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Khorne medio sin fondo

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Los Carros Flamígeros (Burning Chariots en inglés) de Tzeentch recorren el Reino del Caos como meteoros incandescentes, llevando a los emisa­rios del Gran Hechicero a todos los rincones de la existencia. Cuando surcan los cielos, los Carros de Tzeentch suelen ser confundidos con cometas, que además se interpretan en los supersticiosos mundos del Imperio como presagios de grandes y terribles guerras.

DescripciónEditar

Los Gloriosos Incineradores que montan sobre los Carros Flamígeros son mucho más capaces de canalizar la magia que sus hermanos inferiores. Pueden conjurar humeantes fragmentos de energía disforme, o lanzar rayos de transformación mágica que hacen crepitar el aire. Los Discos y los Aulladores que forman el extravagante carro se ven atraídos por la magia como las polillas a una llama, y por tanto, también acuden a los Gloriosos Incineradores, que rebosan deliciosa magia por cada arruga y poro de su piel refulgente.


En ciertas ocasiones, un Carro Flamígero irá acompañado de un puñado de desagradables Horrores Azules, que siempre están dispuestos a asociarse con cualquiera salvo con los joviales Horrores Rosas. El Carro Flamígero es un vehículo excelente para esparcir su maldad y su amargura, ya sea insultando o agrediendo a cualquiera que se acerque. 

Los más estrafalarios de estos carros voladores son aquellos ligados al servicio de los Heraldos de Tzeentch. Suelen conseguirlos con artimañas, ya que la mayoría de los Heraldos carecen de la paciencia necesaria para entrenar a los Aulladores y a los Discos, y consideran que "coger prestado" un Carro de un Glorioso Incinerador es un acto que ayuda a mantener su estatus dentro del panteón demoníaco. Esta hazaña requiere una gran astucia si el Heraldo desea escapar de la ira del Incinerador. De hecho muchos Heraldos tienen las cicatrices eternas de enfrentamientos pasados y los más astutos preparan complejas protecciones mágicas que les avisarán cuando, inevitablemente, el auténtico dueño del Carro venga a reclamar su propiedad. No obstante, todas estas preocupaciones parecen insignificantes cuando el Heraldo tiene total libertad para volar por el campo de batalla sobre su nueva pertenencia, riendo a carcajadas como un loco mientras lanza hechizos temibles desde su posición elevada.

MiniaturasEditar

  • Carro Flamígero pilotado por un Glorioso Incinerador y un par de Horrores Azules.
  • Miniatura de Heraldo en Carro Flamígero

FuentesEditar

  • Codex: Demonios del Caos (6ª Edición).
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