FANDOM



Eldar oscuro simbolo culto conflicto

Símbolo del Culto del Conflicto

El Culto del Conflicto es un Culto de Brujas de los Eldars Oscuros.

HistoriaEditar

El Culto del Conflicto se ha convertido en el culto de brujas más poderosos de todos los existentes en la Ciudad Oscura, y en gran medida debido a los sublimes talentos de su líder, Lelith Hesperax. No ha sido mediante golpes marciales o intrigas políticas que el culto se ha situado en la cúspide del poder sino a través de creer en la velocidad sobre la fuerza y el convertir los juegos sangrientos en la máxima demostración de arte. A pesar que el Culto del Conflicto alardea de tener entre sus filas a docenas de los mejores guerreros atletas de la Galaxia, la propia Lelith Hesperax es el diamante en el centro de la corona. Su letal encanto atrae a cientos de miles de espectadores cada noche y cada uno de ellos está dispuesto a pagar el alto precio a los pagadores del culto para gozar de dicho privilegio.

Lelith Hesperax Bruja Eldar Oscura

Bruja del Culto del Conflicto

Noche tras noche Lelith ejecuta su mortal danza a través de filas de orkos mejorados con esteroides, cárnifexs capturados, abominables grotescos y Arcontes caídos en desgracia entre otros contendientes, mientras la multitud ruge su aprovación al verla repartir los besos de la muerte con el desdeñoso filo de sus hojas. Entre los muchos admiradores de Lelith se encuentra el propio Asdrubael Vect por lo que el Culto del Conflicto posee el apoyo de la Kábala del Corazón Negro. Si dicha relación es un vínculo de admiración mutua o un cauteloso respeto entre asesinos natos es irrelevante ya que su alianza ha demostrado ser fuerte como el acero, y la fuerza es un valioso activo en la Dimensión Laberíntica.

Debido al inmenso valor que posee para los gobernantes de Commorragh, es muy extraño que Lelith abandone la Ciudad Oscura en una incursión en el espacio real más de una vez por cada ciclo lunar, pero cuando lo hace pelea con la furia de un demonio y en cada ocasión retorna a Commorragh con un botín de macabros trofeos.

Mientras el Culto de Brujas se encuentra librando la guerra en la galaxia, las Kábalas del Alto Commorragh son mucho más propensas a realizar también incursiones en el espacio real. Después de todo, sin la musa de Commorragh para entretenerlos, la vida puede parecer un poco más aburrida y no hay nada más idóneo para que los eldars oscuros provoquen una matanza que la amenaza del simple aburrimiento.

Acciones notables Editar

  • Incursión en Ghorvenfal - Una de las colaboraciones más infames entre la Kábala del Corazón Negro y el Culto de! Conflicto fue la incursión del mundo de Ghorvenfal. El planeta era una fortaleza de la Legión Alfa, una facción de Marines Espaciales del Caos que es sinónimo de sigilo y subterfugio. Durante décadas, un señor de la guerra de la Legión Alfa llamado Jaghathra Vrax había operado desde una fortaleza en las Montañas Negras de Ghorvenfal. Era un esgrimista sobresaliente cuyas incursiones piratas asolaban los sistemas circundantes, eludiendo con facilidad las torpes represalias del Imperio. Sin embargo Vrax terminó por abarcar más de lo que podría dominar. Tras haber descubierto que la Kábala del Corazón Negro planeaba atacar el mundo factoría Imperial de Melidrantis, optó por usar a los Eldars Oscuros como peones en sus propios planes, Vrax ocultó tropas de la Legión Alfa en la superficie del planeta con órdenes de esperar hasta que la incursión ya estuviera en curso. Atacaron durante el punto álgido de la batalla, pillando por sorpresa tanto a los cabalitas como a los asediados Cadianos y cobrándose un alto precio de ambos bandos. Las fuerzas de Vrax escaparon con un abundante alijo de armamento y provocaron que el Corazón Negro se retirase con las manos vacías. Ni que decir tiene que tal insulto era intolerable. Asdrúbal Vect no escatimó esfuerzos en rastrear a estos misteriosos asaltantes y preparar un ataque para darles un escarmiento. Aquel no sería una incursión esclavista, sino una matanza. A petición de Vect, la propia Lelith Hesperax se unió a las fuerzas preparadas para el ataque, pues suya sería la tarea de humillar personalmente a Jaghathra Vrax. La incursión dio comienzo tan pronto como el voluminoso sol de Ghorvenfal se alzó, rojo como la sangre, en el horizonte. Cuando el portal a la Telaraña rasgó los cielos sobre las Montañas Negras, los legionarios Alfa se quedaron estupefactos. De él surgieron docenas de naves de ataque que cayeron como una lluvia de espadas sobre la inmensa fortaleza de la Legión Alfa cobijada entre los picos montañosos. Para cuando las defensas antiaéreas del Caos se activaron y comenzaron a disparar ya era demasiado tarde. Esbeltos cazas hendían el aire y sus bombas y misiles silenciaban un cañón quádruple tras otro y abrían brechas en el pellejo blindado de la fortaleza. Los cabalitas del Corazón Negro y las Brujas del Culto del Conflicto aprovecharon esos huecos para colarse a cientos en la fortaleza, saltando directamente desde la cubiertas de los Incursores a los corredores saturados de humo del fuerte. Los corpulentos traidores se enfrentaron a ellos con el fuego de sus bólteres y el acero de sus cuchillos. Las Hekatarii esprintaban y saltaban entre el enemigo, abatiendo a los gigantes acorazados sin reparar en las cuantiosas bajas que ellas mismas sufrían. Los cabalitas avanzaban tras las brujas, eliminando con sus disparos a los traidores que eludían los filos de las gladiatrices. Los legionarios Alfa supervivientes acabaron rodeados en su polvorín principal, ampliamente superados en número, además de en potencia de fuego. En ese mismo lugar Hesperax se enfrentó a Vrax en combate singular, ofreciéndole con sorna al Señor del Caos su libertad y la de sus esbirros si la derrotaba. Vrax era un esgrimista mortífero en cuyas venas ardía una fuerza demoníaca y acometió a su esbelta oponente con su mandoble forjado en el infierno. Hesperax le arrostró con un simple cuchillo en cada mano, a pie quieto, con una leve sonrisa en la comisura de sus perfectos labios. La contienda fue un huracán de espadas, tan veloz que el ojo no podía seguirla y en cuestión de segundos la espada de Vrax golpeó el suelo con ambas manos cercenadas aún aferradas a la empuñadura. Hesperax, con la piel impoluta salvo por la sangre del Señor del Caos, no se detuvo ahí y le amputó los brazos y las piernas para dejarlo indefenso, bramando de furia a sus pies. Tras la caída del Señor del Caos, las acolitas de Lelith continuaron su labor. Sólo un legionario Alfa salió vivo de la fortaleza aquel día y, a día de hoy, su cuerpo mutilado sigue aullando en una agonía interminable sobre la Puerta de Ónice del palacio de Vect.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Lexicanum inglés .

  • Codex: Eldars Oscuros (Ediciones 3ª, 5ª y 7ª).
  • Eldar & Dark Eldar Collector's Guide.
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.