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Legionario IV Legión Pacificación del Cinturón de Kuiper Servoarmadura Mk. II Cruzada

Legionario terrano de la IV Legión anterior al reencuentro con Perturabo.

El Asedio de Incaladion fue la costosa campaña librada por la IV Legión Astartes para liberar el mundo forja de Incaladion durante la Gran Cruzada, entre el 842-843.M30.

HistoriaEditar

La IV Legión operó desde sus primeros días con una fuerza determinada y disciplinada, tan sólida e inflexible como el metal del que más adelante tomarían su nombre. Sus miembros eran conocidos por ser unos de los más tecnológicamente aptos y habilidosos por vocación (aunque fueran superados parcialmente por la Décima durante los primeros años de la Gran Cruzada), y preferían atacar desde una posición de superioridad aplastante siempre que podían, descargando directamente todas sus fuerzas sobre el enemigo. A medida que su papel pasó a ser el de una fuerza de combate de primera línea, y a menudo soportar el peso de operaciones de combate prolongadas, la IV Legión dio cada vez más importancia a la formulación de detalladas estrategias previas a la batalla y al uso de bombardeos concentrados en masa como precursores del ataque: el cálculo de campos de fuego, el uso de bombardeos altamente intensos y el despliegue de blindados pesados y fuerzas mecanizadas para encabezar los ataques se volvieron los recursos característicos de la IV Legión. Para servir a esta inclinación, la Cuarta también reunía el que quizá fuera el mayor tren de artillería de las Legiones de la historia de la Gran Cruzada.

Pero aunque estas tácticas indicaban un enfoque cerebral, pragmático y calculado de la guerra, también era igualmente cierto que una vez empezada la batalla, no cesarían en su ataque por nada excepto una orden directa del nivel más alto de retirarse, incluso a pesar de sufrir repentinos reveses de fortuna o bajas inesperadamente altas (incluso apabullantes). Esta amarga testarudez creció con el tiempo dentro de la Legión, y casi se convirtió en fuente de orgullo para sus miembros: se negaban a fracasar, sin importar el coste en vidas, y arrancaban la victoria fueran cuales fueran las probabilidades a fuerza de pura disciplina y potencia de fuego. Del mismo modo que las victorias de la Legión, a menudo nunca cantadas, fueron muchas, también fue elevado su precio.

La aparente paradoja de una pronunciada dependencia de la racionalidad y el intelecto enfrentada a infrecuentes pero reveladores episodios de terca testarudez en el comportamiento de la Legión nunca fue más evidente que durante la liberación del disputado mundo forja de Incaladion en una devastadora campaña que duró desde el 842.M30 hasta el 843.M30. Aunque al final se logró la victoria, la guerra supuso la casi total aniquilación de las fuerzas del frente de la 8ª Flota Expedicionaria de una forma probablemente innecesariamente costosa.

Tras la campaña, varias voces críticas en la Corte Imperial y entre los Primarcas opinaron que la IV Legión se había arriesgado deliberadamente a ser derrotada para demostrar que había podido lograr lo que se le había encomendado en solitario, sin importar lo difícil que fuera. Durante esta batalla, la Legión se negó a retirarse del campo después de que un asalto inicial se viniese abajo espectacularmente ante un contraataque enemigo inesperado sin precedentes, y siguió luchando a pesar de todo, aferrándose a un plan de batalla hecho pedazos. Casi 29000 de sus Legionarios cayeron en ese único combate antes de que las fuerzas enemigas fueran destruidas a base de sangriento desgaste. Entre los muertos estaban muchas de las unidades más veteranas de la Legión, convirtiendo a la batalla en una de las más costosas de su tiempo.

Lo que quedaba de la Cuarta tras Incaladion era una Legión que ya no era favorecida y aún sin Primarca que hablase por ella. A finales de esa década, sería bastante correcto decir que la fortuna de la IV Legión había decaído fuertemente mientras otras crecían. Incaladion había arrojado una sombra sobre los primeros éxitos de la Cuarta y había supuesto la muerte de muchos de sus comandantes más veteranos, así como la masacre completa de más de dos millones de Soldados Imperiales bajo su mando. Donde antes la Cuarta había estado entre las Legiones más numerosas, la guerra constante y el desgaste habían erosionado sus filas, no hasta el punto de suponer un peligro para su existencia, ya que su semilla genética seguía siendo de la mayor calidad en cuestión de facilidad de implantación, pero sí lo suficiente para que otras le hubieran eclipsado en tamaño y poderío, mientras que otras Legiones, en especial los Lobos Lunares y los Ángeles Oscuros, le superaban en brillo con la gloria y majestad de sus conquistas. Fue a esta IV Legión dañada, desilusionada y sin un rumbo claro que llamar propio a la que llegó su Primarca, Perturabo.

FuentesEditar

  • The Horus Heresy III.
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