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"Nosotros somos la sombra y la muerte. Somos aquellos que te vigilaban mientras traicionabas al Emperador. Por ello, estás muerto"

Última incorporación de datos encontrada en un líder insurgente, hallado muerto. M.34

Encuentro con el EmperadorEditar

Tras encontrarse con Lion El'Jonson y entregarle la que sería su Legión, el Emperador partió de Caliban con rumbo al Segmentun Pacificus. En lo más profundo del Segmentum encontró un planeta enorme. Los escáneres que los miembros del Adeptus Mechanicus hicieron desde la la enorme barcaza de batalla del Emperador detectaron formas de vida humanas repartidas por todo el planeta, pero antes de que los escáneres terminasen de realizar la prueba, una nave, que ahora podría equivaler a un modelo antiguo de fragata de los Marines Espaciales, se les acercó. Las comunicaciones fueron perfectas, y pronto la enorme barcaza se dirigió hacia el planeta con grandes noticias. Mientras se alejaba, el Emperador sufrió un pequeño ataque de dolor en cabeza. Nada más ver cómo su señor sufría, el Adeptus Custodes pensó que los culpables eran los miembros de la fragata, por lo que mandaron abrir fuego; la nave acabó destruída.

El planeta reaccionó deprisa. Enormes salvas de fuego láser impactaron en los escudos de la flota. Éstos eran potentísimos campos de energía, pero aun así un par de naves cayeron hacia el planeta, destruyéndose en la atmósfera. El Emperador ordenó un alto el fuego inmediato, pero las ansias de victoria de varios de los capitanes de las naves de la flota los llevó a lanzar varias bombas víricas de gran potencia contra la zona más poblada del planeta, un continente que contaba con más del 80% de la población total. Las consecuencias fueron cataclísmicas, miles de millones de muertos en un sólo momento, la vida en ese continente fue prácticamente erradicada y lo peor de todo es que la tecnología que hubiese en ese planeta podría haberse perdido para siempre.

El Emperador ordenó un desembarco para ver si se podía salvar a algún superviviente. Sólo encontraron a una y ya se estaba muriendo. Según pudieron averiguar más tarde, las últimas palabras de aquella desdichada fueron relativas a alguien llamado el Ángel Exterminador. No pudieron sacar nada más en claro. Pero mientras las tropas imperiales tomaban posiciones, fancotiradores invisibles derribaron a cientos de soldados e incluso a un miembro del Adeptus Custodes. Durante más de una semana sufrieron continuos ataques que debilitaron algo a las tropas invasoras. En muy contadas ocasiones se pudo devolver el fuego, y en ninguna se pudo ver a uno solo de los cazadores, ni siquiera un cadáver. Por si no era poco empezaron las desapariciones, al principio eran los que tenían que hacer patrullas alejadas de los edificios del campamento principal, pero pronto se produjeron dentro del propio recinto destinado para los altos oficiales.

Todos cambió cuando un sargento de las diez escuadras que Lion El'Jonson le había cedido a su "padre" retó a los tiradores, le respondió el silencio. Durante mucho tiempo paró todo tipo de acción hostil hacia los imperiales, hasta que, sin previo aviso, una larga fila de figuras, cercana a medio centenar, ataviadas con largas túnicas grises y encapuchadas, se acercaron al campamento. Iban precedidas por una mucho más grande y vestida totalmente de negro. El Emperador dejó que entrasen. Los cuchicheos sobre el Ángel Exterminador llenaron las bocas de los soldados.

-Tus soldados son muy buenos, hijo mío- la potente voz del Emperador recorrió todos los rincones del campameto.

Todos los presentes miraron al encapuchado.

Este dejó caer su capucha. Todos esperaban ver a un hombre sumamente atrayente, pero en su lugar se encontraron con un rostro total y llanamente vulgar. Uno de los oficiales de las nave lo reconoció como un miembro de una de las tribus primitivas con las que había contactado durante los meses siguientes al desembarco.

Tras una breve conversación, el Primarca se unió oficialmente a las filas imperiales, junto con todas sus tropas. Estas recibieron el material genético de su Primarca, convirtiéndose así en la Segunda Legión de Marines Espaciales: los Halcones Fantasmales.

Ascenso de IkarusEditar

Gran CruzadaEditar

Nada más incorporarse al creciente Ejército Imperial, Ikarus mandó que la Fortaleza de la Sagrada Orden del Ángel Exterminador fuese convertida en la Fortaleza-Monasterio de la nueva Legión. Muros de rococemento de cien metros de altura sustituyeron a los de veinte metros de piedra. Al estar situada en el corazón de un valle, los alrededores fueron fortificados intensivamente. Los árboles fueron esquilmados y los animaes cazados sistemáticamente. Se construyeron puestos de vigilancia en lo alto de las montañas cercanas guardando los enormes cañones láser que defendían la órbita del planeta. Debajo de la fortaleza se construyó un intrincado sistema de túneles en el que cualquier adorador de Tzeentch se volvería loco. Construyeron un enorme espaciopuerto a su alrededor, desde donde poder lanzar a sus legiones por toda la Galaxia y controlar el creciente tráfico en ese Segmentum. Pero lo que convirtió a aquel planeta en la puerta de entrada al Segmentum Pacificus fue el hecho de que el Adeptus Mechanicus quisiera establecer un puesto avanzado desde el cual partirían y al cual llegarían todas las empresas científicas del Segmentum.

Cuando llegó el turno de convertir a los miembros en marines hubo cierta tensión, pues muchos de los integrantes de la orden se negaron a someterse al control imperial tras ver cómo su planeta era devastado por un error. Se decía que incluso Ikarus, el propio Primarca, había reclamado las cabezas de los capitanes de las naves. Al final todos se sometieron y el proceso de transformación fue completado. Los nuevos marines espaciales mostraban una mutación especial como más tarde mostrarían los Lobos Espaciales y la Guardia del Cuervo. La mutación consistía en que podían dilatar casi hasta el máximo sus pupilas, haciendo que pudiesen ver cosas que incluso para los demás marines estarían demasiado lejos. Si bien es cierto que solo un puñado de personas fuera de la Legión lo sabían (el Emperador, el resto de Primarcas y el Fabricador General del Adeptus Mechanicus), no le dieron la suficiente importancia.

Ikarus adoptó los colores de la antigua orden, el negro y el azul, para colorear las servoarmaduras de sus fuerzas. El símbolo que cada miembro de esa hermandad de asesinos sin corazón iba a portar no fue otro que el del tótem de Ikarus: el Halcón Fantasmal.

Durante la Gran Cruzada no participaron tan explícitamente como las demás legiones, pues ellos preferían la discrección antes que la fuerza bruta o las tácticas enrevesadas, por lo que fueron utilizados como fuente de la Inteligencia Imperial (organización disuelta al poco de terminar la Herejía de Horus). Un dato a aportar es que siempre elegían los planetas a los que iban a invadir los Devoradores de Mundos. Angron nunca mostró disconformidad, pues los planetas estaban fuertemente defendidos y llenos de soldados. Dichos planetas fueron testigos de la ansia cada vez mayor de sangre por parte del Primarca. Ya avanzada la Gran Cruzada les fue dada la misión de unificar a los distintos cultos de asesinato, que cada vez cobraban mayor importancia para resolver los problemas emergentes, por lo que estos fueron absorbidos por la II (Inteligencia Imperial).

Relación con el resto de PrimarcasEditar

Ikarus siempre se mostraba varias facetas dentro del estrecho círculo que formaban aquellos superhombres.

Siempre los trataba con cordialidad y cortesía. Pero, tan pronto como reía y comía con Leman Russ, desaparecía dejando un regusto amargo al acercarse Roboute Guilliaman o Rogal Dorn.

Se llevó perfectamente desde el primer momento con Lion El'Jonson. Le devolvió en cuanto pudo a los soldados que habían llegado junto al Emperador, y que entrenaron a los novatos marines.

Nunca rehusó estar con Horus, Perturabo o Angron (con quien llegó a tener cierta amistad, a pesar de que no le gustaba su modo de combate). Con los demás primarcas se llevaba bien. Se podría decir que comerciaba con los Salamandras y con los Manos de Hierro, pues tenían intereses tecnológicos "comunes". Una vez incluso retó a Jaghatai Khan a una carrera de motos. El resultado fue todo un barrio destrozado y varios centenares de heridos graves.

Sólo un Primarca se granjeó la enemistad eterna de Ikarus. No fue otro que el hermoso Sanguinius. Los archivos de Terra muestran una grabación en la que los dos Primarcas discuten sobre el hecho de que Sanguinius había robado a Ikarus la PCE de las retro-alas y de la cañonera Stormraven, años antes de que la Herejía golpease el Imperio. En una de las contestaciones Sanguinius afirmaba que solo él y su Legión tenían "el derecho a gobernar los cielos". Ikarus se quedó callado un rato y, cuando finalmente se movió, le reventó la nariz a su alado hermano. Varios Primarcas se levanteron de sus asientos, entre ellos se contaban Roboute y Horus, este último riendo por lo bajo.No dando ninguna explicación a ninguno de sus hermanos y dejando en el suelo al primarca, se quedo en silencio un buen rato, fulminando con la mirada a su hermano, y haciendo retroceder con la mirada de pupilas dilatadas a la propia Guardia Sanguinaria que lo acompañaba. Cuando Ikarus iba a abandonar el lugar una potente voz lo detuvo.

-"¿Por qué golpeas a tu hermano Ikarus?"- El Emperador había aparecido y parecía indiferente.

-"Es un ladrón, "padre". Pero no pienso cortarle una mano porque se que la sustituirá por una biónica y se hará el mártir hasta el final de sus días"- miró burlonamente al Emperador-", oh, gran protector de la humanidad."  Dicho esto Ikarus salió de la estancio no sin mirar a su padre, rodeado por el Adeptus Custodes. Pero no se fue solo, nueve primarcas lo siguieron.

Lo que sigue intrigando a los Altos Señores es que mientras echaba la última mirada hacia atrás hacía un asentimiento despectivo en general o si se dirigía a un Custodio.

Un caso aparte fue Alfarius. El "joven" Primarca, a pesar de estar condicionado por Horus, vio en Ikarus un buen compañero. Los dos eran de talante melancólico pero ese mismo silencio era a la vez un arma. Ikarus vio el potencial de Alfarius y le ayudó a construir un primitivo prototipo de Officio Sabatorum. En un intento de hacer sobrevivir su repudiada idea de un combate discreto, le cedió varios de sus veteranos instructores.

Además de en las contadas ocasiones en las que los veinte Primarcas se reunieron, Ikarus solo se mantuvo en contacto, méramente puntual, con Angron, Lion El'Jonson y, especialmente, Alfarius.

Herejía de HorusEditar

Durante los últimos compases de la Gran Cruzada, Ikarus se volvió más reservado y dio una orden que sorprendió a toda su Legión: introducir espías dentro de las demás Legiones, excepto en la XI. Sus más allegados amigos y comandantes le preguntaron el por qué. Según una grabación de la II oculta dentro del archivo más profundo en Terra, "había un gusano en la manzana". Si se siguiese indagando en esa terminal arcaiaca (con un nvel de acceso únicamente disponible para los Altos Señores de Terra) se vería un holomensaje firmado por el propio Emperador aconsejando a su hijo de que dejase esa búsqueda pues el sabría quien sería el traidor desde el primer momento en el que lo viera. Su respuesta era clara y sencilla: "Dame entonces las cabezas de los cinco causantes de que mi mundo esté medio deshabitado".

Después de la HerejíaEditar

Tras la proclamación del Codex Astartes como guía para regular el poder de las legiones, Roboute Guilliam se aupó como regente del Imperio. No tardó mucho tiempo en que la II Legión fuese declarada traidora y se procedió a aplicar una orden de Exterminatus contra todas sus posesione terrenales. Unicamente fue durante tal campaña cuando la Legión luchó abiertamente. Los titanes lucharon entre ellos de nuevo y los que antes bebían juntos ahora luchaban. Cláramente los Purgadores (capítulos sucesores de los Ultramarines)  iban a ganar la guerra, pero eso no impidió que los defensores presentasen batalla. Precisos disparos de precisión y artillería destruían la moral y el equipo Imperial. En la batalla por el contra el palacio de Jartbad varias figuras aladas y con túnicas blancas descendieron tan violentamente sobre las tropas asaltantes que en una holograbación se ve como un Land Raider de los Cósules Negros es perforado por su parte superior.

En esta batalla también se da la muerte de Ikarus. A la vista de que si no se les retenía demasiado perdería lo que estaba intentando defender, se inmoló en una enorme tormenta psíquica que devastó todo el planeta. Los pocos supervivientes tuvieron problemas mentales durante el corto resto de su vida.

Finalmente los capítulos de la Segunda Fundación, que habían sido diezmados en la batalla, tuvieron que recibir en secreto una inportante inyección de semillas genéticas procedentes de Terra, para poder seguir operativos.

La campaña no duró mucho más, pues las tropas de Halcones Fantasmales habían desaparecido tras perder a su Primarca y a más del 40% de sus efectivos. Pronto la flota imperialista llegó a su planeta natal. Se extrañaron al no recibir ni señales de vida ni fuego de las famosas baterías láser orbitales. Incluso las instalaciones del adeptus Mechanicus no daban respuesta. Sin detenerse a investigarlo, procedieron al Exterminatus. El planeta desapareció, primero bajo nubes formadas por torpedos ciclónicos, y posteriormente por torpedos de dos fases.

Todo lo relacionado con los Halcones Fantasmales fue guardado en una impresionante bóveda de contención, en Terra. Fue además borrada de las demás terminales mediante una irónica actuación de un asesino vanum. En el 998 M.41, el inquisidor del Ordo Hereticus Isaías Irov recoge en su diario, tras una larga (duró más de tres años) y minuciosa investigación de los datos recopilados en la atigua terminal de II en Terra, suficiente material como para cuestionarse la lealtad con respecto a varios Primarcas de ambos bandos durante La Herejía. En él se menciona que Roboute Guilliman planeó un Golpe de Estado, que su aparencia leal era solo la fachada de un megalómano del nivel de Goge Vandire y que tenía un culto a su persona dentro de su Legión. También se muestra que Alfarius intentó en varias ocasiones asesinar al propio Horus con los instructores que Ikarus le había cedido (cosa que desconocía el resto de Primarcas). El Inquisidor desapareció sin dejar rastro tras presentar su informe al Eclesiarca Decius XXIII. Sus investigaciones se destruyeron, junto con el archivo. Sólo se salvó un extracto del texto, perteneciente a la última página. En el había una inscripción que alertó a los Altos Señores:

"[...] puede que los purgásemos en su momento, pero estarán aquí de vuelta y atacarán en el lugar menos pensado, pues suyo es el don para viajar entre los dos mundos. II"


Aún hoy dia, la II Legión, es todo un mito entre las filas de inquisidores, y altos señores de Terra. Pero, desde todos los lugares, llegan rumores de Adeptus Astartes sombrios, maestros del ataque relampago, aún mas allá del estandar de la XIX Legión, y de los acechantes nocturnos, rumores de marines de negro y azul, con una bandera negra como la noche, y azul como lo mas profundo de los mares de los planetas vírgenes.

Cuando la noche sea mas oscura, cuando la muerte llame a la puerta, cuando el perdido se arrepienta, cuando los muertos caminen para salvar a los vivos, y los condenados rompan sus cadenas para condenar al enemigo del padre, aquellos que se olvidaron, aquellos que no perdonaron, aquellos que se oculataron...

Volverán.

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