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El Imperio T'au está localizado en la lejana Franja Este de la galaxia en el Segmentum Ultima. Aunque con menos de dos mil años de antigüedad, el dinamismo y la avanzada tecnología de los T'au los ha llevado a expandirse rápidamente por el espacio y a encontrarse tempranamente con todo tipo de otras razas, muchas de ellas ya anexionadas a su creciente imperio, la mayoría de ellas de forma voluntaria, en calidad de aliados o mediante acuerdos comerciales de mutuo beneficio.

Como un nuevo sol, el Imperio T'au expande su luz en la oscuridad del vacío. A la vez que van conquistando mundo tras mundo, sistema tras sistema, esta dinámica joven raza hace retroceder los límites de la ignorancia con la promesa de un camino mejor.

En términos galácticos, su imperio es pequeño, basado alrededor de un racimo globular de estrellas densamente distribuidas, y formado aproximadamente por unos cien mundos colonizados, lo que permite a los T'au viajar entre ellas sin la mayoría de peligros que están asociados normalmente a viajar por la Disformidad.

El crecimiento del Imperio T'au puede clasificarse en cinco fases distintas. Llamadas Primera, Segunda, Tercera, Cuarta y Quinta Esfera de Expansión, cada una de estas inmensas explosiones de incursiones al exterior han visto masivas fuerzas militares en la que, oleada tras oleada de colonos T'au surcan las estrellas. Cada una de esas expansiones han conquistado nuevos mundos y asimilado nuevas razas para el Bien Supremo.

Destino manifiesto[]

Edificio T'au

Los T'au creen que su destino es gobernar y que ha llegado el momento de hacerlo. Aceptan por completo la superioridad de su cultura y tecnología y han reconocido que son la única esperanza de llevar su filosofía iluminadora a los límites de la galaxia, donde predomina la barbarie y la desorganización. No hay hazaña imposible para su ingeniería, no hay dilema que sus científicos no puedan resolver y no hay enemigo al que sus guerreros no puedan superar. Con el tiempo, el resto de razas aceptarán estas verdades y las propias estrellas serán reformadas y realineadas en el nombre de la única causa que realmente importa.

La sociedad estelar de los T'au se guían por completo a un concepto ideológico singular, el T'au'va, que se podría traducir por "el Bien Supremo", una frase que implica que el bien de la sociedad es mayor que el del individuo. Que el individuo deberá dejar de lado sus deseos personales para trabajar por el Bien Supremo es un concepto primordial para los T'au y es imposible subestimar la importancia de este ideal: todos deben trabajar juntos para conseguir que el conjunto de la sociedad avance. El individuo deberá sacrificar sus ganancias personales para la mejora del Imperio en su totalidad. Tan absolutamente concienciados están los T'au con este ideal que ha propulsado su cultura a través de los confines del espacio con una asombrosa velocidad.

Avance imparable[]

El Imperio T'au continúa creciendo, ampliando sus límites. Esta continua expansión implica que los T'au invaden regularmente territorios ocupados, donde se encuentran con ignorancia y hostilidad. Sin embargo, esto no les ha disuadido de su misión, sino todo lo contrario. Cada conflicto aumenta la voluntad colectiva de los T'au y añade mayor claridad a su propósito.

Donde una vez los T'au alzaban su mirada para ver los distantes destellos de estrellas aún sin explorar, ahora las ven como luces brillantes de su propio imperio interestelar.

Aunque los T'au buscan anexionar todo el territorio y asimilar a cualquier nueva raza xenos que descubran, intentan hacerlo por el diálogo, por medio de sus hábiles y persuasivos diplomados, antes que subyugándola por medios militares. Los T'au se han convertido en expertos diplomáticos que ofrecen grandes recompensas a quienes ceden. En estos asuntos los T'au son pacientes, conscientes de que el proceso de incorporación puede llevar años o incluso décadas hasta que un mundo alienígena sea finalmente sometido. A menudo el gobierno T'au es tan sutil que los nativos acaban asumiendo que fue su propia idea. Sin embargo, si encuentran resistencia, las negociaciones se vuelven más agresivas. Y si no se resuelven de forma satisfactoria para los T'au, esas charlas se reemplazan rápidamente con una solución puramente militar, eliminándolos por el descomunal poderío armamentístico del aparato militar T'au.

El aparato militar T'au combate mediante innumerables frentes de batalla galácticos, ya sea con sus poderosas armaduras de combate y guerreros valientes que poseen la fuerza requerida para reforzar el Bien Supremo sobre todos aquellos que lo verían sucumbir. Brillantes a nivel estratégico, totalmente devotos y poseídos de una tecnología increíble, la maquinaria de guerra no tiene igual en su tarea.

El aparato militar de los T'au es un instrumento de muerte finamente engrasado. Su Casta guerrera se prepara para el combate desde su nacimiento. Cada soldado está equipado con armamento de alta tecnología y está comprometido con la causa del Bien Supremo. Sus tropas de élite visten Armaduras de Combate con una asombrosa potencia de fuego. El trabajo combinado de su infantería mecanizada, sus vehículos gravíticos y su flota aérea controla el campo de batalla. Los Comandantes T'au son maestros tácticos, bien versados en las artes de la guerra. Hasta ahora la expansión se ha ralentizado en escasas ocasiones, y nunca se ha detenido.

Sistema de Castas[]

Los T'au han absorbido tan completamente el concepto del Bien Supremo que ha llegado a dar forma no solo a sus propósitos, sino también a la apariencia física de su raza y a la misma sociedad. Desde la llegada de los Etéreos y el fin de su prehistoria (conocida como Mont'au, o "Era de muerte"), los T'au se han dividido en rígidas Castas, cada una responsable de una función específica en la sociedad; cada una contribuyendo con sus conocimientos al conjunto todopoderoso.

Todos los T'au tienen forma humanoide, con dos pies como pezuñas y piel similar al cuero de color azul grisáceo, aunque el tono exacto puede variar volviéndose más azul dependiendo de la exposición al sol. Con el tiempo, cada una de las Castas T'au ha evolucionado para adecuarse a los requerimientos asociados a sus papeles, desarrollando subespecies dentro de la raza T'au. Los T'au nacen dentro de una Casta y la mezcla entre Castas está prohibida por los Etéreos, la misteriosa quinta Casta que lidera el Imperio T'au. Las Castas son las siguientes:

Emblema de la Casta del Fuego.

  • Casta del Fuego - La Casta del Fuego la componen los guerreros de los T'au. Su deber es proteger a las restantes Castas y eliminar a cualquier enemigo lo suficientemente estúpido como para rechazar el Bien Supremo. Tiempo atrás la Casta del Fuego se originó entre las tribus de cazadores de las llanuras de T'au e incluso por aquel entonces ya eran los T'au más fuertes y agresivos. A lo largo del tiempo, los rasgos interesantes de fuerza y tamaño físico de la Casta del Fuego han continuado aumentándose, y cualquier rasgo débil es eliminado de forma rápida. Se guían por el Código de Fuego, cuyo nombre T'au podría traducirse literalmente por "las sendas del guerrero". Esta doctrina que enfatiza las artes marciales, la lealtad y la guerra sin cuartel templada por la sabiduría. Los Guerreros del Fuego pasan sus vidas en combate o preparándose para él, perfeccionando sus tácticas y mejorando sus habilidades.

Emblema de la Casta de la Tierra.

  • Casta de la Tierra - La Casta de la Tierra contiene a los artesanos, constructores y trabajadores de los T'au y es, de lejos, la más numerosa. Ellos son quienes construyen las máquinas, erigen las viviendas y proveen de comida al resto del Imperio T'au. Sin la Casta de la Tierra, las granjas no producirían y las factorías estarían cruzadas de brazos. Los niveles más bajos de la Casta de la Tierra son trabajadores vigorosos que se afanan sin cesar. Las mentes más privilegiadas de la Casta se convierten en ingenieros y científicos, inventores sin igual. Ellos son quienes construyen la sofisticada maquinaria y crean las innovaciones tecnológicas tan frecuentes en todos los niveles de la sociedad T'au.

Emblema de la Casta del Agua.

  • Casta del Agua - El agua es el elemento presente en todas las cosas vivas, fluyendo constantemente para permitir la vida. De igual forma, los miembros de la Casta del Agua son burócratas, políticos, negociadores y administradores. En esencia, son los siervos civiles que se aseguran que la sociedad T'au funcione de forma fluida. La Casta del Agua la constituyen los mercaderes, comerciantes y diplomáticos que se mueven con fluidez entre el resto de Castas y los xenos que se han incorporado al Imperio T'au. Se encargan de disipar los temores y asegurarse de que todas las negociaciones se llevan con eficiencia. Este grupo de la raza T'au siempre ha mostrado un don para los idiomas que se ha desarrollado más a fondo con el tiempo. Un miembro de la Casta del Agua es capaz de aprender idiomas alienígenas con facilidad y tiene una habilidad destacable para comprender y emular incluso los matices más sutiles de la comunicación.

Emblema de la Casta del Aire.

  • Casta del Aire - En épocas antiguas, los T'au de la Casta del Aire eran mensajeros, pero ahora son pilotos y tripulantes de naves espaciales, transportando suministros y guerreros allí donde son necesarios. La Casta del Aire es una fuerza inadvertida (en ocasiones se le llama la Casta invisible) ya que es inusual que pongan el pie en la superficie de un planeta. La mayor parte de sus miembros pasa casi toda su vida en tránsito espacial o atracados en estaciones espaciales. Sus cuerpos han evolucionado según sus nuevas circunstancias y ya no lucen las alas que tuvieron antaño, sino que exhiben una constitución más estilizada en respuesta a su existencia en baja gravedad. Los huesos huecos permiten a los pilotos de la Casta del Aire resistir grandes aceleraciones aunque, a la inversa, son débiles y desgarbados en tierra, o en mundos de gravedad moderada. En combate, la Casta del Aire hace llover muerte desde el cielo mientras pilotan sus cazas de combate o bombarderos en apoyo a los guerreros T'au que haya abajo.

Emblema de la Casta de los Etéreos.

  • Casta de los Etéreos - Los Etéreos son los líderes incuestionables de las Castas unidas que forman el Imperio T'au. Su único papel es una combinación de mando político y espiritual, y sus declaraciones dan forma a cada faceta de la civilización T'au de forma indiscutible, ya que tienen autoridad absoluta. Tal es su absoluta autoridad sobre los T'au que otras razas han llegado a cuestionar sus orígenes. Si un Etéreo ordenara a un T'au suicidarse, sería obedecido de forma instantánea e incuestionable.

Historia[]

Los T'au dicen que "de las tinieblas surge la luz", una frase que en su idioma está cargada de significado: por un lado, se refiere a los amaneceres súbitos y dramáticos del planeta T'au, y por otro, a las leyendas de la llegada de los Etéreos y al espíritu expansionista que se extiende en la oscuridad de la Galaxia.

Orígenes[]

Cerca de la Franja Este de la Galaxia se encuentra el pequeño planeta T'au, un mundo árido con pocas áreas exuberantes y océanos poco profundos. Está dominado por un enorme continente de ricas sabanas y majestuosas llanuras rotas por zonas de desierto rocoso. Mucho antes de que los T'au pisaran las estrellas, empezaron como cazadores en esas llanuras, y conforme sus tribus crecían, migraron por todo el planeta evitando los desastres naturales y buscando evitar las rivalidades crecientes. Conforme pasaron los siglos, cada rama de los dispersos T'au desarrolló su propio camino, mostrando un talento único para adaptarse a su entorno.

En los picos de montaña desolados, aquellos que se elevaban de las cálidas llanuras con sus alas membranosas encontraron su lugar entre el resto de los T'au, como mensajeros y exploradores. Aquellos cuyas migraciones les llevaron a los valles de los ríos establecieron comunidades granjeras bien construidas, desarrollando la metalurgia, las manufacturas y la minería para crear los primeros asentamientos. Otros se dieron cuenta de que las comunidades vecinas podían producir lo que ellos no conseguían y negociaron acuerdos entre tribus dispares, reconociendo el valor inherente de los talentos de los demás. Los T'au que permanecieron en las llanuras crecieron más fuertes, convirtiéndose en cazadores hábiles y agresivos. Cogían lo que querían y si tenían que combatir en una batalla honorable para conseguirlo, mucho mejor.

Mont'au[]

Artículo principal: Mont'au.

La historia de la evolución desde las herramientas de piedra hasta una sociedad avanzada es común a lo largo de la Galaxia. Lo que hace notables a los T'au es la velocidad con la que su cultura saltó de paso a paso. No fue muchas generaciones después de haber establecido sus primeros asentamientos que los T'au empezaron a construir fortalezas y a usar armas de fuego para defenderse de las tribus de saqueadores de las llanuras, aliadas con los T'au del aire.

Las rutas comerciales se cortaron y los T'au que negociaban entre las diversas tribus fueron atacados para evitar que se formaran alianzas. Rápidamente enormes guerras asolaron el continente principal, con las tribus T'au enfrentándose unas a otras en batallas salvajes con armas de fuego primitivas. Las luchas duraron muchos años, con miles de bajas en cada bando y sin que se viera un fin para la matanza. Las míseras condiciones causadas por la guerra y la falta de comida fresca y agua permitieron que las plagas se extendieran hasta el punto de que morían más T'au por enfermedad que en combate. Conforme avanzaba el salvajismo del combate parecía que la raza T'au se extinguiría a sí misma en los fuegos de su propia barbarie.

La llegada de los Etéreos[]

Los T'au habían entrado en su hora más oscura, con la raza al completo siendo destruida por la guerra y la enfermedad. En ese momento se vieron luces extrañas en el cielo y muchos creyeron que eran signos de que llegaban los últimos días, de que la extinción estaba cerca. De esos tiempos surgen varios mitos diferentes sobre cómo lograron librarse de la aniquilación, entre los cuales "Los Etéreos de Fio'taun" es el principal.

La leyenda explica que en la meseta de una montaña llamada Fio'taun, una alianza de habitantes de las llanuras y T'au aéreos puso bajo asedio la ciudad amurallada más fuerte de los T'au constructores. En vano, los comerciantes intentaron negociar con los fieros guerreros de las llanuras, pues su sangre ardía y no estaban dispuestos a firmar ningún tratado. Durante cinco largas estaciones los cañones de Fio'taun mantuvieron a raya a los atacantes, pero los suministros disminuían y la enfermedad campaba dentro de los muros de la ciudad. Conforme caía la noche tras un nuevo día de lucha sangrienta, los líderes de Fio'taun se desesperaban sabiendo que no había socorro en camino.

Emergiendo de la oscuridad, un T'au de apariencia inusual caminó hasta el campo de los sitiadores, pidiendo ver al comandante del ejército. Hablaba tranquilamente aunque con una autoridad innegable, y los guardias ante quienes se anunció se sintieron obligados a escoltarle hasta su líder. En el mismo momento, en el interior de los muros de Fio'taun, un individuo similar se presentó ante los guardias. No quiso explicar cómo había penetrado las defensas de la ciudad y solo dijo que se le debía permitir hablar con el castellano de la fortaleza. De nuevo, su petición no pudo ser ignorada y se le permitió una audiencia con el gobernante. En menos de una hora, las puertas de la fortaleza se abrieron y el extraño guió a los líderes de la ciudadela hacia las antorchas que iluminaban el campamento de sus atacantes.

Cuando los enemigos se encontraron, los recién llegados que se llamaban a sí mismos Etéreos les ordenaron sentarse. Bajo una luna llena y blanca, empezaron a hablar. Los misteriosos extraños explicaron que las habilidades de cada tribu eran únicas y se deberían aprovechar. Hablaron del Bien Supremo que se podía lograr si dejaban de lado sus rivalidades y trabajaban juntos. Los dos extraños hablaron durante toda la noche, con palabras de gran poder. Cuando el sol se asomó en el horizonte, habían acordado una tregua.

Fio'taun fue solo el principio. Poco después aparecieron más Etéreos y su mensaje sobre el Bien Supremo se expandió por todo el planeta. La nueva filosofía se implantó rápidamente. Tras el fin de las guerras intestinas, los T'au florecieron como nunca antes. Ciudades bien construidas se expandieron por todo el territorio y se reabrieron rutas comerciales, mientras que los T'au alados ofrecían comunicaciones de gran velocidad.

Los habitantes de las llanuras recibieron la visita de más Etéreos que el resto de tribus combinadas. Al ser los T'au más agresivos, requirió más tiempo convencerlos de que aceptaran las nuevas formas. Pero conforme fueron viendo los asentamientos cada vez más grandes e impresionantes del resto de tribus, no pudieron dejar de admirar su gran progreso y finalmente accedieron a las súplicas de los Etéreos.

A partir de ese momento, los Etéreo y un concilio de ancianos de cada tribu decretó que los T'au se formalizarían en Castas, cada una conocida por los elementos que definían mejor su papel en el Bien Supremo. Los constructores y artesanos se convertirían en la Casta de la Tierra, los exploradores y mensajeros en la Casta del Aire, los comerciantes y administradores civiles formaron la Casta del Agua y los guerreros de las llanuras serían la Casta del Fuego. Al haber salvado a los T'au de la extinción o, al menos, del salvajismo, los Etéreos fueron reverenciados con la mayor devoción. Aunque siempre han sido la Casta menos numerosa, los Etéreos se convirtieron en la fuerza que guía a los T'au, ya que fueron ellos quienes tuvieron la visión de cómo sería el futuro si se podía unir a su raza.

Primera Esfera de Expansión[]

Antecedentes[]

Los T'au entraron en un periodo sin precedentes de cambios rápidos liderado por las nuevas invenciones y los grandes avances en muchos campos. Cada Casta se sintió inexurablemente impulsada en la persecución de sus objetivos por el Bien Supremo. Los éxitos que siguieron fueron copiosos, con grandes avances descubiertos en metalurgia, ingeniería, producción de energía y fabricación de armamento. Con avances casi diarios y habiendo reducido las privaciones y enfermedades, el planeta T'au dio rápidos signos de superpoblación. De nuevo, los Etéreos tenían las respuestas y señalaron hacia las estrellas. A sus órdenes, la Casta de la Tierra empezó a construir y probar cohetes y la Casta del Aire empezó a entrenar para su nuevo papel como pilotos.

Durante ese periodo de progreso, únicamente la Casta del Fuego pareció no avanzar. Aunque utilizaban nuevas armas y tecnología para eliminar por completo a los grandes depredadores de T'au, no había mucho trabajo para el ejército. Los Etéreos anticiparon su creciente frustración enfocando a la Casta del Fuego en el desarrollo de un nuevo régimen muy disciplinado. Usaron como guía las enseñanzas del Código de Fuego, las antiguas formas que habían pasado de generación en generación desde que eran tribus cazadoras. Con el "camino del guerrero" como guía, la Casta del Fuego preparó un sistema de entrenamiento desde el nacimiento hasta la muerte, el inicio de la tradición formal que todavía siguen llevando a cabo en la actualidad.

La noción de que el futuro de los T'au estaba en las estrellas prendió firmemente en todas las Castas. Cuando los primeros cohetes salieron de la atmósfera planetaria, los T'au establecieron comunidades orbitales seguidas de una base en Lu'val, la luna más cercana. Se enviaron naves de exploración y sondas de largo alcance. Los T'au se cercioraron de que su mundo residía en un grupo de planetas muy cercanos entre sí y los informes afirmaban que muchos de ellos eran capaces de sostener vida. La construcción de un enorme muelle orbital permitió construir naves espaciales más grandes y los primeros esfuerzos para colonizar dieron comienzo en los planetas cercanos a T'au.

Primeras conquistas[]

Los T'au continuaron ampliando su reino rápidamente, aunque las bajas fueron elevadas entre esos primeros exploradores. Aparte de que el viaje espacial y los nuevos entornos estaban cobrándose un precio en vidas, conforme los T'au se aventuraban cada vez más lejos empezaron a encontrarse bestias alienígenas, muchas de las cuales demostraron ser peligrosas.

Entonces llegó el momento en que los rigurosos entrenamientos de los Guerreros del Fuego probaron su valía. Las colosales bestias reptilianas de D'yanoi mataron a muchos colonizadores antes de que los despliegues rápidos y las andanadas de disparos lograran hacerlas retirarse. En Sa'cea, el planeta desierto estaba invadido por depredadores carnívoros que la Casta del Fuego tuvo que cazar y destruir antes incluso de que los pobladores se atrevieran a aterrizar.

En esas primeras expansiones, los T'au también se encontraron con razas alienígenas, civilizaciones enteras de criaturas pensantes. Mientras que la Casta del Fuego solo buscaba destruir a quienes se les oponían, cazándolos igual que a animales salvajes, los Etéreos vieron una oportunidad de llevar la ilustración en vez de la guerra. Del mismo modo que los Etéreos habían detenido la guerra en T'au y unido a todas las tribus en un propósito común, los alienígenas serían acogidos y se les daría la oportunidad de compartir el Bien Supremo. Los Etéreos guiaron al resto de Castas para que los aceptaran, sin importar lo extraños que fueran. No importaba si esas criaturas estaban sumidas en la barbarie, esclavizadas por la superstición o si sencillamente desconocían la magnitud del gran destino desplegado ante ellos: los Etéreos dijeron que todos debían ser bienvenidos al emergente Imperio T'au.

A partir de ese momento, siempre que se encontraba una nueva cultura alienígena, los Etéreos empleaban su estrategia maestra, en la que cada Casta T'au representaba su papel. Primero los planetas eran examinados por la Casta del Aire y aquellos clasificados como deseables se seguían investigando. Si se descubría una civilización alienígena, los embajadores de la Casta del Agua eran enviados para contactar aprovechando su entrenamiento como negociadores. Cada oferta de integración se ideaba cuidadosamente para atraer a sus destinatarios: propuestas de tratos comerciales, protección de enemigos o maravillas tecnológicas construidas por la Casta de la Tierra.

Se extendieron saludos honorables e invitaciones a los armados Thraxianos, los invertebrados Greet, los Nicassar y muchos más. A todos se les ofreció unirse al Imperio T'au, aliarse para conseguir protección mutua, comercio y tecnología. Los alienígenas más primitivos se inclinaron rápidamente ante los discursos de la Casta del Agua, mientras que otros accedieron gradualmente. Finalmente, el resultado fue el mismo, y en un corto periodo de años, la hegemonía cultural T'au era dominante, con cada raza haciendo su parte para ayudar al Bien Supremo. Por ejemplo, en su mundo natal acuático de Isla'su, los Greet permitieron que la Casta de la Tierra construyera muchas factorías flotantes sobre la superficie de su planeta. Ese fue el pago por la protección de su planeta que dieron las estaciones orbitales, permitiendo a los Greet contribuir de mejor forma al Bien Supremo.

No todas las razas alienígenas fueron tan complacientes. Aquellos que rechazaron cooperar recibieron duros ultimátums. Toda la fuerza de la Casta del Fuego se lanzó sobre aquellos que no los cumplieron. Siguiendo órdenes, los Guerreros del Fuego T'au descendieron desde la órbita sobre los planetas designados y efectuaron una serie de rápidos golpes a sus enemigos antes de retirarse para evitar represalias. Después de semejantes ataques, todos excepto los más impenitentes reconsideraron su posición. Con sus industrias clave destrozadas y sus comunicaciones a largo alcance inutilizadas, muchos alienígenas se encontraron fraccionados, incapaces de saber si el resto de los suyos ya habían aceptado los términos de los T'au. Estas tácticas de divide y vencerás atrajeron a más enemigos a la mesa de negociaciones, pero en algunos casos, las guerras de aniquilación fueron inevitables.

Aunque la población crecía exponencialmente, su expansión tenía una escala tan grande que los guerreros de la Casta del Fuego se veían cortos de efectivos. A menudo eran superados numéricamente, pero sus Comandantes aprendieron rápidamente que incluso el mayor ejército enemigo puede ser derrotado con una serie de golpes rápidos y el uso juicioso de una potencia de fuego abrumadora. Dada la elección entre una aniquilación sangrienta y la asimilación y supervivencia en los límites del Imperio T'au, todas, excepto las razas más tozudas, se rindieron ante lo inevitable. Sin embargo, una raza demostró ser una excepción notable.

La amenaza Orka[]

Los Orkos son una raza prolífica y brutal que resuelve incluso los problemas más triviales mediante la violencia. Los T'au descubrieron por primera vez a los Orkos en los planetas que rodean T'au'n, su primera gran colonia. No tardaron en recibir informes de tribus Orkas dispersas de todos los Sistemas Estelares que investigaban. Los sofisticados T'au rápidamente aprendieron a identificar la presencia Orka con su equipo de escaneo y esta apareció con alarmante regularidad en planetas, lunas, cinturones de asteroides y en cualquier lugar que pudiera permitir vida. Costó muchas batallas antes de que los T'au abandonasen sus fútiles intentos de absorber a los Orkos de la forma que había resultado ser útil con una docena de civilizaciones alienígenas anteriormente; sencillamente no existía posibilidad de negociar con semejantes criaturas. Los Etéreos confirmaron que esos alienígenas eran una causa perdida y modificaron los protocolos para renunciar a cualquier intento de integrar a los Orkos, declarando que el Bien Supremo sería mejor sin ellos.

Ahora, cuando estos problemáticos alienígenas son descubiertos, el procedimiento habitual es acercarse a los Orkos de una de estas dos formas: destruyéndolos lo más rápido posible en una guerra total, o marcando el territorio con balizas de aviso para establecer un perímetro de seguridad alrededor de los alienígenas salvajes. Aunque estas técnicas parecen útiles en teoría, los T'au han aprendido a través de amargas experiencias que ningún método es infalible y que los pielesverdes son impredecibles. Los Orkos disfrutan de las guerras prolongadas y han demostrado ser casi imposibles de erradicar por completo, reapareciendo en mundos donde su amenaza había sido aniquilada. Sus flotas de invasión tienen la inquietante tendencia de sobrepasar las lecturas de sus sensores y reaparecer causando el caos en alguna esquina lejana del Imperio T'au. Con el tiempo, solo la vigilancia constante y la respuesta rápida parecen ser efectivas como contramedida.

Final de la Primera Expansión[]

Al final del primer milenio de la Primera Esfera de Expansión, como se la llamó más tarde, el Imperio T'au se había desplegado por los cielos y consistía en ocho Sistema completamente habitados conocidos como Sectores. Los Sectores recibían su nombre de su "capital sectorial" y podían incluir cualquier cantidad de planetas o lunas colonizados, así como otras posesiones como puestos de escucha, campos de sensores, satélites escudo, ciudades orbitales y operaciones mineras. Todo conectado por una serie de estaciones espaciales y una enorme red de comunicaciones y sensores entre las ubicaciones más importantes. Aunque llevó varias generaciones establecerse, cada Sector es único, con sus propios matices culturales y con proporciones variadas de las diferentes Castas y poblaciones alienígenas.

Se combinaron diversos factores para dar fin al primer gran periodo de rápido crecimiento de los T'au. En primer lugar, a pesar de la explosión de población que su raza había estado experimentando, su número se estaba estirando demasiado y se notaba la necesidad de más individuos de cada Casta. Los guerreros de la Casta del Fuego, en especial, estaban muy demandados ya que las guerras de conquista habían sido costosas y diversos conflictos seguían activos en zonas periféricas. La segunda razón debido a la cual se detuvo la Primera Esfera de Expansión fue debido a las distancias entre Sistemas. Después de colonizar la densa zona cercana a T'au, la distancia entre mundos se hizo mayor. En esa época, era totalmente imposible cruzar todo el Imperio T'au en una sola vida, y cruzar los negros abismos que rodeaban sus Sistemas Estelares llevaría muchas, muchas generaciones. Los T'au necesitaban innovar en sus métodos de viaje espacial.

La unión fortuita con los Kroot[]

Al final del primer período de expansión, una flota de exploración a las afueras de Dal'yth localizó naves Orkas disparando a las esferas de guerra Kroot. Los desconocidos Kroot defendían su enclave en el planeta Krath, aunque estaban siendo abrumadoramente superados en número. Aunque en un principio solo pretendían observar, los T'au se vieron arrastrados al combate cuando tanto el Almirante de la Casta del Aire como el Comandante de la Casta del Fuego no soportaron ver a los Orkos hacerse con la victoria. Por tanto, desplegaron rápidamente su flota y destrozaron las naves pielesverdes. Pero tardaron demasiado en darse cuenta de que aquello solo era la vanguardia de una enorme fuerza de invasión, que estaba acercándoseles mientras les rodeaba en círculo.

Así empezó una guerra, tanto en el espacio como en diversos planetas, que más tarde se llamó la Guerra del Punto de Unión y que marcó la primera ocasión en que los T'au y los Kroot lucharon hombro con hombro. Esta alianza fue tan efectiva que retuvieron a los Orkos durante suficiente tiempo como para que llegaran los refuerzos de Sa'cea y lograran triunfar sobre los pielesverdes. Los T'au quedaron tan impresionados con las proezas en combate de los Kroot, que acordaron extender esa alianza hasta liberar el resto de enclaves Kroot que también estaban bajo ataque Orko. Durante los siguientes diez años, los T'au ayudaron a eliminar todos los signos de Orkos de los mundos Kroot y eventualmente visitaron su mundo natal de Pech a instancias del principal líder de los Kroot, el legendario Anghkor Prok. Allí en la sagrada Piedra del juramento, el líder Kroot juró alianza con el Imperio T'au y comprometió a sus guerreros a luchar por el Bien Supremo (y una paga regular). Ese compromiso, y la cooperación entre ambas razas sigue honrándose a día de hoy. Los Kroot son, de lejos, la fuerza auxiliar alienígena más común al servicio de los ejércitos T'au. Los T'au valoran los servicios militares de los Kroot, aunque siguen esperando que la exposición a su cultura superior cure a los Kroot de sus tendencias caníbales.

Nuevos preparativos[]

Aunque su reino era mayor de lo que nunca había sido, el planeta T'au siguió siendo el corazón espiritual del Imperio T'au. Entre los nacidos en Sectores distantes, solo los de mayor rango podían viajar a ver su mundo ancestral, aunque todos ofrecían gran deferencia a los Sectores más antiguos. Allí, los oficiales de alto rango de cada Casta se reunían en concilios bajo las cúpulas resplandecientes que dominaban el paisaje, recibiendo la sabiduría de los más antiguos de la Casta de los Etéreos. Desde el Alto Concilio, las órdenes de expansión se transmitían y llegaban a las estaciones de transmisión de los confines del Imperio.

Los Etéreos dirigieron el Consejo sin descanso, empujando a todas las Castas a conseguir mayores objetivos. Los T'au dedicaron el siguiente medio siglo a reconstruir sus ejércitos, reforzar sus infraestructuras y prepararse para la siguiente expansión. Se enviaron sondas de prueba para explorar el golfo de espacio vacío más allá de los límites del Imperio, lo que marcó el inicio de una nueva tecnología: la inteligencia artificial.

La Casta del Agua intentó complementar la escasez de población T'au redoblando los esfuerzos de integración de sus mundos alienígenas más lejanos en el Imperio. Esto se logró de una miríada de formas. Por ejemplo, los robustos aunque poco inteligentes Anthrazods probaron ser muy apropiados para la ardua tarea de la minería en asteroides, mientras que los pequeños crustáceos de miembros diestros nativos de Brachyure no tenían rival en la delicada tarea de montar minúsculos generadores de plasma necesarios para las últimas invenciones de la Casta de la Tierra. Pero fue la alianza con los Kroot la que provocó, de largo, la mayor diferencia, ya que en un corto período de tiempo los ejércitos de la Casta del Fuego fueron reforzados por millones de guerreros adicionales que les ayudaron a luchar por el Bien Supremo, aunque de una forma más mercenaria de lo considerado como ideal.

Solo la Casta de la Tierra había fallado en conseguir la meta prescrita. Aunque los centros de ingeniería de cada Sector trabajaban diligentemente y proveían de innumerables innovaciones, la invención demandada por los Etéreos, un sistema de propulsión para viajar a las estrellas, les eludía. Finalmente, el salto cuántico llegó desde el Sector Fal'shia, donde finalizaron el desarrollo del Motor acelerador ZFR Horizon. Este ingenioso diseño permitía que las naves viajasen a una velocidad cercana a la luz. Gracias a él se pudo entrar en la siguiente fase de progreso.

Segunda Esfera de Expansión[]

Con flotas más rápidas y ejércitos impulsados por el influjo de las escuadras Carnívoras Kroot, el Etéreo Supremo T'au Aun'Wei declaró que los preparativos estaban acabados. Con una única orden que se escuchó por todo el Imperio, los T'au lanzaron la Segunda Esfera de Expansión. Ramificándose desde cada uno de los centros de las colonias de la Primera Esfera se desperdigaron grandes flotas en la oscuridad, dispersando el Bien Supremo hasta mundos que desde T'au parecían pequeñas motas de luz lejana.

La Segunda Esfera de Expansión demostró ser más dinámica incluso que la primera, alejándose más en el espacio y estableciendo una docena de nuevos Sectores. Durante esta época surgió una leyenda dentro de la Casta del Fuego, el mayor pensador y estratega militar de su época y, tal vez, de todas las épocas, el Comandante Jun'nami. Lideró a sus guerreros en rápidas victorias y Sistemas Estelares cayeron bajo sus campañas de conquista. Muchos de los Sectores de la Segunda Esfera, como Elsy'eir y Tash'var, deben su existencia a las brillantes estrategias de Jun'nami y fueron sus contraataques maestros los que detuvieron las invasiones Orkas que amenazaban con conquistar el Sector Au'taal. Se dice que incluso los Orkos aprendieron a temer enfrentarse a un ejército liderado por Jun'nami, ya que aunque los pielesverdes disfrutan luchando, sus tácticas les robaban gran parte de la diversión con evasivas y retiradas. La aplicación de la estrategia y la teoría militar de Jun'nami sigue siendo enseñada en la actualidad en todas las academias de la Casta del Fuego.

El último progreso de la Segunda Esfera de Expansión fue el cruce con éxito del Golfo de Damocles, una misteriosa sección del este galáctico que había frustrado todos los intentos previos de los T'au de cruzarla. Una vez al otro lado de ese fenómeno espacial rugiente e innavegable los T'au establecieron rápidamente muchas colonias y puestos avanzados haciendo sus primeros contactos con el poder más extendido de la Galaxia, el Imperio de la Humanidad. Después de una campaña larga y sutil, el Imperio T'au había invadido pacíficamente muchos planetas del área del espacio conocida por los humanos como el Subsector Timbra del Segmentum Ultima.

Las amargas y destructivas guerras que se desataron no se parecían a nada que los T'au hubieran experimentado con antelación y esos conflictos sangrientos marcaron el inicio del fin de la Segunda Esfera de Expansión.

Contacto con el Imperio[]

Desde que se aventuraron en el espacio, los T'au habían obtenido un éxito tras otro. Guiados por los Etéreos, cada Casta había superado todos los obstáculos que habían encontrado y nadie dudaba de la ascendencia de los T'au. En el lejano Golfo de Damocles, sin embargo, los T'au se encontraron con un enemigo como ningún otro y las batallas subsiguientes marcaron el inicio de una nueva era.

El primer contacto del Imperio T'au con la Humanidad no fue con el Imperio, sino con elementos disidentes que operaban en los límites de sus grandes dominios. El Imperio del Hombre es el mayor reino de la galaxia, aunque gran parte de su territorio nunca ha sido explorado, o ha sido olvidado, a lo largo de su historia. La región del espacio alrededor del Golfo de Damocles es ese tipo de área, una zona salvaje donde el Imperio T'au encontró espacio donde echar raíces.

En primer lugar, los T'au se encontraron con capitanes libres, piratas y colonias humanas perdidas que habían olvidado sus orígenes y conexiones con la Humanidad. Esos contactos iniciales oscilaron entre las negociaciones comerciales amistosas y la hostilidad instantánea. Pasó algún tiempo antes de que la Casta del Agua se diera cuenta de que los humanos que habían encontrado eran restos perdidos o exiliados voluntarios de un gigantesco imperio galáctico. Los mundos reclamados por disidentes humanos fueron anexionados rápidamente al Imperio T'au, pero hubo mucho debate sobre cómo aproximarse a aquellos planetas que todavía mantenían lazos con el Imperio. De la forma habitual, los líderes de alto rango de las Castas debatieron la situación con los Etéreos.

Para algunos miembros del Alto Concilio el Imperio de la Humanidad parecía demasiado poderoso como para enzarzarse en una guerra que no podrían ganar. Los líderes de la Casta del Fuego pedían guerra, pero fue Aun'va, el Etéreo segundo en autoridad tras el Etéreo Supremo Aun'Wei, quien trazó el plan. La Casta del Agua se iba a integrar en los mundos humanos leales al Imperio, penetrando en las cortes de los Gobernadores Planetarios. Tras algún tiempo, una veintena de mundos del Imperio ya comerciaban con los T'au. Los bienes alienígenas, en especial la tecnología de la Casta de la Tierra, fluían por esos mercados en contradicción flagrante de las leyes imperiales. En ese momento fue adecuado iniciar la segunda fase de las instrucciones de Aun'Va.

Cuando se consideró que esos mundos estaban listos, los enviados de la Casta del Agua susurraron palabras bien ensayadas en oídos dispuestos. Las semillas de la rebelión llevaban tiempo cultivándose y ahora daban fruto. Uno por uno, los Gobernadores Planetarios declararon a sus mundos como liberados de los grilletes del Imperio. Se había tardado décadas, pero los T'au se expandían más rápido y con menos bajas de lo que la mejor campaña militar podría haber conseguido.

La respuesta del Imperio de la Humanidad a semejante sedición tardó en llegar, pero cuando lo hizo fue característicamente brutal. Los T'au fueron condenados como una especie xenos peligrosa y se lanzó la Cruzada de Damocles para expulsarlos de la región. Las fuerzas imperiales eran inmensas, basadas en una docena de naves enormes e incluían diecinueve Regimientos de la Guardia Imperial y 5 Compañías provisionales de Marines Espaciales reclutadas de una docena de Capítulos. Las batallas iniciales fueron grandes victorias para el Imperio de la Humanidad ya que el poder de su flota y la rapidez de sus ataques destrozaron los puestos avanzados y eliminaron colonias periféricas. En un corto período de intensos conflictos, los T'au acabaron retirándose del Golfo de Damocles, aunque en los últimos pasos de este conflicto las victorias del Imperio no se consiguieron con tanta facilidad.

Los planetas que se habían aliado con los T'au estuvieron sujetos a duras recriminaciones; la Inquisición descendió sobre los restos de población humana e infligió duros castigos sobre aquellos que habían rechazado la palabra del Emperador. Entretanto, la Cruzada siguió la retirada T'au a través del Golfo de Damocles hasta entrar en terreno T'au.

Dal'yth desafiante[]

El primer signo de la invasión llegó a Pra'yen, el planeta más remoto del Sector Dal'yth. Después de localizar lecturas inusuales, los T'au inspeccionaron la zona con ópticos de largo alcance y se sorprendieron al ver grandes desgarraduras abriéndose en el espacio de las cuales emergían enormes Acorazados imperiales y flotas de apoyo. Aunque la flota T'au y la estación orbital bien defendida de Pra'yen causaron estragos en la Flota Imperial, el camino no tardó en despejarse para que la Cruzada avanzara hacia Dal'yth Prime.

Las fuerzas imperiales descendieron en Dal'yth Prime. En este caso no estaban tomando un mundo imperial recién convertido o una colonia recién fundada, sino que se estaban internando en una capital sectorial T'au muy poblada. Aunque enjambres de luchadores atmosféricos respondieron al ataque, el Imperio logró tener éxito y establecer una cabeza de playa. Rápidamente, las tropas Imperiales de tierra con los Titanes y formaciones de blindados a la cabeza, descendieron y empezaron a acercarse a la conurbación de Gel'bryn.

El avance imperial quedó estancado por una tormenta de misiles que les atacaba desde las colinas. Cuando las unidades intentaban enfrentarse a los observadores T'au, se encontraron con tropas de salto protegidas por campos de camuflaje. Cada vez que las fuerzas imperiales conseguían algo de ventaja, se encontraban con contraataques de la Casta del Fuego. La noche era el peor momento ya que bajo la cobertura de la oscuridad los T'au atacaban sin piedad. Gracias a su mejor tecnología óptica los T'au pudieron infligir mayores bajas de las que recibieron. Los Marines Espaciales intentaron aterrizar tras las líneas enemigas y recuperar la iniciativa pero fueron derrotados por equipos de Armaduras de Combate pesadas cuya potencia de fuego derribó sus transportes.

A pesar de sus bajas, las fuerzas imperiales continuaron avanzando y muchos sectores de Dal'yth fueron destruidos o evacuados. Pero con la llegada de más refuerzos T'au al frente y los problemas que tenía la Flota Imperial para mantenerse en órbita, la ventaja imperial acabó y se vieron obligados a retirarse dejando mucho de su equipo detrás. Parecía factible que los T'au rodearan a los cruzados pero ante la insistencia de los Etéreos, la Casta del Agua abrió un diálogo y acordó una tregua que permitió a los invasores una retirada sin problemas.

Preparándose para la tormenta[]

Después de la gran batalla de Dal'yth se inició una paz incómoda en el Golfo de Damocles. Aunque los mundos del Imperio se prepararon para una nueva ofensiva, otras preocupaciones más urgentes hicieron necesario el redespliegue de los ejércitos de la Humanidad.

El Imperio había demostrado una fracción de su poder pero había sido suficiente para hacer retroceder a los T'au. Sin embargo los T'au habían aprendido de los enfrentamientos y la Casta del Fuego había conseguido importantes conocimientos de los métodos de la Humanidad. Habían luchado contra un enemigo dispuesto a absorber grandes pérdidas, como los Orkos, pero al contrario que los pielesverdes, las fuerzas imperiales utilizaban una gama mucho más amplia de tácticas y tenían un arsenal mucho más impresionante.

Tras el combate, los Etéreos pidieron un estudio completo de los cautivos y del equipo recuperado. La Casta de la Tierra declaró que la mayor parte de la tecnología era inferior o demasiado inestable para intentar usarla, como por ejemplo las Armas de Plasma. Sin embargo, hubo descubrimientos que les dejaron con los ojos abiertos y la Casta de la Tierra quedó asombrada al estudiar un Motor de Disformidad que habían obtenido. Sin conocimientos sobre la Disformidad, se encontraron con que el extraño aparato era insondable. Además descubrieron que los humanos capturados que lo operaban parecían no saber cómo funcionaba y que únicamente lo utilizaban mediante rituales supersticiosos y cánticos.

El avance continúa[]

Al inicio de la guerra con el Imperio de la Humanidad, Aun'Va se presentó frente al Alto Concilio de Etéreos y presentó sus preocupaciones. Imploró al Etéreo Supremo, Aun'Wei, en el ocaso de sus días, el derecho a reclamar las pérdidas T'au. Los T'au tienen una confianza inquebrantable en su propio destino y están seguros de que sus métodos son los mejores. Sin embargo, tras su larga retirada por el Golfo de Damocles y su primera experiencia con las formidables fuerzas del Imperio de la Humanidad, muchos T'au tenían dudas. Nunca habían probado la derrota como raza en ninguno de sus esfuerzos previos. Aun'Va argumentó que si no se actuaba se formarían grietas en los cimientos de sus creencias y eso no debía pasar. Viendo la verdad en sus palabras, el anciano Etéreo asintió, dejando que Aun'Va organizara los detalles.

Aun'Va sabía que los mundos privados de derechos del Imperio de la Humanidad podían ser manipulados, y gracias a las comunicaciones interceptadas advertía también qué Sectores en la zona del Golfo de Damocles no esperaban refuerzos. En consecuencia, Aun'Va ordenó a la Casta del Fuego que volviera a cruzar ese espacio, y el floreciente Imperio T'au se extendió hacia los reinos de la Humanidad, esta vez para reclamar sus colonias recientemente perdidas.

Aunque tenía algunas dudas sobre su elección, Aun'Va eligió al Comandante O'Shovah para liderar los aspectos militares. O'Shovah, protegido del legendario Comandante Jun'nami, era un líder dinámico y con mucha voluntad que se había hecho conocido durante las recientes campañas contra los Orkos. Su habilidad táctica le había hecho ganarse el nombre de Comandante "Previsor", ya que era capaz de anticiparse y explotar el curso de acción del enemigo como si ya conociera de antemano los planes de batalla del enemigo.

Inicialmente, la elección de Aun'Va parecía correcta; cada planeta que se debía reconquistar, se tomó rápidamente. Con gran parte de sus fuerzas armadas en otros frentes, los defensores humanos que quedaban no tuvieron oportunidad alguna contra los golpes devastadores de corto alcance y los avances audaces que eran la firma de O'Shovah. Todo el Imperio T'au se regocijó con las noticias de cada una de sus victorias.

Bifurcación de caminos[]

Cuando