FANDOM


Tecnosacerdote Wikihammer 4 El Adepto Sabiondus, mascota del Adeptus Mechanicus, protege este saber; pues es parte del Omnissiah. Pulsa sobre él para aprender más sobre los adoradores del Dios Máquina.

El Omnissiah sabe todo, comprende todo. Tus visitas honran al Dios Máquina.

Bulldog El Sargento Guillermito, mascota de los Marines Espaciales, tiene el honor de patrocinar este espacio por orden del Capellán Cassius de los Ultramarines. ¡Pulsa sobre él y te acompañará a una Cruzada épica!

¡Lee más! ¡Sin piedad, sin remordimientos, sin miedo!

Inqsello Por orden de su Santísima Majestad, el Dios-Emperador de Terra. La Sagrada Inquisición declara este artículo En Construcción por nuestros escribas. Si encuentra algún problema o falta de devoción por su parte, notifíquelo, un acólito del Ordo Hereticus estará encantado de investigarlo.
Emperador Marines Espaciales Imperio Cruzada Warhammer 40k

La Gran Cruzada fue el periodo de la historia temprana del Imperio de la Humanidad en el que, desde el 798.M30 al 005.M31, se expandió por casi toda la Galaxia buscando unificar a todas las antiguas colonias humanas bajo el control de un solo gobernante, el Emperador. La Gran Cruzada supuso una breve época de dos siglos de reconstrucción, reencuentro y rápidos avances tecnológicos tras la completa regresión de la Humanidad a la barbarie en los cinco milenios anteriores de la Era de los Conflictos. Fue un tiempo en el que el Señor de la Humanidad aún vivía en el sentido convencional de la palabra y dirigía a su pueblo en persona. La Gran Cruzada es considerada la Edad de Oro del Imperio antes de la larga decadencia hacia el estancamiento cultural, la represión política y los crecientes conflictos que marcarían los diez milenios posteriores al cierre de la Gran Cruzada por la Herejía de Horus.

El Emperador de la Humanidad buscaba unir a toda la especie humana bajo una misma égida tras la Larga Noche de la Era de los Conflictos, y acabar con todos los conflictos entre humanos. Una vez conseguido este objetivo, el Emperador pretendía empezar la siguiente fase de su gran plan para garantizar la dominación humana de la Galaxia, algo que él consideraba necesario para que la Humanidad sobreviviese a las incesantes amenazas a su existencia encarnadas en el Caos, las innumerables especies xenos y su propia fragilidad natural. Para llevar a cabo la Gran Cruzada, el Emperador creó a las Legiones Astartes, que posteriormente formarían la base del Adeptus Astartes, y al Ejército Imperial, a modo de fuerza de apoyo y guarnición para conservar las conquistas de los Marines Espaciales. El uso de métodos de aceleración del cultivo de semilla genética para cubrir la amplia necesidad de nuevos Marines Espaciales llevó a la aparición de imperfecciones genéticas en muchas de las Legiones, un factor que jugó un papel importante en la Gran Traición de la Herejía de Horus.

Estas fuerzas, con el apoyo tecnológico y militar del Mechanicum obtenido gracias al Tratado de Marte, llevarían la luz de la Verdad Imperial y someterían a la Obediencia Imperial a cada mundo humano descubierto. En su momento cumbre, unos 203 años estándar después de su inicio, había 4287 Flotas Expedicionarias primarias imponiendo la Obediencia Imperial y en la expansión de la égida del Imperio a través de la Galaxia, así como 60,000 o más grupos de despliegue secundarios ocupados en regular la Obediencia Imperial o en misiones de ocupación. Otras 372 Flotas Expedicionarias estaban reagrupándose o reaprovisionándose a la espera de órdenes en el Sistema Solar o en otros Sistemas Estelares imperiales de importancia. Unos 4'3 millones de Rememoradores (artistas y reporteros oficiales imperiales) fueron enviados con estas flotas en los últimos días de la Gran Cruzada para registrar para la posteridad en imágenes, palabras y música todo lo que los guerreros de la Cruzada estaban logrando en nombre de la Humanidad. Por último, toda Expedición Imperial incluía un cuerpo de Iteradores, filósofos, retóricos y propagandistas destinados a extender la atea Verdad Imperial a todos los mundos humanos y convencer a sus habitantes de los beneficios del gobierno imperial.

La Gran Cruzada estuvo bajo el mando directo y personal del Emperador de la Humanidad hasta la gran victoria sobre el Kaudillo Urrlak Urruk, que controlaba el mayor imperio Orko de la Galaxia, en la Cruzada de Ullanor. Tras derrotar a esta gran amenaza para el avance del Imperio, el Emperador se retiró a Terra para empezar a trabajar en un proyecto ultrasecreto en las profundidades del Palacio Imperial a fin de abrir la laberíntica Telaraña Eldar y ponerla al servicio de la Humanidad. El Emperador nombró a su hijo favorito, Horus, el Primarca de la Legión de los Lobos Lunares, como Señor de la Guerra de la Gran Cruzada y le dio todos los poderes para dirigir sus campañas como mejor le pareciese, incluyendo la autoridad para dar órdenes a sus hermanos Primarcas. Asimismo, disolvió el Consejo de Guerra y estableció el Consejo de Terra para dirigir la creciente burocracia civil que gobernaría el Imperio. El secretismo del Emperador y su deseo de ceder el poder a otras personas produjeron enormes tensiones entre los Primarcas, un punto débil que los Poderes Ruinosos aprovecharon para corromper a nueve de ellos y a sus Legiones hasta ponerlos al servicio del Caos y hacerles desatar la terrible guerra civil galáctica conocida como la Herejía de Horus. Este conflicto cerró la Gran Cruzada y acabó con la Edad de Oro del Imperio. A partir de ese momento, y hasta la actualidad de finales del M41, el Imperio solo ha conocido estancamiento, represión, superstición religiosa y guerras sin fin.

Mapa de la Galaxia en la Herejía de Horus

Mapa de los dominios imperiales hacia el final de la Gran Cruzada.

Historia

El final de la Era de los Conflictos

Inicio de la Gran Cruzada

La nave personal del Emperador dirigiendo la flota en el principio de la Gran Cruzada

Durante la Era de los Conflictos el Emperador, que había pasado todos los años de su vida inmortal desde su nacimiento en el VIII milenio a. C. buscando guiar a la Humanidad a un destino mejor, permaneció en la Vieja Tierra dominada por los belicosos tecnobárbaros, atrapado casi permanentemente por las enormes Tormentas Disformes que atravesaron la Galaxia durante los 5000 años que duró esta "Larga Noche", durante la cual el comercio y la comunicación astropática a través de la Disformidad fueron imposibles. Negándose a permanecer impasible mientras la Humanidad sufría durante estos años oscuros, el Emperador pasó este tiempo realizando intensas investigaciones biológicas sobre el genoma humano en sus ocultos Laboratorios del Himalaya, buscando una forma de reunir definitivamente a toda la Humanidad para que pudiera perseguir una vez más su destino y dominar toda la Galaxia como otras especies inteligentes como los Eldars habían hecho antes. El Emperador, que no empleaba ese título aún, siempre había trabajado para fomentar este plan desde las sombras y empleando una larga lista de diferentes identidades a lo largo de los milenios, algunas de ellas muy famosas en su época. Pero para salvar a la Humanidad del desastre de la Era de los Conflictos, se hizo evidente que tendría que tomar un papel mucho más activo y visible que antes si quería salvar a la raza humana de la extinción.

El resultado de su trabajo científico fue la creación de los primeros supersoldados genéticamente modificados, los Guerreros Trueno, que servirían como modelo a perfeccionar en el desarrollo posterior de los Marines Espaciales, los cuales serían menos poderosos pero mucho más estables mental y físicamente. Utilizando estas primeras tropas, el Emperador emprendió las Guerras de Unificación sobre las tribus tecnobárbaras y los Estados-nación de Terra, obligándoles a unirse bajo un único gobierno representado por un estandarte repleto de relámpagos y por él mismo, que adoptó el título de "Emperador de la Humanidad" tras años de salvajes combates.

Mientras tanto, el Emperador decidió que necesitaría más generales supremos para reunir a toda la Humanidad, hombres en los que pudiera confiar absolutamente y que poseyeran capacidades similares a las suyas. Por tanto, mientras los cañones aún rugían sobre la cuna de la raza humana, empezó a crear en secreto veinte seres sobrehumanos altamente avanzados y delicadamente diseñados, conocidos como los Primarcas. Estos superhumanos, creados a partir del genoma del propio Emperador, serían el siguiente paso en la evolución humana y guiarían a los ejércitos reunificadores por la Galaxia cuando llegase la ocasión de zarpar hacia las estrellas. Sin embargo, los Poderes Ruinosos del Caos temieron que los planes del Emperador socavasen su poderío en el Inmaterium, y lograron atravesar las defensas arcanas que protegían los laboratorios subterráneos y teleportar las cápsulas de gestación donde estaban los inmaduros Primarcas hasta distintos mundos humanos más o menos alejados de Terra por toda la Galaxia. Al hacerlo, contaminaron a algunos de ellos con un leve toque de corrupción que florecería con el tiempo.

Al afrontar este revés, el Emperador decidió cambiar sus planes, o al menos adelantarlos. Reunió el material genético que había sobrevivido al robo de los Primarcas y lo empleó para cultivar veinte variantes de semilla genética, que se usaría para generar los diecinueve implantes necesarios para transformar a un adolescente varón apto en uno de los guerreros sobrehumanos conocidos como Astartes en Alto Gótico, los primeros Marines Espaciales. El Emperador creó veinte Legiones de Astartes a partir de esas veinte semillas genéticas originales y de reclutas de las regiones de Terra que iba sometiendo. Una vez calmadas las Tormentas de la Disformidad, y conquistado todo el Sistema Solar por las armas o la diplomacia, el Emperador zarpó para continuar sus planes de dominar la Galaxia.

Marte y el Adeptus Mechanicus

El primer obstáculo del Emperador fue la existencia del imperio de los Tecnosacerdotes de Marte, quienes históricamente habían sido ferozmente independientes de Terra. En lugar de declararles directamente la guerra, el Emperador usó la amenaza de un asalto de sus Marines Espaciales para formar una alianza con los Tecnosacerdotes del Mechanicum (después conocido como Adeptus Mechanicus) en Marte, una alianza que formaría el corazón del recién nacido Imperio de la Humanidad y que sería simbolizada por la adopción del águila bicéfala o Aquila Imperial que aún es el principal icono del Imperio. A pesar de su desdén por su dependencia de la religión y la potenciación cibernética de sus cuerpos, el Emperador sabía que necesitaría los grandes Manufactorums, la producción mecánica y el antiguo conocimiento tecnológico de Marte para crear la fuerza militar necesaria para reunificar a la Humanidad de toda la Galaxia, y lo incorporó a su Imperio. Los Tecnosacerdotes, por su parte, vieron los extraordinarios conocimientos científicos y la habilidad técnica del Emperador como una prueba de que era el Omnissiah, la encarnación de su Dios Máquina que su religión había prometido que volvería un día al Planeta Rojo para enseñar el verdadero camino a seguir a la Humanidad.

La Conquista del Vacío

La Gran Cruzada fue la mayor y más ambiciosa empresa militar jamás emprendida por la Humanidad. Por poderosas y valientes que fueran las huestes del Emperador, esta épica campaña jamás se habría podido llevar a cabo sin los incontables millares de naves capaces de viajar por la Disformidad que transportaron a cientos de miles de los sobrehumanos guerreros de las Legiones Astartes y a muchos millones de soldados del Ejército Imperial de la luz de una estrella a la siguiente. En la Gran Cruzada una cantidad impresionante de naves fueron construidas, capturadas o militarizadas. Algunas fueron usadas apenas unos meses antes de ser declaradas obsoletas o quedar dañadas por los rigores del viaje, aparte de las pérdidas sufridas en combate, mientras que otras se ganaron un puesto permanente en los órdenes de batalla, y los diseños exitosos eran copiados y modificados a medida que transcurrían las décadas. Las primeras naves en entrar al servicio del Imperio fueron construidas en las fundiciones orbitales de Terra, y posteriormente en el Anillo de Hierro de Marte y los astilleros espaciales de Saturno. Todo esto se hizo bajo el escrutinio del Emperador y de los Magos del Mechanicum, ya que sin duda sin la alianza con Marte la expansión más allá del Sistema Solar habría sido prácticamente imposible. El impulso definitivo lo dio la integración en el Imperio del Dominio Saturnino y sus consumados capitanes tras la destrucción de sus amos alienígenas, y a medida que el Imperio crecía, se fueron añadiendo muchos más grandes astilleros: Voss Prime, Grulgarod, Lorin y Cypra Mundi, todos ellos capaces en poco tiempo de rivalizar en producción con Marte.

Dirigidas por la voluntad del Emperador, las primeras Flotas Expedicionarias salieron hacia la Galaxia. Precediendo a cada gran Flota Expedicionaria de cientos y a veces hasta miles de naves solía haber contingentes menores de flotillas independientes dirigidas por una clase de líderes marciales que se conocerían como los Comerciantes Independientes Militantes. Muchos de estos individuos eran antiguos gobernantes de los muchos reinos que el Emperador había sometido en las Guerras de Unificación y en las primeras fases de la Gran Cruzada. Se les había ofrecido una dura elección: inclinarse ante el Emperador y jurar servir a la Gran Cruzada, o morir. Aunque muchos antepusieron su orgullo a lo que consideraban una forma de esclavitud, otros eligieron tomar la Garantía de Comercio. Había un precio, no obstante. Se esperaba de los Comerciantes Independientes que explorasen por delante del frente de la Gran Cruzada, acompañados por sus propios ejércitos así como por cualquier otro recurso que el Emperador les hubiera cedido. Al operar tan alejados de los ejércitos del Emperador, los Comerciantes Independientes Militantes podían esperar poca o ninguna ayuda si encontraban enemigos demasiado poderosos para ellos. Tras varias décadas de penetrar en la negrura del vacío, sus flotas solían parecer vagabundos desharrapados, y a veces incluían naves xenos con formas totalmente novedosas o diseños esotéricos e incomprensibles. Se les prohibió regresar a Terra y a sus lugares de origen, pues en su sabiduría el Emperador no solo buscaba librarse de poderosos rivales, sino también asegurarse de que incluso al morir sirvieran a la Humanidad. Muchos se desvanecieron solos y olvidados, muertos, consumidos o esclavizados por abominaciones alienígenas sin nombre lejos de la luz de Terra.

A medida que se expandía el Imperio, también lo hicieron sus flotas. Incontables maravillas tecnológicas largo tiempo perdidas fueron recuperadas, algunas de ellas arrancadas de las manos muertas de custodios reticentes, y otras entregadas voluntariamente como tributo al Señor de la Humanidad. Algunas naves eran únicas, construidas con métodos que ni siquiera los más dotados Tecnosacerdotes de Marte podían esperar imitar: la Terminus Est, la Nicor, la Mirabilis y la Phalanx fueron las más destacadas. Otros modelos y clases resultaron más fáciles de reproducir, y en poco tiempo los diversos brazos de las fuerzas armadas imperiales adquirieron sus propias panoplias distintivas de naves de guerra. Las astronaves de las Legiones Astartes solían tener una proa roma y un blindaje grueso, diseñados para resistir la terrible tormenta de fuego que acompaña a una invasión planetaria, y sus corazones de plasma alimentaban a algunas de las armas más destructivas conocidas por la Humanidad. Pero más allá de estas necesidades prácticas, cada flota favorecía la naturaleza de su Legión, desde los merodeadores negros de la Guardia del Cuervo a los barrocos cruceros de batalla carmesíes y dorados de los Ángeles Sangrientos o la brutal funcionalidad y el acero desnudo de las barcazas de asedio de los Guerreros de Hierro. Las naves del resto de las armadas del Emperador eran mucho más diversas, pero todas aspiraban a la supremacía en el vacío espacial. Variaban desde los majestuosos Acorazados, máquinas de destrucción kilométricas con el blindaje concentrado en el morro y los flancos repletos de fila tras fila de baterías de armamento, a los ligeros y letales Destructores y los desnudos Corredores Disformes, pasando por las vigilantes Fragatas de piquete y las lentas Fortalezas Estelares. Aparte de estas, había innumerables clases de transportes, arcas, cargueros y naves de suministro, así como las naves forja y otras extrañas astronaves de guerra del Mechanicum.

Redescubrimiento de los Primarcas

Emperador Gran Cruzada Astartes Warhammer 40k

Incluso con el acceso a las vastas flotas de astronaves y suministros militares que las forjas de Marte podían producir, la expansión hacia la Galaxia desde Terra era lenta, debido principalmente a la falta de mano de obra y de líderes experimentados. Sin el genoma único de los Primarcas, el tiempo requerido para crear un Marine Espacial era mucho más largo de lo ideal, y además el Emperador era inflexible en cuanto a que el material para nuevas semillas genéticas debía venir directamente de él, para mantener los órganos puros y 100% efectivos, ya que la mutación ya había empezado a aparecer incluso en esta etapa temprana de la existencia del Adeptus Astartes. Poco tiempo después de haber emprendido su Gran Cruzada, el Emperador se reencontró con uno de sus Primarcas perdidos en el cercano Mundo Minero de Cthonia: Horus Lupercal, quien en el futuro sería el Señor de la Guerra de la Cruzada. Al ser el primer Primarca redescubierto y retornado a sus brazos, entre él y el Emperador pronto surgió un lazo verdaderamente único de amistad y amor familiar, salvándose mutuamente la vida en varias ocasiones. Horus recibió el mando de la XVI Legión de Marines Espaciales, los Lobos Lunares, y rápidamente decidió tomar la mayoría de sus futuros reclutas de su mundo natal, un precedente imitado por casi todos los Primarcas encontrados después. Con la producción de Marines Espaciales incrementada, la Gran Cruzada comenzó a coger fuerza, y el Imperio de la Humanidad absorbió planetas enteros, bien por negociación, o bien por la fuerza si no había más remedio, a su causa. En cada mundo se introdujo también la Verdad Imperial, la filosofía escogida por el Emperador y el cimiento de la cultura imperial, que era marcadamente atea y rechazaba todas las formas de religión o espiritualidad como supersticiones que debían ser reemplazadas por el frío racionalismo del progreso científico. Aunque el Emperador detestaba la guerra, entendía que si la Humanidad quería sobrevivir a los rigores de un universo hostil, debía mantenerse unida, incluso si esa unificación debía ser impuesta en determinadas circunstancias.

Después de 30 exitosos años de Cruzada, el Emperador descubrió a otro de los Primarcas. Aunque Horus estaba complacido por el descubrimiento de uno de sus hermanos, deseó en secreto ser siempre el hijo favorito del Emperador, sin importar cuántos Primarcas más descubriese. Con el tiempo, todos los Primarcas fueron redescubiertos por las diversas Flotas Expedicionarias, y se les dio a cada uno el mando de la Legión Astartes en cuya creación se había empleado su código genético. El orden en el que fueron descubiertos no está claro en los registros imperiales: Horus fue claramente el primero, y Alfarius Omegón de la Legión Alfa el último. Rogal Dorn de los Puños Imperiales fue el séptimo, mientras que Lion El'Jonson no fue descubierto en el Mundo Letal de Caliban hasta después de que Leman Russ fuese encontrado en Fenris. Magnus el Rojo de los Mil Hijos fue encontrado en Prospero antes de que su hermano Lorgar de los Portadores de la Palabra recibiera al Emperador en Colchis, y Angron de los Devoradores de Mundos fue rescatado contra su voluntad en Nuceria tiempo después de que Perturabo de los Guerreros de Hierro se uniera a la Gran Cruzada en Olympia.

La Cruzada también se agrandó a medida que avanzaban las décadas de conquista. Con cada nuevo mundo sometido al Imperio y a la Verdad Imperial, sus recursos podían ser dedicados a la construcción de más naves y más material para mantener en movimiento la enorme empresa. Con el redescubrimiento de los Primarcas, el tiempo necesario para la producción de Marines Espaciales se redujo drásticamente: un Marine Espacial podía ser creado en tan solo un año. Este proceso acelerado resultaría desastroso, ya que a raíz de esto empezaron a extenderse defectos mentales y excentricidades únicas entre las filas de los Astartes a medida que las necesidades de la Gran Cruzada exigía ejércitos cada vez más grandes. Sin embargo, hacia finales del M31, dos siglos después de su inicio, la Gran Cruzada había reunificado grandes porciones de la Galaxia bajo el liderazgo del Emperador, aparentemente iniciando una nueva Edad de Oro para el progreso y la razón de la raza humana.

Sangre e iluminación: la Pax Imperialis

"No hay salvación para la oscuridad de los corazones de los hombres."
Antiguo proverbio terrano


La Gran Cruzada trajo la paz a la Humanidad, acabando con las guerras entre pueblos y naciones y uniéndolos bajo un mismo estandarte. Acabó con las cadenas de la superstición y liberó a billones de los caprichos de tiranos y alienígenas. Donde antes había habido luchas e ignorancia, ahora habría paz y conocimientos. Estos eran grandes ideales, pero tenían un precio. La Humanidad tuvo que ser arrastrada a la iluminación, y muchos intentaron devolverla a las sombras de las antiguas costumbres ignorantes y discordantes. El Emperador había unificado Terra no solo con sus palabras y su diplomacia, sino también por la fuerza de las armas. La iluminación y la paz tenían que ser conseguidas con sangre. Esta era la verdad básica de la Pax Imperialis, y cuando la Gran Cruzada zarpó hacia las estrellas, llevó consigo esta verdad.

Pero no era solo en la guerra abierta donde se había de pagar el precio de sangre por la paz universal. Los enemigos del Imperio eran muchos, y antes incluso de que Horus le diese la espalda al Emperador, hubo algunos que cultivaban la traición en sus corazones y que pronunciaban palabras de lealtad mientras sembraban discordia. Aunque los ideales de la Gran Cruzada hicieron a muchos guerreros marchar a la batalla, en realidad había otros métodos y otras lizas menos nobles que se luchaban para mantener la paz. Los Templos de los Asesinos, las redes de informadores y los Agentes Silenciosos de Malcador el Sigilita, los Protocolos de Aniquilación y las antiguas y casi prohibidas armas empleadas por unas pocas y selectas Legiones eran todas herramientas y fuerzas que el Imperio empleaba para imponer sus ideas y que, por un tiempo, trajeron paz a la Galaxia. Para el Emperador, el fin justificaba los medios a la hora de perseguir su gran sueño.

Fracturas en la Lealtad

HH FotE

Puños Imperiales y Guardia de la Muerte contra una Gran Inmundicia antes de la herejia de Horus

Conforme el Imperio crecía (y había menor necesidad de un solo ejército cruzado), los Primarcas y su Emperador empezaron a crecer a distancia unos de otros. Las legiones de los Amos de la Noche y los Devoradores de Mundos se hicieron infames por sus crecientes atrocidades, la persecución del conocimiento de los Mil Hijos se convirtió en escarceos con magia prohibida, y el fanatismo religioso de los Portadores de la Palabra les llevó a una disputa entre ellos y el ateísmo del Emperador.

El Ejército Imperial, compuesto enteramente por soldados humanos normales, proporcionaba la muy necesitada mano de obra para las guarniciones y misiones de apoyo en planetas conquistados por la Gran Cruzada. Liberados de parte de sus deberes, los Marines Espaciales pudieron conquistar aún más planetas en un espacio de tiempo menor. Muchos marines y Guardias empezaron a hablar sólo de su lealtad a su Primarca y no a su Emperador. Debido al aislamiento entre las Legiones y el Emperador, este hecho pasó desapercibido.

Ocaso de la Gran Cruzada

Archivo:Greatcrusade.jpg

Después de la exitosa campaña de Horus para destruir el ¡Waaagh! Orko más grande de la historia del Imperio en Ullanor, el Emperador la declaró la mayor victoria del Imperio hasta la fecha. La recompensa de Horus fue el título de Señor de la Guerra, con el mando militar supremo del Imperio. {C}Después de ésto, el Emperador hizo saber que era necesitado en Terra, donde comenzaría la siguiente fase de la evolución humana. Horus no fue informado de los planes del Emperador en Terra, y se sintió preocupado por ello. Para empeorar las cosas, mientras algunos compañeros Primarcas aceptaron su promoción, otros, principalmente Angron, Konrad Curze y Perturabo, abiertamente envidiaron a Horus por su nueva autoridad.

También había la creencia extendida de que el Emperador desbandaría o reduciría a las legiones de Marines Espaciales al nivel de mantenimiento de la paz. Horus estaba resentido por los sentimientos de sus hermanos y pensaba que mientras él se estaba ganando el Imperio, el Emperador sólo perseguía la divinidad. Eso era todo lo que necesitaban los poderes del Caos para sembrar las semillas de la disensión en su mente. Con el tiempo, los susurros de los Dioses Oscuros, convencieron a Horus para intentar arrebatar el control del Imperio al Emperador, un hecho conocido como la Herejía de Horus.

La Herejía de Horus dividió las Legiones en dos facciones, las que seguían al Señor de la Guerra y aquellas fieles al Emperador que lucharon por la posesión del Imperio. Esta etapa terminaría con la muerte de Horus, el exilio de las legiones traidoras, y casi la muerte del propio Emperador de la Humanidad.

Leer más

Flotas Expedicionarias.

Primarcas.

Legión.

Ejército Imperial.

Fuentes

Extraído y traducido parcialmente de Wikihammer 40K UK.

  • Codex: Caballeros Imperiales (6ª Edición).
  • Codex: Marines Espaciales (Ediciones 5ª y 6ª).
  • The Horus Heresy I-III.
  • Warhammer 40,000: Rogue Trader (1ª Edición).
  • Warhammer 40,000: Reglamento (Ediciones 2ª y 4ª-6ª).
  • White Dwarf 139, 140 y 321 (Edición estadounidense).
  • Warhammer 40,000: Recopilación.
  • Cuentos de la Herejía - Después de Desh'ea, por Matthew Farrer.
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.