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Caos demonios tzeentch carro flamigero 8 edicion

Los Carros Flamígeros o Carruajes Ardientes (Burning Chariots en inglés) se precipitan por el Reino del Caos como meteoritos incandescentes, llevando a los emisarios elegidos de Tzeentch a todos los rincones de la existencia. Mientras vuelan por los cielos tirados por los Aulladores son confundidos comúnmente con cometas, que a menudo se interpretan como presagios de fatalidad en los supersticiosos mundos del Imperio. Los Carruajes Ardientes son, normalmente, montados por Incineradores Exaltados, pero en ocasiones, un Heraldo de Tzeentch particularmente atrevido robará uno de estos artilugios para su propio uso. Los anfitriones de las Legiones del Cielo suelen estar al mando de estos demonios ladrones, quienes conducirán a varios Carruajes Ardientes a la guerra. Si los Incineradores Exaltados seguirán o no al Heraldo para recuperar el Carruaje robado es incierto, pero su habilidad para devastar a un ejército enemigo en el proceso no lo es.

Descripción[]

Los Gloriosos Incineradores que montan sobre los Carros Flamígeros son mucho más capaces de canalizar la magia que sus hermanos inferiores. Pueden conjurar humeantes fragmentos de energía disforme, o lanzar rayos de transformación mágica que hacen crepitar el aire. Los Discos y los Aulladores que forman el extravagante carro se ven atraídos por la magia como las polillas a una llama, y por tanto, también acuden a los Gloriosos Incineradores, que rebosan deliciosa magia por cada arruga y poro de su piel refulgente.

En ciertas ocasiones, un Carro Flamígero irá acompañado de un puñado de desagradables Horrores Azules, que siempre están dispuestos a asociarse con cualquiera salvo con los joviales Horrores Rosas. El Carro Flamígero es un vehículo excelente para esparcir su maldad y su amargura, ya sea insultando o agrediendo a cualquiera que se acerque. 

Los más estrafalarios de estos carros voladores son aquellos ligados al servicio de los Heraldos de Tzeentch. Suelen conseguirlos con artimañas, ya que la mayoría de los Heraldos carecen de la paciencia necesaria para entrenar a los Aulladores y a los Discos, y consideran que "coger prestado" un Carro de un Glorioso Incinerador es un acto que ayuda a mantener su estatus dentro del panteón demoníaco. Esta hazaña requiere una gran astucia si el Heraldo desea escapar de la ira del Incinerador. De hecho muchos Heraldos tienen las cicatrices eternas de enfrentamientos pasados y los más astutos preparan complejas protecciones mágicas que les avisarán cuando, inevitablemente, el auténtico dueño del Carro venga a reclamar su propiedad. No obstante, todas estas preocupaciones parecen insignificantes cuando el Heraldo tiene total libertad para volar por el campo de batalla sobre su nueva pertenencia, riendo a carcajadas como un loco mientras lanza hechizos temibles desde su posición elevada.

Miniaturas[]

Fuentes[]

  • Codex: Demonios del Caos (6ª y 8ª Edición).