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Maestro Administratum 3 El Archiescriba Primuscriptor, mascota del Imperio de la Humanidad, ha marcado este artículo como propiedad del Adeptus Terra. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El conocimiento es poder. Guárdalo bien.

"Contemplo ahora el Imperio de mi padre, diez mil años después de su nacimiento, y veo un reino al borde de la aniquilación. No hemos conquistado; solo resistido. No hemos prosperado; apenas hemos sobrevivido. Hemos dejado que arda la galaxia.
Pero no todo está perdido. La salvación se acerca en la promesa de antiguos conocimientos procedentes de la Era Dorada del Imperio. Hemos combinado la visión del Emperador con la arcana sagacidad del Adeptus Mechanicus. Hemos moldeado nuevas maravillas con la arcilla de la carne humana, y hemos engendrado nuevos guerreros para esta, la más oscura de las eras. Forjados genéticamente más allá de las capacidades de sus hermanos, armados y equipados con armas dignas de su estatus como los auténticos herederos del legado de los Primarcas.
Para los Marines Espaciales desangrados y asediados en el Imperio Oscuro, traemos refuerzos. Para los Capítulos perdidos en valiente cumplimiento de su deber, o empujados a su destrucción, ofrecemos renacimiento. Para los enemigos del Imperio de mi padre, traemos muerte.
Con estas palabras yo, Roboute Guilliman, Lord Comandante del Imperio, hijo del Emperador de la Humanidad, declaro la Cruzada Indomitus. Traidores, mutantes, Demonios: estad atentos a la llegada de mis ejércitos y a la ruina que prometemos a su miserable calaña. ¡Esta galaxia es nuestra!
"

Roboute Guilliman, declarando el inicio de la Cruzada Indomitus

La Era Indomitus corresponde al período de la cronología imperial correspondiente al período temporal a partir de la aparición de la Cicatrix Maledictum, marcado por la actuación de la Cruzada Indomitus y la llegada de la misma, con el Primarca Roboute Guilliman a la cabeza, a la mayoría de rincones del Imperio.

Descripción Editar

La apertura de la Gran Fisura y la intensificación de la guerra contra el Caos había dejado a los Ultramarines divididos y debilitados. No obstante, el saber que su primarca volvía a caminar por la galaxia les dio fuerzas renovadas, y su determinación de hacer retroceder a los enemigos de la Humanidad en todos los frentes ha permanecido intacta desde entonces.

Cerca del final del milenio 41, el Imperio quedó partido en dos. El Reino del Emperador estaba dividido por un cinturón de tormentas disformes que aumentaba y menguaba mientras escupía ejércitos de abominaciones al espacio real, en número incontable. El tiempo mismo se distorsionaba, presionado por esa fuerza impía, de modo que leer la progresión lineal de la guerra a lo largo y ancho de la galaxia se convirtió en un trabajo sólo apto para los locos. Viajar por la disformidad se había vuelto más peligroso que antes, dejando a miles de mundos imperiales prácticamente aislados y obligándolos a defenderse por si mismos. Los problemas eran aún peores más allá de la Gran Fisura, donde la luz del Astronomicón quedaba reducida a destellos lejanos e infrecuentes.

Pese a esto, los Ultramarines no fallaron en su defensa del Imperio. Su deber siempre había sido proteger no sólo Ultramar, sino todos los dominios del Emperador, y no era un deber que fuesen a eludir ahora.

Muchas fuerzas imperiales eligieron la agresividad fanática en lugar de simplemente refugiarse tras sus defensas. Sus flotas cruzadas se lanzaron al vacío del espacio con fuego en sus corazones. Algunos obtuvieron grandes victorias, pero la gran mayoría se vieron envueltas en fenómenos de pesadilla y mareas de enemigos maléficos y nunca se les volvió a ver.

Sin embargo hubo una empresa que eclipsó a todas las demás: La Cruzada Indomitus. Lanzada desde Terra y dirigida por Roboute Guilliman, esta vasta campaña militar recordó a la Gran Cruzada de la antigüedad, por los recién fundados Marines Espaciales Primaris que luchaban bajo el estandarte de Guilliman y apoyados por los Adeptus Custodes, las Adeptus Sororitas, las Hermanas del Silencio y vastos grupos del Astra Militarum y la Armada Imperial. Las flotas de la Cruzada Indomitus partieron de Terra para ir a enfrentar al enemigo. Con ellos llevaban no sólo oleadas de refuerzos Primaris para los asediados Capítulos dispersos por la galaxia, sino también la tecnología y los Adeptos Biologis necesarios para que cada Capítulo de Marines Espaciales pudiera diseñar sus propios Hermanos de Batalla Primaris mientras la guerra continuaba.

Roboute Guilliman lideró una flota, acompañado durante gran parte del tiempo por la potente Zar-Quasitor, nave insignia de Belisarius Cawl, que albergaba miles y miles de Primaris durmientes, preparados para la batalla. No obstante la Cruzada Indomitus consistía en muchas flotas que viajaban en tránsitos disformes cortos y peligrosos a través del Segmentum Solar y más allá, dentro de las franjas de los Segmentums Tempestus, Pacificus y Obscurus. Las fuerzas de Ultramarines y sus sucesores, tanto ya existentes como nuevos, acompañaban a muchas de estas flotas cruzadas, algunas luchando a su lado desde la propia Terra, ya fueran veteranos de la Cruzada Terrana o Marines Espaciales Primaris. Otras reuniéndose a la comitiva por el camino, fuerzas de ataque de los hijos genéticos de Guilliman que habían estado luchando en zonas de guerra por toda la Galaxia cuando la Gran Fisura se abrió.

El Tempus IndomitusEditar

El viaje por la Disformidad siempre ha tenido un efecto nocivo sobre el discurrir lineal del tiempo tal y como lo perciben los humanos. Incluso el salto más corto tiene el potencial de poner a aquellos que no están sincronizados con el tiempo sideral terrano en un desfase de días, meses o incluso años. Abundan las historias de fenómenos más extremos, experimentados por las naves atrapadas en medio de las energías de una tormenta de disformidad, con naves imperiales arrojadas siglos atrás o adelante en el tiempo. Existía todo un Ordo de la Inquisición, conocido como el Ordo Chronos, cuyo deber es rastrear y neutralizar rápidamente tales herejías temporales, de tal forma que no provoquen alarmas o interrupciones indebidas en los engranajes del Imperio.

Sabiendo que se aventurarían por toda la galaxia, sumidos en campañas durante años y realizando saltos tras saltos a través de un Inmaterium azotado por la Cicatrix Maledictum, las flotas de la Cruzada Indomitus intentaron mitigar este efecto estableciendo su propio Tempus Indomitus. Cada flota establece su propia cronología autónoma, fijada en las coordenadas temporales de la nave de mando de su comandante en jefe. En el caso de que un grupo de batalla o una fuerza de tarea descubriera que han sufridos años de desfase con respecto a su nave de mando, al enterarse de dónde se situaba el Tempus Indomitus de su flota, ajustarían sus registros y cronologías en consecuencia, ignorando estoicamente las implicaciones sobre la cordura de tales ajustes arbitrarios y continuando su camino insensibles.

Bregando con el vacíoEditar

En principio, Roboute Guilliman organizó cada flota de la Cruzada Indomitus hasta un nivel de regimiento. Sin embargo, tuvo que aceptar que su laborioso trabajo organizativo no sobreviviría mucho tiempo al contacto con una galaxia devastada por la guerra. Por lo tanto, proporcionó a los señores de flota y a los señores de grupo por igual poderes de requisición que rivalizaban con los del inquisidor más influyente. Aunque el desgaste y la fragmentación constante de los grupos de batalla de las cruzadas se cobraron su precio, las fuerzas extraídas de aquellos mundos y sistemas que habían rescatado reforzaron esporádicamente las filas imperiales. Es reseñable que algunos oficiales de flota requisaron solamente lo que necesitaban para mantener el avance de sus grupos de batalla. Otros se extraviaron en territorios despóticos y se arriesgaron a abandonar los mundos que habían “salvado” más agotados y desesperados que cuando llegaron.

En cualquier caso, esta mezcla constante en las filas de las cruzadas aseguró que cada grupo de batalla no tardara en asumir rasgos culturales de los mundos que había rescatado, mientras crecían tanto lazos de hermandad como feroces rivalidades entre los dispares elementos marciales que componían cada flota. Insignias de campaña, honores de batalla, heráldicas compartidas, tatuajes y escarificación; estos e innumerables otros desarrollos únicos se extendieron a través de las filas de cada grupo de batalla e incluso de las fuerzas operativas a medida que continuaba la Cruzada Indomitus. Aquí se podía ver el lenguaje de la solidaridad humana frente a una galaxia hostil, grabada en metal pintado, tela de colores y carne ensangrentada.

CronologíaEditar

Durante la Era Indomitus acontecen numerosos conflictos y actuaciones por parte del Imperio, en especial del Adeptus Astartes que tratamos de recopilar aquí:

Manos de Hierro Editar

El Corazón de Azufre Editar

La reliquia conocida como el Corazón de Azufre es robada de la Forja de la Gorgona por la Kábala del Filo del Loto. El Clan Haarmek persigue a los ladrones y ejecuta sobre ellos una sangrienta matanza, solo para perder el Corazón de Azufre por segunda vez ante Trazyn el Infinito. El Capitán de Hierro Tyrrod es despojado de su rango y deberes por su fracaso, y se embarca en la Peregrinación Plateada.

La Cruzada de Hierro Editar

Para encontrar un nuevo propósito en días oscuros, los Manos de Hierro marchan a la guerra con nueva determinación. Inicialmente se enfocan en asegurar la Brecha Medusan, pero rápidamente comprometen a la mayor parte de sus fuerzas en la Cruzada Stygius. Despreciando la disposición que muestran sus aliados de abandonar el Sector Stygius a las fuerzas del Caos, el Consejo de Hierro lanza su propia Cruzada de Hierro para preservar tan vitales mundos. A su esfuerzo se les unen varios capítulos sucesores, incluidos los Garras de Bronce y los Señores de Hierro; aunque los Hijos de Medusa nunca comparten un campo de batalla abierto con sus antepasados. 

La Batalla de XalladinEditar

El Consejo de Hierro recibe informaciones de que el Corazón de Azufre ha sido localizado en el sistema Xalladin. El Clan Raukaan es retirado de la Cruzada de Hierro y recibe órdenes de recuperar la reliquia a toda costa. Las complicaciones surgen cuando se revela que el Corazón de Azufre ha sido empleado como fuente de energía para un generador de escudos planetarios en Xalladin II, donde la 3ª Compañía de los Puños Imperiales está enmarañada en una lucha por salvar a los pocos supervivientes locales del ¡Waaagh! Boneskar. Decididos, contra toda lógica, a desperdiciar vidas y recursos en defensa de unos xallandinos condenados, los hijos de Dorn se niegan a tolerar la extracción del Corazón de Azufre. Mientras los orkos se concentran para el asalto final, las dos compañías casi llegan a los golpes; la discusión termina cuando la reliquia, sobrecargada, detona, destruyendo el generador de escudos. Con la fuente del conflicto eliminada, las dos compañías alcanzan una tregua incómoda, uniéndose a una fuerza de liberación de la Guardia del Cuervo para derrotar al ¡Waaagh! Boneskar A partir de entonces, la relación entre Manos de Hierro y Puños Imperiales es tensa.

Guardia del CuervoEditar

La Reclamación de Safiniyus Editar

El mundo minero de Safiniyus cae en manos de los Amos de la Noche. Sin embargo, antes de que puedan prosperar de su conquista, la Guardia del Cuervo desciende. Fuerzas de Marines Vanguardia, compuestas de Incursores, Infiltradores y Supresores se despliegan mediante paracaídas gravíticos para apoderarse de las plantas de energía, mientras que los Iniciadores y Tácticos aseguran las torres de perforación, luchando contra las tropas de asalto enemigas en plataformas a kilómetros de altura sobre los mares de promethium. Kayvaan Shrike lidera tantos asaltos de Thunderhawks que las fuerzas enemigas que les parece que estuviera en muchos lugares simultáneamente. Incapaces de destruir la moral de los astartes con sus retorcidas tácticas de terror, los Amos de la Noche intentan incendiar los mares de promethium y así negar Safiniyus a todos. Después de que las naves de combate de la Guardia del Cuervo interceptan y destruyen los torpedos incendiarios de los herejes en una salida desesperada, los Amos de la Noche admiten la derrota y huyen a la oscuridad del Imperio Nihilus.

Una mano ocultaEditar

Las tropas de Marines Vanguardia de la 10ª Compañía de la Guardia del Cuervo informan que se han desatado hostilidades entre los Puños Imperiales y los Manos de Hierro en Xalladin II, en aparente ignorancia de la creciente amenaza del ¡Waaagh! Boneskar. Kayvaan Shrike despliega elementos de la Guardia del Cuervo en secreto y comprueba que los Manos de Hierro buscan recuperar una reliquia que actualmente alimenta el escudo planetario de Xalladin II, un acto que dejará a lo que queda de la población vulnerable a los Orkos. Cuando los insultos se convierten en golpes, Shrike toma medidas draconianas: destruye la reliquia, eliminando el conflicto y obligando a sus hermanos a trabajar juntos por la supervivencia de Xalladin II. Cuando los orkos inician su ataque, la Guardia del Cuervo revela al fin su presencia y se une a Tor Garadon y al Padre de Hierro Feirros para repeler al ¡Waaagh! Boneskar. Aunque las sospechas abundan tras la batalla, ni Garadon ni Feirros pueden probar la participación de Shrike en el inesperado fallo del generador de escudos. 

La Dispersión Editar

Kayvaan Shrike llama a un cónclave de todos los líderes de la Guardia del Cuervo. Por primera vez en siglos, el alto mando del capítulo se reúne en su totalidad dentro de la Torre del Cuervo para ofrecer consejos a su señor. Irónicamente, la realidad es que tal acto es para saber que deben esparcirse por todo el Imperio, desde el Segmentae Sanctus hasta las regiones más oscuras del Imperio Nihilus. Cada Capitán Sombrío recibe sus órdenes, exclusivas y secretas, y se dirige con sombría determinación hacia objetivos solamente conocidos en su totalidad por Shrike. 

Cicatrices BlancasEditar

Un poderoso regaloEditar

Con las hermandades agotadas y el Sector Yasan invadido por múltiples enemigos, los Cicatrices Blancas comienzan a reagruparse y planean sus contraataques. Es entonces cuando el Grupo de Batalla Delphi II de la Flota Tertius de la Cruzada Indomitus llega al sistema, entregando su contingente de Cicatrices Blancas Primaris para unirse a la lucha. Reforzados sus cuadros, la lucha comienza en serio, al tiempo que comienza el reclutamiento de neófitos en las vengativas tribus de Chogoris para que sean elevados a Marines Primaris.

La Caída del Gran KhanEditar

Buscando venganza por el daño infligido a Chogoris, Jubal Khan lidera un audaz ataque contra Seethnar, la vasta estación espacial tomada por Huron Blackheart como astillero principal para sus flotas piratas. En un rápido ataque naval, Seethnar es abordada desde múltiples frentes y su reactor detonado con cargas explosivas. Sin embargo, Jubal Khan y sus guerreros son aislados durante la retirada y los herejes se apoderan del Señor del Capítulo.

Un regreso desoladorEditar

Semanas después del ataque a Seethnar, los Cicatrices Blancas emboscan la nave de guerra en la que está encarcelado Jubal Khan. Los astartes logran liberar a su señor pero lo encuentran torturado y cerca de la muerte. Jubal Khan es repatriado a Chogoris e ingresado en una cuna de soporte vital del Apothecarion instalada en su santuario interior. Jubal Khan vive, y gracias a su indomable espíritu sigue siendo capaz de servir como el señor y gran estratega de su capítulo; sin embargo, los pronósticos sobre su recuperación física son terribles y muchos susurran que quizás hubiera sido más misericordioso que su Gran Khan muriera en batalla que enfrentarse a un futuro encerrado en su strategium, incapaz de levantar una espada o sentarse en una silla de montar.

SalamandrasEditar

El precio de la compasiónEditar

La oscuridad de Noctis Aeterna obliga a una unidad de salamandras a aterrizar en el planeta Warsylask. Justo entonces un culto de adoración a Nurgle se alza en el planeta y propaga una horrible enfermedad disforme entre la población, quedando los lugares sagrados como los únicos libres de la infección. Incapaces de ver al pueblo de Warsylask asediado y exterminado por los cultistas, los Salamandras se arrogan la seguridad de los santuarios y catedrales en lugar de atacar a los cultistas una y otra vez. A medida que la Noctis Aeterna retrocede, también lo hace la plaga disforme, permitiendo que las Fuerzas de Defensa Planetaria y los Adeptus Arbites lleven por fin la lucha a los cultistas. Estos encuentran que los herejes son ya una fuerza gastada, con la moral rota y su fuerza debilitada por las valientes acciones de los Salamandras. Sin embargo, ninguno de los hijos de Vulkan ha sobrevivido a las plagas; todos se han convertido en mártires de sí mismos al luchar incluso cuando la pestilencia corroía sus cuerpos y almas. El gobernador de Warsylask conmemora su sacrificio levantando la Catedral de los Nueve Héroes en el lugar de la victoria final de sus guerreros sobre el culto.

Las pruebas de He'stanEditar

Con la apertura de la Gran Fisura y la división del Imperio, parece que los esfuerzos de Vulkan He’stan por reunir los legados de su primarca están condenados al fracaso. Pero el Padre Forjador no se inmuta. Más bien, afirma que la creciente dificultad de su tarea es un indicio seguro de que se está acercando a su objetivo, y que Vulkan simplemente desea que sus hijos sean probados y templados al máximo antes de reunirse con ellos en la batalla. Dicho esto, He’stan reúne nuevas fuerzas y se lanza hacia un mundo distante conocido solo como Zero, velado por las sombras de más allá de la luz del Astronomicón.

Una luz en la oscuridadEditar

Las tormentas disformes que emanan de la Gran Fisura oscurecen a todo el Sistema Largos, y en la vorágine resultante, el Devorador de Almas Khaz'khul y su Legión de la Ira se materializan para matar y esclavizar a las densas poblaciones de sus planetas. Son los Salamandras, con una fuerza casi completa, los que llegan para detener sus matanzas ritualisticas. Abriendo brecha por las paredes de las factorías sanguinarias llegan oleadas de tanques Repulsores, seguidos por escuadrones de Agresores en masa que limpian todo con fuego purificador. Los Salamandras aplican sus tácticas colmena por colmena, planeta por planeta, liberando a los que pueden ser liberados y vengando a los que no.

Puños ImperialesEditar

La Cruzada IndomitusEditar

Los Puños Imperiales se distinguen una y otra vez durante las etapas iniciales de la Cruzada Indomitus, ganándose muchos elogios del nuevo Lord Comandante del Imperio.

La Batalla del Puño SelladoEditar

El Capitán Garadon lidera a la 3ª Compañía a Xalladin II con el objetivo de repeler al ¡Waaagh! Boneskar, tras un ataque furtivo de Korzarioz que la deja varada en su superficie, fortaleciendo las defensas desmoronadas del Capitolio para ganar tiempo y emitir un himnario de socorro. Mientras que el escudo defensivo parpadea, el Clan Raukaan de los Manos de Hierro hace su aparición, pero en lugar de unir su potencia de fuego al de Garadon, insisten en que la reliquia que alimenta el escudo planetario les sea entregada. Las disputas escalan y las dos compañías llegan a las manos por el destino de la población civil. Mientras se acerca el punto de no retorno, la reliquia detona, dejando a Xalladin II vulnerable a los pielesverdes. Afortunadamente, este desastre coincide con la llegada de una fuerza de socorro de la Guardia del Cuervo. Apartando las discusiones ante la necesidad, la 3ª de Garadon se bate hombro con hombro con el Clan Raukaan y la Guardia del Cuervo para derrotar al ¡Waaagh! Boneskar. Sin embargo, la amistad entre los Manos de Hierro y los Puños Imperiales se vuelve frágil y tenue por esta experiencia.

Caballeros del CaosEditar

Gloria hecha añicos Editar

Salvajes tormentas de Disformidad se extienden por toda la galaxia, uniéndose para formar la Cicatrix Maledictum. Decenas de mundos Caballero son tragados cuando la Gran Fisura bosteza, y más se ven acosados por las voraces entidades se derraman sobre la realidad. Pero para muchos Caballeros del Caos, la división de pesadilla en las estrellas es una señal para que marchen a la guerra. Caballeros Descastados y los Casas Caídas, las cuales habían mantenido dominios tiránicos al margen del Imperio ahora se reúnen en masa, atendiendo a la llamada de los Dioses Oscuros.

El Guantelete NachmundEditar

Dharrovar, un mundo Caballero que se creía perdido desde la Herejía de Horus, se redescubre en uno de los pocos pasajes conocidos de la Cicatrix Maledictum. Los enviados imperiales acuden rápidamente ante los Nobles de Dharrovar, rogándoles que aseguren esta puerta vital al Imperio Nihilus. Sin embargo, estas solicitudes se responden con violencia. Pronto queda claro que Kaligius, Gran Rey de la Casa Mandrakor, ha caído en el Caos, cuyo Trono Mechanicum está plagado de presencias demoníacas. Muchos de sus caballeros más leales le siguen en su traición, lo que lleva a una devastadora guerra civil en Dharrovar.

La conflagración de Rho ZafiroEditar

Por encima del gigante gaseoso de Rho Zafiro, una fuerza de ataque de la 6ª Compañía de los Cicatrices Blancas lucha una guerra de movimientos contra una hueste invasora de Demonios de Slaanesh. Los Marines Espaciales compiten por asegurar las vitales torres de perforación de éter, las cuales están suspendidas en la termosfera del planeta, abriéndose paso entre gritos de Diablillas y Demonios de Slaanesh que inundan los pórticos ecuatoriales, incluso cuando más seres depravados brotan de las cercanas fauces de la Gran Fisura. El combustible de estas torres de perforación es crucial para que las flotas imperiales se retiren de las tormentas de disformidad, pero los Demonios superan en número a las Cicatrices Blancas cien a uno. La batalla parece tomar un cambio cuando una flotilla de barcazas de macrotransporte alcanza una órbita baja y arroja su carga de Caballeros. Pero la esperanza de los refuerzos es de corta duración. Los Caballeros de la Casa Khymere que marchan hacia los pórticos flotantes abren fuego contra los Marines Espaciales, destruyendo a los pocos que quedan. Cuando los cruceros de la Armada Imperial llegan para repostar, los Caballeros del Caos parten, pero no antes de sobrecargar el núcleo de cada torre de éter. Las reacciones en cadena resultantes incendian la atmósfera de Rho Zapphire, incinerando a las flotas cuando todo el planeta explota.


Forja Infernus

En el mundo Industrial de Nemendghast, el Maestro de Posesión Vorash Soulflayer y sus acólitos transforman un complejo manufactorum en expansión en la fundición demoníaca conocida como Forja Infernus. Entre las víctimas de los viles rituales de Soulflayer se encuentran dos Caballeros Desarraigados que son incapacitados y capturados mientras defendían Nemendghast de la incursión del Caos. El primer Desarraigado y su piloto son sujetos a una agonizante exposición a la Disformidad, corrompiendo su metal y su carne con sus demoníacas energías. El segundo es inundado de un lodo hecho con los cadáveres retorcidos de aquellos recientemente poseídos, ahogando tanto a la máquina como a su noble. Aunque resisten los rituales corruptores durante casi un año, los Desarraigados acaban quebrándose en cuerpo, trono y alma. El primero de ellos es renombrado por Vorash como Estrella de la Desgracia, y al segundo Mano de la Lamentación. Cada uno de estos Desarraigados jura fidelidad a su creador antes de ser enviado a misiones individuales. Estrella de la Desgracia es enviado a buscar y matar a la Baronesa de Tanika, un caballero que tiene fama de ser el mejor duelista de la galaxia, y traerlo arrastrando hasta Nemendghast. Mientras tanto, a Mano de la Lamentación se le da el nombre verdadero de un antiguo Príncipe Demonio, y se le dice que lleve a esta criatura a Vorash, de una forma u otra.


Tierras de pizoteo

Una nube de Piedroz cae en picado sobre la superficie del mundo Caballero Infernal de Cobbran, hogar de la Casa Qiln. Antes de que el polvo del impacto se haya asentado, docenas de Pizoteadores con la marca de los Kráneoz de Muerte emergen de sus crudas naves de desembarco y comienzan una pesada marcha hacia la fortaleza más cercana. Llenos de indignación, los Caballeros del Caos caminan en masa para batirse con los invasores, formando una lanza de más de quinientos ingenios de guerra con los que cargar de frente a sus enemigos. Tal es la escala de la batalla que sigue, tan pesadas las pisadas metálicas y tan destructivas las presas, que la corteza tectónica de Cobbran se desplaza, lo que lleva a una actividad volcánica explosiva. Grandes Mekánikos de grandes ojos hackean rápidamente a los caballeros que son derribados. Mientras tanto, cada pizoteador que es derrocado es arrastrado hacia los flujos de lava abiertos por los cultos de idólatras leales a la Casa Qiln, y mediante rituales profanos se convoca a nuevos Caballeros del Caos completamente formados a partir de la escoria burbujeante.

Cadena de degradaciónEditar

El Caballero Desarraigado Odio de Krastellan se alinea con los Marines Espaciales Renegados conocidos como la Compañía de la Miseria. Juntos emprenden una campaña desgarradora a través del Sistema Dysephamine, que culmina en el esclavizamiento de la población de Dyseph IX. La Compañía de la Miseria se propone matar a todos los psíquicos del planeta, pero no antes de que se envíe una llamada de socorro. Sin embargo, esta solicitud de ayuda no solo es anticipada sino planeada por la Odio de Krastellan. Un mensaje del propio Desarraigado es agregado a la señal de socorro, un desafío formal a Sir Hekhtur y su Canis Rex, el llamado Rompecadenas. Después el Odio a Krastellan viaja a la única luna de Dyseph IX, y en la superficie yerma espera la llegada de Canis Rex.

Cazar a los cazadoresEditar

En el mundo selvático de Y'tach’grra, un solitario Perro de Guerra de la Casa Khomentis es reducido por una banda itinerante de mercenarios Kroot. Como es costumbre, los carnívoros Kroot sacan al piloto del ingenio caído y devoran su carne. Pero al hacerlo, se liberan las entidades demoníacas que el Noble había almacenado en su cuerpo. Después de una escaramuza rápida y brutal, estas manifestaciones son repelidas, regresando al Inmaterium pero no antes de que hayan marcado a cada uno de los mercenarios Kroot con una runa ardiente. Más de un año después, en un mundo distante, la verdad de estas marcas se hace evidente. Una lanza de caballeros de la Casa Khomentis atacan a los Kroot de la nada, siguiendo las runas en llamas a través de la Disformidad dar caza a su presa.

Avaricia eternaEditar

Al enterarse de una cámara llena de arcqueotecnología y conocimiento perdido, el Rey Dorado emprende una búsqueda para encontrar este depósito secreto y matar a su guardián, el Desarraigado conocido como el Caballero Verde.

El Torneo de VigridEditar

La eterna guerra por la supremacía entre los Dioses Oscuros se extiende al espacio real, lo que lleva a una serie de conflictos infernales en mundos en lo profundo del Imperio Nihilus. El más grande de ellos es la Batalla de Vigrid, donde vastos ejércitos de cada una de los dioses participan en un extenso combate. Al final, se propone un concurso de campeones mediante el cual los Grandes Demonios de cada dios se enfrentarán en un combate singular. Los gritos de guerra de pesadilla de este concurso resuenan a través de la Disformidad, licuando las mentes de los psíquicos en años luz en todas las direcciones, y llamando la atención de la Casa Lucaris. Se envían cuatro caballeros para participar en el Torneo de Vigrid y demostrar el poder de la Casa Iconoclasta. Los caballeros que luchan contra los campeones de Khorne, Nurgle y Slaanesh salen victoriosos, pero pronto se hace evidente que se les ha otorgado una parte del poder de Tzeentch para cambiar el destino. Estos tres Caballeros del Caos logran escapar de la zona de batalla antes de que los ejércitos demoníacos devengan en una guerra abierta una vez más, llevando consigo los dones hechiceros de El Que Cambia Las Cosas.

Falso ídoloEditar

Después de casi dos siglos y medio de guerra incesante, el Caballero Arrasador Sable de la Muerte está cubierto de una gruesa capa de piel triturada y grasa rancia reclamada a sus oponentes más dignos. Multitudes de cultistas se reúnen alrededor del maníaco caballero en batalla, mostrando su lealtad mediante actos de creciente depravación. Las continuas matanzas perpetradas por Sable de la Muerte no tardan en atraen la admiración de una secta de adoradores aún más extraña, pues una manada de Necrones Desolladores emerge de su sombría dimensión. Después de matar rápidamente a los desquiciados seguidores humanos, los Desolladores empiezan a adorar al Caballero del Caos, creyendo que es una manifestación del C'tan Llandu’gor. Dado su propio estado de locura salvaje, Sable de la Muerte ni siquiera nota a sus nuevos esclavos xenos.

Ingenios indomablesEditar

En innumerables frentes, las Casas Caídas marchan a la guerra contra la miríada de flotas de la Cruzada Indomitus. Las terribles lanzas de los Caballeros del Caos golpean mundos donde los refuerzos imperiales están llegando, desafiando a los ejércitos que se acercan a enfrentarse sin demora, mientras que casas más rapaces y los Descastados arrasan los planetas que se encuentran tras las flotas. Muchas y viejas deudas de sangre son liquidadas y se forman aún más a medida que sus reactores disformes desatan su furia contra los sirvientes del Emperador.

FuentesEditar

  • Codex: Caballeros del Caos (8ª Edición).
  • Suplemento: Ultramarines (8ª Edición).
  • Suplemento: Manos de Hierro (8ª Edición).
  • Suplemento: Cicatrices Blancas (8ª Edición).
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