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Legión de la Cruz de Hierro
El contenido de este artículo pertenece a la saga No Oficial de Balhaus, que ha recibido el Sello de Calidad Wikihammer.

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Bosque Dokkä

Bosques oscuros de Dokkä, escenario de los combates de la Batalla de la Negrura

Se denomina Batalla de la Negrura a los combates sucedidos en el 2667 DDF (087.M42) entre las fuerzas de Dralog el Pútrido y la Wehrwaffen de Balhaus, teniendo como escenario principal la colonia de Dokkä.

HistoriaEditar

Dralog el Pútrido, Gran Inmundicia de Nurgle, era un campeón del Señor de las Moscas que cayó en desgracia tras su fracaso en el asalto al mundo colmena de Black Reach en el 1577 DDF (907.M39). Humillado, con su ejército diezmado y sin el favor de su señor, Dralog languideció durante dos Miclos en un remoto planeta del Ojo del Terror donde trató de reconstruir sus huestes, cosa complicada ya que sus limitados poderes no le permitían más que ceñirse a las criaturas que existían en aquel mundo perdido, en su mayor parte razas retorcidas y serviles con poca o ninguna utilidad para extender su plaga.

Martirizado por su fracaso, Dralog y sus esbirros fueron confinados allí junto con el ingenio que había espoleado sus pretensiones, la Estrella Aberrante, dañada y casi deshabitada tras sufrir las iras de los Ultramarines en Black Reach, pero la Gran Inmundicia no se dejó llevar por la desesperación, y con infinita paciencia y la ayuda de algunos tecnosacerdotes oscuros comenzó la reconstrucción del inmenso aparato, mientras erigía sus repugnantes factorías alrededor de la plataforma.

Siglo tras siglo Dralog extendió su plaga por aquel mundo y arrastró a las criaturas que lo poblaban a sus pozos de mutación, donde fueron dolorosamente infectadas con el estigma del Caos y transformadas en temibles bestias, si bien su escaso número no conformaba un ejército aterrador. La falta de guerreros se convirtió en una obsesión para el Pútrido, pues al serle negados los favores de Nurgle no podía contar con Marines de Plaga ni ninguna otra fuerza poderosa que le ayudara a recuperar su puesto perdido entre los favoritos del dios de la corrupción, de modo que aunque consiguiera convertir de nuevo la Estrella Aberrante en un aparato nuevamente funcional, jamás podría llenar sus oscuras bodegas con un contingente que acompañara sus temibles capacidades.

Fue por esto por lo que Dralog ideó una nueva manera, un camino que le llevara de vuelta a los altares del Señor de las Moscas. Si no podía contar con la ayuda del dios, de sus contagios, demonios y demás huestes, crearía las suyas propias, recurriendo a la tecnología más oscura.

ResurgimientoEditar

Dralog el Pútrido

Dralog el Pútrido, Gran Inmundicia de Nurgle

Dralog, desterrado por su fracaso y ahogado en su propia miseria, pasó siglos esperando mientras sus esbirros estudiaban la manera de incrementar su poder, experimentando con olvidadas y retorcidas tecnologías, dando origen finalmente a los terroríficos androides epidémicos, entidades creadas en masa a partir de materia orgánica y otros componentes artificiales, los cuales carecen de voluntad propia y se afanan en sus tareas de forma obsesiva.

Cientos de miles de aquellas criaturas fueron creadas, o más bien ensambladas, y dotadas de vida gracias a complejos rituales que involucraban el uso de poderes derivados del Inmaterium que Dralog aún poseía, lo cual lo dotó de un nuevo ejército completamente servil, sin conciencia pero superior en capacidades a las plagas zombie, las cuales por lo general eran usadas meramente como elementos de propagación y carne de cañón antes de la llegada de las verdaderas amenazas.

Una inmensa marea de seres de todo tipo conformaron entonces un auténtico ejército con el que el Pútrido se sintió satisfecho, el cual fue confinado en la Estrella Aberrante a la esperade que ésta estuviese en plena forma para iniciar de nuevo su devastación.

Dralog pretendía recuperar su posición frente a Nurgle y vengarse de aquellos que le habían destronado, situándose como uno de sus campeones de nuevo, para lo cual utilizaría cualquier método a su disposición.

Cuando la gigantesca plataforma estuvo de nuevo en condiciones, abandonó el Ojo del Terror internándose en la Disformidad para trasladarse a un lugar donde pudiera experimentar sus capacidades, con lo cual Dralog decidió asolar varios mundos alejados todavía del Imperio de la Humanidad, donde existieran pocas posibilidades de que encontrar una resistencia coordinada y de envergadura que pudiera hacer fracasar sus planes antes de que comenzaran, seleccionando un sector más allá de la Franja Este.

Allí encontró mundos aislados, culturas minoritarias (incluso humanas) que fueron incapaces de enfrentarse a la marabunta de criaturas que Dralog derramaba sobre ellos, devastando y esquilmando planeta tras planeta, incrementando sus fuerzas y haciendo que sus factorías funcionaran día y noche sumando cada vez efectivos más numerosos y terribles a sus huestes.

La Estrella Aberrando amplió su reguero de destrucción y terror a lo largo de dos siglos, evolucionando, tranformándose y convirtiéndose de nuevo en un inmenso engendro que servía de hogar a millones de criaturas empleadas de forma muy eficaz para la destrucción y la extensión de la plaga.

DokkäEditar

Dokkä

El oscuro mundo de Dokkä y su luna, Dokkeris

Tras muchos años de labor ininterrumpida, la constante infección de Dralog dio sus frutos y Nurgle volvió a fijarse en él, impresionado por sus conquistas y la enorme cantidad de corruptos sacrificios que le eran dedicados, con lo cual, graciosamente, volvió a dotar de grandes poderes a su acólito, quien no tardó en utilizarlos para aumentar los poderes de su ejército, dotándolo de nuevas máquinas y espantosos seres que le ayudaban a lograr sus propósitos.

En el 2667 DDF (107.M42), el orgulloso Dralog se vio preparado de nuevo para retomar sus actividades contra el Imperio, soñando con regresar a sus fronteras y asolar los innumerables mundos sin piedad, venciendo a los poderosos capítulos de su élite que se pusieran por delante y devolviéndoles la humillación a la que él fue sometido.

No obstante, Dralog ya no era el impetuoso ser que cometió los errores garrafales que le llevaron a la perdición Miclos antes, era mucho más cauteloso ahora, y pese a que contaba con fuerzas renovadas y una horda temible, sabía que el Imperio no era un enemigo fácil de batir, con lo que quiso incrementar aún más sus oportunidades de victoria.

Debido a ello, el campeón de Nurgle se fijó en un nuevo territorio que sería la última prueba antes de internarse en las fronteras Imperiales, un lugar poblado por una cultura avanzada que parecía similar la humana y que podría de relieve su capacidad de enfrentamiento real, pues hasta el momento tanto su número como sus habilidades habían sido abrumadoras contra otras sociedades más primitivas.

El objetivo era un oscuro planeta llamado Dokkä, un mundo fértil y en el cual se arremolinaban alrededor de mil millones de balhausitas, los cuales servirían como nueva materia prima para ser procesada en sus factorías de transformación, convirtiéndose en servidores de Dralog como fuerza adicional a la ya de por sí enormes huestes de las que disponía.

Una vez hubiera vencido, se tomaría su tiempo para atacar otros planetas circundantes, pero el primer golpe debería resultar letal contra los defensores y cualquier ayuda de la que pudieran disponer exteriormente.

PreliminaresEditar

Estrella Aberrante

La Estrella Aberrante

El acercamiento a Dokkä ya resultó un problema para los invasores, pues a pesar de salir de la DIsformidad en sus cercanías, se encontraron con una fuerte oposición que parecía circundar el perímetro que trataban de conquistar. En efecto, la Estrella Aberrante se vio repentinamente atacada por una serie de defensas estáticas, la Línea Svartal, la cual si bien no resultó un obstáculo significativo para el inmenso ingenio, sí que causó algunos daños gracias a los densos campos de minas Haltkopf que obligaron a sus fuerzas a emplearse a fondo para eliminarlos, así como potentes pulsos y torpedos que provenían de estaciones autónomas (nodos Watcher) que tuvieron que ser eliminadas sistemáticamente para poder abrirse paso.

Aquellos ingenios, sin duda, habrían alertado a las fuerzas defensoras, de modo que Dralog ordenó un avance rápido sobre su objetivo inicial, enviando antes de la llegada de la Estrella Aberrante un sinfín de naves cargadas con parte de sus huestes, las cuales tenían el objetivo de allanar el camino para la triunfal llegada de su líder.

El oscuro mundo de Dokkä no permitió un despliegue fácil, pues muchas delas naves de la horda de Nurgle fueron alcanzadas en la órbita por nutridas defensas de superficie que disparaban con precisión sobre ellas, si bien su número era tan elevado que centenares de ellas llegaron a tomar tierra, encontrándose sin embargo con una gran sorpresa.

DefensaEditar

Casi dos millones de efectivos de Dralog pudieron desplegarse en los negros bosques de Dokkä, un sinfín de criaturas y monstruosos seres que enseguida formaron una línea que avanzaba imparable hacia el núcleo principal, la gran colonia balhausita establecida allí, pero que sin embargo pronto descubrieron que no se encontraba desprotegida.

Los densos bosques de Dokkä ralentizaban el avance de las fuerzas de Dralog, las cuales pronto fueron hostigadas por enemigos que usaban aquel asfixiante entorno en su beneficio. Miles de seres mecánicos, concretamente unidades AMS y Maschinenkörpers abrían certero fuego contra los enemigos en diversos puntos, atacando y retirándose haciendo que el contingente principal se viera entorpecido, mientras que cientos de otros artefactos que surgían del suelo repentinamente (unidades Zuchtsnagle) aparecían entre las filas de androides y criaturas causando graves daños.

Ninguna de aquellas criaturas mecánicas se veían afectadas por la plaga, las nubes de esporas, los venenosos artefactos explosivos o las armas corruptas que lanzaban proyectiles víricos, ya que se trataba de máquinas que operaban de manera sistemática, aunque en realidad no eran más que la punta de lanza de lo que se avecinaba después.

Escuadrones de tanques que flotaban sobre el suelo, artillería móvil y una nube de aparatos voladores que bombardeaban furiosamente las fuerzas de Dralog aparecieron repentinamente apoyando los ataques previos en diversos puntos, si bien la resistencia de las criaturas de Nurgle era formidable y comenzaron a causar bajas también entre los feroces defensores. El elevado número de filas de androides epidémicos soportaba los ataques y seguía su avance a costa de muchos caídos mientras los bosques ardían con la refriega, elevando inmensas columnas de humo denso que se confundía con la oscuridad del ambiente.

Entre tanto, la Estrella Aberrante seguía acercándose de forma imparable, y Dralog, situado en el pináculo de control, recibía los informes de sus fuerzas de tierra que se batían contra la oposición balhausita, quienes ofrecían gran resistencia, pero por simple inferioridad numérica iban perdiendo terreno poco a poco. El Pútrido miraba con alegría el resultado de su estrategia, pues no parecía que los pobladores de Dokkä pudieran soportar aquel fuerte castigo indefinidamente, teniendo en cuenta además que sólo se batían con la avanzadilla, pues casi otros tres millones de efectivos se aproximaban en el inmenso ingenio del Caos, lo cual supondría el fin de toda resistencia en cuanto arribaran a su destino.

No había rastro de refuerzos externos, el camino parecía expedito para los invasores, de modo que pocas horas después la Estrella Aberrante se encontraba ya en las proximidades de Dokkä, pero entonces sucedió algo fuera de los planes de Dralog, quien ya pensaba en el siguiente objetivo sabiéndose vencedor en aquella primera contienda.

Los refuerzosEditar

Flota Balhaus

Ala de Combate 3 de la Weltwaffe

Cuando la inmensa Estrella Aberrante maniobraba ya para vomitar el resto de su carga en lanzaderas de desembarco hasta la superficie de Dokkä, lo cual sería el golpe final para los defensores sin ninguna duda, sus sensores detectaron repentinamente una presencia hostil que anteriormente no se encontraba allí.

Dralog fue alertado de inmediato respecto a la amenaza, que parecía tratarse de un nutrido grupo de naves en las cercanías de la Estrella Aberrante, sin duda un grupo de combate que ya enfilaba su posición y se acercaba a gran velocidad.

En efecto, Balhaus respondía a la amenaza de forma increíblemente rápida, oponiendo al enorme ingenio del Caos todo un conjunto de naves, en concreto la poderosa Ala de Combate 3, compuesta por más de cien naves de combate entre acorazados, destructores y cruceros pesados, además de otras tantas de apoyo.

Semejante fuerza, tan inesperada como amenazadora, no tardó en situarse en posición e iniciar un salvaje bombardeo contra la Estrella Aberrante, liberando asimismo nubes de cazas y bombarderos que comenzaron a hostigar su superficie a gran velocidad mientras desbarataban sus defensas.

Dralog ya había ordenado que las naves de desembarco iniciaran su descenso hacia Dokkä, de modo que gran cantidad de ellas se encontraban en tránsito hacia la órbita o incluso dentro de ella atravesando ya la atmósfera, las cuales enseguida se vieron atacadas por los veloces cazas balhausitas KG109B, tan precisos como letales, los cuales comenzaron a derribarlas con insultante facilidad.

Mientras tanto, la primera andanada de misiles y torpedos lanzados contra la Estrella Aberrante llegó a su destino estrellándose contra sus escudos, pero aquellos proyectiles eran mucho más potentes de lo que los atacantes esperaban, pues la tecnología de hiperfisión los dotaba de una capacidad destructiva contra la cual las defensas de la plataforma no estaban preparadas.

Los torpedos Barrakuda hicieron también su labor debilitando y consumiendo amplias áreas de los escudos, permitiendo así que el resto de ingenios disparados alcanzaran la superficie de la Estrella Aberrante causando enormes explosiones y daños de gran envergadura.

Potentes descargas de cañones de macropulso procedentes de los destructores Rohr, impactos de los tensores gravitacionales y otras armas muy potentes contra las que las huestes de Dralog nunca se habían enfrentado barrían la plataforma causando inmensos destrozos, atravesando sus cubiertas y provocando fuertes daños estructurales.

Los escudos no eran capaces de regenerarse a suficiente velocidad antes de que las constantes andanadas del Ala de Combate impactaran con brutalidad sobre ellos, demostrándose ineficaces contra la superior tecnología enemiga y obligando a la Estrella Aberrante a encajar una y otra vez terribles descargas que poco a poco fueron minando su inmenso tamaño.

Llegado un punto Dralog comprendió que estaba metido en una ratonera, y que el volumen de su poderoso artefacto, cada vez más expuesto, era también su mayor debilidad, ya que había áreas enteras del mismo que ya no presentaban defensa alguna, convirtiéndose en puntos de acceso fácil para oleadas de bombarderos que ahondaban en las heridas provocadas alcanzando ya zonas vitales de la plataforma.

A la vista de aquello, henchido de rabia, ordenó alejarse de la órbita antes de que todo estuviera perdido, con lo cual abandonaba a las fuerzas de superficie a su suerte mientras otros transportes de Balhaus se abatían sobre la superficie depositando refuerzos.

Los borrademoniosEditar

Teufelwör Dokkä

Legionarios de la Teufelwör con blindajes YZR4 luchando en los oscuros bosques de Dokkä

Las fuerzas de Dralog que se batían en Dokkä ganaban terreno poco a poco gracias a su gran superioridad numérica, pero pronto los defensores comenzaron a contar con ayuda procedente de la flota en órbita que había ahuyentado a la Estrella Aberrante.

Nuevos recursos de Balhaus fueron enviados de inmediato gracias a los trasladores fotónicos, en especial más unidades AMS y efectivos de la División Teufelwör, los cuales enseguida se situaron en posiciones de combate y comenzaron a batirse con los asaltantes.

Armados con sus rifles Bildverz, las líneas de soldados de la División XI resultaron simplemente letales contra los numerosos artefactos y criaturas del Caos, pues al estar imbuidos de energía disforme habían soportado hasta el momento el fuerte castigo de los balhausitas, pero la munición Verfäl de sus armas atravesaba las defensas de los androides epidémicos y demás criaturas demoníacas como un cuchillo al rojo ante un bloque de grasa, reduciéndolos a amasijos de hierro y carne podrida, lo cual provocó que su avance se viera completamente interrumpido.

Los legionarios de la XI pronto abrieron profundas brechas en las líneas enemigas, las cuales sin embargo seguían luchando con tenacidad y sin ceder un solo metro, pero los daños que causaban los balhausitas empezaron a ser definitivos, dividiendo a los invasores poco a poco y aislándolos en bolsas que enseguida se cerraban con nuevos efectivos.

Del avance de la horda del Pútrido se pasó al equilibrio ante la llegada de las nuevas fuerzas, las cuales detuvieron su progreso como una inundación, tras lo cual perdieron su empuje y pasaron a la defensa, para finalmente ser víctimas de un exterminio sistemático y desmembramiento de sus fuerzas pieza a pieza.

Los combates se extendieron durante otras cuarenta horas, pero al final, de los dos millones de efectivos enviados por Dralog sólo quedaban alrededor de cien mil en un último reducto que era bombardeado incesantemente, mientras las incansables unidades AMS y los Maschinenkörper mantenían el fuego sobre ellos, permitiendo que el Wehrgruppe y la Teufelwör tomaran posiciones de ventaja.

Pocas horas después el último androide epidémico cayó bajo la lluvia de muerte en el oscuro páramo de Dokkä, que había visto cómo miles de hectáreas de sus superficie habían sido barridas por los efectos de la batalla, iluminando el mundo como una antorcha en la negrura.

DralogEditar

La Estrella Aberrante se había situado en un área más favorable para la defensa, alejada de los cañones orbitales de Dokkä, pero el castigo era continuo y el Ala de Combate 3 no soltaba su presa, a la que maltrataba con toda su furia descargando sobre ella todo lo que tenía.

Dralog sabía que no había rendición, aunque huyese jamás podría regresar al Ojo del Terror, pues Nurgle no admitiría una segunda humillación y derrota como la sufrida en Black Reach, de manera que estaba determinado a combatir hasta el fin.

Con el 75% de sus defensas destruidas, incendios tan monstruosos que envolvían una cuarta parte de la plataforma, impactos repetidos, escudos al mínimo y otros completamente desbaratados y una fuerza enemiga superior en tecnología y potencia, la Estrella Aberrante aguantaba tan solo gracias a su descomunal tamaño, pero en muchas áreas ya no era más que un despojo de metal burbujeante y pedazos que se desmoronaban poco a poco.

Pocas horas después en las que el bombardeo se mantuvo e incluso aumentó de intensidad debido a que la plataforma ya no era capaz de defenderse, una descarga de macropulso alcanzó los motores de impulsión, haciendo que el monstruoso artefacto perdiese el control, la gravedad y todos sus sistemas de soporte. Las explosiones se multiplicaron y el artefacto se rompió en grandes pedazos, dando fin a la contienda. Se ignora lo sucedido con Dralog, pero en ese momento se cree que muere en la explosión del ingenio.

ConclusionesEditar

El ataque del Caos sobre territorio balhausita dio oportunidad de probar las nuevas armas de más puntera tecnología, incluyendo las unidades robóticas de última generación, la efectividad de la Teufelwör y las potentes y mejoradas naves de la Weltwaffe.

Quedó demostrado asimismo que el Salto Intraversal era mucho más práctico y menos arriesgado que utilizar la Disformidad para los desplazamientos, permitiendo un traslado rápido a los puntos de destino sin variaciones, efectos temporales y demás peligros que entraña la navegación por el Inmaterium.

La División XI demostró así que era capaz de enfrentarse a las amenazas del Caos con terrible efectividad, si bien el Sicherhaus era consciente de que el enfrentamiento, pese a su envergadura, no suponía una gran victoria dado que las fuerzas que se enfrentaron a los efectivos balhausitas no eran la élite, ya que en ella no participaron Marines de Plaga ni fuerzas realmente coordinadas, sino una inmensa marabunta de artefactos y demonios menores que no constituían en sí un fuerza imparable más que por su elevado número.

No obstante, el enfrentamiento sí que proporcionó valiosos datos en términos de armamento, eficiencia y daño del mismo, poniendo de relieve que los avances tecnológicos resultaron completamente determinantes en la consecución de la victoria.

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