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Inqsello Por orden de su Santísima Majestad, el Dios-Emperador de Terra. La Sagrada Inquisición declara este artículo En Construcción por Aresius King. Si encuentra algún problema o falta de devoción por su parte, notifíquelo, un acólito del Ordo Hereticus estará encantado de investigarlo.

La Campaña de Taros fue un conflicto entre el Imperio de la Humanidad y el Imperio T'au por el control del planeta Taros en la Franja Este, en el 998.M41.

AntecedentesEditar

El Imperio bajo amenazaEditar

El Imperio de la Humanidad es vasto, abarcando más de un millón de mundos dispersos a lo largo y ancho de la galaxia. Es el mayor imperio de la historia del hombre, y por su tamaño, un observador casual podría pensar que es fuerte, lo suficiente para resistir y derrotar a cualquier amenaza. Pero no lo es.

En realidad, el Imperio se hunde. La galaxia es un lugar terrible y oscuro, lleno de alienígenas sedientos de sangre, poderes malignos y horrores demasiado terribles para nombrarlos. Asediado por guerras externas y divisiones internas, el Imperio de la Humanidad debe luchar constantemente por su supervivencia. El mantenimiento y protección continuos del Imperio están regidos por el Adeptus Administratum, una enorme y laberíntica burocracia centrada en Terra, que gobierna cada Segmentum, sector, subsector y sistema estelar. La tarea es ingente y compleja, tanto que el Administratum no puede controlar todos y cada uno de sus aspectos. Dentro del Administratum hay suborganizaciones que poseen sus propias áreas de responsabilidad. Una de las más grandes es el Departamento Munitorum, que supervisa el suministro de hombres y material a la mayor fuerza armada del Imperio, la Guardia Imperial. Esta es, de por sí, una tarea de proporciones épicas. La Guardia Imperial es una fuerza de combate conformada por billones de hombres y millones de máquinas de guerra. Es desplegada por escenarios de operaciones y guarniciones de toda la galaxia. En todo momento, la Guardia Imperial puede estar involucrada en millares, quizás decenas de miles de conflictos, todos los cuales necesitan suministros. Mientras el Departamento Munitorum se esfuerza por atender esas demandas, la amenaza a la existencia del Imperio sigue creciendo.

A finales del M41, los presagios de una nueva y terrible amenaza para el Imperio empezaron a aumentar. En el interior del Ojo del Terror, donde el espacio Disforme y el real se solapan y los adoradores de los Dioses del Caos gobiernan, el Señor de la Guerra del Caos, Abaddon el Architraidor, Destructor de Mundos, estaba trazando sus planes y reuniendo sus fuerzas para un nuevo asalto sobre el Imperio y su falso Emperador. Movida por los sangrientos deseos de sus enloquecidos dioses y por una sed de venganza que no había sido saciada en diez mil años de guerra, la 13ª Cruzada Negra de Abaddon estaba aprestándose en la seguridad del Ojo del Terror. Cuando la tormenta de Abaddon estallase, sería la Cruzada Negra más grande hasta la fecha. Abaddon desataría sus diabólicas fuerzas desde el Ojo con la intención de capturar la Puerta de Cadia.

La Puerta de Cadia es el único paso estable para salir del Ojo del Terror, y la ruta más directa entre el Ojo y el centro del Imperio, la Sagrada Terra. El objetivo final de Abaddon, como el de Horus, su antiguo amo, es derrocar al Emperador y destruir el Imperio. Para hacer esto, debe asaltar Terra, y la captura de la Puerta de Cadia sería un gran paso hacia ese objetivo.

Pero la Puerta de Cadia es un eje clave de la defensa estratégica de la Sagrada Terra. Cadia es un mundo bastión, el más militarizado del Imperio: un mundo fortaleza enormemente fuerte, protegido por flotas de la Armada Imperial, rodeado por poderosas estaciones de batalla orbitales, y defendido por los baluartes más fuertes, que están guarnecidos por regimientos de duras Tropas de Choque de Cadia. Los mundos circundantes también están bien protegidos y guarnecidos. La captura de la Puerta de Cadia requeriría un asalto enorme, y arrojaría al Imperio al mayor conflicto desde la llegada de la Flota Enjambre Kraken a la distante Franja Este. Cuando la cruzada de Abaddon golpease, sería una guerra que exigiría la utilización de todos los recursos del Imperio para vencerla. Sería una batalla de proporciones titánicas.

Una guerra de tal escala no empieza en secreto ni por sorpresa. El Imperio no está completamente ciego a lo que ocurre en el interior del Ojo del Terror. Sabios y videntes proclamaban terribles advertencias mucho antes de que Abaddon lanzase su cruzada. Los augurios obtenidos del Tarot del Emperador predecían la amenaza. Las incursiones se multiplicaban en torno al Ojo del Terror. Los Exploradores del Adeptus Mechanicus lanzaron naves nulas a las profundidades del Ojo del Terror para que informasen de lo que sucedía allí. Lo que encontraron sacudió los niveles superiores del Imperio. Los doce Altos Señores de Terra, el consejo que gobierna el Imperio en nombre del Emperador, debatieron mucho tiempo sobre qué rumbo de acción emprender. Era obvio que las defensas debían ser reforzadas, fuerzas de reserva localizadas, y armas, municiones y suministros almacenados en mundos arsenal por todo el Segmentum Obscurus. Los Capítulos de Marines Espaciales debían prepararse y posicionarse para responder al ataque. Allí donde cayera el golpe, la Guardia Imperial debería contener primero, y rechazar después, a los seguidores del Caos. Cada fuerza militar a disposición del Imperio debía estar lista para luchar hasta la última bala y el último hombre para proteger la Puerta de Cadia.

Así lo decretaron los Altos Señores de Terra, y así sería, pues hablan con la autoridad del Emperador. Su palabra es ley. El Administratum se puso manos a la obra para preparar al Imperio para otra gran guerra.

El mundo forja de Stygies VIIIEditar

La 13ª Cruzada Negra de Abaddon afectaría indirectamente a cada rincón del Imperio, ya fuera por la demanda de nuevos regimientos para la Guardia Imperial, por el aumento en los diezmos o por la mayor exigencia productiva a los mundos forja para satisfacer las demandas de suministros. La ambición de Abaddon podría compararse con el lanzamiento de una piedra a un estanque, al provocar ondas que alcanzaron los límites de la galaxia.

En el Segmentum Ultima, el mayor de los cinco Segmentums que dividen el Imperio, los efectos también se harían sentir, incluso en la lejana Franja Este. Stygies VIII es uno de los mayores mundos forja del Segmentum Ultima, y uno de los mayores centros de investigación y producción del Adeptus Mechanicus. La productividad de Stygies VIII se encuentra en el segundo nivel de los mundos forja, sólo por debajo de Marte, que es el único en el nivel supremo. Situado en el sistema Vulcanis y cubriendo toda la superficie de la octava luna del gigante de gas anillado Stygies, este mundo forja es uno de los más productivos del Segmentum, y tiene una gran importancia en los esfuerzos bélicos del Imperio.

Como mundo forja, Stygies VIII no paga diezmos al Administratum, sino que está obligado a suministrar armas, municiones y equipo al Departamento Munitorum para su uso en la Guardia Imperial. Esta es una tarea vital, y la productividad es vigilada cuidadosamente para que cumpla con las predicciones de demanda (que son elaboradas de una forma un tanto arcana por los Logistas del Adeptus Mechanicus). Si el mundo forja no alcanzase a cubrir la demanda, esto tendría consecuencias graves en el futuro cuando, en alguna zona de guerra lejana, las municiones o armas de repuesto empezasen a escasear. El Departamento Munitorum dedica un montón de su tiempo y recursos a asegurarse de que esto no ocurre. Investido con la autoridad del Señor del Administratum, un oficial del Departamento llegó a Stygies VIII con una nueva tanda de cifras y objetivos de producción. Las predicciones de una inminente Cruzada Negra implicaban que muchos nuevos regimientos de la Guardia Imperial estaban siendo reclutados, y esos combatientes necesitaban ser equipados. Los gobernantes de Stygies VIII y un Sumo Prefecto del Departamento Munitorum mantuvieron largos concilios para debatir las nuevas exigencias.

En estos debates, Stygies VIII argumentó que si la producción debía aumentar, habría que encontrar más materias primas y refinadas. La sangre de un mundo forja es el material que consume, y para una producción de la escala de la de Stygies VIII hacían falta enormes cantidades de minerales y sustancias químicas, proporcionadas por mundos mineros de todo el Imperio. La misión de encontrar nuevas fuentes de materias primas iba a ser ardua, y los oficiales del Departamento regresaron a Terra para darle comienzo. Los auditores del Administratum se dedicaron a descubrir dónde se habían localizado y catalogado reservas, y dónde los estudios planetarios sugerían que se podía exprimir productividad adicional de las refinerías.

Fue durante este proceso de evaluación y cruce de referencias cuando el planeta Taros llamó por primera vez la atención de los burócratas del Administratum. Taros era un pequeño mundo minero en las profundidades del Segmentum Ultima, irrelevante excepto por dos cosas: el tamaño estimado de sus riquezas minerales sin explotar y su excesiva proximidad a las crecientes fronteras del imperio alienígena de los T'au. El Departamento Munitorum despachó a una delegación para que visitase este alejado planeta. Armado con un antiguo informe de auditoría recopilado en el M38 por oficiales que recopilaban datos para situaciones como esta, el Auditor Primario Nymus Dree y su equipo de escribas y archivistas fueron enviados a informar al Gobernador Planetario de Taros de sus nuevas cuotas de producción y a ayudar a organizar la mejor forma de cubrir esas cuotas. Dree fue autorizado a usar la sanción definitiva del Departamento: bajo las condiciones de la Pax Imperialis, si el Gobernador Planetario no podía, o no quería, alcanzar las nuevas cuotas, entonces sería reemplazado por uno que sí pudiera.

La delegación del Departamento MunitorumEditar

El hombre elegido para dirigir la delegación a Taros fue el Auditor Primario Nymus Dree, un funcionario de los niveles superiores del Departamento Munitorum. Iba acompañado por un equipo de escribas registradores y mensajeros cifradores. Al dejar Terra, su primera parada obligatoria fue Stygies VIII, donde debía recoger a representantes de ese mundo forja, incluyendo a un Gran Magos Metallurgicus experto en el estudio de los metales. Dree también necesitaba confirmar que sus cifras y cálculos se correspondían con las necesidades del mundo forja antes de pasar a Taros. Dada la localización de Taros, se solicitó, y se obtuvo, el acompañamiento de una escolta de la Armada Imperial.

Lo primero que supieron los gobernantes de Taros de la delegación de Terra y Stygies VIII fue la llegada inesperada de un transporte y dos fragatas de la Armada Imperial, ya que Dree había decidido deliberadamente no prevenir al Gobernador para así ver mejor con qué eficiencia funcionaban las minas en ese momento.

Tras un largo y arduo viaje Disforme, las tres naves entraron a salvo en la órbita de Taros. La delegación de Dree abordó varias lanzaderas Aquila y desembarcó en el espaciopuerto de Ciudad Taros (Tarokeen), la única ciudad del planeta. El Gobernador Planetario y sus consejeros y oficiales recibieron a la delegación a su llegada con la debida ceremonia. Toda la comitiva entró en el Palacio del Gobernador, donde se concertó una reunión oficial para que Dree informase al Gobernador de los nuevos planes del Administratum.

Tras la reunión, Dree empezó una revista de las minas para ver por sí mismo cómo se llevaban a cabo los trabajos y entrevistar personalmente a los propietarios de las minas. Entretanto, los representantes del Adeptus Mechanicus empezarían a evaluar la calidad y pureza del mineral que se enviaba desde Taros.

Primeras investigacionesEditar

El Gobernador Planetario, Lord Aulis, estuvo de acuerdo en que, con la ayuda del Munitorum, los niveles de producción del planeta podían aumentarse, y que las nuevas cuotas exigidas por Stygies VIII eran alcanzables. Prometió hacer todo lo que estuviera en su mano para alcanzar esos objetivos, y en todos los aspectos fue un anfitrión leal y agradable para los oficiales del Imperio. En un principio, no levantó sospechas en la delegación.

No fue hasta que el Auditor Primario Dree empezó a visitar las minas más alejadas que empezó a preguntarse por ciertos aspectos de las operaciones mineras de Taros. En primer lugar, había muchas minas abandonadas en los desiertos, señal evidente de una gran actividad. Cada vez que preguntó por ellas, se le dijo que la veta o el filón se habían agotado, y la operación se había trasladado. Para los propietarios de las minas, era una prueba de su industrioso trabajo, pero para el Auditor era evidencia patente de que o bien las reservas estimadas del planeta se estaban agotando, o bien no eran tan grandes como se había dicho en el M38.

Dree continuó su recorrido, y cada operación minera parecía trabajar duro, encontrando nuevos filones y explotándolos en enormes operaciones a cielo a bierto. El mineral se separaba y se enviaba en grandes cantidades al espaciopuerto de Tarokeen, donde las reservas ya eran enormes y aguardaban a la llegada de transportes vacíos para su envío a las refinerías. En la superficie todo iba bien, pero el Auditor Dree empezó a mirar más a fondo.

Solicitó a cada mina que entregase informes de productividad de los últimos diez o veinte años. Varios propietarios no pudieron, ya que sus registros estaban incompletos, pero la mayoría cumplieron y Dree empezó a tener una visión general de cuánto mineral se había exportado recientemente desde Taros. Después pasó a mirar los informes de prospección geológica de nuevos filones, y del tamaño de esos hallazgos. Con esta información pudo saber cuánta riqueza mineral quedaba. Estas cifras no cuadraban con lo que afirmaba la antigua auditoría. Al ritmo actual de extracción, usando las cifras recabadas de las refinerías y de Stygies VIII, debería quedar más de lo que indicaban las estimaciones actuales. Había una disparidad entre las distintas fuentes, lo que dejó preocupado a Dree. ¿Se había sobreexplotado en Taros? En ese caso, ¿dónde estaban los excedentes? Los que había almacenados en Tarokeen no cubrían la disparidad. ¿O se había equivocado Stygies VIII? En ese caso, las predicciones también podrían ser erróneas, y los amplios efectos de esto podían resultar en una futura falta de suministros. Por el momento, el Auditor se guardó sus sospechas.

Dree tardó varias semanas en reunir toda la información que necesitaba de Taros. Al final de su investigación tenía una idea bastante clara de lo que había estado ocurriendo. Las minas habían sido sobreexplotadas. Durante años, habían extraído mineral a un ritmo mayor del exigido o necesario. Todo ese mineral había sido enviado a Tarokeen, y aunque las cuotas de las refinerías y del propio Stygies VIII se habían cubierto, el resto de los valiosos minerales se había desvanecido. Como nunca había fallado el suministro, el error nunca había sido detectado. La pista de los registros acababa allí. ¿Dónde había ido a parar el material desaparecido? Antes de abandonar Taros, Dree decidió confrontar al Gobernador Planetario con la disparidad de cifras y buscar una explicación, aunque era probable que el propio Gobernador no tuviese ni idea sobre el problema.

El Gobernador Aulis afirmó precisamente eso. Hasta donde él sabía, se habían cumplido las cuotas exigidas, y los envíos se habían hecho a tiempo. No se preocupaba del funcionamiento cotidiano de las minas, ese era el trabajo de los propietarios. El consejo de Aulis fue simplemente: "¡Pregúnteles a ellos!"

Y Dree hizo justo eso, exigiendo a los mayores propietarios de minas que se presentasen por separado a una audiencia para explicar las cifras. No tenían ninguna explicación. Sólo excavaban, dinamitaban y volvían a excavar. Encontraban filones y los vaciaban tan rápido como podían con la mano de obra disponible. La ignorancia era su defensa. Atascado, y sospechando que había una conspiración de silencio, Dree decidió que hacían falta medidas más drásticas.

La conspiración de TarosEditar

El Auditor Primario Dree no lo sabía, pero estaba empezando a rascar la superficie de unos sucesos que habían estado teniendo lugar en Taros durante las dos últimas décadas. La llegada de su delegación, aparentemente, había sido bien recibida, pero en realidad su presencia había preocupado profundamente a toda la élite gobernante de Taros.

Los T'au habían estado interesados desde hacía mucho en el planeta Taros. A medida que su imperio se había expandido, habían explorado sistemáticamente los sistemas cercanos para su posible colonización. Muchos candidatos habían sido identificados, y Taros era uno de ellos. Tenía una atmósfera respirable, y aunque era un duro mundo desértico, tenía algo de agua y era capaz de soportar la vida, y de todas formas los T'au están mejor adaptados a los climas cálidos que a los fríos. Lo mejor de todo era que tenía una abundante riqueza mineral. Fue registrado como un buen objetivo para una futura expansión y rápida colonización, pero había un gran inconveniente. Taros pertenecía al Imperio de la Humanidad, y eso hacía que su captura fuese difícil. Desde su primer contacto con el Imperio en Devlan, cuando una nave de exploración había sido destruida, los T'au habían aprendido que el Imperio no cedía fácilmente los mundos reclamados en nombre de su Emperador. Cualquier ataque militar provocaría una rápida respuesta. Capturar Taros exigiría una gran guerra, y los Etéreos del planeta T'au no creían que los beneficios superasen a los riesgos. Por el momento, tenían otros objetivos más fáciles. Los planes iniciales de invasión fueron aparcados, pero Taros no fue olvidado.

En lugar de enviar a la Casta del Fuego a capturar Taros, el Alto Concilio recurrió primero a la Casta del Agua. La diplomacia podría tener resultado si la Casta del Agua jugaba un juego silencioso y paciente. Los mundos del Imperio solían rechazar todo contacto con los alienígenas, y la Casta del Agua había descubierto que muchos Gobernadores no se dejaban ver negociando con alienígenas por miedo a ser descubiertos. Sin embargo, se podían cerrar tratos y operaciones comerciales pequeñas si todo se mantenía en secreto. Los maestros gremiales y los líderes de los cárteles mercantiles eran hombres ricos y avariciosos, y la oportunidad de comerciar con el dinámico Imperio T'au les ofrecía riquezas que no podían encontrar en otra parte de la Franja Este.

Una delegación de los diplomáticos más experimentados y astutos de la Casta del Agua fue enviada a Taros para reunirse con sus gobernantes. Este equipo incluía representantes humanos de otros mundos que ya trabajaban con los T'au. Armados con garantías de que el Imperio T'au no tenía intención de continuar expandiéndose por esa región, y de que Taros estaba totalmente a salvo de sus ataques, los diplomáticos buscaron sólo cerrar pequeños contratos comerciales. A cambio de cantidades muy pequeñas de mineral de manganeso, los T'au podían ofrecer tecnologías de purificación y reciclaje de agua, así como equipamiento hidropónico para cultivar comida y bienes de lujo. Estos objetos podían facilitar la dura vida en Taros para su élite social.

Al principio, el Gobernador Planetario rechazó el acercamiento de la Casta del Agua. Sabía muy bien que comerciar con alienígenas estaba estrictamente prohibido, pero Taros era sólo un mundo entre un millón, y pequeñas cantidades de mineral no serían echadas en falta. El Gobernador Aulis habló con los propietarios de las minas y los comerciantes, y estos vieron una oportunidad de ganar más dinero y riqueza. Las cuotas del Imperio no habían cambiado en generaciones. Las operaciones de minería funcionaban eficientemente. El Administratum estaba satisfecho. ¿Quién sabría, o a quién le importaría, si algo más de manganeso o vanadio era extraído y vendido a estos T'au? Otros mundos humanos se habían enriquecido haciéndolo, como habían demostrado los delegados alienígenas, y a largo plazo las buenas relaciones podrían ayudar a mantener el expansionismo T'au a raya.

Las negociaciones se cerraron hacía unos veinte años, y los T'au pusieron su primer pie en el umbral de Taros. El acuerdo empezó siendo muy pequeño, con tan sólo un envío de manganeso y vanadio al año, pero poco a poco, al salirse el Gobernador y los propietarios con la suya, las cantidades aumentaron. Los diezmos fijados por el Administratum seguían siendo entregados, pero las minas empezaron a encontrar nuevos filones que explotar. Durante los siguientes diez años, los T'au ganaron más y más influencia sobre las operaciones mineras, y varias delegaciones de la Casta de la Tierra acudieron para ofrecer su ayuda y consejo. Los T'au pagaron por el mineral con tecnología y bienes de lujo como piedras preciosas de Tash'var y frutas exóticas de Au'taal. La alta sociedad de Taros empezó a enriquecerse con el comercio ilícito. Durante casi dos décadas, los burócratas del Administratum permanecieron ignorantes a todo esto, mientras la influencia T'au crecía.

La inesperada llegada de la delegación del Departamento Munitorum alarmó profundamente al círculo interior de la élite gobernante de Taros. Los propietarios que se estaban beneficiando del trato se pusieron muy nerviosos, pero el Gobernador Aulis urgió a la calma. Afirmó que podían marcarse un farol, fingir ignorancia, mentir, encubrirse, lo que hiciera falta. Creía que la delegación haría su trabajo, que los nuevos diezmos podrían ser cubiertos, y que nada tenía por qué ser descubierto. Si se actuaba con demasiada precipitación, la conspiración sería descubierta, y todos serían arrestados. Sin embargo, el Gobernador no contaba con la meticulosidad del Auditor Primario Dree.

Pronto aparecieron grietas en la fachada de normalidad, y surgieron sospechas. Cuanto más escarbaba Dree, más crecía la preocupación. Para los conspiradores, la situación se estaba volviendo desesperada. Algunos propietarios incluso plantearon asesinar a toda la delegación y culpar a los T'au, pero el Gobernador lo prohibió: si la delegación sufría algún daño, sería peor para todos a largo plazo. Quizás podría encontrar alguna forma de desacreditar el informe del Auditor Dree. Lord Aulis siguió tratando de encubrirlo todo hasta que se marchó la delegación, pero no sabía que en otro lugar lejos de allí, en el sistema Denab, otros sucesos fuera de su control lo revelarían todo...

El Incidente DenabEditar

Entretanto, al margen de lo que ocurría en el Ojo del Terror y en Taros, la Patrulla Ravanor de la Armada Imperial estaba llevando a cabo un barrido rutinario antipiratas por el sistema Denab, un área de espacio salvaje al borde del Golfo de Damocles. Las cinco naves, que tenían órdenes de atacar y capturar a cualquier nave sospechosa de piratería o de lanzar incursiones de acoso contra los objetivos T'au que se presentaran, estaba bajo el mando del Capitán Darillian del Crucero Ligero clase Intrépido Lord Ravanor. La patrulla llevaba navegando durante meses sin apenas éxitos, y el Capitán Darillian se disponía a retornar a su base e informar de que la actividad pirata en la zona era mínima cuando la Fragata clase Sable VCS-6 del Escuadrón Scadryn, situada muy por delante del grueso de la patrulla, informó de un contacto en sus sensores con tres naves de transporte no identificadas. Sospechando que podrían ser las naves piratas que buscaba, el Capitán Darillian empezó una cautelosa persecución.

La Patrulla Ravanor acechó con cuidado a las tres naves a través del cinturón de asteroides de Denab, manteniendo una distancia suficiente para no revelar su presencia y aprovechando al máximo la cobertura del cinturón. Durante tres días las siguieron, con la esperanza de que les llevaran a una base pirata o un punto de encuentro, y por tanto a un premio aún mayor. Parecía que el Capitán Darillian estaba en lo correto. El convoy se dirigía a una pequeña instalación en el espacio profundo del borde del cinturón de Denab. Cuando las naves se aproximaron, las lecturas de escáner de la nave de vanguardia revelaron que se trataba de una estación de paso T'au. El Capitán Darillian tenía experiencia en la navegación en torno al Golfo de Damocles y ya había encontrado instalaciones como esa dispersas por lugares remotos. ¿Por qué se dirigían tres cargueros hacia una estación alienígena? Dejando una nave de escolta para que siguiera vigilando, el Capitán se retiró e informó de su curioso hallazgo al mando naval.

Estación Denab T'au Forge World ilustración

Estación T'au oculta en el cinturón de asteroides de Denab.

Mientras el Lord Ravanor se ausentaba, la fragata VCS-6 observó cómo los tres transportes atracaban en la estación, y poco después zarpó una sola nave T'au, de la clase Emisario. Oculta en el cinturón de asteroides, la VCS-6 siguió observando y aguardando.

Entretanto, el mensaje astropático de Darillian llegó al Alto Mando de la Armada Imperial, que tampoco sabía nada de lo que estaba sucediendo. Las investigaciones sobre estas tres naves no dieron ningún resultado, pero pertenecieran a quien pertenecieran, estaban obviamente haciendo tratos con alienígenas. La Patrulla Ravanor recibió nuevas órdenes: debían destruir la estación y capturar los transportes, así como tomar prisioneros para su interrogatorio posterior.

El Lord Ravanor se reunió con la VCS-6 y se preparó para atacar. Las tripulaciones fueron puestas en zafarrancho de combate, y los capitanes de las naves de escolta puestos al corriente del plan. El grupo se acercaría lentamente a la estación a través del cinturón de asteroides, y después lo atacaría a toda máquina, reduciendo así el tiempo que los transportes renegados pudieran usar para escapar. El Lord Ravanor se ocuparía de la estación mientras las naves de escolta impedían cualquier fuga o perseguían a los que tratasen de escapar. Tras incapacitar la estación, el Lord Ravanor se acoplaría a uno de los transportes y lo abordaría para llevárselo como trofeo y capturar a su tripulación. El Capitán Darillian pronunció su última orden: "A mi orden, lanzaos a por ellos. ¡A toda máquina, sin piedad, y que el Emperador pudra sus traicioneros corazones!"

Con esa proclama, los grandes reactores de plasma de las cinco naves de la Armada Imperial cobraron vida con un rugido, acelerando al salir en fila del cinturón de asteroides directamente hacia la estación. Contando con el factor sorpresa, la patrulla pasó a toda velocidad junto a la estación, desatando andanadas completas a corto alcance. Las baterías de lanzas y los macrocañones escupieron al vacío, impactando en la estación con estremecedoras explosiones. La estación trató de devolver los disparos como pudo, con escasos resultados. Un transporte fue alcanzado de inmediato e incapacitado antes de que saliera del atracadero. Los otros, como se esperaba, trataron de escapar. El Escuadrón Scadryn los persiguió de inmediato. Parecía que el ataque sorpresa había funcionado, pero el Capitán Darillian iba a recibir también una sorpresa. Los controladores-escudriñadores de su puente informaron urgentemente de que se acercaban más naves T'au. Un segundo convoy de transportes y una escolta de naves de guerra ligeras, identificadas como de la clase Castellano, habían aparecido en las pantallas de los escáneres. De repente, la emboscada unilateral se había convertido en toda una batalla para la Patrulla Ravanor. Reaccionando a la nueva situación, el Capitán llamó de vuelta a sus escoltas y puso rumbo de intercepción contra las naves T'au.

"Timón, pónganos a su altura a distancia de tiro. Compararemos nuestros cañones con los suyos, y apuesto a que ganaremos."
Capitán Darillian


Incidente Denab Forge World ilustración

Una nave de escolta pesada T'au sufre toda la ira de las andanadas del Lord Ravanor durante la batalla. Aunque el crucero ligero sufrió graves daños, su potencia de fuego le dio la victoria.

El hosco y viejo Capitán ordenó un nuevo ataque, calculando que tenía potencia de fuego suficiente para rechazar o destruir por completo al convoy T'au. Con sus cuatro escoltas aproximándose por detrás, el Lord Ravanor atravesó el convoy alienígena soltando andanadas desde las baterías tanto de babor como de estribor. En respuesta, las naves T'au acribillaron su lomo y popa, sacudiendo sus escudos y cubiertas con los impactos de sus aceleradores lineales y cañones iónicos. Fue un combate amargo y duro a quemarropa, y ambos bandos sufrieron graves daños. Las dos Fragatas clase Sable VCS-6 y 7 quedaron incapacitadas, y el Lord Ravanor acabó arrastrándose por daños en su motor e incendios en varias cubiertas. No obstante, el convoy T'au estaba dispersado, con un transporte destrozado a la deriva y los dos Castellanos, que habían sufrido la ira de los cañones más pesados del Lord Ravanor, reducidos a pecios ardientes. Las tripulaciones celebraron la decisiva victoria de la Patrulla Ravanor. Entretanto, dos de los transportes renegados habían escapado.

El Capitán Darillian reunió a sus machacados pero victoriosos oficiales y emitió órdenes para iniciar las operaciones posteriores a la batalla. Se enviarían partidas de abordaje para entrar en la estación y el transporte inutilizado, y todos los prisioneros debían ser llevados directamente a él. Un segundo grupo debía abordar el transporte T'au y apoderarse del cargamento. Mientras tanto, las VCS-8 y 9 debían rescatar a la tripulación superviviente de las dos naves de escolta dañadas. Tras terminar estas operaciones, zarparían del sistema Denab y volverían a casa, heridos pero victoriosos.

A bordo del transporte T'au la partida de abordaje no encontró más que bodegas vacías. La estación había sido gravemente dañada, y un bombardeo final antes de partir la dejaría irreparable. Tras una breve escaramuza con los tripulantes supervivientes del carguero renegado dañado, se capturó a varios de ellos. Parecía que no sabían nada sobre el contenido de la nave, pero el diario de a bordo recogía que su última escala había sido Taros. Los tripulantes negaron saber por qué estaban allí, o por qué su cargamento estaba siendo descargado por los T'au. Sólo seguían órdenes, ¿pero de quién? Los prisioneros serían entregados a la Inquisición cuando el Lord Ravanor llegase a puerto, y entonces se les aflojaría la lengua.

A su regreso, el Capitán Darillian recibió la Orden de los Caballeros de Damocles y ascendido al mando del crucero Martillo de Tracia por su papel en la victoria obtenida. Presentó un informe completo sobre el "Incidente Denab", pero la verdad tras los sucesos siguió siendo un misterio para la Armada Imperial.

Esto siguió así hasta que ese informe fue descubierto por el Auditor Primario Dree durante su investigación sobre los minerales desaparecidos de Taros. Para Dree, el descubrimiento de la Patrulla Ravanor era la prueba de una traición, y confirmó sus sospechas. Los tres transportes llevaban un cargamento de manganeso, vanadio y renio embarcado en Taros y destinado a las refinerías que a su vez abastecían a Stygies VIII, pero el convoy había sido desviado para descargar parte de su carga en la estación T'au, donde sería trasladado a naves T'au y enviado al Imperio T'au. Esta no podía haber sido la primera vez que recursos valiosos habían sido entregados, o más probablemente vendidos, a los alienígenas. El afortunado encuentro de la patrulla con el convoy y la estación había proporcionado al oficial del Departamento Munitorum las pruebas inculpatorias que necesitaba. Había una conspiración en Taros, un trato secreto con el Imperio T'au para desviar recursos minerales que pertenecían al Imperio de la Humanidad. Dree estaba seguro de que el Gobernador Planetario estaba en el centro de la conspiración. Lord Aulis podía aparentar ser industrioso y leal, pero dentro de él latía el negro corazón de un traidor. Había quebrantado la Pax Imperialis, y un rápido castigo sería su recompensa.

Rápido castigoEditar

El Auditor Primario Dree presentó su informe en la Oficina del Señor del Departamento Munitorum en Terra para que se considerasen las acciones a emprender. Dree había completado su investigación, pero ahora ya no era responsabilidad suya, ya que no tenía poder para decidir qué hacer con Taros. Sólo un Inquisidor tendría el poder supremo para intervenir de inmediato, y Dree era un mero burócrata.

La Oficina del Señor del Departamento Munitorum en Terra es vasta de por sí, ya que supervisa el trabajo de los muchos subdepartamentos. Pasarían varios meses antes de que la burocracia procesase el informe de Dree (que era uno entre millares) y este llegase a cualquiera con la autoridad efectiva para leerlo.

Dree regresó a sus funciones cotidianas. Los engranajes de la burocracia del Administratum no giran rápido, pero al final los sucesos de Taros llamaron la atención de las autoridades. Un informe sobre graves atentados contra la Pax Imperialis y conspiraciones con alienígenas era algo muy serio. Dree fue llamado a una audiencia para explicar sus hallazgos, y allí afirmó que algo olía a podrido en Taros, y que el Gobernador era el corazón de la conspiración.

Debían tomarse medidas rápidamente para atajar el problema. En los niveles superiores del Adeptus Terra se decidió que el Gobernador debía ser retirado y sustituido por un candidato más fiable. El Administratum empezó a considerar sus opciones. La primera opción, y la más obvia, era contactar con el Oficio Asesinorum y enviar en secreto una de las armas más letales del Imperio a Taros. Quizás un sirviente del Templo Vindicare que ejecutase al Gobernador por su crimen con un solo disparo de francotirador en la cabeza, o una del Templo Callidus que se infiltrase en su organización y se acercase lo suficiente para clavarle un cuchillo silencioso en la oscuridad. Pero la simple muerte del Gobernador no solucionaría el problema. Taros estaba cerca del Imperio T'au, y era un obvio objetivo de las ambiciones expansionistas T'au. El Imperio necesitaba enviar un mensaje de fuerza a los alienígenas, de que su interferencia en Taros no sería tolerada, y asesinar sólo a Lord Aulis no frenaría su ambición.

Por tanto, el Oficio Asesinorum fue descartado en favor de un plan más atrevido y amplio: un golpe de estado. Una fuerza de asalto atacaría al Gobernador Planetario y a sus partidarios. Su despliegue de fuerza demostraría a los observadores T'au la voluntad del Emperador de conservar Taros, y una vez completada la operación, los invasores se convertirían en una guarnición temporal que impediría cualquier contraataque T'au. Sólo había una fuerza capaz de cumplir esa misión con la rapidez necesaria: el Adeptus Astartes.

Los Marines Espaciales serían el instrumento de la justicia divina del Emperador en Taros. Durante la Cruzada de Damocles los T'au habían aprendido a temer a los mejores guerreros de la Humanidad, y una fuerza de asalto de ellos mandaría un mensaje inequívoco de que el Imperio haría todo lo que estuviera en sus manos por retener Taros. ¡Si los T'au querían el planeta, tendrían que enfrentarse primero a los Marines Espaciales!

Poco después se seleccionó a un Capítulo de Marines Espaciales para que efectuase la misión de derrocamiento, y una delegación de alto nivel fue enviada de inmediato con la información de inteligencia relevante a la fortaleza monasterio de los Hijos Vengadores, junto con una florida solicitud firmada por la oficina del Señor del Administratum que pedía la asistencia del Señor del Capítulo. Los registros oficiales bautizarían posteriormente esta operación como la "Primera Intervención de Taros".

La Primera Intervención en TarosEditar

Los Hijos Vengadores respondieron rápidamente a la solicitud del Administratum de realizar acciones punitivas contra Taros. Tras recibir a la delegación del Administratum, el Señor del Capítulo convocó a los comandantes de sus Compañías y explicó la misión:

"Escuchad ahora mis palabras. Nos han llegado noticias de que el Gobernador del sistema Taros ha quebrantado los sagrados juramentos de la Pax Imperialis. Se ha confabulado con alienígenas y ha puesto en peligro el buen y seguro gobierno de nuestro Emperador. Por estos crímenes se ha sentenciado que su castigo sea la muerte. Los Hijos Vengadores han sido escogidos para ser los instrumentos de esa sentencia. Nos honra aceptar. Recaerá en la Segunda Compañía y en el Capitán Armaros cumplir con el deber del Capítulo. Prepara a tus hermanos, Hermano-Capitán, aunque no estarás solo en esta misión. El Señor de la Forja preparará a los espíritus máquina del Arsenal para asistirte, y los hermanos de la Primera y la Décima también te apoyarán. El Señor de la Flota preparará el Crucero de Asalto Proxima Justus, y al atardecer del segundo día habrás embarcado. Que las mareas de la Disformidad te lleven sano y salvo a Taros, y que el Emperador vigile vuestras almas en la batalla. Habréis de desatar Su divina furia sobre este malhechor. Aplastad toda resistencia. No dejéis a nadie que se os oponga con vida. Enviad un mensaje que resuene para todos desde Taros: el Emperador se alza aquí, y no se moverá. Pronunciemos todos juntos la segunda Oración de Venganza antes de que nuestros hermanos partan."
Señor del Capítulo de los Hijos Vengadores


La Segunda Compañía se preparó para la batalla. Los bólteres y servoarmaduras fueron ungidos y bendecidos por el Capellán de la Compañía, mientras que los Hermanos Hakael y Caim fueron despertados de su sueño. Sus sistemas Dreadnought fueron comprobados y declarados a pleno rendimiento por los Tecnomarines. Durante veinticuatro horas, la fortaleza monasterio fue un hervidero de actividad mientras la Segunda Compañía, asistida por una escuadra de los Veteranos de la 1ª Compañía y por Exploradores de la 10ª, reunía todas sus fuerzas.

El Capitán Armaros y sus hombres embarcaron en el Crucero de Asalto Proxima Justus y, acompañados por una sola nave de escolta, abandonaron a toda máquina el sistema antes de activar sus motores de Disformidad. Durante el viaje, que duraría un mes, habría tiempo suficiente para el análisis y el entrenamiento. La Fuerza de Intervención de Taros partió a la batalla.

PlanificaciónEditar

En camino hacia el sistema Taros, el Capitán Armaros empezó a planificar su ataque y a dar instrucciones a sus oficiales y Sargentos. El objetivo de la misión era sencillo: localizar y eliminar al Gobernador Planetario Aulis. Además, la operación debía ser una gran muestra de fuerza. El ataque sería veloz, despiadado y brutal. Toda la oposición debía ser destruida. Era la clase de misión en la que destacan las fuerzas de asalto de los Marines Espaciales. Armado con toda la inteligencia que el Administratum y el Auditor Primario Dree pudieron proporcionarle, el Capitán planeó el asalto al detalle.

Primero necesitaría localizar al Gobernador. El primer y más obvio objetivo debía ser el Palacio del Gobernador, su residencia. Armaros tenía planos detallados del gran edificio para planear el asalto. Si el Gobernador escapaba o no estaba presente, entonces el ataque pasaría a una segunda fase de búsqueda y destrucción. Esto implicaría desplegar el equipo más pesado y los vehículos en la superficie y empezar a barrer la ciudad. Otros escondites posibles fueron señalados para ser atacados inmediatamente después. Durante la segunda fase de la operación, Armaros también precisaría de la ayuda del Proxima Justus, que apostado en la órbita baja usaría su potente equipo de vigilancia y sensores y, si la resistencia lo exigía, sus armas de bombardeo orbital. Como muestra de fuerza, su deseo de arrasar Tarokeen debía enviar un mensaje claro, y además ayudaría a someter a la población local. Si los nativos empezaban a sentir que sufrían por los crímenes de su Gobernador, podrían rebelarse e informar de su posición oculta. Era una táctica brutal, pero el Capitán Armaros era un Marine Espacial, y una vida de adoctrinamiento e hipnosugestión hacía que eso no le importase lo más mínimo. Su deber para con el Emperador era todo lo que importaba, y para él ya no había inocentes en Taros.

En lugar de ser un único edificio, el Palacio del Gobernador era un complejo de instalaciones administrativas, pero la residencia privada de Aulis sería el primer objetivo. Para disponer de la máxima velocidad y del factor sorpresa, Armaros planeó un asalto con Cápsulas de Desembarco. Todas las fuerzas de la 2ª Compañía, apoyadas por los veteranos Exterminadores teleportados de la 1ª Compañía, tendrían su papel.

Primero, cuatro de las seis Escuadras Tácticas aprovecharían la cobertura de la oscuridad para establecer un bloqueo nada más aterrizar en las rutas clave hacia su objetivo y así impedir que los refuerzos llegasen rápidamente al Palacio. Esta parte de la misión sería supervisada por el Sargento Veterano Einem de la Primera Escuadra. Sería responsable de defender esos puntos, desplazando hombres de uno a otro como viera conveniente para reforzarlos si uno era objeto de un ataque intenso. Armaros consideraba que esto era algo improbable, ya que toda la misión estaba planeada como un ataque veloz, y no pensaba quedarse esperando a que el enemigo reaccionase y reuniese una gran fuerza.

Aisladas por las cuatro escuadras de bloqueo, las dos Escuadras de Asalto de la Compañía, apoyadas por las dos Escuadras Tácticas restantes, aterrizarían en el interior del propio complejo palaciego justo después de una Cápsula de Desembarco Tormenta de Muerte, la cual desataría una salva indiscriminada de misiles. Las unidades de asalto aplastarían cualquier resistencia que encontrasen en la residencia antes de recorrerla en busca de Lord Aulis. El propio Capitán Armaros dirigiría este asalto junto al Capellán Baraqel.

Los Exterminadores de la 1ª Compañía serían el instrumento definitivo de justicia. Una vez sus fuerzas hubieran localizado al Gobernador en el palacio, el Capitán Armaros usaría su baliza de teleportación para invocar a los Exterminadores que aguardaban en órbita. Los Exterminadores aparecerían en ese lugar y utilizarían su enorme potencia de fuego a quemarropa para eliminar al objetivo.

En cuanto esto se completase con éxito, se transmitiría la palabra clave "Justicia" y la operación pasaría a la fase de evacuación. Si la palabra no era transmitida en una hora, o si en su lugar se transmitía "Malévolo", significaría que el objetivo no estaba allí o había escapado, y todos pasarían a la fase dos: búsqueda y destrucción.

Durante la primera fase del ataque habría una pequeña reserva formada por las dos Escuadras de Devastadores, los dos Dreadnoughts y la Escuadra de Exploradores. Su principal misión sería cubrir la retirada de la Compañía y después formar el núcleo de un perímetro de seguridad en torno al Palacio del Gobernador mientras las cañoneras Thunderhawk evacuaban a los Astartes.

Esta fuerza también debería encargarse de cualquier resistencia enemiga más fuerte de lo esperada, interceptándola y atacándola a la señal del Capitán. Con el fuego de sus armas pesadas deberían ser capaces de causar graves daños en poco tiempo, dando el margen necesario a las demás escuadras para completar la misión y retirarse o pasar a la fase dos.

El plan del Capitán Armaros tenía tres ventajas, a pesar de estar atacando el corazón del territorio enemigo con sólo 120 Hermanos de Batalla sin apoyo pesado, vehículos blindados ni bombardeo preparatorio. En primer lugar, contaba con la sorpresa: el enemigo podría estar esperando un ataque, pero no sabría dónde, cuándo ni cómo llegaría. En segundo lugar, los defensores sólo eran Fuerzas de Defensa Planetaria, tropas de escasa calidad y disciplina y, en comparación con los Marines Espaciales, mal equipadas. Su moral también sería débil, y Armaros esperaba que tras un golpe repentino y raudo la resistencia organizada se vendría abajo. En tercer lugar, la concentración aplastante de sus fuerzas: la fuerza de asalto de los Hijos Vengadores lucharía sin dispersarse, como una sola unidad. El enemigo necesitaría pedir refuerzos a otras posiciones defensivas, y si se retrasaban tendría tiempo de completar su misión. El éxito requeriría coraje, precisión y rapidez, pero los Marines Espaciales los tenían.

La Batalla por el Palacio del GobernadorEditar

El Crucero de Asalto Proxima Justus de los Hijos Vengadores desactivó sus motores de Disformidad y se zambulló de vuelta al espacio real justo a las afueras del sistema Taros. De inmediato se dispuso en zafarrancho de combate y zarpó a máxima velocidad hacia Taros II.

La mayoría de planetas imperiales cuentan con una defensa naval, y Taros no era distinto. Podía recurrir a su red de misiles tierra-órbita y a un único escuadrón de tres monitores de defensa intrasistema. Era una fuerza incapaz de enfrentarse a un Crucero de Asalto Astartes pesadamente armado y blindado, y aunque los monitores recibieron órdenes de enfrentarse a los Marines Espaciales, las tripulaciones de las tres naves se negaron y se amotinaron antes que afrontar su destrucción segura. La reputación de los Marines Espaciales les precedía, y el avance del Proxima Justus hacia Taros prosiguió sin estorbos.

Una vez en órbita, la única amenaza para el Proxima Justus serían los silos de misiles. Estos tardarían un tiempo en apuntar, prepararse y disparar, así que al llegar a la órbita los Hijos Vengadores ya estarían listos para lanzar sus Cápsulas de Desembarco. Hecho esto, el Crucero de Asalto y su escolta se retirarían para vigilar Taros desde una distancia más segura mientras el asalto terrestre tenía lugar, y sólo se acercarían de nuevo si era necesario.

El Proxima Justus se colocó en posición en la órbita baja y el Capitán Armaros dio la orden de lanzar la primera oleada de Cápsulas de Desembarco antes de subir a la suya para dirigir la segunda, que siguió de cerca a la anterior.

La operación de lanzamiento funcionó al milímetro. Una tras otra, las Cápsulas de Desembarco salieron disparadas del Crucero de Asalto, atravesaron envueltas en llamas la atmósfera y cayeron con sus retropropulsores corrigiendo su rumbo hacia las coordenadas de aterrizaje programadas para cada una. La primera Cápsula en aterrizar fue la Tormenta de Muerte, dirigida a la residencia del Gobernador y cargada con una batería letal de misiles para barrer la zona con fuego indiscriminado. Mientras disparaba, las cuatro Escuadras Tácticas estarían aterrizando y desembarcando para tomar sus posiciones de bloqueo y defensa.

Desde el patio interior frente a la residencia del Gobernador Aulis la noche quedó rasgada por feroces estelas de cometa cuando las Cápsulas de Desembarco atravesaron la atmósfera. El distante rugido de los motores y el viento fue haciéndose cada vez más fuerte. Entonces llegó el repentino siseo aullante de los retropropulsores activándose a plena potencia para frenar el descenso final de las veloces Cápsulas de Desembarco. Después resonó un estremecedor impacto, que reventó las ventanas cercanas y levantó una enorme columna de espeso polvo. La forma distintiva de la Cápsula de Desembarco posada verticalmente en el patio podía vislumbrarse a duras penas a través del polvo. Tras un breve momento de silencio y quietud, se oyó el servochirrido electrónico de los cerrojos al abrirse y de las compuertas al descender. Los aturdidos espectadores observaron cómo el polvo se despejaba para revelar el mortífero contenido de la Cápsula de Desembarco Tormenta de Muerte.

El patio se convirtió en un infierno cuando los misiles salieron disparados en rápida sucesión hacia todas direcciones. Una cacofonía de explosiones sacudió el palacio, pulverizando la sillería y haciendo huir a los transeúntes en busca de cobertura. El bombardeo fue breve pero intenso, y redujo el patio a un averno humeante de metralla y llamas. Pero esto era sólo el principio. En medio del repentino ataque de misiles, las llameantes estelas de la segunda oleada de Cápsulas de Desembarco habían sido ignoradas por todos. Tras descargar sus misiles, la Tormenta de Muerte guardó silencio, pero el rugido de los retropropulsores volvió a llenar el cielo nocturno. Con nuevos impactos devastadores, las Cápsulas de Desembarco tomaron tierra una tras otra, abriéndose como los pétalos de una flor mortal para vomitar escuadras de gigantes en servoarmadura que se movían con decisión a través del polvo, el humo y las llamas. La batalla por el Palacio del Gobernador había comenzado. El ataque inicial había aturdido a los defensores. La residencia sólo estaba defendida por una sola escuadra de centinelas, y esta se había llevado la peor parte del bombardeo: los que no habían podido ponerse a cubierto habían muerto y sus cuerpos yacían desperdigados y rotos sobre el suelo lleno de escombros del patio. No obstante, la guarnición del palacio ya estaba respondiendo al ataque, reuniendo armas y corriendo desde sus barracones para enfrentarse a los atacantes.

El Capitán Armaros transmitió sus órdenes por el enlace de comunicación de su casco y avanzó hacia el edificio objetivo. Por delante de él, las Escuadras de Asalto corrían con las pistolas bólter desenfundadas y las espadas sierra y granadas de fragmentación listas para asaltar la entrada. El distintivo ladrido y trueno de los disparos de bólter ya podía oírse. Los centinelas supervivientes trataron de responder a los disparos, pero sus rifles láser apenas hicieron efecto.

Los guardias que se mantuvieron firmes y defendieron la entrada a la residencia murieron aullando a manos de los inmisericordes Marines de Asalto, y quedaron reducidos a poco más que vísceras sangrientas. Unas cargas de fusión destruyeron las puertas blindadas, y las Escuadras de Asalto saltaron a través de la explosión. Tras ver lo ocurrido en el exterior, nadie dentro del edificio tuvo el valor de quedarse a luchar, y todos huyeron para no enfrentarse a los notorios "Ángeles de la Muerte".

El Capitán Armaros y sus escuadras recorrieron la residencia del Gobernador habitación por habitación, lanzando granadas de fragmentación y despejando las salas con descargas de sus pistolas bólter. Las doctrinas de entrenamiento ya eran naturales para ellos. Todo el que no escapaba con la suficiente rapidez moría. Al final, las escuadras de la vanguardia entraron en una cámara interior de reuniones en la que se había refugiado un grupo de oficiales y guardias. Los guardias abrieron fuego, más por desesperación y autodefensa que con cualquier esperanza de vencer. Dado que el resto del edificio había sido despejado, allí debía encontrarse el Gobernador Aulis. Desde fuera de la entrada de la cámara, mientras los rifles láser abrían fuego, Armaros activó su baliza de teleportación.

La señal fue recibida en el Proxima Justus, en cuya cámara de teleportación cinco Exterminadores pesadamente blindados aguardaban su llamada. Todos iban armados con un bólter tormenta y un puño de combate, excepto uno que llevaba un cañón de asalto, y el Sargento Veterano Foras, que portaba un puño sierra capaz de cortar cualquier material. Las titánicas energías del teleportarium hicieron latir la sala con su poder. Aparecieron relámpagos por toda la sala mientras los Tecnosacerdotes hacían los últimos ajustes y pronunciaban fervientes oraciones al espíritu de la antigua máquina. Y fueron escuchados.

En un cegador estallido de luz blanca los Exterminadores desaparecieron, arrojados brevemente a través de la Disformidad antes de reaparecer envueltos en relámpagos en la cámara de reuniones.

El tiroteo acabó en una fracción de segundo. El cañón de asalto chirrió al cobrar vida, arriendo la sala con una tormenta de balas que destrozó las mesas y paredes. Los bólteres tormenta se sumaron a la matanza, acribillando a los oficiales y guardias con sus balas explosivas. Cuando el humo se despejó, ninguno seguía en pie. El Gobernador Planetario había muerto.

El Capitán Armaros ordenó al Apotecario Actium que comparase las muestras de ADN de los muertos con los registros de las Órdenes Famulatas sobre los códigos genéticos de la Casa Aulis, información que les había proporcionado el Administratum al inicio de la misión. La prueba confirmaría si la misión estaba cumplida. Entretanto, las Escuadras de Asalto y los Exterminadores se desplegaron en posiciones defensivas y empezaron a enfrentarse a las tropas de los barracones, que llegaban demasiado tarde para salvar a su comandante.

El Apotecario Actium se puso manos a la obra, comprobando con su narthecium los destrozados cuerpos uno a uno. Todos dieron negativo, y Actium informó a su Capitán de que Aulis no estaba entre los muertos. Debía haber escapado, o por alguna mala fortuna jamás había estado ahí. El Capitán Armaros maldijo y transmitió la palabra clave "Malévolo" por la red de comunicaciones: la misión inicial había fallado, había que pasar a la fase dos.

Posición de Bloqueo 3Editar

Mientras tanto, más allá de las murallas del palacio, se habían establecido las cuatro posiciones de bloqueo. El Sargento Veterano Einem tenía bien organizadas a las escuadras bajo su mando. Al aterrizar, la resistencia había sido nula, pero eso no duró mucho. Tras un par de minutos de tranquilidad, se pudo oír la aproximación de unos motores a reacción, y por encima de sus cabezas apareció la oscura silueta de las alas de un Manta T'au como una gran sombra que se deslizaba justo por encima de los tejados. Los Hermanos de Batalla de cada posición aferraron sus bólteres y apuntaron hacia las calles. No tuvieron que esperar mucho tiempo.

El Capitán Armaros había esperado algún intento de abrir brecha desde el exterior hacia el Palacio del Gobernador, pero no tan rápido, ni tampoco a manos de fuerzas T'au bien equipadas. Lo primero que supieron los Hijos Vengadores de la presencia de los T'au fue la aparición del Manta sobre la ciudad. Poco después, un Tanque Cabezamartillo, seguido por Armaduras de Combate XV8 Crisis y Guerreros del Fuego montados en Mantarrayas, avanzó sobre la posición de bloqueo 3. Todo un Cuerpo de Cazadores se abalanzaba sobre los Marines Espaciales, avanzando a toda velocidad para reforzar el Palacio del Gobernador.

En el tercer punto de bloqueo la calle se vio inundada repentinamente por los disparos de bólter y rifle de inducción. La humeante estela del lanzamisiles de la escuadra atravesó aullando la calle, impactando en el frontal de un Cabezamartillo con una brillante explosión, pero sólo abolló y quemó el blindaje y no logró detener al tanque gravítico. Este abrió fuego a su vez, atravesando los edificios y reventando la sillería con su largo acelerador lineal.

La escaramuza inicial fue bastante desigual, pero los Hijos Vengadores se mantuvieron firmes y siguieron disparando, negándose a retroceder. El Sargento Einem ordenó a la escuadra de la posición de bloqueo 2, la más cercana a la 3, que acudiese a reforzar a sus hermanos. La Escuadra Táctica bajó las calles a zancadas hacia los sonidos de combate que ya reverberaban por los edificios de Tarokeen. En el escenario de la lucha, la situación empeoraba rápidamente. Contando con el apoyo pesado y la superioridad numérica, los T'au avanzaban calle abajo. Los Guerreros del Fuego esquivaban los disparos pasando de portal en portal bajo la cobertura de las Armaduras de Combate y el Cabezamartillo. El combate era feroz e intenso, pero los Hijos Vengadores sabían que debían resistir. Cuanto más lucharan, más tiempo tendría su Capitán para completar la misión. Varios Hermanos de Batalla habían caído ya por el fuego de las armas pesadas, y otros estaban gravemente heridos pero seguían luchando. El Sargento Andura de la tercera Escuadra Táctica estaba entre los muertos, y su cuerpo roto yacía medio enterrado bajo bloques de piedra caídos por el impacto de un proyectil de acelerador lineal.

La llegada de la segunda Escuadra Táctica apenas mejoró la situación. El Cuerpo de Cazadores T'au era demasiado fuerte. Su potencia de fuego les obligaba a despejar las calles y refugiarse en los edificios. Las XV8 Crisis encabezaron el asalto final, saltando calle abajo con sus retrocohetes e inundando los edificios con el fuego de sus lanzallamas y blásteres de fusión. Incapaces de ganar un combate tan desigual, los supervivientes de las Escuadras Tácticas recibieron órdenes de retirarse al Palacio del Gobernador, y lo mismo hicieron las otras dos escuadras cuando el Capitán Armaros reagrupó sus fuerzas. Diez de los veinte hermanos implicados en la lucha de la posición 3 habían muerto en el tiroteo, y seis más estaban heridos. Entretanto, los T'au dejaron unas pocas unidades atrás para asegurar el área y avanzaron hacia su objetivo, el Palacio del Gobernador.

Defensa del Palacio del Gobernador: Día 1Editar

Advertido del avance del Cuerpo de Cazadores T'au por los informes del tiroteo en la posición de bloqueo 3, el Capitán Armaros empezó a reorganizar sus fuerzas para defenderse. El Gobernador Aulis no había sido encontrado, y se le agotaba el tiempo. La presencia en Taros de fuerzas T'au en gran número era inesperada, y no había nada previsto para tal eventualidad. Su rápido contraataque había arrebatado la iniciativa a los Marines Espaciales y les había puesto a la defensiva. La tarea más inmediata estaba clara: repeler el contraataque con las fuerzas a su disposición. La fase dos de la misión, y su caza del Gobernador Planetario, tendrían que esperar por ahora.

La siguiente oleada del ataque T'au fue presagiada por el rugido de las turbinas de unos Barracudas que sobrevolaron a escasa altura la ciudad de Tarokeen para lanzar cohetes contra el Palacio del Gobernador. Ya dañados por el ataque de los Marines Espaciales, los antaño elegantes edificios se estaban convirtiendo rápidamente en ruinas destrozadas. Los bloques de piedra y las vigas se desplomaban bajo los repetidos impactos. Las llamas se extendían fuera de control y el humo se arremolinaba cubriendo el cielo. A través de los escombros, los Marines Espaciales se movían con cautela, buscando posiciones desde las que repeler el inminente ataque.

El Capitán Armaros no se hacía ilusiones: esta sería una dura prueba para sus hombres. Ahora se encontraba en inferioridad respecto a los T'au, y cuando llegase, su ataque sería potente y concentrado. Sería un mortífero combate a bocajarro, luchando edificio por edificio y sala por sala, pero esto daría la ventaja a sus Hermanos de Batalla. Cualquier Astartes era más que rival para los alienígenas en el cuerpo a cuerpo.

El asalto terrestre tuvo lugar poco después del ataque aéreo T'au. Sus fuerzas terrestres avanzaron infiltrándose por los edificios, y tiradores armados con rifles aceleradores se apostaron en todos los puntos elevados que daban a los patios del palacio. Los tiroteos empezaron cuando las escuadras del perímetro fueron atacadas por disparos de inducción. En las calles circundantes aparecieron transportes Mantarraya, de los que desembarcaron unidades de Guerreros del Fuego que trataron de rechazar a los Marines Espaciales con granadas fotónicas y cañones rotativos. Parecía que cada escuadra Astartes libraba su propia batalla mortífera en miniatura. Cuando los T'au trataron de avanzar, los Marines Espaciales se mantuvieron firmes y los rechazaron, infligiéndoles graves bajas en los combates cuerpo a cuerpo. Los Exterminadores y las Escuadras de Asalto eran las más atareadas. Avanzando con sigilo de habitación en habitación por los barracones en llamas, cargaron varias veces contra el enemigo con sus espadas sierra chirriando y sus bólteres tormenta rugiendo. Contra contraataques tan feroces, los T'au no pudieron hacer avances y se acabaron retirando, dejando a sus muertos y moribundos dispersos entre los edificios.

Al caer la noche, Armaros y sus hombres seguían defendiendo sus posiciones, pero las bajas crecían, y los suministros se estaban volviendo un problema. Armaros repasó su situación. La munición, especialmente las granadas de fragmentación y perforantes, se estaba agotando, pero aún tenía unos ochenta y un hombres capaces de combatir, incluyendo a los cinco Exterminadores y a los dos Dreadnoughts. Los T'au también debían estar sintiendo el desgaste. El Cuerpo de Cazadores había sido machacado por la estoica defensa de los Marines Espaciales. Tras un día entero de combates, por fin hubo una pausa. Por primera vez desde que aterrizaran las Cápsulas de Desembarco, Tarokeen dejó de resonar con los disparos y las explosiones. Parecía que ambos bandos tomasen aliento antes de volver a enfrentarse.

La segunda noche no pasó sin combates. Los T'au enviaron pequeños equipos a infiltrarse en buenas posiciones de tiro, usando la oscuridad como cobertura, pero los Marines Espaciales tenían sus propias patrullas, y se movían a través de los escombros en parejas o tríos. En la oscuridad, breves tiroteos estallaban cuando dos patrullas chocaban, y los T'au se retiraban rápidamente.

Fue entonces cuando los Marines Espaciales empezaron a mostrar su verdadero valor. Ya era la segunda noche que no necesitaban dormir, a diferencia de los humanos mortales, y sus servoarmaduras seguían suministrándoles los nutrientes y el líquido que requerían para seguir luchando a pleno rendimiento. Su resistencia y su mayor poder de recuperación suponían que, tras un día y una noche de combates, seguían tan capaces de luchar como en el momento en que aterrizaron. Muchos habían sufrido heridas que habrían matado a hombres comunes, pero seguían luchando de todas formas.

Día 2Editar

El segundo día amaneció con el brillo rojo de las llamas iluminando el cielo ennegrecido por el humo que cubría Tarokeen. Salvo por los choques esporádicos de patrullas, la noche había sido tranquila. Con el amanecer, eso cambió. Como el día anterior su asalto de infantería había sido rechazado, los T'au desplegaron ahora sus armas más pesadas. Sobre sus zumbantes turbinas, los Cabezamartillos, Mantarrayas y Armaduras de Combate avanzaron lentamente por las calles, cubriendo los edificios con sus Drones armados con cañones rotativos mientras se colocaban en posición de bombardear el Palacio del Gobernador. Parecía que, si los T'au no podrían expulsar a los Marines Espaciales, al menos los machacarían a disparos.

Para los Hijos Vengadores, la batalla por el Palacio del Gobernador se convirtió en una amarga lucha por la supervivencia, pero su misión no estaba cumplida, así que el Capitán Armaros estaba decidido a seguir luchando. Con este fin, llamó al Proxima Justus. A bordo del Crucero de Asalto quedaban hangares llenos de Thunderhawks y transportes cargados de vehículos blindados de combate, que aguardaban la orden de despegar. Sin embargo, al disponer sólo de un pequeño perímetro seguro para aterrizar, se consideró que llamar a las Thunderhawks de transporte era demasiado arriesgado, y las cañoneras, al estar armadas para un ataque terrestre, serían de gran ayuda, pero al haber Barracudas en la zona se arriesgaban a entrar en un duelo aéreo. Por este motivo fueron mantenidas todas en la reserva, por si era necesaria una evacuación, y sólo se las llamaría si la situación de Armaros se volvía crítica.

Si el primer día de combates había sido feroz, el segundo fue aún más intenso. Los T'au habían usado la noche para reforzar su machacado Cuerpo de Cazadores, y ahora iban a lanzar todo lo que tenían a su disposición contra los Marines Espaciales hasta destruirlos. Con las primeras luces del alba, los Barracudas estuvieron listos para atacar de nuevo el Palacio del Gobernador antes de reanudar el asalto terrestre. Los ataques tendrían lugar desde todos los flancos, pero se centrarían especialmente en la puerta: si la resistencia era aplastada allí, las fuerzas Astartes podrían quedar rotas en pequeñas bolsas y, aunque habría que eliminarlas después, la batalla estaría ganada.

Como el día anterior, el ataque T'au fue precedido por un bombardeo de los Barracudas contra las posiciones de los Marines Espaciales entre los escombros. Al carecer de armamento antiaéreo, los Astartes no podían hacer más que mantenerse a cubierto y esperar a que el ataque acabase. Tras varias pasadas, los Barracudas se retiraron para rearmarse, y comenzó el bombardeo terrestre T'au. Con su característico latigazo, los proyectiles de acelerador lineal se clavaron en los edificios. Los disparos de los cañones rotativos rebotaban contra los muros y los escombros. Una falange de fuego pesado martilleaba el palacio sin cesar, implacable e inmisericordemente. Los T'au estaban acribillando a los Marines Espaciales desde la distancia, edificio por edificio. Los tejados se hundieron, las paredes se quebraron y las balas atravesaron la piedra para reventar en su interior. El ruido era ensordecedor. Una asfixiante nube de polvo cubrió el campo de batalla.

Frente a la puerta principal, dos Cabezamartillos se movían lentamente por las calles, disparando constantemente mientras avanzaban. Los repetidos impactos hicieron derrumbarse la casa de guarda. La Escuadra de Devastadores del interior respondió con sus lanzamisiles y cañones láser, pero el fuego enemigo les obligó a mantenerse a cubierto. Era un castigo que ni siquiera los Marines Espaciales podían resistir mucho tiempo, y parecía que los T'au trataban de igualar la brutalidad de su enemigo. El bombardeo duró toda la mañana y buena parte de la tarde. El Capitán Armaros apenas tenía con qué responderles, salvo sus armas pesadas portátiles, lo que le dejaba en clara inferioridad. Sin más opciones, el Capitán contactó con el Proxima Justus y solicitó apoyo aéreo. Las Thunderhawks seguían preparadas para despegar. Era un riesgo, pero la situación sobre el terreno se estaba deteriorando. Se planeó rápidamente un bombardeo aéreo. Los Barracudas seguían sobrevolando la zona, pero las Thunderhawks tendrían que asumir ese peligro para asistir a sus hermanos asediados.

Las cinco cañoneras Thunderhawk a bordo del Crucero de Asalto despegaron y volaron hacia el Palacio del Gobernador. Era una fuerza de ataque potente, suficiente para mantener a raya a los T'au, pero primero debía enfrentarse a los Barracudas.

Mientras el escuadrón descendía a toda velocidad hacia Tarokeen con sus armas a punto, los Barracudas ascendieron para interceptarlo. Las Thunderhawks atravesaron la pantalla de cazas abriendo fuego con sus bólteres pesados mientras los Barracudas hacían lo propio con sus cañones rotativos. A pesar de los repetidos impactos, la formación no se rompió ni cambió el rumbo, confiando en su grueso blindaje de ceramita. Los disparos de los Barracudas no tuvieron efecto, y los pilotos Astartes siguieron su camino hasta la ciudad, donde los artilleros seleccionaron objetivos y se dispusieron a disparar.

La bandada de Thunderhawks llegó rugiendo a la ciudad, acribillándola con sus cañones de batalla, turboláseres y bólteres pesados antes de soltar sus bombas. Los misiles guiados reventaron los alrededores del palacio, destrozando edificios, abriendo boquetes en techos y paredes y llenándolo todo de llamas y metralla. Toda la ciudad tembló bajo el bombardeo, pero ahora la destrucción se extendía hacia fuera del palacio.

El ataque aéreo debió preocupar seriamente a los comandantes T'au, ya que a partir de ese momento sus ataques se redujeron a disparos y escaramuzas ocasionales. No se sabe cuántos daños se causaron realmente, pero mientras el rugido de las Thunderhawks se desvanecía, los T'au se retiraron de nuevo. Fue un breve descanso, pero le dio al Capitán Armaros un tiempo precioso para reorganizar sus defensas.

Fue en la puerta donde cayó el asalto final. Los Cabezamartillos y las Armaduras de Combate encabezaron la marcha, atacando a toda velocidad y atravesando los escombros de la puerta. El primer Cabezamartillo fue impactado de inmediato por un cañón láser y estalló en una gran bola de fuego. El siguiente tanque gravítico mató al portador del cañón láser. Un misil perforante destruyó a una XV88 Apocalipsis pero, tras el breve tiroteo, sólo tres Devastadores pudieron retirarse. La infantería T'au, montada en Mantarrayas, seguía de cerca a la vanguardia blindada.

El Capitán Armaros se dio cuenta de que estaba perdiendo terreno, y de que su perímetro estaba a punto de venirse abajo. Al no tener más alternativa, envió a la Escuadra de Exterminadores al combate. Atravesando el fuego y el humo, los veteranos se enfrentaron a tiros directamente contra las XV8 Crisis. Ambos bandos sufrieron graves bajas. Los Marines Espaciales lucharon por cada palmo de terreno, pero no podían superar a las armas más pesadas de los T'au. Tres de los Exterminadores y cuatro de las Armaduras de Combate murieron. Los Hermanos Hakael y Caim se unieron a la batalla, destruyendo al segundo Cabezamartillo con sus armas pesadas, pero después Caim sufrió un impacto que le arrancó la pata izquierda y cayó por tierra, incapaz de ponerse a cubierto de los disparos.

La lucha en la puerta rugió durante una hora. Dirigidos por el Capellán Baraqel, los defensores lucharon heroicamente. La presión era intensa, pero con la entrada de los Dreadnoughts y los Exterminadores, ya no quedaban más refuerzos disponibles. Los proyectiles de bólter y los misiles aullaban por el aire, manteniendo a los Guerreros del Fuego a raya. Entretanto, los T'au siguieron lanzando ataques secundarios por todo el perímetro, impidiendo a las demás escuadras desplazarse para defender la puerta.

El Capitán Armaros sabía que su posición era desesperada. Los T'au habían desangrado sus fuerzas, y ahora las bajas y la falta de munición le obligaban a admitir que la retirada era el único curso de acción viable si quería salvar a su Compañía. Le enervaba, pero la resistencia aquí era muy superior a nada de lo que dispusiera su Compañía. No tenía ni idea de cuántas fuerzas tenía el enemigo desplegadas en total. Sabía que sus hombres podían resistir durante días antes de caer ante la presión numérica enemiga, pero ¿de qué serviría? El Gobernador de Taros estaba fuera de su alcance y los Hijos Vengadores se enfrentaban a su aniquilación. Armaros necesitaba evacuar a los supervivientes y rescatar lo que pudiera de la misión.

Tras una breve reunión de oficiales en las ruinas de la residencia del Gobernador, Armaros informó al Proxima Justus de su decisión de evacuar. Las Thunderhawks debían despegar al anochecer para efectuar la extracción. Se dieron órdenes a todos los líderes de las escuadras: al caer la noche habría una retirada escalonada al patio interior, donde una por una las Thunderhawks aterrizarían, recogerían a las escuadras y las llevarían de vuelta al Crucero de Asalto. Era una operación llena de peligros. Debía hacerse rápidamente para dar a los asediantes el menor tiempo para responder. El propio Capitán Armaros dirigiría la retaguardia y sería el último en abordar su Thunderhawk.

EvacuaciónEditar

Al ponerse el sol, el Comandante de los Marines Espaciales volvió a repasar su situación. Sus fuerzas se habían reducido a unos cuarenta Hermanos de Batalla capaces de combatir y a un Dreadnought, con lo que sólo necesitaría dos Thunderhawks para la evacuación. Las otras volarían como cobertura para las que iban a aterrizar. Rearmadas y repostadas, las Thunderhawks emprendieron su nueva misión.

El Apotecario Actium empezó a recuperar las glándulas progenoides de todos los hermanos caídos que pudo encontrar, ya que algunos yacían profundamente enterrados bajo las ruinas. Era una misión importante para que el Capítulo pudiera recuperarse de sus graves pérdidas. El Capellán Baraqel pronunció oraciones por los muertos sobre la forma sin vida del Hermano Caim. Antaño una orgullosa máquina de guerra y un héroe del Capítulo, ahora no era más que un resto humeante de metal retorcido y cables. De todas las pérdidas sufridas, esta era la más dolorosa para la 2ª Compañía.

El Capitán Armaros tomó el mando de una Escuadra Táctica reducida y de los Exploradores supervivientes como retaguardia, y dio órdenes a las primeras escuadras, incluyendo al Hermano Hakael, al Apotecario Actium y al Capellán Baraqel de que estuvieran listos para retirarse a la primera Thunderhawk en cuanto tocase tierra. Después de despegar, la segunda oleada abandonaría sus posiciones bajo la cobertura de la retaguardia y se dirigiría a la zona de aterrizaje. En total, la operación de evacuación no debería llevar más de diez minutos, lo que no debía ser suficiente para que los T'au pudieran responder con fuerza.

El distante sonido de las Thunderhawks se aproximó y empezó la evacuación. Moviéndose en silencio a través de la oscuridad, haciendo crujir los escombros y el cristal roto, machacados, quemados y heridos, los supervivientes entraron en la bodega de la Thunderhawk. Por encima, otras cuatro cañoneras los sobrevolaban. El Hermano Hakael fue el último en subir por la rampa, y esta se cerró tras él. La primera Thunderhawk despegó hacia la órbita, alejándose a toda velocidad del campo de batalla.

Alertadas por el ruido de los motores, las patrullas T'au se arrastraron con cautela para investigar. Donde antes los Marines Espaciales habían detenido sus avances con disparos de bólter, ahora no había nada.

Entretanto, un segundo transporte había aterrizado, y las demás escuadras embarcaron rápidamente. El Capitán Armaros retrocedió a la zona de aterrizaje a la retaguardia de su escuadra con el bólter en la mano. Subió por la rampa y apretó el botón de cierre. Los motores triples estallaron al cobrar vida y empujaron a la Thunderhawk de vuelta a los cielos. La batalla había terminado, pero la misión había fracasado.

El destino del Adeptus Arbites de TarosEditar

Cada mundo bajo el gobierno del Imperio posee sus propios Precintos o Juzgados Fortificados del Adeptus Arbites. Los Arbitradores son la policía y los agentes de la ley del Imperio, encargados de combatir y castigar los crímenes contra el Imperio de la Humanidad. Antes del ataque de los Hijos Vengadores, el Magister al mando del Precinto del Adeptus Arbites de Tarokeen recibió una comunicación astropática protegida advirtiéndole de lo que iba a suceder. También se le ordenó que realizase una operación simultánea para arrestar a los propietarios de las minas más ricos. Estos hombres pertenecían a la clase nobiliaria hereditaria que había dirigido las minas durante generaciones. Se les había encontrado culpables de complicidad con el Gobernador Planetario y los T'au, y también debían responder ante la justicia. Debían ser arrestados, encarcelados en el Precinto y después entregados al Comandante de los Marines Espaciales.

Tras recibir sus instrucciones, el Magister Skalka supo que su Precinto estaba en grave peligro. Si el Gobernador estaba planeando rebelarse contra el Imperio, entonces los Arbites, como obvios representantes de la autoridad imperial, serían eliminados. Podía esperar ser atacado en cualquier momento. Como no sabía cuándo llegaría el ataque de los Astartes, se preparó para actuar rápidamente cuando se produjera.

Mientras los Marines Espaciales luchaban en el Palacio del Gobernador, los Arbitradores fueron a por los propietarios de las minas. Lejos de la ciudad, en los desiertos circundantes, las temibles unidades de arresto de los Arbites, revestidas de armaduras de caparazón negras y armadas con escopetas, mazas antidisturbios y escudos de supresión, marcharon a rodear y arrestar a los propietarios. Al llegar a las minas, los Arbites se vieron enfrentados a las bandas de furiosos mineros. Las confrontaciones se convirtieron rápidamente en revueltas al negarse a dispersarse. Las bandas de trabajadores eran muy leales a sus minas, sus compañeros y sus amos. En todas las minas, los intentos de arresto se convirtieron en duras batallas contra los mineros armados de forma improvisada. A medida que más y más mineros se unían a la lucha, los Arbitradores se vieron obligados a retirarse. Protegidos por sus obreros, los propietarios quedaron a salvo de la justicia imperial, por el momento.

La mayoría de las maltratadas unidades de arresto no regresaron al Precinto de Tarokeen hasta después de que los Marines Espaciales se hubieron marchado del planeta, lo que dejó a los hombres del Magister Skalka atrapados en el planeta rebelde y superados ampliamente en número por las fuerzas T'au. No tenían más esperanzas que permanecer firmes en nombre del Emperador y aguardar un rescate.

El Precinto de Tarokeen fue atacado y destruido tres días después de la evacuación de los Hijos Vengadores. No hubo supervivientes conocidos.

ConsecuenciasEditar

La Primera Intervención de Taros había sido un grave revés para el Imperio. Los T'au habían infligido graves pérdidas a los Hijos Vengadores en sólo dos días de intensos combates. Las pérdidas de los alienígenas eran desconocidas, pero también debían haber sido significativas también. Había habido muchas bajas confirmadas, y el campo de batalla estaba salpicado de restos de los tanques y Armaduras de Combate T'au.

Los Hijos Vengadores sufrieron por su derrota. Los Capítulos Astartes disfrutan de una gloriosa reputación como el Escudo de la Humanidad, y una derrota a manos de un invasor alienígena no era para tomársela a la ligera. La muerte del Hermano Caim debía ser vengada. La fortaleza monasterio del Capítulo guardó luto por los muertos, y la gran campana sonó una vez por cada hermano perdido en Taros.

Los sucesos de Taros, el fracaso de la Fuerza de Intervención y el informe confirmado de la presencia de amplias fuerzas T'au combatiendo en defensa del Gobernador Planetario obligaron a los oficiales del Administratum a cambiar su actitud hacia el problema de Taros. La noticia de la derrota ya era mala de por sí, pero parecía que los T'au ya habían reclamado para sí uno de los mundos del Emperador. Lo que había sido una escaramuza fronteriza ahora era una grave amenaza. Los sucesos en torno al Ojo del Terror podían exigir muchos de los recursos del Imperio, pero Taros no sería ignorado.

Taros fue declarado oficialmente Ex Imperius Rebellis, un sistema en rebelión contra el divino gobierno del Emperador. La sagrada Pax Imperialis había sido quebrantada por el Gobernador Aulis. Sus acciones le habían hecho pasar de criminal a traidor. Los T'au ya estaban presentes en gran número en Taros, y debían ser expulsados. El Señor del Administratum firmó un documento que afirmaba esto, así como una lista de los crímenes del Gobernador (más de cien en total, en su mayoría castigables con la muerte). El documento, llamado la Declaración de Taros, era una licencia para ejecutar un nuevo y mayor ataque contra el mundo rebelde.

La próxima vez, el ataque no sería un golpe quirúrgico de una sola fuerza de asalto de los Marines Espaciales, sino que exigiría el despliegue de todos los brazos armados del Imperio dispuestos a aportar sus fuerzas para repeler la agresión alienígena. La invasión de Taros se había puesto en marcha...

Planificando la invasiónEditar

El Alto MandoEditar

La decisión del Adeptus Administratum de que la recuperación de Taros era clave para que el mundo forja de Stygies VIII (y, en menor medida, otros mundos forja) siguiese operativo significaba que ahora era el deber de todos los sirvientes leales al Emperador ayudar a devolver a estos súbditos descarriados al redil del gobierno y la protección del Imperio. El primer paso fue el nombramiento de un personal de mando que organizase y supervisase la planificación de la operación.

El hombre escogido para dirigir ese personal y tomar el mando de toda la operación de invasión fue el Lord Gran Comandante Otto Ivan Gustavus, un hombre de largo historial militar que se había elevado de entre la oficialidad de la Guardia Imperial hasta los niveles superiores de la jerarquía militar del Imperio. Se le plantearon dos preguntas clave: ¿Cuándo podría estar listo para invadir Taros? Y cuando lo estuviese, ¿dónde debería producirse ese ataque? Sus instrucciones lo dejaron claro: la invasión debía producirse lo antes posible. Lo normal para el Adeptus Administratum es que esto ocurriese en cualquier momento de los próximos cinco años, pero Gustavus pretendía empezar en un año estándar terrano.

Nombrar a su personal de mando no fue cosa sencilla. Los escalafones superiores de las fuerzas armadas del Imperio están llenos de politiqueos, intrigas, favores, deudas e interés propio. Gustavus no había llegado tan alto sin hacer unos cuantos enemigos, ni sin recurrir a varios favores que ahora estaba en disposición de compensar.

El proceso llevó varias semanas de duro trabajo y duras negociaciones. El primer nombramiento no fue escogido por Gustavus: el Comisario-General Mordred Van Horcic sería la sombra y la diestra de Gustavus durante toda la campaña. Este Comisario de alto rango recibió la misión de asegurarse de que todos los oficiales del ejército de Gustavus cumplían con su deber, o de que afrontaran las consecuencias, y esto le daba el poder sobre la vida o muerte de muchos de los sirvientes imperiales implicados en la campaña.

Ya fuera por voluntad propia o por coacción, durante las siguientes semanas Gustavus hizo más nombramientos. No todos eran hombres que le gustasen o en quien siquiera confiase, ya que muchos le fueron impuestos por otros factores políticos, pero su trabajo era unir a todas esas facciones y hacerlas trabajar juntas por la victoria final.

El personal del Alto Mando incluyó a los siguientes oficiales:

  • El Venerable Alto Magos Zadakine Volta, un representante de alto rango del Adeptus Mechanicus de Stygies VIII.
  • El Almirante Kotto, nombrado por las autoridades de Kar Duniash para dirigir la flota de invasión.
  • El Lord Mariscal De Stael, comandante supremo de todos los regimientos de la Guardia Imperial, que se encargaría de la mayor parte de los combates.
  • Nymus Dree, ahora Aprovisionador Primario, que sólo fue incluido por el Departamento Munitorum en el Alto Mando por haber investigado los primeros indicios de la rebelión de Taros.

Otros fueron el Mariscal del Aire Denvelt, el Coronel de Estado Mayor Scheja, el Diácono Gotz (representante nombrado por el Cardenal Astral Velas) y el Adepto Procurador Skel. Hubo muchos más, incluyendo a todos los Comandantes de los Marines Espaciales y Princeps de las Legiones Titánicas que se implicarían en la campaña.

El personal del Alto Mando debería organizar y planificar la invasión. Cada miembro tendría su propia área de responsabilidad y su propio personal, asistentes o séquito de apoyo. En total, el personal del Alto Mando sumaría, incluyendo todos los subdepartamentos y funcionarios, unas tres mil almas.

Preparativos previosEditar

Antes de que ningún plan militar pudiera ser puesto en marcha, Gustavus y su personal necesitaban saber primero a qué se enfrentaban. Ninguno de ellos, excepto Dree, había oído hablar siquiera de Taros hasta ese momento, y mucho menos sabían nada sobre el planeta o sistema. Gustavus quería información sobre el planeta: clima, población, capacidad industrial, gobernantes, topografía, historia, todo lo que hubiera. Era una enorme tarea de investigación, que fue encargada a los Adeptos del Administratum. Al cargo de la recopilación de información se puso al Adepto Procurador Skel, un oficial del Administratum ascendido desde el Archivo Historicus. El Adepto Procurador Skel tenía acceso a miles de archivos de todo el Segmentum y el Imperio, incluyendo los grandes archivos de la propia Terra. En esos archivos, miles de procuradores, prefectos, archivistas y trabajadores menores se pusieron manos a la obra, buscando cualquier dato sobre Taros. A partir de antiguos registros se pudo reconstruir lentamente una imagen del planeta y su población. A partir de los niveles de diezmo e informes tributarios se compuso una estimación de la industria minera del planeta. Los viejos censos revelaron el crecimiento demográfico del planeta. Ningún dato sobre Taros fue considerado demasiado trivial.

Un equipo de Lexicomecánicos y Logistas, dirigido por el Magos Volta, también fue asignado a la misión de recopilación de información, y se dedicaron con rapidez cibernética a la compilación de todos los datos que producía Skel. Los sirvientes mitad humanos, mitad mecánicos del Adeptus Mechanicus predijeron la evolución demográfica del planeta, los patrones climáticos, la actividad volcánica, las condiciones atmosféricas y los ciclos orbitales. Se descubrió información procedente incluso de la Gran Cruzada; hasta apareció un pedazo del informe original del Exploritas sobre la idoneidad del planeta para su terraformación y colonización. En total, millones de fragmentos de información fueron reunidos para crear una imagen completa: imágenes de observación por satélite, estudios lingüísticos, informes misionales, diarios de sirvientes muertos hacía mucho que habían visitado o habían sido asignados a Taros. Había también antiguos estudios genéticos de la población y las casas gobernantes, llevados a cabo por las Órdenes Famulatas en busca de pruebas de desviación genética o mutación, informes de tasas de criminalidad del Adeptus Arbites, e inspecciones geológicas y sísmicas. Ningún detalle podía ser ignorado, y se incluyó todo lo que podría servir al personal de Gustavus para tomar decisiones. En total, llevó seis meses recopilar toda la información que el Alto Mando precisaba antes de poder empezar a planificar la invasión.

Tras seis meses de trabajo, Gustavus tuvo ante sí la mejor descripción que podía darle el Adeptus Terra de lo que le aguardaba. Sabía cómo era el planeta, el tamaño de su población, y en qué manera se podría reflejar este en la fuerza militar de las Fuerzas de Defensa Planetaria, dado el equipo suministrado a Taros a lo largo de los años. Sabía cómo el planeta podría reequipar o reaprovisionar a sus fuerzas, o crear nuevas unidades. Incluso tenía una proyección de la probable población criminal de Taros (a menudo la primera fuente de soldados de refuerzo). Lo que desconocía por completo era la fuerza desplegada por los T'au en Taros.

Encontrar información sobre lo que los T'au estaban planeando era mucho más difícil, y no era una tarea en la que pudiera ayudar el Adeptus Terra. El hombre del personal del Lord Gran Comandante asignado a esta tarea fue el Coronel del Estado Mayor Scheja, Director de Inteligencia de Gustavus. Un individuo hermético, Scheja era un maestro de espías que tenía experiencia por haber trabajado con la Inquisición. Los T'au, con su filosofía del "Bien Supremo", eran un problema difícil de resolver. Había pocos informadores o espías dentro del Imperio T'au. Había unos pocos humanos, en su mayoría mercaderes o mercenarios, cuya lealtad podía ser comprada por el Imperio, pero la mayor parte de los humanos que vivían en el Imperio T'au eran simplemente traidores que habían abandonado al Emperador. Analizando información de otros planetas fronterizos del Imperio T'au, estudiando estimaciones previas de la fuerza militar T'au y los precedentes históricos, el Coronel Scheja podía plantear una conjetura aproximada de cuántas tropas alienígenas podía haber en Taros, pero sin nadie sobre el terreno, no podía confirmarla.

Mientras tenía lugar la recopilación de información, los demás miembros del Alto Mando no permanecían ociosos. Los oficiales del Departamento Munitorum empezaron el largo proceso de búsqueda de los ejércitos y suministros necesarios para la invasión.

Había que reclutar, entrenar y transportar regimientos de la Guardia Imperial a través del Imperio. Esto no era tarea fácil. La demanda de tropas de la Puerta de Cadia era enorme, especialmente ahora que la Plaga del Descreimiento seguía extendiéndose en torno al Ojo del Terror. La Guardia Imperial podía ser enorme, pero la demanda de regimientos seguía siendo muy superior a la oferta.

Para contrarrestar los efectos de esa demanda excesiva, Gustavus ideó un plan para sobreestimar las fuerzas necesarias para su campaña: sabía desde un principio que no recibiría todas las tropas que solicitase, pero de este modo al menos podría aproximarse a sus auténticas necesidades. De momento no podía dar cifras definitivas, pero puso a sus Logistas a trabajar para elaborar un análisis estadístico preliminar con el que empezar. Durante los siguientes meses, los números serían modificados y acabarían dando lugar a una cantidad final, pero por ahora era suficiente con disponer de una cifra que sirviese de referencia al Departamento Munitorum, y pusiese en marcha los lentos engranajes de su burocracia.

El 4621º Ejército de la Guardia ImperialEditar

[En construcción, disculpen las molestias.]

La Campaña de TarosEditar

A raíz del intento de asesinato, el Imperio T'au se anexionó definitivamente Taros y lo reforzó aún más ante la previsible represalia por parte de las fuerzas imperiales, quienes efectivamente reunieron un ejército y asaltaron el planeta.

La contienda se recrudeció y terminó fatalmente para el Imperio de la Humanidad, que se retiró perdiendo cinco regimientos completos de la Guardia Imperial, gran cantidad de su flota y un Titán ligero Warhound. Desconocemos las bajas por parte de los T'au o de Taros en general.

Orden de batalla imperialEditar

Fuerza de Intervención TarosEditar

4621º Ejército ImperialEditar

X CuerpoEditar

  • 89º Regimiento de Incursores del Desierto de Tallarn.
  • 331º Regimiento de Incursores del Desierto de Tallarn.
  • 3º Regimiento Acorazado de Tallarn.
  • 12º Regimiento Acorazado de Tallarn.
  • 2378ª Compañía de Tropas de Asalto.

XI CuerpoEditar

  • 11º Regimiento de Ingenieros de Asalto Sareinnianos.
  • 19º Regimiento Acorazado de Krieg.

Adeptus AstartesEditar

Armada ImperialEditar

  • Equipos de Enlace Flota-Tierra: 5
  • Alas de Cazas: 4 (83ª, 386ª, 1002ª y 2774ª).
  • Alas de Bombarderos: 2 (501ª y 2424ª).
  • Alas Tácticas: 1 (71ª).

Adeptus MechanicusEditar

  • Equipos de Artillería: 12.

Adeptus TitanicusEditar

Departamento MunitorumEditar

  • Cuerpos de Trabajo: 2.
  • Cuerpos de Ingenieros: 2.
  • Columnas de Avituallamiento: 78.

Oficio AsesinorumEditar

  • Agentes: CLASIFICADO.

MinistorumEditar

AdministratumEditar

  • Equipos Mortuorios: 16.
  • Archivistas del Adeptus: 18.
  • Equipos Estadísticos: 42.

Flota de Invasión ImperialEditar

Naves InsigniaEditar

  • Crucero Ligero clase Intrépido Cerebus.

Escuadrones de EscoltaEditar

  • Escuadrón Invicis: Fragatas clase Sable.

TransportesEditar

  • Transporte Armado Jabalina Imperius.
  • Transporte Armado Guantelete Imperius.
  • Transporte Armado Yunque Imperius.
  • Transporte Armado Graf Derzki.
  • Transporte Príncipe Maud.
  • Transporte Marcouf.
  • Transporte San Macree.
  • Transporte Isolda.
  • Transporte Hijo de Jucha.
  • Transporte Pesado Colossia.
  • Transporte Pesado Piedad.
  • Transporte Pesado Kagul.
  • Nave Cisterna Pesada Emperatriz de Svedeg.
  • Transporte de Titanes clase Behemoth Honorous Rex.

Orden de Batalla T'auEditar

Casta del FuegoEditar

  • Al menos 100 Cuerpos de Cazadores.
  • Hasta 5000 aliados Kroot.

Casta del AireEditar

Fuerzas de Defensa Planetaria de TarosEditar

  • Más de 8000 soldados.
  • Bandas de Mineros Tarosianos.

Flota T'auEditar

  • Crucero clase Lar'shi'vre Io'Phi.

FuentesEditar

  • Imperial Armour III.
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