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Legión de la Cruz de Hierro
El contenido de este artículo pertenece a la saga No Oficial de Balhaus, que ha recibido el Sello de Calidad Wikihammer.

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Midgard acceso frontal

Midgard, el bastión dentro de la montaña solitaria

Se conoce como Asedio de Midgard a la larga y cruenta batalla que se produjo entre las hordas de Gorliax Ojo Sangriento y las tropas de Balhaus desde el 506 DDF (764.M37) hasta el 509 DDF (770.M37).

HistoriaEditar

Midgard, un planeta de largas cordilleras montañosas y profundos valles, era el hogar de una gran colonia manufacturera de Balhaus, gran parte de la cual se había extendido por galerías y túneles bajo las inmensas montañas debido a las fuertes tormentas eléctricas que azotaban la superficie de modo frecuente. La situación estratégica del planeta, el cual recibía materias primas desde diversas colonias al encontrarse en un punto medio entre algunas de las más grandes, había favorecido su crecimiento en los últimos siglos hasta alcanzar una población de novecientos millones de individuos. La producción de Midgard representaba por entonces un 15% de la producción total de Balhaus en materia de metales tratados, piezas para ensamblaje industrial, repuestos, creación de sustancias para laboratorios, vehículos, etc., pues contaba con grandes factorías soterradas y automatizadas que en algunos casos incluso funcionaban de manera autónoma.

Debido a la importancia de aquella gran colonia, el Sicherhaus tenía allí acantonada una considerable fuerza que constaba de seis millones de efectivos de la Wehrwaffen, doscientos mil de la VIII División Gottloser y otros noventa mil de la VI Flugger con gran cantidad de aparatos de caza y bombarderos medios, además de un nutrido cuerpo de la Volksgarde de otros nueve millones de hombres. Semejante despliegue se debía no sólo al valor estratégico de la colonia, sino también a la constante presencia de piratas en el sector, los cuales habían atacado históricamente el reducto con gran violencia matando trabajadores y asaltando los convoyes en busca de botín, siendo rechazados posteriormente por la fuerte defensa a partir de su establecimiento.

Desarrollo de la batalla inicialEditar

Gorliax Ojo Sangriento al mando del segundo contingente del Caos transportados por la Venganza Negra emergió de la Disformidad en los alrededores de Midgard en el 506 DDF (764.M37) con el objetivo de arrasar la colonia y destruir una de las principales arterias de la estructura económica y productiva de Balhaus. Este ataque era un frente paralelo al que había abierto su hermano Gorg poco antes en la lejana Quaneris, además de los ataques que el tercer contingente del Caos estaba comenzando a lanzar en menor medida a lo largo de las fronteras de Balhaus.

Detectados por las sondas de espacio profundo y levemente hostigados por las defensas orbitales –insuficientes para afrontar una invasión de aquella magnitud–, la Venganza Negra procedió a un bombardeo inicial sobre la colonia, la cual sin embargo no sufrió grandes daños al encontrarse prácticamente soterrada, pero obligando a su población a guarecerse del ataque mientras las tropas enemigas comenzaban a ser desembarcadas. La comunicación emitida por Balhaus tras el ataque a Quaneris había puesto en alerta a todas las estaciones, de modo que mientras los transportes se acercaban a la superficie del planeta cargando con los millones de guerreros de la horda tuvieron que sufrir fuertes ataques por parte de los cazas de la División VI, los cuales estaban preparados y fueron capaces de derribar docenas de naves de desembarco antes de que tocaran el suelo. La réplica del Caos frente aquellas acometidas fue liberar numerosos enjambres de furias que se enfrentaron a los rápidos cazas con escaso tino, pero convirtiéndose en muros voladores contra los que los aparatos chocaban impidiendo que prosiguieran su destructiva labor. Pasaron dos días de intensos combates aéreos antes de que Gorliax pudiera contar con un número suficiente de fuerzas de superficie, tras lo cual estableció un perímetro con nutridas defensas antiaéreas que evitaron que siguiesen las bajas en sus transportes, tras lo cual se preparó para el asalto a la colonia.

Caos diablo de la forja khorne

Máquinas infernales de Gorliax lanzadas contra la Puerta de Midgard

La comandante ordenó entonces a una primera oleada de sus esbirros –varios regimientos de Desangradores junto con otros de apoyo, en especial Diezmadores y tanques Decimator– que avanzaran para tentar las defensas frontales de la colonia, siendo mucho más cauta de lo que había sido Gorg en Quaneris en un principio. Los casi quinientos mil esbirros del Caos más su rugiente maquinaria avanzaron entonces haciendo retumbar el suelo mientras proferían sus salvajes gritos de guerra.

La colonia de Midgard, cuya entrada principal se encontraba excavada en roca viva al frente de una inmensa montaña de 5.000 metros de altitud, poseía otra entrada menor situada al Este de la misma, al final de una profunda garganta abierta entre escarpadas montañas que discurría serpenteando a lo largo de varios kilómetros. Los estrategas del Caos enseguida vieron allí un frente peligroso y muy desfavorecedor para sus tropas, pues para llegar hasta aquella entrada lateral no tenían más remedio que atravesar dicha garganta, la cual representaba un riesgo grande si estaba defendida apropiadamente, ya que sus fuerzas no podrían abrir una línea lo bastante amplia como para abarcar la zona enemiga, sino que tendrían que aventurarse a través de un cuello de botella que en su parte más ancha no tenía más de ciento cincuenta metros.

Mientras los estrategas del Caos hacía sus cálculos y sopesaban las alternativas basadas en la información disponible, los Desangradores, tanques e ingenios bípedos seguían avanzando a la carga hacia la entrada principal, la cual se encontraba al final de una enorme explanada vacía que a su vez servía a Balhaus como pista de aterrizaje para las numerosas naves de carga que iban y venían del planeta constantemente. Pronto descubrieron sin embargo que aquel frente contaba con una sólida y mortífera defensa. Dos centenares de cañones Reichfaust Mitter (420 mm.) descargaron sobre ellos sus mortales proyectiles de fragmentación e incendiarios desde posiciones ocultas en cuevas excavadas en la montaña, causando un efecto devastador sobre los atacantes que enseguida perdieron el ímpetu inicial. La disciplina de fuego se mantuvo constante formando una línea infranqueable a un kilómetro y medio del acceso, una barrera de destrucción que ni los vehículos fueron capaces de sortear, teniendo finalmente que retroceder dejando tras ellos a una cuarta parte de  sus efectivos pulverizados por la poderosa artillería.

Cuando el humo y las llamas se extinguieron la explanada mostraba un aspecto aterrador con miles de cadáveres de demonios desmembrados o carbonizados, chatarra humeante, tanques reventados y hierros retorcidos. Al final de la explanada se veía perfectamente la grandiosa entrada de la colonia, cubierta por las míticas puertas que jamás habían sido forzadas en toda la historia de Midgard. Informada del fracaso, Gorliax ordenó entonces que sus propios cañones se establecieran en una línea segura y se dedicaran a batir la montaña, tras lo cual quiso probar suerte de nuevo lanzando a una oleada de un millón de mutantes contra la fortaleza, los cuales avanzaban a pie o en vehículos ligeros cargados con gran cantidad de explosivos, así como los propios soldados con cargas alrededor de su cuerpo. Su destino era reventar la formidable puerta y permitir al resto de fuerzas acceder a la colonia, pues con el simple cañoneo era obvio que no conseguirían nada dado el gran espesor y solidez de la hoja. La magnitud del ataque suicida era tal que no parecía probable que la colonia resistiera, más aún teniendo en cuenta que infinidad de morteros del Caos machacaban profusamente la zona de la montaña desde la que las defensas habían abierto fuego previamente, evitando cualquier descarga disuasoria.  

El bombardeo de cobertura de los cañones pesados del Caos inundó con una densa malla de explosiones y polvareda toda la ladera de la montaña haciendo que las defensas de Balhaus enmudecieran, pero cuando los mutantes se encontraban a medio camino en la explanada esquivando con algunas dificultades los restos de la contienda inicial y los cráteres, se escuchó una serie de estampidos ensordecedores por encima del fragor desatado por su propia artillería.    
Aplastador de Khorne Octava

Aplastador de Khorne

El sonido provenía de veinte inmensas piezas Reichfaust Riesenhaft (888 milímetros) disparadas desde la cumbre de la montaña, una posición fuera del alcance de las baterías del Caos. Los obuses impactaron salvajemente en medio de las filas enemigas levantando altas columnas de tierra, metal, carne y sangre con sus explosiones. Los mutantes comenzaron a caer víctimas de las grandes ondas expansivas, provocando además que sus explosivos reventaran sumando aún más destrucción a los propios impactos de la artillería pesada de Balhaus. El ataque pronto se convirtió en una desordenada huida hacia la seguridad de la retaguardia, la cual alcanzaron unos pocos miles, mientras que tan solo un centenar de mutantes afortunados prosiguieron la carga y llegaron hasta la entrada de Midgard, detonando los explosivos de inmediato pero sin que la puerta sufriera daño aparente.   

Dado el nuevo fracaso del ataque frontal, Gorliax tuvo que rendirse a la evidencia y envió parte de sus tropas hacia la entrada al Este. Sus estrategas no recomendaban el avance a través de la garganta y pudieron convencerla con gran esfuerzo de que se adelantaran algunos exploradores para reconocer el terreno en profundidad, localizar las defensas y así poder calcular las posibilidades antes de enviar a un contingente numeroso. Se envió así un batallón de guerreros de Arg-Atzul, hábiles esbirros de Khorne acostumbrados a luchar en las montañas, que eran más parecidos a bestias que a humanos por su aspecto, tatuajes y cicatrices rituales. Cinco mil de aquellos seres se adentraron en la garganta con cuidado y atentos a cualquier movimiento enemigo llegando hasta la mitad de ésta sin encontrar resistencia. Llegados a aquel punto las paredes del cañón se elevaban abruptamente, formando un profundo pasillo en el terreno en el que apenas llegaba la luz y que además se estrechaba impidiendo un despliegue lineal amplio, pues tan solo tenía un centenar de metros de anchura. Los muros laterales allí eran prácticamente verticales y lisos –parecían haber sido pulidos a propósito-, difíciles de remontar incluso para los escaladores más hábiles, de modo que el único modo de avanzar con ligereza era por el suelo de dicho pasillo, siguiendo un camino que comenzaba a serpentear a derecha e izquierda en amplios recodos. Con cada metro las paredes parecían elevarse más y más –en su punto más elevado llegaban prácticamente a los tres mil metros-, oscureciendo el avance y haciendo que la marcha de los guerreros de Khorne fuese más lenta.

Poco más tarde al final de uno de los recodos encontraron algo que les impedía avanzar, un muro de unos ocho metros de altura en mitad de aquel estrecho pasillo, el cual formaba un callejón sin salida.  Sobre el parapeto había gran cantidad de soldados que enseguida dispararon sin tregua a los invasores, mientras que hacia arriba, en las escarpadas paredes y a intervalos de diez metros, había salientes preparados desde los cuales asomaban amenazadoras las bocas de multitud de baterías, las cuales también dispararon de inmediato en cuanto tuvieron a los enemigos a tiro. Los guerreros de Arg-Atzul nada pudieron hacer para evitar que los certeros proyectiles los diezmaran, provocando una estampida en dirección opuesta hasta que los disparos dejaron de escucharse, dejando a más de la mitad de ellos muertos en el camino.  

El resultado de aquello, como predicho por los estrategas, fue otro fracaso rotundo. La reacción de rabia de Gorliax fue terrible y abrasó con su ojo maldito a varios de sus comandantes como mero desahogo. No parecía haber manera de acercarse a la maldita colonia, cubierta al frente por un monstruoso arsenal y por el flanco Este por la depresión natural que formaba la garganta, insalvable si no era a través del único camino que era fácilmente defendible. El ataque no podía seguir aquellos derroteros, estaba completamente estancado, así que la sierva de Khorne ordenó a sus huestes que se replegaran mientras ideaba un plan que pudiera doblegar a Balhaus, comprendiendo que la mera fuerza bruta no resultaría efectiva en ningún caso. El plan inicial de arrasar Midgard rápidamente quedaba ya en segundo plano, obligándola a cambiar la estrategia de batalla e informar de ello a su hermano Gorg, quien en aquel momento ya había obtenido la victoria en Quaneris y se dirigía hacia el Ojo del Terror con su botín de prisioneros.   

La Línea del FrenteEditar

Los ataques iniciales de Gorliax habían sido infructuosos permaneciendo las defensas principales de Midgard incólumes ante las oleadas de demonios, guerreros, mutantes, bestias y máquinas que había lanzado contra ellas. Adicionalmente a esto, por si fuera poco, los problemas para el Caos no habían hecho más que empezar, pues en Midgard se producían a menudo fortísimas tormentas eléctricas que pronto se cernieron sobre las huestes al descubierto, descargando sobre ellas potentes rayos que causaron más víctimas y destruyeron valioso equipo de asedio, impidiendo cualquier organización debido asimismo a los fuertes vientos. Aquel panorama se extendió durante varias semanas permitiendo que Balhaus pudiera enviar exploradores para calibrar las fuerzas atacantes, regresando con la preocupante noticia de que el Caos contaba con una fuerza muy poderosa, por no hablar de la inmensa cantidad de muertos vivientes que tenían encerrados en grandes contenedores de carga, esperando para ser liberados.

Bruto Infernalenbatalla

Bruto infernal combatiendo a las puertas de Midgard

Como temían, cuando las tormentas amainaron la iracunda Gorliax liberó parte de la horrible carga, cientos de contenedores plagados de aquellas criaturas que fueron lanzados directamente sobre las montañas y los alrededores, incluyendo la garganta Este, dispersándose por ellas en grandes enjambres atraídos por los vivos encerrados en la colonia haciendo que los defensores estuvieran constantemente ocupados intentando rechazarlos. Aparte de aquella medida, la comandante de la horda ordenó en paralelo el comienzo de la construcción de un bastión a una distancia de varios kilómetros de la montaña, donde sus Herreros de la Disformidad trabajarían para encontrar la manera de reventar la puerta de entrada a la colonia, aquella sólida hoja construida con algún tipo de material que resistía cualquier bombardeo de sus máquinas y los explosivos.

Encerrados tras la colosal puerta y con el acceso Este reforzado la colonia se preparó para soportar el asedio, pues a pesar de que habían dado la alarma avisando a Balhaus sabían que la ayuda se demoraría debido a los diferentes frentes abiertos –además de Quaneris se habían recibido alertas desde otras colonias-, aparte de que las fuerzas que el Caos había emplazado en Midgard eran muy numerosas así como las naves que orbitaban el planeta, con lo que romper el cerco llevaría tiempo y sería costoso. Como prevención se racionaron los víveres y las municiones, si bien la población civil de Midgard era tan extensa que tuvieron que tomarse medidas de emergencia para prolongar la subsistencia de la población lo máximo posible. Entre tanto los esbirros de Gorliax se afanaron en levantar el inmenso bastión, el cual contendría forjas, polvorines e incluso un retorcido templo dedicado a Khorne y adornado con millares de huesos, para lo cual las fuerzas del Caos emplearon varios meses sabiendo que su estancia sería prolongada. 

A partir de ese punto las escaramuzas se sucedieron constantemente. Grandes oleadas de muertos vivientes deambulaban por la zona y se arremolinaban en la entrada principal de la colonia o se aventuraban por la garganta Este, siendo abatidos muchos de ellos por los defensores que debían estar alerta día y noche, mientras que aparte de aquello se producían incursiones periódicas por parte del Caos con más o menos potencia, causando bastantes bajas entre las filas Balhausitas. Las forjas instaladas en el bastión de Gorliax, ya plenamente operativo, trabajaban sin descanso produciendo maquinaria y bestias que eran vomitadas por centenares cada día, incrementando el volumen de atacantes en una estrategia de desgaste que tarde o temprano tendría que dar resultado, pues los recursos de la colonia no eran infinitos.
Caos zombies de plaga warhammer

Muertos vivientes liberados por Gorliax Ojo Sangriento

Contraataque de BalhausEditar

El largo tiempo de relativa calma que Gorliax permitió a la colonia terminó cuando por fin llego la ayuda esperada por parte de Balhaus. A mediados del 507 DDF (766.M37), las Alas Rápidas 36 y 37 aparecieron en las cercanías del planeta entablando combate inmediatamente con las naves de la Venganza Negra asignadas a Gorliax. El número de atacantes era inferior, si bien contaban con una buena potencia de fuego y gran tenacidad por parte de sus comandantes, quienes trataron de dividir la flota enemiga con ataques precisos y maniobras de huida con objeto de atraerlas y fragmentar la línea de defensa, permitiendo así que los portanaves de invasión pudieran abrir un hueco y depositar en tierra más efectivos que pudieran socorrer a la colonia o evacuar a parte de la misma.

El combate duró varios días, pero el resultado final fue la imposibilidad de romper la sólida defensa de la Venganza Negra el tiempo suficiente como para poder desembarcar las tropas tan necesarias para Midgard, con lo que finalmente Balhaus tuvo que retirarse con severas bajas dejando a los defensores de nuevo a merced de la temible Gorliax.

El MortaughEditar

En los últimos meses del 508 DDF (768.M37) y tras el fallido intento de la flota de Balhaus por romper el cerco de Midgard, Gorliax por fin consiguió lo que tras largos meses de asedio infructuoso había buscado, en forma de una temible arma que le permitiera romper las defensas de un solo golpe, la bestia bautizada como El Mortaugh.

Contando con aquel demoníaco ser a su servicio, la comandante del Caos no tardó en ordenar un ataque masivo al frente del cual cargaría el Mortaugh como ariete viviente, tras el cual la élite de sus fuerzas –multitud de berserkers, regimientos de Guerreros de Hierro y Devoradores de Mundos junto con sus temibles exterminadores y otras bestias- se lanzarían contra la colonia al unísono en una imparable oleada que ninguna defensa podría resistir.

La carrera hacia su meta, la entrada principal de Midgard, comenzó a varios kilómetros de distancia, iniciada por el Mortaugh y seguida de cerca por la terrible horda que emitió un pavoroso grito de guerra como homenaje a Khorne en vista de la carnicería que se avecinaba, el cual pudo escucharse hasta en el interior de la tierra. El objetivo único de la monstruosa criatura era la hasta ahora invencible puerta de acceso, la cual los bombardeos realizados durante meses por los cañones del Caos no habían logrado siquiera mellar.

Las baterías de la montaña abrieron fuego con suma violencia lanzando una lluvia de obuses que comenzaron a caer en la explanada batiendo el suelo como si de líquido se tratara, explotando en surtidores de gran altura en medio de la interminable masa de criaturas del Caos y matando a grandes cantidades de ellos, pero sin detenerlos. Por su parte el Mortaugh encajó directamente algunos de los proyectiles pesados –uno de ellos estuvo a punto de derribarlo–, pero tampoco redujo su marcha ni sintió nada más que la furia del combate, mientras los demonios sobre él disparaban los grandes cañones de sus costados contra la puerta a medida que se acercaba hacia ella. A cincuenta metros, habiendo dejado atrás a la horda por su gran velocidad, la bestia abrió sus fauces y vomitó un
Mortaugh

El Mortaugh

grueso chorro de fuego demoníaco sin detenerse que envolvió el centro de la hoja en terribles llamas, tras lo cual bajó la cabeza y embistió con potencia innatural y la inercia de toda su inmensa masa, provocando un impacto que hizo que la propia montaña retumbara y parte de la misma se desprendiera desde la cima.

La carga del Mortaugh, ayudada por los impactos de sus cañones y el fuego previo arrojado por su infernal garganta, resultó en una gran brecha en la puerta, la cual los defensores de Balhaus creían indestructible hasta el momento. El crujido al partirse la hoja y desmoronarse en un área de cuatro por seis metros se escuchó en toda la colonia, provocando que sus habitantes palidecieran de terror. El jinete de la bestia de Khorne así como los demonios que portaba como servidumbre de las armas que portaba murieron en el acto aplastados por el descomunal golpe, los largos cuernos del monstruo se hicieron añicos, la armadura de su testuz se partió en pedazos y parte de su cabeza reventó contra la sólida hoja, pero triunfando en su cometido y franqueando el paso a los miles de invasores que se lanzaron tras él a la refriega. Justo antes de morir aún lanzó su letal Bramido Disforme, el cual se extendió como un horrendo eco por toda la galería principal, matandoa miles, hiriendo a muchos otros y haciendo cundir el pánico entre los supervivientes.

La BrechaEditar

Las siguientes horas se sucedieron en un cruento combate en el que los Balhausitas trataron inútilmente de contener la marea de atacantes que se colaba por la brecha, los cuales la atravesaban sin temor pese a las grandes bajas que sufrían por el fuego concentrado sobre ellos. Tras un combate brutal y perdida la entrada, los defensores tuvieron que retroceder hacia las barricadas mientras el enemigo avanzaba como un solo cuerpo inmenso que se arrastrara imparable por el túnel sembrando la muerte por doquier gracias a los Marines del Caos y sus temibles máquinas. Las baterías de la cima habían enmudecido, todos los soldados corrieron hacia el interior de la colonia para defender cada palmo de terreno, pero los esbirros de Gorliax eran un torrente de destrucción que iba ganando metros sin descanso haciéndose con la galería principal, hasta que llegó un momento kilómetros más adelante en el que tuvieron a su alcance las ramificaciones que se introducían hacia la profundidad de la colonia.

Vista la situación y el hecho de que los guerreros del Caos iban a llegar hasta el punto donde ya no podrían contenerlos, el comandante de la Wehrwaffen al cargo de la defensa dio la orden de volar los soportes de la galería, donde sus hombres habían situado explosivos estratégicamente para llegado el caso extremo derribar el acceso por completo. En el último momento y con una alfombra de cadáveres de Balhaus sembrando el enorme pasillo semicircular, una serie de explosiones en sucesión desde la entrada sacudieron a la marea de enemigos que se encontraba en el interior, el techo comenzó a derrumbarse con estrépito mientras la montaña caía sobre el hueco con millones de toneladas de fuerza, sepultando por completo a todo el contingente y a los ya escasos defensores que trataban de detenerlos.

Desde el exterior, Gorliax, situada en su trono de batalla a una distancia prudencial, pudo ver cómo muchos de los guerreros arremolinados en la entrada de la montaña, los cuales pujaban por entrar para unirse al degüello aplastándose incluso unos a otros, retrocedían repentinamente mientras un salvaje estrépito hacía que la tierra temblara. Una densa y descomunal nube de polvo salió a presión desde la brecha de entrada, y segundos después se hizo un silencio sepulcral. El grito de ira de Gorliax atravesó la explanada, pues no en vano la mayor parte de los efectivos más valiosos de sus tropas –los Marines Espaciales del Caos– acababan de ser aplastados bajo las rocas, dejando al resto del contingente aislado del interior de la colonia y sin posibilidad de atravesarlo. El único modo de acceder al interior ahora se limitaba al acceso Este, donde el terreno favorecía claramente a los defensores.

DesesperaciónEditar

Con las restantes fuerzas del Caos esperando en el exterior y casi todas las defensas masacradas, los habitantes de Midgard se encontraban ahora en una difícil situación. Tras el larguísimo asedio junto con los constantes combates que fueron diezmando las defensas Balhaus había perdido ya a la mayor parte de la Wehrwaffen, de la cual sólo quedaban ochenta mil hombres, una docena de escuadrones de la División VI Flugger y unos ciento veinte mil efectivos de la VIII División.

Los ataques de la artillería se habían producido asiduamente machacando la montaña y las hordas de muertos vivientes atacaban constantemente la garganta en el Este, lo cual si bien no suponía un peligro extremo sí que consumía las municiones y se había cobrado la vida de muchos defensores. Asimismo los enjambres de furias habían destruido paulatinamente los cazas y bombarderos, y los Marines del Caos en misiones de sabotaje habían tenido éxito destruyendo algunos de los cañones defensores más temibles.

Por otro lado, en la colonia varios recursos se habían terminado y otros comenzaban a escasear, como el agua, pues Gorliax mandaba constantemente partidas a las montañas con objeto de envenenar los torrentes que se filtraban hacia el interior, los pozos y cualquier otra fuente que pudiera ser un respiro para Balhaus. Había armas para las que ya no quedaba munición ni modo de fabricarla, algunas enfermedades proliferaban y había millares de afectados que agonizaban sin medicamentos, mientras muchos otros habían muerto por las carencias. Todo esto significaba una constante sensación de miedo que atenazaba a los millones de familias que se escondían en los niveles inferiores de Midgard, pues sabían que si el Caos lograba abrirse paso la muerte sería una liberación frente al destino que les podía esperar, esclavitud, brutales sacrificios o una eternidad de tortura en el Ojo del Terror.
Midgard acceso Este

Garganta del acceso Este a la colonia

El comandante de la Wehrwaffen transmitió la desesperada situación a Balhaus informando de que reunirían a todas las fuerzas restantes para defender el acceso Este, pero que no estaban en condiciones de soportar otro ataque de grandes proporciones ya que no contaban recursos para hacerlo, y que antes de que las tropas de Gorliax se hicieran con semejante cantidad de prisioneros –la colonia contaba actualmente con seiscientos noventa millones de almas en total tras el asedio, habiendo muerto ya más de doscientos millones– había acordado con los principales dirigentes que sus hombres procederían a la voladura de los pilares principales de todos los niveles, lo cual supondría la muerte de toda la población, que era preferible al destino que les depararía caer en manos de los siniestros servidores de Khorne.

Con aquel descorazonador panorama se situaron las tropas a lo largo de la garganta que llegaba a la entrada Este, única entrada y salida de la colonia tras el derrumbamiento de la principal, lugar que obviamente sería atacado con furia por Gorliax de modo inminente tras el revés en el acceso principal que tantas bajas le habían costado. Se instalaron todas las defensas adicionales posibles estableciendo como último reducto el corredor tras el acceso, una angosta entrada de cinco metros de alto por quince de ancho, la cual si se perdía sería el desencadenante del sacrificio completo de Midgard.

Ataque finalEditar

Sabiendo que le estado de la colonia era muy precario, Gorliax ordenó a sus fuerzas restantes, aún muy numerosas, desplazarse en masa hacia el Este inmediatamente e iniciar un ataque constante hasta que consiguieran tomar el acceso. Mientras esto sucedía, hubo un rayo de esperanza para los asustados habitantes de Midgard, pues en el momento en el que comenzaba el nuevo combate, que a la postre sería el definitivo, se recibió un mensaje emitido por el Ala de Combate 1, retirada del límite exterior de Naströnd como medida extrema, la cual enfilaba el perímetro establecido por la Venganza Negra para romper el bloqueo. Era entonces cuestión de aguantar unos días para ver si el Ala de Combate tendría éxito en su ataque, lo cual significaría la salvación.

La comunicación de este mensaje a los soldados en el acceso Este supuso una gran inyección de moral, de modo que cuando las tropas del Caos atacaron lucharon como dementes y resistieron los envites enemigos oleada tras oleada, dejando tal cantidad de cadáveres en la garganta que a las nuevas tropas que llegaban incansablemente les empezó a costar mucho trabajo abrirse paso entre ellos. Aplastando los cuerpos y escalando las pilas formadas, los esbirros de Gorliax eran blanco fácil para los tiradores de Midgard, quienes día a día sin embargo comenzaron a notar el cansancio y la falta de recursos y víveres.

Agotados y casi vencidos, los soldados de la Wehrwaffen y los pocos supervivientes de las Divisiones de Balhaus amanecieron un día con la visita de varios escuadrones de bombarderos aliados que comenzaron a soltar su letal carga sobre las hordas enemigas, atacando asimismo el bastión que durante tanto tiempo había sido la fuente de poder de Gorliax en el planeta. El Ala de Combate 1 había conseguido dispersar a la Venganza Negra logrando enviar ayuda a la colonia, la cual fue recibida con inmensa alegría por los fatigados defensores.

ConclusiónEditar

El prolongado asedio de Midgard, extendido a lo largo de casi tres ciclos, se había llevado la vida de un par de cientos de millones de Balhausitas, pero la colonia había resistido. Cuando Gorliax Ojo Sangriento comprendió que todo estaba perdido, pues las naves de Balhaus comenzaban ya a depositar efectivos, material y vehículos en tierra de forma continuada, además de contar con cobertura aérea contra la que de momento poco podían hacer, su ira no tuvo límites. Su ansia de sangre le pedía que continuara estrellando las tropas contra la maldita colonia para mayor gloria de Khorne, pero obviamente en breve las tornas iban a cambiar y serían las tropas del Caos quienes comenzaran a verse acorraladas. Con algunos regimientos de Guardias de Hierro –todos los Devoradores de Mundos habían sucumbido-, unos trescientos mil Desangradores y un par de millones de guerreros de no demasiado valor, la situación ahora no parecía que pudiera mantenerse mucho tiempo. Debido a esto, y contando con que aún tenía cierta superioridad momentánea, ordenó una retirada rápida hacia las naves y posteriormente abandonar Midgard. Un par de días después la Venganza Negra, hostigada por el Ala de Combate 1, recibió las naves de evacuación de los efectivos de Gorliax y se retiró vencida hacia la Disformidad.

Midgard, donde aún quedaban gran cantidad de muertos vivientes, mutantes y tropas menores abandonadas por Gorliax, siguió combatiendo aún algo más de tiempo hasta que erradicaron la amenaza por completo y el Ala de Combate se retiró de nuevo hacia un nuevo objetivo determinado por el Weisering. Las labores de limpieza y acondicionamiento de la colonia comenzaron de inmediato, así como el desescombro y rehabilitación de la entrada principal, aunque aún pasarían ciclos antes de que Midgard recuperara parte de su esplendor original.

CronologíaEditar

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