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Inwit es un mundo helado del Imperio de la Humanidad localizado en el Cúmulo de Inwit del Segmentum Solar. Se sabe que Rogal Dorn, Primarca de la Legión de los Puños Imperiales, pasó una parte significativa de su vida en Inwit antes de ser redescubierto por su padre, el Emperador, y unirse a las fuerzas de la Gran Cruzada a finales del M30. Dorn vivió entre las tribus del hielo que llamaban hogar a Inwit y consideró a uno de los jefes de estas tribus como su abuelo adoptivo. Se dice que la población del planeta vive en enormes colmenas de hielo y su nivel real de tecnología no está claro. El pueblo de Inwit está dividido en distintas tribus y clanes y mantiene un sistema de castas conocido como las Castas de Hielo. Dorn afirmó haber ascendido hasta convertirse en el emperador y caudillo de Inwit y de todos los Sistemas sometidos a él, y también haber construido la Fortaleza-Monasterio móvil conocida como la Falange, que luego se convertiría en la base de los Puños Imperiales.

En la actualidad, Inwit es uno de los dos únicos mundos primarios de reclutamiento del Capítulo de los Puños Imperiales, junto con el Mundo Colmena de Necromunda. Apenas hay información sobre este mundo en los registros imperiales actuales.

HistoriaEditar

Inwit era, y aún es, un mundo de frío y muerte. Su estrella está envejecida y marchita, y despide sus últimos rayos de energía como una luz fría y roja. Fijado por su órbita, una oscuridad perpetua cubre una cara del planeta, mientras que la otra siempre está bañada por una débil luz solar. Laberintos de fisuras, cordilleras heladas y llanuras de dunas de escarcha cubren la cara oscura de Inwit; esta es la Tierra Partida, el territorio salvaje acechado por bestias que moldea los cuerpos y las creencias de la población humana que se aferra a la vida allí. Bajo la corteza de hielo, espesos mares fluyen con mareas perezosas y pálidas criaturas ciegas nadan por sus aguas, cazando mediante ecolocalización y un gusto sobrenatural por la sangre. Muy por encima de esta desolación, enormes y antiguas estaciones espaciales y astilleros contemplan el helado mundo a través de auroras perennes; creadas en un pasado perdido, estas ciudadelas del vacío han vigilado Inwit desde tiempos inmemoriales. Mientras tanto, la cara iluminada de Inwit aporta apenas más comodidad que la oscura, ya que es una tierra de sucios mares salinos y dispersas rocas desnudas sometida a la eterna mirada del sol rojo.

Hay poco de valor en Inwit: sus mares están enterrados o carecen de vida, sus montañas carecen de riquezas y sus especies nativas son peligrosas todas. Sin embargo, sí hay una cosa que este duro mundo produce y que le permitió conquistar todo un cúmulo estelar y resistir como un imperio aislado del orden en medio de la Era de los Conflictos: su pueblo. Aunque son bárbaros, no carecen en absoluto de sofisticación. Los guerreros de Inwit son criados para resistir y sobrevivir. El mundo que les recibe al nacer les enseña a no desfallecer nunca y que el precio de la debilidad es la muerte, para ellos y para el resto de su gente. La muerte adopta muchas formas distintas en Inwit: tormentas de hielo que pueden congelar y enterrar a un hombre en segundos, depredadores con terribles garras vagando por las Tierras Partidas, y pequeños despistes que permiten al frío atravesar los sellos de temperatura de un bastión. Estos factores generan un tipo especial de seres humanos: fuertes, sombríos y dedicados a la supervivencia del conjunto más que de la suya propia. Gran parte de la población planetaria es nómada, y se desplaza entre las colmenas subterráneas de hielo para comerciar con armas, combustible y tecnología. Es habitual que los clanes se enfrenten entre ellos y los jóvenes aprenden a defenderse de los enemigos de su clan tan pronto como aprenden cómo soportar el toque mortal del despiadado frío de Inwit. Saben cómo aprender, tienen un sentido innato del valor funcional de un objeto y, lo más importante, tienen la fuerza para conquistar a aquellos que poseen conocimientos que ellos no.

Hace mucho tiempo, antes de que la venida del Emperador fuera siquiera un sueño en la oscurecida Terra, el pueblo de Inwit empezó a crear su propio reino estelar. En cada mundo que conquistaban, asimilaban, realineaban y reforzaban. Con cada conquista su cultura y su ilustración crecieron, pero el propio Inwit siguió como siempre había sido aun a pesar de convertirse en la capital de un imperio interestelar. Las colmenas de hielo y las disputas entre clanes siguieron y aunque su mundo creaba naves espaciales y se rodeaba ahora de estaciones de armas, sus líderes mantuvieron las antiguas costumbres que les habían dado su fuerza a sus caudillos y matriarcas, los cuales dirigían ejércitos por las estrellas sin dejar de vivir vidas apenas más cómodas que las de sus vasallos. Así era entonces y así sigue siendo.

Fue en este floreciente imperio donde Rogal Dorn creció hasta su madurez y donde llegó a gobernar como emperador. Gran parte de sus primeros años de vida permanece sin conocerse, o al menos apenas se habla de esa época. Lo que sí se sabe es que el chico, llamado Rogal por sus tutores adoptivos, ascendió desde la oscuridad y el frío de Inwit hasta dirigir primero su Casa de Dorn y después gobernar todo el Cúmulo de Inwit. El patriarca del clan que crió a Dorn se convirtió en su abuelo adoptivo, y le enseñó mucho de tácticas, estrategia y diplomacia. Incluso después de que descubrió que no tenía parentesco sanguíneo con su "abuelo", Dorn siguió teniendo en gran estima su recuerdo, y se ponía para dormir cada noche una túnica ribeteada de piel que le había pertenecido. Sus cualidades encajaban perfectamente con las de Inwit, y expandió su imperio más aún que ninguno de sus antecesores, organizó y entrenó a sus ejércitos y fabricó astronaves como nunca se habían visto. Cuando el auténtico Emperador se reunió con Rogal Dorn, recuperó no solo a un hijo perdido, sino también a la fuerza de una sociedad interestelar ya convertida en una máquina de guerra perfecta.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Wikihammer 40K UK.

  • The Horus Heresy I y III.
  • Space Marine, por Ian Watson (ya no se considera parte del canon).
  • The Lightning Tower (Relato Corto), por Dan Abnett.
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