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Ultramarines vs Portadores Calth

Ultramarines combatiendo contra Portadores de la Palabra en la órbita de Calth.

La Batalla de Calth fue un conflicto que se llevó a cabo en el planeta Calth, en el territorio de Ultramar, durante la Herejía de Horus. Este enfrentó a las Legiones Astartes de los Ultramarines y los Portadores de la Palabra, dos de las Legiones más grandes, así como a sus respectivos aliados de las Legiones Titánicas y el Ejército Imperial, en una desgarradora masacre.

PreludioEditar

La intención de Horus el Traidor era atacar Terra para derrocar al Emperador, por lo que aisló a aquellos que sabía que se le opondrían. Las órdenes que había dado a los Ultramarines, la más firme de las Legiones, eran de reunirse en el planeta Calth con los Portadores de la Palabra, que les servirían de apoyo para luchar contra los Orkos de la Franja Este. Pero, en realidad, los hijos de Lorgar tenían una misión secreta que cumplir. Ambas armadas no tardaron en reunirse en el planeta.

Muchos oficiales de alto rango vieron esta decisión del Señor de la Guerra como una inteligente estrategia diplomatica. Dado que, desde que el Emperador castigó a los Portadores por considerarlo un dios, obligando a los Ultramarines a destruir Monarchia, la "ciudad perfecta" que construyeron los Portadores de la Palabra en honor al Señor de la Humanidad, humillaron a Lorgar y su Legión en el proceso. Asignando a ambas facciones en una campaña conjunta dentro de la Gran Cruzada, parecía que intentaba erradicar la mala sangre que su padre había creado. Sin embargo, su verdadero propósito era aún más artero.

Los Portadores llevaban mucho tiempo del lado de Horus. De hecho, se rumoreaba que fue un Capellán de esta Legión, Erebus, quien tramó la caída del Señor de la Guerra durante la contienda por Davin. Eran completamente cómplices del plan, no sólo para mantener a los Ultramarines alejados de Terra, sino también para cobrarse su venganza respecto a sus hermanos leales. Ademas, Ultramar era un sistema demasiado defendido, que podría suponer un cuhcillo directo a la garganta de la rebelión de Horus.

Tras la masacre de Istvaan V, una flota combinada de Portadores de la Palabra y Devoradores de Mundos se dirigió a Ultramar, con una fuerza de 300.000 legionarios. Esta flota estaba compuesta por una enorme cantidad de naves, entre las que se encontraban tres Acorazados clase Abismo, naves colosales creadas en secreto incluso para el propio Emperador, entre ellas la Abismo Furioso. En el camino, sembraron un pacto de destrucción en el Imperio, y atacando a las todas las naves Ultramarines posibles sin que Guilliman se enterase, mientras ultimaban el plan de ataque.

La Batalla de CalthEditar

Betrayal at Calth Horus Heresy combate
Una vez que ambas Legiones se concentraron en órbita, los legionarios de ambas facciones se coordinaron minetras en tierra se reunían los Titanes asignados a los Portadores. Estos tenían todo el tiempo que precisaran para preparar la trampa, pues Horus había ocultado a los leales los hechos acaecidos en Istvaan III y V. Los arquitectos de la traición diseminaron códigos contaminados a través de los cogitadores de los sistemas de defensa orbital, y se aseguraron de que su flota espacial estuviera dispuesta para dejar inoperativas el mayor número de naves de la flota Ultramarine. Se lanzaron hechizos oscuros, y se llevaron a cabo rituales escritos por el mismísimo Lorgar, pensados para estrechar el velo entre el Espacio Real y el Empíreo, a fin de invocar con más facilidad a los aliados demoníacos del Primarca traidor.

Lo más grandioso que planearon fue el desenlace de un evento solar catastrófico envenenando la estrella del sistema, Veridia. Al hacerlo, se asegurarían un arma de escala galáctica, asegurando que las erupciones de la estrella arrasaran la superficie de Calth más a fondo que cualquier arma biológica. El destino de los Ultramarines estaba decidido.

La lucha en órbitaEditar

El ataque comenzó cuando los Portadores usaron la Campanile, una nave capturada en los límites del sistema, y la lanzaron contra los muelles orbitales a toda velocidad. Las colisiones resultantes sembraron el caos y la destrucción en las estaciones espaciales, demasiado juntas y con poca maniobrabilidad. Esta catástrofe envió un pulso electromagnético que no solo dejó fuera de combate a muchas naves de los Ultramarines, sino que también desconectó el ya debil sistema de defensa orbital, lo que permitió a Kor Phaeron capturarlo y dirigir su fuego sobre Veridia. En superficie, Erebus llevó a cabo un gran ritual para permitir que los demonios de la Tormenta de Ruina se abrieran paso hasta el espacio real.

Con la armada leal desbaratada, la flota de los Portadores de la Palabra disfrutó de una buena caza. El cielo sobre Calth ardía, y los cadáveres de la flota leal iban quedando varados en órbita hasta que acababan estrellándose en la superficie, con potencia equivalente a explosiones nucleares. Barcazas con proa en forma de pico de águila se hundieron en grandes abismos, transportes enormes aplastaron las ciudades y dañaron las naves de transporte, que derramaron a sus tripulantes por el espacio, ahora convertidos en masas de cadáveres congelados. Este deplorable acto de traición pilló a los Ultramarines completamente por sorpresa, que sufrieron sin poder responder los ataques de las naves traidoras.

Marines ultramarines nave honor de macragge

Honor de Macragge, nave insignia de la flota Ultramarine

Incluso a Guilliman, que había pasado semanas preparando contingencias para cualquier escenario, le cogió desprevenido. A pesar de que le llegaron informes de numerosos combates en órbita, el Primarca estaba convencido de que se trataban de desastres propiciados por la falta de comunicación. Solo cuando sus súplicas de alto al fuego se convirtieron en amenazas, Lorgar se dignó a hablar con él. La verdad quedó patente cuando el señor de los Portadores de la Palabra alardeó y lo miró maliciosamente, bebiendo en su ira y consternación como si fuera un buen vino.

El concepto de traición era algo tan ajeno a la Legión de Guilliman como el de desesperación. A pesar de haber perdido una gran parte de sus fuerzas en el ataque, declaró la guerra abierta, dejando bien claro la posición de su Legión en el conflicto. Pero cuando Lorgar cortó la trasmisión, algo ocurrió. Su imagen se convirtió en un ser demoníaco que explotó en mil pedazos, reventando el puente de mando de la nave de Guillliman, y expulsando a los ocupantes al vacío.

Al mismo tiempo, los bombarderos de los Portadores de la Palabra bajaron a superficie. Con las defensas de Calth destruídas o inhabilitadas, los bombardeos se centraron en las ciudades y centros desprotegidos, causando estragos en la población civil. Las aeronaves traidoras se centraron luego en los mares, concentrando sus armas para evaporar miles de metrosc cúbicos de agua y elevar una niebla ardiente tan densa, que ni siquiera Veridia podía atravesar. Por último, los ataques se centraron en algunas cuidades específicas, como parte del ritual diseñado por Lorgar para contentar a sus oscuros aliados.

Sin embargo, no todo fue coser y cantar para los Portadores de la Palabra. En órbita, las naves se enzarzaron en intercambio de disparos de plasma, torpedos y cáspulas de desembarco. En las plataformas de defensa orbital, los Portadores de la Palabra debieron enfrentarse a los defensores de los Auxiliares Solares, que aunque inferiores en equipamiento y capacidades físicas, fueron capaces de enfrentarse a los Marines traidores, siendo derrotados en una gran mayoría de los casos, aunque en algunas ocasiones fueron capaces de repeler a los traidores.

La lucha en la superficieEditar

Titanes Warlord Reaver Warhound y Ultramarines en Calth

Titanes Warlord, Reaver y Warhound combatiendo junto a los Ultramarines en la Batalla de Calth.

Guilliman ordenó la evacuación del sistema, pues sabía que la explosión de Veridia arrasaría todo el sistema. Los Ultramarines libraron una intrépida retirada hacia el espacio o las cavernas del planeta, a la vez que combatían a los traidores en la superficie. El Capitán Ventanus emitió una última orden a través de la vocorred, instando a todos los civiles, legionarios y miembros del Ejército Imperial a cobijarse en los complejos de cavernas. Los Portadores de la Palabra también comprendieron el peligro que se dirigía hacia ellos desde el vacío, e igualmente buscaron seguridad en las arcologías. Allí, en la confusión y caos reinantes tras el cataclismo, se desarrollaría una nueva fase de la Herejía, la Guerra Subterránea.

La Guerra SubterráneaEditar

[En construcción, disculpen las molestias.]

FuentesEditar

  • The Horus Heresy: Betrayal at Calth.
  • The Horus Heresy V
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