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Maestro Administratum 3 El Archiescriba Primuscriptor, mascota del Imperio de la Humanidad, ha marcado este artículo como propiedad del Adeptus Terra. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El conocimiento es poder. Guárdalo bien.

"¿Por qué detienes tu mano? Donde existe un mutante, sé que debe haber otros."

Últimas palabras antes de la Quema de la Colmena Jaspo

Los Fanáticos son, en su mayoría, fervientes seguidores del Credo Imperial, y si se sabe cómo encauzarlos en la dirección correcta, activos muy valiosos para el Imperio.

DescripciónEditar

El Imperio prospera en la fe. La fe impulsa al Adeptus Ministorum en sus esfuerzos por unir a la Humanidad en la adoración del Emperador. Para la mayoría de los ciudadanos, la fe podría ser tan simple como la triste idea de que mañana podría ser un día mejor, o sencillamente que pueden esperar un mañana. Para un fanático, sin embargo, la fe lo es todo. Esta consume su vida, y la profundidad de su convicción da a luz la pureza de la absoluta certeza de sus acciones y la obsesión de avanzar hacia sus metas. Puede odiar fácilmente a cualquiera que no esté de acuerdo con él tanto como odia al objetivo de sus creencias, y quemar tanto a amigos como a enemigos en su búsqueda. No tiene ningún miedo a morir y cualquier contratiempo solo hace que redoble su empeño. Convencidos de la rectitud de sus creencias, no importa cuáles sean, avanza sin miedo contra sus enemigos como una fuerza imparable, y ¡Ay de cualquier persona o cosa que se atreva a impedirlo!.

Fanáticos en la InquisiciónEditar

Un Fanático se puede encontrar en cualquier lugar del Imperio, desde un despreciable habitante de una subcolmena que se obsesiona con la geometría precisa de su parcela de hongos hasta un gobernador planetario decidido a erradicar toda mutación de su planeta, sin importar cuántos de sus súbditos deba quemar para hacerlo. Un fanático podría obsesionarse con una sola actividad, ya sea tallar contínuamente el símbolo del Aquila sobre cualquier superficie que encuentre para difundir la palabra del Emperador, u asestar en orden los golpes de su espada sierra en la batalla para formar la marca de su banda de colmena en la sangrante carne. No hay nada por lo que un fanático no pueda obsesionarse, aunque los elegidos para convertirse en Acólitos suelen haberse dedicado a un objetivo que un Inquisidor podría encontrar ventajoso. Un fanático que odia apasionadamente a los psíquicos, alienígenas o herejes es útil, pero muchos fanáticos tienen otros rasgos útiles, y su fanatismo puede no ser obvio para su Inquisidor o compañeros acólitos al principio. Sus camaradas solo lo entienden cuando se dan cuenta de que insiste en fabricar a mano cada uno de sus proyectiles porque no confía en una fundición que no haya visto personalmente o rechaza tranquilamente cualquier disfraz e insiste en que sus enemigos siempre deben conocer el rostro de su asesino.

Si bien todos los fanáticos son casi absolutos en su convicción, para algunos el objetivo exacto de esa convicción podría cambiar. Esto puede ocurrir debido a un cambio de ubicación, donde podría encontrarse con un culto herético desconocido o una raza xenos asquerosa y así convertir en ello su nuevo enfoque. Otro ejemplo sería querer esforzarse por abolir el armamento de plasma después de sufrir quemaduras de ventilación en combate o al enterarse de que tales armas han devastado un asentamiento amado.

Un fanático podría ser consciente de su naturaleza dogmática, y mediante la pura fuerza de voluntad redirigir su dedicación monomaníaca hacia un nuevo propósito o enemigo. Siempre y cuando tenga un enfoque adecuado, este tipo de fanático puede desarrollarse y ser aún más útil para la partida de guerra.

Sin embargo, la mera ausencia de su obsesión no disminuye su celo. Para un fanático, esto solo podría indicar la rectitud de su causa y hacer que fortalezca sus esfuerzos. Encontrar un habitáculo vacío donde deberían haber hallado una serie de reliquias xenos, por ejemplo, podría ser solo el primer paso. El fanático estará convencido de que solo a través de interrogatorios más estrictos pueden ser encontradas. Esto podría llevar a purgar completamente una colmena nivel a nivel, sin importar cuán imposible sea esta tarea, para encontrar las reliquias que el fanático está convencido de que deben existir.

Dentro de un séquito inquisitorial, un fanático puede ser un activo poderoso. Donde otros puede titubear al enfrentarse a abrumadores sectarios o terroríficos demonios, él no puede detenerse y su empuje puede inspirar a otros con su convicción. Cuando los acólitos se enfrentan sin esperanza a una recuperación de datos compleja o ante tentaciones insidiosamente atractivas, un fanático reprende la duda y exhorta a sus compatriotas a hacer lo mismo. Siempre se burla de cualquier signo de laxitud y considera que cualquier cosa que no sea la convicción absoluta es debilidad (y ningún fanático puede tolerar la debilidad). Sin embargo, esto puede conducir a rabiosas persecuciones en la dirección equivocada o ataques fútiles. En algunos casos, los otros miembros del séquito inquisitorial o la partida de guerra podrían tener que controlar o redirigir a un fanático cuando sus acciones no están fomentando los objetivos de su Inquisidor. Esta puede ser una tarea difícil, ya que un fanático a menudo se opone a estos esfuerzos con mayor certeza de que sus creencias son correctas, y redobla sus acciones a pesar de cualquier evidencia que otros puedan ver.

Fanáticos en organizaciones imperialesEditar

Teniendo en cuenta los horrores que acechan en la galaxia, el comportamiento del fanático es común en muchos entornos y organizaciones. En los mundos letales, por ejemplo, solo aquellos con una ardiente e incesante hostilidad hacia la flora y la fauna locales sobreviven para vivir otro día, y en los mundos santuario, un fanático puede compartir su fanatismo con peregrinos y otros adoradores apasionados. De hecho, un fanático dentro del Adeptus Ministorum a menudo puede ser bienvenido gracias a sus creencias extremas entre los vehementes oradores y los predicadores portaantorchas que deambulan por muchos mundos en busca de pecadores para quemar. Esto es especialmente cierto para las Adepta Sororitas, donde pocos pueden igualar el odio feroz que las Hermanas de Batalla muestran hacia cualquiera que consideren hereje o la adoración que mantienen hacia el Emperador.

Aunque la mayoría asumiría evidencias de fanatismo y obsesión en respuestas emocionales, los fanáticos también pueden desarrollarse como Tecnosacerdotes del Adeptus Mechanicus. Las infinitas vías de investigación y estudio permiten un pensamiento y una actividad enfocados de forma concentrada, desde la búsqueda de fragmentos de plantillas de construcción estándar hasta la revelación de los secretos de la mente enjambre tiránida. No hay un área en la que un fanático del Adeptus Mechanicus no pueda sumergir todo su ser, aumentada además a través de la marca engrammática u otros refuerzos electro-craneales. Lleno de la certeza en el Omnissiah, un fanático podría pasar su vida enterrado profundamente dentro de una bóveda de datos investigando la Era Oscura de la Tecnología o viajar más allá de las fronteras del espacio Imperial en busca de reliquias arqueotecnológicas, en todos los casos seguro de que su búsqueda es digna y suspenderla es impensable.

Tampoco es raro que un fanático se realice verdaderamente como miembro del Adeptus Arbites. Se espera que todos los arbitradores, desde los rangos más bajos que patrullan los hábitats cubiertos de escoria hasta los severos jueces que supervisan mundos enteros, tengan una dedicación extrema a las leyes del Emperador. Independientemente de las circunstancias o incluso del grado de la ofensa, un fanático perseguiría sin cesar al culpable sin importar el daño colateral o las lesiones ocasionadas a otros. Castigar a los culpables es todo lo que importa, y cualquier cosa menos es debilitar las leyes que mantienen el Imperio unido.

FuentesEditar

  • Dark Heresy: Enemies Within (Expansión juego de rol)
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