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La Guerra de la Deriva Consus fue una campaña de anexión librada por la Legión de los Puños Imperiales durante la Gran Cruzada.

HistoriaEditar

La región conocida como la Deriva de Consus es un cinturón de escombros estelares que se encuentra en la oscuridad entre las estrellas cercanas al Sistema Solar. Alejada de la calidez de los soles y de los ciclos vitales de los planetas, era no obstante el hogar de miles de millones de humanos. El viaje a través del reino conocido como la Disformidad depende tanto de la casualidad y la suerte como de los planes de los viajeros, y cada nave que se envía a través de esa dimensión es presa de fuerzas que escapan al control de quienes las pilotan. La Disformidad bulle con mareas, remolinos y calmas chichas en las que nada se mueve. A veces se establece un patrón, como una contracorriente moldeada por la forma de la costa. La Carrera Espejo es uno de estos patrones, y las naves atrapadas en ella son arrojadas por sus turbulencias hasta emerger en la Deriva de Consus.

Es imposible saber cuándo quedó abandonada allí la primera nave, pero para la época de la Gran Cruzada ya se había convertido en una civilización fundada por almas perdidas. Vastas ristras de asteroides-ciudad se extendían por la Deriva de Consus, conectadas por túneles hechos a partir de las entrañas metálicas de los pecios. Las gentes de este extenso archipiélago, de extremidades esbeltas, ojos negros y piel pálida, se dividían en clanes que se enfrentaban entre sí por el botín de los saqueos, el territorio y los recursos. Para los Clanes de la Deriva el aire, el agua y la comida no tenían precio, y mataban sin pensárselo dos veces para asegurarlos. Cada clan se distinguía no por su nombre, sino por los vívidos patrones pintados en sus trajes blindados de vacío y tatuados en su piel. Aunque cada deriveño estaba entrenado y era capaz de matar desde el momento en que podía vestir un traje de vacío, eran un pueblo tan disciplinado como sangriento. Matar y guerrear eran una necesidad, no un placer. Había venganzas, deudas de sangre y disputas, pero los límites del derramamiento de sangre estaban definidos por la tradición e impuestos por costumbres incuestionables.

El Imperio llegó a la Deriva de Consus por accidente. La 3ª Flota Expedicionaria, bajo el mando de los Puños Imperiales, quedó atrapada en la Carrera Espejo y fue arrojada a esta región. Cuando la flota surgió en el vacío, dañada y confundida, los Clanes de la Deriva atacaron. Esto podría parecer estúpido, pues los clanes tenían naves de guerra pero pocas eran grandes y la mayoría eran portanaves de abordaje o estaban diseñadas para acoplarse al enemigo y desembarcar tropas en su interior. Frente a la enorme potencia de fuego y el tamaño de la Flota Expedicionaria, los clanes podrían parecer terriblemente inferiores, pero esto no era totalmente cierto. El archipiélago de ciudades del vacío incorporaba armas saqueadas durante miles de años. Es más, los deriveños eran entrenados y probados desde niños en las brutales artes de la guerra espacial.

La Deriva de Consus estalló en un torrente de disparos, y las naves, que aún estaban luchando por reactivar sus sistemas, empezaron a arder. Las primeras oleadas de asalto golpearon a las naves más dañadas y los combates envolvieron a los navíos mientras intentaban devolver los disparos. Quizás si las fuerzas imperiales hubieran sido más débiles, o no estuvieran asociadas a la VII Legión, habrían perecido, derribadas y descuartizadas para el saqueo, pero cuando los clanes avanzaron se encontraron con los primeros Puños Imperiales, y cambiaron las tornas.

Los Puños Imperiales contraatacaron, expulsando a los deriveños de sus naves con arrolladores muros de blindaje y disparos, y una vez hecho esto simplemente siguieron avanzando. Lanzaron cañoneras, Torpedos de Abordaje y Cápsulas de Asalto contra las ciudades espaciales de la Deriva, alcanzando sus objetivos justo cuando toda la flota coordinó sus disparos para derribar los escudos y armas de las ciudades más grandes.

Abriéndose camino hasta el corazón de cada urbe, los Puños Imperiales se detuvieron solo cuando los controles de los soportes vitales estuvieron en sus manos. Al unísono, la flota imperial dejó de disparar y cada escuadra dejó de combatir. Por todas las frecuencias y altavoces, el comandante de los Puños Imperiales dio un ultimátum a los habitantes de la Deriva de Consus: sumisión o exterminio. Los guerreros de los clanes estaban patidifusos, pues nunca habían visto seres así antes, ni una guerra como esa. Se rindieron.

La 3ª Flota Expedicionaria se marchó tras hacer reparaciones, pero no sin que antes los Puños Imperiales se llevasen a los guerreros más jóvenes y fuertes de cada uno de los clanes. Los que sobrevivieron a la iniciación en la Legión formaron una sola Compañía, la 356ª. Durante el siguiente siglo, su reputación de excelencia en el combate espacial y los abordajes no tuvo rival, y se distinguieron por su heráldica de cúmulos de estrellas y su tradición de elaborados tatuajes corporales, basadas en las costumbres de la Deriva de Consus.

FuentesEditar

  • The Horus Heresy III.
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