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Aliachemoranthrashe'ill, más conocido como Alanthrasil Hojarápida (Alanthrasil Swiftblade en inglés), es un Príncipe Corsario Eldar. Su nombre se traduce como "el veloz giro final de la hoja creciente". Se dice que aunque desafía a la muerte en cada batalla, porta consigo una maldición que acaba con las vidas de quienes más cerca tiene de formas violentas o dolorosas.

HistoriaEditar

Aliachemoranthrashe'ill nació en el Mundo Astronave de Biel-Tan hace ochocientos años. Era el más joven de los dos hijos de Morecthias, el cual era un Exarca de los Vengadores Implacables de increíble habilidad, como lo había sido su padre antes que él. Milenios atrás, los ancestros de Alanthrasil habían sido pioneros en la disciplina marcial del Imaluan, a la cual se hacía referencia en las enseñanzas de Asuryan. Estos estudiosos guerreros enseñaron a sus muchos discípulos la virtud de la gracia absoluta y la economía de movimientos. Cuando los maestros de este arte ejecutaban la compleja danza de la guerra, no malgastaban ni una pizca de energía. Cada acción y cada reacción estaban perfectamente realizadas, ajustando cada corte y cada parada con precisión y alcanzando un estado de gracia casi sobrenatural.

Algunos creían que los verdaderos maestros del Imaluan podían alcanzar un estado trascendental, en el cual su danza impredecible se volvía tan rápida que sus enemigos parecían moverse bajo el agua. Alanthrasil y su hermana Eminielle habían avanzado mucho en su camino hacia este nivel de maestría cuando su padre Morecthias recibió el mayor honor que podían otorgar los Videntes de Biel-Tan: sería coronado como el Joven Rey.

Dada la belicosa naturaleza del Mundo Astronave de Biel-Tan, no pasó mucho antes de que las Espadas en el Viento marchasen de nuevo a la guerra. Alanthrasil contempló entonces cómo su padre y mentor era llevado al sacrificio ritual que despertaría al dios de la guerra del Mundo Astronave. Los Eldars consideran un gran honor ser el Joven Rey que será consumido por el Avatar y se convertirá en uno con el horno ardiente de su alma. Sin embargo, por mucho que Alanthrasil se repitiese esas palabras, no le reconfortaban. Alanthrasil no podía encontrar ya gozo alguno fuera de la salvaje emoción de matar despiadadamente y sin pausa a la feroz sombra de lo que una vez había sido su padre.

Años después, cuando las cicatrices de la pérdida habían empezado a sanar, él y su hermana alcanzaron por fin la perfección en su disciplina. Su relación era una compleja interacción de pasión oscura y pura entrega, en la que Alanthrasil encarnaba una oscuridad con un toque de luz, y su hermana, una luz manchada de oscuridad. Combatían en duelo desde el amanecer hasta el atardecer en el Bosque del Silencio, y sus movimientos se convertían en borrones cuando la esgrima consumada que su padre les había enseñado tejía una danza en la que ninguno de los dos podía triunfar realmente. Solo la armonía de su hermandad les impedía descender por el solitario camino del Exarca, y permanecían atrapados para siempre en la Senda del Guerrero, para admiración y temor de sus congéneres Eldars.

Cuando los tentáculos de la Flota Enjambre Leviathan se extendieron hacia Biel-Tan, Alanthrasil y su hermana estuvieron en la primera línea de la lucha contra los Tiránidos. Aunque cada ataque fue planeado con precisión quirúrgica, los Eldars perdieron millares de guerreros, entre ellos Eminielle. El chirriante enjambre que la derribó y se atiborró con su carne era demasiado numeroso para que Alanthrasil lo derrotara. Solo saltando al alerón de una Vyper que pasó a toda velocidad junto al lugar pudo escapar de las docenas de mordiscos que destrozaban su armadura y desfiguraban su rostro.

No obstante, la infestación Tiránida acabó por ser suprimida por los contraataques Eldars. Mientras el resto del ejército de Biel-Tan regresaba a su Mundo Astronave, Alanthrasil pasó largos días rastreando los restos de la batalla, saltando como un fantasma de un cadáver a otro. Cuando encontró por fin el sitio donde había muerto Eminielle, descubrió que el hambriento enjambre la había devorado por completo, excepto por el impenetrable psicocristal de su joya espiritual. Alanthrasil se la llevó de vuelta a su nave, y la integró en la empuñadura de su espada para poder luchar junto a su hermana hasta el día de su propia muerte.

No pasó mucho antes de que el viaje en solitario de Alanthrasil le llevase a entrar en territorio hostil. Una flota de Corsarios Eldars dominaba los territorios por los que se estaba internando Alanthrasil, y vieron con buenos ojos la posibilidad de añadir una nueva nave a su armada. El Señor Pirata Hiriaq ordenó que el caza fuese capturado intacto, y poco después Alanthrasil se vio rodeado y sin posibilidad de escapar. Alanthrasil sabía que luchar sería inútil, ya que los Corsarios no dudarían en matarle si se resistía. Una gran fragata se aproximó a su caza y se lo tragó abriendo su bodega de amarre como si fuera un vasto depredador acuático. Una vez dentro de la nave, fue sacado de la suya por un grupo de Corsarios fuertemente armados.

Alanthrasil se mantuvo callado mientras le llevaban ante Lord Hiriaq, y no respondió a sus preguntas ni a sus crueles provocaciones. Hasta cuando le empujaron hacia delante con sus afiladas cuchillas se mantuvo impasible, sin dejar que sus rasgos destrozados mostrasen la menor emoción. Solo actuó cuando los piratas trataron de sacarle su espada Eminielle de su vaina. Haciendo un gesto cortante con su mano hacia sus oponentes, su espada apareció en su mano una fracción de segundo antes de concluir el movimiento. Dos Corsarios cayeron, cortados limpiamente a través del torso. Los chorros de fuego de shuriken de los demás piratas no dieron en el blanco, pues Alanthrasil ya estaba saltando por encima de ellos tras pisar suavemente los cuerpos en caída de sus víctimas y dar una grácil voltereta hacia atrás. Su cuerpo parecía ocupar solo el espacio que no atravesaban los disparos, y su Espada Implacable Eminielle golpeó hacia abajo a la velocidad de un parpadeo para cortar una, dos y tres cabezas de los cuellos de sus asaltantes. El tiempo pareció detenerse para Alanthrasil mientras más piratas se apresuraban a impedir que siguiera avanzando hacia Hiriaq. Se deslizó y saltó entre los disparos, anticipando cada movimiento de su enemigo y posicionándose para el contragolpe perfecto, lanzando su espada por debajo de su brazo para hacerla atravesar el pecho de un pirata y el cuello de otro antes de revertir su movimiento con suavidad y regresar con la empuñadura por delante a su mano extendida. Su danza sinuosa y compleja era imparable: una voltereta bajo los disparos enemigos culminaba con una estocada en el corazón, una pirueta ascendente que parecía una maniobra evasiva dejaba a los dos asaltantes más cercanos hendidos desde la cadera hasta el hombro. Hiriaq retrocedió, asumiendo una postura de guardia clásica con su espada de energía curva, pero su ornamentada hoja cayó de la mano que la sostenía junto con los dedos que la aferraban. Alanthrasil se encontraba cara a cara con el Señor Pirata, sin cambiar su expresión de calma, y apoyaba su Espada Implacable Eminielle contra su garganta con un toque tan ligero como la seda. Su aliento llegaba fresco a la frente sudorosa del Corsario. Hiriaq, comprensiblemente impresionado, ordenó a sus hombres que depusieran las armas.

Alanthrasil sirvió como el guardaespaldas de Lord Hiriaq durante muchas décadas, absorbiendo todo lo que el infame bucanero le podía enseñar sobre la navegación espacial y la piratería a cambio de instruirle en el Imaluan. Hiriaq hizo que su mano mutilada fuese sustituida por los mejores implantes biónicos bañados en oro, del mismo modo que el rostro dañado de Alanthrasil fue cubierto por los repuestos augméticos más avanzados. Poco a poco fueron confiando el uno en el otro, y con el tiempo el guerrero llegó a contemplar al pirata como a un mentor y amigo. Pero la oscura maldición que parecía seguir a Alanthrasil acabó por golpearle de nuevo. Durante un período de disensión en el seno de la flota Corsaria, Alanthrasil regresó a la nave insignia y se encontró el cadáver aún tibio de Hiriaq tirado sobre su antigua mesa de banquetes, de cuya boca aún caía saliva manchada de sangre como prueba de la forma en que había muerto. Alanthrasil dio caza al culpable y a su banda de traidores amotinados uno a uno.

Asumiendo el mando de la flota, Alanthrasil inició una serie de incursiones sobre el espacio imperial con una agresividad tan terrible que las agobiadas fuerzas imperiales de la región pasaron pronto a considerar a la que había sido una molestia lamentable pero tolerable como una amenaza prioritaria. Alanthrasil se hizo infame en muy poco tiempo por su insistencia en encabezar cada abordaje, y pronto llamó la atención de la Inquisición. No pasó mucho antes de que uno de sus miembros se enterase del comportamiento del Príncipe Corsario Alanthrasil y organizase el desvío del Grupo de Batalla Gravis, destinado a Biel-Tan, hacia el territorio de la flota pirata.

Aunque Alanthrasil era habilidoso en las artes de la piratería, el Inquisidor había estudiado a conciencia los patrones de sus incursiones y le tendió una trampa, usando una fragata aparentemente dañada como cebo. El Príncipe Corsario se lanzó a por la nave, pero descubrió que una flota aún mayor de piratas Orkos seguía la misma fragata. Los Orkos, al ver llegar a los Corsarios Eldars, cambiaron de prioridades de inmediato y atacaron agresivamente a los guerreros de Alanthrasil. A pesar de su habilidad para evadirse, no había huida posible, pues estaba gravemente superado en número y no era tan capaz como su difunto mentor. Tras un combate relativamente corto, su flota quedó prácticamente destruida, y las velas solares de su nave insignia, dañadas más allá de toda reparación.

El Príncipe Corsario esperaba ser destruido de un momento a otro cuando vio sorprendido que la Armada Imperial atacaba a los piratas Orkos. Sin duda, aquel espectáculo de puro poderío militar estaba destinado a sus ojos, y los Orkos fueron diezmados y dispersados en pocas horas.

En el parlamento posterior, el inesperado salvador de Alanthrasil se presentó como el Inquisidor Lichtenstein, una figura notable entre la sociedad imperial. Alanthrasil sospechaba que había tenido que ver con la trampa que le había costado su flota y a muchos de sus amigos y consejeros de confianza. Sin embargo, contuvo su mano, pues el Imaluan enseñaba que si un guerrero salvaba la vida de otro, ya fuera rival, enemigo o amigo, se estaba en deuda con él hasta que se pudiese devolver el gesto. Mientras aquel humano hablaba sin cesar en un tono monótono y condescendiente, Alanthrasil sintió los ojos de su padre sobre él, y percibió que la joya espiritual de su hermana se calentaba en la empuñadura de su espada. El humano había salvado su vida, y por lo tanto estaba en deuda con él. Estaba claro, y deshonrar ese compromiso era deshonrar el código de sus antepasados. Por su parte, el humano insistía en que la deuda equivalía a un año de servidumbre.

Alanthrasil no tuvo más remedio que aceptar, al menos por el momento.

ArmamentoEditar

Alanthrasil es un guerrero ambidiestro que cuenta con un ojo biónico avanzado en la cuenca derecha, un rifle de Explorador que incorpora un sistema de predicción de alcance y movimiento, una granada de disrupción, una antigua pistola de duelo, un talismán rúnico y la Espada Implacable Eminielle.

MiniaturaEditar

  • Inquisitor.

FuentesEditar

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