Lorgar había comprendido durante su infame Peregrinación.

Fuentes Editar

Extraído y traducido de Wikihammer 40K UK.

  • Aurelian (Novela Corta), por Aaron Dembski-Bowden.
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