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Legionario XIX Legión Conquista de la Franja Joviana

Legionario desconocido de la XIX Legión que participó en la Conquista de la Franja Joviana en la Unificación del Sistema Solar, antes del reencuentro con Corax.

La Batalla del Yunque del Infierno fue una campaña de anexión librada durante la época de la Gran Cruzada por la XIX Legión (aún no bautizada como la Guardia del Cuervo) y los Lobos Lunares, así como por varios regimientos del Ejército Imperial.

Historia

La Batalla del Yunque del Infierno es un ejemplo típico de los primeros enfrentamientos de la XIX Legión, los cuales formaron una salvaje leyenda que Corax trataría después de reprimir, y muestra los parecidos tácticos y las diferencias de carácter de los guerreros de la Decimonovena y los que posteriormente formarían la Guardia del Cuervo.

Yunque del Infierno era el nombre dado por los estrategas del Imperio a una enorme fortaleza situada en el planeta Baratrum, un mundo cuya población, antaño humana, sobrevivía en las profundidades en vastas madrigueras-factoría, mantenidas activas con tecnología prohibida y tecnoherejías descontroladas. Durante casi cinco años los regimientos del Ejército Imperial habían librado una batalla inútil para destruir a los Directores del planeta, que hacía mucho que habían renunciado a su humanidad, y para capturar la prodigiosa riqueza mineral del mundo para el naciente Imperio. No habían logrado muchos avances, pues incluso cuando las unidades de asalto del Ejército Imperial lograron penetrar en las madrigueras-factoría más pequeñas con inmensas máquinas tuneladoras, se desataron hordas hirvientes de zánganos humanos ciegos y potenciados con implantes biónicos, que sellaron las brechas en sus fortalezas con los cuerpos de sus muertos. Miles de vidas se habían perdido y el Ejército Imperial era incapaz de hacerse con ninguna posición en la hundida metrópolis de Baratrum.

La llegada de una flota con tres Capítulos completos de la XIX Legión, liderados por el Señor de la Oscuridad Arkhas Fal, y con un considerable contingente de Lobos Lunares, cambió la naturaleza de la campaña. Como ninguna de las dos Legiones mantenía un arsenal de asedio extenso, y cualquier intento de hacerse con las madrigueras-factoría subterráneas al asalto estaba condenado a fracasar, el Capitán Oscuro Nerat Kirine del Capítulo de la Garra Cenicienta desarrolló una estrategia alternativa, la cual sirve como un potente ejemplo del brutalmente eficiente estilo de combate de la temprana XIX Legión.

Sin preocuparse por los daños colaterales a la población subterránea del planeta, los Cruceros de Asalto de los Astartes comenzaron un tremendo bombardeo directamente sobre las fortificaciones subterráneas de Yunque del Infierno, anteriormente inexpugnables. La inmensa fuerza tectónica del bombardeo sacudió al planeta hasta su núcleo, causando graves daños en muchas de las ciudades subterráneas, y desenterró los muros de Yunque del Infierno por pura fuerza bruta, dejando un enorme cañón de barro humeante y gases tóxicos ante las fuerzas imperiales.

El Señor de la Oscuridad Fal envió al interior de este paisaje torturado e inestable a tres regimientos de Voltigeurs Thorosianos, una unidad del Ejército Imperial que hasta entonces había fracasado en sus esfuerzos por asaltar la fortaleza. Tomaron posiciones defensivas como buenamente pudieron en medio de la destrucción y la casi permanente lluvia espesa y cargada de escombros. Mientras los regimientos se preparaban, los frenéticos obreros-zángano de Yunque del Infierno se lanzaron al ataque por orden de sus Directores. En medio de la cegadora lluvia de barro y vapor, los soldados thorosianos intentaron mantener a raya a los zánganos sin mente, cuyos implantes biónicos, aunque diseñados para las labores de construcción, resultaban remarcablemente adecuados para la tarea de matar. Con las bajas acumulándose rápidamente y la fortaleza herida de Yunque del Infierno aún vomitando a sus enloquecidos defensores, los mandos thorosianos enviaron desesperadas peticiones de ayuda a la Decimonovena. Sin embargo, el silencio respondió a todas sus súplicas.

Mientras los regimientos thorosianos se dejaban la vida en una frenética batalla en el resbaladizo barro del cráter, las Compañías de línea de la XIX Legión y sus aliados Lobos Lunares, así como las de cazadores de cabezas del Capítulo de la Garra Cenicienta, tomaron posiciones en las crestas de la inestable fisura artificial. Aguardando hasta que Yunque del Infierno se hubiera vaciado de defensores, que se arremolinaban en el barro empapado de sangre en torno a los machacados restos de los regimientos del Ejército Imperial, sus Pretores dieron la señal de avanzar. Mientras las filas reunidas de los Lobos Lunares y la XIX Legión avanzaban bajando por la ladera, disparando sus bólteres en salvas atronadoras contra la multitud de obreros-zángano, los guerreros de los Garras Cenicientas descendieron a las entrañas de Yunque del Infierno.

Con el grueso de las fuerzas Astartes cerrando las fauces de la trampa en torno a la mayoría de enemigos, los Garras Cenicientas fueron capaces de abrirse camino hasta el interior de la fortaleza. Allí, en los retorcidos pasadizos laberínticos, los guerreros de la Decimonovena libraron una guerra de guerrillas contra los imponentes Directores, cuyas agostadas formas humanas estaban envueltas en capas de toscos implantes acumulados durante siglos, y todas rebosaban de armas acopladas, así como contra las manadas de obreros-zángano que aún acechaban en los casi infinitos pasadizos de la fortaleza. Moviéndose constantemente, rodeando los reductos preparados por los Directores y golpeando desde las sombras sin previo aviso antes de desvanecerse de nuevo en la oscuridad de los túneles, los Garras Cenicientas dejaron a su paso cadáveres parcialmente mecánicos y fortificaciones quebradas. Con esta estrategia de ataques móviles y devastadores, el Capitán Oscuro Kirine pretendía desgastar la fuerza de su enemigo mientras buscaba el corazón de la fortaleza, el objetivo final del asalto.

Tras horas de lucha en los mareantes laberintos de túneles, la XIX Legión finalmente descubrió los titánicos reactores de plasma de Yunque del Infierno, situados a muchos kilómetros bajo la superficie del planeta. En aquellas cavernosas cámaras, los Garras Cenicientas se enfrentaron a los más antiguos y grandes Directores, monstruosas amalgamas de metal y carne que habían existido en la oscuridad bajo la fortaleza desde hacía casi un milenio. Atacando con una ferocidad repentina y usando sus propulsores de salto para entablar combate con sus inmensos oponentes, el Capitán Oscuro Kirine y su guardia personal mantuvieron a los Directores a raya mientras se colocaban bombas de fusión entre los delicados campos de contención de los reactores, antes de retirarse tan súbitamente como habían atacado hacia los niveles superiores para detonar las bombas.

La explosión de los reactores subterráneos sacudió de nuevo el cráter dejado por el bombardeo orbital, provocando avalanchas de barro hirviente y causando aún más bajas entre los Voltigeurs Thorosianos que habían sobrevivido a la batalla. En la superficie, los guerreros de la Decimonovena bajo el mando de Arkhas Fal habían pasado a cuchillo a los zánganos atrapados en la fisura, sufriendo apenas bajas al estar el enemigo fuera de sus posiciones ventajosas, y recibieron a los Garras Cenicientas supervivientes con solemnes saludos cuando emergieron de las ruinas de la fortaleza, en claro contraste con las ruidosas celebraciones de los Lobos Lunares. La destrucción de Yunque del Infierno causó el rápido colapso de la resistencia de Baratrum, y a pesar de los daños sufridos por las diversas madrigueras-factoría, los enviados del Mechanicum fueron capaces de reiniciar la producción con apenas un pequeño retraso, alimentando la expansión de las conquistas del Imperio.

Los regimientos thorosianos soportaron el peso del sangriento coste del asalto. De los más de diez mil soldados enviados a la batalla, sobrevivieron menos de mil, mientras que la Decimonovena y los Lobos Lunares apenas habían sufrido unos cientos de bajas, la mayoría de los Garras Cenicientas. Este coste, aunque elevado, era menor de lo que podría haberse esperado de un asedio prolongado, y la batalla fue alabada como una poderosa victoria para la Gran Cruzada. También fijó la reputación de la XIX Legión como heraldo de muerte para las unidades del Ejército Imperial asignadas para apoyarles, ya que sus atrevidos ataques decapitadores a menudo dejaban a las unidades auxiliares en medio de la destrucción y casi sin esperanzas de rescate. Este remanente de su herencia como esclavistas e incursores de las llanuras de polvo de la Vieja Tierra no encontró el favor de Corax cuando este se reunió con su Legión, y esta práctica fue olvidada dentro y fuera de la Legión solo tras años de campañas bajo la tutela del Señor Cuervo.

Fuentes

  • The Horus Heresy III.
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