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"Solo en la muerte acaba el deber."

Primera máxima de la Legio Custodes

Conocido formalmente como la Legio Custodes Magna Imperator y Legio Custodes durante la Gran Cruzada y la Herejía de Horus, e informalmente como la Guardia Custodia, los Diez Mil y La Muerte Dorada, el Adeptus Custodes es la Cámara Militante de la Casa Imperial. Su autoridad es incontestable dentro de su misión asignada, excepto si el Emperador lo contradice directa y expresamente, y sus bases son la Torre del Hegemon (una fortificación soberana del Palacio Imperial) y diversas fortalezas, propiedades, naves espaciales, ministerios y territorios en Terra, el Sistema Solar y más allá, que solo conocen ellos mismos.

Los Custodes son la guardia personal y los protectores juramentados del Emperador, así como sus emisarios escogidos y, si surge la necesidad, sus verdugos más letales. Guerreros genéticamente potenciados de lealtad inamovible y propósito imperturbable, su poderío y su habilidad con las armas son superiores incluso al de los Marines Espaciales, mientras que sus armas y equipo son de una potencia única, que representa el cenit de la tecnología del Imperio. Su historia es larga, y durante milenios han permanecido a la sombra del Emperador como sus pretorianos y los protectores de sus secretos.

Historia[]

Orígenes: Los Primogénitos[]

"Ninguna vigilia es absoluta, salvo la de los dioses."

Atribuida a los Satarix Uvenl

La Legio Custodes fue, según muchos relatos, la verdadera primogénita del Emperador, precediendo incluso a los Guerreros Trueno. Sus miembros fueron Sus primeros guerreros genéticamente modificados y psico-adoctrinados, armas perfeccionadas por el genio del Emperador a partir del terrible saber de la Era Oscura de la Tecnología. Son en casi todos los sentidos sobrehumanos: más rápidos, más fuertes, más resistentes y con sentidos más agudos incluso que los condenados Guerreros Trueno o los Marines Espaciales que les sucedieron, y tan alejados de los límites de un humano no potenciado que son prácticamente divinos en comparación. De hecho, solo los Primarcas y por encima de ellos el propio Emperador los superaban en poderío físico, y enfrentarse a ellos abiertamente es cortejar a la muerte, tanto para humanos como para alienígenas.

Estos primogénitos del arte genético del Emperador son criaturas escasas. Tal era su diseño psicofísico, y tan intrincadas y sofisticadas las artes genéticas implicadas, que las modificaciones que requería su creación exigían unos criterios biológicos y psicológicos tan estrictos que solo uno entre muchos miles de candidatos potenciales podría resultar adecuado para el más simple de los pasos del proceso. Incluso dentro de esta pequeña cantidad de candidatos, la supervivencia a lo largo de las décadas de potenciación alquímica y entrenamiento psicomemético no estaba en absoluto garantizada. En esto puede verse un patrón repetido en las Legiones Astartes, aunque llevado aquí a un grado mucho más pronunciado, de tal forma que mientras los Marines Espaciales no pueden superar quizá el millón de efectivos totales (una suma ínfima en comparación con los miles de millones de soldados que tomaron parte en la Gran Cruzada) por las limitaciones inherentes a su proceso de creación, la Legio Custodes nunca podría, según las pruebas disponibles, haber operado a la misma escala que las Legiones Astartes, incluso si hubieran intentado hacerlo. Se cree que el número de Custodios activos nunca ha superado los 10000. Esta cifra fue alcanzada por primera vez hacia la mitad de la Gran Cruzada, y mantenida con tal diligencia que la Guardia Custodia fue conocida desde entonces como los Diez Mil en las obras de los Rememoradores y las notarías de la Corte Imperial, fuera o no cumplido ese número literalmente.

Creados por la mano del Emperador[]

No es inusual, incluso entre los eruditos del Imperio, creer que los Custodios son alguna variante de los Astartes, una forma "avanzada" o incluso una segunda versión mejorada. Aunque esta explicación podría parecer que encaja con los hechos, especialmente para aquellos que no conocen de cerca el doloroso nacimiento del Imperio en los últimos actos de las Guerras de Unificación de la Vieja Terra, en realidad no podría estar más alejada de la verdad.

Las sangrientas crónicas de las Guerras de Unificación, especialmente en sus primeras fases, cuando el Emperador se alzó por primera vez del derramamiento de sangre de pesadilla de la larga noche de la Antigua Tierra para derribar el reinado de los caudillos y los monstruos que se habían repartido el mundo natal de la Humanidad entre un millar de mataderos, son ahora difíciles de abarcar, y muchos relatos están ahora vedados con justicia a los estudiosos del Imperio y hasta a la Corte de Terra, a fin de suprimir las peligrosas verdades que contienen. Pero en esas oscuras crónicas la Guardia Custodia tuvo, de una forma u otra, un papel desde que alcanzan la memoria y los registros. Sobre los pilares de la Mansión Negra de Nas'sau, capital de uno de los primeros bastiones tecnobárbaros en someterse al que sería conocido como el Emperador, las inscripciones hablan de la venida del "Señor del Relámpago" ante su rey-caudillo, flanqueado por sus "cuatro gigantes de oro y carmesí" y exigiendo su rendición. Décadas más tarde, según los detallados registros conservados en los archivos akáshicos trans-nórdycos, una guardia de treinta "Custodios" que portaban lanzas de energía y vestían armaduras potenciadoras, encabezada personalmente por el Emperador, luchó a la cabeza de la recién nacida Legión del Trueno en el asalto contra la formidable Confederación Maulland Sen. Uno de ellos, incluso, es mencionado como el responsable de la decapitación del tirano-profeta de la confederación tras el clímax de la Batalla de la Escarcha Roja.

Varias décadas después de esta infame batalla, serían ahora centenares de Guardias Custodios, en una forma similar a su aspecto más moderno, los que se encargarían de dirigir el exterminio de esos mismos Guerreros Trueno que antaño habían servido al Emperador, y que se habían rebelado tras su forzosa disolución y encarcelamiento. En esta ocasión los Custodios irían acompañados por los nuevos guerreros genéticamente modificados que debían sustituir a los Guerreros Trueno: los primeros millares de Marines Espaciales, la mayoría de los cuales acabarían por formar la I Legión, posteriormente conocida como los Ángeles Oscuros. Las pruebas, por tanto, son claras: desde antes de que los primeros mundos fueran conquistados tras la salida de la Gran Cruzada del Sistema Solar, desde antes de la toma de la Luna y del Tratado de Olympus con Marte, desde antes del Cataclismo de Ursh y de la caída del Bloque Yndonésico, antes de los Marines Espaciales y de los Guerreros Trueno, los Custodes han caminado junto al Emperador.

Herejía de Horus[]

La Locura de Magnus y la Guerra en la Telaraña[]

[En construcción, disculpen las molestias.]

La Censura de Prospero[]

Artículo principal: Quema de Prospero.

[En construcción, disculpen las molestias.]

El Asedio del Palacio Imperial[]

Durante la Batalla de Terra, un grupo de Custodios acompañaron al Emperador cuando lanzó su asalto contra la nave insignia del Señor de la Guerra Horus, la Barcaza de Batalla Espíritu Vengativo.

[En construcción, disculpen las molestias.]

Tras la Herejía[]

"Demos gracias a los guardianes más valerosos y leales, el Adeptus Custodes, que mantienen una vigilia constante sobre el Palacio del Emperador. Una verdadera Legión de guerreros lista para dar sus vidas sin dudarlo por el amado Guardián de la Humanidad. Nadie pasa por el Palacio Imperial sin que lo sepan: están empapados de los arcanos secretos de ese laberíntico edificio. Diez mil espadas aguardan la llamada a las armas, para defenderlo de cualquier amenaza, desde fuera o desde dentro."

Anónimo

Tras la Herejía de Horus, la Legio Custodes se convirtió en el Adeptus Custodes. Ya no volverían a luchar junto a su señor, pues el Emperador ya no era más que un cadáver destrozado cuya potente voluntad se mantenía con vida gracias a las maquinarias del Trono Dorado. En lugar de eso, los Custodios quedaron encargados de proteger lo que quedaba de su amado Emperador a cualquier coste, y se revistieron con sudarios de luctuoso negro como símbolo de su desgracia, un sombrío atuendo que no abandonarían en muchos milenios.

Durante miles de años, el Adeptus Custodes ha guardado vigilia. Debido a que el Palacio Imperial ocupa una enorme proporción de la superficie de Terra, los Custodios operaban principalmente como un ejército defensivo. Tan solo un cuerpo interno de unos trescientos guerreros elegidos especialmente sirve literalmente al Emperador como guardia personal: la Guardia Eterna, también conocida como los Compañeros, los Comilitones o los Trescientos, que mantiene una vigilia constante sobre el Sanctum Imperialis, la sala del trono del propio Emperador. Tras ellos se extiende una montaña de cables, circuitos, aparatos mecánicos, placas de mármol, ruedas dentadas, pistones, tubos de expulsión de gases, columnas y arcadas en cuyo centro un tramo de escalones inscritos con runas se elevan majestuosos hasta más de diez metros de altura. Sobre toda esa pulsante maquinaria, oscurecido por un manto de energía arcana y envuelto en una nube de niebla alquímica, se encuentra el Trono Dorado del Emperador, el Señor de los Hombres, el Salvador de la Humanidad. Son ellos, y solo ellos, quienes deciden quién puede entrar al lugar más santo de la galaxia, y es responsabilidad suya mantener a salvo al futuro de la Humanidad.

Los pretorianos del Emperador son unos de los guerreros más poderosos de todo el Imperio. Siempre se han alzado vigilantes fuera de las puertas de bronce que sellan su sagrada cámara. Son absolutamente irreprochables y son de los pocos sobre los que la Inquisición no tiene poder. Nunca abandonan los santuarios interiores del Palacio Imperial, y sirven desde su nacimiento hasta su muerte en el interior de sus sagrados salones. Sin embargo, están entre los pocos sirvientes de la Humanidad que llegan a mirar directamente al Emperador, y por ello reciben bendiciones sin medida. Gracias a la remarcable artesanía genética empleada en su creación, sus guerreros no envejecen, de modo que sólo pueden morir debido a un trauma físico catastrófico. Al tener muchos Custodios más de mil años de edad, han tenido infinitas oportunidades para perfeccionar sus habilidades, profundizar sus conocimientos sobre todo saber y disciplina y pulir sus tácticas para poder estar listos para toda eventualidad. Mediante los rituales conocidos como los Juegos de Sangre, el Adeptus Custodes ha puesto a prueba las defensas de Terra innumerables veces, despachando a sus propios guerreros bajo falsas identidades para penetrar los muros y puertas que protegen al Trono Dorado. Al mismo tiempo, los Custodios han empleado ejercicios de pensamiento fractal, cogitaciones estratégicas centenarias y elaborados conflictos simulados en hallucinariums para perfeccionar sus tácticas por si llegaba el momento en que fuesen enviados a luchar por los dominios del Emperador una vez más.

No obstante, la defensa de Terra no es la única guerra que el Adeptus Custodes ha librado desde la Herejía. Si la Humanidad supiera las campañas clandestinas en las que los guardianes del Emperador han combatido dentro y fuera de terra, sin duda enloquecería de terror. Los Custodios han mantenido a raya a los mortíferos habitantes de criptas selladas con runas en las profundidades de la Placa Himaláyica, lanzado misiones al interior de subrealidades hirvientes de horrores, purgado cultos en los túneles infinitos del Manufactora Mericum y ejecutado a los seguidores de Inquisidores Radicales convencidos de que la ascensión final del Emperador sólo puede tener lugar con su muerte. Como el resto del Imperio, el Adeptus Custodes debe luchar en todos los frentes.

El Adeptus Custodes se encuentra bajo la autoridad del Adeptus Terra, y el Capitán General de los Adeptus Custodes ocupa en ocasiones uno de los tres últimos puestos de los Altos Señores de Terra.

Era de la Apostasía[]

Durante el Reinado del Terror, el Adeptus Custodes permaneció al margen de la carnicería y la devastación, al igual que el Adeptus Mechanicus y el Adeptus Astartes. Desde el interior de los seguros muros del Palacio Imperial, el Adeptus Custodes continuaba su eterna vigilia del Trono Dorado. Para escapar a la anarquía que prevalecía, y asegurar la protección del propio Emperador, los Custodios se habían aislado completamente del exterior. Solo algunos retazos de información habían atravesado los sellados muros de los más sagrados lugares, y fue solo cuando los Marines Espaciales y el Adeptus Mechanicus atacaron a Goge Vandire que conocieron la verdadera extensión de la traición cometida por el Alto Señor. Durante sus encuentros secretos con los Comandantes de los Marines Espaciales, los Adeptus Custodes tuvieron noticias del Reinado del Terror y de las Consortes del Emperador que defendían al Alto Señor traidor. La misteriosa orden aconsejó a los Marines Espaciales que continuaran su ataque mientras ellos hacían lo que estuviera en sus manos.

Las defensas del Palacio Eclesiarcal no constituían obstáculo alguno para los Adeptus Custodes, con sus conocimientos milenarios del Palacio Imperial y de sus miles de kilómetros de corredores ocultos y pasadizos secretos. Un pequeño contingente de Custodios, al mando de un Centurión de los Comilitones, se abrió paso hasta el centro del dominio de Vandire. Saliendo de los túneles secretos no muy lejos de la Cámara de Audiencias de Vandire, fueron detenidos por las Consortes del Emperador. Solicitando una tregua para parlamentar, el Centurión dejó en el suelo sus armas y caminó desarmado al encuentro de las guardianas de Vandire. Durante una hora desarrolló una apasionada petición para que las Consortes del Emperador renunciasen a sus juramentos, intentando convencerlas de que estaban combatiendo en nombre del mal, no del Emperador. Sin embargo, las Consortes del Emperador no se dejaron convencer por sus argumentos, y al anónimo Centurión solo le quedó una opción. Dejando a sus hombres como rehenes, el Centurión guió a la oficial de las Consortes del Emperador y a una escolta de cinco guerreras a través de los túneles.

Las Consortes del Emperador pronto se encontraron perdidas en el interior del oscuro y retorcido laberinto, pero el silencioso Centurión las condujo sin titubeos hasta el interior del Palacio Imperial. Finalmente aparecieron ante una luz mortecina, frente a los Comilitones que custodiaban La Puerta; la entrada secreta a la sala del Trono Dorado. El Centurión les explicó lo que estaba sucediendo, que las mujeres guerreras estaban a punto de entrar en el lugar más sagrado de la galaxia, y que él las conduciría ante el propio Emperador. Iban a ver lo que nadie, salvo los Primarcas y los Comilitones, había visto durante seis milenios. El Centurión les avisó que si hablaban morirían, y las guió hacia la luz dorada que escapaba del portal entreabierto.

Lo que vieron no ha quedado registrado, pues los Comilitones hicieron jurar a las Consortes del Emperador que guardarían el secreto. Se rumorea que vieron al Emperador, inmovilizado por las energías del Trono Dorado. Lo que sucedió entre ellas y los Comilitones también es causa de muchas especulaciones, pero cuando volvieron a cruzar La Puerta, sus ojos ardían con un odio y una furia incontrolables. Sin pronunciar una palabra, el Centurión las guió de nuevo a través de los lúgubres túneles, esta vez directamente hasta la Cámara de Audiencias. Su oficial, Alicia Dominica, habló de la traición de Vandire y su depravada corrupción de la Eclesiarquía, pero sobre todo habló de su retorcida perversión de la orden. Furiosas y avergonzadas, renunciaron al nombre de Consortes y se convirtieron una vez más en las Hijas del Emperador.

Poco después de estos hechos, Alicia Dominica ejecutó a Goge Vandire y su rival, Sebastian Thor, fue traído a Terra para ser juzgado por la sublevación religiosa de su Confederación de la Luz en el Segmentum Obscurus. Tras un largo y dificultoso juicio, en el que Thor supo zafarse de todas las acusaciones, fue el Capitán General Excelsor quien hizo público el veredicto: después de explicar que Thor había sido hallado inocente de todos los cargos presentados contra él, Excelsor expuso la gran necesidad que tenía el Imperio de un nuevo Eclesiarca. Dado que Thor había demostrado ser totalmente inocente hasta del más pequeño de los crímenes, era el candidato obvio para ocupar el puesto en un tiempo de tanta necesidad espiritual. La multitud rugió para mostrar su aprobación, loando al Emperador en su divina sabiduría por enviar a Thor para guiarlos. Hablando tranquilamente, Thor rehusó la oferta, y el consejo se convirtió en un caos. Mientras los Altos Señores se acusaban los unos a los otros y a la desfachatez de Thor, y los partidarios de Thor, desesperados, no podían dar crédito a lo que habían oído, Excelsor se acercó a Thor y le habló. Aunque nadie sabe a ciencia cierta lo que el Capitán General le dijo a Thor, se cree que fue: "Dejarás Terra como Eclesiarca, o no la dejarás jamás...".

Cuando la sala quedó en silencio de nuevo, Thor anunció que aceptaría el manto de Eclesiarca, pero solo bajo ciertas condiciones. Debería recibir todo el apoyo de los Altos Señores cuando así lo necesitase, pues iba a introducir muchos cambios en la organización de la Eclesiarquía y tendrían que respaldarle en esas acciones. También quería continuar su vida como hasta entonces, predicando por todo el Imperio en persona. Los Altos Señores, incluido Excelsor, estuvieron de acuerdo, y Thor I fue investido como el 292º Eclesiarca.

Era de la Gran Fisura[]

Con el despertar del Primarca de los Ultramarines, Roboute Guilliman, y su restauración como Lord Comandante del Imperio, y con la apertura de la apocalíptica Cicatrix Maledictum, ha llegado al fin la hora de que el Adeptus Custodes vuelva a luchar por toda la galaxia. Renegados adoradores del Caos y mareas aullantes de Demonios emergen de las tormentas Disformes por todo el Imperio. Hasta el Sistema Solar está bajo asedio, con los mayores enemigos de la Humanidad dispuestos a asaltar la propia Sagrada Terra. Cada vez es más evidente que el Adeptus Custodes ya no puede permitirse mantener su silenciosa vigilia sobre el Palacio Imperial mientras el resto del Imperio arde a su alrededor y las llamas se les aproximan más y más cada día. Las amenazas al Trono Dorado están tan extendidas y son tan terribles que deben ser eliminadas de forma preventiva, antes de que tengan la ocasión de manifestarse por completo. De este modo, mientras una guarnición permanente de Custodios se queda en Terra para defender a su señor, docenas de Compañías Escudo han zarpado hacia las estrellas para llevar la lucha directamente hasta aquellos que tratarían de hacerles fracasar de nuevo en su deber. Llevan consigo la furia del propio Emperador, afilada por diez mil años de preparativos.

La Cruzada Indomitus[]

"Un hombre sabio desenvaina sus espadas cuando llega el momento de blandirlas. Un necio muere con las espadas aún envainadas, temiendo que aún pueda llegar un momento de mayor necesidad. Por el bien del Emperador y del Imperio, debemos llevar la lucha a nuestros enemigos."

Capitán General Trajann Valoris a Roboute Guilliman tras la Incursión de la Puerta del León

En los últimos días anteriores a que la Gran Fisura dividiera el espacio en dos, se encendió una luz de esperanza desde el imperio galáctico de Ultramar. Gracias a un gran sacrificio y a un artilugio antinatural, Roboute Guilliman, Primarca de los Ultramarines, fue traído del filo de la muerte. Su llegada anunciaba grandes cambios para el Imperio.

Cuando las Legiones Traidoras cayeron sobre el Palacio Imperial, durante los últimos momentos de la Herejía de Horus, Roboute Guilliman y sus Ultramarines estaban demasiado lejos para luchar en defensa de su padre. Quizás, de no haber sido así, el destino de la galaxia habría sido muy diferente.

En cualquier caso, después de revivir, Guilliman estaba decidido a no cometer el mismo error dos veces. Al ver que la oscuridad se alzaba para inundar el Imperio, lanzó una desesperada cruzada a través de las estrellas que lo llevó por extraños y sangrientos caminos hasta el mismo mundo del Trono.

Guilliman fue recibido con todos los honores en Terra, el Comandante Aquila Kalim Varanor le permitió tener una audiencia con el Emperador, y fue restituido como Lord Comandante del Imperio por los Altos Señores de Terra. Aunque el Primarca retornado permanecía, exteriormente, severo y regio, había quedado sacudido hasta lo más profundo de su ser por lo sucedido al Imperio de su padre. Rápidamente comenzó a realizar cambios que permitieran al Imperio luchar contra las hordas del Caos, arrasando con la obstinada burocracia y la pedantería del Adeptus Terra a su paso.

El regreso de Guilliman no podía haber sucedido más a tiempo, ya que no había hecho más que empezar su labor cuando la furia desatada de la Gran Fisura invadió el Sistema Solar. Aunque no fue golpeada directamente por las tormentas de Disformidad, Terra soportó lo peor de las ondas de choque disformes, que extinguieron temporalmente la luz del Astronomicón y causaron estragos y miserias desde las agujas más altas del planeta hasta sus criptas más profundas. Los Adeptus Custodes se encontraron aplacando disturbios, alzamientos de cultos apocalípticos y devastadores manadas de desafortunados suplicantes arrastrados a la locura y al canibalismo. Bandas de Alcaides Custodios se mantuvieron firmes en las sombrías criptas inferiores situadas muy por debajo del Palacio mientras los sellos rúnicos ardían y horrores atemporales saltaban de sus celdas de contención.

Lo peor estaba aún por llegar. Tratando de asestar el golpe decapitador que llevase la ruina al Imperio, una vasta horda de Demonios de Khorne desgarró el tejido de la realidad y asaltó la Puerta del León. Legiones de Demonios aullantes se lanzaron hacia el palacio del Emperador en un maremoto carmesí, y estalló una frenética batalla.

Los emplazamientos de artillería del tamaño de acorazados que flanqueaban la Puerta del León abrieron cráteres incandescentes en la diabólica horda, aunque no tenían ninguna esperanza de triunfar por sí solos. Liderada por Roboute Guilliman y el Capitán General Trajann Valoris, una hueste combinada de Adeptus Custodes, Ultramarines y Hermanas del Silencio marchó para encontrarse con los Demonios ante los muros del Palacio del Emperador.

En unas escenas que evocaban el horror del Asedio de Terra ocurrido diez milenios antes, los guerreros dorados del Adeptus Custodes se enfrentaron mano a mano con los salvajes carniceros del Dios de la Sangre. Esta vez, dirigidos por algunos de los mejores campeones del Imperio e impulsados por una furiosa determinación de no volver a fracasar, prevalecieron. Uno a uno, los ocho Devoradores de Almas que dirigían el ataque fueron hechos pedazos. El coste en vidas fue elevado, y nobles defensores que habían montado guardia sobre el Emperador durante miles de años cayeron por las armas de bronce de los odiosos Demonios de Khorne. Sin embargo, incluso mientras los cielos seguían hirviendo teñidos de rojo sangre y las lluvias carmesíes empapaban el suelo, las legiones de Khorne se desvanecieron de la realidad con aullidos de frustración y rabia.

La Incursión de la Puerta del León demostró una terrible verdad. Aunque grandes cantidades de testigos fueron acorralados y exterminados por la Inquisición, y se hicieron esfuerzos por eliminar todas las pruebas del conflicto, los señores del Adeptus Custodes admitieron formalmente que la defensa de Terra ya no podía ser garantizada sin tomar medidas más dinámicas y preventivas.

Tras puertas cerradas, complejas guardas y varias capas de protecciones psíquicas, Valoris y Guilliman ratificaron una enmienda formal del papel del Adeptus Custodes. El palacio todavía debía ser protegido, por supuesto, y la vigilia de los Compañeros debía continuar dentro de la sala del trono del Emperador. Sin embargo, como una extensión lógica de los votos de servicio que habían jurado, los Adeptus Custodes se comprometieron a extender en gran medida sus actividades más allá del Sistema Solar.

Ayudadas por Presagiadores e interceptores astropáticos de nivel alfa, y guiadas en parte por los continuos esfuerzos de los Ojos del Emperador, zarparon más Huestes Escudo de Terra que nunca antes. El objetivo de estas fuerzas era exterminar por completo las mayores amenazas para el propio Emperador. Esta misión podría llevarlos a todos a través de la galaxia, incluso a las sombras del Imperio Nihilus, más allá de la Gran Fisura, pero su prioridad siempre sería la santidad de Terra. En este sentido, varias Compañías Escudo se unieron a la Cruzada Indomitus de Guilliman, retomando su papel de emisarios del Emperador para llevar refuerzos Primaris y tecnológicos a los asediados Capítulos de Marines Espaciales, y así asegurarse de que comprendían que era un regalo del mismísimo Señor de la Humanidad, y que no debía de ser malgastado o rechazado.

Otras Compañías Escudo se trasladaron para guarnecer permanentemente las defensas exteriores del Sistema Solar, o viajaron aún más lejos para vigilar las principales rutas disformes que seguían siendo pasos estables hacia el Mundo del Trono. Otras tomaron papeles incluso más esotéricos, convirtiéndose en cazadoras de archiherejes, buscando artefactos cruciales para la supervivencia del Imperio, o redoblando sus esfuerzos en sus guerras contra los enemigos ocultos de la Humanidad. Desde la Gran Cruzada, nunca había habido tantos Custodios recorriendo las estrellas.

Acciones notables[]

  • Anexión de Nas'sau (M30) - Cuatro "gigantes de oro y carmesí" acompañan al "Señor del Relámpago" para exigir la rendición del rey-caudillo de este territorio tecnobárbaro.
  • Batalla de la Escarcha Roja (M30) - Treinta Custodios encabezados por el Emperador acompañan a los Guerreros Trueno en la campaña contra la Confederación Maulland Sen, y uno de ellos decapita al tirano-profeta tras esta infame batalla.
  • Batalla del Monte Ararat (M30) - Concluidas las Guerras de Unificación, el Emperador ordena la disolución y encarcelamiento de los Guerreros Trueno. Al resistirse, centenares de Custodios y los primeros millares de Marines Espaciales, los futuros Ángeles Oscuros, los exterminan casi por completo.
  • Vaciado de Gorro (M30) - El Emperador, el Primarca Horus, la Legio Custodes y los Lobos Lunares atacan el mundo mecánico Orko de Gorro, destruyéndolo desde dentro.
  • Batalla de Ullanor (M30) - Se desconoce el papel desempeñado por el Emperador y los Custodios en esta famosa victoria sobre los Orkos, tras la cual Horus fue nombrado Señor de la Guerra y el Emperador retornó a Terra.
  • Guerra Secreta en la Telaraña (004-014.M31) - El mensaje psíquico del Primarca Magnus el Rojo, que pretendía advertir al Emperador de la traición de Horus, destroza las defensas de la sección imperial de la Telaraña que el Emperador estaba construyendo en secreto, provocando la invasión de la misma por una oleada de Demonios y Traidores. Esto retiene al Emperador en el Trono Dorado, sellando las puertas con su voluntad.
  • Estalla la Herejía - El Señor de la Guerra Horus declara abiertamente su lealtad a los Dioses Oscuros del Caos, liderando completamente a la mitad de sus hermanos Primarcas y a sus Legiones de Marines en rebelión contra el trono. La guerra consume al Imperio, un veloz y extenso incendio que amenaza con convertir en cenizas todo lo que el Emperador construyó. Aunque sus hijos y sus Legiones luchan a través de las estrellas, el amo de la Humanidad no aparece por ninguna parte. En verdad, él y su Legio Custodes están inmersos en su propio conflicto desesperado, luchando en un campo de batalla transdimensional que el Emperador alguna vez ansío para el uso de la Humanidad. Trágicamente esta guerra existencial evitó que los Custodios pudieran arrancar la venganza del Emperador de sus hijos descarriados, los Diez Mil no tienen un rol importante en la batalla por el Imperio hasta que el enemigo se encuentra a las mismísimas puertas del Palacio Imperial.
  • Batalla de Terra (014.M31) - La Legio Custodes participó, junto a los Puños Imperiales, los Ángeles Sangrientos y los Cicatrices Blancas, en la defensa del Palacio Imperial frente al asedio de las Legiones Traidoras. En la culminación del Asedio de Terra, el Emperador lideró una desesperada acción de abordaje contra la nave insignia de Horus, la Espíritu Vengativo. Se enfrentó a Horus en combate singular y finalmente lo venció, pero el costo fue atroz. A pesar de eliminar a incontables traidores y Demonios, la Legio Custodes fue incapaz de evitar que Horus mutilase al Emperador, y dejase la mente y alma de su padre atrapados en el cascarón destrozado de su cuerpo. Desconsolados, los Custodios portaron el cuerpo de su amo de vuelta a Terra, para que allí fuera sepultado por siempre dentro de las maquinarias del Trono Dorado. Pronunciaron el juramento del penitente y vistieron el negro del luto, comprometiéndose a vigilar a su señor caído por el resto de los tiempos.
  • Gran Purga (M31) - Durante esta furiosa campaña de los supervivientes de la Herejía de Horus por expulsar a las Legiones Traidoras y sus aliados al Ojo del Terror, el recién reorganizado Adeptus Custodes se quedó al margen, manteniendo su lúgubre guardia sobre el Mundo del Trono y recordando amargamente su fatal error. Aunque los registros entran en conflicto sobre el cómo y el cuándo, es durante este periodo cuando el Capitán General Constantin Valdor desapareció de las crónicas imperiales, junto con sus armas y su armadura, que nunca llegarían a formar parte del Salón de los Armamentos. Los Custodios eligieron al sucesor de Valdor de entre sus filas y continúan su guardia.
  • Surgimiento de la Bestia (M32) - Cuando aún se encontraba recuperándose de los sucesos de la Herejía de Horus, el Imperio se vio asolado de nuevo, esta vez por los Orkos, que llegaron a las puertas de la propia Terra. Atados por su juramento y su deber, los Custodios tuvieron poca relevancia en el extenso conflicto, salvo cuando destruyeron una fuerza de Eldars que intentaron llegar al Salón del Trono del Emperador aprovechando el caos y la confusión.
  • Asedio de la Puerta de la Eternidad (fecha desconocida, M33-37) - Aprovechándose de sus contactos en el Gremio de los Comerciantes de las Colmenas Yndonésicas, el Culto del Señor Hedónico tomó el control de gran parte del espaciopuerto de la Puerta de la Eternidad. El Adeptus Arbites hizo repetidos intentos de romper las barricadas heréticas, pero cada ataque fue rechazado por mareas de fanáticos. Entretanto, se filtró la noticia de que los cultistas estaban preparando centenares de lanzaderas pesadas y barcazas atmosféricas para lanzar un asalto a gran escala contra el Palacio Imperial. Considerando que ahora la actividad cultista sí representaba una amenaza directa a la seguridad del Emperador, una Hueste Escudo del Adeptus Custodes lanzó un ataque devastador. Sus Land Raiders y Dreadnoughts Contemptor Venerables destrozaron las barricadas del culto, mientras los estilizados escuadrones de Pretores Vertus golpeaban a los herejes desde arriba. Bandas de Custodios despedazaron a los cultistas con una eficiencia despiadada, haciendo retroceder a sus víctimas hasta atraparlas en el nivel macrohangar 1-4-2. Allí, el Culto del Señor Hedónico fue masacrado hasta el último miembro, y sus perversos sueños de atacar al Trono Dorado reducidos a polvo.
  • Captura de la Espada de Ptesh (fecha desconocida, M33-37) - Leotydus Dat-Hastael completó con éxito un Juego de Sangre, pasando más de una década escondido, evadiendo cada guarda y centinela hasta llegar por fin al Sanctum Imperialis con una espada en la mano. Se tomaron precauciones para sellar su ruta de acceso, justo a tiempo para atrapar al asesino de élite Eldar Oscuro conocido como la Espada de Ptesh cuando este intentaba seguir la misma ruta que Dat-Hastael para matar al Emperador en nombre de un patrón misterioso y excepcionalmente persuasivo. Las ambiciones de la Espada encontraron un despiadado final junto con su vida, aunque se negó a revelar la identidad de aquel que le envió.
  • Destrucción del Obsequio Ominoso (fecha desconocida, M33-37) - Los augures del cinturón del halo revelaron el inexorable avance del pecio espacial Obsequio Ominoso desde el oscuro vacío hacia Terra. Usando su rango de Alto Señor para desestimar las objeciones de la Armada Imperial, el Capitán General Aesoth Koumadra ordenó que varias Compañías Escudo abordasen el navío, lo destripasen desde dentro y se asegurasen de que su corrupción quedase totalmente purgada. Los que no pertenecían al Adeptus Custodes no entendieron la relevancia de la situación, pero el ataque fue dirigido por el Guardián de Llaves de los Guardianes de Sombras y una banda de sus camaradas de armaduras negras. El Obsequio Ominoso fue destruido, y el resto del Imperio no necesitaba saber más que eso.
  • ¡Waaagh! Dakskrag (fecha desconocida, M33-37) - Un controvertido acto de insubordinación condenó al Teniente Nathasian del 86º de Cadia a ser ejecutado. Sin embargo, fue salvado por una banda de Custodios de rostro sombrío del Escudo Aquilano, que aparecieron a su lado en un estallido de luz dorada y exterminaron sin decir palabra a sus verdugos del Comisariado. Con estos extraordinarios guardaespaldas a su lado, Nathasian quedó libre para poner en práctica su habilidad para las tácticas poco convencionales, que pronto le hicieron ser nombrado Comandante de Grupo de Ejército, y después Señor de la Guerra de una cruzada entera. Las Estrellas Temblorosas fueron limpiadas de tribus Orkas, deteniendo en seco al ¡Waaagh! Dakskrag antes de que pudiera caer sobre el Sistema Solar. Tras el triunfo de Nathasian sobre los pieles verdes, sus guardaespaldas se marcharon tan repentinamente como llegaron y, negándose a rescindir su condena, el Comisariado hizo ejecutar al Señor de la Guerra Nathasian antes de que acabase ese día.
  • 8ª Cruzada Negra - Batalla de Andromax (999.M37) - Durante la 8ª Cruzada Negra de Abaddon el Saqueador, una fuerza combinada de Amos de la Noche y Guerreros de Hierro capturó el sistema Andromax y se identificó una amenaza directa a Terra. Inicialmente, el Fabricador General Uixot de Marte, famoso por su estrechez de miras, se negó a ayudar a eliminar a los Marines Traidores. Sin embargo, cuando una misión diplomática del Adeptus Custodes acudió en persona a su templo-forja, esto infló su ego y le hizo cambiar de opinión. Apenas unos meses después, una fuerza combinada de Marines Espaciales de los Minotauros, manípulos de guerra del Adeptus Mechanicus y Custodios de la Hueste Pavorosa aniquiló a los Traidores en sus bastiones capturados.
  • Los Ladrones de Mentes (fecha desconocida, M40-41) - Durante veinte años, el Capitán Escudo Tybanus Lencilius reunió pistas dispersas hasta desenterrar un insidioso complot orquestado por un cónclave de Thorianos Radicales para robar psíquicos destinados a la mesa del Emperador y así matar lentamente de hambre al Señor de la Humanidad. Presintiendo que esta perfidia era aún más profunda, Lencilius continuó sus investigaciones con una paciencia fría y deliberada hasta que por fin encontró pruebas irrefutables: los Inquisidores habían hecho un trato con el Alto Señor Sennaca, que ocultaba sus actividades a cambio de poder vender los psíquicos robados a nobles adinerados por precios exorbitantes. Al fin el Capitán Escudo pudo desatar su furia acumulada, reuniendo una fuerza combinada de Custodios, Hermanas del Silencio y Asesinos Imperiales para arrancar la corrupta operación de raíz. Ni los Thorianos, ni Sennaca, ni ninguno de los miembros de su círculo interior sobrevivieron a la vengativa purga que tuvo lugar a continuación.
  • Los Años de la Locura (M41) - Un periodo de extraños portentos y susurros ominosos engulló toda Terra, empezando con la desaparición del Capitán General Galahoth, famoso por su conservadurismo. Luchando contra el estancamiento del gobierno de Galahoth, el Adeptus Custodes se enfrentó a un impactante aumento en la actividad cultista, tanto herética como xenófila, por todo el Sistema Solar. Las sectas fatalistas provocaron guerras en las colas de las tribus de peregrinos en el interior del propio Palacio Imperial, y los Custodios se vieron obligados a ejercer su autoridad en las luchas más sangrientas que habían visto en siglos. Los informes de las Celdas Oscuras mencionaban una creciente sensación de agitación entre los prisioneros ocultos, y numerosos servidores de apoyo debieron ser destruidos por los Guardianes de Sombras cuando empezaron a mostrar una locura repentina y violenta. Lo peor estaba por llegar, ya que se descubrió la posesión de una subsecta de los propios Presagiadores, aunque no antes de que las falsas predicciones de los psíquicos caídos mandasen al Capitán General Launceddre a su muerte en la Batalla de la Pira Dorada. Fue en medio de este clima de creciente paranoia y peligro cuando Trajann Valoris fue puesto al frente de los Diez Mil, y no perdió tiempo en restablecer un férreo control sobre las defensas de Terra.
  • Alzamiento contra la Tormenta (900s.M41) - Tras el ascenso de Valoris al poder, el Adeptus Custodes disfrutó de su siglo más proactivo en términos de acciones marciales y encubiertas desde la caída de Goge Vandire. Aniquilaron a docenas de cultos escondidos, purgaron las subcolmenas polares, eliminaron una amenaza xenos de nivel vermellón entre las fortalezas espaciales de Plutón y lanzaron 32 asaltos de interdicción extrasolares. Varios de ellos, se rumorea, llegaron a emplear fracciones quebradas de la Telaraña para alcanzar sus objetivos. Cuando llegaron a Terra las noticias de la creciente actividad de las tormentas de Disformidad y los gritos de socorro resonaron desde cada rincón de la galaxia, Valoris reunió a los Altos Señores de Terra para discutir su respuesta a esta creciente tormenta. Sin embargo, fue justo en ese momento cuando llegó a su reunión a puerta cerrada la noticia de una increíble perturbación en la superficie de Luna, de semidioses combatiendo a través del vacío al frente de grandes ejércitos, y de un Primarca restaurado a la vida por los medios más extraños. Roboute Guilliman había regresado, y Valoris supo que nada volvería a ser lo mismo jamás.
  • Batalla de la Puerta del León (999.M41) - Justo después del regreso de Roboute Guilliman a Terra, las ondas empíricas de la Gran Fisura barrieron el Sistema Solar. Cabalgando sus hirvientes crestas llegó una horda de Demonios de Khorne, que surgieron a través del tejido de la realidad para asaltar la propia Terra. Aunque este escenario era la pesadilla del Adeptus Custodes, los Diez Mil ejecutaron sus Protocolos de Catástrofe con una calma y seguridad imperturbables. Saliendo a enfrentarse a los invasores junto a los Ultramarines de Guilliman y un cuantioso complemento de Hermanas del Silencio, los Custodios rechazaron con éxito el intento del Dios de la Sangre de decapitar al Imperio de un solo golpe. La victoria se obtuvo a cambio de un alto precio en vidas irreemplazables, pero fue una victoria de todos modos. Tras la batalla, Valoris y Guilliman llegaron rápidamente a un acuerdo: el papel del Adeptus Custodes debía cambiar, pues ya no podían defender efectivamente el Trono Dorado sólo desde detrás de los muros del Palacio.
  • Cruzada Indomitus (M42) - Tras defender Terra, Roboute Guilliman declaró el inicio de la Cruzada Indomitus, una empresa desesperada y decidida en la que una fuerza combinada imperial rechazaría a los devastadores ejércitos del Caos. Como parte de esta cruzada, Roboute Guilliman pretendía llevar refuerzos de Marines Espaciales Primaris y los secretos de su creación a los dispersos y acosados Capítulos de Marines Espaciales. En la víspera de su decisión, un gran número de Emisarios Imperatus dieron un paso al frente, movidos por el espíritu del Emperador a acompañar a la cruzada. Estos serían los enviados que llevarían el regalo de Guilliman al Adeptus Astartes: su presencia garantizaría que hasta los Capítulos a los que el Primarca no visitase en persona comprenderían la solemnidad de su oferta y dejarían a un lado cualquier desconfianza o rechazo al cambio que pudieran tener para aceptar la beneficencia del Emperador en su hora de necesidad.