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Los Hijos del Emperador preparados para combatir

La Extinción de los Katara fue una campaña de anexión de los Hijos del Emperador durante la Gran Cruzada.

HistoriaEditar

Los Katara eran una aislada civilización pseudohumana que había evolucionado en el sistema Kenuit durante la Era de los Conflictos, apartándose irrevocablemente de la pureza de la forma humana y de la compañía de la Humanidad. Altos, de ojos hundidos, extremadamente delgados y con finas extremidades, se dice que se movían con gracia mesurada y que hablaban poco. Sus ciudades se extendían bajo la superficie de sus lunas y planetas en vastas redes de túneles de piedra y metal, y aunque eran tecnológicamente sofisticados los Katara parecían haber elegido aplicar sus artes solo a la fabricación de sus ciudades, sus astronaves y sus armas. Las guerras rituales entre líneas de sangre, ciudades y lunas eran constantes. Gobernadas por un intrincado conjunto de reglas y principios estas guerras eran, al parecer, la principal forma de discurso social. El arte, la filosofía, la música, la arquitectura y la arqueología giraban siempre en torno a la guerra, pero las guerras de los Katara no eran como las que libraba el Imperio. La habilidad personal de los combatientes era lo primordial y los modos de batallar buscaban reflejarlo.

Cuando una flota de los Hijos del Emperador descubrió a los Katara las primeras señales indicaban que su anexión sería posible sin derramamiento de sangre. Los Katara no ofrecieron resistencia y no se opusieron en ningún momento a las fuerzas del Imperio. Recibieron a los enviados y parecieron escuchar a la combinación de promesas y veladas amenazas con tranquila seriedad. Solo cuando el Teniente Comandante Abdemon pidió directamente a los Katara que se rindiesen formalmente al Imperio se deterioró la situación. Los representantes Katara se retiraron sin decir una palabra más. Su respuesta llegó en forma de navío de guerra.

La nave Katara vino sola. Pequeña, rápida y armada con una especie de armas de radiación, destruyó al crucero ligero Locrian antes de recibir daños y retirarse. Al ser provocado de esta forma, Abdemon ordenó la invasión del mayor complejo urbano Katara que los augures de la flota pudieron detectar. El bombardeo orbital resquebrajó los niveles superiores, y las ciudades subterráneas ardieron antes incluso de que los Hijos del Emperador terminasen de desembarcar.

Esperando una resistencia en masa a su ataque, lo que los Hijos del Emperador encontraron fueron guerreros Katara solitarios que atacaban sin apoyo y por turnos negando toda doctrina táctica o sentido común. Revestidos con armaduras de escamas de metales exóticos, luchaban con hachas cerámicas con forma de hoja, lanzas con puntas de plasma que quemaban como soles y espadas de cristal negro que podían cortar la ceramita con un delicado toque. La habilidad con la que los Katara blandían sus armas era deslumbrante incluso para los Hijos del Emperador. El imaginista Beshinal dijo de ellos que "al igual que otros hombres respiraban o caminaban, los Katara luchaban. Nacían con el instinto de la espada en su sangre, y su susurro en sus labios". Cada ataque mataba al menos a uno de los Hijos del Emperador y en algunos casos escuadras enteras caían ante las hojas de estos sublimes guerreros, pero tales pérdidas no frenaban en absoluto su avance y en cuestión de horas la vanguardia de los Hijos del Emperador había penetrado muy por debajo del nivel del suelo.

Los representantes Katara se adelantaron de nuevo una vez que centenares de sus guerreros hubieron muerto en sus aparentemente enloquecidos y escalonados ataques, y solicitaron reunirse de nuevo bajo bandera de tregua, a lo que los Hijos del Emperador accedieron. Los Katara propusieron a los Astartes que la guerra entre ellos fuese decidida no por el poderío de muchos guerreros sino por dos. Sendos campeones lucharían, uno por el Imperio y otro por los Katara. Al final el vencedor obtendría la victoria no solo por sí mismo sino por su civilización. Increíblemente Abdemon aceptó y dijo que él sería el campeón del Imperio.

Las multitudes de ambos bandos se reunieron. En el espacio entre ambas el campeón Katara aguardaba. Hamaya era su nombre, o al menos así se dice en los registros-reliquia. Armado con un par de hachas gemelas de filo negro y cubierto de escamas de grafito, tenía extremidades larguiruchas y era más alto que cualquier Marine Espacial. Abdemon, protegido por su armadura lacada de púrpura tiria, avanzó para enfrentarse con Hamaya. La espada de su mano era llamada Iluminación y había sido un regalo de los armeros terranos de la Meseta Jónica. Se dice que el primer golpe fue de Hamaya y que derramó la sangre de Abdemon. El poeta Cartidimus registró cada golpe del duelo que siguió mientras ambos guerreros hacían sangrar al otro, hacían fintas, contraatacaban y estocaban, se recuperaban, embestían, cortaban, golpeaban y se movían con un ritmo sublime. Al fin, cuando ambos estaban bañados en sangre Abdemon logró cortar bajo las placas del brazo derecho de Hamaya. Cuando el campeón Katara flaqueó, Abdemón se abalanzó y clavó la punta de su sable en la garganta de Hamaya.

Con su campeón caído en el suelo, los representantes Katara hicieron una profunda reverencia ante Abdemon. Alzándose, ordenaron que todos supieran que su pueblo había sido derrotado por un enemigo de igual honor pero habilidad superior. Una vez dada la orden, los líderes Katara se lanzaron sobre sus propias espadas ante los Hijos del Emperador. En todos sus dominios, todos y cada uno de los Katara siguieron a sus líderes a la muerte y las ciudades Katara se convirtieron en tumbas.

Algunos oficiales imperiales propusieron despejar los planetas ahora desocupados y comenzar un proceso de recolonización. Abdemon y los Hijos del Emperador se negaron, decretando que el planeta de los Katara se convertiría en un mundo cementerio. Las ciudades no serían tocadas hasta que el tiempo las deshiciese, y los cadáveres de sus dueños devueltos al polvo. Se recogieron reliquias de entre los muertos para que los Katara fuesen recordados: el cuerpo, las armas y la armadura de Hamaya fueron guardados en un ataúd de estasis, y se tomó un trofeo de cada uno de los guerreros Katara muertos a manos de los Hijos del Emperador. Se dice que Abdemon y los miembros de su cohorte se entrenaron y lucharon desde entonces con las armas de los Katara, y que portaron sus reliquias durante el resto de la Gran Cruzada. Se cree que el propio Abdemon murió a manos de uno de sus traicioneros Capitanes en los campos de muerte de Istvaan III.

FuentesEditar

  • The Horus Heresy I.
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