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"Las escucho, todas ellas, cada vez que cierro los ojos. Las llamadas de socorro que quedaron sin respuesta. Las solicitudes de ayuda que podríamos haber ofrecido habían si las necesidades hubieran sido menos crueles. Cada mundo, cada ejército, cada flota, colonia, plataforma y puesto de avanzada desde donde sus voces resonaban en un coro compuesto de moribundos y condenados; sé que salvarlos habría sido perder todo el Imperio, y sin embargo sigo escuchando sus voces. Siempre lo haré, llevándolas conmigo como un horrible relicario hasta el día en que encuentre mi fin. Quizás esto sea lo correcto. Quizás este sea mi castigo."

Roboute Guilliman a Cato Sicarius, antes del Discurso a las Tres Flotas.

La Cruzada Indomitus fue la gran campaña galáctica liderada por Roboute Guilliman tras la Noctis Aeterna para contraatacar a las fuerzas del Caos que asediaban todo el Imperio a ambos lados de la Gran Fisura.

HistoriaEditar

IndomitusCrusade

Cruzada Indomitus

En los últimos años del 41º Milenio, una devastadora cascada de tormentas de disformidad se abrió paso a través de las estrellas. Era como si los Dioses Oscuros hubieran hincado una cuchilla irregular a través de la garganta de la galaxia, abriendo la tensa piel del espacio real una y otra vez; y desde los espacios inefables del más allá, las malévolas energías del Inmaterium se derramaron. A medida que los frentes de tormenta antinaturales se extendieron, estos se multiplicaron y se estrellaron como maremotos ectoplásmicos. Innumerables mundos quedaron envueltos en furiosas tempestades de locura. Ejércitos completos fueron tragados por la oscuridad, mientras que las naves en tránsito quedaron reducidas a restos atormentados o arrojados millones de años luz fuera de curso. Pero en medio de la muerte y el caos, una banda de héroes se forjó contra viento y marea. Esta fue la Cruzada Terrana, una fuerza combinada de Marines Espaciales de docenas de Capítulos aliados con las fuerzas del Adepta Sororitas, Astra Militarum, Inquisición y Adeptus Mechanicus. Sus naves se reunieron en un intento desesperado por llegar a Terra antes de que los frentes de tormentas pudieran consumirlas. A la cabeza luchaba Roboute Guilliman, el renacido primarca de los nobles Ultramarines , el semidiós guerrero que había convocado esta cruzada desesperada y que no aceptaría otro fin que la victoria.

Se cuentan muchas historias heroicas sobre la Cruzada Terrana. Las leyendas afirman que sus guerreros avanzaron a pesar de las maquinaciones de herejes y xenos por igual, que se libraron de las crueles trampas de Demonios y déspotas para, al final, llegar por extraños caminos a la superficie de Luna, la única luna de la Sagrada Terra. En Luna, el ejército de la cruzada se vio obligado a librar una última y salvaje batalla contra Magnus el Rojo y sus Mil Hijos. El Primarca Demonio intentó evitar que su hermano leal llegara al mundo del Trono Dorado. Solo mediante una guía suprema de la fuerza combinada de los supervivientes de la cruzada, reforzados en su hora de mayor necesidad por las fuerzas militares enviadas desde las defensas alrededor de Terra, Guilliman pudo prevalecer.

Muchos creen que fue la Batalla de Luna, más que cualquier otro combate, lo que inspiró la naturaleza de la Cruzada Indomitus. Otros citan el conflicto que Guilliman se vio obligado a liderar solamente unos días después, junto con el Capitán General Trajann Valoris, liderando un poderoso ejército imperial en defensa del Emperador mientras la gran ola de proa de la Noctis Aeterna traía un ejército de demonios de Khorne contra las mismas puertas del Palacio Imperial. Cualquiera de los dos podría haber imprimado a Roboute Guilliman la verdadera eficacia de los ejércitos combinados del Imperio. Otros sugieren que el primarca ya era muy consciente del poder de la maquinaria de guerra imperial después de sus batallas en Ultramar y durante la Cruzada Terrana. Lo más probable es que todos desempeñaran su papel, proporcionando datos estratégicos en bruto para que Guilliman los procesase, mejorando su comprensión de las capacidades de la máquina de guerra imperial en el 41er Milenio y plantando las semillas de su plan para una contraofensiva de armas combinadas contra las fuerzas de los Poderes Ruinosos.

Hay algunos entre los Altos Señores de Terra que sugieren no demasiado sutilmente que Roboute Guilliman ya podría haber albergado los planes para su propia y auto-engrandecedora Gran Cruzada. Ellos insinúan que el primarca hizo el viaje a Terra sólo para poder lanzar su propia conquista galáctica como lo hizo su padre antes que él, con la esperanza de obtener legitimidad por tal empresa. Por supuesto, tales nociones se basan en leyendas de diez mil años de antigüedad y textos eclesiales apócrifos, y probablemente motivadas por celos y política. Con todo, hubo quienes creían que tenían un atisbo de verdad, y estuvieron aquellos que se sintieron molestos con el primarca por lo que percibían como un intento de subvertir los mantos de los Altos Señores, tal vez incluso del propio Emperador.

Luego están aquellos que afirman que la Cruzada de Indomitus no fue un plan concebido por Roboute Guilliman en absoluto. Ciertamente es un hecho que el Hijo Vengador visitó la sala del trono de su padre al llegar a Terra, aunque, si pasó algo entre ellos detrás de esas puertas doradas, nadie más que Guilliman puede saberlo. También es cierto que no fue hasta que Guilliman salió de la sala del Trono Dorado que puso en marcha sus planes. Quizás la Cruzada Indomitus fue de hecho la voluntad manifiesta del señor de la Humanidad, una poderosa empresa que rivalizaría con sus propias acciones tomadas diez mil años antes. Si es así, fue lanzada contra una oscuridad y males que rivalizaban con los de la Vieja Noche, perseguida no en nombre de la Verdad Imperial, sino con pleno y terrible conocimiento de los enemigos a los que la Humanidad debe vencer para sobrevivir a esta, la hora más oscura.

Sea como fuere, una cosa es segura. Incluso cuando la oscuridad de la Noctis Aeterna comenzó a desvanecerse del sistema Sol y la luz del Astronomicón se extendió para iluminar una galaxia muy cambiada, Roboute Guilliman ya había comenzado a reunir las mayores flotas de cruzadas que la Humanidad había visto desde los albores del Imperio.


Una gran empresaEditar

Desde que la flota del Señor de la Guerra Horus oscureciera los cielos sobre Terra, el Imperio no había conocido un momento de crisis tal como los días posteriores a la apertura de la Gran Fisura. La mitad del reino del Emperador había desaparecido, oculto tras un velo de pesadillas y, por lo que sabían todos en Terra, aniquilado. A los mundos dentro del recién designado Imperium Sanctus les fue un poco mejor. Las llamadas de socorro, los gritos desesperados y las últimas y sombrías transmisiones casi ahogaron las mentes de los astrópatas de Terra y enloquecieron a muchos de ellos. Al parecer, no había un mundo que no estuviera acosado por la guerra. Los Altos Señores de Terra posaron su mirada en todas partes, logrando que los ejércitos y las flotas del Imperio se dispersaran, quedaran sitiadas y superadas en número. Incontables billones de ciudadanos imperiales morían a cada día que pasaba. Los mundos parpadeaban como llamas de velas a punto de apagarse desde los confines del Segmentum Pacificus hasta el tumulto sacudido por las tormentas del Sector Charadon. El tiempo era desesperadamente esencial.

A pesar de su nuevo nombramiento como Lord Comandante del Imperio, Roboute Guilliman sabía que no podía responder de inmediato. Los registros inquisitoriales hechos con captadores vox de las conversaciones privadas del primarca durante esos días oscuros revelan que Guilliman tuvo que combatir el impulso de sacar su espada, reunir a los guerreros disponibles para él y tomar las naves hacia la zona de guerra más cercana. En su lugar, muchos de sus hermanos perdidos quizás hubieran hecho exactamente eso. Pero tanto la bendición como la maldición de Roboute Guilliman era ver siempre en términos de un cuadro completo. Entendió mejor que nadie que la Humanidad se enfrentaba a una guerra no por territorio sino por supervivencia, que cada arma en el arsenal imperial debía ser manejada en concierto y con un grado de habilidad que solo él podría lograr, y que perder la perspectiva incluso por un momento podría llevarle a ganar un puñado de batallas solo para perder la guerra por el reino de su padre.

Así que Guilliman cogió toda su rabia, todo su odio hacia la amenaza traidora y su consternación por lo que le habían hecho al Imperio, y lo canalizó hacia la concentración de la Cruzada Indomitus. No formaría meros ejércitos, ni siquiera cruzadas en el sentido tradicional, sino inmensas flotas de venganza y reconquista que empequeñecieron todo lo que les precedió. Con estas herramientas a su disposición, Guilliman lucharía contra los lacayos de los Dioses Oscuros.

Expuso sus planes a los Altos Señores con lo que podría describirse como enérgica determinación, habiendo puesto en marcha una docena de planes y más antes incluso de lograr su acuerdo. En el momento en que se pudo restablecer la comunicación astropática con todo el Sistema Sol, Roboute envió misivas a Marte, Titán, Júpiter y docenas de otros mundos y fortificaciones en el espacio profundo. Habló con Belisarius Cawl, haciendo hincapié en su antiguo aliado sobre la importancia de la velocidad en la realización de la Fundación Ultima. Consolidó todos los recursos escpaciales en los que podía poner sus manos y comenzó el proceso de reunir una flotilla tras otra en el espacio profundo, más allá de Neptuno. Guilliman fue en persona a rogar a la Abadesa Sanctorum del Adepta Sororitas y al Fabricador General de Marte en busca de ayuda en su empresa; pocos saben qué promesas o garantías hizo Guilliman a estas dos figuras, pero mediante un precio desconocido se aseguró su cooperación.

Si Terra iba a ser su fortaleza y Sol su patio de concentración, Guilliman no podía permitirse el riesgo de inestabilidades o insurrecciones que pusieran en peligro sus esfuerzos. Hizo propuestas a la Inquisición, al Adeptus Custodes, a los Adeptus Arbites, a la Eclesiarquía, e incluso al Officio Assassinorum para ello. Así comenzó una época de brutales purgas a lo largo de las macro colmenas de Terra que se convirtieron en cientos de pequeños cultos purgados y millones de presuntos herejes, mutantes y reincidentes quemados vivos en las calles. Pocos estaban a salvo de esta campaña de terror, que pronto se conoció como el Azote del Primarca y destapó un número impactante de funcionarios corruptos, diletantes magister-cultistas y altos acólitos egoístas de la alta sociedad terrana.

Horron Sch’est, el Cónsul Pre-eminus notoriamente arrogante y conservador de las Casas de Navegantes, fue azotado públicamente ante la conmoción generalizada. Este había intentado retener la concentración de la Cruzada Indomitus reteniendo la ayuda de los gremios, a la espera de promesas de un trato sumamente preferencial de los Altos Señores, pero pronto descubrió que la paciencia de Guilliman para tales maniobras era nula. A las pocas semanas de la ratificación de los planes de Guilliman por parte de los Altos Señores, se libraron varias guerras sin cuartel en el interior de las colmenas terranas mientras los cultos de xenófilos y los adoradores del Caos lucharon desesperadamente por su supervivencia. Los daños colaterales ascendieron en espiral. Voces de disidencia murmuraron donde no creían que pudieran ser escuchados. Sin embargo, como resultado del Azote, la concentración de Guilliman no fue interrumpida por sabotajes, sedición o politiquería; al menos en general.

Para el propio Guilliman, el aspecto más problemático de la concentración fue el proceso de selección que debía promulgar en todo el Segmentum Solar. El principio fundamental de la Cruzada Indomitus requería la acumulación de inmensas fuerzas militares en y alrededor del Sistema Sol y sus cúmulos estelares vecinos; en este punto, el primarca había expresado su deseo de reunir hasta diez de estas megaformaciones. Estas flotas se reunirían una por una a medida que se dispusiera de fuerzas suficientes antes de atacar rutas predeterminadas a través del reino del Emperador. Una gran parte del material y la mano de obra requerida para la Cruzada Indomitus estaba programada para su llegada de Marte en forma de los Marines Espaciales Primaris de la Fundación Ultima y la vasta fuerza de Skitarii, Caballeros y manípulos de Titanes , ingenios Ordinatus y similares del planeta rojo. Más se extaería de la Orden del Cáliz de Ébano y, en menor medida, de la Orden de Nuestra Señora Mártir, de las filas del Adeptus Custodes y la Inquisición, y de las poderosas naves de guerra de la magnífica Flota de Batalla Solar. Sin embargo, una fuerza marcial sustancial también debía extraerse de los sistemas dentro de la órbita más lejana de Terra, y fueron estos lugares en batalla los que Guilliman se vio obligado a evaluar con un ojo frío y calculador.

Estaba claro que algunos mundos tenían una posibilidad de supervivencia luchando por su propia cuenta; allí donde los informes hablaban de guerreros determinados y veloces naves de guerra que sostenían la línea, de xenos y herejes eran repelidos y mantenidos a raya, Guilliman permitió que los ejércitos del Imperio siguieran luchando. Sin embargo, por cada sistema que luchaba contra la oscuridad, había muchos más cuyos defensores estaban a punto de ser abrumados y no resistirían sin ayuda. Fueron a estas fuerzas las que Guilliman ordenó retirarse, dejando atrás a menudo solo una retaguardia que garantizara que su retirada pudiera lograrse sin mayores pérdidas. Miles de regimientos del Astra Militarum y naves de guerra dañadas huyeron de las zonas de guerra por las que habían sangrado y sufrido por proteger.

Algunos rechazaron sus órdenes, luchando hasta el final contra los terrores que asolaban sus mundos. Guilliman no pudo censurarles por ello. Sin embargo tampoco cedió, porque entendió que no podían saber cuán vitales serían estas fuerzas para la Cruzada Indomitus en su conjunto. Los mundos podían ser reconquistados. Los territorios podían ser recuperados y repoblados a medida que las flotas de las cruzadas avanzaran hacia las estrellas, pero derrochar los ejércitos del Imperio en una defensa desesperada en demasiados frentes no lograría otra cosa que ver morir desangrado al reino del Emperador. Así lo afirmó Guilliman; y eso se dijo una y otra vez a medida que ejércitos heridos y resentidos regresaban a Sol y sistemas periféricos fueron invadidos a su paso. Fue una tragedia, pero necesaria. Todo sería retribuido en sangre cuando comenzara la Cruzada Indomitus. Y debía comenzar pronto.

Las Flotas de la CruzadaEditar

A pesar de la tragedia, el sufrimiento y la lucha, la Cruzada Indomitus tomó forma. El genio logístico de Guilliman y su enfoque inquebrantable se centraron en la codificación y la asignación rápida de corredores viables por la Disformidad y puntos de reunión, y en absorber, procesar y resolver una avalancha de desafíos, desde el reabastecimiento y la reparación de naves hasta la moral y la provisión de personal médico. A pesar de la continua agitación del Inmaterium, la cual retrasó o devoró algunas naves de guerra entrantes, las fuerzas de la cruzada se reunieron mucho más rápido de lo que cualquiera salvo el propio Roboute hubiera creído posible. Puntos mandeville alrededor del perímetro del Sistema Sol, el Sistema Gehenna, y varios otros destellaron con una luz sobrenatural una y otra vez cuando las flotillas de naves se abrieron paso desde el espacio disforme para unirse al grupo; de hecho, tan grande fue la perturbación empírica por las constantes traslaciones que el Ordo Malleus planteó urgentes preocupaciones sobre desestabilización empírica y posibles brechas disformes a bordo de las estaciones de vigilancia que protegían la frontera del espacio profundo del sistema Sol. Como respuesta, se establecieron áreas de concentración en el vacío exterior del sistema. Se desplegaron escuadrones de Caballeros Grises en las estaciones de vigilancia y los fondeaderos navales. Sin embargo, el ritmo de la concentración no fue frenado.

El genio de Roboute Guilliman se demostró nuevamente cuando la mano de obra y el material continuaron inundando el sistema Sol y sus alrededores. Por cada nave de guerra que llegaba a la concentración, Guilliman había ordenado lo mismo a varios transportes de suministro, combustible, comida y barcazas de fabricación del Mechanicus. Superando por completo la burocracia establecida, Guilliman creó sus propios cuadros de facilitadores de élite, cuyo papel era garantizar un suministro adecuado y la organización de cada nave y soldado de la cruzada. Nombrado como el Officio Logisticarum, y conocido en todas las flotas como la Mano de Guilliman, este cuerpo tenía millones de almas fuertes, cuyos miembros habían sido extraídos de lo mejor que tenían el Administratum y Munitorum de Terra para ofrecer, y aún así apenas tenían los medios para la tarea. Quizás el Logisticarum hubiera fallado de no haber sido por las pautas férreas que Guilliman había establecido para la disposición de las flotas de las cruzadas.

La Cruzada Indomitus no sería una gran flota arrasando las estrellas como un brutal ariete. Más bien, la visión del primarca requería una reunión inicial de diez flotas. Estas se conocerían como Flota Primus, Flota Secundus, Flota Tertius y así sucesivamente, y cada una de ellas sería gobernado por un oficial con el rango supremo de Señor de la Flota. Cada flota era una fuerza mixta única, que comprendía elementos de las diversas facciones militares imperiales en un equilibrio dictado por Guilliman con la intención de operar y afrontar fines estratégicos de forma exlcusiva. Las flotas variaban enormemente en tamaño y composición. Aún así, incluso las más pequeños contaban con cientos de naves de guerra y el doble de naves de suministros logísticos, todos reunidos para facilitar el despliegue de innumerables miles de millones de combatientes, hombres y mujeres.

Guilliman sabía que esperar que flotas de tal tamaño operaran como fuerzas singulares y coherentes era poco práctico y un derroche. ¿Qué sentido tenía tratar de mantener juntas tan vastas aglomeraciones de potencia de fuego a través de los caprichos del espacio disforme solo para golpear cada nuevo sistema con una absurda superiorida? Incluso si las fuerzas imperiales reunidas no se interpusieran entre sí, aplastarían sin dudar a un solo enemigo por completo en cada caso,dejando que miles de otras amenazas quedaran sin respuesta. En lugar de arriesgarse a un suicidio operacionaly estratégico, Guilliman desglosó cada flota en varios grupos de batalla que se codificarían con alfanuméricos del alto gótico como Grupo de Batalla Alphus, Grupo de Batalla Betaris, Grupo de Batalla Cerastus, etc. Cada grupo de batalla sería una formación totalmente autosuficiente con sus propias naves de mando y un señor de grupo designado para dirigir su curso y acciones. Los jefes de grupo de cada flota sólo responderían a su jefe de flota, y por supuesto a Roboute Guilliman y los Altos Señores de Terra.

Los grupos de batalla seguirían su propio curso dentro de los movimientos de su flota, designando sus propias zonas de guerra y luchando sus propias campañas. Sus grandes movimientos estratégicos serían dictados por su jefe de flota, y podrían solicitar o suministrar refuerzos desde y hacia los otros grupos de batalla dentro de su flota; en la mayoría de los demás aspectos, cada grupo de batalla funcionaría como una fuerza autónoma, y la mayoría poseería el poder marcial suficiente como para conquistar grupos de estrellas enteros, aniquilar imperios xenos y ejecutar campañas a través de múltiples sistemas estelares a la vez. Por lo tanto, una Flota de la Cruzada Indomitus penetrando en un sector del espacio imperial no se parecería a la penetración de una lanza enorme, sino a las múltiples hojas de una legión de espadachines, apuntando su filo al manto de sombras que cubría el reino del Emperador.

Un tercer nivel de organización aún más granular fue incorporado a cada grupo de batalla: las Fuerzas Operativas. No se trataba de sub-formaciones existentes por derecho propio, sino más bien agrupaciones militares especializadas que podían reunirse por orden de un jefe de grupo. Las fuerzas operativas se formarían para la consecución de una sola tarea, después de lo cual sus elementos constituyentes volverían a su grupo de batalla y se fragmentarían nuevamente. Su objetivo era lograr la conquista de mundos o plataformas de defensa específicas, el envío de mensajes vitales a través de la inmensidad del espacio, la destrucción de enemigos específicos y cualquier otra tarea importante que se tuviera que lograr para garantizar el éxito del grupo de batalla. Ninguna fuerza operativa ha de mantener la misma composición, ya que su objetivo es concentrar el equilibrio correcto de activos imperiales en una sola fuerza para completar una sola tarea. Pero en la práctica, a medida que las flotas de las Cruzada Indomitus avanzaban por el Imperio, esto se convirtió en la norma, de tal forma que las fuerzas operativas especialmente exitosas permanecieran juntas en campañas largas, construyendo lazos de lealtad entre sí que duraron vidas.

Existía otro deber que Guilliman tenía en mente para con sus fuerzas operativas, y era crucial. Incluso mientras continuaba la gran concentración, hizo que los señores de flota seleccionaran fuerzas especiales de élite de entre las filas de sus guerreros asignados. Cada una de estas fuerzas operativas se unió a un complemento de Hermanas del Silencio, al menos un escuadrón de Adeptus Custodes, y un cónclave de Magos Biologis que portaban botes sellados y protegidos y muchas máquinas extrañas de aspecto arcano. Las Hermanas del Silencio estaban allí para hacer retroceder las tormentas de disformidad que asolaban el espacio real y ayudar a las naves de sus fuerzas operativas a atravesar el Imperio de manera rápida y comparativamente segura. Los Adeptus Custodes eran enviados del propio Guilliman, hablando con la autoridad tanto del primarca como del Emperador para garantizar que las fuerzas operativas no se encontraran con la resistencia de algún cuerpo imperial. Finalmente, los sacerdotes del Adeptus Mechanicus estaban allí para entregar su carga, la semilla genética y las tecnologías necesarias para que sus Capítulos de Marines Espaciales asignados aceptaran el milagro Primaris de Belisarius Cawl. A menudo acompañados por hermanos de batalla despiertos de la Fundación Ultima, destinados a unirse a las filas de los Capítulos objetivo, estas fuerzas especiales se apresuraron en la oscuridad incluso mientras las flotas terminaban sus preparativos. Serían conocidos como Portadores de la Antorcha en un Imperio asediado, y llevarían las bendiciones de los Marines Espaciales Primaris a los Capítulos más remotos, asediados (Cicatrices Blancas, Lobos Espaciales  y Ultramarines) y, en algunos casos raros, a los Capítulos más recalcitrantes o peligrosos (Ángeles Sangrientos y Ángeles Oscuros).

Por venganza y reconquistaEditar

A pesar de todos los esfuerzos de Guilliman y su Officio Logisticarum, las primeras flotas de la Cruzada Indomitus requirieron tiempo en soltar velas. Al final, fue la Flota Tertius la primera en correr a la acción, ocurriendo varios días antes de tiempo debido al inicio de una Cruzada de Masacre de Khorne que fue detectada abriéndose paso a través del caliente espacio imperial hacia el sistema Sol. La señora de flota Cassandra VanLeskus buscó y adquirió el permiso expreso de Roboute Guilliman para movilizarse de inmediato contra esta nueva amenaza; prometió que los sirvientes de los Dioses Oscuros recibirían una demostración inmediata y espectacular de la venganza imperial que se avecinaba sobre ellos.

Los detalles de la Batalla del Brazo Machorta están grabados en otra parte; es suficiente decir que sirvieron como prueba de concepto de todo lo que Guilliman había pretendido que fuera sus flotas de cruzada. Los grupos de batalla Alphus, Betaris, Delphi, Haephestus y Lambdax de la Flota Tertius se lanzaron de cabeza contra una invasión hereje que abarcaba varios sistemas. A pesar de las diferencias y dificultades iniciales entre varios de los brazos más dispares de la máquina de guerra imperial, Lady VanLeskus lideró una aplastante victoria sobre los sirvientes de Khorne.

Así fue que la Flota Tertius se lanzó desde sus puertos hacia los anales de la gloria imperial. Siguiendo el gran plan estratégico de Guilliman, los grupos de batalla de la flota Tertius avanzaron hacia la oscuridad, con el objetivo de pasar por el Segmentum Pacificus y luego rodear los vastos territorios del Segmentum Tempestus. La Flota Secundus partió después, encabezada por las unidades de hermanas de batalla del Cáliz de Ébano y Nuestra Señora Mártir por igual, apuntando las proas de sus naves de guerra directamente hacia el Ojo del Terror. Sería deber de la Flota Secundus navegar como un puño las fauces del Segmentum Obscurus, ordenando a sus grupos de batalla a mantener una dispersión firme y un rumbo determinado, y no permitir que nada frenara el impulso de su contragolpe. Era una tarea peligrosa, ganándose rápidamente el apodo de la Senda de los Mártires, pero era el tipo de ofensiva audaz y agresiva que la Humanidad tenía que lanzar para ganar tiempo, estabilizar el Imperium Sanctus y asegurarse de que no fuera desbordado por completo.

Solo una vez que Roboute Guilliman estuvo seguro de que los engranajes de concentración y partida hubieron ganado su propio e imparable impulso, que el Officio Logisticarum pudo operar sin su supervisión directa y que la resistencia localizada a sus planes fue completamente aplastada, cuando se permitió dirigir operaciones en persona. Y así sucedió que la Flota Primus dejó el sistema Sol en tercer lugar, llevándose consigo el mayor complemento de guerreros de la Fundación Ultima, los llamados Escudos Grises, así como al propio Archimagos Cawl, a bordo de su poderosa macro barcaza, la Zar Quaesitor. La Flota Primus comprendía los grupos de batalla más individuales de cualquier flota de la Cruzada Indomitus, y no partió en un solo momento, sino que se dividió en varias puntas de lanza que se fracturaron aún más cuando abandonaron Terra. Dondequiera que los grupos de batalla de la Flota Primus se lanzaron a la lucha, estos hicieron retroceder a las hordas de herejes y xenos que amenazaban con consumir a la Humanidad, volviendo a encender las balizas del Imperio y dejando rastros de escombros espaciales y montañas de enemigos muertos a su paso.

Así continuó, con la reunión de nuevas flotas de acuerdo con las órdenes de Roboute Guilliman antes de partir hacia la oscuridad del Imperio en guerra. La Cruzada Indomitus no era una fuerza para conquistar la galaxia como lo había sido la Gran Cruzada. Más bien era un esfuerzo desesperado y decidido que, si tenía éxito, podría garantizar la supervivencia del Imperio más allá de los días oscuros de la Gran Fisura. Así comenzó la Era Indomitus, y con ella el último y furioso intento de la Humanidad por sobrevivir al odio de los Dioses del Caos. Se sabe que la Cruzada Indomitus logró cruzar la Gran Fisura y alcanzar Baal en el momento en que los Tiránidos desplegados por la Flota Enjambre Leviathan se disponían a destruir el último perímetro defensivo levantado por los Ángeles Sangrientos y sus Capítulos Sucesores. Tras muchas batallas, Baal quedó libre de la amenaza xenos, y se emprendió una gran reconstrucción tanto del planeta como del Capítulo, pues los Hijos de Sanguinius eran muy necesarios en otros lugares.

Su fin llegó cuando Guilliman se vio obligado a acudir de vuelta a Ultramar para enfrentarse a la corrupta Guardia de la Muerte y su Primarca Demonio Mortarion.

Orden de BatallaEditar

Flotas y activos terrestresEditar

  • Flota Primus.
    IndomitusGroup

    Organización de un grupo de combate típico en la Cruzada Indomitus

  • Flota Secundus.
  • Flota Tertius.
    • Grupo de Batalla Alphus.
    • Grupo de Batalla Betaris.
    • Grupo de Batalla Delphi.
    • Grupo de Batalla Haephestus.
      • Fuerza Operativa II.
      • Fuerza Operativa IV.
    • Grupo de Batalla Lambdax.
  • Flota Septimus - De todas las flotas de la Cruzada Indomitus, a la Flota Septimus se le ordenó reunirse lejos del sistema Sol. La ubicación exacta de su punto de reunión se mantuvo en un celoso secreto, conocido solo por el propio Roboute Guilliman y por los oficiales de más alto rango asignados a sus grupos de batalla. Nadie sabe qué tan grandes o pequeños eran esos grupos de batalla, qué fuerzas se les asignaron y cuál podría ser el propósito velado de la Flota Septimus. Su fuerzas simplemente desaparecieron, sin dejar nada tras ellos salvo oscuras especulaciones y rumores persistentes de servo-cráneos chapados en ónice que se desplazaban a través de las sombras, aferrando pergaminos de datos de seguridad nivel bermellón en sus mandíbulas metálicas.

Otros activosEditar

  • Bandadas de Cuervos - Las Naves Negras eran conocidas y temidas en todo el Imperio como heraldos de perdición y liberación porigual. A estas ominosas naves y a las Hermanas del Silencio que las tripulaban les correspondía visitar cada uno de los mundos del Imperio y secuestrar a aquellos con el peligroso potencial de convertirse en psíquicos. Al cosechar mutantes tan peligrosos sin piedad, la Naves Negras secuestraban a cada vez más psíquicos potenciales hasta que sus bodegas con blindaje nulificador estaban llenas de su miserable carga. Luego volvían sus proas hacia el hogar, entregando su mercancía a Terra, donde los psíquicos alimentarían el apetito rapaz del Emperador o se someterían al agonizante ritual de unión del alma que les permitiría unirse al coro del Astronomicon o servir al Imperio de alguna manera como psíquicos sancionados. Con la apertura de la Gran Fisura, se había vuelto casi imposible para las Naves Negras continuar operando como lo habían hecho hasta entonces. Sin mencionar las que se habían perdido más allá de la grieta, las naves restantes se vieron obligadas a enfrentarse a turbulentas zonas de guerra dondequiera que viajaran, realizando incursiones en batallas planetarias para extraer su diezmo. Las Hermanas del Silencio eran guerreras formidables, pero reconocieron que esta situación no podía sostenerse. La solución llegó manifestada en las flotas de la Cruzada Indomitus. Si bien algunas Naves Negras continuaron surcando por sus viejas rutas y cosechando de la manera convencional, muchas más se desplegaron en las llamadas Bandadas de Cuervos, las cuales siguieron a los grupos de batalla. Como las aves carroñeras que se daban un festín con los restos de un ejército en campaña, las Naves Negras cayeron sobre los sistemas imperiales recientemente reconquistados y cosecharon una generosa recompensa de poblaciones depauperadas y tan aterrorizadas que obedecerían a las Hermanas del Silencio sin dudarlo. Así continuaron funcionando las Naves Negras, al menos por los sistemas reconquistados dentro del Imperio Sanctus, y así evitaron que el Trono Dorado y el Astronomicon flaquearan en esta hora.


Un ejemplo: la Limpieza de DrennoxEditar

La siguiente es la disposición estimada del Grupo de Batalla Haephestus** de la Flota Tertius en el momento de la Limpieza de Drennox, según lo registrado por el Metaescribano de segunda clase Phodellica Unctin del Officio Logisticarum, en nombre del Todopoderoso Emperador, del Primarca Renacido y la Señora de la Flota VanLeskus.

  • Alto Mando del Grupo de Batalla
  • Activos navales
    • Nave de mando: Acorazado clase Retribución Intolerante.
    • 4 Acorazados.*
    • 12 Cruceros.*^
    • 9 Escuadrones de Fragatas.^
    • 2 Cruceros de Ataque del Adeptus Astartes: la Espada Argéntea* y la Fantasma de Threnna.^
    • 26 Macrotransportes de tropas.^
    • 1 Barcaza de Guerra de Adeptus Mechanicus: la Veracitus.
    • 1 Macrotransportador del Adeptus Mechanicus con 6 fortalezas de desembarco.*
    • 3 Catedrales de Invasión del Adepta Sororitas.*
    • 1 Nave de guerra inquisitorial de la clase CENSURADO: la CENSURADO.^
  • Activos terrestres
    • 9 Regimientos de Pretores Vusillianos (blindados/artillería).
    • 14 Regimientos de los Violentos de Gattakar (10 de infantería / 4 aerotransportados).^
    • 3 Lanzas de Caballeros de la Casa Hawkshroud.
    • 1 Preceptorio completo de la Orden del Cáliz de Ébano.
    • 4 Comandancias adicionales del Cáliz de Ébano.*
    • 10 Manípulos de Skitarii de Metalica y manípulos de apoyo adjuntos.
    • 1 Fuerza de Ataque de Dragones Negros.*
    • 1 Fuerza de Ataque de los Exorcistas.^
    • Fuerza indeterminada de Escudos Grises.^
  • Las entradas marcadas con este símbolo aportan elementos actualmente a la Fuerza Operativa IV del Grupo de Batalla Haephestus de la Flota Tertius.
    ^ Las entradas marcadas con este símbolo aportan elementos actualmente a la Fuerza Operativa II del Grupo de Batalla Haephestus de la Flota Tertius.
    ** Unidades de apoyo logístico registradas en placa de datos secundaria. Por favor, solicítela al coro de espíritus de datos para obtener más información.

FuentesEditar

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