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(El regreso de una leyenda)
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=='''''Libro 1: La Maldición de los Wulfen'''''==
   
'''''PRIMERA PARTE - LA MALDICION DE LOS WULFEN'''''
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[[Archivo:La_Maldición_de_los_Wulfen.jpg|thumb|center|500px]]
   
[[File:La Maldición de los Wulfen.jpg|thumb|432x432px|none]]
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=== Prólogo: Los Hermanos Perdidos ===
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[[File:La Saga de los Perdidos.png|thumb|left|255x255px]]
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Diez mil años han transcurrido desde que [[Prospero]] ardió. Diez milenios de guerra y oscuridad, durante los cuales muchas cosas han sido olvidadas, y más si cabe han sido borradas. No obstante, aún quedan individuos que conocen la verdad de lo que sucedió en aquel día terrible, cuando los [[Mil Hijos]] sintieron la ira del [[Emperador]] por sus transgresiones en la hechicería.
   
== Prólogo: La Saga de los Perdidos ==
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Algunos sostienen que las buenas intenciones guiaron a los Mil Hijos al camino de la perdición. Otros aseguran que la XV [[Legión]] eran hechiceros mancillados por la energía de la [[Disformidad]], y por lo tanto merecían el destino que tuvieron. Sea cual sea la verdad, los hechiceros de Prospero fueron declarados traidores al Emperador, y se encomendó a los [[Lobos Espaciales]] la ejecución de la sentencia.
{{Citación|Citación = Bajo un cielo lascivo que se había rendido a la locura, sobre los campos rotos, los engendros del Caos crujían entre las mandíbulas de los Lobos de la Muerte, y los Perdidos fueron encontrados una vez más.|Atribuida a = Extracto de la Saga de los Perdidos.}}
 
   
[[File:La Saga de los Perdidos.png|thumb|255x255px]]
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Como fieros cometas, los Lobos de Fenris cayeron sobre la ciudad capital de Prospero, [[Tizca]]. Aparecieron centenares de cápsulas de desembarco, con sus estelas de humo negro oscureciendo el cielo azul. Los Mil Hijos, desesperados, recurrieron a sus magias prohibidas y causaron grandes estragos en las filas de los Lobos Espaciales. Aún así, aunque la XV Legión luchó con toda su fuerza y entrega, no pudo resistir mucho tiempo ante el salvajismo de los de Fenris.
Habían pasado diez mil años desde que [[Prospero]] ardió. Diez milenios de guerra y oscuridad, durante los cuales mucho fue olvidado, y mucho fue eliminado de los registros. Aunque todavía hay muchos que conocen la verdad de lo que sucedió ese terrible día, cuando los [[Mil Hijos]] sintieron la ira del [[Emperador]] por sus transgresiones en la hechicería.
 
   
Algunos sostienen que las buenas intenciones guiaron a los Mil Hijos al camino de la perdición. Otros aseguran que la XV [[Legión]] estaba formada por hechiceros que, mancillados por el Caos, tuvieron bien merecida su suerte. Sea cual sea la verdad, los hechiceros de Prospero fueron juzgados por deseo del Emperador, y la sentencia llevada a cabo por el poder conjunto de los [[Lobos Espaciales]].
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Los Lobos Espaciales atravesaron una línea de defensa Prosperina tras otra. En cabeza de sus formaciones cargaban los feroces guerreros de la 13º Gran Compañía. Eran los Wulfenkind, los más salvajes y feroces de una ya de por salvaje Legión. Ante los atronadores disparos de [[bólter]] y las rugientes [[espadas sierra]] de la 13ª Gran Compaía, los hijos de Prospero cayeron por docenas, hasta que pareció esfumarse toda esperanza de que alguno de ellos sobreviviera.
   
Como fieros cometas, los Lobos Espaciales cayeron sobre la ciudad capital de Prospero, [[Tizca]]. Centenares de cápsulas de desembarco tiñeron de negro, con sus estelas humeantes, el cielo azul: los Mil Hijos desplegaron hechizos prohibidos, en un afán desesperado por sobrevivir, y extendieron la destrucción entre las filas de los Lobos Espaciales pero, aunque la XV Legión luchó con toda su fuerza y engaños, no pudieron hacer frente al salvajismo fenrisiano.
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Pero la Legión invasora de [[Leman Russ]] vería desvanecerse su victoria final a causa del [[Primarca]] de los Mil Hijos, [[Magnus el Rojo]]. Gracias a su magia maldita, los Mil Hijos supervivientes escaparon al castigo, huyendo al [[Ojo del Terror]] a través de un portal, jurando vengarse sobre aquellos que alguna vez llamaron sus hermanos.
   
Los Lobos Espaciales desgarraron las lineas de batalla Prosperinas, una tras otra. Su vanguardia era encabezada a la carga por los feroces guerreros de la Decimotercera Gran Compañía: éstos eran la estirpe del Wulfen, los más salvajes y feroces de una ya de por salvaje Legión de [[Marines Espaciales]]. Los hijos de Prospero caían a docenas ante los rugientes bolteres y chirriantes espadas-sierra de la Decimotercera Compañía, hasta que pareció que no habría ninguna esperanza para su supervivencia.
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La caza de los Lobos Espaciales había terminado. Prospero estaba arrasado, la fuerza de los Mil Hijos había sido aniquilada y sus escasos supervivientes habían huido. Con una guerra civil ardiendo por todo el Imperio, Leman Russ consideró que la fuerza de su Legión sería necesaria en otros lugares. Sin embargo, no todos los hijos del Rey Lobo se retiraron, pues la 13º Gran Compañía persiguió a los Mil Hijos a través de su portal, con intención de completar la caza. Hay quien dice que los Wulfenkind lo hicieron obedeciendo órdenes directas de su Primarca, otros aseguran que se vieron arrastrados por la locura homicida e hicieron oídos sordos a las palabras del Rey Lobo. Sea cual sea la verdad, la 13º Gran Compañía se lanzó tras su presa al torbellino de locura del Ojo del Terror... y allí desapareció.
   
Pero la Legión invasora de [[Leman Russ]] vería desvanecerse su victoria final a causa del [[Primarca]] de los Mil Hijos, Magnus el Rojo: bajo su magia, los supervivientes de entre los Mil Hijos escaparon al juicio, huyendo al [[Ojo del Terror]] a través de un centelleante portal, y jurando venganza sobre aquellos que alguna vez fueron llamados sus hermanos.
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No se les ha vuelto a ver desde entonces...
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== Capítulo 1: Ecos de condenación ==
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=== Horror en Nurades ===
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[[File:Horror en Nurades.png|thumb|left|362x362px]]
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La [[Tormenta Disforme]] asoló el [[mundo colmena]] de Nurades con una furia terrible. Llegó de manera súbita, sin haber sido detectada por portentos oscuros ni por turbulencias empíreas. En un instante, los cielos del atestado mundo colmena se vieron iluminados por llamas caleidoscópicas y las leyes de la naturaleza enloquecieron por completo.
   
La caza de los Lobos Espaciales había terminado. Prospero había sido arrasado, la fuerza de los Mil Hijos destruida y sus supervivientes habían huido. Con una guerra civil total bullendo a través del Imperio, Leman Russ consideró que la fuerza de su Legión sería necesaria en otros lugares. Sin embargo, no todos los hijos del Rey Lobo acataron su decisión, pues la Decimotercera Compañía persiguió a los Mil Hijos a través de su portal, intentando terminar la cacería. Algunos dicen que lo hicieron siguiendo una orden secreta de su Primarca, otros aseguran que la locura se adueñó de la estirpe del Wulfen aquel día, y desoyeron la orden y las palabras del Rey Lobo. Sea cual sea la verdad, la Decimotercera Compañía persiguió a su presa a las profundidades de la locura torbellinesca del Ojo del Terror, y entonces desaparecieron de la galaxia.
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Las mutaciones y la locura caníbal se extendieron sin control entre los trillones de habitantes, hasta que las ciudades colmena se llenaron con los gritos y los disparos de la rebelión hereje. El lecho del planeta se estremeció, y de él surgieron una serie de retorcidas y puntiagudas torres de hueso que se alzaron hasta alcanzar una gran envergadura. Ardientes cráneos llovían desde los cielos, y allá donde golpeaban, hordas de Demonios se lanzaban para atacar a las asediadas [[Fuerzas de Defensa Planetaria]]. Al ver que la destrucción de su mundo era inminente, el [[Gobernador Planetario]] de Nurades hizo que sus [[Astrópatas]] enviasen un desesperado grito de ayuda; y dicho grito fue respondido.
   
Y no se les ha visto desde entonces...
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Con el paso de las semanas, parecía cada vez más claro que el planeta estaba condenado. Pero cuando las últimas brasas de la esperanza se consumían ya, surgieron del Mar de Estrellas los Lobos de la Muerte, la Gran Compañía del Señor [[Harald Deathwolf]]. Las naves de guerra de los Lobos Espaciales golpearon a través de las tormentas de fuego en la atmósfera a una velocidad vertiginosa, con los guerreros de a bordo hambrientos de gloria, deseosos de rescatar a los habitantes de Nurades de su terrible destino. Las cañoneras y las cápsulas de desembarco cayeron en la superficie del planeta, mostrando en su casco gris azulado la heráldica de la Mandíbula Feroz de Señor Deathwolf. En cuanto las naves tocaron tierra, los Lobos Espaciales surgieron de su interior para empezar la cacería.
   
=== Los hermanos perdidos ===
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Montado sobre su enorme [[Caballería Lobo de Trueno|Lobo de Trueno]], ''Diente de Hielo'', el Señor Lobo lideró una carga relámpago tras otra para reclamar aquel mundo torturado. A los pies de la monolítica Colmena Predomitus, sus ataques imparables destrozaron las líneas de batalla demoníacas y tras una costosa y salvaje batalla, expulsaron finalmente de vuelta a la [[Disformidad]] a toda una cohorte de Demonios sanguinarios. En medio del laberinto del Industrium en el subsuelo, los Lobos de la Muerte mantuvieron una guerra de guerrillas contra las masivas fuerzas de demonios montados del [[Heraldo Demoníaco|Heraldo]] de [[Tzeentch]] Slithertwyst. Emergieron de aquel infierno ensangrentados pero victoriosos, y se lanzaron a romper el asedio de la Colmena Genos y rescatar al Gobernador Planetario. Pese a que las semanas de infernal combate se iban sucediendo, los Lobos de la Muerte se sentían confiados, pues su vasta experiencia militar y su intuición de cazador les permitían mantener a raya a sus aberrantes enemigos.
[[File:Ojo del Terror.png|thumb|363x363px]]Sobre el [[Mundo Colmena]] de Nurades, [[Harald Deathwolf]] y su Gran Compañía luchaban contra una gran horda de [[Demonios del Caos|Demonios]] que había surgido de una infernal grieta disforme. En su lucha final contra las criaturas del [[Caos]] en las regiones septentrionales del planeta, los Lobos de la Muerte fueron sobrepasados en número. Apoyándose espalda contra espalda, combatiendo hasta la extenuación, se preparaban para abrazar la muerte, con el bolter y la espada sierra en sus manos. Entonces la salvación llegó.
 
   
Mientras Harald preparaba a su [[Caballería Lobo de Trueno|Caballería de Lobos de Trueno]] para una última y gloriosa carga, se le erizaron los vellos de la nuca. Observó cómo, a su alrededor, aparecían unas enormes figuras atravesando la Horda Demoníaca. [[Desangradores de Khorne|Desangradores]], [[Portadores de Plaga]], [[Diablillas de Slaanesh|Diablillas]] y [[Horrores de Tzeentch|Horrores]] por igual no pudieron hacer frente al salvajismo de éstos guerreros. Los Lobos de la Muerte elevaron al cielo su aullido y gritos de guerra mientras se preparaban para ayudar a éstos misteriosos salvadores... y, para su asombro, fueron respondidos por éstos. Mientras la batalla se recrudecía, el verdadero rostro de los aliados de los Lobos Espaciales quedó revelado. Eran enormes y bestiales terrores, bañados en sangre, demasiado monstruosos para ser contemplados. Pero su inconfundible y ajada armadura gris de combate y las marcas distintivas de la [[Canis Helix|Hélice Canis]] eran pruebas suficientes. Éstos guerreros eran Lobos Espaciales.
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A medida que los fuegos de la Disformidad morían en los cielos, los Lobos de la Muerte se adentraron en las zonas polares del Norte. Allí, un último enclave de Demonios se había hecho con el control de una cadena de fortificaciones abandonadas y semiderruidas que, según los habitantes de Nurades, estaban malditas. Los de Fenris suelen ser muy supersticiosos, pero tras la letal ordalía de las semanas anteriores no se iban a echar atrás por unas simples leyendas locales. Así pues, avanzaron hacia aquel postrero bastión, aunque lo hicieron con cautela para evitar caer en alguna trampa final tendida por las fuerzas del Caos.
   
Cuando la batalla concluyó, Harald ordenó que se custodiase a los recién llegados y se les llevase a salvo a la [[Fortaleza-Monasterio]] de [[El Colmillo]] en [[Fenris]]. Allí quedó claro que, para bien o para mal, la Decimotercera Gran Compañía había regresado...
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=== Extraños salvadores ===
== Capítulo 1: Ecos de perdición ==
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La emboscada llegó cuando los Lobos de la Muerte se acercaban al corazón de las fortificaciones en ruinas. De repente, los bastiones y búnkeres se iluminaron con una luz infernal, y una horda de Demonios apareció relamiéndose desde detrás de velos ilusorios, dispuestos a atacar. Los [[Cazadores Grises]] y los [[Garras Sangrientas]] quedaron reducidos a cenizas en un instante, cuando cayó sobre ellos una lluvia de fuego demoníaco desde las almenas. Los [[Juggernaut de Khorne|Juggernauts]] cargaron resoplando contra el centro de la formación de los Lobos Espaciales, aplastando a diestro y siniestro servoarmaduras y los cuerpos que éstas contenían, mientras que los Desangradores que los montaban segaban vidas con sus humeantes espadas infernales. Por doquier, la quietud de la noche se tornaba en una masacre ensordecedora, hasta que los Lobos de la Muerte se vieron luchando por sus vidas en todos los frentes.
=== Horror en Nurades ===
 
[[File:Horror en Nurades.png|thumb|362x362px]]
 
La [[Tormenta Disforme]] que engulló al asolado mundo colmena de Nurades lo hizo con una furia terrible. Su llegada fue imprevista, no fue anticipada por oscuros portentos o perturbaciones empíricas como en otras ocasiones. En un momento, la vida del planeta cambió de desarrollarse como siempre lo había hecho a ver cómo los cielos planetarios se iluminaban con llamas caleidoscópicas, mientras las leyes de la naturaleza eran alteradas sin remisión.
 
   
Las mutaciones y una insanidad caníbal se propagaron por la población, miles de millones de personas, hasta que todas las [[ciudades colmena]] cayeron, presas de los gritos y las balas de una rebelión herética. La corteza del planeta convulsionó cuando retorcidas espirales de hueso se abrieron paso desde las profundidades. Ardientes cráneos llovían desde los cielos, y allá donde golpeaban, hordas de farfullantes Demonios se derramaban para atacar las asediadas [[Fuerzas de Defensa Planetaria|fuerzas de defensa planetarias]]. Viendo cómo se avecinaba la condenación de su mundo, el [[Gobernador Planetario]] de Nurades hizo que sus [[Astrópatas]] enviasen un desesperado grito de socorro. No quedó sin respuesta.
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Pese a la prudencia de los Lobos Espaciales al avanzar, la sorpresa del ataque fue total, y Harald Deathwolf maldijo cualquiera que fuese la treta sobrenatural que había confundido sus sentidos. Pese a todo, los Lobos Espaciales combatieron con fiereza, causando estragos en las filas enemigas y esparciendo icor demoníaco en todas direcciones. El propio Harald lideró un salvaje contraataque junto a [[Canis Nacido-Lobo]] y ambos se abrieron paso a sangre y fuego a través de una inmensa maraña de [[Portadores de Plaga]], en un intento de romper el cerco. Sin embargo, se vieron obligados a replegarse cuando una nueva andanada de llamas disformes llovió sobre sus posiciones, disparadas por Demonios de Tzeentch que se movían saltando por los tejados de las fortificaciones.
   
Pasaron las semanas, y la perdición del planeta parecía certera. Justo cuando los últimos flecos de esperanza se estaban quemando, el Mar de Estrellas se abrió para la llegada de los Lobos de la Muerte, la Gran Compañía del Señor Harald Deathwolf. Las naves de guerra de los Lobos Espaciales golpearon a través de las tormentas de fuego en la atmósfera a una velocidad abrasadora, con los guerreros de a bordo hambrientos por obtener gloria y rescatar a los habitantes de Nurades de su fatal destino. Las cañoneras y las cápsulas de desembarco aterrizaron en la superficie del planeta, sus cascos blasonados con el emblema y la heráldica del Señor Deathwolf, la Mandíbula Feroz. Desde el interior de éstas naves, los Lobos Espaciales comenzaron su cacería.
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El cerco en que estaban atrapados los Lobos de la Muerte se cerraba cada vez más, apoyado desde las alturas por una oleada tras otra de fuego mutante. Se defendieron espalda contra espalda, aprovechando cualquier cobertura que encontraban contra el bombardeo tzeentchiano, en una demostración brutal de tenacidad. Sin embargo, Harald Deathwolf podía ver que, si no hacían algo drástico, sus guerreros serían aniquilados. Con creciente urgencia, el Señor Lobo dio órdenes a su Caballería Lobo de Trueno de que se concentrara a su alrededor. Pretendía lanzar una última carga que diese tiempo a escapar a sus hermanos a pie.
   
Montado sobre su enorme [[Caballería Lobo de Trueno|Lobo de Trueno]], ''Diente de Hielo'', el Señor Lobo lideró raudos ataques relámpago, uno tras otro, para reclamar el planeta mancillado. A los pies de la monolítica Colmena Predomitus, la imparable carga de la Caballería Lobo de Trueno de Harald destrozó la línea de batalla demoníaca y - tras una costosa y salvaje batalla - envió finalmente de vuelta a la [[Disformidad]] a una gran cohorte de Demonios sanguinarios. Y entre el martilleo repiqueteante del subsuelo del Industrium, los Lobos de Trueno mantuvieron una guerra de escaramuzas contra la masiva caballería demoníaca del [[Heraldo Demoníaco|Heraldo]] de [[Tzeentch]] Slithertwyst: emergieron de las infernales instalaciones laberínticas ensangrentados pero victoriosos, antes de lanzarse a romper el asedio de la Colmena Genos y rescatar al Gobernador Planetario. Aunque transcurrieron largas semanas de guerra infernal, los Lobos de la Muerte permanecieron confiados y templados, permitiendo que su amplia experiencia militar y su intuición de cazadores mantuviesen a sus enemigos en inferioridad.
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Entonces, sucedió algo que hizo que a Harald se le erizase el vello de la nuca. De pronto, unas gigantescas figuras aparecieron en medio de las filas de los Demonios que poblaban los tejados de la fortificación y empezaron a masacrar a los Horrores con un salvajismo descomunal. El icor comenzó a caer como lluvia sobre la batalla, reemplazando la devastadora tormenta de fuego que había estado teniendo lugar momentos antes. Los Lobos de la Muerte alzaron un aullido de batalla y acto seguido abrieron sus ojos de par en par, asombrados al ver que las monstruosas figuras recién aparecidas les respondían.
   
Con la extinción de los fuegos disformes en los cielos, los Lobos de la Muerte avanzaron hacia los dominios polares del Norte. Allí, un último enclave de Demonios había reclamado para una cadena de fortificaciones abandonadas, que los habitantes de Nurades tenían por malditas y encantadas según los antiguos rumores. Si algo son los fenrisianos es supersticiosos, pero tras la refriega de las semanas anteriores haría falta algo más que una antigua leyenda local para echarles atrás en su cometido. Aún así, avanzaron con cautela hacia ésta última resistencia, recelosos de algún truco final del Caos.
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[[File:Los Wulfen atacan a los Demonios.jpg|thumb|244x244px|left]]Tras deshacerse de la última de sus presas, los enormes y misteriosos guerreros saltaron desde el tejado cayendo sobre la horda de Demonios y haciendo estragos con sus garras. Durante un breve instante, Harald Deathwolf simplemente observó la escena aturdido. Aquellos seres eran realmente enormes, terrores bestiales salpicados de la cabeza a los pies por la sangre de los Demonios. Los Lobos de la Muerte se dispusieron rápidamente a hacerles frente, pero al mirar más de cerca sus maltrechas servoarmaduras y sus facciones lupinas les quedó claro que, al igual que ellos, se trataba de guerreros de los Lobos Espaciales.
   
=== Extraños salvadores ===
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=== Sangre bajo la luz de la luna ===
La emboscada se materializó cuando los Lobos de la Muerte se acercaron al corazón de las fortalezas abandonadas: derrumbándose, los bastiones y búnkeres se iluminaron con una luz infernal, mientras los Demonios surgieron tras unos velos ilusorios, dispuestos a atacar. Los [[Cazadores Grises]] y los [[Garras Sangrientas]] fueron reducidos a cenizas allá donde estaban cuando cayó una lluvia de fuego demoníaco desde lo alto de las fortalezas. [[Juggernaut de Khorne|Juggernauts]] que bufaban sin cesar cargaron en estampida al corazón del ejército de los Lobos Espaciales, aplastando a diestro y siniestro servoarmaduras y los cuerpos que éstas contenían, mientras que los Desangradores que los montaban arremetían con humeantes espadas infernales. En todas partes, la luz de la luna mostraba un ambiente violento, mientras los Lobos de la Muerte se encontraron rodeados y combatiendo en todos los frentes.
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[[File:Harald Lobomuerto.png|thumb|300px]]
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Desde el momento en el que los recién llegados se unieron a la lucha, el signo de la batalla cambió. Aquellos guerreros bestiales se movían a una velocidad cegadora, rajando y segando con sus garras, colmillos y dagas de puño serrada. Ningún Demonio era capaz de hacer frente a su ferocidad animal. Los zumbantes Drones de Plaga eran derribados en vuelo, mientras que los Desangradores y los Portadores de Plaga eran destripados o despedazados miembro a miembro.
   
Pese a la cautela de los Lobos Espaciales, la sorpresa del ataque fue total, y Harald Deathwolf maldijo la triquiñuela sobrenatural, cualesquiera que fuese, que había confundido sus sentidos. Pese a todo, los Lobos Espaciales lucharon duro y resistieron. Apuntando sus bólteres y lanzallamas, dispararon al enemigo, enviando al aire ráfagas de icor demoníaco. El propio Harald lideró la carga en un contraataque viciado, mientras él y [[Canis Nacido-Lobo]] se abrieron paso a través de una inmensa maraña de Portadores de Plaga, en un intento de escapar de la trampa. Poco a poco, se vieron obligados a retroceder, cuando las llamas disformes volvieron a llover desde lo alto, impulsadas por Demonios de Tzeentch que hacían siniestras cabriolas a través de las azoteas.
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Aprovechando la oportunidad que se les presentaba, los Lobos de la Muerte se lanzaron al ataque entre aullidos de furia. Sus hachas se hundieron en la antinatural carne enemiga, y las cabezas y extremidades de Demonios volaron por los aires esparciendo rociadas de ícor. Los [[Colmillos Largos]], que por fin tenían el espacio necesario para luchar tal y como les gustaba, dispararon mortíferas andanadas contra las líneas enemigas, que empezaban a colapsarse. En el epicentro de toda aquella matanza, Harald Deathwolf luchaba con furia renovada para vengar a sus camaradas caídos. Pero aún mientras cortaba y mataba, esquivaba y bloqueaba, la mirada del Señor Lobo seguía sin perder de vista a los recién llegados.
   
Los Lobos de la Muerte se vieron atrapados en un lazo muy prieto, ajustado desde lo alto por oleada tras oleada de fuego cambiante. Con los colmillos al descubierto, lucharon espalda contra espalda, abrazando la cobertura que podían obtener contra los bombardeos tzeentchianos. Era un despliegue desafiante, pero Harald Deathwolf pudo ver que, si no hacían algo rápido, sus guerreros serían aniquilados en breve. El Señor Lobo frunció el ceño con seriedad mientras dio orden a su Caballería Lobo de Trueno para agruparse a su alrededor. Prepararían una última ofensiva, intentando ganar el mayor tiempo posible para que sus hermanos de a pie pudiesen escapar.
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La última de las hordas demoníacas cayó, completamente arrasada. Con su derrota, el silencio descendió de nuevo sobre las ruinas iluminadas por la luz de la luna. El viento ululó con tristeza por entre las desoladas construcciones. La grava y los casquillos de munición crujían bajo las pisadas de los Lobos de la Muerte mientras éstos recuperaban los cuerpos de sus caídos.
   
Fue entonces, en ese preciso momento, cuando los collares se elevaron alrededor del cuello de Harald: enormes figuras estaban de repente sueltas entre los Demonios que se agolpaban en las azoteas, destrozando a los Horrores con una increíble ferocidad. El icor llovía sobre la batalla, reemplazando la devastadora tormenta de fuego de los instantes previos. Los Lobos de la Muerte elevaron un aullante grito de guerra, y todos ellos se quedaron ojipláticos de la sorpresa al ver cómo su grito era respondido por un monstruoso aullido proclamado por las figuras en lo alto. [[File:Los Wulfen atacan a los Demonios.jpg|thumb|244x244px|none]]Una vez terminaron con los últimos de entre sus desgarbadas presas, las enormes figuras saltaron desde las azoteas, golpeando a la horda demoníaca con el agitar de sus miembros, cubiertos de garras. Durante un breve instante, Harald Deathwolf observó la escena, completamente en shock. Las figuras eran enormes, terrores bestiales salpicados de la cabeza a los pies por la sangre de los Demonios. Pero mientras atravesaban a sus devanados enemigos y los Lobos de la Muerte se unían al combate, no había lugar para la duda; la abollada servoarmadura y las características cánidas de los recién llegados les marcaba, más allá de la confusión, como guerreros de los Lobos Espaciales.
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En aquella calma súbita, todas las miradas se volvieron hacia los extraños recién llegados. Sus vastas figuras habían cerrado filas y parecían acechar entre las sombras de un bastión caído. Pese a que sus caras bestiales permanecían ocultas, sus ojos reflejaban la luz de la luna y brillaban como cristales de hielo en aquella penumbra. Ningún Lobo Espacial hizo el menor movimiento para acercarse a ellos. Todos mantuvieron la distancia, en deferencia a su alfa.
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Harald Deathwolf desmontó de los anchos lomos de Diente de Hielo y se dirigió lenta y cautelosamente hacia los misteriosos guerreros, que emitían una serie de tenues gruñidos. El Señor Lobo mantenía las manos alejadas de sus armas, evitando cualquier signo de hostilidad. Su espalda estaba erguida y su mirada fija al frente, conectando con la del más grande de los salvajes guerreros, que en respuesta ni siquiera parecía pestañear. Poco a poco, paso a paso, Harald dejó de estar bañado por la luz de la luna y se adentró en las sombras, hasta encontrarse frente a las masivas figuras.
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Incluso encorvadas, las criaturas seguían mirando al Señor Lobo Muerto desde arriba. Sus largos y poderosos brazos y sus amplios torsos apenas estaban protegidos por servoarmaduras en un estado deplorable, mientras que sus caras eran lobunas y bestiales. Dejaban escapar un olor acre, una mezcla de drogas de combate y almizcle animal. Harold Deathwolf podía detectar inteligencia en sus ojos ámbar, y reconocía en sus facciones un eco retorcido de las suyas propias. Pero lo que hacía que el corazón de Harald latiera enloquecido eran las descoloridas insignias de sus armaduras. Pese a la multitud de desconchados, rascadas y muescas que lo ocultaban, era inconfundible aquel símbolo de Fenris, que no se había visto desde hacía diez mil años. Aquellos seres, pese a lo monstruosos que parecían, portaban la heráldica de la 13º Gran Compañía... la marca de los Wulfenkind.
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El más enorme de los bestiales combatientes miró a Harald durante largo rato, mientras su pecho parecía escapar un gruñido bajo, y por fin se inclinó súbitamente sobre una rodilla, un gesto que denotaba nobleza guerrera. Sus camaradas le imitaron en rápida sucesión. Harald Deathwolf colocó una de sus enguantadas manos sobre el hombro del líder de las criaturas, urgiéndole a que se levantara de nuevo. Luego, el Señor lobo habló, en un tono bajo que no podía ser oído por los guerreros de su Gran Companía. Sin embargo, lo que sí pudieron oír todos ellos fue la respuesta entre dientes del líder de aquella nueva manada.
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"''Somos... hermanos. Somos... Wulfen''"
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El quejido del viento llenó por completo el silencio sepulcral que siguió. Luego, Harald Deathwolf dio media vuelta y volvió hacia donde estaba Diente de Hielo. Mientras caminaba, gritó una serie de órdenes, y sus hombres se pusieron en movimiento. Los Lobo Muertos ya habían cumplido su misión en ese mundo, según anunció en un tono que no admitía discusión alguna. Los Demonios habían desaparecido, y el Gobernador Planetario era perfectamente capaz de pacificar por sí mismo a su población rebelde. Aquel nuevo asunto tenía preferencia sobre todo lo demás. Harald decretó que los Wulfen debían ser llevados de vuelta al Colmillo sin dilación. Si realmente eran lo que parecían, su retorno resultaba un evento crucial.
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Mientras los Lobos Espaciales se preparaban para ser extraídos de Nurades, ninguno de ellos podía pasar por alto el ánimo taciturno de su líder. Tampoco podía malinterpretarse su orden, pues una "guardia de honor" armada de Cazadores Grises escoltaba a los Wulfen a todas horas. Sin embargo, para los Lobo Muerto, estaba claro que aquel momento histórico no había traído felicidad a Harald Deathwolf, sino un profundo desasosiego.
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<blockquote>''El Señor de la Compañía de los Ángeles Oscuros, Araphil, frunció el ceño. Las lecturas áuspex sugerían que sólo un día antes, mucho había sucedido en aquel mismo lugar. Sobre el terreno podían verse recientes cicatrices de batalla: cráteres, edificios derribados y amplias extensiones de tierra quemada. Aparte de eso, sin embargo, no había ni rastro de Arhad y sus Exploradores, lo cual resultaba profundamente turbador para Araphil.''</blockquote>
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<blockquote>''El grito de alarma de uno de sus hombres registrando la zona puso en guardia a Araphil, que acudió a la llamada corriendo. Esparcidos en el interior de un viejo búnker se hallaban los restos de los Exploradores, un espectáculo dantesco. Habían sido despedazados, sus armaduras llenas de marcas de garras. Sin duda aquello era obra de Demonios. Pero algo no encajaba.''</blockquote>
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<blockquote>''Entre los restos de los cadáveres, vio algo moverse. Un superviviente. Sin perder un instante, Araphil se arrodilló junto al Explorador caído y gritó para que viniera un Apotecario. La cara del joven guerrero malherido estaba lívida, y sus ojos permanecían cerrados, pero era evidente que estaba vivo. A su lado, con los propulsores gravíticos destrozados, había un servocráneo cuya luz indicadora de memoria titilaba a ritmo constante. El Señor de la Compañía recogió el pequeño aparato con una mano y se incorporó, contemplando el ojo parpadeante.''</blockquote>
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<blockquote>''En su interior, así lo esperaba, estaban las respuestas.''</blockquote>
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[[File:Wulfen en Nurades.png|thumb|center|500px]]
   
=== Sangre bajo la luz de la luna ===
 
[[File:Harald Lobomuerto.png|none|thumb|609x609px]]
 
Desde el momento en el que los recién llegados se incorporaron a la refriega, la marea de la batalla cambió de rumbo: las bestias guerreras de tamaño inconmensurable se movían a una velocidad terrible, apuñalando y rastrillando con sus garras, colmillos y puñales de mano dentados. Ningún demonio podía hacer frente a una ferocidad animal tan exacerbada: zumbantes Drones de Plaga fueron derribados desde el aire e incluso Desangradores y Portadores de Plaga fueron descuartizados o desmembrados, órgano a órgano.
 
   
Buscando su oportunidad, los Lobos de la Muerte avanzaron filas con aullidos de furia: las hachas se hundían con golpes sordos entre la carne sobrenatural, y los miembros y cabezas de los Demonios se desperdigaban en chorros de sangre candente. Los [[Colmillos Largos]] - ahora que al fin habían obtenido un espacio para poder luchar en sus propios términos - enviaron descargas asesinas a las líneas enemigas, ahora en desbandada. Harald Deathwolf luchó con furia para vengar a sus hermanos de manada caídos en la refriega, aunque cada vez que él apuñalaba o hendía sus armas, detenido o bloqueado ataques enemigos, sus ojos se fijaban siempre en los recién llegados.
 
   
Reventados y llevados a la rendición, los últimos restos de la horda demoníaca fueron derrotados al fin, y con su derrota llegó la calma a las ruinas, iluminadas bajo la luz de la luna. El viento ululaba de forma violenta entre las tambaleantes ruinas, y la arena y las gastadas piezas de fundición crujían bajo los pies mientras los Lobos de la Muerte recuperaban los cadáveres de sus caídos.
 
   
En aquella súbita calma, todos los ojos se fijaron en los recién llegados, cuyas enormes siluetas se habían reagrupado, formando una sólida manada que merodeaba entre las profundas sombras de un derruido bastión. Aunque sus características bestiales se habían ensombrecido, sus ojos reflejaban la luz lunar y refulgían como chispas de hielo en las tinieblas. Ningún Lobo Espacial hizo ademán alguno de acercarse, pues todos quisieron dejar tal honor a su alfa.
 
   
Harald Deathwolf bajó, mediante un giro, del ancho lomo de ''Diente de Hielo'', y avanzó lentamente hacia los gruñientes recién llegados. El Señor Lobo mantenía sus manos lo suficientemente alejadas de sus armas, esperando así ofrecer un signo de nula hostilidad. Mantuvo su espalda erguida y los ojos afianzados al frente, manteniendo con su mirada la mirada fija del guerrero más salvaje y grande de aquellos. Lentamente, paso a paso, Harald se adentró desde la luz lunar a la penumbra, hasta que estuvo frente a las masivas figuras.
 
   
Incluso encorvadas, aquellas criaturas miraban desde arriba al Señor Deathwolf. Sus largos y poderosos miembros y anchos pechos apenas estaban cubiertos por pobres armaduras, mientras sus caras eran lupinas y bestiales. Sobre ellos pendía un tufo ácido, una extraña mezcolanza de estimulantes de combate de los Marines Espaciales y almizcle animal. Deathwolf advirtió la inteligencia en aquellos ojos color ámbar, y reconoció un eco retorcido de sus propias características en aquellas bestias que se alzaban frente a él; fue el símbolo desgastado en la armadura de los guerreros lo que realmente provocó que el corazón de Harald Deathwolf latiese con mayor intensidad: allí, inconfundible pese a los arañazos y mordiscos, había un símbolo fenrisiano no visto en aproximadamente diez mil años. Pese a ser sin duda monstruosos y retorcidos, los recién llegados portaban la heráldica de la Decimotercera Gran Compañía - la de la Marca de la estirpe del Wulfen.
 
   
El más grande de los brutales guerreros se cernió sobre Harald durante un largo instante, con un murmullante gruñido contenido profundamente en su pecho, hasta que de pronto se arrodilló sobre una pierna: el gesto significaba nobleza guerrera. En una rápida secuencia, el resto de sus enormes compañeros de manada siguió su liderazgo, haciendo lo mismo.
 
   
Harald Deathwolf puso una mano enguantada sobre el hombro del líder de las criaturas, instándole a levantarse una vez más. Entonces, el Señor Lobo habló, y aunque sus palabras eran difícilmente audibles para los guerreros de su Gran Compañía, ninguno pudo dejar de escuchar la respuesta lastimosa del líder de manada de los recién llegados:
 
   
"''Somos... hermanos. Somos... Wulfen''"
 
   
El silbido profundo del viento llenó el silencio que se produjo a continuación. Entonces, Harald Deathwolf se dio la vuelta y regresó a donde le esperaba ''Diente de Hielo'', con sus cinchas balanceándose y sus garras desnudas. Harald ordenó con potencia mientras avanzaba, instando a sus guerreros a un súbito retomar de la marcha: los Lobos de la Muerte habían terminado su labor en ese mundo, anunció el Señor Lobo en un tono que no permitió réplica alguna. Los Demonios habían sido desterrados, y el Gobernador Planetario era bien capaz de pacificar la rebeldía de la población por sí mismo. Pero había un nuevo objetivo que tenía prioridad sobre cualquier otro: éstos Wulfen, decretó Harald, debían de ser llevados de vuelta a El Colmillo sin demora. Si realmente eran quienes parecían ser, entonces su llegada era extremadamente trascendental.
 
   
Mientras los Lobos Espaciales se preparaban para su extracción de la superficie de Nurades, ninguno tenía dudas sobre el estado de ánimo sombrío de su señor, y nadie fue capaz de malinterpretar que ordenase que una "guardia de honor" armada de Cazadores Grises acompañase en todo momento a los recién regresados Wulfen: estaba claro para los Lobos de la Muerte que éste momento histórico no había llenado de felicidad a Harald Deathwolf, sino en su lugar de un profundo disgusto.
 
[[File:Wulfen en Nurades.png|thumb|541x541px]]
 
   
<nowiki/>
 
   
 
=== El decreto del Viejo Lobo ===
 
=== El decreto del Viejo Lobo ===
[[File:Reunión de los Señores Lobo en Fenris.jpg|thumb|391x391px]]
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[[File:Reunión de los Señores Lobo en Fenris.jpg|thumb|left|391x391px]]
Pocas semanas después del increíble descubrimiento realizado por los Lobos de la Muerte, el [[Señor del Capítulo]] [[Logan Grimnar]] reunió a sus Señores Lobo en El Colmillo. Éstos se habían apresurado en regresar a su mundo natal, y fue considerado un buen presagio que el Mar de Estrellas se abriese con calma a su paso. Ahora, Grimnar y sus súbditos ocuparon su lugar en el [[Gran Anular]] para debatir el retorno de los Wulfen.
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Pocas semanas después del increíble descubrimiento realizado por los Lobos de la Muerte, el [[Señor del Capítulo]] [[Logan Grimnar]] reunió a sus Señores Lobo en El Colmillo. Éstos se habían apresurado en regresar a su mundo natal, y fue considerado un buen presagio que el Mar de Estrellas se abriese con calma a su paso. Grimnar y sus lugartenientes tomaron su lugar en torno al [[Gran Anular]] para debatir el retorno de los Wulfen.
   
Éste era un asunto espinoso que yacía frente a ellos: ¿qué significaba el regreso de los hermanos de la Decimotercera Compañía, y qué debería hacerse al respecto? Grimnar comenzó revelando que, a la par que se hacía el descubrimiento en Nurades, distintas Tormentas Disformes habían sido detectadas sobre mundos imperiales, desde Atrapan a Fimnir. Los fenómenos ya habían sido dispersados, pero sus firmas empíricas aún permanecían activas, como grandes faros. Aunque su discurso era limitado, el Líder de Manada Wulfen - que se llamaba a sí mismo Yngvir - había repetido, una y otra vez, que más hermanos suyos estaban al llegar, y que ellos habían sido transportados a través de la tormenta.
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Aquel era un tema complejo para los Señores Lobo. ¿Qué significaba el retorno de aquellos hermanos de la 13º Gran Compañía, y qué podía hacerse al respecto? Grimnar empezó revelando que, tras el descubrimiento en Nurades, se habían detectado más tormentas de Disformidad sobre mundos Imperiales, desde Atrapan hasta Fimnir. Los fenómenos eran dispersos, pero sus firmas empíeras destacaban como faros. Aunque su don del habla era limitado, el líder de la manada de Wulfen - que se llamaba Yngvir - había repetido una y otra vez que más hermanos estaban de camino, y que regresarían en las alas de la tempestad.
   
[[Ulrik el Matador]] habló a continuación. Para frustración del [[Sacerdote Lobo]], Yngvir podía recordar poco sobre su pasado. Pero seguramente, asintió Ulrik con sus ojos iluminados, la aparición de los Wulfen era un presagio: el retorno del propio Russ tenía que estar próximo. Con ésta frase, el Salón del Gran Lobo estalló con júbilo. [[Gunnar Luna Roja]] pidió a Ulrik ver pruebas fehacientes de tal afirmación, e incluso [[Kjarl Ceñosangre]] advirtió que éste presagio podría ser, de hecho, mucho más sombrío. [[Egil Lobo de Hierro]] preguntó si estaban completamente seguros que éstas criaturas eran realmente de la estirpe de los Wulfen y, si así era, su forma bestial era algún tipo de terrible perversión de la [[Canis Helix]], o una maldición que con el tiempo tendrían que afrontar todos los Lobos Espaciales? [[Erik Morkai]] masculló que aquello no importaba, mientras los Wulfen pudiesen ejercer de armas adecuadamente mortales. Al mismo tiempo, [[Bran Faucesrrojas|Bran Fauceroja]] se puso en pie, furioso, exigiendo saber si Lobo de Hierro pensaba lo mismo de sus afamadas y salvajes manadas de guerra.
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Ahora [[Ulrik el Matador]] habló. Para la obvia frustración del [[Sacerdote Lobo]], Yngvir pudo articular pocas palabras sobre su pasado. Pero sin duda, afirmaba Ulrik con los ojos encendidos, la aparición de los Wulfen era un presagio. Sin duda el retorno de Russ estaba próximo. Al oír eso, la Sala del Gran Lobo estalló en gritos. [[Gunnar Luna Roja]] exigió ver las pruebas que Ulrik tenía sobre una afirmación tan atrevida, y [[Kjarl Ceñosangre]] advirtió que dicho presagio podía, de hecho, ser de un signo más oscuro. [[Egil Lobo de Hierro]] cuestionó si esas criaturas eran realmente Wulfenkind; y si lo eran, ¿su forma bestial era alguna perversión terrible del [[Canis Helix]], o un sino al que todos los Lobos Espaciales deberían acabar haciendo frente? En respuesta, [[Erik Morkai]] gruñó que aquello no importaba, siempre y cuando les resultaran útiles como armas letales. Al mismo tiempo, [[Bran Faucesrrojas]] se irguió, presa de la furia, exigiendo saber si Lobo Hierro pensaba lo mismo acerca de sus manadas de guerra, famosas por su salvajismo.
   
Y así siguieron, los ánimos caldeados y los insultos volando hasta que, finalmente, [[Krom Ojodragón]] demandó que consultasen a [[Bjorn Garra Implacable]]. Un tenso silencio se apoderó de la estancia cuando Ulrik reveló que él ya lo había intentado, pero que el anciano no despertaría. [[Ragnar Blackmane]] rompió el silencio: no importaba si los Wulfen eran un regalo o una maldición, la máxima prioridad tenía que ser reunirlos rápidamente en Fenris, antes que cualquiera pudiese descubrirlos. Si la [[Inquisición]], o incluso alguno de sus [[Capítulo]]s hermanos encontraba a los retornados Wulfen, sin duda llegarían a incómodas conclusiones acerca suya. Aunque se pronunciaron juramentos entre murmullos, todos sabían que Ragnar tenía razón, y el debate concluyó cuando Grimnar anunció su decreto: las Grandes Compañías viajarían a los lugares en donde habían arreciado las tormentas disformes, recuperarían a sus hermanos Wulfen y éstos serían escoltados y honrados como guerreros fenrisianos, salvo que la verdad probase que fuesen otra cosa. A cambio, éstos guerreros recién regresados liderarían a los Lobos Espaciales al encuentro de su largamente perdido Primarca.
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Así siguió la discusión, con los ánimos caldeándose y los insultos volando hasta que finalmente [[Krom Ojodragón]] exigió que se le consultara el asunto a [[Bjorn Garra Implacable]]. Un tenso rumor de voces pudo oírse mientras Ulrik revelaba que ya había intentado hacer eso, mas el antiguo no despertaba. [[Ragnar Blackmane]] habló entonces, y dijo que no importaba si los Wulfen eran una bendición o una maldición. La prioridad principal debía ser reunirlos rápidamente, antes de que lo hiciera alguien más. En caso de que la [[Inquisición]], o incluso algunos de sus [[Capítulos]] hermanos, encontrasen antes a los regresados Wulfen, se sacarían todo tipo de conclusiones incómodas. Aunque aquella opinión fue recibida con improperios y juramentos, todos sabían que Blackmane estaba en lo cierto, y no hubo más debate una vez que Grimnar la convirtió en decreto. Las Grandes Compañías viajarían hasta los puntos en los que rugían las tormentas de Disformidad. Recogerían a los hermanos Wulfen, y los tratarían como guerreros renombrados de Fenris, a menos que los hechos demostrasen lo contrario. A cambio, aquellos guerreros guiarían a los Lobos Espaciales hasta su anhelado Primarca.
   
 
=== Garras de hierro ===
 
=== Garras de hierro ===
Desde su retorno a El Colmillo, Harald Deathwolf había acuartelado a los Wulfen en una de las muchas galerías heladas de la fortaleza, bajo la custodia de Cazadores Grises uno a uno elegidos por él. Fue mientras los guerreros regresados languidecían allí cuando el reputado [[Sacerdote de Hierro]] Hrothgar Swordfang se aplicó en prepararles para las guerras del Capítulo.
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[[File:Wulfen con cuchilla gélida.jpg|thumb|391x391px]]
[[File:Wulfen con cuchilla gélida.jpg|thumb|391x391px]]Siguiendo las órdenes del [[Gran Lobo]], el Sacerdote de Hierro Swordfang se movió entre las filas de Wulfen con su séquito de [[Servidores]]: Logan Grimnar había decretado que Swordfang armaría y proveería de armaduras nuevas a los Wulfen, preparándoles para luchar junto a sus hermanos. Cauto al principio, el Sacerdote de Hierro pronto se acostumbró a la presencia de los salvajes guerreros; de hecho cuanto más tiempo pasaba entre los Wulfen, más se sentía el Sacerdote de Hierro poseído por una energía incansable que dirigió a su trabajo.
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Desde su retorno al Colmillo, Harald Deathwolf había acuartelado a los Wulfen en una de las muchas galerías heladas de la fortaleza, bajo la custodia de Cazadores Grises especialmente elegidos por él. Mientras los guerreros retornados languidecían allí, el respetado [[Sacerdote de Hierro]] Hrothgar Swordfang aprovechó para instruirlos de cara a las guerras que debía librar el Capítulo.
   
El primer paso era determinar qué podría salvarse de la arcaica equipación de combate de los Wulfen: la armadura de combate que llevaban los brutales guerreros era poco menos que chatarra. Pero, y ésto ocurría con todos ellos, se negaban a deshacerse de una prenda tan familiar ya para ellos. Dos Servidores fueron desmembrados por furiosos golpes fuertes de garras antes que los Wulfen finalmente se desprendiesen de su abollada armadura. Fue reemplazada por una armadura de combate forjada por la propia mano de Swordfang: sus dimensiones habían sido aumentadas y sus sistemas adaptados para acomodarse a la enorme corpulencia de los Wulfen. Una vez dotados de ella, los Wulfen se acostumbraron rápido a su nueva vestimenta, la cual les permitía ser más rápidos y fuertes de lo que jamás se habían sentido antes.[[File:Wulfen con Martillo Trueno y Escudo Tormenta.jpg|thumb|391x391px]]Las dagas de mano que utilizaban Yngvir y sus compañeros de manada eran sin duda armas muy efectivas, pero para el ojo experimentado de un Sacerdote de Hierro quedó pronto claro que, con su corpulencia y gran masa muscular, los Wulfen podrían portar armas más grandes y más potentes con facilidad.
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Siguiendo las órdenes del [[Gran Lobo]], el Sacerdote de Hierro se movía entre los Wulfen con su séquito de [[Servidores]]. Grimnar había decretado que Swordfang debía armar y equipar a los Wulfen, preparándolos para luchar junto a sus hermanos. Aunque cauto al principio, el Sacerdote de hierro pronto se acostumbró a la presencia de esos salvajes guerreros. De hecho, cuanto más tiempo pasaba el Sacerdote de Hierro con ellos, más imbuido se veía con una energía inagotable, que le hacía entregarse por completo a su tarea.
   
Tras invalidar las objeciones de los centinelas de Harald Deathwolf, el Sacerdote de Hierro comenzó con las pruebas de armas con una voluntad. Para su sorpresa, Swordfang encontró la reticencia inicial de los Wulfen; los enormes guerreros manejaban espadas sierra y hachas torpemente, pues las armas empequeñecían en sus enormes puños. Los salvajes guerreros abandonaron dichas armas cuando fueron espoleados a combatir por los servidores de prácticas que Swordfang preparó como sus oponentes, pues prefirieron desgarrar a los cyborgs miembro a miembro con sus manos. Impávido, el Sacerdote de Hierro aumentó el tamaño y fuerza de las armas, evitando crear algo demasiado complejo. Finalmente, encontró el gratificante éxito cuando muchos de los Wulfen se hicieron al uso de los martillos trueno y los escudos tormenta. Con su gran fuerza, los Wulfen eran capaces de portar éstas armas con una increíble velocidad, aplastando un Servidor de combate tras otro.
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[[File:Wulfen con Martillo Trueno y Escudo Tormenta.jpg|thumb|left|391x391px]]
[[File:Wulfen con Hacha Gélida.jpg|none|thumb|391x391px]]Los antiguos salones de El Colmillo están decorados con armas reliquia que son datadas de hace algunos milenios. Muchas han estado colgadas in situ durante tanto tiempo que los Fenrisianos las aprecian como simple decoración marcial. Fue una de esas armas la que tomó un Wulfen al noveno día de pruebas, con sus garras rodeando el mango de un gran hacha gélida con la duda de los vagos recuerdos. Swordfang observó cómo el Wulfen sopesaba un arma que durante mucho tiempo se pensó que era ceremonial, y los ojos del Sacerdote de Hierro contemplaron cómo el Wulfen gruñó y partió en dos una estatua de mármol con un sencillo pero atronador golpe. Una vez logró calmar a los Cazadores Grises, dispuestos a calmar al portador del hacha con ráfagas de bólter, Swordfang podía al fin ser capaz de meditar seriamente dicha revelación: si había un arma reliquia hecha para ser utilizada por la mano de un Wulfen, entonces... habría más? Habrían existido dichos guerreros en el pasado del Capítulo, o se predijo entonces su eventual llegada? La búsqueda que se produjo creó aún más armas gélidas de prodigioso tamaño, al igual que un módulo lanzagranadas disparado por impulsos acoplado sin problemas al patrón de actividad neural distintivo de los Wulfen. Dando instrucciones para que la búsqueda siguiese, Swordfang se apresuró en informar a Grimnar de los progresos. Los Wulfen estaban listos para la guerra.
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El primer paso era determinar qué elementos y piezas del equipo de guerra de los Wulfen podía reaprovecharse. Las placas de armadura que llevaban los bestiales guerreros eran poco más que chatarra. Aún así, parecían poco dispuestos a deshacerse de ellas. Dos Servidores fueron despedazados por sus garras antes de que los Wulfen por fin aceptaran separarse de sus maltrechas armaduras. Fueron reemplazadas por servoarmaduras forjadas por la propia mano de Swordfang, en modelos más grandes y adaptados para acomodar los enormes cuerpos de los Wulfen. Una vez así acorazados, los Wulfen se adaptaron a su nuevo equipo, que les dotaba de una fuerza y velocidad aumentadas más allá de lo que jamás habían experimentado.
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Las dagas de puño que portaban Yngvir y sus camaradas eran claramente letales, pero el experimentado Sacerdote de Hierro, supo ver enseguida que, con sus masivos y musculados cuerpos, los Wulfen serían capaces de blandir fácilmente armas más grandes y potentes. Tras superar las objeciones de los guardias de Harald Deathwolf, el Sacerdote de Hierro empezó a entrenar a los Wulfen en el uso avanzado de armas. Para su sorpresa, Swordfang descubrió que se mostraban reacios de entrada: blandían las espadas sierra y las hachas con torpeza, entre otras cosas porque resultaban demasiado pequeñas en sus enormes manazas. En las batallas de práctica contra los Servidores que Swordfang disponía como rivales, los gigantescos guerreros acababan descartando dichas armas y preferían despedazar a los cyborgs miembro a miembro con sus garras. Sin desanimarse, el Sacerdote de Hierro aumentó el tamaño y equilibro de dichas armas, procurando evitar los diseños demasiado complejos. Finalmente su esfuerzo se vio recompensado cuando varios Wulfen se acostumbraron a usar de manera eficiente los [[martillos de trueno]] y [[escudos tormenta]]. Gracias a su fuerza descomunal podían manejarlos con una velocidad endiablada, aplastando a un Servidor de combate tras otro.
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[[File:Wulfen con Hacha Gélida.jpg|thumb|391x391px]]
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Los milenarios salones del [[Colmillo]] están decorados con armas reliquia que datan de fechas muy antiguas. Muchas de ellas han reposado allí durante tanto tiempo que los de Fenris ya las ven sólo como objetos decorativos. Precisamente una de estas armas fue tomada por un guerrero Wulfen durante el noveno día de entrenamiento, una gran hacha gélida que la bestia agarró fuertemente por el mango de sus garras, como si algo en la memoria le recordase vagamente su uso. Swordfang contempló al Wulfen familiarizándose con un arma teóricamente ceremonial. Los ojos del Sacertode de Hierro se abrieron de par en par cuando, súbitamente, el Wulfen soltó un rugido y partió la estatua en dos con un único y atronador golpe. Una vez que Swordfang hubo calmado a los Cazadores Grises que pretendían eliminar al Wulfen con una ráfaga de disparos de Bólter, pudo analizar en profundidad la escena que acababa de presenciar. Si había al menos un arma reliquia que parecía hecha para ser manejada por las manos de un Wulfen, quizás hubiese más. ¿Eso significaba que aquellos seres habían existido durante el pasado del Capítulo, o que su existencia y su llegada en ese momento del presente había sido predicha? La búsqueda subsiguiente, en efecto, dio con más armas gélidas de un tamaño prodigioso, además de un módulo de granadas activadas por impulso que parecía integrarse a la perfección con la pauta distintiva de actividad neuronal de los Wulfen. Swordfang dio órdenes de que la búsqueda continuase, y se apresuró a informar a Grimnar de que los nuevos guerreros ya estaban listos para ir a la guerra.
   
 
=== A través del Mar de Estrellas ===
 
=== A través del Mar de Estrellas ===
Entre aullidos salvajes y el retumbar de grandes tambores de guerra fenrisianos, los Lobos Espaciales se prepararon para salir a navegar por el Mar de Estrellas: cada Gran Compañía siguió un camino distinto, persiguiendo los peculiares faros de las Tormentas Disformes. Fueron momentos de grandes aventuras y batallas desesperadas, durante las cuales los Lobos Espaciales se apresuraron en recuperar a los antiguos de su especie de innumerables campos de batalla, salvando a innumerables ciudadanos imperiales de horrores demoníacos, escribiéndose así nuevas sagas en la sangre de sus enemigos.
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Entre aullidos salvajes y el tronar de los enormes tambores de guerra de Fenris, los Lobos Espaciales zarparon hacia el Mar de Estrellas. Cada Gran Compañía tomó un rumbo distinto, siguiendo las extrañas luces de las tormentas disformes como si fuesen faros. Aquella fue una era de grandes aventuras y batallas desesperadas, durante la cual los Lobos Espaciales rescataron a sus ancestrales camaradas de incontables campos de batalla, salvaron a millones de ciudadanos Imperiales del horror demoníaco, y escribieron nuevas sagas usando la sangre de sus enemigos.
   
[[File:Mapa Estelar01.png|thumb|391x391px]]
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[[File:Mapa Estelar01.png|thumb|left|391x391px]]
'''El Viaje del ''Coldfang''''': El [[Crucero de Asalto]] ''Colmillo Gélido'' parte de Fenris, viajando escoltado al Sistema Anvarheim. Allí forma un punto de reunión; cada manada de Wulfen recién recuperada es llevada al ''Colmillo Gélido'' para ser estudiados y rearmados. Sólo cuando todos los hermanos perdidos hayan sido recuperados, el Crucero de Asalto les transportará a El Colmillo con la debida ceremonia.
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'''El Viaje del ''Colmillo Frío''''': El Crucero de Batalla ''Colmillo Frío'' parte de Fenris, viajando bajo escolta hasta el Sistema Anvarheim. Allí establece un punto de reunión; cada grupo recién recuperado de Wulfen es llevado hasta el ''Colmillo Frío'' para su rearme y observación. Sólo cuando todos los hermanos perdidos hayan sido recuperados, el crucero de batalla los llevará de vuelta al Colmillo con la ceremonia que merecen.
   
'''El Caldero del Gigante''': Viajando a través de los torbellinos generados por la Disformidad que rodean el gigante gaseoso Fimnir, la Gran Compañía de Bran Fauceroja toma tierra sobre las plataformas de minería del vapor que circundan el planeta. Abriéndose paso a través de los cadáveres de los mineros poseídos por el Caos, los guerreros de Fauceroja se unen a los Wulfen que han ido a encontrar, en una gloriosa y sangrienta carnicería de sus enemigos. Sólo la cercanía de otras fuerzas imperiales obliga a Fauceroja a abandonar el combate antes de limpiar por completo la infestación.
+
'''El Caldero de los Gigantes''': Entrando en el torbellino Disforme en torno al gigante de gas Fimnir, la Gran Compañía de Bran Fauceroja toma tierra sobre las plataformas de minas de vapor que forman un anillo en torno al planeta. Abriéndose paso por entre los cuerpos poseídos de los mineros,los guerreros de Fauceroja se unen a los Wulfen a los que han sido enviados a buscar, en una gloriosa y sangrienta matanza de enemigos, aunque la llegada de otras fuerzas Imperiales les obliga a abandonar la lucha antes de poder limpiar por completo la infestación.
   
'''Spartha IV''': La Gran Compañía de [[Engir Kraken]] alcanza el turbulento planeta Spartha IV para encontrar a sus objetivos demoníacos ya desterrados, y a los [[Eldars]] del [[Mundos Astronave|Mundo Astronave]] de Ulthwé cazando a los Wulfen entre las mesa-tormentas del cinturón ciclónico del planeta. Los Eldars son expulsados, salvando las miles de vidas de mineros de minerales locales. A pesar de los crecientes recelos, Kraken recupera a los Wulfen supervivientes y parte de nuevo. [[File:Mapa Estelar02.png|thumb|386x386px]]
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'''Spartha IV''': La Gran Compañía de [[Engir Kraken]] llega al turbulento mundo de Spartha IV para encontrar a sus blancos demoníacos ya expulsados de vuelta a la Disformidad, y a los [[Eldar]] del mundo astronave [[Ulthwé]] dando caza a los Wulfen por entre las tormentas mesetarias del anillo ciclónico del planeta. Los Eldar son obligados a retirarse, salvando la vida de miles de mineros locales. Kraken logra recuperar a los Wulfen supervivientes y partir.
'''Fenris''': Entusiasmado por poder mostrar arrepentimiento tras sus errores en [[Alaric Prime]], Krom Ojodragón hace un juramento desinteresado; él y su Gran Compañía permanecerán vigilantes en El Colmillo durante la ausencia de sus hermanos, renunciando a la gloria de la caza por el honor de una larga vigilia.
 
   
'''Dragos''': La Gran Compañía de Ragnar Blackmane aterriza en el mundo de Dragos, batallando a través de junglas infestadas y encantadas por los Demonios, para recuperar a sus camaradas de la Decimotercera Compañía. Cuando cada manada es recuperada, Blackmane los envía a Anvarheim en veloces naves de guerra, mientras sus fuerzas luchan y recuperan a numerosos efectivos del [[Adeptus Mechanicus]] de estaciones de investigación situadas en las profundidades selváticas.
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[[File:Mapa Estelar02.png|thumb|386x386px]]
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'''Fenris''': Entusiasmado por poder mostrar arrepentimiento tras sus errores en [[Alaric Prime]], Krom Ojodragón hace un juramento: él y su Gran Compañía vigilarán el Colmillo en ausencia de sus hermanos, dejando de lado la gloria de la caza a cambio del honor de una larga vigilia.
   
'''Hades Reach''': Haciendo frente a salvajes tormentas solares y lagos de fuego sentiente, los guerreros de Kjarl Ceñosangre derrotan a una hueste de Demonios liderada por los [[Los Escribas Azules, P'tarix y Xirat'p|Escribas Azules]], de cara a recuperar a sus hermanos Wulfen. [[File:Mapa Estelar03.png|thumb|379x379px]]
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'''Dragos''': La Gran Compañía de Ragnar Blackmane cae sobre el mundo de Dragos, batallando a través de junglas infestadas de Demonios. A medida que los Wulfen van siendo recuperados, Blackmane los manda a Anvarheim en rápidas naves de guerra mientras sus fuerzas rescatan a personal del [[Adeptus Mechanicus]] de las instalaciones de investigación en lo profundo de la jungla.
'''Atrapan''': La situación en éste mundo prisión ya es grave cuando la Gran Compañía de [[Bjorn Tormentoso]] aterriza pues, perdidos entre los reclusos, los Wulfen están creando una auténtica matanza. Tormentoso da la orden de soltar a sus perros de guerra, abriéndose éstos paso a través de bandas armadas de reclusos, para poder rescatar a los Wulfen. Durante la refriega, Tormentoso experimenta un estado de furia salvaje que sólo se frena cuando la lucha termina.
 
   
'''Suldabrax''': Mientras recupera a los Wulfen desde las nubes de hierro de éste extraño mundo, Erik Morkai supera a un Príncipe Demonio de Slaanesh en combate singular, salvando las vidas de más de mil millones de ciudadanos imperiales.
+
'''Los confines de Hades''': Haciendo frente a tormentas solares y lagos de fuego consciente, las tropas de Kjarl Ceñosangre derrotan a una hueste de demonios liderada por los [[Escribas Azules]], y rescatan a un grupo de Wulfen.
   
'''Emberghul''': La distorsión espacial de una Tormenta Disforme que rodea Emberghul provoca que la Gran Compañía de Gunnar Luna Roja aterrice en el planeta meros instantes después de haber emprendido la marcha desde El Colmillo. Asistidos por los poderes proféticos de su Sacerdote Rúnico, Skaerl Wyrdseer, los Lobos Espaciales son capaces de atrapar a los Demonios invasores en una serie de emboscadas electrizantes y rescatar a los Wulfen en unas pocas horas.
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[[File:Mapa Estelar03.png|thumb|left|379x379px]]
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'''Atrapan''': La situación en éste mundo prisión ya es dura cuando llega la Gran Compañía de [[Bjorn Tormentoso]]. Sueltos entre los internos, los Wulfen están causando estragos. Las tropas de Tormentoso consiguen atravesar las posiciones de los convictos armados para llegar hasta los Wulfen y extraerlos. Durante la lucha, el propio Tormentoso desciende a un estado de salvajismo berserker que sólo se calma cuando el combate ha terminado.
   
=== Fuerza de Asalto Acechante Blanco ===
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'''Suldabrax''': Mientras recuperaba a Wulfen de las nubes férreas de este extraño mundo, Erik Morkai aniquila a un [[Príncipe Demonio]] de [[Slaanesh]] en combate singular y salva las vidas de más de un billón de ciudadanos imperiales.
Barridos por el vacío, los Lobos de la Muerte siguieron la trayectoria de la tormenta que los llevaría al encuentro de los mayores de su especie, tan largamente añorados. Sus naves aparecieron a través de la Disformidad como una manada de lobos que irrumpe destrozando ramas a través de un bosque oscuro y peligroso. Siempre a su vanguardia estaba situado el Crucero de Asalto personal de Harald Deathwolf, el ''Alpha Fang''. Mientras ésta rápida y depredadora flota se acercaba más y más a la Tormenta Disforme, el Señor Lobo reclutó su partida de caza de entre los mejores guerreros de su Gran Compañía. Bautizado como ''Fuerza de Asalto Acechante Blanco'', éste sería el ejército que Harald en persona lideraría al combate.
 
   
Montando sobre el lomo de su canosa montura, ''Diente de Hielo'', Harald se preparó para liderar su ejército en lo que prometía ser una caza cuanto menos extraña: la presa no era un enemigo, sino un amigo, según aseguraba Grimnar. En realidad Harald quería creerlo también, pero su instinto le advertía poderosamente, y su precaución al respecto era en todo momento intensa. El Señor Lobo sabía que la flexibilidad táctica y los agudos instintos de cazador que poseía serían necesarios para primero localizar, y después rescatar con seguridad, a los Wulfen de un mundo que estaba arrastrándose frente a las entidades demoníacas.
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'''Emberghul''': La distorsión espacial de la tormenta Disforme que cubre Emberghul causa que la Gran Compañía de Gunnar Luna Roja llegue al planeta meros instantes después de haber partido desde el Colmillo. Ayudados por los poderes proféticos de su Sacerdote Rúnico, Skaerl Wyrdseer, los Lobos Espaciales son capaces de sorprendes a los Demonios invasores en una serie de devastadoras emboscadas y llevarse de allí a los Wulfen en cuestión de horas.
   
Los ''Jinetes de Morkai'' eran todos héroes, una banda de implacables cazadores cuyo coraje y ferocidad eran conocidos. Ésta [[Guardia del Lobo]] montada en Caballería Lobo de Trueno sería el núcleo principal de la fuerza de Harald: eran lo suficientemente rápidos y resistentes como para mantener seguros a los Wulfen tan pronto como fuesen localizados, y pacificarlos si tuviese que llegarse a tal extremo. Portando una amalgama de martillos trueno, hachas gélidas y espadas sierra, ésta temible banda de guerreros estaba bien equipada para el combate cuerpo a cuerpo. Sus corpulentos Lobos de Trueno daban a los ''Jinetes de Morkai'' gran resistencia y fuerza salvaje, combinándose dichas bestias y la Guardia del Lobo para crear una fuerza imparable. Harald sabía que podría contar con éstos héroes de sagas cantadas incluso si ésta caza resultaba baldía.
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=== Fuerza de Choque Acechantes Blancos ===
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Atravesando el vacío, los Lobo Muerto siguieron a la tormenta que había de llevarles hasta sus hermanos perdidos. Sus naves surcaron la Disformidad como una manada de lobos acechando en un bosque oscuro y peligroso. Como punta de lanza de su formación siempre iba su nave capitular y crucero de batalla personal de Harald Deathwolf, el ''Colmillo Alfa.'' A medida que esta flota veloz y depredadora se acercaba a la tormenta Disforme, el Señor Lobo iba reuniendo a su grupo de caza a partir de los guerreros más dotados de su Gran Compañía. La Fuerza de Choque Acechantes Blancos sería el ejército que Harald lideraría en persona.
   
La experiencia sería clave de verdad en ésta extraña y peligrosa caza. Así, cuando Harald dividió su Gran Compañía en fuerzas de asalto preparadas para las batallas venideras, el Señor Lobo se aseguró que su Guardia del Lobo restante - incluyendo a Canis Nacido-Lobo - cabalgase al frente de éstas partidas de caza: cada una de éstas fuerzas incluía al menos una manada de Cazadores Grises. Décadas de batallas habían templado a éstos guerreros y enfriado los impulsivos fuegos de su juventud: no sólo dichos Cazadores Grises proveerían a cada fuerza de un núcleo de combate estratégicamente versátil, sino que también su buen juicio contaría mucho en los momentos en los que tuviesen que lidiar con una presa salvaje.
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Desde la grupa de su feroz montura, ''Diente de hielo'', Harald estaba listo para liderar a su fuerza en lo que prometía ser una cacería de lo más extraña, pues la presa no era un enemigo sino un amigo, o al menos así lo proclamaba Grimnar. Harald quería creer esto, pero sus instintos le hacían tomarse el asunto con mucha cautela. El Señor Lobo sabía que sería necesaria una gran flexibilidad táctica e instintos de cazador puro a fin de primero localizar y, a continuación, extraer sanos y salvos a los Wulfen de un mundo plagado de entidades demoníacas.
   
Dos bandas de Cazadores Grises curtidos por la batalla irían a la guerra junto a Harald. Tanto los ''Jinetes de Morkai'' como los ''Lobos Nocturnos'' - famosos por su sangrienta victoria en el mundo maldito de Perilforge - estaban equipados con una amalgama de potencia de fuego de corto y medio alcance y una larga variedad de temibles armas de combate cuerpo a cuerpo. Cualesquiera que fuesen los horrores demoníacos que hubiesen surgido de la Tormenta Disforme durante el inicio del retorno de los Wulfen, los Cazadores Grises de Harald serían dignos de acometer la tarea de derrotarlos.
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Los ''Jinetes de Morkai'' eran héroes, una banda de incansables cazadores cuyo coraje y ferocidad eran tenidos en alta estima. Este cuerpo de [[Guardia del Lobo]] montados en Lobos Trueno formaría la base de la fuerza de Harald; eran lo bastante rápidos y encallecidos como para no perder a su presa una vez que la habían localizado, y ser capaces de pacificarla si ello resultaba necesario. Armados con una mezcla de Martillos de Trueno, hachas gélidas y espadas sierra, estos toscos guerreros estaban especialmente bien equipados para el combate en entornos cerrados. Los enormes Lobos Trueno proporcionaban a los Jinetes de Morkai de una gran resistencia y una fuerza salvaje en una unidad que mezclaba Guardia del Lobo y bestias combinadas en una única e imparable fuerza. Harald sabía que siempre podría contar con estos héreos dignos de saga, en caso de que las cosas se pusieran realmente mal.
   
Harald creía que cualquier encuentro con los retornados Wulfen podría tener el violento potencial de una granada de fragmentación defectuosa si se manejaba pobremente. Por eso, no sólo mantuvo el Señor Lobo a sus guerreros más templados mentalmente lo más cerca posible; además se aseguró que los Garras Sangrientas más calmados y capaces se uniesen a la ''Fuerza de Asalto Acechante Blanco''. Dicho honor recayó en la feroz banda de Garras Sangrientas conocida como los ''Aullidos Mortales'': habiendo superado ya hacía mucho tiempo las pruebas de Morkai, y aprendiendo a mezclar su ambición con sabiduría, éstos jóvenes guerreros ya habían comenzado a escribir sus propias sagas.
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La experiencia sería muy importante en una cacería tan extraña y peligrosa. Por tanto, mientras Harald dividía su Gran Compañía en varias fuerzas de ataque listas para las batallas que habían de llegar, el Señor Lobo se aseguró de que su Guardia del Lobo restante, incluyendo Canis Nacido Lobo, marchase a la cabeza de esas partidas de caza. Además, cada fuerza incluía como mínimo una manada de Cazadores Grises. Las décadas de batalla habían ido atemperando a estos guerreros y enfriando los fuegos impulsivos de la juventud; no era sólo que los Cazadores Grises proporcionasen a toda fuerza un núcleo estratégicamente versátil, sino que su sabiduría podía ser fundamental cuando tuviesen que tratar con sus presas.
   
La ''Fuerza de Asalto Acechante Blanco'' sería apoyada por guerreros veteranos, cuyas habilidades podrían ser cruciales para la recuperación exitosa de los Wulfen. La manada de Colmillos Largos de la fuerza de asalto era conocida como los ''Colmillos de Hielo'', y eran famosos en el Capítulo por su letal puntería durante la larga retirada de Vadyrheim. Una manada de [[Exploradores (Lobos Espaciales)|Exploradores Lobo]], conocidos como los ''Acechadores de Lokyar'', completaba la infantería complementaria de la Fuerza de Asalto. Su líder, Lokyar Longblade, era conocido como el ''"Fantasma de la Tormenta"'', por su casi sobrenatural habilidad de aprovechar las condiciones meteorológicas y del terreno para enmascarar el acercamiento sobre sus presas. Estas dos manadas proveerían a la ''Fuerza de Asalto Garra del Lobo'' de flexibilidad estratégica, permitiéndoles observar los movimientos del enemigo, identificando sus amenazas clave y eliminarlas desde largas distancias.
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Dos bandas de encallecidos Cazadores Grises irían a la guerra del lado de Harald. Tanto los ''Cazadores de Morkai'' como los ''Lobos Nocturnos ''- famosos por su sangrienta victoria en el mundo maldito de Perilforge - Estaban armados con una mezcla flexible de potencia de fuego a media/corta distancia y una amplia panoplia de temibles armas de combate cuerpo a cuerpo. No importaba qué horrores demoníacos hubieran sido vomitados desde la tormenta Disforme debido al retorno de los Wulfen, los Cazadores Grises de Harald se entregarían igualmente a la causa de aniquilarlos.
   
La caza de los Wulfen requeriría los sentidos más agudizados posibles, y los instintos de verdaderos rastreadores. Para suplementar las ya impresionantes habilidades de sus Lobos de la Muerte, Harald se aseguró de que un gran número de [[Lobos de Fenris]] estuviese merodeando los flancos de su fuerza de asalto, y es que dichas bestias de estirpe lobuna eran bestias implacables, acostumbradas a perseguir a sus presas a través de cientos de kilómetros de estepas heladas en Fenris. Los Wulfen recuperados en Nurades también se unieron a la batalla del lado de Harald, dado que el Señor Lobo no confiaba en sus hermanos de la Decimotercera Gran Compañía lo suficiente como para mantenerlos totalmente fuera de su vista. Además, Harald razonó que, dado que sus objetivos actuales eran también de la estirpe del Wulfen, éstos serían útiles en la localización de los suyos, su salvaje fuerza vital en conseguir un rescate exitoso de sus hermanos.
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Harald creía que cualquier encuentro con los recién retornados Wulfen, si se manejaba mal, podía ser como una granada defectuosa que le explotase en la cara. Debido a ello, no sólo decidió mantener a mano a sus guerreros más templados, sino que también se aseguró de que sólo sus Garras Sangrientas más tranquilos y capacitados se unieran a la Fuerza de Choque Acechantes Blancos. Dicho honor correspondió a la feroz banda de Garras Sangrientas conocida como los ''Aullidos Mortales''. Mucho tiempo atrás, estos jóvenes guerreros habían superado las pruebas de Morkai, aprendiendo a atemperar su ambición con sabiduría, y gracias a ello habían empezado a escribir sus propias sagas gloriosas.
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La Fuerza de Choque Acechantes Blancos estaba apoyada por guerreros veteranos cuyas habilidades resultarían cruciales para recuperar con éxito a los Wulfen. La manada de Colmillos Largos de la fuerza de ataque era conocida como ''Colmillos de hielo, ''y eran famosos en todo el capítulo por su letal desempeño durante la larga retirada de Vadyrheim. Un grupo de [[Exploradores Lobo]] conocido como los ''Acechadores de Lokyar'' completaba las fuerzas de apoyo a infantería de la Fuerza de Asalto. Su líder, Lokyar Longblade, era conocido como "El fantasma de la tormenta" debido a su habilidad casi sobrenatural para sacar partido a las condiciones climatológicas y al terreno a fin de enmascarar su presencia. Esas dos manadas proporcionarían a la ''Fuerza de Asalto Garra del Lobo'' de Harald una gran flexibilidad estratégica, identificar las amenazas clave y eliminarlas desde larga distancia.
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La cacería de los Wulfen requería unos sentidos de lo más avezados, y el instinto de rastreadores auténticos. A fin de complementar las ya de por sí impresionantes habilidades de sus Lobo Muerto, Harald se aseguró de que un gran número de Lobos Fenrisianos poblaran los flancos de su fuerza de combate. Dichas bestias eran incansables a la hora de perseguir a sus presas a lo largo de cientos de millas de descampado invernal fenrisiano. Aquellos Wulfen que ya se habían recobrado de Nurades también entraron en batalla al lado de Harald, pues el Señor Lobo no se fiaba lo bastante de los hermanos de la 13º Compañía como para dejarlos fuera de su vista. Además. pensó Harald, las similitudes de raza entre los Wulfen y sus presas demostrarían ser prácticas para localizarlos, mientras que la fuerza feroz de estos guerreros salvajes podía llegar a ser vital a la hora de rescatarlos.
   
 
=== Comienza la caza ===
 
=== Comienza la caza ===
Severo y con afiladas cordilleras, el planeta Svardeghul se había convertido en una rica fuente de minerales preciosos para el Imperio. Trabajada durante siglos por el humo que emanaba de ciudades-plataforma, la superficie del planeta estaba llena de marcas y cicatrices, mientras que su tenue atmósfera había sido convertida en algo apenas respirable. El daño traído por el Imperio sencillamente había sido empeorado por los Demonios de la Disformidad.
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[[File:Lobos de Fenris de Harald Deathwolf.png|thumb|364x364px]]
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El planeta de Svardeghul era un mundo sombrío, pero había sido una rica fuente de minerales preciosos para el Imperio. Durante siglos los equipos de perforación trabajaron sobre el planeta cubriéndolo de cicatrices, mientras que su atmósfera se había vuelto apenas respirable. El daño causado por el Imperio había sido agravado por los Demonios de la Disformidad.
   
Una agitada locura fue lo que se encontraron los Lobos de la Muerte cuando sus naves de guerra surgieron del Empíreo. La Tormenta Disforme local, que actuaba como faro para los Lobos de la Muerte, había absorbido el planeta Svardeghul, y ahora lanzaba sus energías contra las naves fenrisianas. Los escudos de vacío crepitaron, y las placas del casco gimieron cuando la Tormenta Disforme empujaba sus zarcillos inflamados a través del espacio real. Los Servidores cotorreaban alocadamente en sus puestos, realizando tareas sin sentido o directamente entrando en una combustión espontánea. Todas las naves en la flota recibieron daños mientras emergían de las feroces mareas de la Disformidad, y tanto ellas como sus tripulaciones, indistintamente, se convertían en hielo, polvo, o un ectoplasma derramado. Harald Deathwolf maldijo la situación, mientras permanecía en el puente del ''Alpha Fang'', escuchando los informes. Tal era la importancia de la misión de los Lobos Espaciales que aguantarían la tormenta sin importar sus consecuencias: la flota debería permanecer en la órbita el tiempo suficiente para localizar y rescatar a los Wulfen que se hallaban en el planeta que había bajo sus naves.
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La locura chocó contra los Lobo Muerto cuando sus naves de guerra surgieron desde el [[Empíreo]]. La tormenta de la Disformidad localizada que actuaba como faro de los Lobo muerto había engullido Svardeghul y sus energías maltrataban las naves de Fenris. Los [[escudos de vacío]] gimieron y las placas del casco crujieron cuando la tormenta envió sus tentáculos a través del espacio real. Los servidores enloquecían y estallaban en llamas. Todas las naves de la flota recibieron daños al cabalgar las mareas de la Disformidad. Naves y tripulación fueron transmutados en hielo, polvo o ectoplasma. Harald Deathwolf maldijo mientras permanecía en pie en el puente del ''Colmillo Alfa'' escuchando los informes. Pero la importancia de su misión era tal que se enfrentaron a la tormenta. La flota tendría que permanecer en órbita tiempo suficiente como para localizar y extraer a los Wulfen.
   
Cuando los sensores de los Lobos Espaciales barrieron Svardeghul, rápidamente quedó de manifiesto que rescatar a sus hermanos perdidos - si tan siquiera estaban allí abajo - sería todo un reto. Una cacofonía de terribles gritos y súplicas inútiles colapsaron todas las frecuencias de voz, excepto aquellas en las que resonaban con auge cantos inhumanos o susurros demoníacos que helaban la sangre. Harald Deathwolf conjeturó duramente que éste mundo era ya una causa perdida, y sus habitantes no tenían ya posibilidad alguna de ser salvados. Los lejanos augurios confirmaron que todas y cada una de las enormes y alzadas ciudades plataforma de Svardeghul habían sido invadidas por horrores antinaturales. Muchas plataformas eran ya meros recipientes de carnes en llamas, y más de un asentamiento minero movido por pistones se había transformado en un depredador biomecánico poseído, que arrasaban la desolada superficie de Svardeghul para hacer presa de sus aún inanimados similares.
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Cuando los sensores de los Lobos Espaciales barrieron Svardeghul se hizo claro que rescatar a sus hermanos perdidos (si se encontraban allí) sería todo un desafío. Una cacofonía de gritos aterrorizados y desvalidos obstruían cada frecuencia de voz, excepto aquellas en las que resonaban cantos inhumanos o escalofriantes susurros demoníacos. Harald Deathwolf conjeturó que este mundo era una causa perdida y su gente estaba más allá de la salvación. Los augures remotos confirmaron que todas las ciudades de Svardeghul estaban invadidas por horrores antinaturales. Muchas fábricas se habían convertido en osarios ardientes y más de uno de los asentamientos mineros había quedado poseído por depredadores biomecánicos que asolaban la superficie de Svardeghul.
   
Harald razonó que sólo había una forma de encontrar el carámbano de hielo legendario en una ventisca de nieve. Su Gran Compañía se formaba de expertos rastreadores y cazadores sin igual, pero no podrían utilizar dichas habilidades mientras las naves los entorpecieran. La única opción de encontrar a los Wulfen pasaba por desplegarse en la superficie de Svardeghul, recorriendo las zonas habitables del planeta en busca de sus objetivos. Tomaría su tiempo, pero si alguien tenía los sentidos lo suficientemente agudos para ésta caza, esos eran los Lobos de la Muerte. [[File:Lobos de Fenris de Harald Deathwolf.png|none|thumb|364x364px]]Partidas de caza de Exploradores Lobo y Cazadores Grises se desperdigaron por regiones remotas del planeta, esperando encontrar las huellas de los Wulfen. Siguiendo una punzada de su intuición, Harald había ordenado descender a su fuerza de asalto cerca del último emplazamiento de la capital planetaria, la Plataforma Delta, y cuando los Lobos Espaciales descendieron se asombraron por la destrucción que contemplaron sus ojos: la imponente ciudad-plataforma se había encaminado, a través de la rocosa superficie del planeta, sobre ocho enormes piernas mecánicas, movidas por pistones; fueron éstas extremidades las que habían llevado a la Plataforma Delta a caer de un gran precipicio, aplastándola sobre las planicies inferiores. La destrucción y los cuerpos mutilados se extendían hasta donde llegaba la visión, con un cuajado icor demoníaco goteando y agrupándose entre los restos de la destrozada población de la ciudad.
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Harald razonó que sólo había una forma de encontrar lo que buscaban. Su Gran Compañía eran rastreadores y cazadores sin parangón, pero no podían usar esas habilidades desde las naves. La única forma de encontrar a los Wulfen era que los Lobo Muerto se desplegaran en Svardeghul y recorrieran el planeta directamente. Tomaría tiempo, pero si alguien tenía unos sentidos agudizados para la caza, esos eran los Lobo Muerto.
   
Incluso sobre el hedor de la sangre, los Wulfen detectaron un olor inconfundible. Con palabras vacilantes, el líder de la manada Yngvir informó al Señor Deathwolf que él y sus hermanos habían olido a su estirpe Wulfen hacia el sur de su posición actual, mezclado su olor con el apestoso aroma a azufre de los Demonios. La fuente del aroma llevado por el viento les situaba a muchas millas de distancia, pero el simple hecho de que las fuerzas de Harald la tenían ya localizada fue considerado como algo poco más o menos que milagroso, pues habían estimado inicialmente que la cacería duraría varias semanas, y no habían tenido grandes expectativas acerca del éxito de dicha misión. Los Lobos de la Muerte agradecieron a Russ éste presagio antes de lanzarse a la persecución, pero a su vez Harald recordó la extraña intuición que los había llevado allí, y su desasosiego creció.
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Las partidas de caza de los Exploradores Lobo y los Cazadores Grises se repartieron por las regiones remotas del globo esperando encontrar rastro de los Wulfen. Siguiendo una intuición, Harald hizo que sus fuerzas se dirigieran a la última capital planetaria conocida, Rig Delta. Los Lobos Espaciales quedaron asombrados por la destrucción que encontraron al aterrizar. La imponente ciudad-plataforma había cruzado la superficie rocosa del planeta sobre ocho inmensas patas accionadas por pistones; y fueron esas extremidades las que la habían conducido hasta un gran precipicio y la habían lanzado contra las llanuras inferiores. Los deshechos y cadáveres mutilados se extendían hasta donde alcanzaba la vista, cubiertos de icor demoníaco.
   
Las zancadas de los Lobos Espaciales devoraban las millas mientras cruzaban las planicies bajo la extraña y giratoria aurora de la Tormenta Disforme. Caras gimientes y emblemas infernales se formaban y desaparecían a través de la atmósfera superior, pero los Lobos Espaciales los ignoraban. Los Exploradores Lobo se desplazaban delante, y las estirpes lobunas iban a los flancos, mientras que la [[Nave de Asalto Stormwolf|Cañonera Stormwolf]] ''Garra Rúnica ''les seguía en la retaguardia, con los Garras Sangrientas de los Lobos de la Muerte formando una reserva voladora dentro de su espaciosa bodega.
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A pesar del hedor de la sangre, los Wulfen detectaron un aroma inconfundible. Con palabras vacilantes, el líder de manada Yngvir informó al Señor Lobo Muerto que él y sus hermanos olían otros Wulfen al sur, mezclado con el temido olor a azufre de los Demonios. La fuente del olor arrastrado por el viento estaba a muchas millas de distancia, pero el simple hecho de que la fuerza de Harald la hubiera localizado era poco más que un milagro. Esperaban que esta caza durara semanas, y no tenían demasiadas esperanzas de obtener un resultado favorable. Los Lobo Muerto elevaron una alabanza a Russ por este augurio antes de salir en su búsqueda. Pero Harald recordó la extraña intuición que lo había llevado hasta allí, y su inquietud creció.
   
Coronando un saliente rocoso, Harald miró hacia abajo y vio una escena de locura: los Campos Rotos fueron una vez un enclave rico para la minería, pero años de excavaciones habían dejado toda el área como una destrozada extensión de montículos de desperdicios, dentados barrancos y secas, agrietadas planicies. Abajo entre tanta desolación, la visión certera de los Lobos de la Muerte les permitió ver en la lejanía a las enormes figuras que habían venido a buscar: los Wulfen ya estaban trabados en combate con un gran número de enemigos demoníacos. Los brutales guerreros estaban ampliamente sobrepasados en número, y se habían retirado a un área de rocas afiladas en donde obligaban al enemigo a acercárselos poco a poco. Mientras carros llameantes barrían los aires arrastrando tras de sí llamas disformes, las Diablillas apuñalaban a los Wulfen: sin duda no pasaría demasiado tiempo hasta que los hermanos de la Decimotercera Gran Compañía fuesen totalmente abrumados.[[File:Lobo de la Muerte.png|none|thumb|361x361px]]Harald Deathwolf dudó durante un largo momento en lo alto del saliente, antes de alzar su hacha gélida y señalizar el ataque. No hubo aullantes gritos de guerra cuando la ''Fuerza de Asalto Acechante Blanco'' comenzó a descender por la loma rocosa, ni gritos de batalla o juramentos mientras comenzaban una carrera y, posteriormente, una carga: la horda de Demonios estaba completamente absorta en los Wulfen, y aún no habían percibido a los Lobos de la Muerte cerniéndose sobre ellos. Harald y sus guerreros iban a hacer pagar a los engendros de la Disformidad su falta de precauciones.
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Los Lobos Espaciales recorrieron con sus largas zancadas las millas que les separaban de su presa por las llanuras bajo la extraña tormenta Disforme. Caras gimientes y sellos infernales se formaban y dispersaban sobre sus cabezas pero los ignoraron. Sus Exploradores Lobo escrutaban el camino, los lobos de fenris protegían sus flancos y la [[Nave de Asalto Stormwolf]] ''Garra rúnica ''protegía la retaguardia cargada de Garras Sangrientas de los Lobo Muerto , formando una reserva voladora.
   
La ''Fuerza de Asalto Acechante Blanco'' arrasó los flancos de la retaguardia enemiga con la súbita ferocidad de una manada de lobos al cazar.
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[[File:Lobo de la Muerte.png|left|thumb|361x361px]]
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Tras superar una cresta rocosa, Harald posó su mirada en una escena enloquecedora. Los campos fragmentados habían sido antaño un rico yacimiento minero, pero años de excavación habían convertido la zona en una extensión rota de escombros, montículos, barrancos dentados, y llanos y secos y agrietados. En medio de esa desolación, la aguda vista de los Lobo Muerto les permitía vislumbrar las figuras distantes y descomunales que habían venido a buscar. Los Wulfen estaban trabados en combate con una gran masa de enemigos demoníacos. Los guerreros bestiales eran ampliamente superados en número, y se habían refugiado en una zona de rocas afiladas donde el enemigo se veía obligado a ir a por ellos en pequeños grupos. Con los carros ardientes lanzandoles fuego disforme y las Diablillas apuñalando a los Wulfen, no tardarían mucho en quedar abrumados.
   
Los Horrores Rosas fueron despedazados por el fuego de bólter, el simulacro de sangre azul gomosa que salía a ráfagas de sus cadáveres cortado poco a poco. Los Demonios de Slaanesh gorgojeaban mientras eran cortados en trocitos por rugientes espadas-sierra, mientras las Diablillas caían bajo agudo fuego de plasma. En el corazón de los Campos Rotos, los Wulfen captaron el olor de sus salvadores, y alzaron un poderoso aullido, luchando lo mejor que podían con garras, colmillos y cuchillos de mano. Los de su estirpe que estaban con los Lobos de la Muerte les devolvieron la llamada aullante, abriendo con dureza un camino, despedazando y golpeando, a través de las líneas de los Demonios, en su desesperación por rescatar a sus hermanos.
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Harald Deathwolf dudó durante un instante sobre la cresta, antes de alzar su hacha helada e iniciar el ataque. No hubo gritos de guerra cuando la Fuerza de Choque Acechantes Blancos descendió por la pendiente rocosa, ni se aullaron juramentos cuando aceleraron a la carrera y cargaron. La horda de Demonios estaba completamente fija en los Wulfen y no se había dado cuenta de que los Lobo Muerto caían sobre ellos. Harald y sus guerreros harían pagar a los engendros de la Disformidad por su falta de precaución.
   
Tomados completamente por sorpresa, los Demonios vieron su número reducido drásticamente a la mitad en apenas un instante. Éstas entidades no sentían temor o pánico, y en su lugar respondieron con una ira malévola. Un [[Carro Flamígero]] daba vueltas en el aire a la batalla, surgiendo de él Demonios de Tzeentch que se lanzaban al combate con intenciones letales. Carros sobrenaturales sobrevolaban las filas de los Lobos de la Muerte, con sus ocupantes lanzando cometas de fuego etéreo que reducía a los Cazadores Grises a ceniza o los lanzaba en el aire, transformándolos entre palpitaciones. [[Aulladores de Tzeentch|Aulladores]] barrían las filas de los Lobos Espaciales con gracia antinatural, decapitando cabezas y hundiendo picos de hueso a través de las placas pectorales.[[File:Lobo de la Muerte cargando.png|none|thumb|363x363px]]En respuesta, Harald ordenó a ''Garra Rúnica'' que entrase en el combate. La Cañonera Stormwolf dio barridos bajos, con su rampa de embarque chirriando mientras se abría y permitía a los Garras Sangrientas de los ''Aullidos Mortales'' integrarse sucesivamente al combate. Los jóvenes guerreros dieron voz a un poderoso grito de guerra, mientras unían sus fuerzas al avance de los Lobos de la Muerte.
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[[Relato Oficial Lobos Espaciales: Comienza la caza|''Relato Oficial: Comienza la Caza.'']]
   
Harald Deathwolf lideró a su Guardia del Lobo a las profundidades de Los Campos Rotos, con la aullante estirpe lobuna muy cerca de sus pasos: los Wulfen aún luchaban por sus vidas y, aunque las fuerzas enemigas disminuían en número con rapidez, no podrían aguantar solos. Pisadas pesadas machacaban el suelo rocoso y grandes colmillos brillaban con la luz de la aurora boreal cuando los Lobos de Trueno cargaron precipitadamente sobre el enemigo. Las afiladas formas de los Lobos de Trueno eran suficientes para aplastar y eliminar Demonios menores, y las Diablillas y los Horrores se desvanecían bajo las garras de las bestias o siendo reventados por los Lobos de Fenris que correteaban entre ellos. [[Incineradores de Tzeentch]] unidos entre sí escupían sucesivamente fuego mutante, que engulló por completo al valiente Guardia del Lobo Vygar Helmfang. El aclamado guerrero bramó con agonía mientras su carne y su armadura se derretían como la cera, con tentáculos óseos llenando su fibrosa masa corporal con el objetivo de empalar a su montura. Aullando su cólera, el resto de la Guardia del Lobo y su señor aplastaron a los Incineradores; despedazaron a los monstruos en forma de hongo con salvaje venganza, antes de cargar una vez más.
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La Fuerza de Choque Acechantes Blancos se estrelló contra la retaguardia del enemigo con la ferocidad de una manada de lobos al ataque.
   
Harald y sus compañeros de manada se aproximaban al corazón de la batalla como una punta de lanza que se encamina directa al corazón de su presa. Viendo que los Lobos de Trueno se aproximaban, el Heraldo de Tzeentch que dirigía a los Demonios asumió que había perdido sus armas más poderosas en el camino. Con un ruido metálico y sibilante, una hueste de [[Aplastadores de Almas]] rodeó en esos momentos a la manada de Wulfen: las Máquinas Demoníacas rugieron, haciendo oscilar enormes garras de hierro y espadas agrietadas sobre los hermanos de la Decimotercera Compañía. Moviéndose a una velocidad increíble, los Wulfen esquivaban cada golpe, y una lluvia de rocas destrozadas explotaba desde el suelo cuando garras impulsadas por pistones lo golpeaban. En respuesta, los salvajes guerreros cortaban y destrozaban a sus atacantes, seccionando miembros cubiertos de armazones y desgarrando sin resistencia alguna grandes pedazos de carne de Demonio.
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Los Horrores Rosas quedaron destrozados por el fuego de bólter así como las criaturas azuladas que surgieron de sus cadáveres. Las monturas de Slaanesh fueron cortadas en pedazos por las espadas sierra mientras que las Diablillas que las acompañaban cayeron frente al abrasador fuego de plasma. Los Wulfen captaron el olor de sus salvadores y lanzaron un poderoso rugido, luchando aún más duro con garras, colmillos y espadas. Sus hermanos entre las filas Lobo Muerto devolvieron la llamada, abriéndose paso entre las hileras de Demonios con desesperación para rescatar a los suyos.
   
Sin embargo, cuando los ''Jinetes de Morkai'' se aproximaban al combate, uno de los Aplastadores de Almas hundió su espada en el pecho de un desdichado Wulfen antes de partirlo en dos mitades con una explosión a chorros de sus vísceras. Los Wulfen restantes entraron en un estado de enloquecimiento, con su líder de manada lanzándose en persona a gran altura para estrellarse contra el torso del Aplastador de Almas antes de martillearle repetidamente con sus cuchillas de mano en su rostro. Mientras la Máquina Demoníaca se tambaleaba, los Lobos de Trueno irrumpieron en el combate, con la Guardia del Lobo agitando sus martillos trueno para machacar las patas del Aplastador de Almas desde debajo del mismo engendro. La monstruosa máquina fue derrotada, con el líder de manada de los Wulfen llevándolo al suelo montado en ella antes de desgarrar su cabeza por encima de sus hombros. Se levantó, sosteniendo su trofeo espeluznante en lo alto y aullando en señal de su salvaje triunfo.
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Tomados por sorpresa, los Demonios se habían visto reducidos a la mitad. Estos seres no conocían el miedo o el pánico, así que respondieron con una ira rencorosa. Un [[Carro Flamígero]] sobrevoló la batalla y los Demonios de Tzeentch cayeron sobre sus enemigos con intenciones letales. Los carros antinaturales azotaron las filas de los Lobo Muerto y sus pasajeros lanzaron cometas de un fuego etérico que convirtió en cenizas a los Cazadores Grises o que les lanzaba humeantes y mutando por los aires. Los [[Aulladores]] cruzaron las filas de los Lobos Espaciales con su gracia antinatural cortando cabezas y atravesando corazas.
[[File:Harald enfrenta al Aplastador.png|thumb|278x278px]]
 
Harald y su Guardia del Lobo lucharon duramente en respuesta a aquel sonido salvaje. Las manadas de Lobos de Fenris trotaban a pasos agigantados con agilidad entre las patas atronadoras de los Aplastadores de Almas, mientras los Lobos Espaciales cortaban y agujereaban. Las chispas saltaban cuando cuchillas gélidas y martillos trueno aplastaban el hierro y latón demoníaco. Un Guardia del Lobo fue volado de su montura por el disparo a quemarropa de un cañón cosechador, mientras otro fue aplastado por una contundente pata metálica. Un chorro de bilis ácida a quemarropa disolvió una manada entera de Lobos de Fenris en una sola ráfaga. Otro Aplastador de Almas fue derribado y aplastado hasta ser convertido en chatarra, pero el tercero agitó su poderoso puño y arrebató a Harald Deathwolf de su montura: los pistones crujieron y los servomecanismos gimieron cuando la garra comenzó a contraerse, y el Señor Lobo gruñó de dolor cuando su armadura - y sus huesos - comenzaron a fracturarse y crujir.
 
   
De improviso, uno de los Wulfen se abalanzó para aferrarse a las tenazas de la garra. Aullando con la tensión, el inmenso guerrero tiró todo lo fuerte que pudo hasta que, dolorosamente, las garras de hierro crujieron y comenzaron a abrirse. Los pistones se combaron y el icor brotó de cables que reventaban mientras la garra cedía, con Harald resbalándose hasta caer contra el suelo. El iracundo Wulfen arrancó la extremidad anterior del Aplastador de Almas en su totalidad y - girando sobre sus talones - lanzó el enorme trozo de metal al rostro de la Máquina Demoníaca. Sangre de azufre comenzó a llover entre una gran explosión de vísceras y huesos reventados, y el decapitado Aplastador de Almas se desplomó en varias direcciones.
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[[File:Lobo de la Muerte cargando.png|thumb|363x363px]]
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En respuesta, Harald ordenó a ''Garra Rúnica ''entrar en combate. La Cañonera Stormwolf hizo un barrido con su rampa de embarque bajada lo cual permitió que los Garras Sangrientas desembarcaran sobre la lucha. Los jóvenes guerreros añadieron su fuerza al avance Lobo Muerto mientras gritaban ánimos a sus compañeros.
   
Respirando a grandes bocanadas para coger aire, Harald Deathwolf miró hacia arriba para ver a su brutal salvador, que lo sonrió en respuesta con una boca llena de colmillos. El Señor Lobo escupió sangre y agitó su cabeza, mirando más allá de los Wulfen, donde la ''Fuerza de Asalto Acechante Blanco'' estaba terminando con los últimos Demonios. Con la vista nublada por el dolor, Harald certificó que la victoria estaba asegurada: pese a que el combate había sido cruento, los Wulfen estaban a salvo y los Lobos de la Muerte habían sido los vencedores.
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Harald Deathwolf lideró a su Guardia del Lobo hacia las profundidades de los campos destrozados con los lobos de fenris pisándole los talones. Los Wulfen seguían luchando por sus vidas y aunque las filas enemigas se reducían rápidamente, no podrían resistir solos. Los pasos pesados golpeaban el suelo rocoso y los enormes colmillos brillaron con la luz boreal mientras los Lobos de Trueno cargaban sobre el enemigo. La masa de los Lobo de Trueno fue suficiente para apartar a los Demonios menores y a las Diablillas y Horrores se desvanecían bajo las garras de las bestias o quedaban destrozados por los Lobos de Fenris que trotaban junto a ellos. Los [[Incineradores de Tzeentch]] escupieron fuegos mutagénicos que envolvieron al valeroso Guardia del Lobo Vygar Helmfang. El veterano guerrero gritó agónicamente mientras su carne y armadura se derretían y unos tentáculos de hueso surgían de su cuerpo para empalar a su montura. Aullando su ira, el resto de la Guardia del Lobo y su señor se lanzaron contra los Incineradores. Cortaron a los monstruos en pedazos con salvajismo vengativo antes de seguir avanzando.
   
[[Relato Oficial Lobos Espaciales: Comienza la caza|''Relato Oficial: Comienza la Caza.'']]
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Harald y sus compañeros de manada se acercaban al corazón del combate, una punta de lanza clavada en el corazón de la presa. Al ver acercarse a los Lobo de Trueno, el Heraldo de Tzeentch ordenó a los Demonios que usaran sus armas más potentes. Una hueste de [[Aplastadores de Almas]] rodeó la manada Wulfen. Las máquinas demoníacas rugieron mientras golpeaban con sus garras de hierro a los hermanos de la 13º Gran Compañía. Moviéndose con velocidad increíble, los Wulfen evadían los golpes. Una lluvia de piedras destrozó el suelo cuando las garras potenciadas por pistones lo golpearon. A cambio, los guerreros ferales golpearon a sus atacantes, rasgando grandes trozos de carne Demoníaca y abollando sus miembros blindados.
   
=== La caza de hierro ===
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Mientras los ''Jinetes de Morkai ''se acercaban a la lucha, uno de los Aplastadores de Almas atravesó el pecho de un desafortunado Wulfen con su espada antes de partirlo por la mitad. El resto de Wulfen enloquecieron, su líder se lanzó contra el torso del Aplastador de Almas antes de clavarle repetidamente sus dagas en el rostro. Cuando la máquina demoníaca se tambaleó los Lobo Trueno se unieron a la refriega mientras la Guardia del Lobo golpeaba con sus martillos trueno para derribar las piernas del Aplastador de Almas. Mientras la máquina monstruosa caía, el líder de manada Wulfen montado sobre ella le cortaba limpiamente la cabeza. Se irguió, sosteniendo su macabro trofeo en alto y aullando triunfalmente.
La flota de Egil Lobo de Hierro salió de la Disformidad en las cercanías del Sistema Mydgal, incrementando la potencia para aproximarse en torno a Mydgal Alpha a través de la turbulencia sobrenatural de una tempestad empírea. Durante el tránsito por la Disformidad, el Sacerdote de Hierro Tsorvigg Helhammer había recurrido a ciencia arcana de los días de la [[Herejía de Horus|Herejía]], teniendo éxito al improvisar un dispositivo de augurios modificado: éste fue calibrado para detectar los peculiares rastros de energía de la armadura de la Decimotercera Compañía, y en el momento en el que la flota saltó al interior del sistema comenzó a registrar, de forma continuada, un retorno en la transmisión, que se incrementaba cada vez más. Siguiendo su señal, Egil Lobo de Hierro dividió su Gran Compañía en tres grandes fuerzas de asalto, las cuales neutralizarían cualquier posible amenaza que pudiesen afrontar en el espacio, antes de converger en la localización de los Wulfen. Mientras que los Líderes de Batalla de la Guardia del Lobo de Egil Lobo de Hierro se encargarían de las otras dos fuerzas, el mismo Egil se haría cargo personalmente de la Gran Manada conocida como ''La Caza de Hierro'', acompañado del Sacerdote de Hierro Helhammer y su dispositivo de augurios.
 
   
Siguiendo a Egil Lobo de Hierro al combate estaban sus campeones favoritos, la ''Guardia de Hierro''. El Señor Lobo de Hierro buscaba gran resistencia, determinación y fuerza bruta en su Guardia del Lobo, y éste grupo de guerreros poseía todas esas cualidades. Alardeando de sus múltiples mejoras cibernéticas y sus prótesis mecánicas bajo sus armaduras de combate, la ''Guardia de Hierro'' podría combatir aun bajo las más graves heridas. Mientras tanto, su surtido de potentes armas de cuerpo a cuerpo y décadas de experiencia en combates extremos les convertían en iguales de sus enemigos más temibles: cargando desde la rampa de salida de su [[Razorback]], Egil y su ''Guardia de Hierro'' se convertían en prácticamente imparables.
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[[File:Harald enfrenta al Aplastador.png|left|thumb|278x278px]]
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Harald y su Guardia del Lobo lucharon aún más duro en respuesta a ese sonido primordial. Las manadas de Lobos de Fenris saltaron entre las patas de los Aplastadores de Almas mientras los Lobos Espaciales los golpeaban. Llovían chispas mientras las cuchillas heladas y los martillos de trueno machacaban el hierro y bronce demoníaco. Un Guardia del Lobo fue derribado de su silla por un disparo a bocajarro mientras otro quedó destrozado por una pata de metal. Un torrente de bilis ácida a bocajarro disolvió una manada completa de Lobos de Fenris con un único impacto horrendo. Un segundo Aplastador de Almas fue derribado pero el tercero usó su puño para agarrar a Harald Deathwolf en su silla. Los pistones crujieron mientras su garra empezaba a contraerse y el Señor Lobo gruñía de agonía mientras su armadura y huesos empezaban a fracturarse.
   
El resto de la Gran Manada de Lobo de Hierro comprendía un puñado de férreos tanques, apoyados por infantería y activos aéreos. Un par de tanques de batalla [[Predator]] lideraban ésta fuerza al combate: llevando un armamento pleno de cañones láser a la guerra, el [[Predator Aniquilador]] ''Cazador de Hierro'' era un tanque asesino especializado capaz de destruir máquinas de guerra mucho más grandes que él; por otro lado, su tanque hermano, el ''Venganza de Hierro'', era un [[Predator Destructor]] que aglutinaba suficiente poder de fuego anti-infantería como para eliminar escuadras enteras en cuestión de segundos. Proveyendo de abrumador fuego de corto alcance como apoyo a dichos tanques estaba el [[Vindicator]] conocido como ''Ira de Morkai'', con su belicoso cañón de asedio móvil capaz de hacer saltar por los aires artefactos de guerra enemigos o fortificaciones llanas.
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Saliendo de no se sabe dónde, uno de los Wulfen se abalanzó para agarrar las pinzas de garra. Rugiendo por el esfuerzo el guerrero tiró tan fuerte como pudo hasta que la garra de hierro se abrió. Los pistones se doblaron y surgió icor de los cables arrancados mientras Harald se deslizaba libre hasta el suelo. El enfurecido Wulfen arrancó el miembro del Aplastador de Almas y golpeó el rostro de la criatura con el grueso trozo de metal. Una sangre sulfurosa brotó en una explosión de hueso y carne destrozada y el decapitado Aplastador de Almas cayó.
   
Un vetusto [[Land Raider Cruzado]], llamado ''Puño de Hierro'', completaba la formación. Ésta rugiente bestia de combate alardeaba de tener un grueso armazón y un poder en el corto alcance típico de su clase, emparejado por una tenacidad legendaria con la que había eludido lo que parecían ser daños críticos una y otra vez. Habiendo luchado con bravura durante infames conflictos armados como el de Bokka´de y la Pacificación de Cataklysma, ''Puño de Hierro'' había probado su valía más allá de cualquier duda. Estos tanques de batalla, supervisados por el Sacerdote de Hierro Helhammer, avanzaban bajo una formación de Lanza de Russ.
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Sin aliento, Harald Deathwolf miró a su salvador bestial que le devolvió una sonrisa a través de una boca llena de colmillos. El Señor Lobo escupió sangre y movió la cabeza observando, más allá de los Wulfen, el lugar donde la Fuerza de Choque Acechantes Blancos estaba acabando con los últimos Demonios. El dolor empañaba su visión, pero Harald alcanzó a ver que se había asegurado la victoria. Aunque la lucha había sido feroz, los Wulfen estaban a salvo y los Lobo Muerto habían triunfado.
   
Ésta poderosa manada de caza de máquinas acorazadas estaba acompañada de los Cazadores Grises conocidos como ''Los Lobos Negros'', y una manada de Colmillos Largos que se autodenominaban ''Los Garras Gélidas''. Transportados a bordo de un Razorback armado con un cañón láser, los ''Lobos Negros'' eran escasos en número, pero muy experimentados: con sus espadas-sierra girando a muchas revoluciones y sus pistolas bólter listas para el combate, éstos expertos guerreros estaban ya muy versados en soportar el peso de la armadura de los Lobos de Hierro, manteniendo a raya la posible infantería enemiga que pudiese amenazar a los tanques de forma próxima o tomando objetivos vitales que los acorazados no pudiesen alcanzar.
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<blockquote>"Bajo el cielo enloquecido, sobre los campos destrozados, los Engendros de la Disformidad fueron destrozados y los Perdidos encontrados de nuevo".</blockquote>
   
En comparación, los Colmillos Largos conocidos como los ''Garras Gélidas'' tenían una única tarea encomendada: era su deber adelantarse con su Razorback a una posición de mando desde la que pudiesen dar el mejor apoyo posible a sus camaradas. Allá donde observasen una amenaza potencial, o viesen una oportunidad de eliminar un objetivo imprescindible, los ''Garras Gélidas'' tenían autonomía total para poder disparar. En éste sentido, el Señor Lobo de Hierro confiaba en éstos veteranos tiradores a la hora de determinar el resultado de la batalla de la mejor forma posible, descubriendo agujeros en las defensas enemigas o dando la vuelta a asaltos enemigos a voluntad. Desde las Colmenas de Herus al furioso asalto en Dursella, el fuego de precisión de éstos Colmillos Largos había salvado las vidas del Señor Lobo de Hierro y sus compañeros de manada en más de una ocasión.
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Extracto de la Saga de los Perdidos.
   
Volando en apoyo de ésta asamblea mecanizada estaba la Cañonera Stormfang conocida como ''Lanza de Hierro''. Pilotada por Vengr Iceblood - un reputado y gran luchador que había derribado cerca de treinta aeronaves orkas durante la refriega en Alaric Prime - ésta nave de ataque ciertamente era merecedora de su nombre: precipitándose al combate como una jabalina lanzada por algún dios enojado, ''Lanza de Hierro'' destruía por igual objetivos terrestres y aeronaves enemigas, innumerables enemigos habían sido reducidos a estatuas heladas o destrozos de algún naufragio helado creado por el mortífero fuego helado de la aeronave.
 
   
=== El infierno bajo los pies ===
 
Haciendo frente a las energías arremolinadas y la obscena oscuridad de la Tormenta Disforme, los Lobos de Hierro se desplazaron hacia una órbita en los alrededores de Mydgal Alpha. Embarcando en sus cañoneras acorazadas, los guerreros de Egil Lobo de Hierro siguieron el rastro de los augurios de los Wulfen durante el descenso hacia la atmósfera del planeta y se dirigieron directamente a la súper-colmena de Irkalla.
 
   
Mientras sus cañoneras atronaban en el descenso y se aproximaban a las relucientes espirales de Irkalla, Egil Lobo de Hierro memorizaba toda la información disponible sobre éste extraño mundo: bajo su nave bullía una fina capa de humo gris y negro, un agitado océano de niebla y ceniza que silenciaba el mundo entero. Durante milenios, éste mundo había servido de motor industrial, procesando enormes cantidades de [[Promethium]] para los ejércitos del Imperio. Sin embargo, hace algunos centenares de años atrás, el estrato de desperdicios químicos acumulado en la corteza del planeta había comenzado a arder. Una vez comenzados, los incendios fueron imposibles de detener - aún ardían bajo la superficie, arrogando un silencio a lo largo del planeta de gases contaminantes que surgían de cráteres y grietas.
 
   
Ésta catástrofe había reducido la superficie a un infernal reino de pozos de llamas y latentes ríos de productos químicos. Nunca dispuestos a desperdiciar planetas útiles, el [[Administratum]] había simplemente reclasificado Mydgal Alpha como un mundo colmena, y utilizado el reclamado factorum y materiales de refinería para construir una inmensa súper-colmena en el único terreno aún aprovechable que quedaba en el planeta. Ésta era Irkalla, y su creación fue considerada como un éxito duradero. Ahora, sin embargo, la colmena encaraba peligros nunca antes imaginados en el planeta.
 
   
A juzgar por las patéticas alabanzas esperanzadoras que sonaban por los sistemas de vox de las espirales de la colmena, la población de Irkalla creía que los Lobos Espaciales habían acudido para salvarlos: los Lobos de Hierro murmuraron e hicieron gestos para guardarse del mal, pues las voces de los sistemas de vox hablaban de una terrible plaga, enjambres de insectos mordedores y una enfermedad sobrenatural que había surgido como un gran barrido desde la parte más baja de la colmena cuando llegó la Tormenta Disforme. " La luz del Sol se tornó malvada", dijeron, volviéndose de color amarillo enfermizo y causando que el moho y la podredumbre se adueñasen de los lugares que dicha luz tocaba. Extrañas profecías y portentos eran abundantes, y antes que las puertas de la colmena quedaran selladas a los niveles inferiores, se recibieron informes de formas de otros mundos atacando en masa a la población. [[File:Lobos de Hierro en Lanza de Russ.png|thumb|328x328px]]
 
Egil Lobo de Hierro no desperdició su tiempo: el Sacerdote de Hierro Helhammer informó que el rastro de los augurios emanaba de la parte más baja de Irkalla, sus profundidades, y si la ciudad había sido invadida por la enfermedad había poco que los Lobos Espaciales pudiesen hacer para ayudar. Quizás la Inquisición pudiera venir para ayudar a los ciudadanos - aunque los Lobos Espaciales desconfiaban de los métodos de ayuda de la Inquisición - pero por desgracia los Lobos de Hierro y los Wulfen deberían de estar para entonces muy lejos ya de allí. Ordenando a sus seguidores a ignorar los lamentos frenéticos de los condenados habitantes de Irkalla, el Señor Lobo de Hierro dispuso a sus tres fuerzas de asalto al descenso sobre el manto de humo que yacía más abajo. Diagramas actualizados mostraban que la piel de metal de la colmena había sido resquebrajada y destruida en sus niveles más inferiores, mezclándose libremente con los residuos contaminados que la circundaban: era ahí donde los Lobos de Hierro intentarían abrirse paso raudos al interior de la ciudad.
 
   
Irkalla era tan enorme e imponente por su altura que tomó algún tiempo a las naves fenrisianas el descender hasta su base, a través del ondulante humo. Los motores se forzaron cuando la ceniza obstruyó las transmisiones y las turbinas, mientras los pilotos se esforzaban en pilotar siguiendo la instrumentación, pues la visibilidad cayó a prácticamente cero. A través de los puertos de observación de las cañoneras, los Lobos Espaciales contemplaron en silencio mientras un clamor encarnado se difundía por las nubes humeantes, siendo más y más intenso a medida que se adentraban en su zona final designada para aterrizar. Sonidos de colisión atronaron y los pilotos luchaban contra sus controles mientras imponentes y esqueléticas ruinas surgían de la oscuridad. Algunas cañoneras cortaron al descender algún listón de masonería o un puente ennegrecido por haber sido pasto de las llamas: afortunadamente, los transportes de los Adeptus Astartes habían sido construidos para soportar castigos increíbles, y en éste caso no hubo que reseñar daños serios.
 
   
Finalmente, con una serie de golpes discordantes, los Lobos de Hierro se distribuyeron en sus áreas de aterrizaje previstas. Emergiendo de sus cañoneras, los guerreros de la ''Caza de Hierro'' fruncieron el ceño hacia la penumbra iluminada por el fuego, ocupando sus alrededores mientras los tanques de sus fuerzas de asalto emprendían la marcha desde las rampas de aterrizaje de sus [[Thunderhawk]]s. Hacía tiempo, la colmena se extendía a lo largo de ese área, pero un hundimiento constante y la hambrienta atención de las llamas habían causado que la arquitectura se quebrase y derruyese. Las simas se ampliaban entre los enredados huesos de antiguas pasarelas, con las llamas serpenteando desde sus profundidades. Lagos burbujeantes de contaminantes similares a la brea se llenaban de extraños tonos de fuego palpitante, expulsando vapores que habrían matado a un humano no aumentado genéticamente en apenas unos instantes. Era un entorno tan hostil como otro cualquiera que Egil Lobo de Hierro ya hubiese visto, pero el rastro de los augurios llegaba ahora alto y claro, desde apenas unos pocos kilómetros al oeste. Con su armamento listo, los Lobos de Hierro avanzaron por la oxidada tierra de Irkalla hacia el interior de la subcolmena infernal.
 
   
Las dos fuerzas de apoyo de Egil, los ''Garras Dentadas'' y los ''Destructores Pellejo de Acero'', fueron las primeras en comunicar por el vox contactos enemigos. El sonido de armas de fuego resonó distante a través de la oscuridad, mezclándose con el crepitar de fondo de las llamas y el temblor del suelo bajo las pisadas de los Lobos de Hierro. Cuando apenas les habían llegado los ecos de dichos disparos, los integrantes de la ''Caza de Hierro'' se encontraron con sus propios problemas.
 
   
Los primeros Demonios aparecieron arrastrándose entre el humo en grupos de uno y dos individuos, con sus ojos ciclópeos de rojizos fulgores surgiendo entre los vapores, y el rancio olor a carne podrida aumentado por el calor. Los ''Lobos Negros'' lanzaron salvas de bolter a los tambaleantes objetivos, los cuales caían fácilmente fruto de dicho fuego de precisión. Sin embargo, a medida que los Lobos de Hierro avanzaban, el terreno era cada vez más y más denso, y los grupos de Demonios mucho más numerosos.
 
[[File:Lobos de Hierro durante el combate en Mydgal.png|thumb|367x367px]]
 
El Vindicator ''Ira de Morkai'' derribó, atravesándola, una pared agrietada, para encontrarse rodeado por Desangradores de piel rojiza que silbaban amenazantes. Sólo mediante una respuesta agresiva y disparando con extrema puntería para hacer desaparecer a las criaturas del averno pudo evitar ser convertido en chatarra metálica. El ''Puño de Hierro'' irrumpió entre una masa de Portadores de Plaga, que se arrastraban en gran número, con sus bólteres huracán disparando incesantemente, sólo para quedarse atascado en un absorbente limo de similar aspecto a la brea. Los repugnantes demonios se cernieron sobre el tanque y, rodeándolo, forzaron con su peso que éste se fuese hundiendo cada vez más y más en el pantano. La Cañonera Stormfang ''Lanza de Hierro'' voló con un estruendo lo más bajo posible, con su atrevido piloto volando entre mástiles en ruinas para bombardear a los Portadores de Plaga con fuego pesado de sus bólteres. Cadáveres podridos estallaban como sacos de menudillos rellenados de granadas de fragmentación, y con un intenso rugido de su motor el ''Puño de Hierro'' logró zafarse y ponerse a salvo del lodo.
 
   
Los tanques de Egil Lobo de Hierro atravesaron un pedregal de ruinas caídas y se dirigieron al interior de los restos esqueléticos de los que antaño fue un santuario. Ondulantes nubes de moscas demoníacas revoloteaban alrededor de los vehículos de los Lobos Espaciales, y avanzando a través de ellas fue como hicieron frente a la mayor horda demoníaca encontrada hasta entonces por los Lobos de Hierro. Tanto los Portadores de Plaga como los Desangradores les presionaban, junto a [[Drones de Plaga]] siseantes y [[Bestias de Nurgle]] sostenidas por bridas. Tras ellos se aproximaba una ruidosa batería de Cañones de Khorne, con las mandíbulas de dichas Máquinas Demoníacas esputando fuego. Ensombrecido por la gruesa masa de cuerpos de insectos pútridos había algo enorme: un [[Príncipe Demonio]], marchitado gracias a los regalos de [[Nurgle]]. Éste demonio evasivo era Mordokh el Podrido, el arquitecto de las miserias de Irkalla y una plaga viviente para los mundos de los hombres. Bajo su oxidado yelmo, el rostro del Príncipe Demonio se dividió en una mueca de colmillos podridos, y alzó su espada en señal de desafío para los Lobos Espaciales.
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=== La cacería de hierro ===
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La flota de Egil Lobo Hierro salió de la Disformidad en el límite del sistema Mydgal, dirigiéndose hacia Mydgal Alpha a través de las turbulencias ultramundanas de la tormenta del empíreo. Durante el tránsito por la Disformidad, el Sacerdote de Hierro Tsorvigg había recurrido a fragmentos de saber arcano de los días de la [[Herejía]], consiguiendo extraer información de una matriz augur. Estaba calibrada para detectar las distintivas firmas de energía de las armaduras de la 13º Gran Compañía, y en el momento en que la flota entró en el sistema empezó a ofrecer una señal constante. Siguiendo la seña, Egil Lobo Hierro dividió a su Gran Compañía en un trío de fuerzas de ataque optimizadas. Se encargarían de neutralizar cualquier amenaza que encontraran en el campo de batalla antes de converger sobre la localización de los Wulfen. Mientras los líderes de la Guardia del Lobo de Egil supervisaban las otras dos fuerzas, él comandaría la Gran Manada conocida como ''Cazador de Hierro ''en persona, acompañado del Sacerdote de Hierro Helhammer y su dispositivo augur.
   
La ''Caza de Hierro'' se lanzó al combate, con Egil y su Guardia de Hierro cargando a la cabeza y destrozando a los Demonios con el oscilar de sus espadas. Tras ellos, el armamento pesado rugió cuando los Colmillos Largos, los Cazadores Grises y los tanques de combate abrieron fuego en una oleada estruendosa. Mientras las explosiones se producían en las filas demoníacas y rayos de luz rojiza los atravesaban, el Señor Lobo de Hierro y el Sacerdote de Hierro Helhammer se abrieron paso, aplastando y rebanando, cada vez de forma más intensa al interior de las filas enemigas. El augurio del Sacerdote de Hierro insistía en que se encontraban justo encima de los Wulfen, y el ceño omnipresente de Egil se frunció profundamente con el pensamiento de quizás estar luchando para vengar a los hermanos caídos, y no para rescatarlos.
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Junto a Egil Lobo Hierro se encontraban sus campeones preferidos, la'' Guardia de Hierro. ''El Señor Lobo de Hierro buscaba resistencia, determinación y fuerza bruta en su Guardia del Lobo y esta banda de guerreros personificaba todas esas cualidades. Gracias a las diversas mejoras cibernéticas y prótesis mecánicas bajo sus servoarmaduras, la ''Guardia de Hierro'' podía luchar a pesar de las heridas más graves. Entretanto, su surtido de armamento de combate cuerpo a cuerpo y décadas de experiencia les hacían iguales a los enemigos más duros. Cargando hacia el corazón de la batalla desde la rampa de salida de su [[Razorback]], Egil y su ''Guardia de Hierro'' eran imparables.
   
Los temores del Señor Lobo de Hierro pronto quedaron infundados, cuando numerosas manadas de Wulfen surgieron desde las ensombrecidas ruinas y cayeron sobre el flanco de los Demonios: desgarrando y rebanando, los salvajes guerreros lograron abrir un camino de destrucción a través de la horda infernal. Algunos fueron arrastrados o cayeron bajo el filo oxidado de armas demoníacas, atravesados, pero el ímpetu de la carga de los Wulfen era imparable. Emitiendo un aullido metálico, el Señor Lobo de Hierro se acercó a los guerreros salvajes, con Helhammer y la Guardia de Hierro luchando con furia tras él. Guardias del Lobo murieron, derramando grandes chorros de sangre y chispas de su armadura mientras los Demonios los atravesaban y descuartizaban, pero finalmente los Lobos Espaciales y los Wulfen se unieron en el corazón mismo de la refriega.[[File:Lobos de Hierro durante el combate en Mydgal2.png|thumb|362x362px]]
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El resto de la Gran Manada de Lobo Hierro está formado por tanques, apoyados por infantería y recursos aéreos. Un par de tanques [[Predator]] lideran esta fuerza de combate. El [[Predator Annihilator]] ''Cazador de hierro'' cargaba sus cañones láseres al combate y estaba especializado en acabar con otros tanques y máquinas de guerra más grande que él. Entretanto, el ''Venganza de hierro'' tenía el patrón de [[Predator Destructor]] que cargaba suficiente potencia de fuego anti-infantería como para destruir escuadras completas en segundos. El [[Vindicator]] llamado ''Ira de Morkai'' ofrecía un apoyo de fuego a estos potentes tanques con su cañón móvil de asedio capaz de acabar con máquinas de guerra enemigas o derribar fortificaciones.
La línea de combate Fenrisiana se había roto en dispersos grupos desparramados a través de las ruinas del santuario. En la retaguardia, los Colmillos Largos de los ''Garras Gélidas'' se deshacían de sus enemigos, aguijoneando a las Bestias de Nurgle como si fuesen grasa hervida y golpeando a los Drones de Plaga, a los que derribaban del cielo. Los dos tanques Predator y el Vindicator de Egil combatían con firmeza, pero todos sufrían daños y estaban al límite de ser sobrepasados. Los cañones láser del ''Cazador de Hierro'' crearon dos agujeros brillantes en un par de [[Aplastadores de Khorne]], haciéndolos caer con un gran estruendo. Segundos más tarde un gran estruendo se produjo cuando los Cañones de Khorne abrieron fuego, con calaveras ardientes estallando a través del Predator y convirtiéndolo en un embarullado y ardiente amasijo. Los ''Lobos Negros'' habían sido aislados, rodeados por más bestias de Nurgle: arrancaron y degollaron con sus espadas-sierra, pero la cantidad de enemigos jugaba en su contra. Primero, un Cazador Gris fue empalado y lanzado al humo por un Drone de Plaga, después muchos más fueron aplastados por correteadoras Bestias de Nurgle, retorciéndose agónicamente mientras sus carnes eran devoradas por jugos gástricos.
 
   
Sabiendo que había completado su misión, y asumiendo que sus Lobos de Hierro serían derrotados si permanecían en medio de semejante infierno, Egil bramó en el vox para la extracción. Apenas había dado la orden cuando un velo de zumbantes insectos engulló al Señor Lobo, a su Guardia de Hierro y a los Wulfen: Egil maldijo mientras moscas hinchadas se arrastraban por su armadura, mordiendo su carne expuesta. Él agitó sus garras de lobo en arcos enérgicos, y con cada barrido machacaba multitud de moscas del aire, golpeando a los Portadores de Plaga que las azuzaban desde atrás. A su alrededor, sus guerreros le imitaron, luchando contra los revoltosos insectos que no eran sino heraldos de algo todavía peor: avanzando a empujones entre las filas de demonios menores apareció Mordokh el Podrido.
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Un antiguo [[Land Raider Cruzado]] de nombre ''Puño de Hierro'' completaba la formación. Esta bestia de combate contaba con una gruesa armadura y la capacidad combativa típica de su clase, junto con una tenacidad legendaria que le había visto superar heridas aparentemente críticas una y otra vez. Tras haberse abierto paso a través de los infames enfrentamientos de Bokk´de y la Pacificación de Cataklysma, ''Puño de Hierro'' había probado su valía. Estos tanques estaban supervisados por el Sacerdote de Hiero Helhammer, y servían como una formación Lanza de Russ.
   
El primer golpeo del Príncipe Demonio arrancó la cabeza de un Wulfen de sus hombros antes de aplastar de la cabeza a los pies a un miembro de la Guardia de Hierro. El segundo golpe atravesó a dos miembros más de la Guardia del Lobo de Egil: una espada oxidada se deslizó por la palma de Mordokh para eviscerar a uno de los guerreros mientras golpeaba con su puño atravesando la cabeza del otro. Con un victimista aullido de ira, Egil hundió sus garras de lobo en el pecho del Príncipe Demonio: filos de energía cortaron carne pútrida, y Mordokh rugió mientras moscas bañadas en pus surgían a través de la herida abierta. El golpe que le devolvió el Demonio alcanzó a Lobo de Hierro en el rostro, rompiéndole la nariz y lanzándole junto a sus hombres con una fuerza punzante. El Señor Lobo gruñó y escupió sangre mientras Mordokh se cernía sobre él con una risita húmeda.
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Esta manada de poderosos cazadores motorizados estaba acompañada por los Cazadores Grises conocidos como ''Lobos Negros'', y por una manada de ''Colmillos Largos ''que se llamaban a mismos ''Garras Gélidas''. Los ''Lobos Negros '' poseían un Razorback armado con un cañón láser y aunque no eran muchos en número tenían mucha experiencia. Con las armas preparadas, estos guerreros veteranos estaban bien versados en apoyar a los blindados Lobos de Hierro y en defenderlos de la infantería hostil que pudiera amenazar a los tanques así como en reclamar objetivos vitales que los blindados no podían alcanzar.
   
En ese momento el aire, lleno de humo, pareció cobrar vida con grandes luces y ruidos: con una orden bramada por Egil, las cañoneras de los Lobos de Hierro desataron todo su arsenal con la horda de los Demonios. Una chirriante salva de cañones láser atravesó la silueta de Mordokh, reventando la monstruosa entidad y convirtiéndola en una zumbante tormenta de moscas. El fuego de los bólteres pesados acribilló la masificación enemiga, alejándolos de los asediados Lobos Espaciales. Los Demonios fueron obligados a retroceder al humo y las llamas que delimitaban el santuario, dando unos valiosísimos instantes a los Lobos de Hierro supervivientes para luchar camino de abordar sus naves de extracción.
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Por comparación, los Colmillos Largos conocidos como ''Garras Gélidas'' sólo tenían una tarea. Su trabajo era conducir a su Razorback hasta una posición de mando desde donde pudiera ofrecer el mejor apoyo a sus camaradas. Allí donde identificaban una amenaza o veían una oportunidad de eliminar un objetivo vital, los ''Garras Gélidas'' tenían autonomía para dispararle. De esa forma el Señór Lobo Hierro confiaba en sus francotiradores para que combatieran como mejor vieran, abriendo agujeros en las filas enemigas o devolviendo asaltos. Desde las Colmenas de Herus hasta el furioso asalto de Dursella, el fuego de estos Colmillos Largos había salvado las vidas del Señor Lobo Hierro y los suyos más de una vez.
   
El coste había sido duro: los Lobos de Hierro habían sufrido grandes bajas antes que sus naves pudiesen descender para rescatarlos. Sin embargo, la misión había sido un éxito, y mientras las Thunderhawks y Stormwolves se encaminaban a los cielos y rugían entre el humo, los Wulfen rescatados yacían a salvo en sus bodegas acorazadas.
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Volando para dar apoyo a sus hermanos se encontraba la ''Cañonera Stormfang Lanza de Hierro.'' Pilotada por Vengr Iceblood, un reconocido as que había derribado más de treinta naves [[Orkos]] durante la lucha por Alaric Prime, su nave realmente se había ganado el nombre. Lanzándose al combate como una jabalina de un dios airado, la ''Lanza de Hierro'' acabó con objetivos de tierra y naves enemigas por igual; incontables enemigos habían quedado reducidos a estatuas heladas o escombros gracias a su letal potencia de fuego.
   
=== Sombras y secretos ===
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<blockquote>"Lucha si debes, hijo de Trolls amantes de Demonios. No te servirá de nada. Nadie sobrevive una vez que los Lobo Hierro le tienen entre sus Mandíbulas."</blockquote>
Cuando los Astrópatas de Nurades gritaron de angustia, los Lobos Espaciales no fueron los únicos en prestar atención a su llamada. También lo hicieron los Ángeles Oscuros, que habían oído igualmente el mensaje de los Astrópatas: para ellos tenía otro significado, y era el aviso de un peligro inminente.
 
   
Los Ángeles Oscuros son un capítulo con muchos secretos. Los Hijos del León están obligados a esconder muchas cosas de los ojos del más amplio Imperium. Tal era la naturaleza del almacenamiento de las irremediablemente contaminadas espadas conocidas como las ''Siete Sombras'': tales reliquias no podían ser encubiertas en [[La Roca]] por miedo a la corrupción que podría extenderse, aunque los propios Caballeros de Calibán habían empuñado alguna vez dichas espadas. El Capítulo tampoco podía desecharlas. En su lugar, los Ángeles Oscuros habían enterrado las ''Siete Sombras'' en bóvedas acorazadas que sólo el sello de un Señor de la Compañía podía abrir, situadas en lo más profundo de las ruinas polares del tranquilo Nurades.
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- Egil Lobo Hierro durante la batalla de las Siete Puertas.
   
Con el paso del tiempo, los agentes de los Ángeles Oscuros habían implantado en el folclore local la idea de que aquellas ruinas estaban malditas. Ésto, además de una guardia detallada y rotativa, anualmente, de cinco exploradores, había sido suficiente para mantener ocultos esos tesoros despreciados. Sin embargo, en el momento que el coro astropático que hay sobre La Roca detectó la llamada de socorro de Nurades, quedó claro que tenían tomar acciones en el asunto: una incursión demoníaca podría atraer el ojo de la Inquisición; no podían correr el riesgo de que el almacenamiento fuese descubierto. Reaccionando con rapidez, El Señor de la Compañía Araphil y la ''Fuerza de Asalto Espada de Lion'' se apresuraron a partir a Nurades, pero llegaron demasiado tarde para salvar a la escuadra de Arhad.
 
   
Los Ángeles Oscuros, sin embargo, no se marcharon de allí con las manos vacías: las hojas contaminadas habían sido recuperadas sin incidentes, y permanecían ahora selladas en ataúdes de adamantium preparadas para poder ser llevadas a algún otro rincón oscuro de la galaxia. El Señor de la Compañía, además, había recuperado un superviviente, que fue transferido al [[Apothecarion]]. Rescatado de entre las ruinas polares, el joven explorador había sido identificado como el Hermano Dolutas: un trío de desgarros profundos surcaba todo su pecho, hecho por garras afiladas y grandes que habían rastrillado con limpieza a través de su armadura y hasta la carne de debajo. Hasta el momento, el explorador aún no había despertado de su recuperador coma.
 
   
Si bien el herido explorador podría explicar poca cosa a los Ángeles Oscuros, el servo-cráneo recuperado por Araphil y sus hermanos podría ser más comunicativo. Tras ser reparado en la medida de lo posible por uno de los más hábiles [[Tecnomarine]]s de La Roca, el macabro dispositivo fue presentado a un pequeño concilio de los más grandes líderes de entre los Ángeles Oscuros: sentados alrededor de una gran mesa de piedra en una cámara de arcos sombría, el Señor del Capítulo [[Azrael]] y algunos de sus hermanos más próximos observaron con rostro pétreo mientras el servo-cráneo mostraba el registro de imágenes fragmentado que había podido salvarse de su bobina de memoria. Pese a que apenas eran unos segundos de metraje, los Señores del [[Círculo Interior]] lo visionaron una y otra vez: se comprometieron a memorizar cada detalle y lo analizaron hasta su más pequeño matiz, para evitar que incluso el más pequeño fragmento de información se perdiese irremediablemente.
 
[[File:Angel Oscuro en Nurades.png|thumb|367x367px]]
 
El registro de imágenes era silencioso, nublado con estática granulada: mostraba al Sargento Arhad y a sus hermanos agazapados en el búnker de Nurades en donde encontraron sus cadáveres. Mientras el registro parpadeaba, mostró a los Exploradores alzándose para lanzar granadas a través de las zonas de visión del búnker, antes de agacharse de nuevo para cubrirse. Extrañas y parpadeantes luces podían vislumbrarse en el exterior de la estructura: las imágenes eran difusas y saltaban cada vez que dichos fuegos brillaban; [[Ezekiel]], Gran Maestro de los [[Bibliotecario]]s, explicó que dicha distorsión era incluso empírica en su naturaleza, una señal clara de actividad demoníaca en el lugar donde se encontraban los Exploradores.
 
   
Fue entonces cuando el registro fue objeto de un cambio perturbador. La imagen se tambaleó, como si el cráneo hubiese girado sobre sus impulsores de pronto, y luego cayó mientras algo lo golpeaba salvajemente desde el aire. Mientras el servo-cráneo rodaba en el suelo hasta finalmente detenerse, sus lentes quebradas continuaron grabando: las piernas de los Exploradores aún eran visibles, reforzando sus posiciones de disparo.
 
   
La luz de un disparo de pistola bólter iluminó la imagen, antes que una enorme, veloz sombra pasase deprisa a través del plano. La sangre se desparramó, manchando todas las paredes del búnker, y la cabeza degollada de un Explorador pasó botando por la imagen antes de salir de ella rodando. De nuevo, la inmensa figura pasó deprisa a través del plano, y fue a éste preciso instante al que el Círculo Interior regresaba una y otra vez: tenían que estar seguros, no podrían actuar basándose en una asunción.
 
   
Tras varias horas, los Ángeles Oscuros allí reunidos estaban seguros más allá de cualquier duda razonable, pero la importancia de la revelación recaía duramente sobre ellos: ralentizada hasta una tasa ridícula de fotogramas por segundo y limpiada digitalmente para tener más claridad, la figura mostrada podía ser vista como algo enorme y bestial, que portaba una especie de imitación de lo que podríamos denominar un Marine Espacial. Una visión más cercana reveló una marca identificativa sobre el hombro de la figura - borrosa por el movimiento y medianamente oculta por los chorros emanados de sangre - captada justo en un segundo crucial en el que el fuego de un disparo de pistola bólter la iluminó: era la cabeza de un lobo Fenrisiano, dispuesta sobre un arañado y difuso campo de gris metalizado, semejante al de una pistola. Los señores reunidos se miraron entre sí desde debajo de sus pesadas capuchas, sus silenciosas miradas cargadas de una especial relevancia.
 
   
Algo increíble había ocurrido en Nurades, y parecía que los Lobos de Fenris estaban involucrados. Los Ángeles Oscuros no podían actuar sin más información: su antipatía con los Hijos de Russ estaba muy bien documentada, pero ellos no podían - no deberían - sospechar de tal hecho sin más pruebas aportadas. Así lo decretó Azrael, y así comenzó la búsqueda de la verdad por parte de los Ángeles Oscuros.
 
   
[[Relato Oficial Ángeles Oscuros: Sombras y secretos|''Relato Oficial: Sombras y secretos'']].
 
   
== Capítulo 2: Precursores de la fatalidad ==
 
{{Citación|Citación = Entre el aire marchitado, contaminados por el lodo, los Lobos de Hierro combatieron a los Demonios, y aunque la carne se pudría y las armaduras se emohecían, no se dio ningún paso hacia atrás.|Atribuida a = Extracto de la Saga de los Perdidos}}[[File:Logan Grimnar-1.jpg|none|thumb|220x220px]]
 
   
=== Revelaciones sombrías ===
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=== El infierno inferior ===
En el despertar de Nurades, unas misteriosas tormentas disformes habían aparecido a lo largo y ancho del Imperio. Aunque escasamente sembradas a través de la vastedad de la galaxia, el extraño fenómeno se dispersó de tal forma que tocó todos los [[segmentum]]. Otros además de los Lobos Espaciales habían prestado atención al emerger de las tormentas, y ahora incluso se movían para investigarlas.
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Desafiando las energías arremolinadas y la luz sucia de la tormenta disforme, los Lobo Hierro se acercaron a la órbita de Mydgal Alpha. Embarcado en su nave blindada, los guerreros de Egil Lobo Hierro siguieron el trazo de los Wulfen por la atmósfera del planeta hacia la super-colmena de Irkalla.
   
[[Titán (luna)|Titán]], el centinela silente. Hogar de las hermandades cazadoras de Demonios de los [[Caballeros Grises]], y guardián secreto de la propia [[Terra]]. Tras los muros acorazados y los elevados bastiones de su ciudadela, los Caballeros Grises mantenían la vigilia ante la amenaza del Caos. Desde aquí, además, se coordinaron en su guerra secreta contra los Poderes Ruinosos, y enviaron a sus hermandades guerreras a derribar al Demonio donde quiera que éste asomase su cabeza.
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Mientras su nave se acercaba a las brillantes torres de Irkalla, Egil Lobo Hierro estudió la información disponible sobre este extraño mundo. Bajo su nave se veía una gruesa nube de humo negro y gris. Un océano de bruma y ceniza que cubría todo el globo. Durante milenios este mundo había servido como fuente de material industrial para los ejércitos del Imperio, procesando enormes cantidades de [[prometio]]. Sin embargo, siglos atrás. los residuos químicos acumulados bajo la corteza del planeta se habían incendiado. Una vez empezados, los fuegos fueron imparables y seguían ardiendo bajo la superficie, cubriendo todo el planeta con una gruesa capa de polución.
   
Los Caballeros Grises poseían sus propios medios bien afinados para monitorizar actividades infernales a través del Imperio. Este era el [[Augurium (Caballeros Grises)|Augurium]], una cámara ubicada en lo alto del Pináculo de Plata dentro de la cual los hermanos conocidos como los Prognosticars examinaban las tendencias de la profecía desde las superficies de espejos cristalinos. La Ciudadela de Titán contenía otros secretos antiguos y extrañas maquinarias, y fue uno de esos dispositivos, el Speculum Infernus, el que despertó a la vida precisamente cuando la primera de las extrañas tormentas disformes rugió al entrar en contacto con los alrededores de Nurades. Cuando tormentas más lejanas aún surgieron, el dispositivo terminó de activarse al fin en su totalidad: engranajes arcaicos sisearon y giraron; esferas de latón, trabajadas con delicadeza, dieron vueltas alrededor las unas de las otras sobre armaduras plateadas, con halos resplandecientes de luz saltando entre ellas. Gárgolas doradas, que hacía tiempo se pensaba eran meramente decorativas, abrieron sus bocas y lanzaron al aire infinidad de papeles con datos agrupados, llenos de densos sellos arcanos. El enorme Speculum Infernus se estremeció y emitió vapor, siendo contemplado con asombro por los expertos en datos contratados por los Caballeros Grises.
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Esta catástrofe había reducido la superficie a un reino infernal de pozos de llamas y ríos químicos. El [[Administratum]] nunca destacó por malgastar planetas útiles así que reclasificó Mydgal Alpha como mundo colmena y usó las factorías y refinerías para construir una enorme super-colmena en la última zona de tierra viable del planeta. Esa era Irkalla, y su creación había sido un éxito. Ahora, sin embargo, la colmena se enfrentaba a peligros que nadie había conocido antes.
   
Los guerreros de Titán fueron rápidos a la hora de descifrar el aviso del dispositivo, y sus ojos se abrieron completamente, en shock, dada la importancia del mismo: imprimiéndose en sellos y sobre brillantes holoimágenes, la máquina mostró el patrón formado por las extrañas tormentas disformes, e incluso predijo aquellas que aún no se habían manifestado. Los Prognosticars fueron reunidos para cerciorarse de la procedencia santificada del mensaje utilizando cualquier medio a su disposición: asegurada ya que la advertencia del Speculum no era ninguna artimaña demoníaca, los Caballeros Grises no perdieron tiempo para ponerse a actuar al respecto.
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Juzgando por los saludos patéticamente esperanzados procedentes de las torres, la gente de Irkalla creía que los Lobos Espaciales estaban allí para salvarlos. Los Lobo Hierro callaron e hicieron gestos de protección contra el mal mientras las voces hablaban de una terrible plaga, enjambres de insectos y enfermedades antinaturales que habían surgido de la parte inferior de la colmena cuando llegó la tormenta disforme. La luz del sol se había "vuelto mala" dijeron, cambiando de color y causando que el óxido y la putrefacción se extendieran allí donde tocaba. Abundaban los malos presagios y antes de que cerraran sus portales a los niveles inferiores habían recibido ataques de seres ultraterrenos.
   
Un número nunca visto antes de hermandades se encaminaron a Titán, movilizándose a bordo de enormes naves de guerra de laterales plateados y determinadas a desterrar a los Demonios surgidos de las recientes tormentas. Los templarios de Titán pronto encontraron que los designios de la Disformidad les iban a ser adversos de forma salvaje. Descargas iracundas martillearon las naves de los Caballeros Grises desde el momento en el que emprendieron su viaje, con el [[Inmaterium]] azotándolos con malicia: podría no ser una coincidencia. El Crucero de Asalto ''Luz Gloriosa'' fue engullido por las mareas de la Disformidad una vez murió su [[Navegante]] entre gritos de terror. El Navío de Ataque Rápido ''Ira Santificada'' fue abrumado, en un baño de sangre surgido de una pesadilla, cuando sus [[Campo Geller|campos Geller]] fallaron inexplicablemente. Varias de entre las otras naves fueron forzadas a salir de la Disformidad, realizando traslaciones de emergencia que les dejaron a la deriva mientras realizaban las pertinentes reparaciones, y muchos combates se desarrollaron para erradicar las presencias inmundas que infestaban sus cubiertas. [[File:Stern y sus Caballeros Grises.png|none|thumb|291x291px]]
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[[File:Lobos de Hierro en Lanza de Russ.png|thumb|328x328px]]
Contra toda adversidad los Caballeros Grises contraatacaron. Guiados por el Speculum Infernus y apoyándose en su fuerza psíquica, muchas hermandades alcanzaron sus destinos y pronto entablaron combates con sus enemigos demoníacos. En Hades Reach, la Cuarta Hermandad se teletransportó al interior de un huracán de llamaradas vivientes, para encontrar el combate contra tres impetuosos [[Devoradores de Almas]] y sus secuaces. Durante dos días y dos noches, los Caballeros Grises combatieron a sus monstruosos enemigos mientras que los lagos de fuegos vivientes, siempre oscilantes, bailaban a su alrededor. Pero, al final, el [[Hermano-Capitán (Caballeros Grises)|Hermano-Capitán]] Grud y sus guerreros consiguieron la victoria, derrotando a sus enemigos pese a las numerosas bajas.
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Egil Lobo Hierro no perdió el tiempo. El Sacerdote de Hierro Helhammer informó que el rastro provenía de las profundidades de Irkalla, y si la ciudad estaba tomada por enfermedades no había mucho que los Lobos Espaciales pudieran hacer. Tal vez la Inquisición pudiera ayudar a estas gentes, aunque los Lobos Espaciales desconfiaban de la posible ayuda de la Inquisición, pero afortunadamente los Lobo Hierro y los Wulfen ya se habrían ido cuando llegaran. Ordenando a sus seguidores que ignoraran los gritos de la población maldita de Irkalla, el Señor Lobo Hierro hizo que sus tres fuerzas descendieran bajo el humo. Los esquemas actualizados mostraban que el recubrimiento de metal de la colmena estaba roto en los niveles inferiores, mezclándose libremente con los desechos contaminados. Allí conseguirían acceso rápido a la ciudad.
   
En Fimnir los enormes tanques de la Primera Hermandad entraron en combate, derribando todo a su paso a través de las estructuras de las plataformas mineras del gigante gaseoso, con su rastro revuelto. Los Demonios surgían de todas las direcciones para enfrentarse a ellos: los Aplastadores de Almas atravesaban cascos benditos de vehículos con sus garras de hierro mientras Desangradores y Diablillas se batían en duelo con los Caballeros Grises entre la oscuridad del Vacío. El Hermano-Capitán Pelennas derrotó personalmente a la [[Gran Inmundicia de Nurgle|Gran Inmundicia]] Bol´Groblort, dirigiendo su espada de hoja plateada directa al corazón hinchado de la abominación, atravesándolo. Nada en el planeta sobrevivió a la ira de los guerreros de Pelennas: ni los Demonios, ni las plataformas mineras, ni siquiera los cuerpos asolados por la plaga y revividos como restos cadavéricos de los clanes de mineros del planeta. Todo fue reducido igualmente a cenizas.
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Irkalla era tan enorme que a la nave de Fenris le tomó un buen rato descender hasta su base a través del humo. Los motores trabajaron mientras la ceniza obstruía tomas y turbinas y los pilotos se vieron forzados a volar usando sus instrumentos mientras la visibilidad de se reducía a cero. Los Lobos Espaciales observaron en silencio a través de las mirillas de la cañonera como una tonalidad rojiza que se intensificaba conforme descendían hacia su punto de destino cubría las nubes. Los himnos de colisión resonaron y los pilotos lucharon con sus controles para aterrizar en las ruinas esqueléticas que se alzaban en la oscuridad. Diversas cañoneras golpearon los escombros y los puentes ennegrecidos por el humo. Afortunadamente, las naves del [[Adeptus Astartes]] estaban construidas para soportar un castigo increíble y no recibieron grandes daños.
   
Y así continuaron los Caballeros Grises, purgando Emberghul e incluso Nurades con fuego sagrado. Pero allá donde acudieron, encontraron rastro de firmas de energía, ecos psíquicos y signos de batalla: otros habían estado ya en cada uno de aquellos mundos antes que los Caballeros Grises. Otros habían combatido a los Demonios y, por alguna razón, habían dejado el planeta obligados, antes de concluir la lucha.
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Por último, con una serie de golpes discordantes, los Lobo Hierro lograron aterrizar. Los guerreros de ''Caza de Hierro'' surgieron de sus cañoneras frunciendo el ceño al ver el entorno iluminado por el fuego mientras los tanques que les acompañaban descendían de las rampas de aterrizaje de las [[Thunderhawk]]. Antaño la colmena se había extendido por todo el área, pero los hundimientos constantes y las atenciones hambrientas de las llamas habían causado que la arquitectura se colapsara. Se abrían abismos entre los huesos enredados de los antiguos pasadizos y las llamas ondulaban en las profundidades. Burbujeantes lagos de alquitrán parpadeaban con fuegos extraños que hubieran matado a un humano normal en segundos. Era uno de los ambientes más hostiles que Egil Lobo Hierro hubiera visto, pero el rastro del augur era fuerte y claro, indicando unos pocos kilómetros al oeste. Los Lobo Hierro avanzaron con las armas preparadas a través de la oxidada piel de Irkalla hacia la infernal colmena inferior.
   
Por último, el Hermano-Capitán Stern acudió a Mydgal Alpha, aterrizando escasos días después de que los Lobos de Hierro hubiesen partido de allí. Encontrando la Colmena Irkalla completamente dominada por las plagas demoníacas, Stern lideró un teletransporte de asalto a las profundidades de la Colmena Baja Irkallana: esperaba poder derrotar al Archi-Demonio que hubiese traído éste horror.
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Las dos fuerzas de flanqueo de Egil, los ''Garras Dentadas ''y los ''Destructores Pellejo de Acero'', fueron los primeros en contactar con el enemigo. Los disparos sonaron distantes a través de la oscuridad, mezclándose con el sonido de fondo de las llamas y las sacudidas del suelo bajo los Lobo Hierro. Tan pronto como percibieron esos signos de batalla la compañía ''Caza de Hierro'' encontró sus propios problemas.
   
Pero aunque había dejado su pista psíquica restregada por todas las superficies, el Príncipe Demonio Mordokh hacía mucho que ya no estaba allí, y lo que Stern encontró fue aún más perturbador: yaciendo bajo los podridos restos de un campo de batalla de una semana de antigüedad, medio enterrado bajo los fétidos restos de cientos de Demonios caídos, había un extraño y bestial cuerpo. La carne de la criatura se estaba pudriendo, con su forma distorsionada por algún tipo de extraña mutación de gigantismo. Pero la insignia de su armadura picada era inconfundible.
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Los primeros Demonios surgieron en grupos pequeños entre el humo con los ojos enrojecidos por los humos y la carne rancia arrugada por el calor. Los ''Lobos Negros'' les dispararon, acabando con ellos con el fuego de precisión. Pero mientras los Lobo Hierro avanzaban el terreno se hacía más denso y los grupos de Demonios más numerosos.
   
Declarando Mydgal Alpha como un planeta Perditum Extremis, Stern regresó a su nave y ordenó a sus Astrópatas el determinar - por cualquier medio, sin importar lo horrible o costoso que fuese - el actual paradero de Logan Grimnar.
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[[File:Lobos de Hierro durante el combate en Mydgal.png|left|thumb|367x367px]]
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El Vindicator ''Ira de Morkai'' se abrió paso a través de un muro derrumbado para encontrarse rodeado por Desangradores susurrantes. Sólo al dar marcha atrás y disparar a bocajarro para obliterar a las criaturas infernales logró evitar que se convirtiera en chatarra. ''Puño de Hierro'' se movió sobre una masa tambaleante de Portadores de Plaga con sus bólteres huracán ardiendo, para acabar sumido en una masa de alquitrán líquido. Los repugnantes Demonios rodearon el tanque intentando hundirlo más en el pantano. La Cañonera Stormfang ''Lanza de Hierro'' voló bajo y su atrevido piloto zigzagueó sobre los Portadores de Plaga disparando su bólter pesado. Los cuerpos putrefactos explotaron como sacos de carne y, con un poderoso rugido , el ''Puño de hierro'' logró salir del lodo.
   
El Hermano-Capitán Stern tendría unas palabras con el Gran Lobo, e iba a obtener respuestas...[[File:Caballeros Grises exterminando Demonios.png|none|thumb|294x294px]]
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Los tanques de Egil Lobo Hierro se abrieron paso a través de las ruinas y los restos esqueléticos de una capilla. Ondulantes nubes de moscas demoníacas se arremolinaron alrededor de los vehículos de los Lobos Espaciales y a través de ellas llegó la mayor horda demoníaca que habían encontrado ese día los Lobo Hierro. Los Portadores de Plaga y Desangradores presionaron a los Lobo Hierro junto con los [[Drones de Plaga]] y las enormes [[Bestias de Nurgle]]. Detrás de ellos venían de una batería retumbante de [[Cañones de Cráneos de Khorne]] cuyas mandíbulas babeaban fuego. Oscurecida por la gruesa capa de insectos se ocultaba algo enorme; un [[Príncipe Demonio]] bendito con los dondes de [[Nurgle]]. Este Demonio horrendo era Mordokh el Podrido, el responsable de las miserias de Irkalla y una plaga viviente para los mundos de los hombres. Bajo su yelmo oxidado, el rostro del Príncipe Demonio se dividía en una sonrisa podrida mientras levantaba su espada desafiando a los Lobos Espaciales.
   
=== Las brumas de Tranquilitus ===
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La ''Caza de Hierro'' avanzó hacia el combate con Egil y su Guardia de Hierro cargando en cabeza y destrozando cráneos de Demonios con cada balanceo de sus armas. Tras ellos las armas pesadas rugieron cuando los Colmillos Largos, los Cazadores Grises y los tanques abrieron fuego. Conforme las explosiones estallaban entre los Demonios y los rayos de luz color rubí les atravesaban el Señor Lobo Hierro y el Sacerdote de Hierro Helhammer se abrieron pasos hacia las profundidades de las filas enemigas. El augur del Sacerdote de Hierro insistía en que estaban sobre los Wulfen, y el ceño fruncido de Egil se hizo cada vez más profundo mientras pensó que tal vez estaban luchando para vengar a sus hermanos perdidos y no para rescatarles.
Siguiendo el rastro de sus hermanos perdidos, los [[Aulladores de Fuego]] de [[Sven Aullador]] atravesaron el Empíreo y lo abandonaron directamente sobre el fantasmal mundo de Tranquilitus: la Tormenta Disforme que había guiado aquí a la Gran Compañía se había dispersado, pero otros peligros les esperaban sobre el mundo embrujado...
 
   
Volviendo con estruendo al espacio real sobre Tranquilitus, los Aulladores de Fuego se dispusieron directamente preparados para el combate. Las informaciones sugerían que éste era un mundo extraño y peligroso, un fino punto en la realidad en donde alguna y terrible conciencia gobernaba. Era un planeta fantasma de asentamientos vacíos, cuyos habitantes se habían esfumado entre las brumas siempre presentes de Tranquilitus. El Señor Lobo Sven Aullador no quería correr ningún riesgo con un lugar así.
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Los miedos del Señor Lobo Hierro demostraron ser falsos cuando varias manadas de Wulfen surgieron de las ruinas y cayeron sobre el flanco de los Demonios. Los salvajes guerreros se abrieron un camino de destrucción rajando y sajando a la horda infernal. Algunos fueron arrastrados y decapitados por los filos oxidados pero el ímpetu de la carga Wulfen era imparable. Dejando escapar un aullido mecánico, el Señor Lobo Hierro se movió hacia los guerreros salvajes, mientras Helhammer y la Guardia de Hierro luchaban furiosamente a su espalda. Los Guardias del Lobo cayeron con la armadura destrozada por culpa de los Demonios, pero finalmente los Lobos Espaciales y los Wulfen se reunieron en el centro del combate.
   
Mientras las naves de los Lobos Espaciales barrían el espacio que les separaba hacia el planeta, una aeronave de considerable tamaño entró en su visibilidad a través de los jirones de la moribunda Tormenta Disforme: los servidores al timón la identificaron como el Crucero de Asalto de los Ángeles Oscuros ''Juramento de Silencio''. Momentos más tarde, el garante principal del sistema de vox maestro confirmó el contacto. El Capitán del ''Juramento'' les advirtió que la fuerza de los Ángeles Oscuros ya había sido desplegada sobre Tranquilitus y estaba manejando una operativa compleja: la presencia de los Lobos Espaciales no era ni bienvenida ni requerida.
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[[File:Lobos de Hierro durante el combate en Mydgal2.png|thumb|362x362px]]
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La línea de batalla de Fenris se había dividido en bandas separadas y se había repartido por el santuario en ruinas. En la retaguardia, los Colmillos Largos de los ''Garras Gélidas'' acabaron con unas Bestias de Nurgle y abatieron Drones de Plaga del techo. Los dos Predators y el Vindicator de Egil estaban combatiendo duramente pero habían recibido mucho castigo y estaban al límite de su resistencia. Los cañones láser del ''Cazador de Hierro'' abrieron agujeros ardientes en un par de [[Aplastadores de Khorne]], enviándolos al suelo. Segundos después se escuchó un rugido monumental cuando los Cañones de Cráneos de Khorne abrieron fuego y los cráneos llameantes explotaron sobre el Predator dejándolo convertido en escombros ardientes. Los ''Lobos Negros'' habían quedado rodeados por más criaturas de Nurgle. Cortaron y segaron con sus espadas sierras pero la cantidad de enegmios jugaba en su contra. Primero, uno de los Cazadores Grises fue empalado y arrastrado por un Dron de Plaga, luego varios más fueron aplastados por las Bestias de Nurgle, gritando de agonía mientras su carne era devorada por los jugos ácidos.
   
Bufando con sorna, el Señor Aullador envió una breve y originalmente ofensiva respuesta. Tras ello ordenó a la Fuerza de Asalto ''Espada de Saga'' que se movilizara para combatir: Sven estaba aquí para completar su búsqueda. Había olido una oportunidad para añadir dicha búsqueda a las sagas que tenía tatuadas sobre su piel. En sus propias palabras podría ser condenado a los siete infiernos si iba a permitir a los avinagrados susurradores de cánticos de [[Lion El'Jonson|El´Johnson]] quitarle su trofeo.
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Sabiendo que había completado su tarea y dándose cuenta de que sus Lobo Hierro serían superados si se quedaban en ese infierno, Egil ordenó la extracción. Justo tras dar la orden un sudario de insectos zumbantes se tragó al Señor Lobo, a la Guardia de Hierro y a los Wulfen. Egil maldijo mientras las moscas cubrían su armadura y mordían su carne expuesta. Agitó sus garras de lobo en arcos enérgicos chafando masas de moscas en el aire y cortando a los Portadores de Plaga que se ocultaban tras ellas. A su alrededor sus guerreros hacían lo mismo, luchando a pesar de los insectos que anunciaban algo peor. Avanzando entre las filas de Demonios menores se acercaba Mordokh el Podrido.
   
Sabiendo que los superaban en armamento de forma descorazonadora, los Ángeles Oscuros retiraron su nave, no sin antes lanzar una ominosa última advertencia para que los Lobos se retirasen también. Al mismo tiempo, los Lobos Espaciales detectaron un breve aumento fluctuante de la cantidad de mensajes de vox entre el Juramento de Silencio y sus fuerzas en el planeta cercano. Tranquilitus era difícil de rastrear con grado alguno de exactitud, pues las brumas del planeta emitían extraños y dudosos síntomas de vida. El Señor Aullador, así, eligió desplegarse cerca de las coordenadas de los mensajes de vox crecientes: los Ángeles Oscuros no se habían distribuido al azar, razonó. Si se estaban acercando a los Wulfen, entonces los Aulladores de Fuego necesitarían que actuar con rapidez.
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El primer golpe del Príncipe Demonio arrancó la cabeza de un Wulfen antes de romper la cabeza de uno de la Guardia de Hierro. Su segundo golpe atravesó a dos más de la Guardia del Lobo de Egil, una cuchilla oxidada se deslizó desde la palma de Mordokh para destripar a un guerrero y atravesar el cráneo de otro. Con un aullido inarticulado de rabia, Egil hundió sus garras de lobo en el pecho del Príncipe Demonio. El filo de energía se abrió paso entre la carne rancia y Mordokh rugió cuando surgieron moscas de pus de la herida. Un puñetazo del Demonio golpeó al Señor Lobo Hierro en el rostro rompiéndole la nariz y lanzándole contra sus hombres con fuerza devastadora. El Señor Lobo gruñó y escupió sangre mientras Mordokh se cernía sobre él con una sonrisa húmeda y desagradable.
   
Encaminándose a los muelles de embarque, el Señor Aullador dio la orden de que solamente él y las manadas seleccionadas para la Fuerza de Asalto ''Espada de Saga'' serían quienes se desplegasen. Ésta iba a ser una expedición sostenida por la rapidez - sin [[Cápsulas de Desembarco]], ni nada que fuese más lento que un [[propulsor de salto]] sobre el terreno: la esencia era la velocidad, y Sven quería a su Fuerza dispuesta y preparada para la extracción una vez sus hermanos fuesen recuperados.
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En ese momento el aire lleno de humo cobró vida con una luz rugiente. Siguiendo una orden a gritos de Egil las cañoneras de los Lobo Hierro soltaron una descarga de fuego contra la horda de Demonios. Una salva de fuego de cañón láser atravesó la forma putrefacta de Mordokh, convirtiendo a la monstruosa entidad en una tormenta zumbante de moscas. El fuego bólter pesado acribilló a las masas de enemigos, alejándolos de los asediados Lobos Espaciales. Los Demonios regresaron al humo y las llamas más allá de la capilla dando unos instantes preciosos a los Lobo Hierro supervivientes para subir a bordo de su nave de extracción.
   
Minutos más tarde, un par de Thunderhawks fenrisianas descendieron a través de las brumas hacia la superficie de Tranquilitus. Aterrizaron sobre césped húmedo, con las nieblas alejándose como torbellinos debido a su descenso, revelando árboles de troncos nudosos y un lago cuya superficie parecía ser de cristales negros. Mientras los Lobos Espaciales descendían por las rampas con estruendo y las Thunderhawks volaban de manera atronadora de nuevo hacia los cielos, la niebla bajó sobre ellos. De repente, la visibilidad se redujo a unos pocos metros, mientras pegajosos, antinaturales vapores ensordecían los auspexes e incluso los agudizados sentidos de los Hijos de Russ. Los habitualmente bulliciosos Garras del Cielo de Sven permanecían en silencio y vigilantes: percibían algo antinatural acerca de éste lugar, una difusa sensación de estar siendo vigilados y cazados que habría reducido a alguien que no fuese un Marine Espacial a una parálisis aterradora.
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El coste había sido elevado. Los Lobo Hierro habían sufrido graves bajas antes de ser rescatados. Sin embargo la misión había sido un éxito y las Thunderhawks y las Stormwolves giraron sus proas hacia el cielo y se alejaron a través del humo con los Wulfen rescatados a salvo en su interior blindado .
   
En los Lobos Espaciales, sólo aumentó sus instintos combativos. Garras del Cielo, Garras Veloces, Land Speeders y la Guardia del Lobo propulsada de Sven - los ''Guardia Sangrienta'' - hicieron todos los esfuerzos posibles para mantenerse unidos entre la niebla. Avanzaron con la mayor velocidad que les era posible, siguiendo sus auspexes a través de zonas repletas de árboles reducidos a meras sombras, sobre colinas rocosas y a través de ciudades fantasma abandonadas. Y siempre la bruma les acompañaba y rodeaba, llena de movimientos medio perceptibles y esa opresiva sensación de estar siendo vigilados.
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=== Sombras y secretos ===
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Cuando los [[Astrópatas]] de Nurades gritaron de agonía, los Lobos Espaciales no fueron los únicos en sentir su llamada. Los [[Ángeles Oscuros]] también habían escuchado el mensaje de los Astrópatas. Pero para ellos tenía un significado completamente diferente, una advertencia de alarma.
   
Todo permanecía en calma, hasta que los sonidos de disparos y el aumento de los aullidos se escuchó a través de las nubes que, hechas jirones, los precedían.[[File:Combate en Tranquilitus.jpg|none|thumb|323x323px]]
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Los Ángeles Oscuros son un capítulo con muchos secretos. Los Hijos de Lion están obligados a ocultar muchas cosas de los ojos del Imperio. Ese era el caso de las espadas corruptas conocidas como las Siete Sombras. Estas reliquias no se podían esconder en [[La Roca]] por miedo a que su corrupción se expandiera, pero en su día los Caballeros de Caliban las habían esgrimido y el Capítulo no podía desecharlas. Los Ángeles Oscuros habían enterrado las Siete Sombras en bóvedas protegidas que sólo el sello de un [[Señor de la Compañía]] podía abrir, a gran profundidad bajo las ruinas polares de Nurades.
Los aullidos distantes alcanzaron a los Lobos Espaciales en algún nivel instintivo. Los Aulladores de Fuego sabían que eran los Wulfen quienes los llamaban, y elevaron en respuesta su propio aullido mientras avanzaban unidos como uno solo: entre la densa niebla, el avance de los Lobos Espaciales se fragmentó rápidamente. Mientras avanzaban por valles rocosos y arbolados persistentes, los Aulladores de Fuego enfrentaban ahora un constante ataque demoníaco: Bestias de Nurgle baboseantes surgían de entre los árboles para golpear y sacudir; Demonios de Tzeentch encendieron las brumas con llamas iridiscentes, con sus bizarros cacareos de júbilo resonando desde todas partes a la vez. Los Lobos Espaciales segaron y apuñalaron con fuerza furiosa, destruyendo todo aquel impedimento a su avance.
 
   
También los Ángeles Oscuros comenzaron a aparecer entre las brumas. Escuadrones de motoristas del Ala de Cuervo se precipitaron a través de la línea de avance de los Lobos Espaciales: los Ángeles Oscuros estaban trabados en un combate a la carrera contra las errabundas manadas de Demonios, pero su fuego silbó peligrosamente cerca de los guerreros de Fenris. Los Garras del Cielo maldijeron cuando un [[Mortaja del Ala de Cuervo]] les sobrevoló por encima a escasísima distancia, cubriéndolos en una sombra desorientadora.
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Con el tiempo, los agentes de los Ángeles Oscuros habían sembrado en el folclore local la leyenda de que esas ruinas estaban malditas. Esto, junto con una guardia de cinco Exploradores, había sido suficiente para mantener escondidos esos tesoros. Sin embargo, en el momento en que el coro astropático de la Roca detectó la llamada de socorro de Nurades, estaba claro que había que tomar medidas. Una incursión demoníaca atraería la atención de la Inquisición. Y no podían correr ese riesgo. El Señor de la Compañía Araphil y la ''Fuerza de Asalto Espada de Lion'' respondieron rápidamente dirigiéndose a Nurades, pero llegaron demasiado tarde para salvar a la escuadra Arhad.
   
Los Aulladores de Fuego insistieron en su ataque, con el suelo en lenta pendiente descendiente en una ladera bajo sus ardientes ruedas y pesadas botas: Sven lideró la carga, asegurando la ladera en grandes saltos y golpeando a los Demonios allá donde aterrizaba. El siguiente salto del Señor Lobo le dejó en la parte inferior de la pendiente, sobre un saliente rocoso, aún a la vista de su Guardia del Lobo. Justo cuando aterrizaba, un par de Land Speeders surcaron el cielo encima suya: apenas unas sombras en la oscuridad, era imposible ver a quién pertenecían. Los carros demoníacos escupe-fuegos que los acosaban eran, sin embargo, claramente visibles. Una de las aeronaves de los Marines Espaciales se tambaleó desde el cielo, dando vueltas hacia las brumas para explotar a continuación con un ruido sordo que sonó distante. Sven Aullador sólo pudo gruñir, indicando a su Guardia del Lobo que lo siguiesen mientras volvía a impulsarse al cielo.
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Sin embargo, los Ángeles Oscuros no se fueron con las manos vacías. Las espadas corruptas habían sido recuperadas sin incidentes, y ahora estaban encerradas en ataúdes adamantinos, listas para ser transportadas a algún otro rincón oscuro de la galaxia. El Señor de la Compañía también había recuperado un superviviente, que fue trasladado de inmediato al [[Apothecarion]]. El joven Explorador recuperado entre las ruinas polares había sido identificado como el hermano Dolutas. Un trío de garrazos profundos recorría su pecho, hecho por largas garras que habían abierto en canal su armadura y la piel que ésta protegía. Hasta el momento, el Explorador no se había recuperado del coma.
   
Lejos, en el flanco derecho de los Lobos Espaciales, los Motoristas Garras Veloces conocidos como los ''Jinetes de Aullador'', se precipitaron hacia abajo en un empinado barranco con una bravuconería demente, combatiendo a la carrera una batalla contra una Gran Cabalgata de Slaanesh. Los Lobos Espaciales se unieron entre frente a las lanzas giratorias de los carruajes de Slaanesh, lanzando hábilmente [[Granada perforante|granadas perforantes]] para que hicieran su trabajo: una serie de explosiones resonaron por el desfiladero mientras los carruajes explotaban en una lluvia de metralla brillante, cortando innumerables [[Rastreadoras de Slaanesh|Rastreadoras]] demoníacas en pedazos. A la refriega llegaron con estruendo los [[Caballeros Negros del Ala de Cuervo]], saltando con sus motos a la cabeza del enfrentamiento e irrumpiendo entre sus rivales, pertenecientes a los Garras Veloces: no se desenvainaron espadas ni se dispararon las armas de fuego, pero durante unos instantes los Lobos Espaciales se frenaron y dieron la vuelta, contusionados y maldiciendo. Los Ángeles Oscuros rugieron en sus monturas, despedazando a las Rastreadoras restantes con sus disparos mientras continuaban su avance.
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Si el superviviente herido poco podía decir a los Ángeles Oscuros, el [[servocráneo]] recuperado por Araphil y sus hermanos era más útil. Después de ser reparado lo mejor posible por un [[Tecnomarine]] experto de la Roca, el dispositivo fue presentado ante un consejo cerrado de los más principales líderes de los Ángeles Oscuros. Sentados alrededor de una gran mesa de piedra en una cámara sombría, el [[Señor del Capítulo]] [[Azrael]] y sus hermanos más cercanos observaban impasibles como el servocráneo reproducía las imágenes irregulares en su memoria. A pesar de que no eran más que unos instantes de material, los maestres del [[Círculo Interior]] lo miraron una y otra vez. Memorizaron y analizaron hasta el último detalle para evitar perder el más mínimo matiz o fragmento de información.
   
El grito de los Wulfen volvió a alzarse, y Sven Aullador luchó con toda la fiereza posible al darse cuenta de cuán cerca estaban de ellos. Viendo que la ''Guardia Sangrienta'' y los Garras del Cielo conocidos como los ''Portadores de Tormentas'' estaban luchando muy cerca de él, Sven decidió que era el tiempo de luchar por la gloria final. Gritando casi entre ladridos una cadena de órdenes, el Señor Lobo tatuado organizó de nuevo a sus guerreros y lideró otro gran salto hacia las brumas. [[File:Combate en Tranquilitus2.jpg|none|thumb|294x294px]]
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[[File:Angel Oscuro en Nurades.png|left|thumb|367x367px]]
Mientras los Aulladores de Fuego volaban, una forma oscura muy grande disparó a baja altura sobre sus cabezas. Los Lobos Espaciales tuvieron una fugaz impresión de unas alas oscuras, inclinadas hacia delante, y unos ardientes turborreactores, y de pronto la aeronave desapareció. Sven y sus guerreros saltaron a través de terreno mohoso y blando, iniciando una persecución a lo que seguramente era una aeronave de ataque de los Ángeles Oscuros.
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Las imágenes carecían de sonido a excepción de un ruido de estática. Mostraban al Sargento Arhad y sus hermanos agachados dentro del búnker de Nurades donde se habían encontrado sus cuerpos. Cuando la imagen cambió mostró a los Exploradores alzándose para disparar a través de las aspilleras del búnker antes de volver a agacharse. Se veía una luz parpadeante extraña en el exterior de la estructura. La imagen se deformaba cada vez que la luz ardía y [[Ezekiel]], Gran Maestro de los [[bibliotecarios]] explicó casi con certeza que esa distorsión tenía origen en el Empíreo, un signo seguro de actividad demoníaca en la posición de los Exploradores.
   
De pronto, como sugerido por algún tipo de orden mental, las brumas se abrieron: Sven y sus seguidores vieron a dos manadas de Wulfen delante de ellos. Los guerreros salvajes estaban arrasando las cercanías de otro lago, asolando una horda de Diablillas y Horrores que se pasaban por encima entre sí para atacarlos. Sven sintió cómo bullía la sangre en sus venas y cargó en su ayuda, con sus guerreros yendo justo tras él. Pero, sin embargo, antes que los Aulladores de Fuego pudiesen llegar al combate, los Ángeles Oscuros atacaron.
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Entonces las imágenes dieron un giro inquietante. La imagen se tambaleó, como si el cráneo hubiera girado de repente sobre sus impulsores, y cayó como si algo lo hubiera golpeado salvajemente en el aire. Mientras el servocráneo se detenía, su lente agrietada continuó grabando. Las piernas de los Exploradores aún eran visibles, situadas en posiciones de tiro.
   
La forma oscura los sobrevoló de nuevo, ahora revelándose como un [[Espolón del Ala de Cuervo]]. Sven bramó con indignación mientras un objeto de gran tamaño se desprendió del vientre de la aeronave y cayó entre los Wulfen. Pero en vez de volar en pedazos a los brutales guerreros, la detonación de la bomba proyectó, como una ola, un campo de éstasis que se desplegó como la apertura de los pétalos de una extraña flor cristalina.
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El resplandor del fuego bólter iluminó la imagen antes de que una gran sombra se moviera rápidamente frente a la cámara. Salpicó sangre, manchando los muros del búnker y la cabeza cortada de un Explorador cruzó el plano antes de rebotar más allá. De nuevo la enorme figura cruzó la imagen y fue ese el momento que el Círculo Interior revisó una y otra vez. Tenían que estar seguros. No podían actuar sobre una suposición.
   
En un instante, los Wulfen pasaron de ser bestias salvajes a convertirse en meras estatuas, con los Demonios retrocediendo a causa del estallido temporal.
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Tras varias horas, los Ángeles Oscuros reunidos estaban seguros más allá de cualquier duda razonable, pero la importancia de la revelación pesaba sobre ellos. Ralentizando la imagen hasta una velocidad mínima y limpiándola para obtener más claridad la figura apenas se podía ver como algo enorme y bestial que tenía una apariencia similar a la de un [[Marine Espacial]]. Una inspección más cercana reveló una insignia en el hombro de la figura, borrosa por el movimiento y medio oculta por la sangre salpicada, que destellaba en un segundo crucial en una llamarada de bólter. Se trataba de una cabeza de lobo de Fenris, presentada sobre un campo rayado y descolorido gris metálico. Los maestres reunidos se miraron unos a otros por debajo de sus pesadas capuchas, intercambiando miradas silenciosas cargadas de significado.
   
Los motores rugieron cuando el Gran Señor Sammael atravesó como un rayo el lago sobre su moto a reacción, ''Corvex'', volando a la cabeza de una escuadra de Land Speeders del Ala de Cuervo. Grandes chorros se elevaron por los aires mientras los raudos gravíticos barrían la superficie del lago en su carrera de ataque: los Ángeles Oscuros lanzaron una tormenta de disparos de plasma y balas que atravesaban armaduras sobre los Demonios a la orilla del lago, reduciéndolos a pedazos.
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Algo terrible había ocurrido en Nurades, y parecía que los Lobos de Fenris estaban involucrados. Los Ángeles Oscuros no actuarían sin más información. Su antipatía con los Hijos de Russ estaba bien documentada pero no sospecharían de ellos sin tener más pruebas. Eso decretó Azrael, y así empezó la caza de verdad de los Ángeles Oscuros.
   
Sven derrapó hasta detenerse justo a corta distancia de los restos abrasados de los Demonios, con sus guerreros rodeándolo. Sammael y sus aeronaves dispararon por encima de sus cabezas, dando una vuelta alrededor suya, deteniéndose flotando justo delante de los Lobos Espaciales reunidos ante ellos, con las armas de proa alzadas.
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[[Relato Oficial Ángeles Oscuros: Sombras y secretos|''Relato Oficial: Sombras y secretos'']].
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== Capítulo 2: Portadores de Muerte ==
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[[File:Logan Grimnar-1.jpg|thumb|220x220px]]
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=== Revelaciones siniestras ===
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Tras Nurades, misteriosas tormentas de Disformidad estallaron a lo largo y ancho del Imperio. Aunque estos extraños fenómenos estaban muy esparcidos en la inmensidad de la galaxia, en realidad tocaban todos sus [[segmentum]]. Otros, aparte de los Lobos Espaciales, también habían tomado nota urgente de ello y se empezaban a movilizar para investigarlos.
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[[Titán (luna)|Titán]]. El centinela silente. Hogar de las hermandades de cazadores de Demonios de los [[Caballeros Grises]], y guardián secreto de la mismísima [[Terra]]. Desde detrás de sus muros blindados y de los gigantescos bastiones de su ciudadela, los Caballeros Grises se mantienen vigilantes ante la amenaza del [[Caos]]. Desde aquí, coordinan su guerra secreta contra los Poderes Ruinosos, y mandan a sus hermandades de guerreros para golpear al Demonio allí dónde asome la cabeza.
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Los Caballeros Grises poseían un método bastante efectivo para monitorizar las actividades infernales por todo el Imperio. Se trataba del [[Augurium (Caballeros Grises)|Augurium]], una cámara en la cima del Pináculo de Plata donde los hermanos conocidos como [[Prognosticadores]] filtraban profecías en la superficie de espejos cristalinos. La Ciudadela de Titán contenía otros secretos antiguos y maquinarias extrañas, y uno de tales aparatos, el Speculum Infernus, despertó justamente a la vez que la primera de las tormentas Disformes se manifestó en torno a Nurades.
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A medida que se formaron más tormentas, el artilugio se activó por completo. Sus arcaicos mecanismos sisearon y crujieron al empezar a funcionar. Delicadas esferas de bronce giraban unas alrededor de otras sobre armazones plateados, con crepitantes halos de luz danzando entre ellas. Gárgolas doradas que siempre habían parecido meras decoraciones abrían de repente sus bocas y vomitaban restos de pergaminos de datos llenos de densos y arcanos textos y dibujos. El vasto Speculum Ifernus temblaba y humeaba, contemplado con temor por los datasabios de los Caballeros Grises.
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Los guerreros de Titán no tardaron en descifrar las advertencias del aparato, y sus ojos se abrieron de par en par al hacerse conscientes de su importancia. A través de rollos de pergamino y brillantes imágenes holográficas, les mostró las pautas que iban formando las extrañas tormentas de Disformidad y también predijo la formación de aquellas que aún no se habían manifestado. Los Prognosticadores fueron invocados de inmediato a fin de determinar, por todos los medios a su disposición, de dónde procedían las capacidades predictivas de la máquina. Confiados en que las advertencias del Speculum Infernus no era una trampa demoníaca, los Caballeros Grises prepararon una respuesta adecuada sin perder tiempo.
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[[File:Stern y sus Caballeros Grises.png|left|thumb|291x291px]]
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Un número de hermandades sin precedentes zarpó de Titán a bordo de naves de flancos plateados, con la determinación de expulsar a los Demonios que manaban de aquellas tormentas sobrenaturales. Los templarios de Titán pronto vieron cómo las corrientes de la Disformidad se giraban salvajemente en su contra. Potentes descargas de energía empezaron a golpear las naves casi desde el momento del despegue, como si el [[Inmaterium]] les castigase. Aquello no podía ser casual, el Crucero de Batalla ''Luz Gloriosa ''se vio tragado por las oleadas de la Disformidad después de que su [[navegante]] muriese entre gritos. La nave de ataque rápido ''Ira Santificada ''reventó cuando sus [[Campos Geller]] fallaron de forma inexplicable. Varias otras naves se vieron expulsadas de la Disformidad, teniendo que realizar traslaciones de emergencia que las dejaron a la deriva hasta ser reparadas, mientras sus tropas libraban batallas para erradicar a los terribles seres que trataban de infectarlas.
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Pese a todas esas adversidades, los Caballeros Grises siguieron adelante. Guiados por el Speculum Infernus varias hermandades alcanzaron sus puntos de destino y enseguida se vieron enzarzadas en combate contra los Demonios. En los Confines de Hades, la 4º Hermandad se teleportó hasta un huracán de llamas vivientes, y allí batalló contra un trío de [[Devoradores de Almas]] y sus esbirros. A lo largo de dos días y dos noches, los Caballeros Grises se enfrentaron a sus enemigos rodeados por lagos de fuego que no paraban de cambiar de forma. Finalmente, el Hermano-Capitán Grud y sus guerreros se alzaron victoriosos, expulsando a su enemigo a pesar de sufrir numerosas bajas.
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En Fimnir, la masa de tanques de la 1º Hermandad se lanzó a la batalla, atravesando las estructuras de las plataformas mineras del gigante de gas. Los demonios brotaron por todas partes para oponérseles. Los Aplastadores de Almas rajaban y abrían los cascos de los vehículos con sus garras metálicas, mientras los Desangradores y Diablillas se batían en duelo contra los Caballeros Grises en medio de la oscuridad del vacío. El Hermano-Capitán Pelenas mató personalmente a Bol´Groblort, una [[Gran Inmundicia]] de Nurgle, clavándole su espada en su negro corazón.
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Nada sobrevivió a la ira de los guerreros de Pelenas, ni los Demonios, ni las plataformas mineras ni los restos reanimados y llenos de plaga de los clanes de trabajadores del planeta. Todo fue reducido por igual.
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Y así siguió desarrollándose la campaña, con los Caballeros Grises purgando Emerghul e incluso Nurades con fuego sagrado. Sin embargo, allí donde iban encontraban rastros de energía, ecos psíquicos y signos de batalla. Otros antes que ellos habían estado en esos mismos mundos. Otros habían combatido a los Demonios, y por la razón que fuese, se habían visto obligados a irse antes de completar la lucha.
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El Hermano-Capitán Stern llegó por fin a Mydgal Alpha, pocos días después de la partida de los Lobo Hierro. Al encontrar la Colmena Irkalla llena de plagas demoníacas, Stern lideró un ataque mediante teleportación hacia las profundidades bajo la ciudad colmena, con la esperanza de aniquilar al Archi-Dominio que había sido el causante de aquel horror.
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Pese a haber dejado su huella psíquica en cada superficie del lugar, el Príncipe Demonio Mordokh había partido de allí hacía mucho. Sin embargo, lo que Stern encontró en su lugar fue aún más perturbador. Pudriéndose en el campo de batalla desde hacía por lo menos una semana, medio enterrado bajo los fétidos restos de centenares de Demonios caídos, había un cadáver extraño y bestial. La carne de aquella criatura era pútrida y su forma estaba completamente distorsionada por alguna clase de gigantismo mutante, pero la insignia que podía verse impresa en su maltrecha armadura resultaba inconfundible.
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Declarando Mydgal Alpha como Perditum Extremis, Stern volvió a su nave y ordenó a sus Astrópatas que determinasen, por cualquier medio sin importar lo horrible o costoso que fuera, la localización de Logan Grimnar. El Hermano-Capitán Stern tendría unas palabras con el Gran Lobo, y exigiría respuestas...
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=== Las brumas de Tranquilitus ===
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[[File:Caballeros Grises exterminando Demonios.png|thumb|294x294px]]
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Siguiendo la pista de sus hermanos perdidos, los [[Aulladores de Fuego]] de [[Sven Aullador]] surgieron del Empíreo directamente sobre el mundo fantasmal de Tranquilitus. La tormenta Disforme que había llevado hasta allí a su Gran Compañía se había dispersado, pero otros peligros acechaban en aquel mundo maldito...
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La flota de los Aulladores de Fuego volvió a entrar en el espacio real justo sobre Tranquilitus, lista para el combate. Los informes sugerían que aquel era un mundo extraño y peligroso, una mancha en la realidad, gobernada por alguna inteligencia oscura y terrible. Era un planeta fantasma de asentamientos abandonados, cuyos habitantes se habían esfumado en la bruma. El Señor Lobo Sven Aullador no estaba dispuesto a correr ningún riesgo con aquel lugar.
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Mientras las naves de los Lobos Espaciales se acercaban al planeta, una nave de gran tamaño apareció a través de los últimos jirones de la tormenta Disforme moribunda. En seguida fue identificada como un Crucero de Batalla de los Ángeles Oscuros, ''El Juramento Silencioso''. Momentos después la nave estableció contacto, y su capitán advirtió de que fuerzas de los Ángeles Oscuros se estaban desplegando en Tranquilitus. La presencia allí de los Ángeles Oscuros no era requerida ni bienvenida.
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Riendo entre dientes, el Señor Aullador envió una respuesta breve e ingeniosamente ofensiva, y a continuación ordenó a la Fuerza de Choque Espada de las Sagas que se movilizara para la batalla. Sven estaba allí para completar una búsqueda, y había visto clara la oportunidad de añadirla a las sagas que llevaba tatuadas en su piel. Según sus propias palabras, antes prefería condenarse a los siete infiernos que permitir que los chiflados de El´Jonson se le adelantaran.
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Consciente de que estaban en clara inferioridad en cuanto a potencia de fuego, los Ángeles Oscuros retiraron su nave, no sin antes lanzar a los Lobos Espaciales la ominosa advertencia final de que dieran media vuelta. Al mismo tiempo, los Lobos Espaciales detectaron un breve destello de tráfico voz entre la ''Juramento Silencioso'' y sus fuerzas sobre el planeta. Era difícil escrutar Tranquilitus con precisión, pues las brumas que lo envolvían generaban interferencias y señales de vida entrecortadas. Por tanto, el Señor Aullador decidió desplegarse cerca de las coordenadas de la vocoemisión. Su razonamiento era que los Ángeles Oscuros no habrían aterrizado en zonas aleatorias; si estaban ya cerca de los Wulfen, los Aulladores de Fuego debían actuar rápido.
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Marchando hacia los muelles de embarque, el Señor Aullador dio la orden de que sólo se desplegaran él mismo y las manadas especialmente elegidas de la Fuerza de Choque Espada de las Sagas. Aquella sería una misión de desembarco mediante lanzaderas, sin usar [[Cápsulas de Desembarco]] ni nada más lento que un [[propulsor de salto]] una vez en la superficie. La velocidad sería esencial y Sven quería que su fuerza estuviese lista para ser extraídos una vez que sus hermanos hubiesen sido recuperados.
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Minutos más tarde, un par de Thunderhawks Fenrisianas se lanzaron a través de las brumas hacia la superficie de Tranquilitus. Se posaron sobre una zona de césped húmedo, disipando con su aterrizaje la niebla de los alrededores y revelando una serie de árboles retorcidos y un lago cuya superficie parecía de cristal negro. Los Lobos Espaciales descendieron de las rampas de asalto y las Thunderhawks volvieron a despegar, perdiéndose en los cielos mientras la niebla volvía a cerrarse. Pronto, la visibilidad quedó reducida a unos pocos metros, al mismo tiempo que los pegajosos vapores antinaturales que la formaban silenciaban los áuspex y embotaban incluso los agudos sentidos de los Hijos de Russ. Los normalmente bulliciosos ''Garras del Cielo ''de Sven estaban en silencio, alerta. Percibían algo inquietante en aquel lugar, una sensación nebulosa de que les vigilaban, de que les estaban cazando. Una sensación capaz de reducir a una parálisis de terror a cualquiera menos preparado que un Marine Espacial.
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Aquello únicamente aumentó los instintos de combate de los Lobos Espaciales. Los ''Garras del Cielo, Garras Veloces,'' Land Speeders, y la Guardia del Lobo de Sven con retrorreacotres - es decir, la ''Guardia Sangrienta'' - hicieron todo lo posible por mantenerse juntos en medio de la niebla. Avanzaban velozmente, siguiendo sus áuspex a través de los árboles envueltos en sombras, cruzando colinas rocosas y asentamientos fantasma abandonados. La bruma les rodeaba por doquier, transmitiéndoles la opresiva sensación de que estaban siendo observados.
   
Mirando por encima a los tatuados, cubiertos en sangre, Lobos Espaciales, Sammael requirió el motivo de su presencia allí, y que dejasen en sus manos a sus mutantes para que los Ángeles Oscuros se los llevasen a la Inquisición. Sven Aullador escupió en el suelo en respuesta. Ésto era un asunto de los Lobos Espaciales, gruñó, y los Ángeles Oscuros estaban en su camino.
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[[File:Combate en Tranquilitus.jpg|left|thumb|323x323px]]
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Todo permaneció quieto, hasta que los sonidos de disparos y los aullidos atraversaron los jirones de nubes desde las alturas.
   
Con voz suave pero con frialdad, Sammael advirtió que los Lobos Espaciales se arriesgaban a ser censurados simplemente por acoger entre ellos semejantes aberraciones heréticas. No debían hacer empeorar las cosas obligándoles a usar la fuerza contra ellos.
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Los aullidos distantes fueron captados por los Lobos Espaciales de modo instintivo. Los Aulladores de Fuego sabían que aquello era la llamada de los Wulfen, y alzaron a su vez otro aullido mientras se movían como un solo hombre. En medio de la densa niebla, el avance de los Lobos Espaciales no tardó en fragmentarse. Al atravesar valles rocosos y tupidos bosques, los Aulladores de Fuego tuvieron que hacer frente a constantes ataques demoníacos. Babeantes Bestias de Nurgle aparecieron por entre los árboles aplastando y golpeando con sus tentáculos. Demonios de Tzeetch iluminaron la bruma con sus llamas iridiscentes, mientras que sus escalofriantes risotadas reverberaban por doquier. Los Lobos Espaciales contraatacaban con furia, haciendo trizas cualquier impedimento que intentaban frenarles.
   
Los Lobos Espaciales y los Ángeles Oscuros depositaron con cuidado sus dedos sobre los gatillos y contemplaron a sus líderes. Sven Aullador miraba con insolencia al cargador del cañón de plasma de Sammael, sosteniendo con fuerza y firmeza su hacha.
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Los Ángeles Oscuros empezaron también a aparecer entre la niebla, con sus Escuadrones de motocicletas del Ala de Cuervo cruzándose en las líneas de avance de los Lobos Espaciales. Los Ángeles Oscuros estaban enzarzados en una batalla móvil contra grandes grupos de Demonios, pero sus andanadas de disparo caían peligrosamente cerca de los guerreros de Fenris. Los ''Garras del Cielo'' maldijeron al oír una [[Mortaja del Ala de Cuervo]] pasar volando sobre sus cabezas, desorientándoles con su velo de sombras.
   
Entonces, gritando y murmurando, una gran oleada de Demonios apareció de entre las brumas, con sus armas en alto y los ojos envueltos en llamas.
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Los Aulladores de Fuego siguieron adelante, por un terreno resbaladizo que poco a poco iba descendiendo bajo sus pesadas botas y ruedas. Sven lideró la carga bajando por la pendiente a grandes saltos y masacrando Demonios a izquierda y derecha. Uno de los saltos del Señor Lobo le llevó hasta un saliente rocoso, a la vista de su Guardia del Lobo. En cuanto aterrizó, un par de Land Speeder pasaron sobre él, pero apenas eran sombras en la oscuridad, y resultaba imposible discernir a quién pertenecía. En cambio, los vehículos demoníacos que les perseguían escupiendo fuego sí que eran más o menos visibles. Uno de los Land Speeders fue derribado, atravesando la bruma hasta estrellarse con un golpe sordo y explotar en la distancia. Sven Aullador sólo podía gruñir, mientras hacía gestos a su Guardia del Lobo para que le siguieran mientras daba un nuevo salto.
   
 
[[Relato Oficial Lobos Espaciales: Las brumas de Tranquilitus|Relato Oficial: Las Brumas de Tranquilitus]].
 
[[Relato Oficial Lobos Espaciales: Las brumas de Tranquilitus|Relato Oficial: Las Brumas de Tranquilitus]].
[[File:Combate en Tranquilitus3.png|none|thumb|365x365px]]
 
   
=== Desde las mandíbulas de los Demonios ===
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A lo lejos en el flanco derecho de los Lobos Espaciales, los motoristas ''Garras Veloces ''conocidos como ''Jinetes Aulladores '' se lanzaron por un cañón de altas paredes, con una determinación rayando lo insensato, haciendo frente a una horda de Slaanesh. Maniobraban por entre los filos giratorios de los carros de Slaanesh lanzando [[granadas perforantes]] a sus motores. Una serie de explosiones retumbó cuando los carros quedaron convertidos en una lluvia de metralla brillante, convirtiendo a su vez en picadillo a numerosos rastreadores. No tardaron en llegar a la matanza varios [[Caballeros Negros del Ala de Cuervo]], bajando a toda velocidad por uno de los laterales del cañón hasta topar contra sus rivales ''Garras del Cielo.'' Nadie disparó ni golpeó, pero los Lobos Espaciales se vieron obligados a frenar derrapando hasta detenerse por completo, mientras lanzaban maldiciones. Los Ángeles Oscuros siguieron adelante, aniquilando a tiro limpio a los últimos rastreadores.
Mientras los Demonios se aproximaban a las orillas del lago, un absoluto caos estalló. Los Marines Espaciales, que habían estado al borde del combate entre ellos, unieron sus armas ahora contra la amenaza que se cernía sobre ellos. Las brumas invadieron el lugar, cubriéndolo todo como una mortaja, y en ese instante Sven Aullador vio clara su oportunidad.
 
   
Rayos de fuego disforme se derramaron a través de las brumas, explotando finalmente contra el campo de éstasis. Sus energías se combaron bajo el bombardeo de otras energías ilógicas, antes de hundirse como una burbuja explotada. Mientras un repentino coro de enojados aullidos se dispersaba a través de la batalla, quedó claro para todos que los Wulfen se habían liberado. Aquel sonido primario eliminó todo pensamiento racional de la mente del Señor Aullador, el cual sintió un deseo irrefrenable de hundir sus garras en carne caliente.
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El grito de los Wulfen volvió a elevarse, y Sven Aullador luchó aún con mayor entrega al darse cuenta de lo cerca que estaban. Al ver que la ''Guardia Sangrienta ''y los ''Garras del Cielo'' de los ''Portadores de Tormentas'' luchaban en torno suyo, Sven decidió que el momento de la gloria había llegado. El tatuado Señor Lobo gritó una cadena de órdenes formando a sus guerreros y lideró otro salto hacia lo más denso de la niebla.
   
Con dificultad, luchó para controlar ese deseo. Los Ángeles Oscuros habían formado una línea de batalla para enfrentarse a los Demonios que se esparcían a lo largo de la orilla. Ahora era la oportunidad de los Aulladores de Fuego, y bajo las órdenes que bramó Sven se apresuraron a agarrar a los Wulfen. Sin tiempo para las sutilezas, los Garras del Cielo y la Guardia del Lobo irrumpieron a través de la batalla al lugar en donde los Wulfen estaban despedazando a sus enemigos demoníacos. Dos por cada Wulfen, los Lobos Espaciales agarraron a sus enormes ancestros por debajo de sus brazos y usaron sus propulsores de salto para saltar lejos de allí hacia las brumas. Las bestias lucharon, hasta que captaron cuáles eran las intenciones de sus hermanos.
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[[File:Combate en Tranquilitus2.jpg|thumb|294x294px]]
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Mientras los Aulladores de Fuego avanzaban, una forma enorme y oscura apareció ante ellos desde las alturas. A los Lobos Espaciales les pareció ver alas negras y toberas rugientes, pero en apenas un instante la nave hubo desaparecido. Sven y sus guerreros siguieron adelante por aquel terreno llano y fangoso, en la misma dirección que lo que seguramente era una nave de ataque de los Ángeles Oscuros.
   
Los Lobos Espaciales corrieron con ligereza colina arriba. Mientras avanzaban, Sven activó la baliza de teleportación de su armadura y ordenó a la Fuerza de Asalto ''Espada de Saga'' que convergiese en su posición. Ante ellos, otro escurridizo enjambre de Demonios era avistado, convirtiendo a los Garras del Cielo en gachas mutadas con estallidos de llamas disformes. En respuesta los Lobos Espaciales se apartaron, potenciando su velocidad en una empinada pendiente rocosa. El rugido de los motores anunció la llegada de los Garras Veloces y los Land Speeders. Las motos se agruparon en formación junto a Sven y sus guerreros, mientras que los speeders daban vueltas a su alrededor y hacia adelante, con sus lanzallamas pesados asando a la caballería demoníaca que esprintaba colina arriba en su persecución.
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Como si obedecieran una orden silente, de pronto las brumas se disiparon. Sven y sus seguidores vieron ante ellos a dos manadas de Wulfen. Los salvajes guerreros estaban aniquilando con gran furia a una horda de Diablillas y Horrores a la orilla de otro lago. Sven notó cómo la sangre ardía en sus venas y cargó seguido de sus guerreros. Antes de que los Aulladores de Fuego pudiesen llegar al combate, los Ángeles Oscuros golpearon.
   
La subida empinada terminó abruptamente en una meseta rocosa con una caída en picado. Los Aulladores de Fuego no aminoraron, saltando hacia el borde de la colina a velocidades suicidas. Tras ellos los Demonios gritaron y aullaron; ante ellos la caída era a cada segundo más cercana.
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La oscura forma sobrevoló sus cabezas una vez más, revelándose por fin como un [[Espolón del Ala de Cuervo]]. Sven aulló iracundo al ver cómo un aparatoso objeto salía disparado desde la panza de la aeronave, impactando en el centro de la concentración de los Wulfen. Pero en vez de hacer volar por los aires a los bestiales guerreros, la detonación de la bomba proyectó un campo de estasis que se abrió como los pétalos de alguna extraña flor de cristal.
   
Con un repentino rugido de sus poderosos motores, las Thunderhawks de los Aulladores de Fuego se hicieron visibles, acercándose a la ladera visible de la colina con sus rampas de asalto abiertas completamente. En respuesta, los Lobos Espaciales gritaron con júbilo y se lanzaron al aire: por un momento se dispararon a través de las andrajosas brumas, con la muerte tras y bajo ellos; pero entonces los Aulladores de Fuego aterrizaron de golpe sobre las escotillas abiertas de sus cañoneras, con las motos derrapando hasta detenerse y las tropas de salto corriendo hasta detenerse dentro de las bodegas acorazadas de las Thunderhawks. Con ellos estaban los Wulfen, transportados y a salvo en los brazos de los suyos.
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En un instante, los Wulfen dejaron de ser bestias desbocadas para quedar quietos como estatuas, mientras los Demonios supervivientes intentaban retirarse de la zona afectada por la explosión temporal. El Gran Maestre Sammael apareció atronadoramente, sobrevolando el lago en su moto a reacción, [[Corvex]], a la cabeza de un escuadrón de Land Speeders del Ala de Cuervo, que dejaban tras de una estela en el agua mientras se lanzaban al ataque. Los Ángeles Oscuros liberaron una tormenta de plasma y proyectiles perforantes que hizo pedazos a los Demonios.
   
Las botas de Sven Aullador fueron las últimas en abandonar el suelo de Tranquilitus, con el Señor Lobo aterrizando entre sus compañeros de manada justo cuando su nave activó los propulsores y se dirigió a una órbita segura.
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Sven Aullador y sus guerreros se detuvieron en seco junto a los restos de los Demonios masacrados. Sammael y sus naves les sobrevolaron, dieron media vuelta y se acercaron planeando hasta ellos, apuntándoles con sus armas de proa.
   
[[Relato Oficial Ángeles Oscuros: Desde las mandíbulas de los Demonios|''Relato Oficial: Desde las mandíbulas de los Demonios'']].[[File:Sven Aullador rescata a los Wulfen en Tranquilitus.jpg|none|thumb|296x296px]]
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Mirando hacia abajo a los tatuados y ensangrentados Lobos Espaciales, Sammael les exigió explicaciones sobre su presencia allí, y les ordenó que le entregaran a los mutantes para poder llevarlos a ser juzgados ante la Inquisición. En respuesta, Sven Aullador escupió al suelo. Aquel era un asunto de los Lobos Espaciales, y los Ángeles Oscuros se estaban entrometiendo. Con una voz suave pero gélida, Sammael advirtió a los Lobos Espaciales que se la estaban jugando al proteger a aquellos herejes, y que obligarlos a usar la fuerza contra ellos sólo empeoraría las cosas.
   
=== ''[[Aulladores de Fuego|Los Aulladores de Fuego]]'' ===
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Tanto los Lobos Espaciales como los Ángeles Oscuros contuvieron la respiración, con los dedos en los gatillos de sus armas y la mirada fija en sus líderes. Sven Aullador miraba insolente a la boca del cañón de plasma de Sammael, mientras aferraba su hacha con fuerza. Entonces, de pronto, una gran oleada de Demonios apareció desde la bruma cargando contra ellos entre gritos y balbuceos, con las armas alzadas y los ojos hirviendo de odio.
   
=== Fuerza de Asalto Espada de Saga ===
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=== Mandíbulas Demoníacas. ===
A la cabeza de la Fuerza de Asalto ''Espada de Saga'' se sitúa Sven Aullador en persona. Inusualmente para un Señor Lobo - o para cualquier Lobo Espacial que ha vivido lo suficiente para ser promocionado - Sven luchó durante una década completa como un Garra del Cielo. Aunque ahora lidera una Gran Compañía al completo, el Señor Lobo aún favorece el luchar con un propulsor de salto, saboreando la velocidad y el poder que le confieren en el combate. Sven prefiere el combate cuerpo a cuerpo, eligiendo portar su espada-sierra, ''Colmillo de Fuego'', y un hacha gélida de gran tamaño que él bautizó como ''Garra Gélida''. En combate, Sven Aullador es un huracán de destrucción ante el que ningún enemigo puede aguantar y mantenerse con vida.
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[[File:Combate en Tranquilitus3.png|left|thumb|365x365px]]
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Mientras los Demonios avanzaban por las orillas del lago, el infierno se desató. Los Marines Espaciales que habían estado a punto de enfrentarse entre sí giraron sus armas al unísono y abrieron fuego contra la nueva amenaza que se les venía encima. Las nieblas volvieron a extenderse como una mortaja, y en ese preciso instante Sven Aullador vio su oportunidad.
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De la bruma surgió una lluvia de fuego Disforme que explotó contra el campo de estasis. Su capacidad fue debilitándose bajo el intenso bombardeo de energía ilógica, hasta que se colapsó y estalló como una pompa de jabón. Pudo oírse un súbito coro de aullidos iracundos y a todo el mudo le quedó claro que los Wulfen habían sido liberados. Aquel primitivo sonido borró por un instante todo pensamiento racional de la mente del Señor Aullador, que sintió la tentación de entregarse por completo a masacrar enemigos a dentelladas.
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Con dificultad, Sven logró dominar la tentación. Los Ángeles Oscuros habían formado una línea de batalla con la que recibir a los Demonios. Esa era la oportunidad de los Aulladores de Fuego y, siguiendo las órdenes gritadas por Sven, se lanzaron a por los Wulfen. Sin tiempo para sutilezas, atravesaron la zona de tiro hasta llegar a donde los Wulfen se encontraban despedazando a sus enemigos demoníacos. Dos Lobos Espaciales por cada Wulfen agarraron a sus bestiales camaradas y usaron sus propulsores de salto para alzar el vuelo y perderse en la bruma. Al principio las bestias se resistieron, hasta que se dieron cuenta de las intenciones de sus hermanos de armas.
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Los Lobos Espaciales se apresuraron colina arriba, mientras Sven activaba su baliza de teleportación y ordenaba a la Fuerza de Choque Espada de las Sagas converger con él en su posición. Enfrente apareció otro enjambre de Demonios, disparando su fuego Disforme hasta reducir a un grupo de ''Garras del Cielo'' a charcos de bazofia orgánica mutada. En respuesta los Lobos Espaciales viraron para ascender por una empinada ladera rocosa. El rugido de motores indicaba la llegada de los ''Garras Veloces'' y Land Speeder. Las motocicletas cerraron filas con Sven y sus guerreros, mientras que los Land Speeders sobrevolaban la formación en círculos, quemando con sus lanzallamas pesados a los Demonios montados que subían por la pendiente en su persecución.
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La apresurada escalada finalizaba de manera abrupta en una meseta rocosa con un acantilado mortal de necesidad al otro lado. Los Aulladores de Fuego no ralentizaron su marcha, sino que siguieron avanzando hacia aquel abismo a velocidades suicidas. Tras ellos los Demonios aullaban y chillaban, y ante ellos el acantilado estaba más cerca a cada segundo.
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Entonces, con un súbito rugido de poderosos motores, las Thunderhawks de los Aulladores de Fuego aparecieron, ascendiendo por la cara del acantilado con sus rampas de asalto abiertas. Los Lobos Espaciales gritaron de júbilo y se lanzaron al vacío. Por un momento, volaron a través de la bruma, con la muerte pisándole los talones. Al instante siguiente estaban aterrizando en sus naves a través de las rampas abiertas, sus motocicletas derrapando hasta frenar en seco y sus tropas de asalto deteniéndose al chocar contra los mamparos interiores. Con ellos iban sus camaradas Wulfen, a los que habían logrado salvar in extremis. Las botas de Sven Aullador fueron las últimas en abandonar la superficie de Tranquilitus. El Señor Lobo aterrizó entre sus hermanos a la vez que su Thunderhawks activaba los propulsores y salía a la órbita del planeta.
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[[Relato Oficial Ángeles Oscuros: Desde las mandíbulas de los Demonios|''Relato Oficial: Desde las mandíbulas de los Demonios'']].
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=== ''[[Aulladores de Fuego|Los Aulladores de Fuego]]'' ===
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[[File:Sven Aullador rescata a los Wulfen en Tranquilitus.jpg|thumb|296x296px]]
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=== Fuerza de Choque Espada de las Sagas ===
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A la cabeza de la Fuerza de Choque ''Espada de las Sagas'' se encuentra el propio Sven Aullador. En lo que resulta inusual para un Señor Lobo, o para cualquier Lobo Espacial que haya vivido lo bastante como para ser ascendido, Sven luchó durante una década completa como un Garra del Cielo. Aunque actualmente lidera a una Gran Compañía entera, el Señor Lobo aún sigue prefiriendo luchar equipado con propulsor de salto, pues valora mucho la velocidad y potencia que le proporcionan. Sven intenta siempre ir al cuerpo a cuerpo, en donde se bate usando su espada sierra Colmillo ígneo y su masiva hacha gélida Garra Gélida. En batalla , Sven Aullador es un torbellino de destrucción contra el que ningún enemigo puede sobrevivir.
   
La Guardia del Lobo de Sven - la ''Guardia Sangrienta'' - son un grupo agresivo de expertos en el combate cuerpo a cuerpo, bien familiarizados en combatir con propulsores de salto y lo suficientemente poderosos como para destrozar el corazón de cualquier ejército. Bien [[Olaf Piedranegra|Olaf Blackstone]] con sus cuchillas de lobo que emiten chispas, Istun Firestorm con su enorme martillo trueno, o la pistola de plasma y el puño de combate del viejo Kregga Longtooth, cada uno de los ''Guardia Sangrienta'' es un maestro en las armas que ha escogido. Son una hermandad bulliciosa, que intercambia juramentos y bromas mientras la batalla ruge a su alrededor.
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La Guardia del Lobo de Sven, la Guardia Sangrienta, es una agresiva banda de expertos en combate cuerpo a cuerpo equipados con retrorreactores y lo bastante poderosos como para masacrar el corazón de cualquier ejército. Ya sea Olaf Blackstone con sus crepitantes garras de lobo, Istun Firestorm con su enorme martillo de trueno, o la pistola de plasma y el puño de combate del viejo Kreggar Longtooth, cada Guardia Sangrienta es un maestro en su tipo de armamento. Son una hermandad bulliciosa, que intercambia juramentos y provocaciones mientras la batalla ruge a su alrededor.
   
Por comparación, los hermanos de batalla de las dos manadas de Garras del Cielo de la Fuerza de Asalto son jóvenes y exaltados. Conocidos como los ''Piedras de Fuego'' y los ''Portadores de Tormentas'', éstos jóvenes guerreros son tan temerarios que no pueden ser asignados a otra misión que no sea el encabezar los asaltos: entre los Aulladores de Fuego ésto no se ve como un signo de deshonor, al contrario, se estima como una señal de la grandeza por venir. El Señor Aullador ve a éstos bulliciosos guerreros con extraña diversión, e insiste en afirmar que pertenecer a tal manada es más un ritual de paso que un verdadero castigo.
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Por comparación, los hermanos de batalla de las dos manadas de Garras del Cielo de la fuerza de ataque son jóvenes e impulsivos. Conocidos como ''Piedras de Fuego ''y ''Portadores de Tormentas,'' estos bisoños guerreros son tan impetuosos que no se les puede confiar ninguna misión más compleja que un asalto frontal. Entre los Aulladores de Fuego esto no se interpreta como un deshonor, sino como un signo de grandeza futura. El Señor Aullador los contempla con diversión, e insiste en que militar en dicha manada es más un rito de paso que un castigo.
   
Las Garras del Cielo de Sven luchan con ferocidad, siempre compitiendo para impresionar a su señor y ganarse sus primeros tatuajes. El desgaste es alto entre éstas manadas, debido a que apenas dedican sus pensamientos a los peligros que enfrentan. Éste hecho no atormenta a Aullador ni a sus seguidores: la vida en Fenris es dura, y todos están acostumbrados a la idea de que el fuerte sobrevive mientras que el débil alimenta a los cuervos.
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Los Garras del Cielo de Sven luchan con ferocidad, siempre compitiendo para impresionar a su señor y ganarse sus primeros tatuajes. El índice de bajas de esta unidad suele ser muy elevado, pues sus miembros rara vez prestan atención a los peligros a los que se enfrentan. Este hecho no preocupa ni a los Aulladores de Fuego ni a sus seguidores; la vida en Fenris es dura, y todos sus hijos están acostumbrados a la idea de que "los fuertes sobreviven y los débiles dan de comer a los cuervos".
   
Apoyando a la Fuerza de Asalto ''Espada de Saga'' sobre el terreno está la manada de motoristas Garras Veloces conocida como los ''Jinetes de Aullador''. Los Garras Veloces disponen de una base de fuego altamente manejable y flexible para apoyar a la Fuerza de Asalto en la caza. Fueron éstos impetuosos y jóvenes guerreros los que sostuvieron la defensa en la apocalíptica Batalla de Trollswatch, y fueron también ellos quienes asediaron y dispararon hasta la muerte al [[Lictor|Lictor Tiránido]] conocido como el ''Sangre Sigilosa'' en Haedorn II. Los Garras Veloces están bien equipados para derribar incluso a los mayores enemigos gracias a los [[Cañón de fusión|cañones de fusión]] de sus [[Motocicleta de Ataque|Motocicletas de Ataque]] asistentes. A veces son desplegados por Sven Aullador con un rol de apoyo, sirviendo con gran efectividad como cazadores de los tanques de combate de sus enemigos.
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Para ayudar la Fuerza de Choque Espada de las Sagas sobre el terreo están los motoristas Garras Veloces conocidos como Jinetes Aulladores. Los Garras Veloces aportan una fuerza de apoyo extremadamente móvil y resistente. Fueron estos valerosos y jóvenes guerreros quienes mantuvieron la línea durante la apocalíptica Batalla de Punta Troll, y también fueron ellos quienes persiguieron y abatieron al [[Lictor]] Tiránido conocido como ''Sangre Sigilosa'' en el planeta Haedorn II. Los Garras Veloces están bien equipados para dar caza incluso a las piezas más grandes, gracias al [[cañón de fusión]] de su [[motocicleta de ataque]]. A menudo despliegan junto a Sven Aullador en un rol de apoyo, y resultan muy efectivos como cazadores de los tanques enemigos.
   
El apoyo adicional para la Fuerza de Asalto está proporcionado por los únicos vehículos de la misma, los Land Speeders hermanados y conocidos como los ''Cuervos de Aullador'': aeronaves con múltiples opciones de ataque que se jactan de su excepcional velocidad y potencia de fuego, éstos dos gravíticos acorazados hacen presa sobre los tanques con sus enormes cañones de fusión, o inmolan a la infantería enemiga con sus lanzallamas pesados. Sus tripulaciones de Cazadores Grises están lo suficientemente experimentados para detectar las amenazas donde quiera que se alzan, y han mantenido con vida a sus camaradas más audaces en múltiples ocasiones.
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Si la fuerza de ataque necesita apoyo adicional, puede recurrir a sus únicos vehículos en el sentido estricto, los Land Speeders emparejados conocidos como ''Cuervos Aulladores''. Estos versátiles gravíticos acorazados aúnan una velocidad y potencia de fuego excepcionales, y causan estragos entre los tanques rivales con sus aparatosos cañones de fusión a la par que inmolan a la infantería con sus lanzallamas pesados. Su tripulación de Cazadores Grises es lo bastante experimentada como para detectar las amenazas apenas aparecen, y en no pocas ocasiones han sido fundamentales para lograr mantener a sus audaces camaradas con vida.
   
Durante la batalla en Tranquilitus, la Fuerza de Asalto ''Espada de Saga'' se ganó la lealtad de los Wulfen que posteriormente serían conocidos como los ''Garras Llameantes'': Sven Aullador se ganó la lealtad de su líder de manada al rescatar a sus guerreros de los Ángeles Oscuros y los Demonios, y a cambio la fuerza salvaje y brutal velocidad de los Wulfen habían impresionado a Sven. Los Wulfen eran un poderoso aliado en las filas de los Aulladores de Fuego, pues con su agresivo temperamento y su predilección por la brutalidad del combate cuerpo a cuerpo complementaban a la perfección el estilo de lucha de su Gran Compañía adoptiva.
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Durante la batalla de Tranquilitus, la Fuerza de Choque Espada de las Sagas se ganó la alianza de los Wulfen que llegarían a ser conocidos como ''Garras Llameantes. ''Sven Aullador logró su lealtad al rescatarlos de los Ángeles Oscuros y los Demonios, y a cambio la fuerza y velocidad salvaje de estos bestiales guerreros impresionó a Sven. Los Wulfen demostraron ser un poderoso aliado en las filas de los Aulladores de Fuego, cuyo agresivo temperamento y preferencia en el combate cuerpo a cuerpo se complementaba a la perfección con el estilo de lucha de su Gran Compañía de adopción.
   
 
[[Relato Oficial Lobos Espaciales: Espada de Saga|''Relato Oficial: Espada de Saga'']].
 
[[Relato Oficial Lobos Espaciales: Espada de Saga|''Relato Oficial: Espada de Saga'']].
   
=== La Ciudad Sacrificada ===
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=== La Ciudad Asesinada ===
Mientras la rampa de asalto de la Stormwolf gimoteaba al descender, una luz abrasadora se derramó en su interior. Junto con muchas otras, la aeronave se había aventurado en los cielos inundados de llamas del planeta Vikurus, para aterrizar en la ciudad santuario de Absolom. Portaban en su interior a los ''Campeones de Fenris'' directos al combate, y siguieron los escudriñamientos de [[Njal Stormcaller]], que había profetizado que los Wulfen estaban, en esos mismos instantes, envueltos en combates en alguna parte de aquella ciudad sagrada. Para aumentar al máximo sus opciones de localizar rápidamente a sus hermanos perdidos, los Campeones se dividieron en pequeños grupos de guerreros: algunos aterrizaron sobre las manos de mármol extendidas que servían de plataformas de desembarco para los habitáculos de las enormes estatuas de la ciudad. Otros aterrizaron sobre los enredados edificios del Tombplex o los arcos procesionales del Serenitum. Las Stormwolves de Grimnar tomaron tierra en el centro del Gran Assemblis, una ancha plaza delimitada por estatuas que se situaban entre enormes cathedrums.
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La rampa de asalto de la Stormwolf descendió, y una intensa luz llenó su interior. Junto a muchas otras, la nave se había aventurado por los cielos en llamas de Vikurus hasta aterrizar en la ciudad santuario de Absolom. Transportaban a los Campeones de Fenris a la batalla, siguiendo los escrutinios de [[Njal Stormcaller]], que había adivinado que los Wulfen estaban en ese momento combatiendo en algún punto de la ciudad sagrada. A fin de maximizar sus posibilidades de localizar rápidamente a sus hermanos, los campeones se dividieron en pequeñas partidas de guerra. Algunos tomaron tierra sobre las extensas manos de marfil de las enormes estatuas que poblaban la ciudad, y que servían como puntos de aterrizaje de aeronaves. Otros lo hicieron entre los entrelazados edificios del Tumbaplex o en los electrificados procesionales del Serenitum. Los Stormwolves de Grimnar se desplegaron en el centro de la Gran Asamblea, una amplia plaza llena de estatuas y rodeada de enormes Cathedrums.
   
Los Desangradores llenaban la plaza empapada en sangre, dando machetazos a grupos de desesperados hombres de la milicia. Los cadáveres estaban apilados por todas partes, muchos envueltos en llamas o retorciéndose con una putrefacción sobrenatural. Mientras, las inmensas pictopantallas que estaban situadas en la parte superior de la plaza - previamente utilizadas para emitir las direcciones espirituales del Cardenalicio - emitían un constante, aullador bombardeo de imágenes horribles y ruido insano: el que antaño fuera un lugar sagrado ahora estaba contaminado más allá de cualquier esperanza de redención.
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Los Desangradores llenaban la plaza inundada de sangre, masacrando a los desesperados grupos de la milicia ciudadana. Los cadáveres se amontonaban por doquier, muchos de ellos ardiendo o retorciéndose con una putrescencia antinatural. Mientras tanto las inmensas pantallas que dominaban la plaza, que previamente se habían utilizado para retransmitir los discursos cardenalicios, emitían ahora un constante bombardeo de imágenes horribles y sonidos que minaban la cordura. Aquel lugar antaño sagrado había sido profanado más allá de cualquier posibilidad de redención.
   
Con un bramido iracundo, Logan Grimnar lideró la carga hacia el interior de la plaza. Su carruaje ''Stormrider'' avanzó entre barridos hacia la batalla, y tras él marchaba la élite del Gran Lobo - la ''Guardia Real''. Escuadras de Exterminadores de la Guardia del Lobo se adentraron en el sanguinario reguero que atravesaba la plaza, con sus bólteres tormenta rugiendo mientras abrían fuego sobre las manadas de Demonios. Poderosos [[Dreadnought]]s machacaban el suelo mientras avanzaban, avanzando torpemente tras los gruñidos y el terror apisonador que era [[Murderfang]]. A la cabeza de ésta reunión venían algunos de los grandes héroes del Capítulo: [[Njal Stormcaller]], invocando la ira de la tempestad; mientras, [[Ulrik el Matador]] cargaba con un aullido de furia.
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Con un poderoso grito de ira, [[Logan Grimnar]] lideró la carga contra la plaza. Su Stormrider se lanzó a la batalla, seguido por la élite del Gran Lobo, la Guardia del Rey. Escuadras de [[exterminador]]es de la Guardia del Lobo se adentraron en la sanguinolenta plaza, haciendo rugir sus bólteres de asalto contra los grupos de Demonios. Poderosos [[Dreadnought]]s se unieron pesadamente al avance, siguiendo al terror arrollador que era [[Murderfang]]. A la cabeza de esta fuerza combinada iban algunos de los mayores héroes del Capítulo; Njal Stormcaller conjurando la ira de la tempestad y [[Ulrik el Matador]] cargando con aullido de furia.
   
La lucha fue breve y brutal, con Desangradores siseantes apuñalando y cortando antes de ser volados por los aires o aplastados contra el suelo ensangrentado. Pronto, las únicas personas con vida en la plaza eran los Campeones de Fenris, y unos pocos hombres supervivientes de la Milicia de Absolom que permanecían allí de pie, asombrados. Ignorando los gritos que provenían de las picto-pantallas, Grimnar miró a Murderfang: Grimnar había arriesgado mucho trayendo al bestial Dreadnought a ésta importante misión, porque estaba convencido que Murderfang podría compartir algún vínculo de especie con los individuos que ellos buscaban. El Dreadnought Wulfen merodeaba atrás y adelante, con sangre de demonio goteando de sus garras mientras olisqueaba el aire. Entonces, con sus ojos brillando con un reconocimiento salvaje, el Dreadnought se giró y avanzó a las proximidades de un gran arco tallado en marfil que se hallaba en el lado sur del Assemblis. Confiando en que los sentidos de su hermano maldito los conducirían a sus parientes Wulfen, los Campeones de Fenris lo siguieron. [[File:Logan Grimnar atacando.jpg|none|thumb|275x275px]]
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La lucha fue breve y brutal, los siseantes Desangradores acuchillando todo lo que podían antes de ser a su vez despedazados o aplastados contra el suelo lleno de sangre y vísceras. Pronto, los únicos seres vivos que quedaron en la plaza fueron los Campeones de Fenris, y un escaso puñado de milicia de Absolom que los contemplaba con estupefacción. Ignorando los gritos que venían de las pantallas, Grimnar dirigió su mirada a Murderfang. Grimnar se había arriesgado a enviar al bestial Dreadnought a aquella misión crucial porque creía que Murderfang compartía algún tipo de vínculo con los seres a los que estaban buscando. El Wulfen Dreadnougth merodeaba arriba y abajo, como si olisqueara el aire, con el icor demoníaco goteando de las puntas de sus garras. De pronto, sus ojos se iluminaron en señal de salvaje certidumbre, y el dreadnougth se dirigió a grandes zancadas contra un enorme arco de marfil tallado que se alzaba en el lado sur de la Asamblea. Plenamente confiados en que los sentidos de su hermano maldito les llevarían hasta los Wulfen, los Campeones de Fenris le siguieron.
   
=== Sobre Alas de Plata ===
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=== En Alas de Plata ===
En los cielos sobre Absolom, un trío de aeronaves plateadas chirrió a través de nubes de llamas. Las defensas en el casco de cada [[Stormraven]] rechazaban los fuegos antinaturales, manteniendo a aquellos que las ocupaban a salvo en su interior mientras batían la ciudad moribunda en busca de sus presas: los Caballeros Grises habían venido a Vikurus, con el Hermano-Capitán Stern liderando a sus guerreros en la caza de Logan Grimnar.
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[[File:Logan Grimnar atacando.jpg|left|thumb|275x275px]]
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En los cielos sobre Absolom, tres naves plateadas surcaban el aire silbando a través de nubes incandescentes. Los sellos de protección en el caso de cada [[Stormraven]] desviaban el fuego antinatural, dejando a su tripulación intacta para poder seguir buscando a sus presas por entre la moribunda ciudad. Los Caballeros Grises habían llegado a Vikurus, y el Hermano-Capitán Stern los lideraba en la cacería de Logan Grimnar.
   
Permaneciendo de pie en la cabina de la nave en cabeza, Stern contempló los elaborados augurios espirituales que se habían desplegado en el panel instrumental de la aeronave: el dispositivo bullía con la actividad, leyendo nacimientos de energías de la Disformidad desde cada sector. Como islas en medio de la tormenta, las brillantes almas de los Lobos Espaciales se destacaban a través de Absolom entre hordas de enemigos demoníacos. Stern sólo tenía ojos para una runa concreta en la pantalla - la del mismo Logan Grimnar.
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En la cabina de pilotaje de la cañonera que abría la formación, Stern contempló cómo el elaborado espíritu-augur se introducía en el panel de instrumentos de la nave. De inmediato, el panel empezó a bullir de actividad, leyendo focos de energía Disforme en todas partes. Como islas en una tormenta, las brillantes almas de los Lobos Espaciales resplandecían entre las hordas de enemigos demoníacos. Sin embargo, Stern sólo tenía ojos para una de aquellas señales rúnicas, la del mismísimo Grimnar.
   
Mientras se aproximaban a la posición del Gran Lobo, Stern ordenó a sus pilotos que volasen bajo a través de las tambaleantes torres espirales de la ciudad santuario. Planeando entre campanas que tañían alocadamente y azoteas repletas de servidores gárgola, los Caballeros Grises vieron el verdadero horror de la incursión en Vikurus: grupos reducidos de [[Hermanas de Batalla]] luchaban espalda contra espalda entre temblorosos puentes de arco o escaleras espirales, martilleando con disparos de sus bólteres a las crecientes mareas de Demonios hasta que fueron completamente desbordadas. Enormes nubes de moscas demoníacas se desparramaron en oleadas desde las ventanas reventadas de los cathedrums, con sus drones ahogando los gritos de las almas condenadas que asesinaban. Los Sacerdotes del Ministorum condenados a un enfermo destino - con sus túnicas iluminándose según se prendían con fuego mutante - se lanzaron a su propia muerte antes de ser asesinados por las abominaciones que habían mancillado sus lugares sagrados. Aquí y allá podía contemplarse a los Campeones de Fenris: en el Ophidium Central, Cazadores Grises y Colmillos Largos disparaban sobre una Hueste de la Forja de Aplastadores de Almas; mientras en la Plaza de la Paz, los Demonios de Nurgle fueron arrasados y convertidos en lodo y ceniza por la furia psíquica de una Hermandad de la Tormenta.
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Mientras se acercaban a la posición del Gran Lobo, Stern hizo que sus pilotos descendieran por entre las altas y puntiagudas torres de la ciudad santuario. Al pasar junto a los campanarios que sonaban de manera enloquecida y los tejados atestados de servidores-gárgola, los Caballeros Grises se hicieron conscientes de todo el horror desatado por la incursión Virkuriana. Pequeñas bandas de [[Sororitas]] luchaban bajo los arcos, en los puentes y las escalinatas en espiral, descargando sus bólteres contra las oleadas de Demonios, hasta que fueron arrolladas. Vastas nubes de moscas demoníacas brotaron por las ventanas rotas de las Cathedrums, con su ensordecedor zumbido tapando los gritos de las almas condenadas que había en el interior. Desafortunados sacerdotes del Ministorum, con sus ropajes ardiendo con fuego mutante, se suicidaban lanzándose al vacío antes que ser atrapados por las abominaciones que habían profanado sus santuarios. Aquí y allá podía verse a grupos de Campeones de Fenris; en el Ophidium Central, los Cazadores Grises y Colmillos Largos frenaban a tiro limpio una horda de Aplastadores de Almas, mientras que en la Plaza de la Paz los Demonios de Nurgle eran convertidos en cenizas por la furia psíquica de una Hermandad de la Tormenta.
   
Evaluando gravemente el pandemonio que había bajo ellos, Stern supo que Vikurus estaba más allá de cualquier ayuda posible. La condenación de éste mundo no podía detenerse. Sólo importaba la misión.
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Aún así, al analizar aquel infierno desatado Stern se dio cuenta de que Vikurus estaba perdido. La condenación del planeta no podía ser detenida. Sólo importaba la misión
   
Con una severa inclinación, las tres Stormravens se precipitaron al cañón, hecho por la mano del hombre, del Cathedrum Procesional. Tras ellos, una hueste de Demonios de Tzeentch voladores se elevó de entre el tumulto: sus pilotos lanzaron salvas de fuego disforme que transmutaron a la nave más retrasada, la cual pasó a encabezar la marcha y fue obligada a hundirse y explotar en el procesional que había bajo ellos.
+
[[File:Caballeros Grises destruyendo Demonios.jpg|thumb|236x236px]]Describiendo un giro muy cerrado, las tres Stormravens se metieron por el cañón artificial que era el Cathedrum Procesional. Tras ellos, una hueste de Demonios de Tzeentch surgió en medio de toda aquella matanza, con sus Horrores lanzando descargas de llamas Disforme que transmutaron a la cañonera que estaba en la retaguardia, haciéndola caer y explotar en el procesional.
   
Las torretas giraron y los cañones de asalto chirriaron mientras aceleraban. Mientras las cañoneras se precipitaban por las calles entre cathedrums vecinos, escupieron lineas de fuego segador a sus infernales perseguidores. Carros ardientes llovían, hechos añicos, sobre las calles, ahogadas en cadáveres, bajo ellos. Lo que aún quedaba de los Demonios se disolvió, esfumándose en busca de presas más sencillas y permitiendo a los Caballeros Grises alcanzar su objetivo. Estaba próximo, pues la colosal Cúpula de los Penitentes se alzaba en lontananza, dominando el paisaje. Chirriando cerca de su azotea con las armas recalentadas, las Stormravens no aminoraron... [[File:Caballeros Grises destruyendo Demonios.jpg|none|thumb|236x236px]]
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Las torretas giraron y los cañones de asalto empezaron a escupir muerte a medida que ganaban velocidad. Las aeronaves maniobraron por las estrechas calles entre amenazadoras Cathedrums, escupiendo andanadas de fuego contra sus perseguidores infernales. Los carros en llamas cayeron como lluvia sobre las calles atestadas de cadáveres. El resto de Demonios se desentendió del combate, marchándose en busca de presas más fáciles y dejando a los Caballeros Grises que se encargaran de su objetivo. Ante ellos se elevaba a los cielos la descomunal Cúpula de los Penitentes, que dominaba por completo el paisaje. Gritando hacia sus tejados y equipados con armas ardientes, los Stormravens no perdieron ni un instante...
   
 
=== ''[[Campeones de Fenris|Los Campeones de Fenris]] '' ===
 
=== ''[[Campeones de Fenris|Los Campeones de Fenris]] '' ===
   
=== La Guardia Real ===
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===='''La Guardia del Rey'''====
Tanto si están combatiendo pérfidos Eldar bajo la fría luz de estrellas alienígenas, llevando la batalla a abominables renegados en las profundidades de retorcidas naves de guerra, o asesinando a las más poderosas bestias Tiránidas, los Campeones de Fenris nunca fallan y nunca desfallecen. Ellos son los ejemplos más claros de su hermandad guerrera, las manadas a las que todos los otros Lobos Espaciales ansían unirse, y son mantenidos en los más altos estándares por su señor, Logan Grimnar.
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Tanto si combaten con los pérfidos [[Eldar]] bajo la luz de estrellas alienígenas, batallan contra viles renegados en el interior de astronaves retorcidas o abaten descomunales bestias [[Tiránidas]], los Campeones de Fenris jamás flaquean ni titubean. Son parangones entre sus hermanos, la manada a la que todo Lobo Espacial anhela unirse, y gozan de la más alta estima por parte de su señor Logan Grimnar.
   
Cuando los Campeones marcharon en su búsqueda de los Wulfen, el Señor Grimnar los lideró orgullosamente hacia las estrellas con la esperanza en su corazón. Grimnar llevó consigo a sus mayores consejeros y sus más heroicos acompañantes, figuras tan renombradas como Njal Stormcaller, Ulrik el Matador, el Sacerdote Lobo Ulstvan Morkaison, y el corpulento campeón [[Arjac Puñoroca|Arjac Puñorroca]].
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Cuando los Campeones partieron en busca de los Wulfen, el Señor Grimnar les llevó orgulloso a las estrellas con ánimo esperanzado. Grimnar llevaba consigo a sus mejores consejeros y sus camaradas más heroicos, figuras tan célebres como [[Njal Stormcaller]], [[Ulrik el Matador]], el Sacerdote Lobo Ulstvan Morkaison, y el gigantesco campeón [[Arjac Puñoroca]].
   
Al aterrizar y desembarcar en el condenado mundo de Vikurus, fueron éstos héroes de las sagas cantadas quienes lideraron a la ''Guardia Real'' al combate. Era un honor hacerlo, pues pocos guerreros en la galaxia podrían igualar la fuerza de la masiva Guardia del Lobo que componía sus filas. Los especialistas en combate ''Garras del Vacío'' de Daggerfist, los alborotadores portadores de martillos de los ''Hermanos de Escudo'' de Wulftongue, los mortales francotiradores de los ''Colmillos Invernales'', los reputados ''Matatodo'' de Horgoth, y los ''Garras de Grimnar'' que habían combatido tan duro y tan bien en [[Alaric Prime]]: todos ellos eran leyendas vivientes de batallas innumerables, maestros en el arte de la guerra y tan absolutamente leales al Gran Lobo. La fuerza combinada de éstos guerreros era suficiente para cambiar el sentido de la guerra, conquistar mundos, y destruir a los más terribles enemigos. En Vikurus serían probados al límite.
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Fueron estos héroes laureados quienes lideraron a la Guardia del Rey durante el descenso orbital sobre el mundo condenado de Vikurus. Fue un honor hacerlo, pues pocos guerreros en toda la galaxia habrían estado a la altura de aquellas nutridas fuerzas de la Guardia del Lobo. Las ''Dagas del Vacío ''de'' Daggerfitst,'' especialistas en cuerpo a cuerpo; los ''Hermanos de Escudo'' de Wulftongue armados con martillos; los letales tiradores de los ''Colmillos Invernales''; los célebres ''Matatodo ''de Horgoth y las ''Garras de Grimnar'' que con tanto tesón y destreza habían peleado en [[Alaric Prime]]. Todos ellos eran leyendas vivas de innumerables batallas, maestros en el arte de la guerra y de una lealtad absoluta al Gran Lobo. La suma de las fuerzas de estos guerreros bastaba para alterar el curso de una guerra, conquistar mundos y aplastar a los enemigos más terribles. La guerra en Vikurus pondrían a prueba sus límites.
   
Luchando junto a las manadas guerreras de la ''Guardia Real ''estaban algunas de las grandiosas máquinas de guerra y guerreros de la armería de los Lobos Espaciales. Un par de Land Raiders proveían a ésta fuerza de combate con un excepcional apoyo de armamento pesado. El anciano