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Ultramarines vs Portadores Calth

Ultramarines combatiendo contra Portadores de la Palabra en la órbita de Calth.

La Batalla de Calth fue un conflicto que se llevó a cabo en el planeta Calth, en el territorio de Ultramar, durante la Herejía de Horus. Este enfrentó a las Legiones Astartes de los Ultramarines y los Portadores de la Palabra, dos de las Legiones más grandes, así como a sus respectivos aliados de las Legiones Titánicas y el Ejército Imperial, en una desgarradora masacre.

PreludioEditar

La intención de Horus el Traidor era atacar Terra para derrocar al Emperador, por lo que aisló a aquellos que sabía que se le opondrían. Las órdenes que había dado a los Ultramarines, la más firme de las Legiones, eran de reunirse en el planeta Calth con los Portadores de la Palabra, que les servirían de apoyo para luchar contra los Orkos de la Franja Este. Pero, en realidad, los hijos de Lorgar tenían una misión secreta que cumplir. Ambas armadas no tardaron en reunirse en el planeta.

Muchos oficiales de alto rango vieron esta decisión del Señor de la Guerra como una inteligente estrategia diplomatica. Dado que, desde que el Emperador castigó a los Portadores por considerarlo un dios, obligando a los Ultramarines a destruir Monarchia, la "ciudad perfecta" que construyeron los Portadores de la Palabra en honor al Señor de la Humanidad, humillaron a Lorgar y su Legión en el proceso. Asignando a ambas facciones en una campaña conjunta dentro de la Gran Cruzada, parecía que intentaba erradicar la mala sangre que su padre había creado. Sin embargo, su verdadero propósito era aún más artero.

Los Portadores llevaban mucho tiempo del lado de Horus. De hecho, se rumoreaba que fue un Capellán de esta Legión, Erebus, quien tramó la caída del Señor de la Guerra durante la contienda por Davin. Eran completamente cómplices del plan, no sólo para mantener a los Ultramarines alejados de Terra, sino también para cobrarse su venganza respecto a sus hermanos leales. Ademas, Ultramar era un sistema demasiado defendido, que podría suponer un cuhcillo directo a la garganta de la rebelión de Horus.

Tras la masacre de Istvaan V, una flota combinada de Portadores de la Palabra y Devoradores de Mundos se dirigió a Ultramar, con una fuerza de 300.000 legionarios. Esta flota estaba compuesta por una enorme cantidad de naves, entre las que se encontraban tres Acorazados clase Abismo, naves colosales creadas en secreto incluso para el propio Emperador, entre ellas la Abismo Furioso. En el camino, sembraron un pacto de destrucción en el Imperio, y atacando a las todas las naves Ultramarines posibles sin que Guilliman se enterase, mientras ultimaban el plan de ataque.

La Batalla de CalthEditar

Betrayal at Calth Horus Heresy combate

Ambas legiones se enfrentan en Calth

Una vez que ambas Legiones se concentraron en órbita, los legionarios de ambas facciones se coordinaron mientras en tierra se reunían los Titanes asignados a los Portadores. Estos tenían todo el tiempo que precisaran para preparar la trampa, pues Horus había ocultado a los leales los hechos acaecidos en Istvaan III y V. Los arquitectos de la traición diseminaron códigos contaminados a través de los cogitadores de los sistemas de defensa orbital, y se aseguraron de que su flota espacial estuviera dispuesta para dejar inoperativas el mayor número de naves de la flota Ultramarine. Se lanzaron hechizos oscuros, y se llevaron a cabo rituales escritos por el mismísimo Lorgar, pensados para estrechar el velo entre el Espacio Real y el Empíreo, a fin de invocar con más facilidad a los aliados demoníacos del Primarca traidor.

Lo más grandioso que planearon fue el desenlace de un evento solar catastrófico envenenando la estrella del sistema, Veridia. Al hacerlo, se asegurarían un arma de escala galáctica, asegurando que las erupciones de la estrella arrasaran la superficie de Calth más a fondo que cualquier arma biológica. El destino de los Ultramarines estaba decidido.

La lucha en órbitaEditar

"El Emperador ha negado toda pretensión de divinidad, pero hay otros dioses, dioses más antiguos, dioses que escucharán nuestras súplicas y recompensarán nuestro servicio con más que promesas vacías y sueños falsos. En su nombre obtendremos nuestra venganza, y el Emperador lamentará haber despreciado nuestra lealtad en las cenizas de Monarchia."

Comunicación interceptada en la zona de combates de Calth.
El ataque comenzó cuando los Portadores usaron la Campanile, una nave capturada en los límites del sistema, y la lanzaron contra los muelles orbitales a toda velocidad. Las colisiones resultantes sembraron el caos y la destrucción en las estaciones espaciales, demasiado juntas y con poca maniobrabilidad. Esta catástrofe envió un pulso electromagnético que no solo dejó fuera de combate a muchas naves de los Ultramarines, sino que también desconectó el ya débil sistema de defensa orbital.

Con la armada leal desbaratada, la flota de los Portadores de la Palabra disfrutó de una buena caza, destruyendo innumerables naves leales en las primeras horas del conflicto. El cielo sobre Calth ardía, y los cadáveres de la flota leal iban quedando varados en órbita hasta que acababan estrellándose en la superficie, con potencia equivalente a explosiones nucleares. Barcazas con proa en forma de pico de águila se hundieron en grandes abismos, transportes enormes aplastaron las ciudades y dañaron las naves de transporte, que derramaron a sus tripulantes por el espacio, ahora convertidos en masas de cadáveres congelados. Este deplorable acto de traición atrapó a la flota de los Ultramarines completamente por sorpresa, que sufrieron sin poder responder los ataques de las naves traidoras.

Marines ultramarines nave honor de macragge

Honor de Macragge, nave insignia de la flota Ultramarine

Incluso a Guilliman, que había pasado semanas preparando contingencias para cualquier escenario, le cogió desprevenido. A pesar de que le llegaron informes de numerosos combates en órbita, el Primarca estaba convencido de que se trataban de desastres propiciados por la falta de comunicación. Solo cuando sus súplicas de alto al fuego se convirtieron en amenazas, Lorgar se dignó a hablar con él. La verdad quedó patente cuando el señor de los Portadores de la Palabra alardeó y lo miró maliciosamente, bebiendo en su ira y consternación como si fuera un buen vino.

El concepto de traición era algo tan ajeno a la Legión de Guilliman como el de desesperación. A pesar de haber perdido una gran parte de sus fuerzas en el ataque, declaró la guerra abierta, dejando bien claro la posición de su Legión en el conflicto. Pero cuando Lorgar cortó la trasmisión, algo ocurrió. Su imagen se convirtió en un ser demoníaco que explotó en mil pedazos, reventando el puente de mando de la nave de Guillliman, y expulsando a los ocupantes al vacío, entre ellos al Primarca. Esto desbarató los intentos que el Primarca estaba llevando a cabo para reorganizar la flota, y los pocos supervivientes del puente, entre ellos Marius Gage, tuvieron que defender la nave de la incursión demoníaca antes de poder acceder al puente auxiliar para coordinar la flota.

Al mismo tiempo, los bombarderos de los Portadores de la Palabra bajaron a superficie. Con las defensas de Calth destruidas o inhabilitadas, los bombardeos se centraron en las ciudades y centros desprotegidos, causando estragos en la población civil. Las aeronaves traidoras se centraron luego en los mares, concentrando sus armas para evaporar miles de metros cúbicos de agua y elevar una niebla ardiente tan densa, que ni siquiera la luz de Veridia podía atravesar. Por último, los ataques se centraron en algunas ciudades específicas, como parte del ritual diseñado por Lorgar para contentar a sus oscuros aliados.

Sin embargo, no todo fue coser y cantar para los Portadores de la Palabra. En órbita, las naves se enzarzaron en intercambio de disparos de plasma, torpedos y cápsulas de desembarco. En las plataformas de defensa orbital, los Portadores de la Palabra debieron enfrentarse a los defensores de los Auxiliares Solares, que aunque inferiores en equipamiento y capacidades físicas, fueron capaces de enfrentarse a los Marines traidores, siendo derrotados en una gran mayoría de los casos, aunque en algunas ocasiones fueron capaces de repeler a los traidores. En una de estas plataformas fue donde atracó la Infidus Imperator, nave insignia de Kor Phaeron, quién con ayuda del Mechanicum Oscuro consiguió hacerse con el control de la red de defensa orbital de Calth, y con esta disparó a la flota imperial, así como a algunos de los cuerpos celestes más cercanos al planeta, entre los que se encontraba la Forja Veridia, un planetoide cercano a Calth y el mayor Manufactorum del Sistema. Posteriormente, cuando el momento del ritual lo permitió, dirigieron sus armas contra la estrella Veridia, haciendo que su núcleo se desestabilizase, y que la estrella creciese hasta convertirse en una supernova.

Kor Phaeron Portadores de la Palabra atacando a Roboute Guilliman Ultramarines

Kor Phaeron apuñalando a Guilliman

Una vez Guilliman consiguió organizar a sus fuerzas en la Honor de Macragge, y que la nave consiguió energía suficiente, el Primarca y cincuenta de sus legionarios fueron teletransportados hasta la plataforma orbital desde la que Kor Phaeron dirigía la red de defensa orbital. Asaltando a los Portadores de la Palabra allí atrincherados, el Primarca de los Ultramarines intentó acabar con el Cardenal Oscuro, pero Kor Phaeron debilitó al Primarca con varios ataques psíquicos, que destrozaron su coraza y le debilitaron lo suficiente para que el Portador de la Palabra le clavase su Athame ritual en el cuello. Sin embargo, subestimar a Guilliman fue su error, pues este consiguió hundir su Mano del Dominio en el corazón primario de su enemigo, arrancándoselo e hiriéndole gravemente. Acto seguido, el sargento Aeonid Thiel consiguió destruir los cogitadores de la plataforma, arrebatándoles el control de las armas orbitales a los Portadores. Sin embargo, esta victoria fue efímera, pues no solo Kor Phaeron consiguió escapar, siendo teleportado de vuelta a la Infidus Imperator, sino que los Ultramarines no llegaron a tiempo para evitar la explosión de la estrella Veridia. Lo único que pudieron hacer los Ultramarines fue evacuar a órbita a todos los habitantes posibles, y emprender la persecución de Kor Phaeron. Finalmente, la flota de los Ultramarines tuvo que alejarse del Sistema, pues el peligro de la estrella era demasiado grande para la flota, por lo que el Primarca de los Ultramarines decidió juntar todas las maltrechas naves que le quedasen operativas y lanzarse a la persecución de su hermano Lorgar, que en algún lejano punto de Ultramar estaba llevando a cabo la Cruzada de las Sombras.

La lucha en la superficieEditar

Titanes Warlord Reaver Warhound y Ultramarines en Calth

Titanes Warlord, Reaver y Warhound combatiendo junto a los Ultramarines en la Batalla de Calth.

Mientras en órbita las naves de los Portadores de la Palabra causaban destrozos de innumerable valor en pérdidas materiales, y millones de almas en pérdidas humanas, la superficie del planeta tampoco se vio exenta de daño. Por un lado, los restos de la flota imperial destruidos en órbita, así como las toneladas de material bélico que transportaban, entre ellas Tanques Superpesados y vehículos de los Marines Espaciales, cayeron en picado hacia la superficie del planeta, como meteoritos segadores de vida. Estas lluvias mortales acabaron con la vida de multitud de leales, así como con activos e infraestructuras estratégicas importantes, como la torre desde la que el Mechanicum controlaba la red de defensa orbital.

Unido a esto, las fuerzas traidoras de superficie comenzaron su ataque nada más ver la explosión de la destrucción de la Campanile, que iluminó el cielo como una segunda estrella. Los Cultistas de los Portadores de la Palabra se abalanzaron sobre las filas del Ejército Imperial, superando por sorpresa a sus contrarios y causando un daño enorme entre sus filas. Los que no fueron asesinados por los Cultistas, fueron posteriormente destrozados por sus señores oscuros. Pero, sin ninguna duda, los que más daño causaron fueron los Portadores de la Palabra, que aprovechando los momentos de desconcierto provocados por el ataque en órbita, se volvieron contra los Ultramarines con los que compartían zonas de despliegue y de avituallamiento. Superados por la sorpresa de la Campanile, aislados entre sí y del mando de la Legión, e incapaces de reaccionar a la mayor aberración que podía ocurrir, que un Marine Espacial asesinase a otro, los Ultramarines sufrieron devastadoras bajas que mermaron la capacidad de contraataque de la Legión, y les obligaron a huir de los Portadores de la Palabra y los titanes. Sin embargo, fueron miles de Ultramarines los que murieron sin poder presentar combate, incluyendo entre ellos a innumerables Capitanes, debilitando el mando de la Legión, y así su capacidad de organizarse.

Simultáneamente, aprovechando las millones de muertes que estaban ocurriendo tanto en la órbita como en la superficie del planeta, el Apóstol Oscuro Erebus llevó a cabo un gran ritual para permitir que los demonios de la Tormenta de Ruina se abrieran paso hasta el espacio real. Estas fuerzas demoníacas pasaron a engrosar las ya cuantiosas fuerzas de ataque que poseía el Caos en el planeta, y se dedicaron a perseguir a los leales como pesadillas, o a atacarles de manera directa.

Ultramarines Remus Ventanus

Remus Ventanus, Capitán Ultramarine

Esta situación continuó así durante las siguientes horas de combates en el planeta, durante las cuales los ataques desde la órbita provocaron que la situación del planeta se hiciese más dura si cabe. Las ciudades más cercanas a los océanos bombardeados fueron destruidas por las olas gigantes que surgieron de estos, y las que se encontraban tierra adentro fueron cubiertas de una espesa niebla, que provocaba que las fuerzas imperiales se viesen asaltadas por los caóticos, cuyos guerreros y demonios acechaban entre la bruma. En otros puntos del planeta las circunstancias tampoco eran muy favorecedoras, pues las lluvias de escombros y los bombardeos orbitales causaron destrozos en las ciudades e incluso en la propia corteza del planeta, causando que la posibilidad de contraataque fuese realmente dificultosa. Poco a poco, las fuerzas de los Ultramarines, el Ejército Imperial y el Mechanicum comenzaron a organizarse en contraataques, refugiándose en antiguos palacios que se habían salvado de la destrucción, en fuertes construidos años antes de la llegada del Emperador, o en los sistemas de túneles que recorrían el planeta, las arcologías. Además, gracias a las redes de comunicación de corto alcance de los Skitarii y a la restauración de un vocoemisor por el capitán Remus Ventanus, las fuerzas imperiales pudieron por fin conocer la situación de sus pares, y así organizarse para defenderse.

Aunque tuvieron que retirarse del palacio para evitar un ataque masivo de los Portadores de la Palabra, las fuerzas de Ventanus se enfrentaron a estos en el Tránsito Ketar, donde se encontraba una infraestructura comercial que no había sido destruida por su supuesto poco interés táctico, pero que conservaba un sistema de comunicaciones que permitió a los Magos del Mechanicum obtener el control de la red de armas orbitales que Guilliman había arrebatado a los traidores. Gracias a esta, y a la llegada de refuerzos Ultramarines, consiguieron contraatacar y dar un duro golpe a los Portadores de la Palabra.

Cuando a penas habían pasado 24 horas desde el inicio del ataque de los Portadores, Guilliman ordenó la evacuación del sistema, pues sabía que la explosión de Veridia arrasaría todo el sistema, y los Ultramarines libraron una intrépida retirada hacia el espacio o las cavernas del planeta, a la vez que combatían a los traidores en la superficie. El Capitán Ventanus emitió una última orden a través de la vocorred, instando a todos los civiles, legionarios y miembros del Ejército Imperial a cobijarse en los complejos de cavernas. Los Portadores de la Palabra también comprendieron el peligro que se dirigía hacia ellos desde el vacío, e igualmente buscaron seguridad en las arcologías. Allí, en la confusión y caos reinantes tras el cataclismo, se desarrollaría una nueva fase de la batalla, la Guerra Subterránea.

La Guerra SubterráneaEditar

Traición sobre Calth remus ventanus supervisa zona batalla

Ventanus supervisa una zona de batalla en las cavernas de Calth

Las arcologías de Calth eran un enorme sistema de túneles que recorrían gran parte del subsuelo del planeta, conectando ciudades entre sí, así como edificios dentro de las propias ciudades. Las galerías eran suficientemente grandes como para que un vehículo de los Marines Espaciales pudiese atravesarlas sin dificultad, y a pesar de que los movimientos sísmicos del planeta habían afectado a muchas de estas, hundiéndolas o inundándolas, muchas seguían siendo transitables. Aunque estos túneles fueron utilizados por las fuerzas leales durante la guerra en la superficie, para poder moverse sin ser detectados, fue tras que Veridia convirtiese la superficie en un páramo radioactivo cuando la batalla se trasladó al subsuelo del planeta.

Durante esta fase de la Batalla de Calth, Remus Ventanus coordinó a las fuerzas leales, diseminadas en las diferentes arcologías del planeta, y en contacto gracias a los esfuerzos de la Magos Tarwen. Del lado de los Portadores de la Palabra, al menos dos de los comandantes que habían guiado a los traidores en superficie habían sobrevivido: Foedral Fell y Hol Beloth. Aunque las fuerzas de los Portadores de la Palabra habían quedado diezmadas tras el ataque de la red de defensa orbital, ambos comandantes seguían contando con un número considerable de fuerzas, que se estaban organizando y defendiendo en una fortaleza construida en la superficie del planeta, así como en algunas de las arcologías. Sin embargo, estas no eran las únicas fuerzas que luchaban en los túneles del planeta, sino que multitud de Ultramarines y Portadores, aislados de sus comandantes, continuaron sus luchas en solitario durante los años que duró esta fase de la batalla, combatiendo en guerras de guerrillas contra sus enemigos.

La que tal vez fuese la acción de mayor alcance en Calth durante este tiempo tuvo lugar entre las fuerzas de Ventanus y Foedral Fell, aunque el verdadero instigador de los planes de los Portadores de la Palabra fue el Apóstol Oscuro Maloq Kartho. Por medio del engaño y aprovechando las necesidades de suministro de los imperiales, los Portadores de la Palabra consiguieron camuflar a muchos de sus auxiliares como miembros del Ejército Imperial, y los enviaron con transportes a las principales arcologías en las que se habían protegido los imperiales. Dentro de estos transportes se encontraban escondidos Torpedos Ciclónicos recuperados de entre la munición que los Ultramarines querían enviar a sus naves antes de la traición. Consiguiendo llevar los misiles a las grandes aglomeraciones de ciudadanos imperiales, hicieron estallar las cabezas nucleares, creando tres enormes cráteres humeantes de cientos de kilómetros donde antes había supervivientes de la batalla, y acabando en unos solos segundos con más de dos millones de vidas imperiales, entre ellos una parte de los Ultramarines supervivientes.

Como respuesta a esta masacre, el capitán Ventanus dirigió una enorme fuerza de Ultramarines para destruir la fortaleza de Foedral Fell. Construida de manera apresurada y defendida sobre todo por Cultistas, los Marines Espaciales atacaron tras un bombardeo desde la Plataforma de defensa orbital, y no tuvieron dificultades para llegar hasta el interior de la fortaleza. Lo que vieron aquí, sin embargo, no era la resistencia esperada por parte de los Portadores. En el interior de la fortaleza se encontraba una enorme cúpula, bajo la cual todos los Portadores de la Palabra de Foedral Fell habían sido sacrificados y empalados en estacas formando una estrella de ocho puntas. En el interior, el propio Fell estaba empalado en la vara de Maloq Kartho. Fue en el momento en el que los Ultramarines llegaron al centro del círculo de sacrificios cuando descubrieron el plan del Apóstol Oscuro.

En primer lugar, el cadáver de Fell empezó a hablar, repitiendo un mantra oscuro, y de su cuerpo surgió un líquido negro que, al bañar a los Portadores sacrificados, les devolvió a la vida. Estos cadáveres animados por demonios atacaron a los Ultramarines, no con el objetivo de asesinarlos, sino para detenerles y que no pudiesen evitar el plan de Kartho. En segundo lugar, una cuarta explosión nuclear sacudió el planeta, pero en este caso ocurrió en la arcología en la que se escondían los propios guerreros de Hol Beloth. Solo el comandante, así cono Maloq Kartho y sus guardaespaldas, una escuadra de Exterminadores del Caos y un Dreadnought Contemptor consiguieron sobrevivir, pues estaban cumpliendo otro objetivo. El objetivo de Kartho con todas estas muertes no era simplemente el de acabar con sus enemigos, sino que los millones de almas sacrificados, tanto imperiales como caóticas, complacieron a los Dioses, que le concedieron el ascenso a la Demonicidad.

Remus Ventanus vs Hol Beloth Engendro

Remus Ventanus hace frente al Engendro Hol Beloth

A través de pesadillas, consiguieron enloquecer al encargado de sellar la Arcología X, centro de mando de Ventanus, y que este les abriese el mamparo a Kartho y sus tropas. Sin más defensa que el Ejército Imperial, el Príncipe Demonio Kartho y Hol Beloth, que se había convertido en un enorme Engendro del Caos, causaron una masacre entre la población, pero su principal objetivo era el de detonar una bomba que contenía el Virus Devorador de Vida. Para beneficio de los Ultramarines, sin embargo, Ventanus comprendió que la resurrección de las tropas de Foedral Fell no era más que una distracción, y consiguió llegar justo a tiempo a la Arcología X, atacando a los Portadores y asesinando al engendro Beloth. Estampando el Land Speeder en el que montaba contra el Dreadnought de los Portadores, que cargaba con el virus, los Ultramarines consiguieron empujar la bomba hasta el portal a la Disformidad que Kartho estaba utilizando para escapar de la explosión, y así consiguieron evitar el que hubiese sido un golpe mortal para las fuerzas leales en el planeta, pues la destrucción de la Arcología X no solo hubiese negado a los Ultramarines el uso de la Plataforma de defensa orbital, sino que hubiese decapitado todo el mecanismo de organización de las diferentes fuerzas leales supervivientes en el planeta.

Otras acciones durante la Guerra SubterráneaEditar

No se sabe con exactitud cuánto tiempo continuaron luchando los Ultramarines y los Portadores de la Palabra debajo de la superficie de Calth, pero se estima que la batalla continuó durante, al menos, siete años. Durante todo este tiempo, se sucedieron una multitud de diferentes escenarios de batalla, en los que los Ultramarines y Portadores de la Palabra hicieron sangrar a sus "primos" en agotadoras e interminables batallas.

The Unburdened Horus heresy Warhammer

Kurtha Sedd y Steloc Aethon enfrentándose en Calth.

Una de estas acciones es la que vió enfrentarse en las arcologías del planeta a las fuerzas del Capitán Steloc Aethon, un héroe de los Ultramarines, con las del Apóstol Oscuro Kurtha Sedd. Estos enfrentamientos desembocaron en un último combate de ambas fuerzas junto a un enorme abismo, y acabó con el asesinato del Ultramarine por parte del Portador de la Palabra.

Posteriormente, el Sargento Aeonid Thiel, que consiguió evitar que, tras que Kurtha Sedd capturase una fortaleza defendida por el Capitán Valgius, la convirtiese en un lugar ritual por el medio del cual un Demonio poseyera su cuerpo, lo que hubiese supuesto un enorme peligro para las fuerzas leales en Calth.

[En construcción, disculpen las molestias.]

Consecuencias de la batallaEditar

Kor Phaeron herido Athame

Kor Phaeron, herido tras enfrentarse a Roboute Guilliman.

Aunque los Portadores de la Palabra habían causado un enorme daño a los Ultramarines, no habían conseguido destruir a la Legión al completo, sino que solamente mermaron sus fuerzas de manera drástica. Del mismo modo, pese a que Kor Phaeron le había causado una herida muy grave a Roboute Guilliman, esta no fue suficiente para matarle. Por último, y debido a que los Portadores no destruyeron las naves capitales de los Ultramarines, pues pretendían capturarlas, estas continuaron en manos leales, aunque gran parte de la flota fue dañada o destruida.

Sin embargo, los dos objetivos primarios de los Portadores de la Palabra se habían cumplido. Aunque la Legión de los Ultramarines no había perecido, y a costa de la pérdida de muchos Portadores, los hijos de Guilliman habían quedado gravemente debilitados, por lo que dejaron de ser una amenaza real para las fuerzas de Horus, que de este modo pudo avanzar hacia Terra sin tener que preocuparse de un ataque Ultramarine por su retaguardia. En segundo lugar, el ritual de Erebus había sido un éxito, y la Tormenta de Ruina fue desatada sobre Calth gracias al sufrimiento de la traición y la muerte sobre el planeta, aislando así a Ultramar y a gran parte de la Galaxia, y permitiendo a los traidores superar en recursos de información, comunicación y movilidad a los leales. De este modo, por el precio de los elementos más prescindibles de los Portadores de la Palabra, la Legión más poderosa del Imperio se vió incapaz de responder con todas sus fuerzas durante el resto de la Herejía de Horus.

Ver tambiénEditar

Cruzada de las Sombras

FuentesEditar

  • The Horus Heresy: Betrayal at Calth.
  • The Horus Heresy V - Tempest
  • Know no Fear, por Dan Abnett.
  • Traidor, por Aaron Dembski-Bowden.
  • Aureliano, por Aaron Dembski-Bowden.
  • Mark of Calth, editado por Laurie Golding.
  • The Horus Heresy: Betrayal at Calth.
  • Censure, de Nick Kyme.
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