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¡Allá vamoz, allá vamoz, allá vamoz! ¡Waaagh!

Ultramarines Galatan portaestandarte

El Anciano Galatan encabeza el asalto a la brecha en la ciudadela de Skargor en Corinth.

La Cruzada Corinthia fue una campaña librada entre el 698 y el 705.M41. En ella, el Imperio de la Humanidad desplegó a los Capítulos Astartes de los Ultramarines, los Ángeles de Absolución, los Lamentadores, los Cráneos Plateados, los Cuchillas del Emperador y los Marines Errantes así como a más de 50 regimientos de la Guardia Imperial, para enfrentarse a los Orkos del ¡Waaagh! Skargor.

HistoriaEditar

Una de las campañas Astartes más famosas de mediados del M41, la Cruzada Corinthia fue concebida y dirigida por el legendario Señor del Capítulo de los Ultramarines, Marneus Calgar. La Cruzada incluyó a las fuerzas combinadas de los Ultramarines, los Ángeles de Absolución, los Lamentadores, los Cráneos Plateados, los Cuchillas del Emperador, los Marines Errantes y más de cincuenta regimientos de la Guardia Imperial, y se enfrentó al creciente poder del ¡Waaagh! Skargor, cuyo corazón se encontraba en la hirviente ciénaga del sistema Corinth, en las profundidades del imperio Orko de Charadon.

El Rescate de LhakEditar

Durante esta exitosa Cruzada, los Marines Errantes destacaron particularmente, tanto por una serie de duros abordajes contra los Kruzeroz Matamáz de Skargor, como por el arriesgado rescate de la 3ª Compañía de los Ultramarines. Esta había quedado atrapada en la polvorienta luna de Lhak tras la destrucción de sus Cruceros de Asalto en la órbita del planetoide, y afrontando terribles peligros los Marines Errantes se abrieron camino a través de la horda de Korzarioz y Krujenavez para evacuar a sus progenitores de la superficie. Marneus Calgar recompensó a los Marines Errantes por esta hazaña, entregándoles una de las armas reliquia de los Ultramarines como señal de gratitud por haber derramado su sangre por ellos.

Liberación de Matadero IIIEditar

Conscientes de la antigua deuda que creían tener hacia los Ultramarines por su intercesión hacía muchos años en el desastroso Asedio de Corillia, los Lamentadores respondieron a la llamada de Marneus Calgar, enviando a un destacamento de trescientos Hermanos de Batalla y a la Barcaza de Batalla Hija de las Tempestades y sus Naves de Escolta. La pesada potencia de fuego de la Barcaza de Batalla, junto con sus alas de Stormravens y la sombría sed de sangre de los Lamentadores, sirvieron a la Cruzada sin descanso, destruyendo en solitario un cúmulo de Kruzeroz de Batalla Orkos en el pozo gravitacional de Skull Point, y junto a los Marines Errantes encabezaron el victorioso asalto planetario contra el mundo artillero de Kildakka. Pero la liberación de Matadero III sería el motivo por el que el Capítulo sería más recordado, para bien y para mal.

Un mundo minero esclavizado por los Orkos, cuyo nombre imperial hacía referencia a los cientos de miles de prisioneros humanos que eran arrojados a sus minas para nunca volver, Matadero III era un engranaje vital en el creciente poder del ¡Waaagh!. Gracias a su localización en las profundidades de Charadon, atacar Matadero era considerado una misión probablemente suicida para cualquier ejército inferior a todo un grupo de batalla. Conmovidos por el sufrimiento de las víctimas de los Orkos además de por los demás asuntos estratégicos, en el 701.M41 los Lamentadores solicitaron al Mando de la Cruzada ocuparse de asaltar Matadero III, algo que Calgar aceptó con reticencia, y dejando claro que no podría concederles más apoyos para su misión. Recurriendo a sus siglos de experiencia en operaciones navales por los desiertos del vacío, los Lamentadores se colaron entre las líneas Orkas, y la Hija de las Tempestades emergió de la Disformidad peligrosamente cerca de las defensas orbitales exteriores de Matadero III, logrando una sorpresa total. Pilladas con la guardia baja, las estaciones artilleras Orkas fueron rápidamente destrozadas y oleadas de Thunderhawks y Stormravens se lanzaron a asaltar las guarniciones Orkas en la superficie. Los Lamentadores barrieron rápidamente toda resistencia pielverde en un inmisericorde asalto sediento de sangre. Viendo caer a sus brutales captores, los prisioneros humanos, que superaban enormemente en número a los Orkos, se alzaron uniéndose a la lucha, y en pocas horas todo el planeta estaba en manos de los Lamentadores. El inesperadamente alto grado de éxito de su plan de derrocar a los Orkos de Matadero III también conllevó un problema de proporciones imprevistas: habían liberado a más de tres millones de prisioneros humanos, que ahora esperaban que les salvasen de sus enemigos. Un Capítulo Astartes más insensible (y de estos hay muchos) simplemente habría abandonado a los prisioneros a su destino, contentándose con sabotear las minas y marcharse habiendo cumplido su misión y los objetivos de la gran lucha contra los enemigos de la Humanidad, mientras que otro de un carácter más pío o diligente habrían alabado a los prisioneros por su inminente martirio. Ninguna de estas soluciones convencía a los Lamentadores.

Las naves Orkas empezaron a agruparse en los límites del sistema estelar, y pronto se hizo evidente tanto que su victoria no había pasado desapercibida, como que cualquier plan que pudiera haber tenido el Capítulo de organizar la evacuación de los prisioneros no podría llevarse a cabo con éxito. Los pocos transportes y navíos esclavistas capaces de viajar por la Disformidad que habían capturado sin daños en la lucha no podrían ser preparados en el poco tiempo que tenían antes de la llegada del asalto Orko, y las naves del Capítulo no podrían cargar con toda esa gente. Los Lamentadores decidieron luchar y, si era necesario, morir noblemente mientras quedase alguna oportunidad, y sus Tecnomarines y aquellos prisioneros lo bastante hábiles intentaron desesperadamente reparar los navíos capturados para que pudiesen despegar. A fin de ganarles tiempo, la única Barcaza de Batalla y los menos de doscientos Lamentadores supervivientes se enfrentaron a una situación de pesadilla, con oleada tras oleada de Krujenavez y Matamuchoz atacándoles, solo para retroceder ante un salvajismo terrible hasta para los Orkos. En esta sangrienta lucha un número sin precedentes de Lamentadores cayeron en la Rabia Negra.

Fueron los propios prisioneros los que tomaron la decisión final para desbloquear la situación: tras una última oración de gracias transmitida a la Hija de las Tempestades, pidieron una muerte piadosa. Con otra flota Orka reuniéndose para atacar, los Lamentadores no tuvieron otra elección que detonar las cargas sísmicas que habían plantado para derrumbar las minas antes de volver sus armas contra las toscas pistas de aterrizaje y estaciones de atraque de los Orkos. En cuestión de minutos, Matadero III era una ruina. Con menos de cien Lamentadores aún en pie, la maltratada pero irreductible Hija de las Tempestades escapó siguiendo a un puñado de navíos esclavistas liberados, llevando consigo a menos de una décima parte de los prisioneros liberados (principalmente mujeres y niños), que después fueron entregados al cuidado de las Órdenes Hospitalarias.

En términos operativos, la liberación de Matadero III fue un éxito completo: la destrucción de sus minas y muelles retrasaría años la acumulación de material bélico de los Orkos y desestabilizaría su resistencia ante la Cruzada. Además, el mando estratégico de la Cruzada Corinthia ya estaba recibiendo noticias de que los clanes Orkos rivales estaban enfrentándose por el control de la riqueza del sistema. Los Lamentadores habían ejecutado un asalto sorpresa casi perfecto, y su éxito solo había quedado manchado por las desafortunadas pérdidas sufridas tras la batalla. Esta "victoria", sin embargo, supo a amargas cenizas para los Lamentadores, que tomaron la decisión casi inaudita de rechazar el halo de hierro que Calgar les ofreció personalmente como recompensa por sus esfuerzos. Esto fue visto por algunos como un insulto deliberado, alimentando las sospechas y rumores oscuros entre aquellos que ya sentían rechazo hacia el Capítulo.

Conquista de CorinthEditar

En las etapas finales de la Cruzada, las fuerzas de Skargor fueron rechazadas hasta el propio Corinth, pero los Orkos no dejaron de reforzar sus ya temibles defensas, de forma que se esperaba que su captura costara un alto precio en sangre. Los Ultramarines fueron escogidos para planificar el asedio. A los tres meses las fuerzas imperiales habían destruido las defensas exteriores y las piezas de artillería de la Guardia Imperial empezaron a bombardear la principal ciudadela de Corinth. Una vez abierta una brecha en la muralla, una fuerza dirigida por el Anciano Galatan, el portador del Estandarte de Macragge, lanzó el asalto final. El propio Kaudillo Skargor dirigió la defensa, consciente de que la batalla acabaría pronto. La lucha rugió en la kilométrica brecha durante nueve días, y ambos bandos sufrieron miles de bajas. Cada vez que las fuerzas imperiales flaqueaban, Galatan alzaba el estandarte y exigía a todos los hombres valerosos que siguieran luchando. Pulgada a pulgada, los atacantes treparon, hasta que, en el sangriento atardecer del noveno día, Skargor y Galatan se enfrentaron en combate singular.

El Kaudillo era enorme, hasta para un Orko, y su fuerza era fácilmente rival para la de un Marine Espacial. La enorme garra de kombate del pielverde arrancó el brazo derecho de Galatan, y los Ultramarines rugieron de furia al ver caer su estandarte. El Kaudillo trató de partir el asta del estandarte, abrasándola con las chisporroteantes energías de su asta, pero este era un icono tocado por la mano del propio Emperador, y el Kaudillo no pudo romperlo. El Anciano Galatan se levantó tras Skargor, clavando su espada a través de su cabeza y alzando de nuevo el estandarte con su mano izquierda. Una vez más encabezó la carga a lo alto de la brecha, empujado siempre hacia delante por su sobrehumana resistencia. Fue herido tres veces más, pero su fuerza de voluntad no le dejó caer hasta que se ganara la batalla. Cuando las fuerzas imperiales tomaron finalmente la brecha y millones de soldados se derramaron por la ciudad, Galatan clavó el estandarte, se deslizó lentamente por su asta, y se permitió morir.

Los éxitos de la Cruzada Corinthia no solo decapitaron y dispersaron al ¡Waaagh! Skargor, sino que también retrasaron la aparición de nuevas incursiones Orkas desde la región de Charadon, como la del ¡Waaagh! Argluk, durante más de treinta años.

Conflicto de canonEditar

En el Codex: Marines Espaciales de 3ª Edición no se hace mención a los Cuchillas del Emperador ni a los regimientos de la Guardia Imperial, que sí aparecen en el Imperial Armour Vol. IX y el Codex: Marines Espaciales de 6ª Edición.

FuentesEditar

  • Codex: Marines Espaciales (Ediciones 3ª, 6ª y 7ª).
  • Imperial Armour IX.
  • White Dwarf nº 302 (Edición estadounidense).
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