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El hemisferio de la Galaxia del Triángulo conocido como la Región Mayor está dominado en su mayoría por este arcano imperio. Hace miles de años la raza de los Selani empezó a forjarlo, basándose siempre en algo sumamente impredecible y peligroso aunque de incalculable poder: la Disformidad.

El origen de un Imperio Editar

Los Selani poseen un fuerte reflejo en el Espacio Disforme, a la par que una gran ambición. Debido a esto contaban con un gran porcentaje de psíquicos entre su población, algo que ocasionaba muchos más problemas que beneficios en realidad. Controlar este poder requiere estudio además de disciplina, y habiendo tantos individuos con acceso al mismo (en diversos grados lógicamente) los incidentes estaban a la orden del día. Accidentes como las invocaciones no deseadas o destructivos estallidos de energía eran algo habitual, cuando no se trataba de acciones intencionadas para robar algo o deshacerse de alguien. La sociedad Selani gozaba de un potencial psíquico tan grande que éste iba a ser su perdición. Cuando la situación se empezó a volver preocupante -dado que era cuestión de tiempo provocar una gran invasión de criaturas demoníacas- los dirigentes tomaron cartas en el asunto y decidieron que la mejor solución era "canalizar" adecuadamente el poder que poseían. Para ello el primer paso sería aprender más sobre la Disformidad.

La mejor opción parecía relacionarse con otras culturas que tuviesen potencial psíquico, y pese a que era poco probable que hallaran otra con tanto eco en el Inmaterium como la suya eso no significaba que no pudiesen aprender de ellos. Los Selani podían realizar viajes disformes aunque de manera distinta a como lo hace la humanidad. En vez de incorporar motores disformes en sus naves para hacer la entrada o salida llevaban a cabo un ritual psíquico que les permitía hacer la traslación. Una vez dentro se movían entre unos estrechos túneles de energía psíquica albergados por las corrientes disformes, que sólo los más dotados de su especie eran capaces de ver. En realidad lo que hacen es navegar por pequeñas rutas disformes estables y rápidas, en un viaje directo si es posible o bien pasando de unas a otras con cuidado. A diferencia de las rutas seguras empleadas por la humanidad lo cierto es que estos caminos son bastante comunes, pero también muy difíciles de discernir dentro del Eter y de navegación más dificultosa. Empleando las conexiones de estos peculiares "canales seguros" y un mapa que les costó mucho tiempo trazar (además lo ampliaban continuamente) podían llegar a su destino. Es un sistema mucho más veloz que el habitual viaje disforme del Imperio , y por si fuera poco también más fiable a la par que preciso con respecto al punto de aparición porque emplea siempre esos estrechos "raíles".

Selani

Los Selani cuentan con un enorme potencial psíquico.

A medida que entraban más en contacto con otras culturas iban identificando aquellas que les serían útiles. A cambio de conocimientos sobre todo lo relacionado con la Disformidad los Selani ofrecían valiosas recompensas, siendo muy generosos al principio para llamar la atención. Esto les brindó un más amplio entendimiento sobre el indescifrable Caos, y gracias a ello pusieron más orden en su desbaratada sociedad. Se supo como detectar, clasificar y evaluar el poder psíquico de cada individuo, así como la manera en que debía instruirse a los que más sobresalían o controlar a los más peligrosos. En definitiva se supo que medidas correctas tomar. Puede parecer extraño que los Selani no hubiesen descubierto por sí mismos al cabo del tiempo como hacer todo esto, pero el problema estaba en que por alguna extraña razón sus poderes se manifestaron casi de improviso y con una intensidad abrumadora. Esto provocó una gran aparición de nuevos habitantes con poder psíquico, así como el aumento del potencial de todos los que ya controlaban las energías disformes. Algunos lo achacan a un cambio brusco y generalizado de actitud ante la vida ocasionado por las circunstancias de aquel tiempo.Otros lo atribuyen a una repentina alteración del Empíreo, que disminuyó gravemente el velo que separa ambas dimensiones en su sistema estelar, revelando la verdadera naturaleza psíquica que antes estaba bloqueada en gran parte de la población. Fuese como fuese la cuestión era que necesitaban ayuda para retomar el orden, ... y de paso aprovechar aquel inconmensurable poder.

Lentos pero seguros su aprendizaje logró estabilizar la situación en su sistema planetario natal, sin olvidar que forjaron alianzas con varias civilizaciones de espíritu en sintonía con la dimensión psíquica. Por fortuna para ellos los Selani tenían recursos valiosos y en abundancia albergados dentro de sus mundos, y unas fuerzas armadas (con amplia base en el poder psíquico) que no daban precisamente sensación de debilidad. Siendo por tanto ricos y poderosos era fácil convertirse en sus aliados, y poco recomendable ser su enemigo. Cada vez menos, de hecho.

Pero aún así no era suficiente. Los Selani eran conscientes de que sólo habían rascado la superficie. Precisamente las razas con mayor dominio de los secretos del Inmaterium eran las más reacias a desvelarlos. A esas ya no era tan fácil comprarlas, y mucho menos engañarlas. Sin darse por vencidos optaron por forzar la situación poniendo en su contra a las naciones vecinas, entorpeciendo el comercio y las relaciones pero sin llegar nunca al conflicto armado. La idea era que los aceptasen como aliados y compartiesen conocimientos sobre el Empíreo "voluntariamente". Al principio esto no funcionó, y cuando los Selani estaban planteándose una vía de acción más directa el plan dio sus frutos. Una oscura civilización muy versada en la Disformidad estaba pasando graves apuros debido a un cúmulo de adversidades. Una acérrima fuerza invasora, virulentas enfermedades en su mundo hogar y graves perturbaciones en el Espacio Disforme que menguaban sus fuerzas estaban condenándolos a la derrota. Todo esto unido a la retirada del apoyo por parte de facciones que antes estaban de su lado (ahora obedecían a los Selani) era algo que indiscutiblemente les superaba. No les quedó más remedio que aceptar el ofrecimiento de ser ayudados precisamente a cambio de una alianza que no deseaban forjar.

Descubriendo las caras del Caos Editar

Los Selani y sus partidarios atacaron con todo lo que tenían al "providencial" invasor y lo obligaron a retirarse al cabo de pocas semanas. Después restablecieron la línea de comercio con aquella maltrecha nación y tras auxiliarles en cuanto podían llegó el momento de devolver el favor. Todo cuanto conociesen acerca de la Disformidad debía ser compartido. Con bastante reticencia pero obligados por su palabra dada (y las represalias que tendría no cumplirla) esta tenebrosa civilización les mostró la puerta a las deidades del Caos.

El hecho de que existiesen entidades malignas supremas así como pueblos que las adoraban no era algo desconocido para los Selani, pero era el aspecto del plano psíquico sobre el que estaban menos al tanto. Eso cambió radicalmente gracias a sus nuevos aliados (forzosos, pero aliados al fin) que rendían culto a los cinco principales dioses del Caos existentes en la galaxia:

-Khorne, señor de la violencia y la batalla

-Tzeentch, amo del conocimiento y la alteración

-Nurgle, mensajero de la enfermedad y descomposición

-Slaanesh, dueño del placer y el sufrimiento

-Entharox, Dios de la locura y el azar (no está presente en la Vía Láctea)

Dioses Caos Chaos Gods Warhammer 40k Wikihammer

Loa Selani adoran a los Dioses de Caos a cambio de controlar la energía disforme.

Cada mundo de esta raza normalmente albergaba cultos a varios dioses oscuros aunque siempre había uno que era el mayoritario, siendo Entharox el predominante en el planeta principal que gobernaba el sistema. Severas perturbaciones en la Disformidad les habían impedido emplear sus poderes contra el invasor, y por tanto no estaban seguros de si su dios predilecto les había abandonado en aquella ocasión o bien otra deidad rival se lo había impedido. De cualquier manera seguirían al servicio del Caos puesto que los beneficios eran muchos y estaban dispuestos a pagar el precio.

Esto era algo que no convencía del todo a los Selani. El poder que se obtenía al servir a los mayores dioses del éter no podían pasarlo por alto, pero estar sometidos a ellos ... No, debían encontrar la manera de controlarlo pero sin que les controlase. Tras mucho investigar llegaron a la conclusión de que esto no era posible. Aquellos corruptos seres ya les explicaron que nadie puede ser más listo o poderoso que estas divinidades. "Si quieres su ayuda y poder debes pagar el precio, no hay otra salida".

Una osada propuesta Editar

Ante aquella sentencia los Selani encontraron una solución tan simple como arriesgada, establecer un pacto sólo con las deidades superiores del Empíreo, pero con condiciones. Sus nuevos aliados que tanta adoración profesaban al Caos se llevaron las manos a la cabeza ante semejante atrevimiento. No obstante nada iba a hacer cambiar de idea a los Selani, estaban decididos a formularles aquella temeraria propuesta. Si se limitasen a rendirles culto serían otro pueblo más subyugado a ellos a cambio de poder, y los Selani aspiraban a lograr lo que nadie había conseguido. Gozar de su favor pero conservando la libertad.

Tras unas semanas de minuciosos preparativos por fin llegó la hora de la verdad. Para no mostrar favoritismo hacia ninguna deidad se edificó un pequeño templo con los mejores materiales y arquitectos de que disponían. Una vez todo estuvo listo los Astrales se dispusieron a comenzar el ritual con una intensa mezcla de excitación y miedo. Al unísono cinco de los más dotados psíquicos Selani allí presentes abandonaron sus cuerpos físicos y emprendieron un viaje hacia los dominios del Caos, una travesía en la que sus mentes surcaban las mareas de Empíreo en pos de hacer llegar un mensaje.

Cada uno de ellos debía acercarse al lugar donde moraban los dioses oscuros y plantearles aquella descarada petición. Sin duda podrían haberlo hecho de otra forma mucho menos directa, pero dado el excepcional caso presentarse directamente ante ellos parecía lo más adecuado para que los tomasen en serio. El primero avistó la fortaleza de Khorne, el segundo la torre de Tzeentch, el tercero la mansión de Nurgle, el cuarto el palacio de Slaanesh, y el quinto la prisión de Entharox. Uno a uno fueron propagando mediante una oleada de energía psíquica las condiciones del acuerdo que la Comunidad Astral ofrecía, igual que un gigantesco megáfono pero en un lugar donde no se propagaba el sonido real. De esta manera cada dios era informado particularmente, una muestra de deferencia al tiempo que un modo de evitar tener que llamar la atención de todos a la vez. Por otra parte el mensaje no sólo exponía términos y condiciones, sino también una generosa ofrenda que recibiría cada dios tanto si después aceptaban como si no.

El primer enviado observó como un inmenso río de lava se abría paso a través del yermo paisaje, con la intención de disolverlo hasta que no quedase ni una brizna de su entidad espiritual. El segundo advirtió que su cuerpo etéreo empezaba a transformarse en una especie de viejo pergamino, donde poco a poco y ocasionándole un indescriptible dolor iban apareciendo horrendas letras de sangre que formaban aquel irrespetuoso mensaje. El tercero fue envuelto por una densa nube de gas verdinegro que penetraba lentamente y sin remedio por todos sus orificios, causándole un malestar de tal magnitud que resultaba imposible de describir. El cuarto escuchó una sonora carcajada que incrementaba su intensidad exponencialmente, incidiendo en lo más profundo de su cerebro con el objetivo de reventarlo en mil pedacitos. El quinto y último apareció de improviso en una espantosa y extraña celda, un lugar que provocaba tal grado de desasosiego que cualquiera haría lo que fuese a cambio de salir, aunque fuese unos pocos segundos.

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Un templo especificamente creado para tan inusual petición.

Solo habían transcurrido unos instantes en aquel templo desde que partieron los cinco selani hasta que sus mentes volvieron a habitar sus cuerpos. Ninguno regresó precisamente indemne, todos debieron ser atendidos con urgencia pero al cabo de unos días empezaron a recuperarse. Cuando contaron lo ocurrido la mayoría pensó que aquel intento había fracasado estrepitosamente. Todos los dioses caóticos lo tomaron como una ofensa y por cayó sobre ellos el castigo. Sin embargo los dirigentes Selani no compartían aquel lógico punto de vista. Si en verdad provocaron la ira de los poderes ruinosos ¿por qué dejaron volver a todos los mensajeros? Si sólo era para que les contasen lo ocurrido ¿por qué no castigaron también a los Selani que idearon la propuesta? La cosa no estaba tan clara como todos afirmaban. O bien los demás tenían razón y los cinco dioses habían rechazado sin pensarlo aquel pacto... o es que les puso furiosos momentáneamente pero no por eso descartaron la idea.

Mercenarios caóticos Editar

Pensasen lo que pensasen las divinidades del Empíreo una cosa estaba muy clara, había que cumplir lo prometido, o sea entregar los "regalos". Los Selani y sus múltiples aliados se lanzaron a la conquista de mundos sobre los que antes no prestaron atención, habitados por especies con moderado o escaso poder psíquico. Estos pobres infelices no eran rivales para la recién creada Comunidad Astral, un floreciente Imperio de avezados psíquicos con los Selani al frente. Mediante el empleo de artes como la biomancia, la telepatía o la precognición (entre muchas otras) los habitantes de aquellos planetas fueron sometidos y se convirtieron literalmente en juguetes como presente para los dioses del Caos. Cruentas masacres para satisfacer a Khorne, desproporcionadas alteraciones en los mundos para complacer a Tzeentch, horribles plagas creadas expresamente para deleite de Nurgle, interminables torturas para el agrado de Slaanesh e insoportables encarcelamientos que volvían loco al más cuerdo para regocijo de Entharox. Todo llevado a cabo por los Astrales sin mucha piedad ni excesivos remordimientos. Se trataba de seres inferiores que a fin de cuentas no eran más que el medio para un fin.

Para gran sorpresa de la mayoría y en cuanto habían completado la primera ofrenda, su respectivo dios estuvo tan complacido que grabó con fuego disforme las palabras "Pacto aceptado, mientras cumpláis" en la columna principal de aquel santuario al Caos. Más o menos lo mismo ocurrió con los otros cuatro (las amenazas/advertencias variaban), quedando por tanto sellada la insólita alianza entre el Imperio Astral y las fuerzas del Caos. Pensándolo bien no era tan extraño que hubiesen aceptado, pues las ofrendas fueron muy cuantiosas y el pago que exigían a cambio era razonable, en realidad suponía poco esfuerzo para las deidades teniendo en cuenta lo que recibían.

Gracias a este sistema que sacrificaba a los demás en beneficio del Imperio Astral, las divinidades caóticas eran provistas de multitud de almas y emociones en sus dominios inmateriales. A cambio del tremendo poder psíquico que ellos les ofrecían los Astrales pidieron total libertad de acción, sin sometimiento ni deuda de cualquier clase hacia ningún Dios. O dicho de otra manera, "nuestras vidas y almas no se tocan" (similar a como ocurrió con Abaddon que conservó su libre albedrío). Los Selani no sienten el menor deseo de obtener la inmortalidad a costa de trasformarse en Príncipes Demonio, sino que prefieren alcanzar el máximo poder posible dentro del universo material durante el periodo de su vida como mortales, y una vez finalizado su tiempo perdurar como una imborrable huella en la historia. Llevar una existencia eterna de servidumbre al Caos no es precisamente la mayor de sus ambiciones. Además no confían demasiado en los poderes ruinosos, y seguramente hacen muy bien.

Por otro lado tampoco están dispuestos a exterminar a otras razas con gran potencial psíquico que puedan encontrar, al menos siempre que estén dispuestas a unirse a su causa. Poseer a los mejores psíquicos de la galaxia es lo que hace invencible a la Comunidad Astral, de modo que cuantos más sean mucho mejor.

Aunque resulta poco frecuente miembros de algunas especies pertenecientes a este imperio han sucumbido al Caos aceptando ser sus siervos, quedando por tanto transformados en seres demoníacos y condenados sin remedio. Tal cosa jamás de los jamases sería permitida entre los Selani. Su deseo, así como el de los aliados de su Imperio psíquico, es controlar la energía disforme de manera eficiente y segura, pero como se dejó claro antes en ningún caso a costa de sufrir mutaciones o convertirse en esclavos de una deidad. Lógicamente emplear la Disformidad siempre conlleva peligro, pero con sus amplios conocimientos y teniendo a los poderes ruinosos de su parte los Astrales son capaces de desplegar un potencial psíquico asombroso. Gracias a este excepcional acuerdo los dioses caóticos emplean su influencia para reducir el muro que separa ambas dimensiones allá donde los despiadados Astrales vayan y cuando lo necesiten (habitualmente antes de un enfrentamiento), aumentando de este modo su capacidad de sintonía con el Inmaterium y por tanto sus poderes mentales. Lo cierto es que prefieren mucho más obtener esa ayuda de manera colectiva que individualmente, así ningún integrante sobresale demasiado y el control es mayor. En otras ocasiones los dioses del Caos incluso pueden enviar alguna hueste demoníaca en su ayuda, protegerles frente a poderosas criaturas que ataquen a los psíquicos, hacer seguro un largo viaje por el Inmaterium o provocar tormentas disformes sobre sus rivales.

Caos Engendro disformidad

El poder de los Astrales podría volverse en su contra, y acabar transformados en seres de pesadilla.

Como pago por esta inestimable ayuda los Selani y sus aliados llenan de almas la otra dimensión y complacen los terribles deseos de Khorne, Tzeentch, Nurgle, Slaanesh y Entharox. Podría decirse que los integrantes del Imperio Astral se han convertido en "mercenarios del Caos". Sirven voluntariamente a los propósitos del mismo a cambio de su favor, pero no les deben obediencia o lealtad. No obstante los Selani no son estúpidos y se dan cuenta de lo peligroso que resulta este juego, puesto que por muy amplios que sean sus conocimientos sobre el Empíreo eso no los hace invulnerables al mismo . Si no van con cuidado y provocan la ira o simplemente el descontento de sus deidades las consecuencias pueden ser espantosas. Desde perder todo su apoyo hasta quedar convertidos en engendros del Caos. O peor aún, que sus almas sufran una tortura sin fin en la implacable Disformidad. Más vale serles leales o corren el riesgo de que su Imperio desaparezca como tantos otros.

NOTA: los Astrales no sirven exactamente al Caos Absoluto, como quizás pueda parecer. Ellos procuran servir a los cinco dioses oscuros por igual, de manera equitativa y sin favorecer en especial a ninguno, pero con las condiciones antes explicadas. Les rinden culto para lograr sus propios fines, que son aprender los entresijos de la energía disforme así como mantener y expandir su propio Imperio, pero no a costa de volverse demonios o hechiceros del Caos sino psíquicos muy avanzados (como los de mayor nivel en el Imperio de la Humanidad) En realidad el dios que más puede ofrecerles es Tzeentch, amo indiscutible de la hechicería y el saber. Sin embargo mostrar predilección por él satisfaciendo más sus deseos en detrimento del resto de dioses supondría el fin del pacto, y lo cierto es que disponer del apoyo de cinco deidades es sin duda mejor que el de uno sólo (aunque sea el más valioso para ellos) La verdad es que les va muy bien teniendo a todos "de su parte". En resumen no se trata de adoración sino más bien de un acuerdo sin precedentes, dado que la Comunidad Astral fijó unas condiciones que las deidades caóticas aceptaron.

Incierta alianza Editar

En realidad los Astrales son precisamente el bocado más jugoso que los Dioses podrían llevarse a la boca, pues se trata de las mentes con mayor potencial psíquico de toda la Región Mayor. Sin embargo éstos les ofrecen a seres con escaso potencial (aunque en gran cantidad) a través de sus despiadadas campañas. El problema está en que tienen amplísimos conocimientos sobre la Disformidad, lo que les permite un gran control de sus artes y el saber como afrontar problemas imprevistos. Además adoran y complacen a todas las deidades principales, cosa que dificulta la acción individual de alguno de ellos porque perjudicaría al resto y se crearía un enfrentamiento, poniendo asimismo en riesgo el provechoso acuerdo del Caos con la comunidad. Cada uno de los cinco dioses han pensado en intentar adueñarse de las sabrosas almas del Imperio Astral (especialmente Khorne, que aborrece la magia y por tanto a los psíquicos), pero eso supondría el fin del pacto y tampoco quieren perder un suministro constante y fiable de vidas junto a sus preciados sentimientos. Les resulta muy útil disponer de todo un Imperio de brujos en el Espacio Real que cumpla dentro de lo posible su voluntad, aunque eso implique no someterlos ni pedirles que perjudiquen claramente a otro dios, por ejemplo arrasando planetas que alberguen muchos de sus cultos o disminuyendo el número de ellos en la Comunidad Astral. Esta norma también forma parte del acuerdo, pues de lo contrario se rompería el equilibrio y la situación sería insostenible. El caso es que mientras la comunidad cumpla parece que respetan lo pactado, mientras cumplan.

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