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Érebo el Usurpador es el actual Señor del Caos de la partida de guerra de la Hueste Iluminada. Originalmente era Heimdal Niddhog, hermano de Makius Niddhog, Codiciario de los Martillos de Wikia.

HistoriaEditar

OrígenesEditar

El actual señor de la Hueste Iluminada nació en Nyumba, bajo el nombre de Heimdal.

En la zona donde creció, Surdia, el frío y la nieve reinaban, y no fue extraño que, con semejantes condiciones (y, teniendo en cuenta también el espíritu combativo de los súrdicos) Heimdal y su hermano Makius se convirtieran en miembros duros y fuertes del Capítulo una vez ambos fueron reclutados por el Sargento Instructor Skatare Dilean.

Makius resultó tener poderes psíquicos, por lo que fue destinado al Librarium, y Heimdal perdió el contacto con él durante mucho tiempo. Mientras tanto, Heimdal se convirtió en un formidable Explorador, maestro en el manejo de su cuchillo y experto en diversas artes marciales originarias de Nyumba. No le llevó mucho tiempo recibir las alabanzas de sus superiores, que veían en él un gran potencial como luchador en el cuerpo a cuerpo. 

En su escuadra, Heimdal consiguió el récord de bajas de su Compañía durante sus misiones de combate. Decoró su cuchillo con runas súrdicas y una robusta cadena que envolvía toda su guarda, y aplicó esa decoración a todas sus armas posteriores. Por esto, llegó a ser conocido en la Compañía de Exploradores como "Heimdal Puñocadena", pues llegó a golpear en varias ocasiones a sus enemigos con la cadena de la guarda de su cuchillo, consiguiendo fracturas graves e incluso causando la muerte con sus brutales golpes.

El desastre de Gärvest 1267Editar

Al demostrar semejante valía para el bestial cuerpo a cuerpo, Heimdal fue destacado en una de las Escuadras de Asalto de la 4ª Compañía por recomendación directa del Capitán Hel Vaal. Heimdal se sentía más a gusto en la 4ª Compañía que en cualquier otro sitio, salvo, claro está, el fragor de la batalla. Allí conoció a multitud de Astartes con su mismo perfil impulsivo y directo, y forjó muy fuertes lazos de amistad con todos los miembros de su escuadra.

Durante su primera misión como Marine de Asalto, la cual se llevó a cabo en el corazón del ¡Waaagh! Mazkazetaz, abatió un número considerable de pielesverdes, e incluso consiguió eliminar a uno de los Noblez que protegían al Kaudillo, atravesando su pecho con su Espada Sierra y rematándolo al disparar a quemarropa su Pistola Bólter contra la cara del xenos. En los combates siguientes, Heimdal continuó superándose a sí mismo, matando cada vez más y más enemigos. Sin duda alguna, estaba destinado a grandes cosas. 

Tres años después de haberse unido a la Cuarta, el Mundo Agrícola Gärvest 1267 fue invadido por la Flota Enjambre Behemoth, y, entre los defensores, se encontró la 4ª Compañía de los Martillos de Wikia, junto a la 2ª y la 5ª. Las fuerzas imperiales de Gärvest fueron totalmente rebasadas y destrozadas por la horda Tiránida, y la defensa resultó un completo fracaso. Años más tarde, todavía se recuerda en los salones del Capítulo como el Desastre de Gärvest 1267. La 4ª Compañía sufrió una cantidad de bajas inmensa, casi ochenta Astartes, entre los que se incluyeron el Bibliotecario Numen Erh y toda la escuadra de Heimdal. En la brutalidad de la batalla, intentando repeler una inmensa oleada de Gantes y Guerreros Tiránidos, la escuadra de Heimdal fue abatida miembro a miembro hasta que solo quedó él. En un ataque de desesperación, tomó el Hacha de Energía y la Pistola de Plasma de su sargento, y, murmurando oraciones para apaciguar a los Espíritus Máquina por semejante ultraje, se dispuso a morir luchando como siervo leal al Emperador que era. Se lanzó contra la marea de organismos creados por la Mente Enjambre y luchó con una ferocidad y un arrojo jamás vistos en él, a pesar de ser increíblemente feroz en todos sus combates. Combatió sin descanso durante horas, y, cuando las fuerzas imperiales se retiraron, Heimdal no oyó el mensaje y se quedó en el campo de batalla. Todo el Capítulo le dio por muerto.

Sin embargo, dos días después, tras retomar la zona con la llegada de las Legiones Titánicas del Adeptus Mechanicus, el nuevo Bibliotecario de la 4ª Compañía, el Codiciario Makius Niddhog, encontró el cuerpo de Heimdal sepultado bajo cientos de cadáveres de Gantes y Guerreros Tiránidos. Incluso el cadáver de un poderoso Cárnifex descansaba, decapitado, a un costado de la matanza. Escarbando entre los cuerpos semidescompuestos, Makius sacó a Heimdal de la montaña de cadáveres. Tenía heridas horribles; su Pistola de Plasma había estallado, arrancándole el brazo izquierdo y dañándole seriamente el pecho y la sagrada servoarmadura estaba llena de sangre de Heimdal e icor Tiránido. Moriría en escasas horas.

Makius contactó con el Apothecarion lo más rápido que pudo para salvar la vida de su hermano, sin embargo, poca esperanza quedaba para él. Por suerte, el Maestro del Apothecarion, Galeno Averroes, se encargó personalmente de las heridas de Heimdal y logró salvarle tras horas de encomiable esfuerzo. Las extremas heridas de Heimdal requirieron el cambio de algunos de sus órganos vitales por órganos biónicos, y también su brazo izquierdo y parte de su tórax tuvieron que ser sustituidos por partes biónicas.

Cuando Heimdal recuperó la conciencia y Averroes le habló sobre sus heridas, advirtió que estaba extrañamente tranquilo. Sin embargo, cuando su hermano Makius fue a hablar con él y cerciorarse de que estaba bien, Heimdal mostró un inmenso desprecio. Siempre lo había envidiado y detestado, y ahora que le había salvado la vida...se negaba a aceptarlo.

Nadie dio especial importancia al asunto, pero ninguno de ellos sabía que aquello desembocaría en una de las rivalidades más intensas de toda la historia del Capítulo.

Cisma de WikiaEditar

[Esta sección no se corresponde con el "canon" vigente sobre la 4ª Cía., que puede leerse aquí y aquí.]

Tras su hazaña en Gärvest 1267, y en vista de que su escuadra había sido totalmente aniquilada, Heimdal fue ascendido a Sargento, asumiendo el mando de una nueva Escuadra de Asalto

A pesar de que le ofrecieron terribles armas de gran calidad, Heimdal escogió una Espada Sierra relativamente sencilla, pues el dolor que causaba en sus enemigos era uno de sus mayores placeres, y no había nada mejor que una Espada Sierra para hacérselo sentir. Sin embargo, era una monstruosidad a dos manos y no una Espada Sierra estándar. Aquella similitud con su hermano (pues él también usaba un mandoble, aunque no era sierra) causó ciertas comparaciones, y bromas como la siguiente, hecha por el Sargento Eledan:

- Debe venirles de familia, ¿No creéis?

Heimdal odiaba que le comparasen con su hermano, sobre todo porque sabía que ambos usaban armas y técnicas muy parecidas, aunque no conscientemente. 

Cada combate que pasaba, Heimdal se hacía más y más fuerte, y mejoraba sus técnicas de combate, en las cuales instruyó a los miembros de su escuadra. 

Y, años después, llegó el llamado Cisma de Wikia. Heimdal se marchó junto a la 4ª Compañía y su nuevo Capitán, el antiguo Sargento Eledan. No dejó de combatir aun estando separado del resto del Capítulo, y, debido a que todos los asuntos burocráticos y similares no le importaban lo más mínimo, optó por mantenerse callado y seguir a su nuevo Capitán, quien lideró a su Compañía a cientos de nuevas victorias. 

Sin embargo, Heimdal sentía la imperiosa necesidad de un cambio drástico, aunque no sabía cual.

Caída en el CaosEditar

Años después, una vez las Compañías volvieron a estar juntas de nuevo formando un solo Capítulo, Eledan, Capitán de la Compañía de Heimdal, fue elegido como nuevo Señor del Capítulo, y se iniciaron unas elecciones para nombrar al siguiente Capitán de la 4ª. Entre los candidatos, se encontraron Romerae, ganador de las elecciones, y Heimdal, quien no sentía deseo alguno de ser el Capitán de su Compañía y se sintió sumamente satisfecho con el resultado final.

La primera misión de la Cuarta al mando de Romerae consistió en inspeccionar las ruinas de una capilla supuestamente corrompida por el Caos en el exuberante Mundo Agrícola de Sumnus. Heimdal encontró, mientras investigaba en las ruinas, una hermosa estatuilla de piedra clara con vetas de un cristal azulado que refulgía desde el interior de la figura, que representaba a una cabizbaja mujer envuelta en una pesada túnica con capucha. Sin saber qué era, pero sintiendo un imperioso deseo de examinarla con más tranquilidad en solitario, se la guardó en uno de sus portacargadores sin decir nada a sus superiores.

Una vez hubo vuelto a su habitación, al amparo de la soledad, examinó más de cerca la estatuilla. No tenía nada más de especial, pero sintió que algo le impedía deshacerse de ella. A partir de entonces, cada vez que dormía, tuviera cerca la figura o no, oía voces y tenía visiones. Nunca recordaba qué veía u oía, pero la misma fuerza que le negaba deshacerse de la estatuilla le impedía contar nada a sus hermanos acerca de sus sueños.

Pasaron dos años, y, una noche, sin previo aviso, Heimdal salió de su celda en una de las bases avanzadas que los Martillos de Wikia tenían en el Mundo Desértico de Numjar durante la campaña del Sistema Bruhäk. Era noche cerrada, y solo las luces de los focos de los vehículos y las torres de vigilancia iluminaban la base. Cuando se encontró con uno de los miembros de su escuadra, quien estaba de guardia, desenfundó su colosal Espada Sierra y abrió en canal al Astartes.

Las insinuaciones de Tzeentch habían surtido efecto, y la estatuilla cumplido su cometido. Heimdal había perdido la fe en el Emperador, y tenía nuevos Dioses.

Varios Marines corrieron hacia Heimdal al oír el estrépito de los dientes de acero abriéndose camino entre la ceramita, y todos ellos fueron masacrados por el Astartes recién caído en el Caos. Más Martillos oyeron el ruido y se acercaron a Heimdal, sin saber qué pasaba. Cuando le vieron Espada Sierra en mano, ensangrentado y con una sonrisa desquiciada esculpida en su cara, dieron la alarma, y, murmurando oraciones de protección, se dispusieron a abatir a su antiguo hermano, convertido ahora en un hereje sediento de sangre.

Pero, por fortuna para Heimdal, las tropas del Caos iniciaron un ataque sorpresa justo en ese preciso instante, y el escaso segundo que los Astartes emplearon para comprender qué pasaba brindó a Heimdal la posibilidad de escapar. Blandiendo con ambas manos su monstruosa espada, que rugía en busca de la sangre de sus presas, decapitó al Marine que más cerca tenía, y cercenó la pierna de otro que se le puso a tiro. Derribó a un tercero con un brutal placaje y atravesó su vientre una vez estuvo en el suelo. Cuanta más sangre le salpicaba y empapaba su cara y armadura, más feroz se volvía Heimdal. 

Echó a correr hacia la puerta Este, dejando tras de sí una estela de sangre, pedazos de carne y tripas desgarradas. Alguien salió a su encuentro en medio de su huida. No supo quién era, pero lo atacó igual. Se sorprendió cuando una gran espada que refulgía con un ígneo tono anaranjado bloqueó sus embestidas una y otra vez. Su vista estaba nublada, pero discernió los ojos anaranjados de su odiado hermano. 

Rió como un loco, y sus carcajadas resonaron en toda la base, por encima de los rugidos del combate, mientras descargaba un golpe tras otro sobre el Codiciario, quien a duras penas lograba detener semejantes ataques. Vio como hablaba, pero no oyó nada. Siguió atacando, y logró romper la férrea guardia de su oponente. Desenfundó un cuchillo que había hecho él mismo a partir del colmillo de uno de los Tiránidos que mató en Gärvest e hirió a su molesto hermano con un tajo en el cuello. 

Antes de que el cuerpo de Makius tocara el suelo, Heimdal ya estaba corriendo de nuevo en dirección a la puerta Este, por la cual escaparía para unirse a las huestes del Caos, a las que antaño llamaba enemigas.

ÉreboEditar

La partida de guerra a la que Heimdal se unió fue derrotada dos años después de su caída en el Caos, pero él y casi una docena de Marines Espaciales del Caos lograron escapar de la masacre para regresar al Ojo del Terror y unirse a su vez a una partida de guerra más grande a la que ofrecer sus servicios. Para esas fechas, Heimdal era ya un asesino a sangre fría, sin remordimiento alguno. Tanto le daba matar a sus enemigos que abatir en duelo a uno de sus nuevos camaradas. Simplemente quería luchar, y ganar. Todo símbolo imperial había sido quitado de su armadura, y sustituido por blasfemos himnos y grotescos trofeos, así como por la indispensable estrella de ocho puntas. Heimdal sabía que su estatuilla era importante, o que al menos encerraba cierto poder, de manera que, mediante una gruesa cadena, se la enganchó al peto, sintiéndose protegido por los Dioses del Caos al llevarla encima. Tanto sus armas y su armadura como su cuerpo comenzaban a cambiar, poco a poco pero sin duda alguna de que estaban siendo influidos por el insidioso poder del Caos. Pero Heimdal se dejaba llevar, pues sabía que aquellos cambios le harían más poderoso.

En el Ojo del Terror se encontraron con una partida de guerra con un poderío a tener en cuenta. Se hacían llamar Alas del Cóndor. Su líder, un tal Raum, dirigía a su hueste con mano de hierro, masacrando mundos y despojándolos de toda vida. Heimdal, tras conocer el nombre de Raum, pidió de inmediato una audiencia con este, y a pesar de estar a punto de ser asesinado por uno de los Campeones de la comitiva de Raum, consiguió finalmente hablar con él.

Sus sospechas eran ciertas: era el antiguo Maestro de Santidad de los Martillos de Wikia. Él no le reconoció, pero Heimdal le juró eterna lealtad y, tras hablarle de la Reunificación y el nuevo Señor del Capítulo, Raum supo que estaba frente a uno de sus antiguos hermanos, y de inmediato lo asignó a su guardia personal, ansioso por saber más sobre la nueva formación de los Martillos de Wikia, su enemigo más odiado. Heimdal encontró en Raum un maestro capaz de enseñarle innumerables cosas y un líder competente, y Raum vio en él la posibilidad de crear un Campeón que pudiera compararse a su actual mano derecha, Gorgios Vandir. 

Así pues, varios años pasaron, y Heimdal seguía aprendiendo de las oscuras enseñanzas de su maestro y líder, Raum, hasta que un día, durante un combate que enfrentaba a los Alas del Cóndor con las fuerzas imperiales del Mundo Agrícola de Zhuka V, Heimdal encontró un santuario imperial profanado y transformado para adorar al Dios Tzeentch, siendo atacado por una patrulla de la Guardia Imperial. Sin dudarlo ni un segundo, Heimdal masacró a los casi cuarenta Guardias Imperiales que atacaban el templo.

Cuando la carnicería acabó, zarcillos de pura energía comenzaron a envolver el cuerpo de Heimdal, quien sentía como lo invadía el verdadero poder que siempre había estado buscando. El cielo se tornó negro, y relámpagos granates cruzaron el cuerpo de Heimdal de lado a lado, descargando todo su poder en él. Cuando todo acabó, Heimdal cayó de rodillas al suelo, exhausto como nunca antes lo había estado. No podía ver, no podía sentir, no podía hablar.

Solo podía oír.

Solo podía oír las voces que susurraban en su oído el destino del universo como si fuera un lento y trágico desfile de irrevocables verdades. Algunas eran suaves y cálidas, otras frías y afiladas como los dientes de su Espada Sierra. Su Espada Sierra... cuando recuperó la vista, no la vio. En su lugar, había un gran mandoble tendido en el suelo. Su hoja era gruesa y con bastante espacio del filo frontal al trasero. Su hoja se curvaba hacia atrás al final, como si fuese un pico, y justo enfrente de la casi inexistente guarda, había un gran ojo violeta en forma de rombo incrustado en la hoja de su arma, la cual despedía un aura de terror y poder que hacía a Heimdal desear con todas sus fuerzas poder empuñarla de una vez. 

El cansancio desapareció poco a poco, y en cuanto se pudo mover, lo primero que hizo fue tomar la espada y besar su hoja repetidamente. Aquello era su pasaje al poder. Lo que le permitiría derrotar a todos sus enemigos. Por fin era mejor que su maldito hermano.

Tzeentch, Señor del Cambio, había introducido en el cuerpo del vengativo Heimdal el poder necesario para poder considerarse uno de sus Campeones. Ahora Heimdal era capaz de utilizar las arcanas artes de Tzeentch para derrotar a todo aquel que se le opusiera.

Ya no era el patético ser sin poder llamado Heimdal, ahora era Érebo, Campeón elegido de Tzeentch. Proteger uno de sus santuarios había sido la última prueba a la que Tzeentch le sometió, y ahora le había entregado el poder que siempre había perseguido sin descanso.

Cuando Érebo volvió con su maestro, Raum, éste lo reconoció con orgullo como el gran hechicero que era, y lo nombró Hechicero Jefe de los Alas del Cóndor. Junto a Gorgias, el Caminante del Empíreo, Érebo era ahora parte del séquito personal de Lord Raum.

Tal era su importancia dentro de los Alas del Cóndor, que Érebo tenía permiso y total libertad para crear un culto propio, el cual no tardó en aparecer y en convertirse en una fuerza significativa para el esfuerzo bélico de la partida de guerra. Aunque no era un culto en sí, sino un conjunto de guerreros caídos cuyas almas eran encerradas dentro de servoarmaduras fabricadas según los deseos de Érebo. Los guerreros resultantes, los Einherjar, eran realmente temibles en el cuerpo a cuerpo, sin embargo, el precio a pagar era una nulidad total e irreversible en el manejo de las armas de combate a distancia. Estos brutales y callados guerreros luchaban siempre junto a Érebo, y pocas fuerzas había que pudieran resistir el empuje de semejante poderío.

Y pasaron los años, unos años en los que Érebo fue vital para la victoria de varias batallas cruciales. Los Alas del Cóndor consiguieron conquistar varios planetas que usaron para incorporar esclavos y carne de cañón a su esfuerzo militar. Pero el poder que consiguió Érebo no sació su sed, sino que le abrió los ojos y le demostró que por mucho poder que tuviera, nunca sería suficiente.

La batalla de la Espada TraidoraEditar

Durante los primeros años de la 12ª Cruzada Negra, en la cual los Alas del Cóndor participaron, Érebo recibió un mensaje de Raum, quien lideraba a su flota desde su crucero insignia, el Sangre del Trueno, diciéndole que participaría junto a él y sus Einherjar en el asalto a la estación de defensa espacial Escudo Imbatible, que era capaz de causar grandes problemas a la flota del Caos durante el ataque al Mundo Fortaleza de Arcturus III. Érebo aceptó sin dudar, y embarcó junto a sus Einherjars y varios Marines Espaciales del Caos en el Sangre del Trueno.

El Escudo Imbatible era una gigantesca plataforma en forma de Águila Bicéfala repleta de torretas láser, baterías de lanzas y lanzadores de torpedos, y era capaz de combatir simultáneamente con varias naves de tamaño considerable mientras repelía una y otra vez las oleadas de cazas y Naves de Ataque de poco tamaño gracias a su avanzado sistema de defensa automatizado. En su interior había suficientes soldados de la Armada Imperial (e incluso algunos Astartes enviados por los Ultramarines para defender la estación) como para repeler casi cualquier abordaje que pudiera sufrir. Asaltar el Escudo Imbatible y capturarla sería un gran desafío para los Alas del Cóndor, por no decir una muerte casi segura, y por esta razón Raum precisaba la ayuda de Érebo y sus Einherjar, ya que Gorgias y la otra parte de la partida de guerra se hallaban en la superficie de Arcturus III combatiendo a las fuerzas de la Guardia Imperial y los Ultramarines.

Pero Érebo no se había unido al ataque solo para capturar la estación espacial. Sabía que aquella batalla sería ideal para llevar a término el plan que con tanto secretismo y cautela había preparado: el asesinato de Raum y sus fieles para convertirse en el señor de la partida de guerra. Necesitaba un momento y un sitio dado para llevar a cabo su ardid, y el asalto al Escudo Imbatible era una oportunidad que no podía desaprovechar. Repartió la orden de esperar a su señal entre los Einherjar y los leales a él, y se embarcó en el Ariete de Asalto Caestus que tenía asignado para dar comienzo al abordaje.

La batalla en el interior de la estación espacial duró más de cuatro horas, y aún así ni siquiera habían conseguido llegar al puente. Para más inri, los Alas del Cóndor habían sufrido muchas bajas debido a las torretas automáticas y los soldados que defendían la estación, por no hablar de los problemas que las posiciones Ultramarines les causaron. Finalmente, toda fuerza leal presente en el Escudo Imbatible se retiró al puente, listos para llevar a cabo su última y sangrienta defensa. Todos los cultistas del Caos y Guardias Imperiales Traidores que habían asaltado la estación bajo las órdenes de Raum y Érebo habían sido masacrados antes del asalto al puente, de manera que los Alas del Cóndor contaban con una fuerza de asalto más bien reducida para acabar con los imperiales en el puente. Sin embargo, el plan de ataque siguió, y en cuanto los Herreros de la Disformidad y sus escoltas volvieron de desactivar los generadores que alimentaban las armas de la estación, Raum y Érebo encabezaron una desesperada carga para tomar su objetivo. Sin embargo, la resistencia que se encontraron fue demasiada como para que pudieran hacerse cargo de ella sin más refuerzos ni apoyo, y la flota del Caos estaba demasiado ocupada enviando tropas a tierra como para mandarles refuerzos. 

Raum sintió crecer en él una gran ira, ¡habían fracasado! Sin embargo, Érebo aún tenía un as en la manga. Se comunicó con el Sangre del Trueno y ordenó a su capitán que disparase el Cañón Nova contra el puente del Escudo Imbatible, pues los escudos de vacío habían sido desactivados. El capitán del Sangre del Trueno logró desviar el Cañón Nova del combate espacial durante el tiempo necesario como para disparar contra el puente de la estación de defensa, el cual no pudo resistir el cataclísimico impacto del arma y vio sus fuertemente blindadas paredes vulneradas por el ataque. El proyectil del Cañón Nova creó un gran boquete en el muro frontal del puente, y la presión logró desestabilizar los sistemas de puntería de las torretas automáticas, inutilizándolas.

Entonces el contraataque de los Alas del Cóndor tuvo éxito. Los primeros en caer fueron los Astartes de los Ultramarines, intentando, en vano, proteger a los soldados de la Armada y a los oficiales del Escudo Imbatible, que más tarde fueron masacrados por los Einherjar. Cuando la escaramuza acabó, Raum observó, victorioso, la batalla espacial, que estaba siendo ganada por la flota Caótica. Cuando se volvió para felicitar a Érebo, se encontró con que él y un puñado de marines habían sido rodeados por el Hechicero Jefe, sus Einherjar y el resto de marines que participaron en el ataque. Los apuntaron con sus armas. Raum ladró, exigiendo explicaciones. Por toda respuesta, Érebo avanzó hacia él con paso lento y seguro, blandiendo su tremenda espada, Ragnarok, mientras la escolta de Raum era abatida por los disparos de los leales a Érebo.

Raum se vio cegado por la rabia que le causaba la traición de su antiguo compañero, y cayó en la trampa de Érebo. Ofuscado como estaba, no fue capaz de hacer frente a las grandes habilidades para el combate cuerpo a cuerpo de las que hacía gala el hechicero, y acabó muriendo a sus manos. Primero, Érebo cercenó su pierna derecha con un brutal tajo de su gran mandoble, causando la descompresión de la armadura de Raum y provocándole una muerte dolorosa y breve, pero no lo suficiente como para que no sufriera con el siguiente ataque de Érebo, quien envolvió todo el cuerpo del Señor del Caos con cadenas disformes, arrancó su cabeza con sus propias manos y trituró su cuerpo con las cadenas. Mientras los pedazos sanguinolentos de Raum flotaban en el espacio, saliendo poco a poco del puente de la Escudo Imbatible, Érebo alzó orgulloso la cabeza de su antiguo líder, mostrándosela a sus soldados. 

En tierra, Gorgias, ignorante de la muerte de su amo, combatía con ferocidad a las tropas imperiales, pero estaba siendo derrotado lentamente, aunque Érebo se encargó en persona de que no sufriera el deshonor de la derrota. Al menos no en vida. Una vez volvió al Sangre del Trueno, destruyó el Crucero del Caos clase Devastador Puño de Arga, calculando los disparos de tal manera que los restos de la nave cayeran sobre Arcturus III, pero no en un lugar al azar, sino en un sector calculado: sobre la posición de Gorgias y las fuerzas leales a Raum.

Lo último que Gorgias vio antes de morir aplastado y atomizado por las miles de toneladas de los restos del Puño de Arga, fue una gran bola de fuego y acero fundiéndose cayendo hacia él.

La Escudo Imbatible fue transformado por los Alas del Cóndor y tomado por Érebo como la nave insignia de su flota, rebautizándolo como Legado de Raum, nombre que representa a la perfección el carácter irónico y el humor negro de Érebo.

Tiempos de cambioEditar

Tras hacerse con el mando de la partida de guerra, Érebo decidió cambiar el nombre de Alas del Cóndor por la Hueste Iluminada. Eran tiempos de cambio, ¿y qué mejor cambio que un nombre y un líder nuevo?

Aunque las fuerzas de la Hueste quedaron reducidas a poco más de la mitad de sus miembros Astartes originales, la situación cambió rápidamente, pues grupos de mercenarios y Astartes recientemente caídos en el Caos comenzaron a ingresar en las filas de la partida de guerra, sustituyendo las bajas y superando el tamaño anterior de la Hueste en casi un sesenta por ciento. Además, los saqueos que se produjeron tras la toma de Arcturus III proporcionaron a las tropas de Érebo equipo adicional y nuevos vehículos, así como gran cantidad de esclavos y cultistas que serían usados como carne de cañón. 

Érebo eligió también a sus nuevos lugartenientes de entre sus mejores campeones, y reservó a los mejores para su proyecto final: su escolta, la cual estaría formada por él y otros cuatro campeones, dedicados cada uno a un Dios del Caos. Los elegidos fueron Kharrog el Hemófago, adepto de Khorne, Vanbruss el Impío, campeón de Nurgle, Probios, elegido de Slaanesh, y Xyntith, adorador de Tzeentch. De esta manera, Érebo y sus cuatro escoltas eran capaces de combatir contra fuerzas mucho más mayores en número que ellos y salir victoriosos de la contienda. 

Asimismo, nuevos cultos y sectas fueron creados dentro de la Hueste Iluminada, liderados por los lugartenientes que Érebo en persona designó. 

Al fin parecía que el hechicero había conseguido su objetivo, pero su búsqueda de poder no acabaría hasta que acabase definitivamente con su hermano, quien al parecer había sobrevivido a su último encontronazo, y, por supuesto, hasta que no hubiese acabado con todos y cada uno de los Martillos de Wikia.

Cuando hubiera acabado con sus antiguos hermanos, el siguiente paso sería el Imperio, y, ¿quién sabe? Puede que Érebo acabe liderando la siguiente Cruzada Negra.

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