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Primarca corvus corax

Primarca Corvus Corax

La Anexión de Indra-sûl fue una campaña llevada a cabo por la Guardia del Cuervo durante la Gran Cruzada.

HistoriaEditar

Con el descubrimiento de Kiavahr llegó la esperada reunión de la XIX Legión y su Primarca, y el comienzo de un sutil cambio en el carácter y la reputación de la Legión. Bajo la guía de su Primarca, la infamia y el conjunto de macabras tradiciones que la Decimonovena terrana había acumulado fueron suprimidas lentamente, reemplazadas por las doctrinas que Corax había desarrollado desde su marcha de Deliverance. Ocurrida casi cincuenta años después de que Corax tomara el mando de su Legión, la campaña de Indra-sûl es un ejemplo típico de las conquistas de la Guardia del Cuervo, y muestra cómo los insurgentes de Deliverance y los brutales incursores de los Campos de Polvo Asiáticos de Terra se fundieron para formar la Guardia del Cuervo.

En los últimos años de la Gran Cruzada, la mayoría de la Guardia del Cuervo fue asignada a Flotas Expedicionarias del lejano norte galáctico, empujando el frente de la Gran Cruzada más allá de los límites del Segmentum Obscurus y penetrando en las tenues estrellas de la franja norte de la galaxia. En la órbita de una de esas estrellas, un orbe frío y rojo que hacía mucho que había pasado su mejor momento, la Guardia del Cuervo descubrió Indra-sûl. Antaño, el planeta debió servir como un poderoso puerto de exploración para las flotas de la Era Oscura de la Tecnología, pero ahora estaba reducido a un erial, y solo quedaba un signo de su antigua gloria: una brillante torre de plata de kilómetros de espesor que se alzaba desde la tierra hasta el vacío de las alturas, acabando en una serie de ramales de amarre similares a ramas, que cubrían el cielo de un hemisferio. En el interior de esta gran estructura la Guardia del Cuervo halló a los últimos humanos supervivientes, y a las criaturas que ahora los dominaban.

En los oscuros años de la Era de los Conflictos, los Khrave habían llegado a Indra-sûl. Es probable que nunca se sepa cómo esclavizaron a la población de este mundo antaño poderoso, pero las vacías ciudades del planeta indicaban que se habían sucedido siglos de cosechas sistemáticas para saciar el hambre de estas pesadillas xenos. Al enterarse de esto, Corax no pudo tolerar que el pueblo de Indra-sûl soportase la tiranía alienígena, del mismo modo que no podría haber dejado al de Deliverance sometido a los gremios de Kiavahr. Descartando las sugerencias de algunos Capitanes terranos, que creían que la solución más efectiva era introducir un gas neurófago en la instalación y apoderarse de ella cuando tanto los esclavos humanos como los amos xenos hubiesen muerto, Corax trazó planes para salvar Indra-sûl.

Sin saber con seguridad cuántos Khrave podían acechar en la torre de plata de Indra-sûl, Corax se negó a lanzar a sus Legionarios o a los soldados de la Cohorte Therion a una guerra de desgaste destinada a retomar la torre nivel a nivel. En vez de eso, el Señor Cuervo dirigió personalmente a un ejército de menos de 2000 Legionarios, seleccionados entre las Compañías de reconocimiento e infiltración, al interior de la estructura.

Aproximándose desde la atmósfera en varios escuadrones de cañoneras Shadowhawk y Darkwing, los Marines Espaciales abordaron la torre en su punto central, dividiéndose en varias docenas de grupos de combate, cada uno asignado a la búsqueda de las guaridas alienígenas y equipado con una baliza de teleportación. En los retorcidos pasadizos y las cámaras abovedadas, los hijos de Deliverance se encontraron con una visión similar a su propio pasado. En cada uno de los espaciosos compartimentos de muros de plata en los que penetró la Guardia del Cuervo se encontraban los supervivientes de la población humana de Indra-sûl, miserables y deformes, hacinados por centenares como si fueran ganado. Algunos destacamentos encontraron también Khrave solitarios, imponentes monstruosidades atiborradas con siglos de botín cautivo, fuertes hasta lo imposible y armadas con poderes de la Disformidad. Solo con muchas muertes se logró acabar con tales criaturas, y los Astartes tanto de Terra como de Deliverance recurrieron por instinto a las tácticas de guerrilla, atacando ferozmente un instante y retirándose a los retorcidos pasillos al siguiente, dejando confundido al enemigo hasta matarlo por fin.

Pasaron las horas en la impasible luz artificial de la torre, y la Guardia del Cuervo, dirigida por Corax, libró una incesante guerra de guerrillas, moviéndose siempre con los corazones endurecidos ante los lastimeros gritos de los humanos cautivos, y atacando a los Khrave que encontraban antes de desvanecerse de nuevo en el laberinto de corredores. Solo cuando el rojo sol de Indra-sûl cayó tras el horizonte encontró Corax la primera de las cámaras de hibernación de los Khrave, y allí, entre los despojos podridos de antiguos festines, halló centenares de Khrave durmientes, cada uno de ellos igual de poderoso que los monstruos hinchados que tanto había costado eliminar anteriormente.

Al empezar a despertarse la horda de Khrave, la Guardia del Cuervo se retiró, y Corax y media Compañía formada por antiguos compañeros de lucha de Deliverance asumieron el papel casi suicida de defender la retaguardia mientras las demás escuadras se apresuraban a desplegar sus balizas de teleportación. Presionado en la entrada de la cámara, el Señor Cuervo luchó por mantener a raya a los Khrave mientras sus compañeros caían uno tras otro, azotados por golpes psíquicos y aplastados por la fuerza de los garrudos puños de los Khrave, cuya superioridad numérica empezó a imponerse a medida que despertaban de su sueño. A pesar de la matanza, la Guardia del Cuervo mantuvo la posición, luchando hasta su último aliento con el único deseo de matar a sus enemigos hasta que la muerte se los llevara, protegiendo así a sus hermanos mientras trabajaban.

Al fin, tras casi una hora de lucha constante, un estallido de luz anunció la llegada de los Libertadores, una Compañía de Astartes terranos revestidos de armaduras de Exterminador, de aspecto sombrío y armados con una panoplia temible y poco habitual en las sutiles tácticas de la XIX Legión. La potencia de fuego concentrada de los Libertadores rechazó a los Khrave de vuelta a la cámara, y los Legionarios terranos avanzaron, desatando miles de balas de masa reactiva sobre el muro de alienígenas que se alzaba ante ellos, rematando con su ferocidad lo que la estoica determinación de sus hermanos de Deliverance había comenzado. Abriéndose paso al interior de la cámara con una aplicación brutal de sus disparos, sin preocuparse por el daño que causaban, los Libertadores lanzaron un torrente de promethium ardiente sobre los Khrave, purificando su nido con llamas.

En pocas horas la Guardia del Cuervo descubrió docenas de otras cámaras similares, cada una de las cuales cayó ante furiosos asaltos teleportados, aunque muchos Legionarios cayeron ante los Khrave durante la lucha. Con los Khrave reducidos a cenizas, el resto de la Legión abordó la torre, asegurándola sección por sección y barriendo a los últimos Khrave del interior. La Cohorte Therion se encargó de liberar a los millares de cautivos de las incontables cámaras de la torre, proporcionándoles la asistencia que pudieron a los que habían estado presos durante generaciones de los Khrave. Convertido en una base para la expansión de la Gran Cruzada al interior de las Estrellas Necrófago, Indra-sûl fue puesto bajo la custodia del Mechanicum, y la Guardia del Cuervo se preparó para su siguiente conquista. Se dice, no obstante, que antes de abandonar aquel terrible lugar, Corvus Corax pasó muchas horas vagando por la torre y recordando las tribulaciones de su juventud y los sacrificios de sus nuevos hijos, presa de un humor oscuro.

Sin que la Guardia del Cuervo lo supiera, los Iteradores y otros sirvientes imperiales que siguieron los pasos de la XIX Legión condenaron posteriormente a los supervivientes a una muerte en vida como servidores, considerándolos corruptos en cuerpo y mente. Quizás fue una suerte que el Señor Cuervo nunca descubriera esto antes del estallido de la Herejía de Horus, pues su reputación deja pocas dudas sobre cuál habría sido su respuesta.

FuentesEditar

  • The Horus Heresy III.
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