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La Herejía de Gallilenus fue un incidente escandaloso relacionado con la Inquisición, cuyo núcleo fueron las acciones del Inquisidor Jaueg Dag en el Mundo Cardenalicio de Gallilenus III.

El planeta se encuentra a apenas cuatrocientos años luz de la Sagrada Terra y es uno de los lugares más visitados por los peregrinos que se dirigen hacia el Palacio Imperial. Está considerado como uno de los mundos más antiguos incorporados al Ministorum y presenta no solo enormes palacios y catedrales, sino también extensas catacumbas llenas de antiguos féretros así como vastos relicarios. Se cree que los cuerpos, o sus fragmentos, de gran cantidad de santos residen allí protegidos por un destacamento de Hermanas de Batalla. Debido a su naturaleza, el planeta es visitado a menudo por Inquisidores adscritos a la fe Thoriana, y fueron las acciones de uno de estos Inquisidores lo que creó una fisura entre la Inquisición y la Eclesiarquía que aún ha de cerrarse.

Jaeueg Dag era un joven y algo cabezota Inquisidor seguidor de la causa Thoriana, y lo bastante ansioso como para no contentarse solo con estudiar los textos de sus predecesores. Buscaba hacer un gran descubrimiento que pudiera acrecentar el conocimiento de los Thorianos hasta un nivel superior. Aunque ya tenía constancia de las muchas y grandes obras realizadas en Dimmamar y Ophelia, él buscó llevar a cabo sus investigaciones en Gallilenus III. En el pasado, muchos Inquisidores seguidores de la filosofía Thoriana habían solicitado permiso para estudiar los restos del santo, lo que incluía que fueran exhumados para su análisis, a lo que los dirigentes de Gallilenus se habían negado. En lugar de intentar forzar la situación, los Inquisidores decidieron dejar tranquilo el asunto, y sabiamente decidieron trasladar sus áreas de estudio a otra parte. El Inquisidor Dag, por otra parte, decidió llevar a cabo sus investigaciones de forma encubierta, sin informar al sínodo regente de Cardenales acerca de sus investigaciones secretas o de su presencia en el planeta.

Estas acciones prosiguieron durante varios meses, en los que los agentes del Inquisidor Dag se infiltraron en las catacumbas para poder estudiar las antiguas reliquias y los cadáveres. Mediante el uso de los psicomantes que trabajaban para él, comenzó a sondear los cuerpos en busca de pruebas de la naturaleza de las almas que contuvieron en un tiempo pasado, además de llevar a cabo exámenes físicos intensivos sobre los cuerpos. Sus investigaciones fueron dando cuerpo con el tiempo a rumores de sombríos ladrones de tumbas, que fueron creciendo en intensidad y frecuencia hasta que llamó la atención de los Cardenales, quienes actuaron en consecuencia. Esto provocó que Dag y sus seguidores fueran interceptados mientras intentaban exhumar el cadáver de Santa Accillia, causando un tiroteo entre los pilares y túneles de la Capilla del Reposo. Como el Inquisidor Dag no quería dar a conocer su presencia, contraatacó con intenciones asesinas a las Hermanas de Batalla que le perseguían, lo que causó la muerte de un gran número de ellas antes de que consiguiera huir de las catacumbas.

Tras el incidente, Dag quedó acongojado por sus propias acciones y advirtió la locura de sus métodos clandestinos, lo que causó que su séquito abandonara sus experimentos y dejara Gallilenus III. Con el tiempo acabó convirtiéndose en un exitoso a la par que fiable miembro de la Ordo Hereticus, y pasó el resto de su vida intentando expiar sus acciones previas. Actualmente existen en Gallilenus III relatos de macabros ladrones de cuerpos cuyas acciones son, según unos rumores, causadas por cultistas de los Dioses Oscuros, aunque otros dicen que son Demonios comedores de carne, o incluso alienígenas.

FuentesEditar

  • Inquisitor: El Manual Thoriano, por Gav Thorpe.
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